viernes, 17 de agosto de 2012

TANDIL Y EL GENERAL SAN MARTÍN




EL GENERAL SAN MARTÍN EN TANDIL

La refulgente campaña del Libertador Gral. José de San Martín a partir del cruce de los Andes hasta la liberación de Chile , encendió en muchos hombres de la Independencia, verdadero fervor y admiración hacia el adusto militar.
No fue raro entonces que pronto  se impusiera su nombre a  un bergantín corsario, el patente Nº 83,  cuando era Jefe del Ejército de los Andes, en 1817, siendo éste el primer homenaje en vida del Libertador.
Años después, en 1829- el mismo en que intentó regresar a la patria- en el gobierno de Lavalle, se bautizó con su nombre  a una goleta, siendo así el primer buque de guerra de la incipiente Armada  en llevarlo, la que siguiendo esta tradición, impuso-ya en el siglo XX- el nombre del ilustre prócer al famoso y legendario rompehielos botado en 1954.
En ese mismo sentido, un informe escasamente difundido del Gral. Juan Ramón Balcarce, cuando era comandante general de la campaña de Buenos Aires, propuso la fundación de un fuerte de avanzada de frontera en el interior- más precisamente en el Tandil- con el nombre de " San Martin".
Si bien este informe y las gestiones de Balcarce acerca de esta iniciativa son muy interesantes, dejaremos para otra oportunidad  el extendernos en este aspecto poco estudiado del tema. Lo cierto es que finalmente el fuerte fue a parar a la zona de la laguna Kakel Huincul ( actual partido de Maipú), como una guardia y a la que nos hemos referido en el capítulo I, porque desde allí salió Cajaraville con sus Blandengues, para sumarse a las tropas fundacionales del Tandil..
Por lo pronto podemos afirmar con certeza, que cinco años antes de fundarse, Tandil casi nace como el "Fuerte Gral. San Martín", a instancias del Gral. Balcarce.
Esta relación de nuestro Tandil con el Libertador, que se aprestaba a dar fin a su labor en Chile, luego de la batalla de Maipú, para seguir hacia el Perú, tuvo de alguna manera no buscada ni pensada, continuidad con la participación de importantes oficiales de su Ejército de los Andes en la fundación, tal como lo reflejamos en el  capítulo 1º.
Ya fundado el Fuerte de la Independencia y demarcado el pueblo, una de las primeras calles en ser nominadas lo fue con el nombre del ilustre correntino, lo que aún hasta hoy perdura.
Pasarían muchos años para tener en nuestro pago otro homenaje al Gral. San Martín. Efectivamente, creada la Escuela Normal Mixta en 1910, recién ésta llevó el nombre del  prócer luego de una gestión del director Lázaro Fernández, en 1919, tanto es así que la medalla acuñada para su inauguración lleva en el anverso la efigie del Gral. Belgrano, lo que motivó, oportunamente, una consulta a la Asociación  Numismática Argentina  que se expidió sobre el tema.
Ya con el nombre  Escuela Normal Mixta "Gral. José de San Martin", pronto se puso en  marcha la iniciativa de dotar al flamante establecimiento - que, recordemos, funcionaba en el antiguo edificio donde había estado el Asilo San Juan, en Maipú y Alem- de un busto que presidiese el patio para todas las ceremonias.; inmediatamente  comenzó  la colecta  para pagarlo, habiendo sido encomendada la obra al prestigioso escultor Juan Carlos Oliva Navarro (1888-1951), conocido por otras obras similares. De esta manera el 14 de abril de 1926 quedó inaugurado el busto de la Escuela Normal, siendo el primero en homenaje al Libertador en nuestra ciudad, y que luego-con la inauguración del nuevo edificio en la Av. Santamarina en 1943-quedó en el jardín del frente hasta nuestros días.
Con posterioridad también una  escuela primaria, la Nº 34, fue puesta bajo  la advocación del Gral. San Martín.
Los homenajes al Libertador fueron por esas épocas concentrados entonces en el busto normalista, especialmente los escolares, pero se acercaba una fecha importante: el centenario de la muerte del prócer y esto llevó a mover espíritus y medidas de tal suerte que en 1949, a iniciativa del Coronel Raúl Racana se impulsó la creación de una filial del Instituto Nacional Sanmartiniano, la que a su traslado quedó con el Dr. Francisco J. Vistalli en la presidencia, participando entre otros: Jorge Lester, Carlos Alfaro, el Dr. Eduardo Tuñón y  Roberto Balbarrey.
Esta comisión fue la que desarrolló una intensa actividad al aproximarse el año 1950, que sería denominado " Año del Libertador General José de San Martín".
Fue en ese año también en el que, por iniciativa del intendente Silverio Serrano, el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanaza Nº 306, el 13 de agosto, imponiendo el nombre del máximo prócer de los argentinos a la que antiguamente se denominaba "Plaza del Rosedal" y que era en realidad, hasta 1949, una manzana baldía con las cavas , laguna y basural que  quedaron luego de abandonarse el horno de ladrillos de los Calamante, familia que entregó la misma a la Municipalidad a cambio de condonación de impuestos, lo que fue aceptado en 1949, y por la cual corría el arroyo Blanco ( hoy entubado) y que así estaba, en ese lamentable estado,  cuando se inauguró el Calvario el 10 de enero de 1943..
La nominación y la proximidad de la fecha del centenario, impulsó a la Municipalidad a poner en condiciones la desastrosa situación en la que se encontraba, de tal suerte que el mismo 17 de agosto de 1950, se colocó la piedra fundamental de lo que sería en el futuro un monumento al Libertador. Pasaron los años y retornó el semiabandono, hasta que en 1956 el comisionado Domingo Otero dispuso la urbanización y alumbrado de la misma. Lentamente la Plaza Gral. San Martín fue adquiriendo su actual diseño hasta que recién el domingo 3 de abril de 1966, a las 16, se llevó a cabo la inauguración del proyectado homenaje al prócer, con el bajorrelieve del Padre de la Patria, realizado por el escultor Hidelberg Ferrino-a quien nos referiremos más adelante-constituyéndose en otro hito sanmartiniano.
Retomando la historia de la presencia sanmartiniana en Tandil, digamos que luego del año del Centenario, la primera comisión entró en un "impasse", hasta que en 1959 el Gral. Juan Carlos Onganía, a la sazón al frente del Comando de la Tercera División de Caballería de nuestra ciudad, convocó a vecinos para reorganizar aquella incipiente institución sanmartiniana, retomando la idea de un monumento.
En 1961 el Gral. Onganía fue trasladado y asumió la presidencia de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Tandil, nombre que desde entonces lleva, el Dr. Juan Manuel Ortiz, quien lo hizo en forma interina, hasta que una nueva comisión asumió con la presidencia  de don Leonel Acevedo Díaz, decidiéndose en  esos tiempos que fuera el entonces denominado " Cerrito Municipal", el lugar elegido para levantar un monumento importante. Así las cosas, en 1964 asumió la presidencia de la institución el docente Raúl J. Llano, quien fue el que conjuntamente con la comisión que lo acompañaba, tomó contacto con el Intendente José Emilio Lunghi   para exponerle la idea, la que fue rápidamente aceptada, destinando una partida de $ 50.000 m/n para el futuro emprendimiento en el ya por entonces denominado "Cerrito de la Libertad".
El mismo Intendente presentó, al año siguiente, al escultor Hidelberg Ferrino, radicado en Mar del Plata, quien  accedió a realizar primero el ya descripto bajorrelieve de la Plaza citada en párrafos anteriores, y luego comenzar con los bocetos y posterior maqueta del monumento a emplazarse en el Cerrito, la que terminada, y  luego de algunas sugerencias de carácter técnico- militar formuladas por el Gral. Cáceres Monié,- por entonces Comandante de la Brigada- fue elevada al Instituto Nacional Sanmartiniano para su aprobación, lo que así ocurrió. Rápidamente se firmó el contrato- redactado por el inolvidable Dr. Osvaldo Zarini, miembro de la Asociación Sanmartiniana- y el 5 de enero de 1966 se firmó por un valor inicial de $ 1.955.000.
Inmediatamente se puso en marcha una campaña y colecta para recaudar los fondos necesarios, mientras el escultor comenzaba su trabajo, el que a medida que avanzaba tenía más costos, solicitándose en 1967, al entonces Intendente Victorio Mazzarol, un mayor apoyo económico para no demorar su inauguración, mientras las obras de preparación del cerro era llevada a cabo por generosos picapedreros al mando de Juan Pisculich.
Finalizadas las obras básicas y emplazado el conjunto, el 20 de octubre de 1968, a las 10  quedó inaugurado el monumento más importante al Libertador, con la presencia del gobernador Francisco Imaz, ministros, el Intendente Municipal, el presidente y comisión de la Asociación Cultural Sanmartiniana y el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano Gral. Carlos Salas.
En el nicho, al pie del monumento, con la leyenda "Tandil al Libertador", se depositó una rama de higuerón de la plaza de Yapeyú  y se colocaron tres cofres conteniendo tierra de Chacabuco, Maipú y Yapeyú, esta última traída en el recordado raíd a pie efectuado por los Boy Scouts  de la compañía "Cnel. Benito Machado", Gerardo Estévez, Zoar González, Alfredo Duret, Oscar Retondaro y Fernando Ferraiuolo, en 1951.
La figura del Gral. San Martín erguida, mira hacia el noroeste, meta de la campaña al Perú, catalejo en mano y con su ropaje de general y su famoso sable corvo. Detrás de la misma,  un imponente y brioso caballo de guerra árabe con los enseres correspondientes; más atrás está un picacho artificial  simbolizando un nido de cóndores, sobre el cual había dos parejas de los majestuosos reyes de las alturas, cada uno de los cuales mira hacia los  puntos cardinales ( lamentablemente pronto fue robada una); al pie- como custodios- dos granaderos: uno representando al heroico Sargento Juan Bautista Cabral y otro a un granadero de la provincia de Buenos Aires, ambos en posición de descanso con los sables desenvainados.
Todo el conjunto está hecho en escalas diferentes en cada componente- a la usanza de algunos artistas de la antigüedad-lo que le da una característica especial.
Luego de la inauguración, todos los actos centrales de efemérides sanmartinianas fueron hechos allí con la organización de la Asociación Cultural Sanmartiniana, cuyo representante fue siempre el único orador. La Asociación tuvo unos años de receso entre 1971 y 1976, fecha en la que don Raúl Llano convocó a una reunión donde asumió una nueva comisión presidida por el profesor Lauro  P. Castorino, la que al aproximarse el bicentenario del nacimiento- en 1978- logró la realización de mejoras que incluyeron patio de lajas, iluminación, mástiles y la construcción de diversos hitos desde su acceso en Avellaneda hasta el mismo monumento, enriqueciendo al ya por entonces "Parque Libertador General D.José de San Martín ".
Asimismo se restauraron piezas que los vándalos de siempre deterioraron, con la colaboración desinteresada de Horacio del Giorgio, Antonio Rizzo y Joaquín Martínez.
Sin prisa ni pausa, el paseo- homenaje fue transformándose en un lugar de permanente visita y recordación, especialmente en los 17 de agosto, donde se destaca la presencia de los gauchos de la guardia que hacen "Los Criollos de Tandil", en su momento acaudillados por el inolvidable don Genaro Villar.
En 1989 asumió como presidente de la Asociación el profesor José Pasucci quien, junto a los miembros de la Comisión mantuvieron viva la llama de los ideales sanmartinianos en nuestra ciudad, que supo de la presencia fundadora de hombres que lucharon junto al "Santo de la Espada". Desde 2006 y hasta 2012 presidió la institución el autor de esta nota, siendo su sucesor  Mario N. Juárez a quien sucedió Jorge Menéndez y quien suscribe, presidente honorario.
San Martín en Tandil es una presencia permanente gracias a los monumentos y recordaciones mencionadas pero debería ser una presencia mucho más intensa y vívida en la conciencia colectiva, porque sus ideales y su conducta son un legado de vigencia extraordinaria en cada momento de la historia que nos toca vivir, aunque no parece ser un signo de nuestros tiempos, en nuestro país, la gratitud hacia quienes nos dejaron como herencia nada menos que la patria.

