jueves, 17 de mayo de 2012

EL HOSPITAL MUNICIPAL DEL TANDIL


                               EL HOSPITAL MUNICIPAL

ANTECEDENTES
Con la erección del Fuerte de la Independencia el 4 de abril de 1823, se instaló, dentro del mismo, el primer hospital. Era de carácter militar y de campaña y por lo tanto precario pero el primer antecedente sobre el tema. La concepción respondió a la idea del gran médico Cosme Argerich (h) que fue el que entendió en las provisiones  de los medicamentos e instrumental indispensables.
Pasados los años fundacionales, algunos curanderos y presuntos médicos llegaron hasta el Tandil sin una organización específica. Fue por el  reclamo enérgico del prefecto  Elguera, que  arribó a Tandil el Dr. Juan Pedro Córdoba, en marzo de 1858, poniendo fin a una situación de abandono de la atención médica, haciéndose cargo del denominado "Hospital Militar", que no era sino los restos del equipamiento que había traído la expedición fundadora  y cuyo inventario apenas registraba doce catres maltrechos, unas pocas frazadas y escasos elementos más.
El Dr. Córdoba puso orden y además solicitó la presencia de otro médico para ayudarlo, lo que ocurrió en 1862, con la llegada de Manuel Verdier, quien además  fue portador de vacunas contra la viruela, flagelo que con sus epidemias dejaba el tendal de muertos y el terror entre los pueblos.
Córdoba, al parecer hombre de rectas intenciones y sólida formación, supo también poner en "caja" a falsos médicos, denunciando sus actividades  y alzando la voz ante las autoridades. Lamentablemente para el pueblo, el Dr. Córdoba dejó Tandil en 1863, con lo que retomó un lugar de preferencia el  desprestigiado “médico” Cruz, ante la ausencia de verdaderos facultativos, quedaron a merced de este hombre, soldados y población, hasta que partió con las tropas del Cnel. Benito Machado en 1865, cuando el "Toro" trasladó sus cuarteles a Tres Arroyos.
A todo esto, ya las autoridades municipales habían solicitado el nombramiento  de quien remplazase a Córdoba.. Respondió el 11 de octubre de 1864 el ministro de Gobierno que se satisfaría la solicitud, con el nombramiento del Dr. José Fuschini, como médico de policía, quien asimismo portaría vacunas.
La llegada del Dr. Fuschini , dadas su formación y personalidad señaló sin duda el comienzo de la medicina organizada en Tandil,  en manos hasta se momento de improvisados.
Ya en 1861 los vecinos del pueblo Miguel García y Manuel Letamendi habían fundado la que sería la primera botica  de origen local: " La Amistad", de  corta duración y que estuvo a cargo de Honorio Guilbaux, también de ostentaciones curanderiles.
Al año siguiente el noruego Juan Darjap instaló la  botica El Progreso, pero el Juez Romero se quejaba por entonces que en el pueblo " no hay médico ni botica. Mallo no tiene credenciales y Darjap es un estafador., debemos seguir la suscripción pública para traer un médico..."
La  idea fructificó  y así nació la " botica popular", donde hasta el mismo Fugl la apoyaba al entender que una botica de características como la propuesta," cuasi" municipal, sería importante. La permanente amenaza de la difteria, la viruela, la fiebre amarilla y el cólera, tenían en vilo a la población, por lo que muchas veces aceptaban lo que tenían a mano en materia de presuntos "doctores", para calmar sus miedos.
Juan Fugl, convencido de la importancia de Fuschini, propuso otorgarle un subsidio de $ 3.000 mensuales, lo que fue aprobado con complacencia.
En tanto Fuschini se debatía en la soledad en su magnífico y denodado accionar, el dependiente de la botica municipal y sus sucesores, se transformaron una vez más en un dolor de cabeza para la Corporación, que intervino la botica, a esta altura verdadera protagonista de malos tragos en el pueblo.

Quiso la suerte que Fuschini en uno de sus viajes a  Buenos Aires se encontrara con otro italiano como él, también graduado en Padua, pero como farmacéutico, Flaminio Maderni y lo convenciera de venir al Tandil para ejercer su noble profesión.
Entre 1870 y 1871 la lucha de Fuschini contra las epidemias fue incansable. Pudo contar para ello con la colaboración del recién llegado Dr. Ángel Gianelli, a quien Fuschini elogió por su espíritu de  solidaridad en los momentos más difíciles.
Precisamente en 1870 se fundó la primera entidad de carácter mutual en Tandil: la "Sociedad Filantrópica La Caridad", que designó al Dr. Fuschini como médico para sus asociados, con lo que se transformó en el primer médico mutual de Tandil.
Surgirían más tarde la Sociedad Cosmopolita, la Española (1873) y la Italiana (1877), que significarían etapas muy importantes en la atención de servicios solidarios y también médicos.
Fueron años que quedaron marcados en la historia local, por la presencia de un curandero que excedía el marco normal de los "cura empachos". Nos referimos a "Tata Dios", que ejercía en la estancia de los Gómez, La Argentina y tuvo fieles seguidores, no sólo como pacientes sino como "soldados de su causa", la que nunca quedó en claro, pero que fueron los ejecutores de la masacre de treinta y seis extranjeros, cuando aquel 1 de enero de 1872. Estos asesinatos sacudieron no sólo a Tandil sino al país.
Pasada esta pesadilla, el pueblo retomó su calma y en 1874, el Dr. Fuschini, que estaba casado con Blanca Fidanza, convenció al Dr. Eduardo Fidanza, su cuñado, para que se radicara en nuestro pueblo para colaborar en su infatigable tarea en favor de la salud pública. Llegó así a Tandil otro médico que dejaría una huella profunda no sólo en la medicina, sino en la política y en el progreso general. Los doctores Fuschini y Fidanza (que luego contraería matrimonio con la hermana del gran naturalista E. Holmberg), abrieron una " Casa de Sanidad", que sería precursora del primer hospital.
Para la época también actuaban otros médicos, de quienes han quedado anécdotas a través de algunos relatos, que señalaban verdaderas "proezas" realizadas por algunos de ellos, especialmente en materia de cirugía.
Poco tiempo después de la masacre de Tata Dios, se conformó en Azul primero y en Tandil luego, una Logia Masónica, que aquí se llamó "Luz del Sud" y a la que adhirieron hombres de importancia en el medio local como Santamarina  y también los doctores Fuschini y Fidanza. Correspondió precisamente a esta Logia, a impulso de los citados médicos, la creación del denominado "Asilo San Juan", en 1880, que ubicado en el edificio de la intersección de la entonces Ríobamba (hoy Alem) y Maipú, atendería gratuitamente a pacientes, internación incluida.
Fue en realidad ese "asilo" el primer centro de atención que podríamos denominar hospitalaria, con  exclusión del antiguo "hospital militar", donde colaboró  también el Dr. Fernando Peré, quien  había comenzado a  ejercer en Tandil por ese tiempo.

EL HOSPITAL MUNICIPAL
En 1887, el gobierno Municipal- ya ejercido desde 1886 por el primer Intendente Pedro Duffau- tomó medidas con los casos de viruela originados en las canteras de Cerro Leones, para lo que asignó a los Dres. Fuschini y Peré la responsabilidad de vacunar a la población. En esa oportunidad prohibió " la entrada al pueblo de los referidos inmigrantes y demás canteros (sic) con quienes trabajen juntos", para ello estableció una especie de cuarentena, ante el temor de la población urbana que presionaba para establecer esta suerte de "apartheid".
Como corolario de las buenas  intenciones de Duffau, el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza el 24 de julio de 1888, que constaba de once artículos, por la que se accedía a la propuesta del concejal Juan M. Dhers, de adquirir el Asilo San Juan para que se constituyera en el  Hospital Municipal, ordenanza que Duffau promulgó el 3 de agosto de ese año.
La vieja esquina fue así convertida en el primer nosocomio municipal y se invirtieron en el edificio los presupuestos necesarios para su mejoramiento, Además  de los vecinos que harían las veces de administradores, se designó a los Dres. Fuschini y Peré, como los dos primeros en conducir los destinos profesionales del Hospital. A fines de agosto de ese año,  se incorporaron  los doctores Camilo Gil e Ignacio Lizarralde y por la misma resolución a Benito Somoza como conserje y a Virginia Gatti como enfermera. Asimismo dividió en dos secciones al hospital; una de medicina a cargo del Dr. Peré y otra de cirugía a cargo del Dr. Fuschini.
Ambos médicos desarrollarían su labor con alternancias, hasta que en 1893, el Intendente interino Dr. José Santamarina designó Director al Dr. Fuschini e incorporó junto al Dr. Peré, al Dr. Alberto Vivot.
El Hospital satisfacía la demanda poblacional aunque su edificio ya se encontraba muy deteriorado. En 1897 fue designado en reemplazo del Dr. Vivot, el Dr. Ricardo López, quien desde esa fecha y por varias décadas se constituiría en otro de los pilares de la salud pública en Tandil. El veterano Dr. Fuschini, ya anciano, no cejaba sin embargo en su labor, siendo hombre de consulta de colegas que se habían incorporado al pueblo, como Alfonso Esquerdo, Juan Gatti, Fernández Blanco y el llamativo Dr. Vernetti Blina- famoso porque usaba jacquet y andaba en bicicleta- que fue quien instaló en Tandil el primer aparato de Rayos X. En 1899, falleció el Dr. Fuschini . Dejaba el recuerdo de su figura pionera. Un cortejo numeroso y compungido acompañó sus restos hasta el cementerio local.

