lunes, 3 de abril de 2017

FUNDACIÓN DE TANDIL


LA FUNDACIÓN DE TANDIL

IDEÓLOGOS Y PRECURSORES DE LA FUNDACIÓN DE TANDIL


El Tandil estuvo poblado desde muy antiguo –como quedó expresado-por indígenas provenientes del norte patagónico, de tal suerte que puede hablarse de alrededor de 10.000 años que estas tierras conocen la pisada del hombre, que en lugares cercanos dejó huellas muy importantes, hoy yacimientos arqueológicos decisivos para conocer nuestra prehistoria.
La muy posterior llegada del hombre blanco trajo consigo, además del enfrentamiento de culturas diferentes, elementos que, como el caballo y el vacuno multiplicados en pocos años en forma extraordinaria, constituyeron nuevos motivos de codicias y consecuentemente de choques.
Ya por el siglo XVII, esta zona era recorrida por ganado salvaje abundante y tras el cual blancos e indígenas estaban permanentemente de cacería. Así se dieron las llamadas "vaquerías", que lisa y llanamente era la caza y arreo de vacunos. Precisamente a raíz de una de estas vaquerías, es que llegó hasta nosotros una de las primeras menciones del vocablo Tandil, cuando en 1707 una partida de blancos proveniente del sur cordobés que se dirigía a "los corrales de Ferreyra" en el Tandil, fue atacada y exterminada por los indios, dando motivo a un sumario que recoge la palabra que hoy nos da identidad. También en ese año, coincidentemente, un informe del viajero Silvestre Antonio de Roxas al Rey, daba cuenta de su pasaje por estas tierras, que él también conoció con ese nombre.
El asentamiento estable a que dio lugar la fundación, no fue producto ni de una decisión mágica, espontánea o caprichosa de Martín Rodríguez. Desde la época colonial hubo, además de reconocimientos militares y comerciales, informes que aconsejaron levantar un fuerte en las sierras del Tandil.
Indudablemente corresponde - a nuestro modesto criterio- al gobernador primero y Virrey después, Juan José Vértiz ser de los primeros que avizoraron la importancia de erigir en esta zona una fortaleza que frenara los ímpetus indígenas y propiciara con ello la tranquilidad de "la frontera" para permitir que las estancias y sus hacendados pudieran hacer sus pingües negocios.
Ya los padres jesuitas, entre ellos el destacado Tomás Falkner, habían hablado maravillas de estas zonas ricas en tierras feraces y bellas y el recordado padre Lozano había reforzado esta visión, recomendando poner atención en el lugar que ofrecía. Visión de futuro que le dicen...
Todo esto y las futuras y numerosas expediciones que se sucedieron fueron en el siglo XVIII, en pleno período colonial, cuando la gobernación de Buenos Aires y luego el Virreinato eran apenas una parte real del actual territorio argentino.
Desde Manuel de Pinazo y Juan Antonio Hernández, enviados por Vértiz en 1770, a Pedro Pablo Pabón, Ramón Eguía y Pedro Ruiz, en 1772; Pablo Zizur en 1783 y otros menos conocidos delegados por los virreyes, hasta Félix de Azara, distintas expediciones recorrieron la zona, relevándola y dando en general opiniones favorables al establecimiento de fuertes en estas serranías y en las del "Vulcán", actual Balcarce.
Después de 1810, debemos señalar al coronel español acriollado Pedro Andrés García, como el precursor indudable de la fundación, puesto que encargado por la Primera Junta de Gobierno Patrio de recorrer tierras en manos de los indios, elevó después de variados y detallados reconocimientos, numerosos informes que finalizaron con el del 3 de febrero de 1823, en el que puntualmente y en forma concreta estimaba que en el Tandil debía asentarse una población estable con la previa fundación de lo que ello requiriese.
