jueves, 28 de diciembre de 2017

LAS FIESTAS DE FIN DE AÑO EN EL TANDIL DE ANTAÑO



LAS FIESTAS DE ANTAÑO

 El tema de la celebración de las tradicionales fiestas de fin de año, a través del tiempo, siempre ha sido de interés, especialmente para las nuevas generaciones. Es por ello que nos pareció oportuno incluir algunos testimonios que recogimos en su momento de vecinas lúcidas y memoriosas.
 Fue así que en entrevistamos a Da. .Ana María Actis de Librelli ( ya fallecida), cuando tenía 92 años quien nos recibió con la afabilidad de siempre en su casa de la calle Yrigoyen, " construida por mi padre hace más de un siglo", nos acotaba. Allí cómodamente sentados hilvanamos recuerdos de las celebraciones de fin de año en el seno de una " gran familia que integrábamos junto a nuestros padres y sus doce hijos, tres de los cuales fueron sacerdotes".
Doña Ana - con la mirada puesta en el pasado- revivía momentos felices de su niñez y juventud, en el seno cálido y severo que las costumbres de la época imponían.
"Mis hermanos sacerdotes decidieron su vocación por propia decisión muy jóvenes y ello, sumado a la gran religiosidad de los padres, hacía que  se diferenciara muy bien entre la celebración de la Navidad y la de l año nuevo.  Esperábamos la llegada de la Nochebuena con mucha ansiedad y mucha alegría. Era la llegada del Niño Dios y había que recibirlo  muy bien puestos, es decir con las mejores ropas que teníamos", agregaba doña Ana.
La espera hacía que desde días antes se preparara el pesebre y también la decoración con flores y plantas, incluido el arbolito de Navidad, al que se le colocaba una decoración muy distinta a la de ahora, con velitas que se prendían llegada la ocasión máxima.
La Navidad, "era el día de la familia y luego de asistir rigurosamente a la tradicional misa de gallo, se regresaba a la casa donde se reunía la familia para degustar la comida especial preparada por  mamá, que generalmente era pasta a la italiana, de la herencia cultural recibida" nos informaba.
“La bebida se ponía a enfriar en el aljibe- la heladera " a hielo" llegó después” y  recordaba la " bolita", como la bebida que tomaban los chicos, que era como una soda dulce y que constituyó una de las pre-gaseosas. "Los mayores brindaban con vino de la época, tinto, clarete o blanco semillón. En casa el vino lo hacía papá con la uva chinche, la sidra y el champagne no era para nada común", rememora, agregando que " la granadina y la manzanilla, también era común para los niños y las mujeres".
Después de  la comida, se daba paso al pan dulce casero, que tenía frutas secas y se acompañaba con nueces, castañas y algunas confituras hechas para la ocasión, que los más pequeños degustaban con fruición.
"Si el tiempo acompañaba y era caluroso comíamos afuera-acotaba- pero si estaba fresco o llovía lo hacíamos adentro. La Navidad era íntima y la recibíamos y la celebrábamos con honda fe y alegría propia del significado que tenía para nuestros mayores y también para nosotros. Creo que hoy ese sentido profundo se ha perdido un poco y se confunde una fiesta con otra en la manera de celebrarla".
Traía a la memoria que para las fiestas, especialmente para Navidad, los comercios grandes de los cuales se era cliente, regalaban al mismo, canastas llenas de productos, costumbre que hoy se ha perdido en general, conservándose el espíritu de regalo y traduciéndose más a nivel familiar y de amistad.
Los almacenes importantes de la época, como El Globo, El Águila y El Bilbaíno, tenían un surtido extraordinario para las mesas familiares de las fiestas."Las bombas de estruendo, las campanas al viento y la sirena de Nueva Era, marcaban la llegada del nuevo año, al igual que lo hacían las locomotoras del ferrocarril" nos decía doña Ana.
"Los vecinos se saludaban entonces y se vivía un ambiente de familiaridad y buena vecindad que todavía hoy recuerdo con emoción. También para estas fiestas y desde que tengo memoria se escribían cartas de salutación y se mandaban y recibían tarjetas, que se compraban en las librerías de la época, siendo la de Grothe  y La Minerva las más famosas".
Doña Ana nos despidió, no sin antes recordarnos que " diga que la Navidad era más importante que el año nuevo y su celebración tenía una significación especial, que se disfrutaba profundamente en familia". Seguramente así fue, especialmente para esta histórica familia tandilense, que dio tres sacerdotes a la Iglesia: Francisco, Florentino y el inolvidable  don Luis J.
Otro testimonio que recogimos sobre el tema, fue el de Delia Bustos –en ese momento con 91 años- siempre llena de energía y con una rica trayectoria en Tandil, pese a ser nativa de Mar del Plata " del campo", nos precisa, nos trae a la memoria aspectos que en su infancia vivió en el ámbito rural en las fiestas de fin de año.
"Allí se vivía la Navidad con un sentido profundamente religioso, que nos imponía ser naturalmente humildes, pero a la vez alegres y respetuosos. Al año nuevo se lo esperaba diferente, con los deseos de dejar atrás todo lo malo que se iba con el viejo año y  con el deseo de mostrar todo lo bueno que había quedado para intentar que el año nuevo lo reprodujera.
"En el campo se adornaba un árbol natural, con frutos de la tierra, morrones, pequeños zapallos, tomates y también algunas velas que se encendían en el momento oportuno. Luego en la ciudad, los adornos eran otros pero muy diferentes a los que en las últimas décadas conocemos".
"Por aquellos tiempos se celebraba en familia la Navidad, con el tradicional pesebre y un altar donde se lo colocaba. El asado era la comida tradicional, aunque el primer dia del año era más común y allí se reunía a la peonada, en torno a la mesa.  "Cosas dulces" y frutas secas, avellanas, confites y nueces completaban con el pan dulce casero los ingredientes más comunes para la celebración.
Al asado con cuero se lo acompañaba con una ensalada de papas y de berro, la lechuga se incorporó después al igual que el tomate.
 "Los hombres solían beber el Cinzano primero y el acompañante obligado del asado era el vino de damajuana  o el de bota. El 1º se comenzaba con empanadas hechas en el horno de barro y a veces un pavo asado preparado especialmente para la fecha.
Los chicos y los más jovencitos, se iban a acostar inmediatamente de haber acomido , a la noche del 31 y al mediodía del 1º se quedaban jugando, mientras en la sobremesa el anís "8 Hermanos", el oporto y la hesperidina para las mujeres, alargaban la jornada."
"Sidra y champagne, no eran comunes en estas mesas humildes"- nos acota doña Delia. Ya en la ciudad estas bebidas, especialmente la sidra, se popularizaron, gaseosas o jugos no se conocían hasta la llegada de la Bilz y después de la Bidú Cola, que eran bebidas para los niños. La cerveza hizo su llegada con la Quilmes, pero no era como hoy una bebida frecuente entre la muchachada.
"En la Navidad las luces de bengala o estrellitas, los cohetes fósforo  y las cañitas voladoras, junto a los luego ingresados “rompeportones”, eran la pirotecnia de entonces, por cierto muy diferente a todo el arsenal que hoy se usa.
"Los "chifles" de las locomotoras y las campanitas acompañaban los momentos cumbres de estas fechas, en las que también, ya en la ciudad, recibíamos tarjetas especiales o postales de saludos, que también nosotros enviábamos.
"Las bebidas que se tomaban eran refrescadas en el aljibe o directamente en los sótanos, si se tenían,  lo que era común. Más tarde el hielo traído especialmente entre afrecho para que no se derritiera se ponía en bordalesas y allí se colocaban las botellas y las damajuanas al igual que la primeras gaseosas. Luego la heladera con hielo y la de querosén fueron las anteriores a la eléctrica que hoy conocemos.
"Para estas fechas todos nos poníamos " paquetes", es decir con las mejores ropajes, especialmente en Navidad, donde cuando llegaban las doce, se cantaba el Aleluya., en tanto el primero de año se efectuaban visitas de cortesía para saludar amigos y vecinos y desearles un buen año,
"Cuando vine a Tandil, ya para el primero de año no se estilaba como en el campo carreras de sortijas, embolsados y otros juegos típicos del ambiente rural. Aquí la cosa era un poco diferente", nos agrega doña Delia.
"La Navidad de mi niñez y de mi juventud, se vivió siempre buscando rescatar la tradición familiar, sin ruidos, sin farándula, poniendo los mejores recuerdos sobre la mesa ,tal vez menos espontáneos y más recatados, pero más afectivos y solidarios"- nos dice finalmente Delia Bustos, con los ojos entrecerrados como quien revive aquellos inolvidables momentos de estas celebraciones.