EL HOSPITAL MUNICIPAL “RAMÓN SANTAMARINA”
Si bien la atención de la salud disponía de servicios como los ya comentados,  un hecho desgraciado como lo fue el fallecimiento del pionero Ramón Santamarina, en 1904,  devino en una obra extraordinaria que tiene hoy una vigencia plena.  Su viuda, doña Ana Irasusta y su hijo el Dr. José Santamarina, donaron, éste los terrenos, y aquélla y sus hijos, el edificio completo de lo que sería el nuevo Hospital MunicipalRamón Santamarina”,  obra inaugurada el 25 de abril de 1909, con la participación de una multitud como lo reflejan las imágenes de la época. En su interior luce un bello busto de mármol de doña Ana Irasusta de Santamarina obra del escultor Paulín, hecha en París y en su frente  la hermosa escultura en bronce de don Ramón , obra del  catalán Miguel Blay (1866-1936).
Dotado luego del mobiliario e instrumentos adecuados, en 1912 se integró al patrimonio municipal, como una joya destacada que ponía a Tandil en la cima de la calidad de la atención sanitaria en toda  la provincia, merced al gesto generoso de esta familia que tanto dio a su pueblo y que ya centenario su  núcleo original, es ineludiblemente el centro asistencial más importante no sólo de Tandil sino de la región.
El viejo Hospital, se trasladó al nuevo espacio, bajo la atenta supervisión de su Director, el Dr. Ricardo López y de una comisión administradora, integrada por los destacados vecinos. Eduardo Arana, José Carrau y Francisco Fernández en representación de la familia Santamarina  y   por los señores Capdepont, Antonio Usandizaga y Joaquín Belauzarán por la Municipalidad
Junto al Dr. López, los médicos. J. J. Gatti, Alejandro Zavala y Juan C. Tuculet, actuó la primera partera diplomada, doña Amara N. de Suárez y la caritativa atención espiritual y material de las Hermanas de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, que ya estaban en Tandil  y habían sido fundadoras del Hogar de Niñas y Huérfanas y del Colegio de la Sagrada Familia en 1896. La asistencia médica se prestaba en las cuatro grandes salas generales y en las habitaciones especiales destinadas a pensionistas y parturientas.  Brindaba asimismo servicio a los enfermos particulares en la sala de pensionado donde podían internarse bajo la asistencia  de los médicos de la ciudad. En años posteriores, se incorporaron al Hospital los profesionales: Dr.Alfredo Vitón (1910), Ferruccio Domeniconi (1912), Rogelio Arecha y el Dr. Ángel Olmos, Ramón Rey (1915), Pedro Maíz (1919) y Juan C. Tuculet en 1921.
La familia por nota del 15 de junio de 1907, había dejado constancia  de la donación del Hospital, en ese momento en construcción, a la Municipalidad. Asimismo quedó definido el nombre que llevarían las salas: la primera: Dr. Ramón Santamarina, que había fallecido en el año de la inauguración; la  segunda Dr..José Santamarina por la donación del terreno; la tercera Isabel Arana Drago, que falleció aún pequeña, hija del Intendente Eduardo Arana en el momento de iniciarse las obras y la cuarta María Avellaneda Santamarina ( nieta de doña Ana) niña fallecida prematuramente, hija de  Nicolás Avellaneda y María Santamarina.
En la segunda década del siglo XX, Don Antonio Santamarina, compró en París, el primer aparato de Rayos X que se instaló en el Hospital, equipo que luego de muchos años de uso, quedó en depósito, hasta que en el año 1939, cuando  se inauguró el Dispensario de Vías Respiratorias de la Cruz Roja, fuera reparado por Don Américo Sinka y siguió prestando útiles servicios en esta nueva institución de salud
A partir de entonces el Hospital no dejó de crecer bajo las distintas administraciones municipales que lo tuvieron como eje de la salud pública tandilense y con la conducción de médicos respetables, que bregaron por lograr ampliaciones y la colaboración de comisiones de apoyo, lo engrandecieron. Los Directores que cumplieron más años en sus funciones fueron: el primero Dr. Ricardo López (1909-1917), su sucesor Dr. Juan C. Tuculet (1921-1929) y el Dr. Dardo J. Fernández Tasende ( 1961-1973). En su Centenario es su Director Médico el Dr. Vito Mezzina y el Administrativo el Lic. Daniel Binando.

 Daniel Eduardo Pérez

sábado, 28 de abril de 2012

NACIMIENTO DEL MUTUALISMO EN TANDIL


EL NACIMIENTO DEL MUTUALISMO EN TANDIL

El mutualismo, como institución social es casi tan antiguo como la hu­manidad. Ya  en la antigua Babilonia, había prácticas que podríamos denominar pre-mutualistas al igual que, más cercanamente, en Jerusalén, 500 años AC. También entre los egipcios, griegos y romanos hubo hechos que ponen de relieve el despertar del espíritu gremial solidario. En todos  aparecen  esfuerzos mancomunados dirigidos a la defensa y protección de los obreros y artesanos. En la antigua Grecia  había conciencia sobre el sentido de sociedades humanitarias, que dieron larga y fecunda vida a ciertas asociaciones llamadas Sunedarias, Hetairias y Eraros, encargadas de proporcionar socorro mutuo
Entre los romanos  existían Colegios  que cancelaban el “Funeracuticum” o seguro,  a la muerte del asociado, a través de la “Collegia Teniuorum”, primitiva mutualidad, que puede considerarse de las primeras que se tiene conocimiento,  análogas a lo que en nuestros días son las de socorros mutuos, Con aportes periódicos , los integrantes de estos collegia funeraticia se aseguraban para si, o aún para sus parientes, las honras fúnebres usuales y un sepulcro honorable, asuntos importantes en la cultura de la época ,que suplían la inexistencia en Roma de cementerios públicos.
Se las denominó también societates monumenti y collegia tenuiorum y fueron el tipo de asociación a la que recurrieron los cristianos durante la época del paganismo para el ejercicio en común de su culto.
En el Medioevo, los gremios alcanzaron su máximo  esplendor, la Iglesia, inició la reconstrucción en aquellos lugares  que fueron  invadidos por los bárbaros, en los cuales y en torno a las iglesias y monasterios, fundaron escuelas, luego Cofradías, las cuales tenían un carácter económico, constituyendo posteriormente los Gremios o Ghildas, que prometían protegerse entre sí y formaban un fondo común  con sus propios aportes.
En  la E. Moderna, se trató de unir nuevamente al hombre en torno a las Corporaciones,  aquí es donde la “asociatividad” o mutualismo, como lo conocemos hoy, echó  raíces.
En el siglo XVI aparecieron las primeras Hermandades de Socorro, superación institucional de las Cofradías, pues estaban particularmente dirigidas a la protección  de los más humildes y débiles...
La Revolución Francesa, luego,  prohibió formalmente los gremios y corporaciones con personas de una misma profesión, pues  “dañaban a la libertad que la revolución venia a establecer”.
En la primera mitad del siglo XIX, el mutualismo con recursos y propia iniciativa, dio sus primeros pasos  en Asociaciones de Socorros Mutuos, para  proteger a las víctimas de conflictos,  accidentes, enfermedades, cesantía y fallecimiento
.
Para el destacado estudioso Emilio Coni, en nuestro país la historia de la mutua­lidad tuvo su punto de partida en el período comprendido entre 1852 y 1862.
Durante la Colonia existieron  algunas sociedades de socorros mutuos, como la Sociedad Italiana del Plata, pero fueron de efímera vida. Recién en el período de la Organización Nacio­nal, comenzaron a surgir instituciones duraderas y con estructuras para servir a los principios del mutualismo.
La más antigua sociedad de socorros mutuos organizada como tal: en Buenos Aires, fue la francesa "L'Union et Secours Mutuell", funda­da en 1854.
Dos años después, los obreros del calzado dieron origen a la "San Crispín" y en 1857 los gráficos fundaron la "Sociedad Tipográfica Bo­naerense", en la que el periodista y tipógrafo Rafael Pites, que pasó por Tandil dejando tras de sí cuatro periódicos, fue directivo por mu­chos años.
En ese mismo año, 1857, los españoles promovieron la creación de la "Asociación Española de Socorros Mutuos", haciendo lo propio los ita­lianos en 1858 con "Unione e Benevolenza", la más antigua sociedad de ese tipo de esa colectividad  en el país; de allí en más se sucedieron otras como la "Française", en 1859.
El desarrollo del mutualismo fue rápido, como lo demuestran las cifras que en 1914 indicaban que existían en el país 172 socieda­des argentinas con 65.188 socios; 181 cosmopolitas con 150.004; 463 italianas con 166.086; 250 españolas con 110.040; 92 francesas con 12.311 y 44 de otros orígenes con 4.008 asociados.
El Censo Nacional informaba que el país tenía por entonces 7.903.662 habitantes de los que 2.357.952 eran extranjeros, siendo de ellos 929.863 italianos y 829.701 españoles. 
De 41 ins­tituciones que se fundaron entre 1854 y 1870, pasaron a fundarse 107 entre 1871 y 1880, período en el que nacieron las primeras de Tandil.
El aumento de estas instituciones sufrió un detenimiento, para luego pasar a un crecimiento y/o consolidación de las creadas, registrándose en 1926 un total de 1.009 que treinta años des­pués, llegaron a casi el doble.