Para esa época ya era Gobernador de la Provincia el Brig. Gral. Martín Rodríguez, quien en 1820, luego de un ataque a la población de Salto, decidió por error de apreciación, dar un escarmiento a la indiada, a la que él culpaba del ataque, y que según lo que le habían informado sus allegados provenía de esta zona, cosa que no había sido así por cuanto aquellos que atacaron Salto fueron indios manejados por el chileno Carrera, quien no andaba por aquí precisamente.
A raíz de ello organizó lo que se dio en llamar la primera expedición al sur del río Salado, con los objetivos ya citados, concretándose la misma sin frutos algunos, salvo el mejor reconocimiento personal del gobernador, a la postre fundador de nuestro pueblo.
No conforme con ello y teniendo en cuenta que los ataques a las estancias próximas a Buenos Aires se sucedían. se reunió con sus principales asesores militares y políticos ( que entonces eran los mismos...), entre los que se contaban los prestigiosos generales José Rondeau y Francisco Fernández de la Cruz, el parisino Ambrosio Cramer y el polaco Juan Bulewski, estos últimos veteranos napoleónicos, hacia fines de 1822, para decidir que hacían de allí en más con la idea que estaba gestándose de integrar un poderoso ejército para fundar por lo menos dos fuertes y escarmentar a la indiada de estos lares, ya por entonces totalmente araucanizada.
No sabemos bien si el ya citado último informe del coronel Pedro Andrés García, de febrero de 1823, llegó a manos de este grupo que encabezaba el Gobernador, pero lo concreto es que ese año, y luego de analizar pormenorizadamente el plan, se puso en marcha antes de la llegada del otoño, la expedición que contaba con alrededor de 2700 hombres y toda la logística necesaria para levantar dos fuertes bien pertrechados, uno de ellos en el Tandil y el otro en las serranías del Vulcán.
Pocos han reparado en la dimensión extraordinaria de este ejército, si lo comparamos, por ejemplo, con el que comandó gloriosamente el Libertador José de San Martín en la campaña de los Andes. No es el momento ni el sentido de la página- ni tendríamos espacio- pero está pendiente algún trabajo al respecto.
El 9 de marzo de 1823, las tropas cruzaban el siempre problemático río Salado, con todos los inconvenientes que ello representó y tras dos semanas de marcha, el 24 de ese mes, ya con los primeros fríos otoñales, acampaban en las proximidades del arroyo Chapaleofú. La fundación se aproximaba...
Reunida la plana mayor, se decidió que una comisión integrada por Ambrosio Cramer, José María de los Reyes (joven e inteligente ingeniero militar, secretario del Gobernador), Juan José Salses y ayudantes, relevaran las inmediaciones para traer las conclusiones finales para la toma de la decisión última.
El trabajo de esta comisión fue terminante: el lugar adecuado para levantar un fuerte era el situado en las proximidades de los faldeos serranos, entre dos arroyos que proveerían agua fresca y que corrían desde las sierras hacia la llanura. El lugar fue aprobado y los planos con leves modificaciones también, por lo que restaba poner en marcha el final de este proceso : aún sin amanecer, a las 6 de la mañana del 4 de abril y al sonar de clarines y tambores de la precaria banda de Cazadores y de las pequeñas campanas de la futura capilla castrense, acompañadas por salvas de artillería y alumbrados por la escasa luz de fogones, antorchas y unas pocas lámparas, se daba comienzo a los trabajos para levantar lo que sería la fortaleza de la Independencia, cuyas murallas de piedra del lugar, la constituirían en una de las pocas similares en el territorio nacional. Doscientos sesenta hombres al mando del sargento uruguayo Juan Santiago Warcalde estaban dando a luz a Tandil...