Daniel Eduardo Pérez

                                                       

miércoles, 15 de agosto de 2012

LA VILLA ITALIA DE TANDIL




APUNTES PARA LA
HISTORIA DE VILLA ITALIA DE TANDIL

                                            

Los barrios de Tandil tienen una rica historia, que a través del tiempo se fue acrecentando con perfiles que los distinguen hoy con rasgos indentitarios en algunos casos inconfundibles. Tal es el caso de Villa Italia.
Barriada que hoy posee una población importante que congrega casi al 25 % del total de la ciudad, si bien su “partida de nacimiento” la ubica en los primeros años del siglo XX, era una zona que desde mucho antes se encontraba con asentamientos especialmente de chacras y quintas, las que en algunos casos fueron verdaderamente históricas, como es el caso de la quinta del Cnel. Benito Machado que, conocedor del terreno, aprovechó el lugar para tener allí sus hombres del famoso 14 de Guardias Nacionales.
Lugar de privilegio, la gran lomada tenía la visión panorámica de la entonces aldea, que originalmente rodeaba al Fuerte, la escasa forestación permitía divisar un horizonte lejano que sólo chocaba con los perfiles de las sierras.
Los hombres del célebre Regimiento Sol de Mayo de Machado ocupaban con sus vivacs parte de la loma, luego de los combates de 1857.
La casa-quinta del “toro de las pampas”, fue años después, la fábrica de jabón de Redolatti, y luego la de Antonio Pagés y ya más cerca de nuestros días, estuvo establecida la empresa Beta Ingenieria.
Hasta hace unos años se podía apreciar la arcada de entrada, en la finca que era de Fernández Míllara, declarada como patrimonio histórico y luego lamentablemente destruida…
La llegada del ferrocarril en 1883 y consiguientemente de la instalación de la Estación respectiva, en Alem y Del Valle, abrieron una nueva etapa para ese vasto sector geográfico y si bien el tránsito se canalizaba especialmente desde el pueblo a la estación y viceversa, por la Av. Colón, creciendo Tandil en esa dirección, con la multiplicación de fondas, despachos de bebidas, almacenes, caballerizas etc., también comenzaron a surgir interesados por el otro lado de las vías, hacia donde se extendían grandes baldíos cubiertos de pajonales, interrumpidos por alguna que otra solitaria huerta, cultivada por inmigrantes, separada del resto del poblado tandilense por e cauce del arroyo Blanco y-por supuesto.-sin demarcación alguna de calles interiores.
Entre los antiguos propietarios del siglo XIX se encontraban Ramón Santamarina, Basilio Barraza, el francés Claude Brunand y el danés Federico Christensen.
Don Ramón Santamarina, por ejemplo, poseía una quinta que abarcaba parte de la loma y se extendía hacia la actual Av. Del Valle desde Dinamarca; contigua a su propiedad estaba la de Basilio Barraza que tenía alrededor de diez manzanas, ubicándose la finca principal entre las actuales calles Ameghino y Dinamarca, Mosconi y Beiró.
Era por la época un conocido hacendado que poseía además campos en Rauch, desde donde traía su ganado para faenar en la Villa, donde después instaló una carnicería frente a la Estación, en la Av. Machado entre 4 de Abril y Alsina.
Sus yernos, Gil Suárez y Manuel Casas, fueron también los precursores del transporte público de pasajeros, en especial Casas, que fuera el padre de Juan Carlos, un cantor de tangos ilustre que llevó el nombre de Tandil a los mejores escenarios porteños, con las orquesta más destacadas de su época, hasta su fallecimiento en 1986..
Por su parte el citado francés Brunand impulsor de la industria molinera, sería quien vendió a Juan .las tierras que posteriormente darían lugar a la primer subdivisión de tierras importante en la luego Villa Italia.
A su vez Federico Christensen y su esposa Catalina habían construido la mansión de la quinta”Villa Luisa”, en 1886, la que refaccionada en 1896, es hoy la sede del Comando de la Primera Brigada Blindada, considerado patrimonio histórico de la ciudad.
Las quintas mencionadas fueron las que primeramente fijaron topónimos a la zona
La decisión de uno de los vecinos propietarios de la zona,  don Juan Basso, casado con  doña Josefa Aguirre y padre del que luego fuera conocido industrial de la piedra y hacendado, don Juan Basso Aguirre de vender sus lotes significando la primera subdivisión importante y el origen de la urbanización de Villa Italia, nombre con el que ya se conocía el lugar y sobre cuyo origen según la tradición oral es algo confusa, salvo el hecho de nominar esa zona como homenaje al país que tantos vecinos aportó a nuestra tierra.
Una vez tomada le decisión el remate le fue confiado al prestigioso martillero Marcelino T. Arano, radicado en Tandil desde 1882. El 12 de febrero de 1911 apareció el primer aviso publicitando el remate en el periódico El Eco del Tandil”, el que se repitió con le mismo texto hasta la fecha fijada para la venta.
Este es el documento textual por el cual el 5 de marzo de 1911 (y no el 12  como alguna vez se hizo) es la fecha correcta del nacimiento villense.
Dice el Aviso:

M.T.Arano. En la ciudad de Tandil, Barrio de la Estación, Villa Italia. El domingo 5 de marzo, a las dos p.m. en los mismos terrenos. 160 lotes de terreno en 60 mensualidades, sin base, sin interés, con opción. Las cuatro manzanas de Villa Italia son las más importantes de este barrio,  tan sólo a trescientos metros de la planta urbana de la ciudad.
“Todo el que compre uno ó más lotes de terreno en Villa Italia hará de cuenta que ha colocado su dinero en una caja de ahorros y  ganando el interés desde el primer día.
“Sin base, sin interés, con opción y amojonados. El domingo 5 de Marzo a las dos de la tarde.
“Solicitar planos e informes a mi Escritorio (Constitución 828, Tandil).
“Nota: Antes de dar principio al remate se servirá cerveza. M.T.Arano”.

El domingo del remate, en el que la celebración del carnaval, con su tradicional corso, atrapaba la atención de los tandilenses que todavía comentaban la carrera ciclística De la Canal-Tandil, que había organizado el Club Velocípedo Tandil, se publicaba en el mismo periódico:

“Llegó el día. Hoy Domingo  5 de Marzo a las dos de la tarde en Villa Italia. M.T.Arano. “Rematará 160 lotes de terrenos en 60 mensualidades. Sin base, sin interés y con opción.
“En la cochería de los señores Nicasio y Emilio Sánchez habrá carruajes hasta las 5 de la tarde, para conducir a todos los interesados.
“Antes de empezar el remate se servirá cerveza.
“Los cocheros tienen orden de llevar a todos los que lo soliciten hasta Av. Colón y Av. Aristóbulo del Valle de donde hay tan sólo 300 m. hasta Villa Italia”.

Resulta curioso el aviso, tanto por los servicios y facilidades que se otorgaban para el remate (transporte, cerveza, etc.) como por lo visionario de la inversión.
Finalmente de los 160 lotes, se vendieron la mitad, correspondientes a las manzanas A y B, informando detalladamente “El Eco” del  9 de marzo, acerca de los compradores, el valor de las cuotas y el total.
Fueron los primeros adquirentes de aquel loteo : Domingo Purita, Víctor García, Pedro Verdi,  Elías García, Francisco Carraturo,  Eladio Blanco, Cándido Martinenghi, Berlio Salvatore, Guillermo Falcinella, Juan Montero,  Roberto Farinelli,  Hnos. Giuseppe Fruttiferi, Roque Paladino, Francisco Canturo,  Cristóbal Nosey, Emilio Romero,  Macaya y Ayerdi,  José Guadagna, Demetrio Breccia, Cayetano Ferrer,  Nicolás de Federico,  Domingo Formaini, , Antónimo Garmendia, Cecilio Bargas, Alfredo Duré,  F. E. Salvador,  J. de Nicolás y Eustaquio Ferrer
La venta total alcanzó a $ 22779 de la época, pagándose entre $ 3,25 y $ 12,20 la mensualidad.
Gente de trabajo la mayoría comenzó al tiempo con  la construcción de algunas viviendas. Quinteros, canteristas, ferroviarios, empleados de la fábrica La Tandilera, del Molino El Progreso, fueron conformando el núcleo inicial de los antiguos propietarios y a  otros como Martín Paggi, Luis Cavallieri, Francisco Pasucci, Simón Chimondegui, José Cabarcos, Ciriaco Martínez- que luego instaló un almacén y despacho de bebidas que llamó  El Recreo”-Carnevale y Antonio Tapia, inquilino del último mencionado  que abrió un horno de ladrillos.
Pocos años después del loteo, los pequeños comercios  comenzaron a multiplicarse, surgiendo así en 1919 la después legendaria peluquería de don Pascual Guadagna, en Vicente López 612; la panadería de Jesús España; las fondas “Garibaldi” y “Chapa” de Ramos y Casas; el despacho de  bebidas  de Antonio Irastorza; el de Pedro Fracchia y el de Pedro Donadío.
Por su parte, Ciriaco Lezcano vendía carne a domicilio, distribución que hacía en el típico carrito de la época, luego de faena en la calle…
Otros vecinos que fueron incorporándose como inquilinos o propietarios en la primera hora de la barriada villense fueron: Gil Suárez, la familia Rigotti, Pablo Mazza,  Pedro Giamberardino, N. Brusin, Juan Taberna, M. Colombo, N. Pretti,  N. Crivelli,  Víctor y Ricardo  Falqueiras,  Antonio Bianchi, Eduardo Pérez, Manuel Dalla Valle,  Pedro Dambos, Angel Cutini,  E. Baretta,  Juan Belsito, Antonio Mendioroz, Juan Vinsennau, Juan Ezama y tantos otros…