EN TANDIL
En  ese marco de desarrollo del mutualismo, Tandil fue un reflejo del panorama general y del pueblo que era en 1870, con una afluencia cada vez más creciente de extran­jeros. Contaba con vecinos que deseosos de brindar su esfuerzo por el bien común, se nuclearon hacia fines de ese año, para intentar la concreción de una iniciativa que pretendía crear una entidad mutual que a la postre fue la primera de ese tipo en Tandil. El  25 de octubre, en una asamblea general convocada por un grupo representativo de vecinos, quedaron establecidas las bases del reglamento para la nueva institución que se denominó Sociedad Filantrópica "La Caridad" de Tandil y que fue formalmente cons­tituida el 1  de noviembre de 1870.
Esta Sociedad, la primera de su tipo, fue fundada, por vecinos de origen extranjero, con principios afines a la masonería y dio origen, más tarde, a otras sociedades mutuales (española en 1873 e italiana en 1877). Muchos de sus integrantes fundadores fueron luego quienes crearon la logia Luz del Sud .que nació como una logia operativa. La matanza del 1 de enero de 1872, atribuida a Tata Dios., fue la excusa histórica para dar plenitud al actuar masónico que ya existía en for­ma velada, como señalamos,  a través de la Sociedad Filantrópica "La Ca­ridad" en cuyo Reglamento  quedan de manifiesto sus objetivos afines a la logia.
Según  lo establecía el Estatuto "el objeto de esta institución es la reciprocidad de asistencia en la necesidad entre todos sus socios, es decir ante las enfermedades y en los casos en que éstas corten el hilo de la vida, los honores que la religión impone. Además cada miembro se obliga a dar un legítimo realce a la institución con la práctica del amor y fraternidad recíproca. Ellos no deberán nunca perder de vista que la solidez, la fuerza y el impulso dependerán de la observa­ción rigurosa del reglamento, sin la cual ninguna asociación puede de­sarrollarse y menos vivir.
Los cimientos de instituciones analógicas reposan sobre la igual­dad, la responsabilidad y la fraternidad, palabras que deberían ser grabadas en todo corazón humano para tenerlas presentes en todos los actos de la vida" (la enfermedad y la muerte fueron desde el inicio del mutualismo preocupaciones esenciales).
La Comisión Provisoria que se ocupó de la organización de la entidad, estaba presidida por el comerciante italiano Pietro Girola; vice­presidente era el conocido francés Jean Marie Dhers, (dueño de uno de los primeros hoteles de Tandil, denominado "De la Piedra Movediza"); secretario era otro conocido francés: Bernard Sabatté La­place; vice-secretario era el comisionista italiano Ottavio Brivio; tesorero el conocido constructor, también extranjero, Antonio Bellami y vice-teso­rero el boticario italiano Flaminio Maderni. Otros destacados veci­nos como Jean Espel (francés), Gesu Zibecchi (italiano), G. Ayçaguer (francés), Bernard Mon (francés), Louis Dufaur (francés), Luigi Zibecchi (italiano) y Antonio Allievi (italiano) componían el resto de la Comi­sión. Varios  más firmaban al pie del acta fundacional, con sus nombres en castellano, como los de la comisión, lo que es curioso, pues­to que años más tarde, muchos de ellos en las actas de la "Societá Unio­ne Italiana",  firmaban en su idioma nativo. Estos fir­mantes fueron declarados socios fundadores.
Si bien la institución fue iniciada íntegramente por extranjeros, debemos destacar, de acuerdo a lo que se desprende de la lectura del Estatuto, que eran  los socios fundadores  quienes presentaban a los candidatos para ser admitidos, no siendo requisito indispensable ser extranjero para ingresar.
Franceses, especialmente vascos franceses, e italianos, integraron este núcleo primigenio que dio origen a la primera entidad organi­zada específicamente para prestar servicios de ayuda mutua en Tandil.
Resulta interesante señalar el amplio sentido internacional que tuvo esta entidad tandilense, porque aún cuando se aprecia la casi ausencia de españoles y dinamarqueses en el momento de su creación, estos se agregaron luego en los años subsiguientes.
La Sociedad Filantrópica "La Caridad", inició sus actividades dando ingreso en la primera reunión formal del 1 de noviembre a $ 10.070 m / c. En su segunda reunión, la Comi­sión dio entrada a la propuesta del Dr. Giuseppe Fuschini como médico de la Sociedad, siendo así el primer médico oficial de una Socie­dad mutualista de Tandil.
Las reuniones habituales se efectuaban en la  casa de Dhers, ya que la Sociedad no poseía edificio propio en sus primeros años. En el primer aniversario de la fundación, al renovarse la Comisión Directiva, aparecieron algunos españoles, todos ellos vecinos res­petables del pueblo y criollos destacados de entonces. La asamblea del 5 de noviembre de 1871 consagró así a  Bernard Sabatté Laplace, como Presidente; vicepresidente: Carlos A. Díaz; tesorero: Ramón Santamarina; vice tesorero: Jean Espel; secretario: Manuel Suárez Buyo y vice secretario: Jean M. Dhers.
Al año siguiente, la Comisión fue renovada nuevamente eligiéndose en esa oportunidad Presidente a Ottavio Brivio.
Esta Comisión, en la reunión del 20 de enero de 1873, decidió la construcción del edificio propio en los terrenos donados al efecto por los socios Manuel Suárez Buyo y César Magnin, colocándose la pie­dra fundamental del mismo el 14 de setiembre.
Ese mismo año se produjo la primera derivación o consecuencia de la actividad mutual iniciada por "La Caridad", al fundarse la Socie­dad Española.
Un grupo  de 44 españoles, fue el que creó  la Sociedad Española de Socorros Mutuos y Beneficencia. Los fundadores,  cuya primera presidencia fue desempeñada por  Joaquín Rivera,  lo decidieron en la  reunión del 8 de diciembre de 1873. Acompañaron a Rivera, entre otros: el Dr. Eustaquio Herrera y Salas,  Remigio. Sánchez, Manuel Suárez Buyo., Faustino de Lejárcegui, Aureliano Aguirre, José María Fernández, José Fernández Currás, José Pardo, Lucas R. Benavídez, José María Sampaul, Ramón Santamarina, José María Niel, Manuel Martínez,  Francisco. Barberena, Remigio Sánchez, Eduardo. Estévez., Martín Maritorena, Antonio Usandizaga, Manuel de Castro y Uviña,  José  Antonio Lavayén. y  Justo Lavayén..
Por su parte “La Caridad”, el 9 de noviembre de 1873, en asamblea ordinaria  eligió Presidente a Carlos A. Díaz; vicepresidente a Graciano Ayçaguer, Tesorero a Marie B. Dhers, vice-tesorero a Blas Mathiasen¡ secretario a José M. Bentín y vice- secretario a Manuel M. Fernández.
El crecimiento de las actividades de la Sociedad obligó a con­tratar, el 4 de julio de 1874, a un secretario rentado, designación que recayó en el vecino Francisco Álvarez. Fue precisamente éste quien ins­cribió en los registros, en setiembre de ese año a Antonio de Vecchi, que a la postre sería vicepresidente fundador de la "Societá Unione Ita­liana".
La preocupación de la Comisión por el edificio propio había da­do sus buenos resultados por lo que ya en 1876 las reuniones se efectuaban en el edificio social de la institución, que a veces fue utilizado por las colectividades sin sede para reuniones o incluso para sus oficios religiosos los domingos, como en el caso de los daneses, que la solicitaron en junio de 1876, cuando todavía no había sido terminado el Templo, inaugurado en 1877.
En 1876 Suárez Buyo asumió la presidencia de la entidad, secundado por Manuel Eigler como vicepresidente y Al­berto Speroni como secretario, notándose la permanencia, en la comi­sión, de Joaquín Rivera, presidente fundador de la Sociedad Española.
El  8 de iulio de 1877, por su parte, nació  la "Societá Unione Italiana". Un maestro sería su primer presidente, don Andrea Clari, que ejercía su profesión en la Escuela Graduada de Varones (actual escuela 1), otro maestro, Antonio de Vecchi -que ejercía su noble tarea en el: "Colegio Ítalo-Argentino" de los Bruni-, fue designado vicepresidente; Giuseppe Vitale, que había tenido experiencias anteriores como secre­tario rentado de "La Caridad", fue el primer secretario; otro experto  en este tipo de comisiones, el citado Ottavio Brivio, ocupó la pro-secretaría; Antonio Bellami fue designado tesorero y el comerciante Martino Zibecchi pro-tesorero. Para vocales fueron electos los comerciantes Daniel Speroni, Alberto Speroni, Gesu Zibecchi, Antonio Barbaro, Giovanni Cavalleri, Giovanni Scuffi, Giovanni Dabondi o Dabbondio, Ambrosio Zibecchi, Giovanni Zibecchi y  el boticario Flaminio Maderni.
La presidencia de "La Caridad" fue asumida en 1877 por el danés  Manuel Eigler y la vicepresidencia por Lucas Be­navídez,  Speroni ocupó el cargo de secretario y tesorero fue designado Joaquín Rivera, encontrándose entre los vocales Ju!io Anizán, Antonio Usandizaga, Giuseppe Macchi y Giulio Volpatti,
Resulta curioso, luego de observar la conformación de estas co­misiones, el hecho  que varias personas, como prosiguió ocurriendo luego, fueran miembros en forma simultánea de dos entidades similares en sus propósitos y que desarrollaban su acción en una comunidad pequeña como lo era la del Tandil de entonces.

La coexistencia de las tres entidades simultáneamente e incluso con dirigentes que participaban en dos de ellas (Española y La Caridad  e Italiana y La Caridad) fue "pacífica" hasta 1879, en que posiblemente por disidencias entre las dos colectividades más poderosas que inte­graban "La Caridad", ésta se transformó en la "Cosmopolita" dejando sentado entre sus principios la franca recepción de asociados de cualquier nacionalidad, a diferencia de las otras mencionadas.
Aquella amplitud de espíritu de los fundadores de “La Caridad” se mantuvo en el tiempo, traduciéndose más claramente cuando el 6 de abril de 1879 se transformó  en la citada "Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos" y así lo expresaba en su Estatuto. Iniciaba así su vida una institución de larga y meritoria labor en Tandil hasta su fusión con la "Societá Unione Italiana”.  
Por su parte, en 1894 los franceses fundaron la Sociedad Sadi Carnot cuya primera comisión fue presidida por el incansable Bernard Sabatté Laplace.
A tantos años de aquellos pioneros, hoy Tandil tiene mutuales valiosas, entre las que merecen destacarse la Asociación Mutual de Empleados Municipales de Tandil (AMEMT) y la Asociación Mutual Universitaria ( AMU), de relevantes y positivas prestaciones a la comunidad, que siguen el camino abierto por las citadas hace más de un siglo, “aggiornadas” en sus acciones.
En esta síntesis apretadísima, amigo lector de Tiempos, hemos querido dejarle un panorama sobre este tema que fue y es de especial importancia social.
  
                     Daniel Eduardo Pérez

domingo, 18 de marzo de 2012

CANTERAS PREHISTÓRICAS DEL TANDIL

LAS CANTERAS DE LOS HOMBRES PREHISTÓRICOS

LA NUMANCIA DEL TANDIL

El apasionante tema del poblamiento temprano de nuestro Tandil y la zona, ha sido objeto de tratamiento en Tiempos en varias notas, pero cobra vigencia permanente a través de las investigaciones que realizan los científicos que periódicamente aportan novedades.