FUSILAMIENTOS POST FUNDACIONALES
A los seis días del histórico acontecimiento, una docena de los milicianos que integraban la tropa como "voluntarios", sufridos y a veces maltratados, habían huido del campamento buscando lo que ellos creerían como mejores horizontes.
Inmediatamente el Gral. Rondeau dispuso una partida para proceder a su búsqueda, siendo apresados días después ocho de ellos, los que fueron trasladados el 14 de abril, hasta el campamento en las proximidades de donde se estaba levantando el Fuerte.
Al día siguiente y en virtud del bando oportunamente emitido por el Gobernador al partir desde el Salado, los ocho integrantes de la expedición fueron fusilados por desertores. Serían las primeras víctimas fundacionales.

LOS PRIMEROS MÁRTIRES
A fines de abril, Martín Rodríguez decidió emprender el camino hacia Sierra de la Ventana con el objeto de explorar la zona y verificar la posibilidad de levantar alguna fortificación. Ya los fríos y primeras heladas afectaban a hombres y animales.
La indiada había seguido de cerca los movimientos de la tropa por la zona y más allá de algún amague y reconocimiento, nada había pasado. Sin embargo el 5 de mayo una partida de indios parlamentarios, con sus respectivos lenguaraces, se aproximó a la expedición y pactó la entrega de rehenes mutuamente, para asegurar que nada pasaría hasta acordar entre ambas partes.
Pasaron tres días en la zona del actual partido de Benito Juárez, cuando ante la ausencia de los parlamentarios que no regresaron y también de los rehenes, se ordenó una operación de rastrillaje de la zona.
La cruel verdad apareció a la vista, los cuerpos lanceados de los voluntarios que confiados habían sido entregados como rehenes, yacían en las cercanías de una laguna la que a partir de aquel sangriento hecho, se llamó "La Perfidia".
Allí quedaron para siempre los jefes Mariano Miller y Juan Bulewski, los capitanes Bot y Ferrer, el porta Alvendin y el teniente Montes, dos cornetas y un lenguaraz.
Las huestes de Lincon y Pichiloncoy habían faltado a la palabra y los primeros mártires de la fundación fueron sus víctimas.

EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA TANDIL
El misterio acerca del significado del topónimo Tandil continúa en nuestros días. El autor de estas páginas publicó oportunamente un estudio donde se rastrearon alrededor de treinta acepciones, provenientes de diversos autores, llegando a la conclusión que Tandil es una palabra de original pronunciación mapuche, deformada por el uso castellano y que- como quedó dicho- es conocida desde muy antiguo.
Según las investigaciones realizadas hasta hoy, sólo puede afirmarse que tiene relación directa con las formaciones rocosas típicas de nuestra serranía.
En su momento rescatamos cuatro posibilidades: a) peñascos o rocas caídas, derrumbadas; b) peñasco al caer (por la Piedra Movediza); c) lugar de rocas para la reunión (corrales protectores o para rituales) y d) peñasco o roca donde pastorea el ganado.
La romántica expresión " Piedra que late", obviamente también referida a la célebre Piedra Movediza, podría también tener algún asidero lingüístico, aunque menor.

POR QUÉ SE FUNDÓ TANDIL
Luego de los antecedentes ofrecidos y conocidas las circunstancias que rodearon el contexto de la fundación, cabe preguntarse por qué se fundó finalmente Tandil.
Creemos que surge claramente que en primer término hubo una decisión política, impulsada por el Gobernador Martín Rodríguez, a instancias de razones económicas, tal como lo deja entrever en sus palabras, concretada con ingredientes de carácter militar y con la íntima convicción que la o las fundaciones beneficiarían su ansiada reelección, frustrada a manos del Gral. Las Heras.
De todas maneras queda largamente fundamentado el objetivo de levantar en estas tierras un fuerte desde la época colonial. Atribuimos pues a la mencionada decisión política la fundación que nos permite hoy disfrutar de este valle encantado.

Daniel Eduardo Pérez

miércoles, 15 de febrero de 2017

VILLA AGUIRRE, un barrio con historia.