Daniel Eduardo Pérez

sábado, 14 de julio de 2012

ENRIQUE LARRETA EN TANDIL



LA GLORIA DE DON ENRIQUE
LARRETA EN TANDIL
Acelain


Hoy queremos referirnos a una de las grandes plumas de la literatura argentina y su relación con nuestro Tandil. Hablamos de Enrique Larreta.
Leyendo autores que han escrito sobre la vida de don Enrique, poco o nada hemos encontrado referido a su relación con Tandil, a través de su famosa y bellísima estancia Acelain, por lo que nos pareció interesante volcar algunos datos acerca del tema. La excepción más notoria es Yuyú Guzmán, quien en su libro “El país de las estancias”, le dedica un capítulo a esta joya de la arquitectura rural argentina, y  es una de las fuentes esenciales de esta nota.
El nombre completo del célebre escritor era Enrique Rodríguez Larreta, nacido en  Buenos Aires el 4 de marzo de 1873 del matrimonio de Carlos Rodríguez Larreta y Agustina Maza y Oribe, pertenecíentes a dos tradicionales familias uruguayas de ascendencia vasca, que se habían radicado en Buenos Aires. Realizó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires; una licenciatura en Ciencias Sociales  y se graduó de abogado en la Facultad de Derecho de su ciudad natal.
Durante su etapa estudiantil publicó, en la revista La Biblioteca, su primera novela, Artemis. Después de finalizar sus estudios, en 1897, permaneció en el mismo Colegio Nacional, donde dictó las cátedras de Historia Medieval y Moderna; allí fue donde desarrolló su interés por la España del siglo XVI.
Se casó en 1902 con Josefina Anchorena Castellanos, hija de Mercedes Castellanos y Nicolás Anchorena, y en la luna de miel se enamoró de España y su cultura. Su esposa era hija de una de las familias más ricas de Argentina, por ambas ramas. En  Europa fueron a España y visitaron Ávila, ciudad de la que el escritor se prendó y que luego será el escenario de una novela que venía imaginando desde hacía tiempoAsí, durante los siguientes cinco años, Enrique se sumergió completamente en la investigación.
Seguramente Larreta no pensó en su momento, que por la herencia recibida por su esposa, a la muerte de su madre, pasaría a poseer 8000 ha. en Tandil (parte de la enorme extensión de tierras en Azul y el mismo Tandil).
Fue allí donde la propiedad existente y su rica imaginación y exquisito gusto, amen de la visión de las viejas aldeas españolas (especialmente vascas y andaluzas), confluyeron para el nacimiento de una nueva  y extraordinaria estancia: Acelain.
Además, en mayo de 1902, Larreta, adquirió en  remate  el campo Santa Rita, de Enrique Casares, de 4000 ha., anexándolo a los heredados por su esposa. De esa manera comenzaba la intensa relación del gran escritor con los pagos del Tandil por más de medio siglo.
Dentro de esa anexión va a ubicar el casco de la estancia que recuerda el nombre del solar de los Larreta en Guipúzcoa y que significa “campo quebrado”.
En 1904  llamó al renombrado paisajista alemán Hermann Bötrich (…..-1944) para que proyectara un jardín que  respetara la propuesta de la ­naturaleza.
Larreta eligió para construir Acelain los campos pedregosos y la cúspide de un cerro, en contra de la práctica de los estancieros pampeanos, que optaban por zonas no muy altas para protegerse del viento, captó la rusticidad del paraje y las posibilidades decorativas de esas piedras redondeadas que moteaban los cerros.
En 1905 Enrique Larreta y su familia pasaron su primer verano en "Acelain". “Hay fotografías que recuerdan ese comienzo. ­En ellas se ve un bonito chalet muy galano, con el inequívoco aspecto de haber sido comprado en los países del norte de Euro desarmado y vuelto a armar en esta pampa. Tiene pinta de pertenecer al lugar donde se levanta, hecho para lucir junto e: ­o en el claro de un bosquecillo”,.nos dice Guzmán.
Cuando Imaginamos los viajes del escritor a su estancia y sus peripecias (FFCC, galera, etc,., hasta llegar el automóvil) de las que no quedan relatos de su puño y letra que conozcamos, pensamos en el cariño que tendría por ese paisaje agreste y rememorativo de sus ancestros, para hacerlos infinidad de veces…
En 1907 regresó a España con los manuscritos de La Gloria de don Ramiro,  que  se publicó allí en 1908 y que se constituyó en la novela histórica de referencia, tanto para escritores de lengua castellana como de otros idiomas. La obra causó gran sensación en los ambientes literarios europeos y americanos, convirtiendo a su autor en un personaje famoso y, por sus características, motivó que - según Rubén Darío - se convirtiera en la obra cumbre de la prosa modernista, “un referente para los escritores de ambos lados del Atlántico”. En pocos años fue traducida a todos los principales idiomas cultos de la época, algo sin precedentes en la novelística iberoamericana. 
En 1910, cuando se disponía a regresar, Roque Sáenz Peña lo nombró ministro plenipotenciario en Francia  aprovechando esa fama, y Larreta dedicará los siguientes seis años a la actividad diplomática, publicando algunos discursos y una obra de teatro. Entre1915-16, residió en Biarritz,  y frecuentó Ávila, en España, donde actualmente una calle lleva su nombre. Se vinculó allí con Miguel de Unamuno, al que admiraba, colaboró en publicaciones periodísticas de su época y estudió minuciosamente la historia española.  En los años siguientes el autor combinaría su residencia en Argentina con viajes periódicos a Europa. Entre los autores que admiraron a Larreta están el francés Anatole France, el italiano Gabriele D'Annunzio, dos de los máximos exponentes de la literatura europea de principios de siglo XX, y  Unamuno. Ya avanzada la Primera Guerra Mundial, regresó a su país.
Sobre Larreta y su obra, nos parece interesante recordar dos opiniones. El historiador Enrique de Gandía, en el prólogo de las Obras Completas, nos dice: “Larreta, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre él, es un gran desconocido entre nosotros. Los mismos intelectuales no han entendido su pensamiento. Han estudiado la belleza de sus frases, han clasificado sus imágenes, han disertado sobre su estilo; no han penetrado en sus ideas…. Larreta ha vivido como un monje entre sus libros o un gran cardenal en lujosos salones, pero siempre con el misticismo en su espíritu…”.
Por su parte Arturo Berenguer Carisomo manifiesta:”… ser artista y nada más que eso, es, en la Argentina de hoy, casi un acto heroico. Larreta ha señalado, dramáticamente, ese dolor, como un grito pro­pio, en el soneto a Leopoldo Lugones, ese otro heroico cruzado contra el desamor y la indiferencia lleva a cuestas su arte como una condena. Ha querido, tam­bién, tener otras vidas, bajar a la realidad como un forzado: la cátedra, la política, ha hecho de la nada una maravilla de "estancia criolla", y la gente  podría decir, para respetarlo, es un "poderoso hacendado"; pero no, el fuego de la inspiración, la llama de la poesía ha subido crepitando por encima de ese nivel”.
Fue el primer escritor que trató de hacer cine argentino al dirigir  El linyera, según su guión sobre su obra teatral homónima, que se estrenó en 1933.
A su regreso de España, retomó entonces a su idea de levantar una estancia en los campos tandilenses ya citados.La construcción y diseño del casco de la nueva estancia se los encomendó al ya prestigioso arquitecto Martín Noel (1888-1963), a comienzo de la década del 20, cuando en Tandil se levantaban edificios monumentales como el Palace y la Municipalidad.
Arquitecto, historiador del arte hispanoamericano, ensayista y político, Noel fue el  principal impulsor del estilo neocolonial en  Argentina. La hija de don Enrique recuerda-según Guzmán-que”la casa se terminó de construir en 1923, mi padre la quiso de cal, tejas y galerías, bien típica del sur de España. Martín Noel lo interpretó magistralmente”.
Años después de terminada la estancia, cita muy bien Andrea Reguera, ocupaba el 5º lugar entre las de más de 10.000 ha. como consta en la guía de 1928.  Los principales  propietarios eran:1) Antonia Iraola de Pereyra: 18254 ha.; 2) Agustín García: 15.345 ha.,3) Mercedes Castellanos de Anchorena: 14.153 ha; 4) Jerónimo Rocca; 14.122 ha., 5) Enrique Larreta: 12.171 ha. y  6) Sara Wilkinson de Santamarina.: 11.553 ha. Como curiosidad se aprecia que de los seis casos, la mitad corresponde a mujeres, que eran herederas de viejos y grandes patrimonios.
En Acelain era leyenda que cuando a don Enrique no le gustaba como había quedado algo que había hecho construir, la mandaba a deshacer y luego a levantar en otra forma hasta lograr el efecto que le satisfacía. Cada uno de estos elementos, enriquecidos por detalles arquitectónicos inu­suales en nuestro medio rural, acompañados del entorno de una abundante arboleda y un suelo quebrado y siempre esmeraldino, proponen cuadros de mucho colorido y gracia, dice Guzmán.
Toda la zona de servicio de Acelain recrea una aldea vasco española. El estilo arquitectónico de la casa principal, en cambio, recuerda los tiempos del Renacimiento en España y la época de Felipe II, tan admirada por Larreta. Tanto su arquitectura como su decoración reflejan el arte mudéjar, utilizando como modelo el Generalife de Granada.