LAS FIESTAS DE FIN DE AÑO A LO LARGO DEL SIGLO XX

La llegada de las tradicionales fiestas de fin de año, siempre tuvieron una significación especial en casi todo el mundo, pero no cabe duda que en esta oportunidad la tienen con un plus, ya que es el final de un siglo y de un milenio y, aunque sin tantas expectativas como las del fin del año  que significaba la entrada al 2000, éstas quedarán marcadas en muchos hogares del mundo como un verdadero hito.
Estas celebraciones hoy tan cargadas de festejos variados, tienen antiguo origen, emparentado con celebraciones paganas que desde los romanos se sincretizaron en algunos casos con el cristianismo. El 25 de diciembre se celebra la Navidad- abreviación de Natividad-el nacimiento de Jesús en Belén, que si bien no figura con fecha en los Evangelios, fue instituida en forma movible ya en el siglo II, por San Telésforo, aunque recién en 354 el obispo romano Liberio la instituyó, siendo el pontificado de Julio I,
el que la oficializó como fecha que recogía las antiguas tradiciones de los padres de la Iglesia, como San Epifanio, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno, que influyeron en la iglesias orientales para unificar el día, ya que ellas celebraban el 6 de enero el nacimiento y bautismo de Jesús, que quedó como la Epifanía o manifestación de Dios a los hombres, conocida hoy como el día de Reyes.
En aquellos primeros siglos de nuestra era, las celebraciones eran modestas pero poco a poco fueron cobrando importancia no solo religiosa sino también social y servia para reunir en torno a la mesa de Nochebuena a toda la familia que recibía cada año la llegada de Jesús.
Con diferencias culturales propias de cada región, en el Viejo Mundo desde Navidad hasta Reyes constituía un momento que se dedicaba al recogimiento y a la alegría, donde la nieve cobraba un rol importante, por las bajas temperaturas reinantes en el invierno europeo, donde las comidas "fuertes" y las bebidas nobles eran de rigor, así como la luz que- siguiendo las antiguas tradiciones paganas- auyentaban los "malos espíritus".
Correspondió a San Francisco de Asís ser quien incorporó, en1223, el primer "pesebre", con las clásicas figuras de la Sagrada Familia y los animales en la gruta, hecho que se expandió a toda Europa y llegó a nuestro continente con los españoles. El hoy simbólico "árbol de Navidad" recién se extendió como aporte de los pueblos germanos y escandinavos en el siglo XIX, lo que dio forma a la costumbre de "armar" el árbol y el pesebre el 8 de diciembre - Día de la Inmaculada- y recién desarmarlos el 7 de enero.
Más recientemente, la costumbre estadounidense de Santa Claus en el trineo y los renos, incorporó figuras que provenían de Europa como Papá Noel o San Nicolás, que según la tradición llevaba regalos a los niños para esta fecha.
A la mesa regional, al árbol y al pesebre  y a la figura de Papá Noel, se agregaron luego la recuperación de antiguos villancicos y la composición de nuevos y el envío de tarjetas en la segunda mitad del siglo XIX.
Todas estas costumbres- con sus adecuaciones regionales- se practicaron en nuestro país, como herencia de la inmigración especialmente española e italiana, a la que Tandil por supuesto no fue ajena y que puso en el siglo XX matices que el mismo desarrollo tecnológico por un lado y la fiebre consumista por otro, hacen empalidecer el origen religioso de estas fiestas, más precisamente  la de Navidad.
En el siglo XX  podemos-arbitrariamente- marcar tres diferentes momentos de estas celebraciones y su forma de concretarlas en Tandil-que naturalmente no es una isla. Hasta la década del '30 primaban - por los testimonios recogidos y la documentación existente- tendencias fuertemente marcadas por la tradición del fin del siglo XIX, que ponía especial acento en los aspectos religiosos y recoletos pero alegres  simultáneamente con una austeridad manifiesta.
La crisis del '30 y su posterior superación trajo consigo una renovada esperanza y ya con un Tandil que había heredado del '20 un diseño importante, además de comenzar el progreso intenso en servicios esenciales, el aporte de costumbres "importadas" más recientemente para la época, llevaron a celebraciones de tono más popular (recordemos en la década del '50, el reparto en dependencias oficiales de sidra y pan dulce).
Ya en la década del '60 las fiestas, especialmente la de fin de año, se prolongaba en la juventud en "boliches" como Circulares donde se daba rienda suelta al baile, que hoy es común ya no sólo para esa fecha sino también para después del brindis de Nochebuena.
Los testimonios que recogimos , nos eximen de incorporar demasiados datos, pero sí podemos distinguir claramente que las nuevas generaciones consideran desde el 24 hasta el 1 como una semana festiva, donde la oferta ya no se reduce a la venida a menos tarjeta de salutación-fax, mail e Internet todo lo puede-y a los cada vez menos frecuentes almanaques de regalo-recordemos aquellos inigualables de Molina Campos , de Alpargatas- sino que una verdadera parafernalia de adornos lumínicos, florales, forestales,"moñisticos","noelísticos", etc, etc. donde el plástico reina, atrapan la atención de un potencial consumidor de "cosas", quedando reducidas las familiares y nostalgiosas recordaciones y celebraciones religiosas, tapadas masivamente por suculentas mesas- los que pueden y tienen un trabajo digno o más que digno-y  expresiones de alegría matizadas cada vez más frecuentemente por excesos de bebidas, donde la cerveza reina junto al - de alguna manera- popularizado champagne, al que antes sólo tenían acceso las clases altas.
La velita fue reemplazada por sonoras y resplandecientes luces multicolores en los arbolitos, ventanas, puertas etc. El fresco aljibe se transformó primero en hielo y luego en congelador y ahora freezer. El oporto y la hesperidina pasaron a mejor vida y la sidra ( El Gaitero, La Farruca, La Victoria, Real... tantas otras) sigue burbujeando ahora más acompañadas que antes por las del otrora aristocrático y ya citado champagne. Las abundancias de calorías de aquellas avellanas, nueces, almendras, confituras anacrónicas que heredamos, van cediendo, aunque el pan dulce y los budines (aquellos Canale, estos Terrabusi y Bagley) son como una obligación tenerlos para las mesas de estas fiestas, aunque a más de uno las frutas y otros ingredientes no les guste y sea más una comida para acompañar con mate o te que con cerveza o sidra. Las casas "naturistas" ofrecen todo diet y light, pelado, nacional o importado. Cada vez menos se usan aquellas maravillosas y artesanales herramientas para romper las cáscaras resistentes de aquellos frutos. No es necesario. Eso sí regalos, no importa si de "todo por dos pesos" o hecho con cariñoso esmero casero. Del cohete-fósforo que se raspaba se tiraba al suelo y hacía... pif o la cañita voladora que se colocaba en una botella que oficiaba de lanzador, pasamos a una batería de pirotecnia sofisticada y tan cara como estruendosa, que deja a más de un desprevenido con daños y tortura a nuestras mascotas. Las bombas de estruendo que la Municipalidad tiraba en la Plaza Independencia, el potente sonido de la sirena de Nueva Era y los "pitos" de las locomotoras son casi un recuerdo reemplazado de vez en cuando por fuegos artificiales, fugaces y vanidosos como inútiles. Burbujas y/o baile es el modo "liberador" predominante. El origen de todas estas celebraciones, aplastado por el inexorable y aburrido efecto globalizador, quedó barrido como por una topadora.
El siglo XXI, el tercer milenio, no será, por gracia de Dios, un poco más espiritual, más solidario y fraterno, menos materialista, individualista y caníbal?... Que así sea.