En su momento ya dimos cuenta cómo fuera del área serrana propiamente dicha, se han encontrado evidencias de aquellos primeros cazadores pampeanos especialmente a orillas del Arroyo Seco (uno de los brazos de Tres Arroyos, en el partido del mismo nombre) y en las del río Quequén Grande. En Arroyo Seco los trabajos realizados permiten ubicar la existencia superpuesta, a través de miles de años (entre los 11.000 y los 8500), de varios campamentos, junto a restos de fauna de la época ya mencionada, aunque la escasa presencia de material lítico hace suponer que la caza se efectuaba o bien en otros lugares y se la transportaba allí o bien que los restos no han sido hallados.

No queda claro, hasta ahora, si las diferencias de las construcciones herramentales, en sus características, obedecieron a la pertenencia de grupos distintos o eran los mismos grupos que fueron variando en su técnica y "estética".

De todos modos puede afirmarse que la necesidad de contar con material lítico que permitiese la confección de armas y utensilios, hacía indispensable el llegar hasta las áreas rocosas como las de Tandilia, para surtirse allí de la piedra elegida por excelencia para ello, la cuarcita, que domina ampliamente como material para el herramental. Nacen así las que se ha dado en denominar "canteras", algunas de las cuales fueron utilizadas por miles de años. Claro está que esto requería de un permanente traslado de los grupos a estos sitios, por lo que, también al cabo de esta cantidad increíble de años, establecieron como lugares esparcidos de aprovisionamiento, previo dejar en escondrijos debidamente identificados, la cantidad que creían necesaria para evitar los largos recorridos y así tener distribuidos en la pampa alejada de las cadenas serranas, espacios a los que recurrir gracias a la planificada existencia de "silos".

La talla de la piedra (miles de años después los canteristas tandilenses originarios o adoptivos, los imitaron industrialmente) era la tecnología por excelencia. Los núcleos elegidos eran trabajados unifacialmente (una cara) o bifacialmente (las dos caras) para lograr el filo necesario para cortar, raspar, descarnar, trabajar el cuero, etc.. Entre ellos uno de los más típicos era la "raedera doble convergente", muchas de éstas han sido halladas en casi todos los yacimientos de la zona citada.

Una peculiaridad encontrada en algunos de ellos, caso La China, es la punta llamada " cola de pescado", por su forma, y que tiene antiguas raíces en el sur patagónico.

También las bolas aparecen frecuentemente, aunque en etapas más recientes, lo que indica que la caza de los mamíferos , tenía lugar a media distancia o bien "cara a cara",con puntas de aproximación , ya que recién en épocas mucho más recientes hace su aparición, como verdadero paso de " progreso", el arco y la flecha.

Hacia el 7500 antes del presente, con la extinción de los megamamíferos, aparece en la zona costera, que recién cobrará su actual configuración alrededor de hace 3000 años, la caza de lobos marinos, de la cual hay muestras claras en yacimientos de Monte Hermoso, aunque la forma de la caza no ha dejado huellas demasiados locuaces.

El menú básico, rico en proteínas, por la caza de guanacos, venados y pequeños animales, mostraba los vaivenes de la "temporada" de caza y del clima que fue variando hace 7000 años para aproximarse más al que conocemos en la zona.

En realidad, según manifiestan Waters y Stafford en su informe; “en “Sudamérica, los seres humanos parecen haber estado presentes hace 12.500 años en Monte Verde,” en Chile, es decir un milenio antes que en Clovis.( EE.UU).
Allí se encontraron residuos de fogatas, restos de chozas y herramientas filosas, además de restos de llamas del Pleistoceno, pequeños mamíferos, pescados y moluscos. Reafirmando lo anterior, Mark Rose escribió en la revista “Archaelogy,” Monte Verde, con una antigüedad de 12.500 años, fue anterior a cualquier otro sitio en Norte o Sudamérica. Además, no estaba de ninguna forma cerca del estrecho de Bering, el lugar por donde la mayoría de los expertos cree que los seres humanos entraron al continente desde Asia”, En relación al yacimiento de Monte Verde puede afirmarse que es uno de los pocos yacimientos arqueológicos americanos que sobrepasan en antigüedad a los famosos restos del hombre de Clovis (11.000 a.C.).Durante casi 50 años las puntas líticas acanaladas de Clovis fueron consideradas las muestras de presencia humana más antigua de América. Casi todos los especialistas las consideraban como prueba irrefutable que el poblamiento del Nuevo Mundo se inició por América del Norte y como máximo unos 11.000 a 12.000 años a.C.
Entre 1977 y 1985, Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, excavó pacientemente en Monte Verde, cerca de Puerto Mont (Chile) y el material que encontró es muy rico y bien preservado. Se trata de los restos de un campamento de 12 chozas de palos y pieles con un fechado radiocarbónico de 12.500 años a.C. Los restos incluyen instrumentos líticos y materiales orgánicos como huesos, marfiles y troncos. Fue sorprendente el descubrimiento de un campamento aún más antiguo: 33000 años a.C. De confirmarse presencia humana de más de 30 mil años de antigüedad en Monteverde, se daría un vuelco total a la explicación del poblamiento de América. Se confirmaría que miles de años antes que los asiátícos lleguen a Norteamérica por el estrecho de Bering, ya los melanésicos o australianos habrían llegado a América del Sur después de cruzar el Océano Pacífico, señala Rose.

Más recientemente (2011), se conoció un estudio de la Universidad de Texas, que publicó la revista “Science”, donde se afirma que los primeros pobladores de América pudieron llegar hace 15.000 años al continente.

Los investigadores descubrieron decenas de miles de artefactos humanos en una capa de tierra que se encuentra directamente bajo un conjunto de reliquias Clovis en Texas, lo que amplía las evidencias de que otras culturas precedieron a los famosos indígenas Clovis en Norteamérica.

Este conjunto de herramientas pre-Clovis parece tener entre 13.200 y 15.500 años de antigüedad e incluye tecnología de hojas y bifaces que podrían haber sido adoptados más tarde, e incluso mejorados, por la citada cultura Clovis.

Los científicos, dirigidos por Michael Waters informan de estos 15.528 artefactos, que constituyen lo que los investigadores llaman el Complejo Creek Buttermilk, en el yacimiento arqueológico Debral L. Friedkin (Texas).

Las recién descubiertas herramientas son pequeñas y están hechas de sílice y los investigadores sugieren que fueron diseñadas como un conjunto de herramientas portátil, algo que podía guardarse con facilidad y trasladarse a una nueva localización, que son claramente diferentes de las de Clovis, aunque comparten algunas similitudes.

El modelo "Primero los Clovis" teoriza que la población Clovis llegó al Nuevo Mundo de Asia Nororiental cruzando el puente de tierra de Bering, que conectó una vez Asia y Norteamérica.

Sin embargo, este nuevo yacimiento en Texas implica que las herramientas Clovis podrían haber evolucionado de las descubiertas en el Complejo Buttermilk Creek y que su cultura probablemente se desarrolló en Norteamérica.

En relación a este tema de hallazgos de “herramientas” y del material lítico correspondiente, debemos expresar que nuestra zona serrana de Tandilia ha sido muy poco explorada. Recientemente el Lic. Mariano Colombo, arqueólogo, perteneciente al área de Antropología y Arqueología de la Municipalidad de Necochea, declaró a Ecos Diarios de esa ciudad, en noviembre de 2011, que como primer paso de la investigación en esta zona, la recorrieron en vehículo para conocer sus límites, potencialidad y características. Luego comenzó una etapa de exploración a pie. “Estos trabajos llevaron varios días de recorridas por los distintos cerros de la zona de estudio, reconociendo en total 56 Km+ de laderas, faldeos y cimas en los distintos grupos de serranías.

Para ello fue necesaria la ayuda de mucha gente, de soporte económico y de la amabilidad de los propietarios de los campos”, La dependencia citada, hace más de veinte años que desarrolla investigaciones en la región, dirigidos por la Lic. Nora Flegenheimer. A partir de 2008, en el marco de su tesis doctoral, el Lic. Mariano Colombo retomó los estudios en el centro del área serrana de Tandilia, en los partidos de Lobería, Necochea, Benito Juárez y Tandil.

La investigación tuvo como objetivos principales: en primer lugar descubrir los sitios en los que los primeros pobladores de la zona obtuvieron las rocas para hacer sus herramientas. y además, conocer las modalidades, técnicas y estrategias que desarrollaron para extraer y trasportar esas rocas a los distintos lugares de la actual provincia de Buenos Aires.

Durante las recorridas realizadas por los científicos se descubrieron 55 sitios en los que los grupos humanos del pasado extrajeron rocas útiles, es decir, verdaderas canteras indígenas. Estos lugares se encuentran entre las localidades de San Manuel y Barker, y en ellas explotaron especialmente la ya citada “cuarcita”.

Colombo manifiesta que “Para extraer las rocas, los habitantes fracturaban grandes masas de rocas llamados filones, para lo cual debieron utilizar martillos de piedras duras y pesadas. Finalmente, la última técnica registrada fue la más compleja: para obtener algunas materias primas que se encontraban enterradas realizaron extensas excavaciones de hasta 1,50 metros de profundidad en la cima de los cerros. Esto se hizo con el fin de conseguir rocas de especial calidad para ser talladas y de colores llamativos, que seguramente tenían connotaciones simbólicas”.

Como última parte del proceso de investigación, visitaron la zona del paraje “La Numancia”, partido de Tandil, casi en el límite con el partido de Necochea y a treinta km.. de la localidad de San Manuel, en el partido de Lobería, (paraje cuyo nombre fue tomado de una desaparecida población celtíbera situada sobre el Cerro de la Muela, en Garray, al norte de la actual ciudad de Soria, España, célebre por su resistencia a los romanos La actitud de los numantinos impresionó tanto a Roma que los propios escritores romanos como Plinio, ensalzaron su resistencia) . La Numancia, en la segunda década del siglo XX, fue un centro escasamente poblado y separado de Tandil ciudad por caminos intransitables-situación que llegó hasta hace pocos años- con grandes lomadas que hacían penoso el ascenso y peligrosas las bajadas; allí, dice Colombo, :” encontramos miles de fragmentos de la talla rocas, producto de las actividades realizadas en la cantera; también carbones y huesos de venado, guanaco y peludos, lo que nos hace pensar que la gente que viajó hasta el lugar para obtener rocas, lo hizo en pequeños grupos y vivió allí por unos días”..