En España buscó reunirse con los sitios de origen de sus gentes. La estancia que fundó poco después en las cercanías de Tandil,  llevaría el nombre de “Acelaín” en recuerdo del solar guipuzcoano ya que, como destaca en una de sus obras: “Mi sangre sabía mejor que mi intelecto lo que significaba toda aquella resurrección de sombras en mi propia conciencia”. Aquel primer contacto con el Azelain original quedó plasmado en un soneto temprano, el XII de su no muy extensa producción rimada, “Acelain en Guipúzcoa”.
Un pariente, el “seco mayorazgo” de quien nos habla Larreta, es el famoso personaje guipuzcoano, Juan Bautista de Larreta Arzac, el “azelainko nagusia” como el mismo Larreta le llama, propulsor de los estudios del euskera y político nacionalista que llegaría a ser alcalde de Andoain. Por esas extrañas paradojas del tiempo, el Acelain andoaindarra desaparecería por completo años después, víctima de la modernización del sistema de carreteras español En tanto, el nombre y la descripción de Acelain se harían, merced a la pluma de Larreta, de un espacio propio en el campo literario, mientras que otro nuevo “Azelain”, el del soneto que citábamos antes, surgiría en Tandil.  Resulta curioso que, al recrear un Azelain en Argentina, no pudo nunca el autor llegar a suponer que el sitio original que le cediera el nombre, desaparecería completamente unos cincuenta años más adelante…
Aunque residían habitualmente en la quinta de Belgrano, regalada a su hija por Mercedes (hoy Museo Larreta), pasaban largas temporadas en el campo.
En tanto don Enrique disfrutaba sus días recreando permanentemente la estética y atendiendo a sus amigos visitantes, dedicando buen tiempo a la lectura, su esposa Josefina-nos dice Guzmán-era usual que se ocupara de las necesidades espirituales y cristianas del personal del establecimiento y muchas veces de los demás lugareños. Cuentan quienes pasaron la niñez por aquellos campos, que al iniciar la larga temporada veraniega en "Acelain", doña Josefina se dedicaba a visitar todos los puestos de la propiedad y las estancias vecinas en busca de las parejas que querían regularizar su unión, recién nacidos para bautizar y niños en edad de hacer la primera co­munión para inducirlos a cumplir con los sagrados preceptos de iglesia. Para esto, ofrecía los servicios religiosos de su capilla los oficios dominicales. Ella misma enseñaba el catecismo a chicos que se preparaban para tomar la primera comunión, obsequiándoles la indumentaria tradicional para acercarse al altar. También se ocupaba de los festejos de la Navidad, haciendo participar a todo el personal y a quienes se acercaban a la igle­sia nadie que lo viera ha olvidado el clásico pino adornado de guirnaldas y regalos navideños con los que obsequiaba a los chicos de la comarca, así como se ocupaba que los Reyes Magos pasaran y vaciaran sus bolsas generosas sobre los zapatitos humildes. Prueba de la práctica de oración de esta familia piadosa son tres oratorios levantados en distintos puntos del monte, cuyas  paredes blancas destacan la simpleza rural de sus líneas.  
La capilla; una joya que Guzmán y más recientemente  José M. Ortiz, describieron magníficamente, poseía un órgano Mutin - Cavaillé-Coll de dos manuales y pedalera, con 15 juegos reales. El mismo habría sido trasladado desde otro templo de Bs. As. El interior de la capilla es austero, pero con imágenes de santos similares a las que pueden apreciarse en el citado Museo de Arte Español de Bs. As. ; existe además una reliquia del Convento de Santa Teresa de Ávila. El costo del órgano podría rondar los u$s 200.000 aproximadamente y se trata de un instrumento construido a escala para capilla o salón.
Por su parte a Larreta no le encontramos relaciones más que fugaces con la población del Tandil y alguno de sus hombres, según nos atestiguaba José P. Barrientos. Los viajes y las caminatas por la estancia y las visitas, eran más frecuentes que la salida del matrimonio a la cercana Tandil o al Azul. En ese sentido recordamos los que alguna vez nos contó nuestro tío, el citado periodista de Nueva Era  Barrientos, en el sentido que lo recordaba como alguien muy respetado pero también “recluido”  en su estancia sin casi contactos con Tandil. Aunque Barrientos lo conoció ya muy grande, radical como él y el diario, recordaba su porte de aristócrata de finas maneras, de hablar pausado y que le otorgaba a su estancia tandilense el valor de una recreación “pintada” por su mano, de las tierras de sus antepasados, embelesado por nuestras  serranías,  Tandil guardaba para él-nos decía-el “secreto de los tiempos”…
Larreta siempre había querido formar un lago, pero fue después de su muerte que su hijo Agustín encontró la solu­ción requerida e hizo levantar un terraplén para la contención de las aguas del arroyo, logrando inundar una extensa área. Así fue como "Acelain" llegó a lucir su propio lago que hoy: presta varias utilidades y además tiene buena pesca. En verano constituye un centro de interés muy importante para las vacaciones, aquí se pesca y se realizan diversos deportes náuticos. Por otro lado es un nuevo elemento de gran valor deco­rativo que realza aún más la naturaleza generosa de esta tierra.
Durante sus primeras décadas de existencia la producción de este establecimiento se desenvolvía en la forma tradicional o sea, algo de agricultura y predominio de la ganadería.  Enrique Larreta, comprendiendo quizás que su dedicación y amor por el campo era ciertamente más romántico que práctico, delegó la parte productiva y administrativa de la estancia en sus dos hijos varones y en su yerno Adolfo Zuberbuhler, esposo de su hija Josefina.
Durante los años ’40  comenzaron con la cría de vacunos de pedigree de la raza Aberdeen Angus. La cabaña se inició con un plantel de un millar de animales, en su mayoría colorados, que se compraron a dos criadores escoceses. Esta cabaña tenía un alto prestigio, ya que había obtenido importantes premios en diversas exposiciones. La mayor parte de la producción era vendida en los famosos dos remates anuales en el mismo establecimiento, donde también se realizaban las inseminaciones artificiales. Durante muchos años, la cabaña constituyó el rubro más importante de la estancia, pero luego la agricultura pasó a ser la producción principal.
En el fastuoso marco de la tradicional estancia, Luisa Zuberbühler -una de sus descendientes- logró una verdadera transformación de la que fuera la antigua casa de los peones. Realizó una obra llena de magia en base a color, ideas prácticas, conexión con el exterior y el lujo de lo simple
Entre los huéspedes ilustres que tuvo esta estancia, se encuentran el Rey Leopoldo de Bélgica (1962), los Príncipes Imperiales del Japón (1967) (hoy emperador Akihito) , Henry Kissinger y Sra. (1978), además de una larga lista de celebridades internacionales que se han hospedado en la estancia, que incluye  a Ortega y Gasset en una de sus tres visitas a la Argentina, donde se vinculó con un grupo de intelectuales entre los que se contaban Enrique Larreta, Leopoldo Marechal, Ignacio Anzoátegui y Federico Ibarguren, entre otros otros.
El matrimonio Larreta-Anchorena tuvo cinco hijos: Mercedes, Enrique, Josefina , Agustín y Fernando Larreta Anchorena.
Don Enrique Larreta murió el 6 de julio de 1961, a los 86 años, en su casa de Buenos Aires.
Hoy en día, la Estancia “Monte Indio”, una de las tres secciones que constituían el primitivo “Acelain”, ha abierto sus puertas al público ofreciendo la posibilidad de acceder a las bellezas  “acelainas”.Cerro Indio Safaris”, se ocupa de ello, donde Gonzalo Llambí – bisnieto de don Enrique- tiene para hospedar, la antigua escuela de la estancia que reacondicionó para recibir cazadores y turistas interesados en avistar ciervos, antílopes, búfalos y jabalíes. Los visitantes llevan sus retinas impregnadas de la belleza sin igual de este privilegiado lugar y así lo manifiestan en sus impresiones escritas: Desde la llegada al Aeropuerto de Ezeiza, fui muy bien atendido por los anfitriones quienes organizaron mi traslado hacia el coto, ubicado al Sur de la Provincia de Buenos Aires (Tandil).Al llegar a destino fui recibido por Gonzalo Llambi. Luego de mostrarme las instalaciones de la casa y mi habitación (muy buena por cierto), me brindaron un almuerzo típico argentino consistente en un buen bife con ensaladas y vino….Allí, por primera vez, pude ver a los ciervos rojos dama y axis y no obstante ya comenzaba a oscurecer, me fue posible divisar algunos …”--manifiesta un peruano; en tanto un americano de Montana nos dice:Acelain es la herencia más hermosa que he visto. La comida estaba detrás de buena, era excepcional. Ahora sé por qué mucha gente vuelve y me uniré a ese grupo muy pronto”.
Estimado lector nuestra intención fue dejarle un brevísimo panorama de quién fue Larreta y su maravillosa creación “estanciera”, que como orgullo de Tandil, recientemente, ha sido-además- el marco donde se han filmado películas (El mural) y series de TV, como Tierra rebelde, de la RAI (la TV italiana)….En resumen: una de las joyas inapreciables que tenemos como patrimonio histórico-cultural.