 Daniel Eduardo Pérez

                                                                                       

viernes, 8 de diciembre de 2017

LA PATRONA DE TANDIL Y SU PARROQUIA

LA PATRONA DE TANDIL Y LA PRIMERA PARROQUIA

El 8 de diciembre se celebra el día de la Inmaculada Concepción, Patrona de Tandil.
Esta  celebración reconoce muy antiguas raíces, ya que en Oriente se concretaba  en el siglo VI, desde donde se trasladó a Occidente, aprobada primero en el Concilio de Londres de 1129 y luego generalizada en el siglo XV por el Concilio de Basilea y especialmente por el Papa Sixto IV en 1476.
La concepción inmaculada de la Virgen-objeto de una de las más fervorosas devociones marianas-fue proclamada como dogma de fe por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854. Su imagen la presenta teniendo a sus pies el mundo, envuelto en nubes y circundado por los anillos de una serpiente.
En el origen de nuestra ciudad, cuando se levantó el Fuerte de la Independencia, dentro del mismo se construyó una pequeña capilla u oratorio castrense, que, según afirma el padre Suárez García, fue puesto bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, recogiendo una "venerable e ininterrumpida tradición..." ya que no se ha encontrado documentación alguna.
El mismo autor atribuye la elección a la devoción que tenía el Brig. Gral. Martín Rodríguez por la patrona del Regimiento de Patricios, del que fue fundador y jefe.
Según la documentación existente la primera mención de la existencia de una imagen de la Virgen, aparece en un inventario del segundo Cura Párroco de Tandil, el Pbro. Domingo Scavini, realizado para la primera iglesia en 1854, a la que denomina estatua de "la Pura y Limpia". En 1863 el Párroco José M. Rodríguez reemplazó esa imagen por otra nueva de "más de cinco cuartas", adquirida en Buenos Aires.
Fue en el Curato de José M. Cruces, cuando doña Rosaura Machado de Gómez-vecina de larga prosapia tandilense-donó la imagen de la Inmaculada Concepción tallada en madera de dos metros de altura y hermosa figura.
Una imagen de la Virgen está en el Museo del Fuerte Independencia, donada oportunamente por la familia Valor y que, según se cree, data del siglo XIX. Una comisión de vecinos inauguró  un monumento con una imagen de la Inmaculada en la intersección de Av. Espora y ruta 226, que ahora con la remodelación de ésta, fue reubicada.
Más recientemente, en el atrio de la Parroquia del Santísimo Sacramento, se entronizó otra bella imagen que preside el lugar donde descansan los restos de los Párrocos Julio.M. Chienno y Mons. Luis J. Actis.
                                                          