El trabajo de laboratorio es el que más tiempo lleva, ya que los materiales recolectados en un mes de trabajo de campo pueden estudiarse durante años. Distintos instrumentos fueron enviados a Ushuaia, donde el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) cuenta con un microscopio de alta precisión donde especialistas observan las marcas que quedan en los filos de los instrumentos de roca y con ello se sabrá si las herramientas confeccionadas en el sitio se utilizaron para trabajar madera, hueso, cuero o cortar carne.

En relación a los huesos, están siendo estudiados por la Lic. Agueda Caro Petersen, quien establece a qué animal corresponde y observa si tienen marcas de cortes producidas por el descarne, fracturas intencionales para consumir la médula o bien quemaduras como producto de su cocción. Sobre 3 huesos y dos carbones extraídos de distintos lugares de la excavación se realizaron análisis de carbono 14 en un laboratorio especializado de los Estados Unidos., lo que permitió saber que estas canteras fueron utilizadas al menos hace 4700 años atrás.

Luego siguieron siendo visitadas por grupos de cazadores y recolectores que los sucedieron en el tiempo, hasta hace unos 700 años atrás, época muy cercana a la llegada de los primeros conquistadores europeos. “Sin embargo pensamos-dice Colombo- que la explotación de estas canteras debió comenzar, mucho antes, hace aproximadamente unos 11.000 años, ya que rocas con características similares a las que allí se extrajeron aparecen en los sitios trabajados por la Lic. Nora Flegenheimer, fechados entre los más antiguos del continente. A medida que se avanza en una investigación se generan nuevos conocimientos pero a la vez se abren múltiples interrogantes; por ello debemos emprender nuevas excavaciones que nos permitan encontrar las canteras más antiguas”.

Digamos que recientemente (2011), en excavaciones efectuadas en Ing. Maschwitz, se encontraron piedras trabajadas que provendrían de nuestra zona, quedando el interrogante por resolver, si fueron traídas por estos pobladores o fueron obtenidas de otros mediante el trueque.

La "litificación" del paisaje, muestran la manera en que los grupos movilizaron y redistribuyeron a lo largo del tiempo la materia prima lítica con la que confeccionaron estos útiles, generando así importantes depósitos secundarios..Este proceso habría implicado, por un lado, regresos planificados hacia determinados lugares y estadías más prolongadas en los mismos, y significarían cambios en la movilidad de los grupos en relación a los momentos precedentes. Por otro lado, también habría involucrado una importante inversión de trabajo, evidenciado por el traslado de grandes cantidades de rocas, la selección de formas-base y, probablemente, la manufactura de artefactos de molienda. Debido a que en la región pampeana no hay barreras naturales ni impedimentos climáticos que limiten la obtención de materias primas líticas, se propuso que la restricción en el acceso a las zonas de abastecimiento durante el Holoceno tardío, puede haber sido producto de un control social de las mismas, afirman las investigadoras C.Bayón y N. Flegenheimer ( 2004).

Naturalmente queda mucho camino por recorrer en la tarea de clarificar qué ocurrió con los hombres que se esparcieron por la zona de nuestra Tandilia. Los trabajos científicos de gran seriedad que los arqueólogos, antropólogos y geólogos que trabajan en la zona, como los ya citados y los Dres. Gustavo Politis y Diana Mazzanti y sus equipos, entre otros, seguramente echarán más luz sobre este apasionante tema. En fin, cuándo sabremos algo más sobre el tema…el tiempo y los pacientes trabajos de nuestros científicos tal vez puedan develarlo.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 30 de enero de 2012

ORÍGENES DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN TANDIL

LOS ORÍGENES DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN TANDIL
Los Colegios Sagrada Familia y San José



La educación tuvo temprano desarrollo en nuestra ciudad, y de ello nos hemos ocupado en el capítulo V de Historias del Tandil II, “Educar al soberano”. Allí vimos su desarrollo tanto en el plano oficial como en el privado.
Fue en este último en el que la Iglesia Católica puso un interés primordial, de tal suerte que en todo el mundo distintas órdenes y Congregaciones religiosas, se dedicaron especialmente a esta tarea.
En nuestro país es ampliamente conocida-.o debería serlo-la labor fundamental de los Jesuitas, fundadores de numerosos colegios de gran prestigio, algunos de los cuales llegaron hasta nuestros días, así como Universidades, entre ellas la más antigua, la Universidad de Córdoba, fundada por fray Fernando de Trejo y Sanabria en 1623.
Tandil no fue ajeno a esta realidad y correspondió al Pbro. José María Cruces, Cura Párroco, ser quien tomó la iniciativa que derivaría en el comienzo de la educación católica.
En 1880 la Logia Masónica Luz del Sud, había creado el Asilo San Juan, el que luego fue municipalizado como Hospital por el primer Intendente Pedro Duffau.
En ese mismo año el padre Cruces fundó la Sociedad Damas de Caridad, creando inmediatamente el Hospital de Caridad y gestionando la llegada de monjas de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia.
Esta Congregación había sido creada en Italia por la luego Santa María Josefa Rosello (ver recuadro) en 1837, habiendo llegado a nuestro país las primeras integrantes en 1875: quince monjas que viajaron junto a los primeros salesianos de Don Bosco y que vinieron a solicitud el gobierno para atender los problemas de la salud pública.
En nuestra ciudad, respondiendo al pedido del padre Cruces, la Congregación designó a Sor María Justina Bertani, para cumplir con las funciones que demandaba el Cura Párroco, de atender a la Dirección del recién creado lugar de sanidad, llegando aquí en 1890.
Sor María Justina estuvo en Tandil hasta 1895, año en que por padecer una enfermedad retornó a Buenos Aires. Pero sería por poco tiempo, ya que, curada, volvió para hacerse cargo de la flamante fundación del Colegio de la Sagrada Familia, como primera Directora.
La labor de las Damas de Caridad concretó luego de largas tramitaciones, la creación de lo que sería el Hogar Sagrado Corazón, en los terrenos “frente al antiguo cementerio”, en 1897, lugar querido por todos los tandilenses que hoy sigue atendiendo a niñas y ancianos con amor y dedicación, bajo la atenta tarea de las Hermanas de la Congregación fundadora.
La tarea de la Sociedad Damas de Caridad fue también decisiva en la creación del primer Colegio Católico, ya que fue su presidenta Rita B. de Fernández, quien acercó la idea de concretarlo a la Congregación a través de la Hna. Eufemia. Carrara, en 1896, con el apoyo del Cura Párroco de entonces, P. Marcial Álvarez.
Así llegó el 1 de marzo de 1896 y el Colegio de la Sagrada Familia, más conocido hoy como Colegio de Hermanas, abrió sus puertas en una casa alquilada.
Aquellos primeros momentos fueron casi épicos, en esa casa ubicada en la esquina de Gral. San Martín y 9 de Julio, donde hoy está la Tienda La Capital, (recordemos que allí también había funcionado en un ranchito la primera capilla).
El crecimiento de la matrícula de las niñas, obligó a buscar un edificio más amplio y ya la Sociedad Damas de Caridad, que sostenía económicamente la obra, dejó de hacerlo, asumiendo el sostenimiento directamente la Congregación.
En junio adquirieron en remate una casa amplia, ubicada en Gral. Paz 684, por $ 35.000 m/n, escriturándola el 27 de octubre de 1896. Las ciento treinta niñas tendrían más comodidades, sin que éstas tardaran en concretarse.
La compra fue financiada por un préstamo del Banco de la Nación, que luego se canceló en 1902.
Con tres secciones de primer grado comenzaron la tarea las Hermanas Maria Alfonsina, María Juliana, María Chantal y María Gerarda acompañando a Sor María Justina.
El crecimiento de la matrícula y el prestigio del Colegio obligaron a las Hermanas a pensar en levantar un nuevo edificio y así, en 1920, se construyó la planta baja del actual edificio y tres años más tarde la planta alta, bajo la dirección del constructor J. Franchini
Las Bodas de Oro fueron celebradas con un programa extenso de actos que abarcó, entre otros, la colocación de la piedra fundamental de la nueva Capilla, la que fue inaugurada al año siguiente, es decir en 1947.
El paso de los años multiplicó las necesidades y la matrícula, y ya cuando en 1961 el Colegio contaba con más de 800 alumnas, la Cooperadora presidida por entonces por el Dr. A. Pérez Pombo pensó en la ampliación, idea continuada y concretada con la presidencia, al año siguiente, de Venancio Málaga, año en el que comenzaron la tareas de levantar el nuevo edificio para el secundario, cuando era Directora Sor Dominga y arribaba a Tandil Sor Nelly Elena Santa Olalla en 1963, que no es otra que la recordada Hermana Alicia, que por décadas prestigió con su conducción el Colegio y la educación toda de Tandil .
La tarea educativa se fue ampliando paulatinamente, creándose en 1968 el bachillerato y en ese mismo año la Biblioteca “Juan XXIII”, ocupando nuevos espacios lo que conllevó a construir el primer piso, inaugurado en 1969.
Dos años después se celebraban con grandes festejos las Bodas de Brillante, los primeros 75 años del Colegio. La afluencia de niñas fue constante y nuevas inquietudes llevaron a la creación del Jardín de Infantes en 1983- que hasta entonces funcionaba como anexo-como nivel independiente.
Nuevas obras se sumaron con el apoyo incondicional de los padres cooperadores y así fue posible dotar al Colegio de un moderno gimnasio cerrado, inaugurado en 1988.
Con más de mil quinientas alumnas, el centenario fue celebrado con la participación de toda la comunidad en 1996, oportunidad en que las diversas generaciones que pasaron por las aulas del Colegio se hicieron presentes para revivir los momentos allí pasados.
Una publicación quedó como valioso testimonio de esos momentos y como aporte a la historia del Colegio.
No podemos cerrar esta muy suscinta reseña, sin mencionar la colaboración pastoral de diversos sacerdotes que fueron capellanes desde el origen mismo del colegio y que queremos resumir en dos figuras que honraron la cátedra sacerdotal en Tandil: Mons. Luis J. Actis y el Pbro. Jesús María Baretto, a quienes el que esto escribe, les debe apoyo y consejo en difíciles momentos…
Hoy el Colegio de Hermanas es también mixto desde 1998, de tal manera que la vieja tradición dio paso a un necesario aggiornamento que no hace sino continuar con la calidad de la educación que siempre se le reconoció.
Conduce actualmente el complejo educativo la Hermana Rainelda.