                        Daniel Eduardo Pérez

lunes, 25 de junio de 2012

HOTELES QUE HICIERON ÉPOCA EN TANDIL




HOTELES QUE HICIERON ÉPOCA
Su valor turístico

                                       

Hablar hoy de Tandil conlleva casi necesariamente alguna referencia a su condición de ciudad turística. Con sus 123.300 habitantes recientemente censados-que la coloca en 4º lugar entre las ciudades del interior bonaerense, luego de Mar del Plata, Bahía Blanca y San Nicolás-su crecimiento y desarrollo en la rama económica citada ha sido evidente en los últimos años.
Sin embargo debemos remontarnos bien atrás en su rica historia para reconocer que desde vieja data y por motivos diferentes, siempre estuvo posicionada en un lugar preferencial, aún antes del boom playero.
Tempranos viajeros que llegaron hasta la entonces aldea, fueron testigos y protagonistas de aquellos tiempos que hoy nos parecen lejanos y que nos dejaron testimonios de ello.
Cuando ya había sido derrotada la Revolución de los Libres del Sud (1839) y los Jueces de Paz eran los que mandaban en el pueblo, un inglés- William Mac Cann- y un francés- H. Armaignac-fueron los encargados de disfrutar las bellezas del lugar y luego dar  a conocer en sus relatos, sus opiniones sobre lo visto. Mac Cann- que se alojó en la casa del vecino norteamericano Thomas Sweezy o Suessing, porque no había lugar adecuado para albergar visitantes en el pueblo, fue de los primeros en dejar sus impresiones de la luego archifamosa Piedra Movediza, que produjo en él una viva curiosidad. Por su parte Armaignac, años después, nos legó una bella descripción del Hotel de la Piedra Movediza, de Dhers, relatando las atenciones con que allí se encontró y dejando para la posteridad uno de los relatos más interesantes de aquel hotel pionero del turismo tandilense, que estaba ubicado en la esquina donde hoy luce Golden, destacando la exquisitez de su comida a la francesa, aunque no pone el acento en el desarrollo hasta entonces alcanzado por el pueblo, como sí lo había hecho antes-1868-otro viajero incansable como fue Santiago de Estrada. 
El encanto de la Piedra Movediza fue, hasta su caída en 1912 y aún años después, el gran atractivo por el que llegaban los turistas de fin de siglo que vieron facilitado el acceso a Tandil luego de la llegada del Ferrocarril del Sud en 1883. Los paseos y la movilidad dentro de la ciudad se hacían, naturalmente, en carruajes a tracción a sangre y desde los primeros hoteles, como el ya citado de Dhers, hasta los posteriores, se programaban excursiones espontáneas que partían del interés individual por conocer tal o cual cosa.
En 1882 cobró vida el "Hotel  de Roma" de Caricio Bosatta, que aunque está más reducido, hoy continúa, siendo el más antiguo que sobrevive. Entre los últimos años del siglo XIX y principios del sigo XX-hasta la década del ’40- se gestaron los hoteles  Francia, Maritorena, Manantial,(fundado por Mathiasen), Laberintos, Edén, (de don Juan Hargouas), Sierras, Ramírez,(que por años atendiera don Rafael Armendáriz), América, San Martín, (de Rottoni), Imperial,(de los japoneses Arima y Nagata), Petit, Savoy,(de Martín Larquin), Victoria, Kaiku y Argentino de los hermanos Vicente y Domingo Murno ,donde hoy está el Grill del mismo nombre.
Sin embargo no existía un hotel importante hasta que la familia Santamarina construyó e inauguró, en 1920, el Palace Hotel,(ver Tiempos…) un cinco estrellas de la época, lugar desde entonces preferido por la clase pudiente porteña para venir a residir en el verano y aprovechar además su estadía para visitar a amigos y familiares en sus estancias, que lucían a pleno con la llegada de propios y extraños. Baste mencionar los casos paradigmáticos de Acelain,  Bella Vista, La Indiana y Azucena, entre otras.
Quienes no podían acceder a hoteles de las inexistentes estrellas de entonces, se alojaban en los otros citados. Cabe consignar que los ubicados próximos a las sierras- como los ya mencionados y desaparecidos Manantial, Tandil, Sierras, Laberinto o Edén, casi todos ubicados hacia el este-sudeste, como quien hoy sigue la actual avenida Bolívar, ofrecían buenas tarifas y una privilegiada ubicación especialmente a quienes llegaban hasta aquí aconsejados por los médicos que entendían que el "aire de las sierras " tenía importantes cualidades terapéuticas, sobre todo para enfermedades o afecciones del aparato respiratorio.
Hoteles, estancias y casas de familiares, eran por entonces, según lo hemos expresado, las residencias elegidas por quienes se decidían a pasar sus vacaciones en estas sierras. Los paisajes naturales ya citados y los creados como el Parque fueron hasta el verano de 1943, en que se inauguró el Calvario, los puntos obligados de visita.
La organización turística oficial debió esperar un poco más para llegar y ofrecer un menú al visitante, que cuando lo hizo comenzó por pequeños circuitos que, además de todo lo ya citado, incluía viajes a lugares de trabajo artesanal-industrial como a la entonces famosa fábrica de quesos La Tandilera. Es que ya los quesos de Tandil habían adquirido fama en todo el territorio y junto a los chacinados se encargaron de convertirnos en una ciudad productora de exquisiteces que hoy se ha consolidado firmemente.
El turismo, ya en la década  del '40 había incorporado otros atractivos o complementos que hoy pensamos como indispensables, pero que por entonces recién  despertaban tardíamente al requerimiento de una franja de edad joven, que encontraron en las piletas de natación de Manantial , Los 50 e Independiente ( las tres primeras de la ciudad) el reemplazo de los "tanques australianos" donde darse un chapuzón refrescante y en bailes o " tertulias danzantes" de fin de semana el lugar apropiado para despuntar el vicio, mirar y si era posible entablar alguna relación amorosa.
Estancias como Acelain (del gran escritor Enrique Larreta); las de los Santamarina: Bella Vista, Maryland, La Indiana, Ramón I, especialmente; Los Bosques y  Azucena, entre otras, configuraban el centro de reunión de estos veraneantes ( que era el nombre que le daban por la época, dado que era en el verano-como quedó dicho- cuando venían a descansar hasta nuestras serranías), cuya llegada a la Estación de FFCC y su posterior regreso a Buenos Aires, constituían todo un acontecimiento en sí mismo.
Aquí las excursiones preferidas eran, como mencionamos,  a los manantiales de los Amores, de Gardey y Domínguez, a la Gruta de las Aguas Doradas,  al centro de la ciudad con su Plaza e Iglesia y, desde 1920 con el Palace Hotel, desde donde partían a “las afueras” con sus coches a la mañana o al atardecer, luego de la acostumbrada siesta.
Naturalmente la Piedra Movediza, hasta su caída en 1912 y aún después, era-reiteramos- el lugar que concentraba mayoritariamente a los visitantes, quienes luego enviaban o llevaban las famosas postales citadas o las primitivas fotos del gran Pierroni, hasta la Capital donde eran admiradas y en algunos casos hasta publicadas en diarios como “La Nación” cuando de familias distinguidas se trataba.
Si tuviéramos que definir un momento especial en el desarrollo turístico de Tandil, debemos decir que la década del ‘20 constituye un punto de inflexión, no sólo porque se incorporó el Palace Hotel (hoy sede de la Universidad, desde 1971), sino porque además se incorporaron a la ciudad atractivos que como el Parque Independencia  a partir de 1923 y los grandes edificios de la Municipalidad y el Banco Hipotecario, le dieron una fisonomía arquitectónica magnífica, que aún hoy admiramos.
Para fines de esa década, ya encontramos en algunas publicaciones citas que otorgan especial importancia a la hotelería, que comenzó a incorporarse como una necesidad, un requerimiento de  los visitantes…
Así  entre los hoteles que menciona el Anuario, editado por la Cámara Comercial e Industrial, encontramos además de los ya citados, el Vasconia, el Francés (hoy  también estacionamiento, frente al Polivalente), el España, el Madrid y el Euskalduna  entre otros.
En cuanto a las categorías, podemos leer que en la categoría “A” estaban el Palace, el Roma y el Edén ( el único de esa categoría en cercanías de las sierras); en la “B” : tres serranos más : el Manantial, el Sierras y el  Parque y otros como el ya citado Ramírez , el Savoy ( de los pocos que sobreviven de esa época), el San Martín y el Petit; en tanto en la “C” , la más modesta, el Francia, el Comercio, el Francés, el Regina, el Kaiku  y  el Argentino.
Algunos años más tarde el  inefable Gombrowicz nos dejaría en su “Diario Argentino”, el recuerdo de  su paso por el Hotel  Continental, del apreciado amigo que fuera  Walter  Moroder….
Hoteles para gente de campo, para vecinos de ciudades cercanas y los grandes hoteles, fueron conviviendo, aunque llamativamente los  que estaban en las serranías fueron cerrando.
En la década del ‘70 a los hoteles, pensiones, hospedajes,   ya mencionados se agregan otros que como: el Grand Hotel, Crillon, Hermitage, Ro-Che-Hil, Torino, Turista, que  han llegado hasta nuestros días, salvo el primero..
A los ya citados hoteles, se fueron sumando nuevos de reconocida calidad y así se establecieron: el Plaza que recoge la idea céntrica del viejo Palace, que el amigo don N. Mazzone, en 1978, año del Mundial de fútbol inauguró; además se incorporaron el Dior, el Libertador (1984) y más recientemente  La Posada de los Pájaros, que retoma  el paisaje serrano para su emplazamiento, al igual que el mucho más reciente  Elègance, y el Hotel Golf & Spa Amaiké, emprendimientos que marcan un camino para la  continuidad en otros similares.
Naturalmente no era nuestra intención, apreciado lector, hacer un inventario, sino destacar el temprano desarrollo de la hotelería a favor del turismo en Tandil.