LA PARROQUIA Y SU PROTAGONISMO SOCIAL
Desde su fundación, Tandil -siguiendo la tradición española-tuvo atención religiosa. Primero de los pocos que comenzaron a asentarse en estas tierras y luego, con el lento pero constante arribo de nuevos pobladores, de todos los que en las proximidades del Fuerte iban instalándose.
Rápidamente la pequeña capilla castrense ubicada dentro del mismo Fuerte y atendida inicialmente por los sacerdotes que trajo en su expedición fundadora el Brig. Gral. Martín Rodríguez, fue reemplazada por precarias construcciones ubicadas en la esquina de 9 de Julio y Gral. San Martín, (hoy Tiendas La Capital) primero y luego en la de Gral. Pinto y 9 de Julio (hoy Banco de la Provincia), adonde concurrían los sacerdotes que de tanto en tanto se trasladaban habitualmente de Dolores, para dar la misa y acercar los sacramentos, básicamente bautismos y matrimonios.
Con el correr de los años el vecindario reclamó una prestación permanente y fruto del empeño de los Jueces de Paz e integrantes de la Corporación Municipal, entre ellos algunos que no eran católicos como el pionero danés Juan Fugl, colaboraron intensamente para que, además de obtener la radicación de un sacerdote, se erigiera un templo " digno de este pueblo". Así, con gran esfuerzo, se levantó en el predio de Yrigoyen y Gral. Pinto (hoy Banco Bisel), la primera capilla construida "ad hoc".
Fue en 1854- año clave en las instituciones básicas de Tandil- que finalmente los reclamos del vecindario y las gestiones de sus autoridades dieron sus frutos, al erigirse canónicamente la Parroquia del Santísimo Sacramento y designarse poco después al primer Cura Párroco, el padre franciscano Luis María Mancini.
Fueron aquellos años muy duros, por cuanto la indiada estaba alzada-recordemos que Rosas había sido vencido en Caseros- y tribus amigas del Restaurador estaban levantiscas, asolando con malones distintos puntos de la provincia.
Tandil no fue la excepción y así en 1855 y parte de 1856, el bravío Yanquetruz al frente de sus hombres asoló el poblado,-como vimos en el capítulo anterior- produciendo el denominado "éxodo tandilense", que incluyó prácticamente desde autoridades municipales, salvo el  valiente Juez Carlos Darragueira y alguno más, vecinos y hasta el mismo Cura Párroco.
Aquietada la frontera interior, poco a poco fue retornando la población, hasta recomenzar la tarea, interrumpida, de seguir adelante con los emprendimientos que fueron esenciales para la comunidad: la educación y la práctica religiosa.
La ayuda del vecindario y la Municipalidad al finalizar la década del ‘60 del siglo XIX, permitieron pensar en levantar un templo, siempre bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, patrona de Tandil, que resultase "imponente", tal como creía la sociedad de los tandilenses de entonces, se merecía  el pueblo.
Era tal el empeño del conjunto de pueblo y autoridades que, llevados por su fe, lograron que finalmente se levantara en su actual lugar el nuevo templo.
Relatan documentos de la época, que el anuncio de su próxima inauguración había creado un clima de verdadera fiesta popular. Es que para el sentido logro material, habían colaborado casi todos los pobladores de una u otra manera y los gobiernos en sus distintas jurisdicciones, especialmente la Municipalidad de Tandil con don Carlos Díaz al frente, verdadero paladín civil de este fervor religioso.
Aquel 28 de febrero de 1878, el pueblo "todo"-recalca el padre Suárez García en su "Historia de la Parroquia"- participó de la solemne inauguración del templo de la Inmaculada Concepción, de la Parroquia del Santísimo Sacramento, que, presidida por el Arzobispo de Buenos Aires Mons. Federico Aneiros, máxima autoridad eclesial para la gigantesca jurisdicción bonaerense y el Párroco Pbro. Dr. José Terradas, alcanzó a expresar tanta alegría y tanta satisfacción, al ver concretada una obra- que si bien material- era esencialmente producto del espíritu.
Desde entonces la Parroquia tuvo como eje este templo y fue no sólo un lugar de prácticas religiosas, sino centro del accionar de los distintos Párrocos que dejaron su sello y su huella trazada, para que los que les siguiesen profundizaran el surco y junto a los feligreses y también a quienes no lo eran, beneficiaran la evolución social de Tandil.
Extenso sería enumerar la obra de los distintos curatos, todos ellos con positivos saldos en favor de la sociedad de los tandilenses, por eso hemos de referirnos más explícitamente a algunos tramos relevantes de los del siglo XX  hasta la actualidad, donde el entramado parroquia-sociedad, han vivido y viven distintos momentos señalados por acontecimientos tanto religiosos como socio-políticos-económicos.
Este período-el siglo XX- encierra uno de los más importantes en la historia contemporánea, tanto en el mundo como en nuestro país, dado que a las sangrientas dos Guerras Mundiales, le siguieron procesos que afectaron a toda la humanidad y que, lamentablemente, hasta hoy han escrito con sangre largas páginas de la historia.
Hubo además hechos pioneros que desde la ciencia médica a la conquista del espacio, la revolución cibernética y la verdadera explosión de los medios de comunicación, hasta la caída del muro de Berlín, en lo religioso registra nada menos que el Concilio Vaticano II (1962-1965) que marcó una nueva etapa en la relación Iglesia-Estado-Sociedad, "aggiornando", entre otras cosas, la Doctrina Social de la Iglesia Católica y promoviendo un acercamiento ecuménico muy positivo entre las grandes religiones, merced, además, a la acción de Papas que, como Juan XXIII, Pablo VI y el recordado Juan Pablo II, han marcado una profunda huella de cambios en la sociedad mundial.
La Iglesia en Tandil, no fue ajena a todo lo que mencionamos y así es que los  extensos curatos del Pbro. Julio María Chienno y de Mons. Dr. Luis J. Actis, que abarcaron entre ambos desde 1916 hasta 1978, sentaron las bases del accionar, especialmente pastoral, de buena parte del siglo.
Chienno fundó así- entre otras instituciones-la Cofradía de Luján, en 1930; la Acción Católica en  1936 y la Conferencia Vicentina en 1938, abriendo la luego célebre librería de la Juventud de la Acción Católica a cuyo frente estuvo hasta su cierre, nuestro querido amigo y maestro Antonino Pellitero, que merecerá un párrafo aparte en estas líneas.
También fue Chienno quien fundó el periódico "La Revista", en 1922, desde cuyas columnas sostuvo recordadas polémicas, cuando la masonería y el comunismo aparecían como verdaderas amenazas a la fe católica y la convivencia entre las ideologías no era palabra conocida.
Querido y atacado por sus firmes posiciones, Chienno fue un hombre de peso en el quehacer tandilense, hombre de consulta y referente insoslayable a la hora de tomar decisiones, aún desde el ámbito del poder político, le correspondió estar al frente de la inauguración del Calvario, el 10 de enero de 1943, acontecimiento que con los años es cada vez más valorado, no sólo como monumento que une arte y religión, y por lo tanto centro de peregrinaciones y diversas expresiones de fe, sino además como un poderoso atractivo turístico-evangelizador. Fue además quien levantó las capillas del Sagrado Corazón y la de Nuestra Señora de Begoña.