EL COLEGIO SAN JOSÉ

Fue en 1907 cuando por iniciativa del padre Marcial Álvarez, ex Cura Párroco de Tandil y por esos años en San Nicolás de Bari, Buenos Aires, se iniciaron los contactos para crear un Colegio católico pero para varones, completando así la oferta educativa católica para ambos sexos.
Para ello interesaron a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, fundada por el Siervo de Dios Gabriel Taborin , en Francia, y aprobada por el Papa Gregorio XVI en 1841.
La llegada a América de los primeros Hermanos de la Congregación fue a Uruguay, en 1889, fue en Montevideo donde recibieron la noticia del requerimiento tandilense y con la llegada del Hermano Nicéforo, Superior de la Congregación y el apoyo incondicional de las damas Ana Irasusta de Santamarina, Pascuala Arana de Bilbao y su hija Raquel Bilbao de Vicuña, la idea comenzó a cobrar visos de realidad.
La viuda de Santamarina donó los terrenos de la esquina de Maipú y Fuerte Independencia, los que fueron escriturados el 6 de setiembre de 1907, llegando el Hermano José Silvano Poncet para encargarse de la construcción del ansiado Colegio.
Terminadas las tareas constructivas, el 9 de marzo de 1908 se inauguró el Colegio San José, con la dirección del Hermano Miguel Dangnac conocido como Hermano Vicente. Nacía sí el primer establecimiento educativo de esta Congregación en nuestro país.
Junto al citado Hermano, fueron los Hermanos fundadores: Víctor Rolland, Serafín Tupin, Alfonso Garroni y Antonio Giraud, todos ellos franceses.
Treinta y cuatro alumnos distribuidos en tres secciones de los primeros grados, fueron los pioneros.
Al año siguiente el número creció notablemente hasta llegar a ciento veinte, dejando su lugar, la dirección, en 1911 para dar paso al Hermano Dionisio Pionchon, quien estuvo al frente del Colegio hasta 1920.
Durante su gestión se registraron importantes progresos edilicios, entre ellos el de dotar de luz eléctrica al edificio y adquirir los terrenos sobre la calle Fuerte Independencia, donde se construyó el Aspirantado, el que luego de un año se trasladó a Córdoba.
En la gestión del Hermano Silverio Perret, se adquirieron los terrenos sobre Maipú donde hoy está la entrada principal y se comenzaron a dictar cursos contables, aunque los estudios secundarios funcionaron como incorporados a otros establecimientos oficiales desde 1924 hasta que en 1961 el secundario se independizó.
Por su parte la Capilla, que funcionaba provisoriamente desde 1924 en el subsuelo de la esquina, tuvo su nueva ubicación con la construcción de la bella que hasta hoy luce, en 1947, sobre planos del arquitecto uruguayo Horacio Terra Arocena y la dirección técnica del Ing. Luis Alonso y del constructor Francisco Torzillo. Decorada y con las imágenes de madera finamente trabajadas, la Capilla fue solemnemente bendecida y consagrada el 28 de setiembre de 1947, por el Obispo de Azul Mons. César Cáneva.
Los primeros bachilleres habían egresado en 1931 y dos años después la comunidad toda celebró alborozada las Bodas de Plata en 1933.
El Colegio se consolidó y creció a un ritmo asombroso, contando además desde el principio con la presencia de los pupilos que venían de otras ciudades o de zonas rurales. El prestigio de su educación permitió que sus egresados fueran ocupados rápidamente en distintos trabajos por entonces muy bien considerados en la sociedad, como bancos, estudios contables, etc.
Los religiosos de la Comunidad del Colegio supieron también, en 1955, del encarcelamiento por los duros días del final del peronismo…
Numerosos profesionales en distintas disciplinas fueron ex alumnos el Colegio de tal manera que pasada la celebración de las Bodas de Oro apoyaron la erección de un nuevo y moderno edificio el que quedó inaugurado, para el secundario, el 21 de octubre de 1962.
Distinguidos profesores se sumaron al cuerpo de los Hermanos que continuaban firmes en su labor educadora y religiosa, ya con presencia de Hermanos argentinos, uruguayos y algunos españoles, que fueron reemplazando a los originales franceses.
En 1970 el Colegio inauguró una biblioteca pública para toda la comunidad, la “Brig. Gral. Martín Rodríguez”, siendo su primera bibliotecaria Noemí Conforti, creándose al año siguiente el Instituto Superior del Profesorado, con las ramas de Letras y Lengua Inglesa, a las que se sumó, en 1982, la carrera de Preescolar. Su primer Rector fue el Hno. Fidel Robledo a quien sucedió, diez años después, el Hno. Adelsio Delfabro, que aún hoy continúa-con otras funciones-en el Colegio, luego de una estadía en Francia.
Ya desde 1975 el Jardín de Infantes funcionaba como anexo al primario, hasta que se independizó como nivel en 1983, año de las bodas de brillante, los primeros 75 años, celebrado con actos variados, entre ellos la inauguración del gimnasio cerrado.
De esta manera el Colegio San José cubría todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta el nivel terciario. Ya no había más pupilos desde el año anterior, los que llegaron a ser hasta ciento cuarenta en su mejor momento.
Sería largo y escapa a la dimensión de esta nota, enumerar logros y personalidades destacadas que actuaron en las aulas y en las Asociaciones de Ex Alumnos y en la de Padres (cooperadora), dado que todos trabajaron eficazmente. En 1967 la Asociación de Padres dio paso a la Unión de Padres de Familia, a cuyo frente estuvieron ex alumnos y destacados vecinos de Tandil.
Más cercano a nuestros días, el tradicional Colegio de varones, abrió las puertas a las niñas y así en 1987 pasó a ser mixto. Un paso impensado en los momentos fundacionales…
A partir de 1998 un laico asumió por primera vez la Dirección General, el Prof. Lauro Pedro Castorino, que se retiró en 2005, siendo sucedido, también por vez primera, por una mujer, la profesora Beatriz Christensen de Málaga y hoy, luego de su jubilación, el plantel directivo está integrado por Marta Rivas, directora del Jardín; Silvina Andrade, de Educación Primaria Básica; José Pasucci, de Educación Secundaria Básica y Rubén Peralta del Terciario.
El centenario el Colegio fue celebrado en 2008 con diversos actos que culminaron con una cena multitudinaria, aprestándose a publicar un libro que reflejará este siglo transcurrido, en el que ha dejado una huella imborrable en la vida de Tandil, llevando a cabo una labor evangelizadora que dio sus ricos frutos: ex alumnos que fueron sacerdotes o religiosos, como Mons. Luis J Actis, sus hermanos Florentino y Francisco, Mons. Enrique Ciao, Mons. José Tommasi (único Obispo ex alumno), los Pbros.: Juan C. Gardey, Raúl Camino Mendiberri, Juan C. Rizzardi, Juan C. Fernández, Raúl Salcedo, Jesús M. Baretto, Mons. Emilio Monni , Raúl López y el más reciente Luis Malaspina.
Muchos Hermanos dejaron recuerdos y anécdotas imborrables. Mencionarlos a casi todos excedería este capítulo, pero queremos nombrar a cuatro que fueron sinónimos del Colegio San José: los Hermanos Crisóstomo, Hermenegildo, Sabino y el recientemente fallecido Bernabé. En ellos el homenaje a todos los que por allí pasaron…
El Colegio además tuvo y tiene lugares de uso para la comunidad como la Quinta San Gabriel,-la quinta de los curas- adquirida a la familia Tapia en 1936, sobre la avenida que lleva el nombre del Hno. Gabriel Taborin, donde además de cómodas instalaciones para acampar, posee una cancha de fútbol lugar apropiado para la práctica, a través del Deportivo San José, que si bien no depende del Colegio, fue adonde buenos futbolistas ex alumnos participaron en los torneos de primera hasta hoy. Su primer presidente fue Luis Cardinale.
En 2010 se puso en la Quinta, la piedra fundamental para levantar allí el Jardín de Infantes, en otro paso de progreso, inaugurándose en 2011.

Daniel Eduardo Pérez

martes, 10 de enero de 2012

EL CALVARIO DEL TANDIL

EL MONTE CALVARIO DEL TANDIL

Denominado así por su parecido con "El Gólgota" de Judea, es uno de los lugares más importantes y pintorescos.

Una gran escalinata de piedra culmina con la enorme cruz de alrededor de 20 m. de altura con un Cristo de mármol francés. El sendero del Vía Crucis con los grupos escultóricos recuerdan las distintas estaciones del Calvario. La capilla dedicada a Santa Gemma de estilo romántico y la reproducción de la gruta de Lourdes complementan un marco espectacular por su belleza incomparable.

Inaugurado el 10 de enero de 1943, con la presencia del presidente de la Nación, Dr. Ramón Castillo, y una multitud calculada en 40 mil personas, el Monte Calvario del Tandil es indicado como el segundo existente en el mundo.

Situado en cercanías de la ciudad, el monte alza sus grises granitos de redondeados contornos, como muñones implorantes que de suyo imponen silencio al alma.

Convenientemente forestado por eucaliptus, pitas y algunas coníferas se transforma a la vista de cualquier visitante en un monumento por sí solo.