Daniel Eduardo Pérez

jueves, 17 de mayo de 2012

EL HOSPITAL MUNICIPAL DEL TANDIL


                               EL HOSPITAL MUNICIPAL DE TANDIL

ANTECEDENTES
Con la erección del Fuerte de la Independencia el 4 de abril de 1823, se instaló, dentro del mismo, el primer hospital. Era de carácter militar y de campaña y por lo tanto precario pero el primer antecedente sobre el tema. La concepción respondió a la idea del gran médico Cosme Argerich (h) que fue el que entendió en las provisiones  de los medicamentos e instrumental indispensables.
Pasados los años fundacionales, algunos curanderos y presuntos médicos llegaron hasta el Tandil sin una organización específica. Fue por el  reclamo enérgico del prefecto  Elguera, que  arribó a Tandil el Dr. Juan Pedro Córdoba, en marzo de 1858, poniendo fin a una situación de abandono de la atención médica, haciéndose cargo del denominado "Hospital Militar", que no era sino los restos del equipamiento que había traído la expedición fundadora  y cuyo inventario apenas registraba doce catres maltrechos, unas pocas frazadas y escasos elementos más.
El Dr. Córdoba puso orden y además solicitó la presencia de otro médico para ayudarlo, lo que ocurrió en 1862, con la llegada de Manuel Verdier, quien además  fue portador de vacunas contra la viruela, flagelo que con sus epidemias dejaba el tendal de muertos y el terror entre los pueblos.
Córdoba, al parecer hombre de rectas intenciones y sólida formación, supo también poner en "caja" a falsos médicos, denunciando sus actividades  y alzando la voz ante las autoridades. Lamentablemente para el pueblo, el Dr. Córdoba dejó Tandil en 1863, con lo que retomó un lugar de preferencia el  desprestigiado “médico” Cruz, ante la ausencia de verdaderos facultativos, quedaron a merced de este hombre, soldados y población, hasta que partió con las tropas del Cnel. Benito Machado en 1865, cuando el "Toro" trasladó sus cuarteles a Tres Arroyos.
A todo esto, ya las autoridades municipales habían solicitado el nombramiento  de quien remplazase a Córdoba.. Respondió el 11 de octubre de 1864 el ministro de Gobierno que se satisfaría la solicitud, con el nombramiento del Dr. José Fuschini, como médico de policía, quien asimismo portaría vacunas.
La llegada del Dr. Fuschini , dadas su formación y personalidad señaló sin duda el comienzo de la medicina organizada en Tandil,  en manos hasta se momento de improvisados.
Ya en 1861 los vecinos del pueblo Miguel García y Manuel Letamendi habían fundado la que sería la primera botica  de origen local: " La Amistad", de  corta duración y que estuvo a cargo de Honorio Guilbaux, también de ostentaciones curanderiles.
Al año siguiente el noruego Juan Darjap instaló la  botica El Progreso, pero el Juez Romero se quejaba por entonces que en el pueblo " no hay médico ni botica. Mallo no tiene credenciales y Darjap es un estafador., debemos seguir la suscripción pública para traer un médico..."
La  idea fructificó  y así nació la " botica popular", donde hasta el mismo Fugl la apoyaba al entender que una botica de características como la propuesta," cuasi" municipal, sería importante. La permanente amenaza de la difteria, la viruela, la fiebre amarilla y el cólera, tenían en vilo a la población, por lo que muchas veces aceptaban lo que tenían a mano en materia de presuntos "doctores", para calmar sus miedos.
Juan Fugl, convencido de la importancia de Fuschini, propuso otorgarle un subsidio de $ 3.000 mensuales, lo que fue aprobado con complacencia.
En tanto Fuschini se debatía en la soledad en su magnífico y denodado accionar, el dependiente de la botica municipal y sus sucesores, se transformaron una vez más en un dolor de cabeza para la Corporación, que intervino la botica, a esta altura verdadera protagonista de malos tragos en el pueblo.

Quiso la suerte que Fuschini en uno de sus viajes a  Buenos Aires se encontrara con otro italiano como él, también graduado en Padua, pero como farmacéutico, Flaminio Maderni y lo convenciera de venir al Tandil para ejercer su noble profesión.
Entre 1870 y 1871 la lucha de Fuschini contra las epidemias fue incansable. Pudo contar para ello con la colaboración del recién llegado Dr. Ángel Gianelli, a quien Fuschini elogió por su espíritu de  solidaridad en los momentos más difíciles.
Precisamente en 1870 se fundó la primera entidad de carácter mutual en Tandil: la "Sociedad Filantrópica La Caridad", que designó al Dr. Fuschini como médico para sus asociados, con lo que se transformó en el primer médico mutual de Tandil.
Surgirían más tarde la Sociedad Cosmopolita, la Española (1873) y la Italiana (1877), que significarían etapas muy importantes en la atención de servicios solidarios y también médicos.
Fueron años que quedaron marcados en la historia local, por la presencia de un curandero que excedía el marco normal de los "cura empachos". Nos referimos a "Tata Dios", que ejercía en la estancia de los Gómez, La Argentina y tuvo fieles seguidores, no sólo como pacientes sino como "soldados de su causa", la que nunca quedó en claro, pero que fueron los ejecutores de la masacre de treinta y seis extranjeros, cuando aquel 1 de enero de 1872. Estos asesinatos sacudieron no sólo a Tandil sino al país.
Pasada esta pesadilla, el pueblo retomó su calma y en 1874, el Dr. Fuschini, que estaba casado con Blanca Fidanza, convenció al Dr. Eduardo Fidanza, su cuñado, para que se radicara en nuestro pueblo para colaborar en su infatigable tarea en favor de la salud pública. Llegó así a Tandil otro médico que dejaría una huella profunda no sólo en la medicina, sino en la política y en el progreso general. Los doctores Fuschini y Fidanza (que luego contraería matrimonio con la hermana del gran naturalista E. Holmberg), abrieron una " Casa de Sanidad", que sería precursora del primer hospital.
Para la época también actuaban otros médicos, de quienes han quedado anécdotas a través de algunos relatos, que señalaban verdaderas "proezas" realizadas por algunos de ellos, especialmente en materia de cirugía.
Poco tiempo después de la masacre de Tata Dios, se conformó en Azul primero y en Tandil luego, una Logia Masónica, que aquí se llamó "Luz del Sud" y a la que adhirieron hombres de importancia en el medio local como Santamarina  y también los doctores Fuschini y Fidanza. Correspondió precisamente a esta Logia, a impulso de los citados médicos, la creación del denominado "Asilo San Juan", en 1880, que ubicado en el edificio de la intersección de la entonces Ríobamba (hoy Alem) y Maipú, atendería gratuitamente a pacientes, internación incluida.
Fue en realidad ese "asilo" el primer centro de atención que podríamos denominar hospitalaria, con  exclusión del antiguo "hospital militar", donde colaboró  también el Dr. Fernando Peré, quien  había comenzado a  ejercer en Tandil por ese tiempo.