A la muerte del padre Chienno, en 1944, le sucedió el primer Párroco tandilense, el ya citado sacerdote Luis J. Actis, joven ardoroso, activo y de una gran formación teológica, que volcó en innumerables publicaciones con su firma, su pensamiento, siendo la más importante  "Caminos de elevación", que fue traducido a numerosos idiomas y llegó a un número de ediciones sin precedentes,
La labor del luego Monseñor Actis, fue prolífica. En 1946 fundó la filial local de la Federación Católica de Educadores; seis años después la Liga de Madres de Familia y en 1961 la Legión Hijas de María. Las dos primeras de inserción clara en dos temas que lo apasionaron: la educación y la familia, fundamento del accionar de una sociedad.
También como Chienno, Actis bregó desde "La Revista", con su afilada pluma, por los ideales y principios defendidos con profunda fe.
Creyó firmemente en la relación de la parroquia con los distintos estamentos de la sociedad, sin transigir sin embargo en aquello que entendía podía lesionar sus principios básicos, usando herramientas evangelizadoras que acercaran el pueblo a la fe, por ello fue firme impulsor de la celebración de la Semana Santa, su Procesión solemne del Viernes  y de la creación de las Estampas de la Redención, siendo el autor del magnífico libreto que puso en escena junto con sus amigos Jorge Lester y Enrique Ferrrarese y que estuvo vigente hasta 2004, en que por cuestiones ajenas a lo que fue desde el inicio una expresión cultural-religiosa, fue dejada de lado, aunque retomada por la Fundación de Actores y puesta en escena en la zona del barrio La Movediza y luego en otras ciudades.
En 1947, comenzó a dar forma a una idea que lo tenía obsesionado: un lugar adecuado para que Tandil tuviera acceso a expresiones culturales: el Salón Parroquial y sede de la Acción Católica, que finalmente inauguró en 1951, dando lugar a lo que sería el Teatro Estrada, que hoy luce, con nombre cambiado inexplicablemente, y que, desde hace unos años, es patrimonio municipal.
Quien escribe estas líneas no podrá olvidar las "matinee" de cine - obviamente en blanco y negro-cuyas películas seguían domingo a domingo y donde la sala se llenaba de niños, para regocijo de su constructor, que veía cumplida parte de su misión. Años más tarde y con su consentimiento, integramos la Comisión de Actividades Culturales del Teatro, junto a otros amigos, que marcó un  camino en la cultura tandilense.
No había finalizado la obra del Salón Parroquial, cuando encaró entusiastamente la remodelación del frente del templo.  Él entendía que había que dotarlo de un frente imponente y, más allá de consideraciones arquitectónicas, puso manos a la obra con el respaldo popular hasta lograr que en 1969, tras poco más de una década de trabajo, se inaugurara con sus torres, conteniendo al carrillon que en 1931 el padre Chienno hiciera colocar traído desde Bochum (Alemania).
Fue en su Curato y Vicaría, que viendo la urgente necesidad de implementar como nuevas parroquias a las que eran capillas dependientes de la más conocida como "Iglesia Matriz", se crearon las nuevas cinco parroquias, para extender a todo Tandil la acción pastoral y socio cultural.
De aquellos tiempos surgen en el recuerdo del autor de estas líneas, los encuentros de los domingos al mediodía, en la librería "de Antonino", donde además de retarnos por el "maldito cigarrillo" y dejar el clásico "Esquiú", expresaba sus pareceres acerca de las formas de implementación de lo normado por el Concilio Vaticano II, a lo que por su formación y edad, le costaba adaptarse, sin dejar de obedecer.
Además de la política religiosa, también la política nacional y local lo apasionaban, no callando cuantas veces fuera necesario defender la libertad, ignorando muchos hasta el día de hoy, algunos episodios que en otra oportunidad relataremos.
También fue actor principal, como Párroco, en la creación de la Universidad, en 1964, cuando el Dr. Osvaldo Zarini y sus colaboradores emprendieron tarea de tamaña magnitud. Allí la Parroquia, en su persona, estuvo presente activamente, decididamente convencido de la importancia que tendría en el futuro, pese a la sempiterna indiferencia y pesimismo de muchos.
Cumpliendo con lo dispuesto por la Iglesia, al cumplir 75 años, se retiró como Cura Párroco, siendo coincidente con el centenario de la inauguración del Templo, en 1978, realizándose una fiesta de homenaje popular, multitudinaria con la presencia de todas las autoridades, varios Obispos y vecinos de toda la ciudad.
No se retiró a "cuarteles de invierno" y pese a su edad, sotana al viento, manos enguantadas y su clásico sombrero, recorría aún en los crudos días de frío, trasladado por su viejo y recordado Renault 4, sanatorios, para visitar enfermos, dar misa en el Colegio San José o en San José Obrero y animar con su oratoria las reuniones patrias del Museo del Fuerte. La obra final de su empeño fue precisamente San José Obrero, ya que falleció en 1995, yaciendo sepultado, junto a su antecesor, en el Templo.
Una tarea diferente, igualmente valiosa, pero con impronta propia le correspondió a su sucesor como Párroco, el Pbro. José Tommasi, luego Obispo Auxiliar de Bahía Blanca y posteriormente Obispo de 9 de Julio. Dando cumplimiento a algunas de las normativas que encerraban la interpretación del Concilio Vaticano II, modificó  aspectos del Templo, entre ellos el retiro del histórico púlpito y los mármoles del comulgatorio, poniendo énfasis en una labor pastoral con una visión más inclinada a lo social y a la atracción de la juventud, a la que dedicó buena parte de su tarea.
Sucedió a Mons. Tommasi, Mons. Lionel Mosse, poseedor de una vasta cultura, que no dudó en dotar al Templo y especialmente a la Casa Parroquial de comodidades que los nuevos tiempos exigían, poniendo su empeño y mucho más, en una obra que brindó espacios confortables para la reunión de los ya abundantes grupos que se encontraban trabajando en la sede parroquial.
A él se debe la idea primigenia de crear en Tandil un canal de cable, dando los pasos para que finalmente se creara Cerrovisión, bajo la impronta de transmitir desde allí palabras e imágenes que enriquecieran la cultura y el espíritu de los tandilenses, con un signo cristiano que lo caracterizara.
De modales suaves y voz pausada, de pensamiento hondo y un amor al prójimo, dio- parafraseando a la Madre Teresa de Calcuta "hasta que duela"-, siendo también testimonio de hombre de servicio en la Parroquia del Sagrado Corazón, hasta su retiro, en el que  continúa, en los días que corren, su colaboración donde se le requiera.
Finalmente, y hasta la actualidad, conduce la Parroquia., desde 1989, el Pbro. Raúl Troncoso,.En su curato se creó el Museo de la Parroquia y se restauró el templo en su totalidad, entre otras obras que abarcan especialmente las de contenido social. Hoy el Cura Párroco es el Pbro. Marcos Picaroni.                                                                   