Esta disposición natural que ofrece al recogimiento, se ve desde la lejanía aumentada por la presencia culminante de un imponente Cristo crucificado que, integrado al paisaje, da la característica esencial a esta conjunción de arte y religión.

La conmemoración de la Semana Santa en Tandil resulta desde hace medio siglo una de las más importantes en la República Argentina y aún en Sudamérica.

Su solemnidad, la multitudinaria expresión del espíritu religioso, la representación de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús en el gran Anfiteatro ubicado al pie del cerro Independencia y las expresiones culturales que integran la Semana, tienen como majestuoso punto de partida el Monte Calvario.

HISTORIA

El ilustre sacerdote y obispo Monseñor Fortunato J. Devoto (que también era astrónomo y llegó a dirigir el Observatorio de La Plata) fue quien concibió la idea de levantar en ese magnífico lugar, un monumento religioso de trascendencia nacional.

La antigua Avenida Noroeste de Tandil (hoy España y continuación Monseñor De Andrea) se encuentra coronada en el extremo suroeste por un cerro que pertenecía a Pedro Redolatti, primo de Mons. Devoto.

La visión de éste, que conocía detalladamente el "Monte", "Cerro" o "Parque Redolatti" -como se le denominaba- lo impulsó a sugerir a su familiar la donación del lugar con el objeto mencionado, accediendo Redolatti, en octubre de 1940. Una vez obtenida la decisión, Mons. Devoto lo ofreció a la Sociedad San José (de la que era Director Espiritual) para que fuera la que encarase la tarea de concretar la idea.

Era el 10 de enero de 1941 -Día de la Sagrada Familia- cuando se formalizaba la donación de las nueve hectáreas. En ese mismo año fallecía monseñor Devoto, no pudiendo ser testigo de los resultados de su inquietud.

Aceptada la donación, la presidenta de la Sociedad, doña Elisa Alvear de Bosch, tomó los contactos necesarios e inició las gestiones pertinentes para cristalizar la iniciativa.

La Sociedad, que no disponía de los fondos suficientes como para llevar adelante una obra de magnitud y que todavía no estaba definida a través de un proyecto, debió analizar sus características fundamentales, descartando la construcción de un templo, dado la cercanía de los ya existentes.

Expuesta la idea general, la señora Ernestina Lavallol de Acosta, efectuó la primera donación en nombre de su madre Doña Ernestina Ortiz Basualdo de Lavallol, ex presidenta de la Sociedad.

Aquellos $15.000 moneda nacional, serían la base de la obra, que en abril de 1941 vio delineado su futuro al proponer la Sra. Elisa Bosch Alvear, marquesa de Kerhué y fina artista, que se levantara allí un Calvario, aprovechando la similitud extraordinaria del Monte con el Gólgota.

Aprobada la propuesta en junio de ese año, el Dr. Exequiel Bustillo, a la sazón presidente de la Comisión de Parques Nacionales, donó la madera para la gran cruz que coronaría el conjunto, de coihue o de alerce-según los cronistas de la época- y de 17 m de altura.

Esta cruz, enclavada al fondo de la avenida, a la que se le agregó luego una Piedad y un Descendimiento, fueron las primeras obras que dieron origen al actual Calvario de Tandil.

Se accedía a él por una escalinata de noventa y seis escalones construida en piedra migmatita que conducía, con sus terrazas intermedias de lajas rosadas, blancas y grises de la cantera San José del Carmen, a la Plazoleta de la Cruz, donada por Matilde Campos de Nocetti, propietaria de una importante cantera de la zona por la que también se podía acceder en automóvil.

La Municipalidad forestó, asimismo, con numerosos olivos ambos laterales de la avenida.

Finalmente, la Sociedad aprobó la iniciativa de la Sra. Bosch Alvear de completar lo realizado con un Vía Crucis que ascendiera por el faldeo del cerro Redolatti hasta llegar a la gran Cruz que lo coronaba, el que se ejecutaría con la participación de los más importantes escultores de la época. Se encomendó la dirección de tal obra al prestigioso arquitecto e ingeniero Alejandro Bustillo, quien luego de relevar el terreno y efectuar los estudios correspondientes, propuso el proyecto final.

Los costos que el mismo exigía eran grandes, pero inmediatamente de conocidos, comenzaron a llegar las donaciones oficiales y privadas. La Nación contribuyó con $50.000 moneda nacional, la Provincia con $25.000 y el Municipio con $10.000. Se recaudaron, finalmente, más de $150.000 moneda nacional, lo que permitió cristalizar la obra merced, además, a la generosa contribución de los artistas que cotizaron sus propias obras a precios mínimos.

El 10 de enero de 1943, a dos años de nacida la inquietud, se inauguraba el monumento al Calvario, Vía Crucis y Escala Santa, como se denominó. Las obras inauguradas incluían la gran Cruz, que había sido de dificultosa erección por su tamaño y peso, y trece grupos escultóricos más del Vía Crucis, entre los que se encontraban "La Piedad" y el "Descendimiento" que habían sido los primeros colocados y además Cristo orando en Getsemaní.

Una multitud calculada en cuarenta mil personas, se agolpó para que a las 10 de la mañana, y con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Ramón S.Castillo, el vicegobernador de la Provincia, el Nuncio Apostólico, el Obispo de Azul Mons. Caneva, el Intendente Municipal Dr. William Leeson, Mons D’Andrea, y el Párroco de Tandil Pbro. Julio M. Chienno, fue testigo y protagonista de ese hecho histórico.

Entre los cientos de eucaliptus, olivos y pinos, se alzaban estas esculturas originales de los artistas José Fioravanti, Carlos de la Cárcova, Horacio Cerantonio, Santiago Berna, Pedro Tenti, Roberto J. Capurro, César Sforza, Ernesto Soto Avendaño y Ricardo Musso. Se inauguraba así una expresión de lo más representativo de la escultura argentina.

Años después fueron remplazadas algunas de las estaciones por su deterioro, perdiéndose obras de gran valor, como las de de la Cárcova y Tenti y la Cruz de madera fue reemplazada por una de cemento-la actual- de alrededor de 5 m. más alta que la original de madera, en 1949.

Capilla Santa Gemma y Gruta de Lourdes

La capilla que recuerda a una Santa de 25 años de edad

Fue inaugurada en 1947 y construida en devoción a Santa Gemma. Su concepción artística y arquitectónica la convierten en un verdadero tesoro. Sobre su faldeo se erigió una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.

Transcurridos pocos años de la inauguración oficial del Calvario, se agregó a este magnífico monumento, la construcción de una capilla destinada a la devoción de Santa Gemma.

Construida en una estribación del cerro, de acuerdo al proyecto de los arquitectos Rocha y Martínez Castro, fue donada por Elena Santamarina de Saguier en memoria de su esposo Eduardo Saguier, siendo inaugurada el 12 de enero de 1947.

Se trata del primer santuario erigido en América en honor a la mencionada Santa accediéndose a él a través de tres arcadas románicas que portican el pequeño atrio.

Dirigida su construcción por Valentín Zámolo, su altar, arcadas, confesionarios, columnas, pisos, comulgatorio y parte de las paredes, así como las escaleras, son de granito trabajado por dos artesanos famosos de Tandil: Pedro A. Pedrotti y José Pisculich.

A ambos lados del altar, José Santiago Berna -creador de varias de las esculturas de las catorce estaciones- realizó dos relieves. Su tejado está realizado en pizarra francesa y sus hermosos vitraux muestran azucenas, símbolo de la estigmatizada de Luca, Gemma Galgani, canonizada por SS Pío XII.

José de España, autor de numerosas obras literarias y prestigioso crítico de arte- comentaba en 1948: "Por este nuevo templo, por este Calvario y por muchas cosas que ya se dibujan en el porvenir, la hermosa e inolvidable ciudad de Tandil se está convirtiendo, cada vez más, en el Varallo de América...".

Se refería de España a la magnífica obra realizada, en una colina de Sessia que domina la villa de Varallo, en el Piamonte, a instancias de fray Bernardino Camini en el siglo XV, donde quiso recrear los Santos Lugares, en una "Nueva Jerusalem".

Hacia fines de 1960 surgió la iniciativa de los Padres Carmelitas, que tenían por entonces como Párroco al P. Isidro, impulsada específicamente por el P. Raúl Luque, con el apoyo de un grupo de vecinos encabezados por el Dr. Enrique Torres Ordóñez, de construir en el lugar una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.

Con la colaboración inicial de la Dirección de Turismo de Tandil, la dirección técnica del ingeniero Argentino Olmos y la colaboración artística de Ernesto R. Valor comenzaron las obras sobre el faldeo lateral posterior del lugar donde se halla enclavada la Capilla de Santa Gemma.

La obra dirigida por Valentín Zámolo y con la colaboración de los artesanos de la piedra que trabajaron en la erección de la Capilla, fue inaugurada el 10 de febrero de 1962, a las 19.00, en un acto enmarcado por centenares de fieles.

La réplica de la Gruta está guardada por una gran reja forjada en hierro por Santiago Tomassi y sus hijos. Hacia un costado y delante del altar se halla la imagen de San Bernardita arrodillada, mirando hacia la Gruta donde está la Virgen, poseyendo un altar de piedra de Barker, trabajada por Pedrotti y Jarque y un gran candelabro de hierro para cien velas, obra de Otilio Galicia. Por su parte el artista Carlos Allende -famoso por sus "bochas" de piedra y sus tallas en raíces, creador también del monumento a Juan Fugl y al Gaucho, entre otros- forjó el crucifijo y los candeleros para el altar.

Así fue la obra original. Con el transcurrir de los años se introdujeron varias mejoras, nuevos accesos y escalinatas; y nuevas obras escultóricas que le dieron al lugar el profundo significado que nunca le faltó.

LAS CATORCE ESTACIONES DEL VIA CRUCIS

PRIMERA ESTACIÓN: "Jesús condenado a muerte"

Tomado del brazo derecho por un soldado romano, Jesús es presentado ante el pueblo cuando ya se ha producido la condena. Sus manos permanecen atadas. A su izquierda, sentado, Pilatos se lava las manos.