EL HOSPITAL MUNICIPAL
En 1887, el gobierno Municipal- ya ejercido desde 1886 por el primer Intendente Pedro Duffau- tomó medidas con los casos de viruela originados en las canteras de Cerro Leones, para lo que asignó a los Dres. Fuschini y Peré la responsabilidad de vacunar a la población. En esa oportunidad prohibió " la entrada al pueblo de los referidos inmigrantes y demás canteros (sic) con quienes trabajen juntos", para ello estableció una especie de cuarentena, ante el temor de la población urbana que presionaba para establecer esta suerte de "apartheid".
Como corolario de las buenas  intenciones de Duffau, el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza el 24 de julio de 1888, que constaba de once artículos, por la que se accedía a la propuesta del concejal Juan M. Dhers, de adquirir el Asilo San Juan para que se constituyera en el  Hospital Municipal, ordenanza que Duffau promulgó el 3 de agosto de ese año.
La vieja esquina fue así convertida en el primer nosocomio municipal y se invirtieron en el edificio los presupuestos necesarios para su mejoramiento, Además  de los vecinos que harían las veces de administradores, se designó a los Dres. Fuschini y Peré, como los dos primeros en conducir los destinos profesionales del Hospital. A fines de agosto de ese año,  se incorporaron  los doctores Camilo Gil e Ignacio Lizarralde y por la misma resolución a Benito Somoza como conserje y a Virginia Gatti como enfermera. Asimismo dividió en dos secciones al hospital; una de medicina a cargo del Dr. Peré y otra de cirugía a cargo del Dr. Fuschini.
Ambos médicos desarrollarían su labor con alternancias, hasta que en 1893, el Intendente interino Dr. José Santamarina designó Director al Dr. Fuschini e incorporó junto al Dr. Peré, al Dr. Alberto Vivot.
El Hospital satisfacía la demanda poblacional aunque su edificio ya se encontraba muy deteriorado. En 1897 fue designado en reemplazo del Dr. Vivot, el Dr. Ricardo López, quien desde esa fecha y por varias décadas se constituiría en otro de los pilares de la salud pública en Tandil. El veterano Dr. Fuschini, ya anciano, no cejaba sin embargo en su labor, siendo hombre de consulta de colegas que se habían incorporado al pueblo, como Alfonso Esquerdo, Juan Gatti, Fernández Blanco y el llamativo Dr. Vernetti Blina- famoso porque usaba jacquet y andaba en bicicleta- que fue quien instaló en Tandil el primer aparato de Rayos X. En 1899, falleció el Dr. Fuschini . Dejaba el recuerdo de su figura pionera. Un cortejo numeroso y compungido acompañó sus restos hasta el cementerio local.

EL HOSPITAL MUNICIPAL “RAMÓN SANTAMARINA”
Si bien la atención de la salud disponía de servicios como los ya comentados,  un hecho desgraciado como lo fue el fallecimiento del pionero Ramón Santamarina, en 1904,  devino en una obra extraordinaria que tiene hoy una vigencia plena.  Su viuda, doña Ana Irasusta y su hijo el Dr. José Santamarina, donaron, éste los terrenos, y aquélla y sus hijos, el edificio completo de lo que sería el nuevo Hospital MunicipalRamón Santamarina”,  obra inaugurada el 25 de abril de 1909, con la participación de una multitud como lo reflejan las imágenes de la época. En su interior luce un bello busto de mármol de doña Ana Irasusta de Santamarina obra del escultor Paulín, hecha en París y en su frente  la hermosa escultura en bronce de don Ramón , obra del  catalán Miguel Blay (1866-1936).
Dotado luego del mobiliario e instrumentos adecuados, en 1912 se integró al patrimonio municipal, como una joya destacada que ponía a Tandil en la cima de la calidad de la atención sanitaria en toda  la provincia, merced al gesto generoso de esta familia que tanto dio a su pueblo y que ya centenario su  núcleo original, es ineludiblemente el centro asistencial más importante no sólo de Tandil sino de la región.
El viejo Hospital, se trasladó al nuevo espacio, bajo la atenta supervisión de su Director, el Dr. Ricardo López y de una comisión administradora, integrada por los destacados vecinos. Eduardo Arana, José Carrau y Francisco Fernández en representación de la familia Santamarina  y   por los señores Capdepont, Antonio Usandizaga y Joaquín Belauzarán por la Municipalidad
Junto al Dr. López, los médicos. J. J. Gatti, Alejandro Zavala y Juan C. Tuculet, actuó la primera partera diplomada, doña Amara N. de Suárez y la caritativa atención espiritual y material de las Hermanas de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, que ya estaban en Tandil  y habían sido fundadoras del Hogar de Niñas y Huérfanas y del Colegio de la Sagrada Familia en 1896. La asistencia médica se prestaba en las cuatro grandes salas generales y en las habitaciones especiales destinadas a pensionistas y parturientas.  Brindaba asimismo servicio a los enfermos particulares en la sala de pensionado donde podían internarse bajo la asistencia  de los médicos de la ciudad. En años posteriores, se incorporaron al Hospital los profesionales: Dr.Alfredo Vitón (1910), Ferruccio Domeniconi (1912), Rogelio Arecha y el Dr. Ángel Olmos, Ramón Rey (1915), Pedro Maíz (1919) y Juan C. Tuculet en 1921.
La familia por nota del 15 de junio de 1907, había dejado constancia  de la donación del Hospital, en ese momento en construcción, a la Municipalidad. Asimismo quedó definido el nombre que llevarían las salas: la primera: Dr. Ramón Santamarina, que había fallecido en el año de la inauguración; la  segunda Dr..José Santamarina por la donación del terreno; la tercera Isabel Arana Drago, que falleció aún pequeña, hija del Intendente Eduardo Arana en el momento de iniciarse las obras y la cuarta María Avellaneda Santamarina ( nieta de doña Ana) niña fallecida prematuramente, hija de  Nicolás Avellaneda y María Santamarina.
En la segunda década del siglo XX, Don Antonio Santamarina, compró en París, el primer aparato de Rayos X que se instaló en el Hospital, equipo que luego de muchos años de uso, quedó en depósito, hasta que en el año 1939, cuando  se inauguró el Dispensario de Vías Respiratorias de la Cruz Roja, fuera reparado por Don Américo Sinka y siguió prestando útiles servicios en esta nueva institución de salud
A partir de entonces el Hospital no dejó de crecer bajo las distintas administraciones municipales que lo tuvieron como eje de la salud pública tandilense y con la conducción de médicos respetables, que bregaron por lograr ampliaciones y la colaboración de comisiones de apoyo, lo engrandecieron. Los Directores que cumplieron más años en sus funciones fueron: el primero Dr. Ricardo López (1909-1917), su sucesor Dr. Juan C. Tuculet (1921-1929) y el Dr. Dardo J. Fernández Tasende ( 1961-1973). En su Centenario es su Director Médico el Dr. Vito Mezzina y el Administrativo el Lic. Daniel Binando.

 Daniel Eduardo Pérez