                            Daniel Eduardo Pérez

jueves, 17 de agosto de 2017

PRESENCIA SANMARTINIANA EN TANDIL

SAN MARTÍN EN TANDIL

La refulgente campaña del Libertador Gral. José de San Martín a partir del cruce de los Andes hasta la liberación de Chile , encendió en muchos hombres de la Independencia, verdadero fervor y admiración hacia el adusto militar.
No fue raro entonces que pronto  se impusiera su nombre a  un bergantín corsario, el patente Nº 83,  cuando era Jefe del Ejército de los Andes, en 1817, siendo éste el primer homenaje en vida del Libertador.
Años después, en 1829- el mismo en que intentó regresar a la patria- en el gobierno de Lavalle, se bautizó con su nombre  a una goleta, siendo así el primer buque de guerra de la incipiente Armada  en llevarlo, la que siguiendo esta tradición, impuso-ya en el siglo XX- el nombre del ilustre prócer al famoso y legendario rompehielos botado en 1954.
En ese mismo sentido, un informe escasamente difundido del Gral. Juan Ramón Balcarce, cuando era comandante general de la campaña de Buenos Aires, propuso la fundación de un fuerte de avanzada de frontera en el interior- más precisamente en el Tandil- con el nombre de " San Martin".
Si bien este informe y las gestiones de Balcarce acerca de esta iniciativa son muy interesantes, dejaremos para otra oportunidad  el extendernos en este aspecto poco estudiado del tema. Lo cierto es que finalmente el fuerte fue a parar a la zona de la laguna Kakel Huincul ( actual partido de Maipú), como una guardia y a la que nos hemos referido en el capítulo I, porque desde allí salió Cajaraville con sus Blandengues, para sumarse a las tropas fundacionales del Tandil..
Por lo pronto podemos afirmar con certeza, que cinco años antes de fundarse, Tandil casi nace como el "Fuerte Gral. San Martín", a instancias del Gral. Balcarce.
Esta relación de nuestro Tandil con el Libertador, que se aprestaba a dar fin a su labor en Chile, luego de la batalla de Maipú, para seguir hacia el Perú, tuvo de alguna manera no buscada ni pensada, continuidad con la participación de importantes oficiales de su Ejército de los Andes en la fundación, tal como lo reflejamos en el  capítulo 1º.
Ya fundado el Fuerte de la Independencia y demarcado el pueblo, una de las primeras calles en ser nominadas lo fue con el nombre del ilustre correntino, lo que aún hasta hoy perdura.
Pasarían muchos años para tener en nuestro pago otro homenaje al Gral. San Martín. Efectivamente, creada la Escuela Normal Mixta en 1910, recién ésta llevó el nombre del  prócer luego de una gestión del director Lázaro Fernández, en 1919, tanto es así que la medalla acuñada para su inauguración lleva en el anverso la efigie del Gral. Belgrano, lo que motivó, oportunamente, una consulta a la Asociación  Numismática Argentina  que se expidió sobre el tema.
Ya con el nombre  Escuela Normal Mixta "Gral. José de San Martin", pronto se puso en  marcha la iniciativa de dotar al flamante establecimiento - que, recordemos, funcionaba en el antiguo edificio donde había estado el Asilo San Juan, en Maipú y Alem- de un busto que presidiese el patio para todas las ceremonias.; inmediatamente  comenzó  la colecta  para pagarlo, habiendo sido encomendada la obra al prestigioso escultor Juan Carlos Oliva Navarro (1888-1951), conocido por otras obras similares. De esta manera el 14 de abril de 1926 quedó inaugurado el busto de la Escuela Normal, siendo el primero en homenaje al Libertador en nuestra ciudad, y que luego-con la inauguración del nuevo edificio en la Av. Santamarina en 1943-quedó en el jardín del frente hasta nuestros días.
Con posterioridad también una  escuela primaria, la Nº 34, fue puesta bajo  la advocación del Gral. San Martín.
Los homenajes al Libertador fueron por esas épocas concentrados entonces en el busto normalista, especialmente los escolares, pero se acercaba una fecha importante: el centenario de la muerte del prócer y esto llevó a mover espíritus y medidas de tal suerte que en 1949, a iniciativa del Coronel Raúl Racana se impulsó la creación de una filial del Instituto Nacional Sanmartiniano, la que a su traslado quedó con el Dr. Francisco J. Vistalli en la presidencia, participando entre otros: Jorge Lester, Carlos Alfaro, el Dr. Eduardo Tuñón y  Roberto Balbarrey.
Esta comisión fue la que desarrolló una intensa actividad al aproximarse el año 1950, que sería denominado " Año del Libertador General José de San Martín".
Fue en ese año también en el que, por iniciativa del intendente Silverio Serrano, el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanaza Nº 306, el 13 de agosto, imponiendo el nombre del máximo prócer de los argentinos a la que antiguamente se denominaba "Plaza del Rosedal" y que era en realidad, hasta 1949, una manzana baldía con las cavas , laguna y basural que  quedaron luego de abandonarse el horno de ladrillos de los Calamante, familia que entregó la misma a la Municipalidad a cambio de condonación de impuestos, lo que fue aceptado en 1949, y por la cual corría el arroyo Blanco ( hoy entubado) y que así estaba, en ese lamentable estado,  cuando se inauguró el Calvario el 10 de enero de 1943..
La nominación y la proximidad de la fecha del centenario, impulsó a la Municipalidad a poner en condiciones la desastrosa situación en la que se encontraba, de tal suerte que el mismo 17 de agosto de 1950, se colocó la piedra fundamental de lo que sería en el futuro un monumento al Libertador. Pasaron los años y retornó el semiabandono, hasta que en 1956 el comisionado Domingo Otero dispuso la urbanización y alumbrado de la misma. Lentamente la Plaza Gral. San Martín fue adquiriendo su actual diseño hasta que recién el domingo 3 de abril de 1966, a las 16, se llevó a cabo la inauguración del proyectado homenaje al prócer, con el bajorrelieve del Padre de la Patria, realizado por el escultor Hidelberg Ferrino-a quien nos referiremos más adelante-constituyéndose en otro hito sanmartiniano.
Retomando la historia de la presencia sanmartiniana en Tandil, digamos que luego del año del Centenario, la primera comisión entró en un "impasse", hasta que en 1959 el Gral. Juan Carlos Onganía, a la sazón al frente del Comando de la Tercera División de Caballería de nuestra ciudad, convocó a vecinos para reorganizar aquella incipiente institución sanmartiniana, retomando la idea de un monumento.
En 1961 el Gral. Onganía fue trasladado y asumió la presidencia de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Tandil, nombre que desde entonces lleva, el Dr. Juan Manuel Ortiz, quien lo hizo en forma interina, hasta que una nueva comisión asumió con la presidencia  de don Leonel Acevedo Díaz, decidiéndose en  esos tiempos que fuera el entonces denominado " Cerrito Municipal", el lugar elegido para levantar un monumento importante. Así las cosas, en 1964 asumió la presidencia de la institución el docente Raúl J. Llano, quien fue el que conjuntamente con la comisión que lo acompañaba, tomó contacto con el Intendente José Emilio Lunghi   para exponerle la idea, la que fue rápidamente aceptada, destinando una partida de $ 50.000 m/n para el futuro emprendimiento en el ya por entonces denominado "Cerrito de la Libertad".
El mismo Intendente presentó, al año siguiente, al escultor Hidelberg Ferrino, radicado en Mar del Plata, quien  accedió a realizar primero el ya descripto bajorrelieve de la Plaza citada en párrafos anteriores, y luego comenzar con los bocetos y posterior maqueta del monumento a emplazarse en el Cerrito, la que terminada, y  luego de algunas sugerencias de carácter técnico- militar formuladas por el Gral. Cáceres Monié,- por entonces Comandante de la Brigada- fue elevada al Instituto Nacional Sanmartiniano para su aprobación, lo que así ocurrió. Rápidamente se firmó el contrato- redactado por el inolvidable Dr. Osvaldo Zarini, miembro de la Asociación Sanmartiniana- y el 5 de enero de 1966 se firmó por un valor inicial de $ 1.955.000.
Inmediatamente se puso en marcha una campaña y colecta para recaudar los fondos necesarios, mientras el escultor comenzaba su trabajo, el que a medida que avanzaba tenía más costos, solicitándose en 1967, al entonces Intendente Victorio Mazzarol, un mayor apoyo económico para no demorar su inauguración, mientras las obras de preparación del cerro era llevada a cabo por generosos picapedreros al mando de Juan Pisculich.
Finalizadas las obras básicas y emplazado el conjunto, el 20 de octubre de 1968, a las 10  quedó inaugurado el monumento más importante al Libertador, con la presencia del gobernador Francisco Imaz, ministros, el Intendente Municipal, el presidente y comisión de la Asociación Cultural Sanmartiniana y el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano Gral. Carlos Salas.
En el nicho, al pie del monumento, con la leyenda "Tandil al Libertador", se depositó una rama de higuerón de la plaza de Yapeyú  y se colocaron tres cofres conteniendo tierra de Chacabuco, Maipú y Yapeyú, esta última traída en el recordado raíd a pie efectuado por los Boy Scouts  de la compañía "Cnel. Benito Machado", Gerardo Estévez, Zoar González, Alfredo Duret, Oscar Retondaro y Fernando Ferraiuolo, en 1951.
La figura del Gral. San Martín erguida, mira hacia el noroeste, meta de la campaña al Perú, catalejo en mano y con su ropaje de general y su famoso sable corvo. Detrás de la misma,  un imponente y brioso caballo de guerra árabe con los enseres correspondientes; más atrás está un picacho artificial  simbolizando un nido de cóndores, sobre el cual había dos parejas de los majestuosos reyes de las alturas, cada uno de los cuales mira hacia los  puntos cardinales ( lamentablemente pronto fue robada una); al pie- como custodios- dos granaderos: uno representando al heroico Sargento Juan Bautista Cabral y otro a un granadero de la provincia de Buenos Aires, ambos en posición de descanso con los sables desenvainados.
Todo el conjunto está hecho en escalas diferentes en cada componente- a la usanza de algunos artistas de la antigüedad-lo que le da una característica especial.
Luego de la inauguración, todos los actos centrales de efemérides sanmartinianas fueron hechos allí con la organización de la Asociación Cultural Sanmartiniana, cuyo representante fue siempre el único orador. La Asociación tuvo unos años de receso entre 1971 y 1976, fecha en la que don Raúl Llano convocó a una reunión donde asumió una nueva comisión presidida por el profesor Lauro  P. Castorino, la que al aproximarse el bicentenario del nacimiento- en 1978- logró la realización de mejoras que incluyeron patio de lajas, iluminación, mástiles y la construcción de diversos hitos desde su acceso en Avellaneda hasta el mismo monumento, enriqueciendo al ya por entonces "Parque Libertador General D.José de San Martín ". La colectividad italiana por su parte incorporó la Fuente de Rómulo y Remo.
Asimismo se restauraron piezas que los vándalos de siempre deterioraron, con la colaboración desinteresada de Horacio del Giorgio, Antonio Rizzo y Joaquín Martínez.
Sin prisa ni pausa, el paseo- homenaje fue transformándose en un lugar de permanente visita y recordación, especialmente en los 17 de agosto, donde se destaca la presencia de los gauchos de la guardia que hacen "Los Criollos de Tandil", en su momento acaudillados por el inolvidable don Genaro Villar.
En 1989 asumió como presidente de la Asociación el profesor José Pasucci quien, junto a los miembros de la Comisión mantuvieron viva la llama de los ideales sanmartinianos en nuestra ciudad, que supo de la presencia fundadora de hombres que lucharon junto al "Santo de la Espada", tal como lo desarrollamos en el  capítulo 1º ya citado. En  2006 asumió la presidencia de la institución el autor de esta nota, sucediéndole luego Mario N. Juárez..
San Martín en Tandil es una presencia permanente gracias a los monumentos y recordaciones mencionadas pero debería ser una presencia mucho más intensa y vívida en la conciencia colectiva, porque sus ideales y su conducta son un legado de vigencia extraordinaria en cada momento de la historia que nos toca vivir, aunque no parece ser un signo de nuestros tiempos, en nuestro país, la gratitud hacia quienes nos dejaron como herencia nada menos que la patria.