Escultor: José A. Berna, artista italiano

SEGUNDA ESTACIÓN: "Jesús carga con la cruz"

La figura dramática de Jesús, sostiene con su mano derecha la terminación del travesaño de la cruz, que carga sobre su hombro izquierdo.

Escultor: Humberto Eduardo Cerantonio, artista argentino

TERCERA ESTACIÓN: "Primera caída de Jesús"

A diferencia de la estación anterior, Jesús sostiene la cruz sobre su hombro derecho. La figura está semihincada, apoyada sobre la rodilla derecha y su brazo izquierdo extendido hacia el suelo.

Escultor: Ricardo Musso, artista argentino.

CUARTA ESTACIÓN: "Jesús encuentra a su madre"

Una expresiva María, con sus brazos extendidos hacia adelante, sale al encuentro de su Hijo que se acerca portando la cruz.

Escultor: José Santiago Berna, artista italiano.

QUINTA ESTACIÓN: "Jesús y el Cireneo"

El Cireneo ayuda a Jesús a sostener la cruz. Entre ambos, aparece amenazante un soldado con su brazo izquierdo levantado.

Escultor: Antonio Sforza, artista argentino.

SEXTA ESTACIÓN: "Jesús y la Verónica"

Mientras Jesús es ayudado por el Cireneo, la Verónica presenta un paño con el que secará el rostro del Hijo de Dios.

Escultor: José A. Berna, artista italiano.

SÉPTIMA ESTACIÓN: "Segunda caída de Jesús"

La cruz vuelca su peso sobre el hombro derecho de Jesús, caído. Un soldado amenaza con un látigo en su mano izquierda.

Escultor: Roberto Capurro, artista argentino.

OCTAVA ESTACIÓN: "Jesús consuela a las mujeres de Jerusalem"

Dos mujeres se encuentran frente a Jesús, que avanza llevando la cruz. Una de ellas está con las manos juntas en gesto de imploración, mientras la otra se encuentra arrodillada, con un niño en brazos.

Escultor: José A. Berna, artista italiano

NOVENA ESTACIÓN: "Tercera caída de Jesús"

Jesús se apoya sobre el suelo con la palma de su mano izquierda, con los ojos cerrados. El Cirineo se esfuerza por levantar el madero. Un soldado apoya su pie izquierdo sobre la cruz, mientra otro, armado de lanza, observa.

Escultor: José Fioravanti, artista argentino.

DÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es despojado de sus vestiduras"

Jesús, de pie y el reflejo de gran bondad en su rostro, es despojado de la vestimenta por otro individuo.

Escultor: José Berna, artista italiano

UNDÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es clavado en la cruz"

Jesús ya ha sido colocado sobre la cruz. Un soldado contempla. Un hombre alza su brazo derecho, que empuña un martillo. Un clavo ya ha sido introducido en la mano derecha de Jesús. Otro hombre sostiene el brazo izquierdo, mientras dos mujeres, entre ellas María, son contenidas por el soldado.

Escultor: Humberto Cerantonio, artista argentino.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús muere en la cruz"

La imponente figura de Jesús, realizada en piedra mármol, se encuentra crucificada en la actual cruz de cemento, que reemplaza a la original de madera.

Escultor: José Berna, artista italiano.

DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: "La Piedad"

María, con un rostro joven, delicado y bello, sostiene a Jesús, muerto entre sus brazos.

Escultor: José Berna, artista italiano

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: "El Santo Sepulcro"

La figura de Jesús es observada piadosamente por la Virgen, en tanto José de Arimatea sostiene su brazo y Nicodemo toma su mano en actitud de besarla.

RECUERDOS DE LA CELEBRACIÓN QUE HIZO FAMOSA A TANDIL

Cuando tomé la primera comunión-allá por 1949 en la entonces todavía Capilla Santa Ana-entraba en la órbita de las celebraciones religiosas con la fantasía propia de la niñez y también con el respeto propio de la cultura de la época, más estructurada que actual.

Fue en la década del ‘50, en la adolescencia, cuando por primera vez fui como testigo-participante de la Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, que así era llamada.

Mi madre, devota de la Virgen, se conmovía al paso de las imágenes, entre la multitud que desde las veredas se agolpaba para”presenciar” ese acto evocativo que a mis ojos lucía imponente. Recuerdo el sonar lúgubre de las “matracas”, los cánticos y oraciones, los vecinos vestidos de soldados romanos y la potente voz de don Luis Actis conduciendo la procesión por los primitivos altavoces de don Sinka o Bazoberri, que nos conducía a una casi mística recordación de lo que habrían sido los últimos momentos de Jesús.

Era, en realidad, un momento casi único en el año. Después las “Estampas” completaban un día lleno de luto y respeto, en el que las radios nacionales-en Tandil no había locales todavía-pasaban música sacra y los católicos practicantes vivíamos casi en voz baja. En las mesas de ese día reinaban el bacalao noruego, el más modesto abadejo argentino y el atún.

Pasaron los años y quiso el destino que ya desde principios de la década del ’70, participara en la famosa Comisión Oficial que desde 1951 era la encargada de organizar toda la Semana Santa, presidida por el Intendente de turno y con la participación de sacerdotes, laicos y representantes de las entonces llamadas fuerzas vivas (Cámara Comercial e Industrial-hoy Cámara Empresaria-, la Asociación de la Pequeña y Mediana Industria, las Fuerzas Amadas, Policía, etc.

Eran reuniones donde la patriarcal figura de Mons. Actis era la referencia ineludible y la voz cantante, en las que se pasaba revista a todos los detalles, entre los que no faltaba la eterna pregunta ¿y si llueve?.

Lo cierto del caso que no recuerdo de aquellas décadas que la lluvia empañara los actos –salvo alguna vez- que el augurio desalentador implícito en la infaltable pregunta, sobre todo en los Viernes Santos, que era el día central.

Luego vino todo lo que hoy conocemos, desde el Domingo de Ramos a los distintos y conmovedores Vía Crucis, hasta llegar al Domingo de Pascua.

Tandil había cobrado vida propia en la celebración de la Semana por la existencia del Calvario partir de su inauguración, el que, por sus características, lo constituyen en el único del país y América, teniendo sólo otro similar en el mundo, y además por la escenificación de la vida de Jesús.

En mi adultez y desde adentro-como quedó expresado- viví con intensidad sobre todo la preparación de las Escenas de la Redención con lo que ello implicaba desde lo religioso a lo técnico. Una etapa casi épica porque los elementos de los que se disponían, no eran los actuales.

Desde su nacimiento en 1948, primero al pie del Calvario y como Actos Sacramentales , desde 1952 en el Salón Parroquial ,luego Teatro Estrada,( hoy del Fuerte), posteriormente en el veredón de la Municipalidad en 1959, y con la inauguración del Anfiteatro Municipal la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet y luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron, siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y al Anfiteatro, con el nombre de” Jesús el Nazareno”, - la representación “oficial”, primero con la dirección de Pascual Pina y ahora de Germán Bayerque., que son contempladas por miles de espectadores entre el jueves y el domingo de la Semana Santa

Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue adquiriendo relieve nacional, con la incorporación, en 1949, de la mencionada Solemne Procesión del Santo Entierro, poniéndose especial énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza.

Vale la pena recordar algunos detalles, los más sobresalientes de esa expresión, que ya quedó lejana en el tiempo.

La Procesión se iniciaba luego del Via Crucis del Viernes Santo en el Calvario, para terminar en el templo de la Inmaculada, recorriendo las calles ornamentadas con alguna señal alegórica en las viviendas aledañas.

Era encabezada por los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados Ciriales, quienes portaban grandes velas y luego una masa coral y la banda.

Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el Caballero de la Corona de Espinas; inmediatamente se ubicaban los Caballeros de los Clavos de Cristo y luego las religiosas de Tandil ( casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); y más atrás el Caballero de la Crucifixión portando el martillo, todos ellos acompañados por sus respectivos acólitos.

Formaban luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de Honor del Santo Sepulcro.

Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la masa coral “a capella” y, marcando el paso con sus sones a duelo, las ya citadas Matracas y los redoblantes del Ejército.

Inmediatamente después aparecían los Mujeres de Jerusalén, de riguroso luto (vestido y mantillas negras) precediendo a los Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa.

Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una misión”vitalicia”; por su parte, hombres caracterizados como soldados romanos acompañaban a quienes representaban, simbólicamente a elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con vinagre . Las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al Cristo Yacente.

Completaban la secuencia, las imágenes de San Juan y de María Magdalena llevadas primero por laicos pertenecientes a distintas organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de los Colegios católicos.

Durante todo el recorrido una red de parlantes, como ya lo mencionamos, alquilados por la Municipalidad llevaban la poderosa voz de Mons. Actis con un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y lecturas alusivas.

Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras penumbras de la incipiente noche y los participantes encendían entonces las velas hasta llegar al final, donde la Banda Municipal dirigida por el recordado maestro Onorato, interpretaba la Marcha fúnebre de Chopin. Una vez depositadas las imágenes en el veredón del templo, Mons. Actis, decía las palabras acordes al momento e impartía la bendición a la multitud.

Recuerdo que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras- pasaban solamente música clásica y religiosa.

Hoy, ya pasadas varias décadas de los primigenios recuerdos, traemos al presente aquellos años, porque tiempos y liturgias, han cambiado y ya no es la misma procesión , ahora adecuada a los tiempos pos conciliares,(luego de posturas encontradas con alguna polémica por medio), suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas , tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa participación-la Procesión, como ya lo expresamos era seguida desde las veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa de los feligreses.

Las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud, de la Tercera Edad y el de los Niños, se han transformado ahora en una tradición con gran protagonismo popular, enriquecedora de los valores religiosos.

Reconocida como la Semana Santa de más trascendencia en el país, por todo lo expresado en la nota, tiene además, a lo largo de su celebración, expresiones artístico- culturales complementarias que adquieren rasgos casi únicos también en su realización.

Sirvan estos recuerdos de otros tiempos, para valorar en su integridad los esfuerzos que nos permiten disfrutar estos días propicios para la interioridad y el crecimiento espiritual.

Daniel Eduardo Pérez