 Daniel Eduardo Pérez
                                                      


viernes, 30 de junio de 2017

JULIÁN ANDRADE, EL AMIGO DE MOREIRA.

JULIÁN ANDRADE
Una parte de la vida de Juan Moreira en Tandil

Una historia rica de vicisitudes, legendaria, que ocupó una página en la literatura argentina y que reflejó toda una etapa política, fue la de Juan Moreira y su fiel amigo Julián Andrade.
Tandil no fue ajeno a estas vidas agitadas porque Andrade al final de su vida vino aquí a pasar sus últimos años y vivió con su familia hasta su muerte.
Eduardo Gutiérrez inmortalizó la vida de ambos y acerca del desenlace que costó la vida de Moreira y el rol de su amigo nos dice: Por el camino, Moreira había encontrado a Julián Andrade, gaucho muy valiente, a quien invitó a la parranda y a tomar parte en el combate que sostendrían contra el pequeño ejército que les esperaba.
Moreira, acompañado de Julián Andrade, hizo noche en una pulpería del camino y a la mañana siguiente se dirigieron ambos a La Estrella, donde llegaron a las 11 a.m.
El Cuerudo, que había quedado bombeando el establecimiento, llevó el parte al Juzgado de Paz, donde estaba preparada la gente que había de prenderlo. Era el 30 de abril de 1874.
Entretanto, Moreira y Andrade almorzaban alegremente un puchero de gallina, largamente rociado con un par de vasos de vino carlón "del que toma el cura".
La Estrella era una casa de negocio donde se comía, se bebía y donde despachaban hermosas mujeres, una de las cuales había merecido las más finas atenciones por parte de Moreira.
La esquina estaba ocupada por el café y en el primer patio había unas cinco o seis habitaciones, que servían de aposento de parroquianos o de las maritornes.
Concluido el almuerzo, Andrade y Moreira pidieron una habitación cada uno para echar una larga siesta y cada uno eligió la suya, teniendo cuidado de que, en caso que vinieran a prenderlos, pudieran tomar la partida entre dos fuegos de sus trabucos, operación que les aseguraría el triunfo.
Julián Andrade era un gaucho bravo, digno compañero de Juan Moreira, y capaz de ayudarlo de una manera eficaz, pues no le faltaban entrañas para hacer una limpiada.
Así los dos amigos se dirigieron cada uno a su pieza. Andrade se entregó al reposo y Moreira salió para acomodar el caballo a los fondos de la casa, calculando no tener más que saltar la pared para ponerse a su lado en un caso de apuro, y volviendo en seguida, acompañado del Cacique, a la pieza que había elegido.
Para eso ya la partida que los buscaba estaba en las inmediaciones hasta que llegó el decisivo encuentro. Relata Gutiérrez los dramáticos instantes y prosigue:
“En ese momento Julián Andrade, haciendo un esfuerzo poderoso, había logrado deshacer sus ligaduras y corrido a la calle buscando su caballo.
¡Vana esperanza! Apenas pasó el umbral de la puerta, desarmado como iba, fue acometido por los que rodeaban el edificio y herido de dos hachazos en la cabeza.
Andrade cayó esta vez completamente postrado; fue amarrado fuertemente y entrado de nuevo a la casa, donde se llevó un nuevo ataque a Moreira”
……………….                                                                               
Relata luego la muerte de Moreira a manos de Chirino  no sin antes herir a Eulogio Varela muriendo casi enseguida, después de dos vómitos de sangre. Nacía de ese modo  una leyenda y uno de los personajes más conocidos de la historia popular Argentina. Fue el final de la célebre dupla  aquel 30 de abril de 1874 : “…el juez de paz de Lobos, Casimiro Villamayor, por orden del Gobernador, envió a veinticinco hombres que, al mando del comandante Francisco Bosch perteneciente a la policía de Buenos Aires, se dirigieron al almacén y pulpería “La Estrella” (ubicado en lo que hoy es el Sanatorio de Lobos en la intersección de las calles Chacabuco y Cardoner).
Juan Moreira peleó con todas sus fuerzas, pero justo cuando estaba a punto de saltar la pared que se interponía entre los policías y su caballo, fue herido por la bayoneta del sargento Andrés Chirino, que le perforó el pulmón izquierdo. Sin embargo, el aguerrido Moreira alcanzó a disparar su trabuco hiriendo en el rostro a Chirino -que perdió un ojo- y a cercenarle cuatro dedos de un cuchillazo, lesionando además al capitán Eulogio Varela.
Vilmente derrotado, Juan Moreira murió al instante.”-nos relata el periodista e investigador azuleño Eduardo Agüero Mielhuerry sobre los momentos finales del entrevero.
“Entretanto, Julián Andrade, había sido sorprendido en un cuarto contiguo. Al hallarse durmiendo, no pudo resistirse, quedando apresado. Justo fue retirado de la habitación en el momento en que su admirado amigo Juan moría en medio de borbotones de sangre” agrega Agüero Mielhuerry.
Julián Andrade, había nacido  en Navarro en 1848, hijo de Guillermo Andrade y Crescencia Jara, y su vida estuvo signada por las aventuras en riñas y entreveros. Luego del episodio donde muere Moreira, el 2 de mayo de 1874 quedó detenido en la cárcel “La Blanqueada” de Mercedes. Fue condenado por homicidio en riña, por el juez  Francisco Ramos Mejía.
Inmediatamente se convirtió en un preso célebre y desde entonces no dejó de recibir diversos regalos de las mujeres que iban a visitarlo: chiripás, yerba y azúcar, cintas bordadas con mensajes, entre otras prendas y alimentos
Julián Andrade vivió casi treinta años en Azul, empero a pesar de haber tenido un cambio rotundo en su conducta, para muchos seguía siendo un gaucho matrero.
Hacia 1915, Andrade rumbeó hacia Tandil, para reencontrarse con viejos amigos y buscar nuevos horizontes…
Apasionado por los caballos, pronto encontró aquí una interesante actividad hípica donde no tardó en conseguir trabajo como cuidador  y vareador de parejeros en el hipódromo local.
Poco después llevó a su mujer y a sus hijos para vivir todos juntos en la humilde vivienda que había levantado en la calle Mitre 1351.
Con motivo del centenario de Tandil, el diario Nueva Era editó un Suplemento especial, el 4 de abril de 1923, que incluye una extensa entrevista a nuestro personaje de hoy. Allí el gaucho, anciano y legendario, relata la historia de sus aventuras con Moreira de la que hemos seleccionado los párrafos más salientes.
“… Andrade habló largo rato. Es gaucho fuerte y erguido, a pesar de las catástrofes. Su voz denota el pasaje por los infiernos. No se queja, sin embargo resumimos sus recuerdos: Moreira -dice Andrade- era hombre blanco, de patilla cerrada, alto y fornido, muy buen mozo. No fue nunca un ratero ni nada parecido. No tenía necesidad de eso. Trabajó de tropero y de sargento de policía. Era guitarrero y mejor jinete, jugaba a la taba y al billar. No fue nunca un villano. ¡Que va a ser un facineroso! Era hombre de juicio y defendió al desvalido. Dígalo así nomás, no podrán desmentirlo.
- ¿Y cómo?..
-Era un alma de coraje. No creo que haya otra igual. ¡Pobrecito! No nacen como ése. Luego la política, amigo, la política. Se peleaba diariamente entre alsinistas y mitristas y él hizo dos muertes a facón. Quien lo provocase tenía que pisar firme. Frente a la misma iglesia mató a un tal Leguizamón y al poco tiempo, por ahí cerca nomás, al teniente alcalde Juan Córdoba. Moreira estaba entonces con los alsinistas, le prometieron el indulto, no se lo dieron y concluyó por pasarse al otro bando. Esa fue su perdición. Triunfó Alsina y Moreira entró a andar con todos. ¿Dónde ocurría eso?
-En Navarro, pues. Allí vivíamos nosotros.
-¿Anduvieron juntos muchos años? -Desde el 68 hasta el 74, cuando nos prendieron.
-¿Siempre en Navarro?
-¿Cómo puede pensar semejante cosa? Tuvimos que irnos más de una vez. Moreira recorrió varios partidos: Salto Argentino, Cañuelas, Nueve de Julio, Veinticinco de Mayo... No paraba. Tuvo muchos encuentros con las partidas y se vio obligado a matrerear. El General Garmendia lo persiguió con alma y vida. Al último los milicos no se atrevían a buscarlo. ¿Para qué? El no preguntó nunca cuántos lo perseguían y menos si lo acorralaban. Su valor no tenía fin, créalo, amigo, no tenía fin. Se lo dice un hombre que ha visto mucho. Se trenzaba con los que se le presentasen. ¡Mejor si eran veinte, se animaba más! ¡Un valiente, amigo, un valiente! ¡Pobrecito! ¡Qué va a ser un bandido!
…………
-¿Y cuántos despacharía Moreira en sus peleas?
Andrade nos mira con ojos interrogativos, quiere leernos el alma, procura cerciorarse de que estamos con él. No aceptaría así nomás que profanáramos la memoria sagrada. Mueve su anciana cabeza, recapacita.
-No podría decirlo, tendría que recordar mucho –declara- ¡Peleó tanto! Marcó a una punta. Pegó tajos y tiros. No se le «caiba» el facón ni la pistola, el cuchillo ni el trabuco. Andaba de un lado a otro y tenía que tener cuidado. En las partidas dejó amargos recuerdos. En Salto Argentino mató a Rico Romero, un malo de por allí. Jugaron una carambola y a Moreira le costó poco ganarle. El mozo jugaba bien y qué iba a hacer. Rico quedó hirviendo y le buscó camorra. No sabía que era Moreira, pues se hacía llamar Juan Blanco. Recién había llegado, no lo conocían. Este es un paisano flojo, lleno de armas, le dijo Rico y le pegó un tacaso. Usted comprenda lo demás. Moreira lo dejó tendido a puñaladas. Salió en seguida de Salto y fue a dar a los toldos de Coliqueo, en Nueve de Julio....El 73 estábamos en Navarro. Juan no tenía miedo. Si no es hoy será mañana, solía repetir. Cierta noche, viviendo en el fondín Los Vascos, sintió un pito de ronda. Allí no había eso y comprendió lo que pasaba. ¡Qué momentos, compañero! Él se acomodó sobre el pucho e hizo volar la luz de un tiro. Al hombre lo habían vendido. La partida rumoreaba en la puerta. Para que nadie supiera nada había llegado al pueblo en carretas. El teniente Cortina le intimó rendición de parte del gobierno. Era un oriental bravísimo que después fue coronel. Se produjo el entrevero. Sonaron gritos, ajos y balas. ¡Mire que casualidad! El espía era un tal Carrizo y quedó sin lengua de un tiro. La bala le atravesó las mejillas. Moreira lo había alcanzado a ver al oscuro. ¡Daba lástima el trompeta! A Moreira también lo hirieron, pero se les hizo humo. ...Llamamos a un médico y el hombre vino. No sabía quién era el enfermo, ni lo conocía. Quiso cortarle la cara para sacarle la bala. ¡Pobre hombre, qué susto! Soy Moreira y a mí nadie me hace eso, le dijo. Sáquela por donde ha entrado. El médico cumplió la orden y salió. Moreira mejoró pronto y en seguida fuimos a vivir tranquilamente en Navarro. Las policías no se metieron con nosotros por un tiempo.-¡Era tan grande aquello!-recuerda- Tomaba un poco, me sobraba vida y qué diablos... Tras algunas resistencias explica el final doliente.-...Llegamos aquel día a Lobos. Era el 30 de abril del 74. ¡No podré olvidarlo mientras tenga aliento! Cuando un hombre pasa eso puede decir que no ignora lo que es el mundo. Moreira y yo estábamos acostados, dormíamos tranquilos, cada cual... No podíamos creer que hubiera peligro, que la partida estuviera cerca y nos persiguiese.
-¿No se trataba de una esquina?
-No, amigo, no era eso, se lo aseguro.
-En los libros se habla de la esquina La Estrella.
-La Estrella sí, pero no esquina. Era lo que yo le digo. Rodearon la casa unos cuarenta soldados y nosotros no oímos nada. Llegábamos de un viaje y nos encontrábamos un poco cansados. La partida llegó al mando de Francisco Bosch, que después fue general. Cuando desperté me hallaba sin armas, con los brazos a la espalda, sin poderme mover. Comprendí que estaba perdido, que era inútil forcejear. Pensé en mi compañero con toda el alma. Se acabó Moreira, me gritó uno. No, este no es Moreira, contestó otro, él está en la otra pieza. Cuando supe esto sentí esperanzas. Moreira sintió el ruido de las latas y se levantó. Abrió la puerta y vio bien lo que pasaba. Bosch le dijo que saliera, que se entregara, que le respetaría la vida. Sí, para que me fusilen, les dijo Moreira. Espérenme, ya voy a salir. Las carnes temblaron, el momento era fatal. Salió Moreira como sólo un valiente puede hacerlo. Sonó su trabuco y cayó muerto el teniente Varela. El general Bosch se salvó no sé cómo. Hubo corridas, saltos, balas y gritos. Moreira se hizo campo, fue librando la espalda, acorralando a los que se mostraban; no quiso entregarse ni dio cuartel. El comandante Bosch se retiró diciendo que no quería ver morir a ese guapo. No sé lo que le pasaba. Moreira había quedado libre y se retiraba, sin dejar de amenazarlos a todos con las armas. Un poco más y estaba en salvo. El sargento Chirino se hallaba escondido en el brocal del pozo y cuando Moreira quiso saltar la pared lo clavó por la espalda cobardemente, lo traspasó con la bayoneta. ¡Un miserable, amigo, un miserable! Moreira alcanzó a sacarle un ojo de un tiro. Un teniente corrió a ultimarlo con el máuser y le hizo astillas uno de los brazos. Moreira murió allí mismo. ¡Yo no pude morir con él!
-¿Si lo hubiesen tomado vivo lo habrían fusilado? ¿Qué le parece a usted?
-¡Qué esperanza! Moreira no fue nunca un bandido, fue un hombre de pelea. No lo hubieran fusilado.
-Usted debió sufrir mucho, indudablemente.
-Sí, yo fui maltratado, amigo. Si tuve culpas las pagué con sangre.
-Un momento, Andrade, no se levante, unas líneas más.
-¡Si ya tiene demasiado!
-No nos deje trunca la historia.
Y Andrade siguió contando, soporta resignadamente nuestras preguntas. Cuenta que pasó cinco años eternos en la cárcel de Mercedes, arrastrando doble barra de grillos. Lo trataron como a fiera. Después lo pasaron a la Penitenciaria y allí sufrió tres años y medio. Era otra vida, sin embargo. Alivió sus pesares con las visitas de algunos corazones buenos. Conversó muchas veces con el general Francisco Leiría, estrechó más de una vez la mano de Olegario Andrade y de Benito Machado, trabajó de tipógrafo y se entretuvo en contarle a Eduardo Gutiérrez las páginas de su famoso libro. Desde el 82 hasta el 87 lo pasó en Sierra Chica. Picó piedra, durmió en la paja y los días fueron amargos. Creyó que no saldría vivo. Lo habían condenado a cadena perpetua y sin recurso de gracia, para completar el desconsuelo. Eso era lo más triste, declara. Supo esperar, tuvo resignación y salió por fin del oscuro presidio. Debe su liberación a Francisco Leiría, Ángel Falcón, Eduardo Gutiérrez y sobre todo al escritor Julio Llanos. Es hombre de sentimiento y recuerda a sus bienhechores con el más grande cariño.
-¿Solo, Andrade?
-Casado y con nueve hijos. Me casé en el Azul poco después de quedar libre.
-¿Y Moreira?
-Tuvo esposa y dejó un hijo. Se llama Juan también. Es un muchacho honrado. Creo que trabaja en la aduana de Buenos Aires.
-¿Mucho tiempo por aquí?
-Hace ya ocho años.
-¿Dónde vive?
-Mitre 1351. Espero que me visiten.
-Gracias.
- ¿Hay trabajo?
-No falta algún parejero y ya puede suponer que yo sé cuidarlo con gusto.     
- ¿Muchos años?
-Tengo ya 74. Nací en el 48 en Navarro. Pero basta, ya tiene de sobra, me voy. Estrechamos la mano de Julián Andrade con fuerza y efusión
Sus últimos años transcurrieron en paz. A pesar de la pobreza, crió a sus hijos dignamente y sostuvo el hogar infatigablemente….”
Julián Andrade falleció en Tandil el 9 de agosto de 1928 y sus restos reposan en el Cementerio Municipal. Cuando los mismos fueron reducidos, se vio al cráneo con la marca de un sablazo, según nos relata uno  de los nueve bisnietos que viven en Tandil, Héctor Andrade (51), quien agrega que según la tradición familiar, Julián era de pocas palabras, con un gran sentido del honor y que en su tarea de lo que hoy sería un guardaespalda de políticos, fue muchas veces traicionado y que nunca mató a sangre fría, siempre fue en pelea, hombre a hombre o contra varios cuando acompañó a Moreira. Nos dice que en la película de Favio no hubo una pintura realista de ambos y sí muy novelada.
El legendario Andrade también vive hoy en la historia de nuestro pago a través de sus numerosos descendientes…
Bibliografía
-“El Tiempo” de Azul: “Julián Andrade, amigo fiel” 1 de febrero de 2015 por  Eduardo Agüero Mielhuerry
-Entrevista del autor a Héctor Andrade, febrero de 2016.
-Gutiérrez, Eduardo: Juan Moreira, EUDEBA, 1961.
-“Nueva Era” Suplemento Extraordinario del 4 de abril de 1923. “Entrevista a Julián Andrade”. 


Daniel Eduardo Pérez