UN BARRIO CON HISTORIA
VILLA AGUIRRE

La historia de nuestro Tandil ofrece siempre facetas poco exploradas, especialmente cuando de “micro” historias se trata, por eso nos atrae  brindar, siempre que podamos, alguna novedad en ese sentido.
Hoy es el turno de una barriada tradicionalmente vinculada a una parte importante de nuestra sociedad, conformada mayoritariamente por humilde gente de trabajo y también-por qué no decirlo-olvidada por años en cuanto a obras indispensables para una vida digna. De esa barriada, por obvias razones de espacio, brindaremos un panorama sintético de su origen y desarrollo.
Luego de fundado Tandil en 1823, poco a poco se fue extendiendo la población, primero en torno al Fuerte y luego, con la llegada del FF. CC en 1883, hacia el barrio de la Estación, que de alguna manera fue como “barrio”, uno de los primeros.
Hacia las “afueras”, detrás de las cuatro avenidas, la zona de quintas y chacras, era la periferia “alejada” del centro.
Así por ejemplo, donde está la Escuela Normal estaban las Ferias, cedidas por el Municipio a la Asociación de Ferias (una especie de proto Sociedad Rural)  y donde está la Plaza Gral.M. Rodríguez, estaba la Plaza de Carretas desde 1879, abarcando originalmente las dos manzanas.
Los  primeros pobladores de fortuna fueron levantando sus estancias, algunas de ellas no muy lejanas a la actual ciudad, tal el caso de las de Ramón Santamarina y su familia: La Indiana, Bella Vista y Ramón I, entre ellas.
Precisamente podemos afirmar que fue Bella Vista la más antigua de las cercanas a la actual Villa Aguirre , si bien debemos darle prioridad a otra menos antigua de esa familia:  Sans Souci por estar hoy dentro mismo del barrio.( en el capítulo XXIV nos extendemos sobre ella y sus dueños originales, Si queremos delimitar lo que  denominamos Villa Aguirre, podríamos entonces, arbitrariamente, ubicarla entre la ruta 226, la calle Pujol, la Circunvalación y la calle Mons. Actis en una hipótesis de máxima, dado que la calle Cuba –que limita el Hipódromo-podría ser la de mínima.
Asimismo debemos consignar que dentro de lo que hoy es la Villa o cercanos a ella, existen otros “barrios” menores con sus propias denominaciones tales como el 25 de Mayo, La Tandilera, Kaffka  y más allá El Molino.
Uno de los interrogantes que primero surgen cuando hablamos de la Villa, es quién fue el tal Aguirre que le da su nombre. Pese a los esfuerzos hechos hasta el momento de aparecer este capítulo, es poco lo que hemos podido averiguar sobre el tal Aguirre, aunque sí dimos con el nombre del propietario de  tierras en esa zona-gracias a la colaboración del amigo José L. Betelú y el Agr. Jorge Zabaleta- y que fue Manuel Aguirre y Esnaola, de ascendencia vasca, que era el dueño de tierras en la zona, figurando ya en la mensura de 1866 de Chapeaurouge, en la chacra 84 manzana L (entre la Ruta, Ugalde, Pío XII y Güemes) que fue subdivida en 18 lotes. Al lugar se lo conocía  como “la villa de Aguirre”, finalmente la que dio el nombre a la actual Villa de Aguirre. Enigma descifrado…
Hablar de esta barriada nos lleva necesariamente a referirnos al Hipódromo, indudable pionero como centro en torno al cual se articuló originalmente la misma, motivo de nuestra atención, porque más allá de la existencia ya citada de las antiguas estancias, fue el motor principal en sus comienzos.
El Hipódromo nacido gracias a la Asociación Circo de Carreras Tandileras-nombre original-, considerada la más antigua de su tipo en  Sudamérica, ya que fue creada el 14 de abril de 1866.
Ese día el Cnel. Benito Machado y otros ilustres vecinos, junto a casi un centenar de hombres, resolvieron crear la entidad que a la postre concretó el que sería el primer hipódromo  de  nuestro país (el de Palermo fue creado en 1876) y hoy uno de los más antiguos de Sudamérica.
Para ello, entre las primeras medidas estuvo la adquisición de un predio en las “afueras” del pueblo donde está hoy, (entre las calles Cuba y Peyrel, con frente a Darragueira) de 103 ha., para cumplir con el objetivo de “lograr el mejoramiento de la raza equina, tan útil por todo concepto al hombre”.
 Además, -como afirma el periodista Martín Glade en La Nación-“uno de los fines, nunca escritos de la conformación de la asociación, fue la unión, en un ámbito amigable, de los pobladores enrolados en las filas del mitrismo y del alsinismo, corrientes políticas entonces opuestas”.
En sus primeros años, las carreras se armaban espaciadamente, tras un sorteo entre los socios, para resolver quiénes podían presentar sus caballos para animarlas. Sin embargo, el incumplimiento de algunos ante este compromiso, hizo que se decidiera considerar esta elección como obligatoria e inexcusable.
Eran épocas-continúa Glade- en las que se corría a varias vueltas, y los jockeys, lejos de la atractiva vestimenta de hoy , montaban en camisa y con vincha, directamente sobre el pelo del animal y sin ningún tipo de calzado especial.
De a poco, la entidad fue afianzándose, siempre con un número reducido y elitista de asociados, y, mes tras mes, fue poniendo a punto su estatuto.
Así, por ejemplo, el 1° de noviembre de 1869 se decidió "llevar un individuo de reconocida probidad para recoger las tarjetas en los días de carreras" y un mes después se resolvió que ya era el momento adecuado como para dotar a la pista de carreras de palcos, por los que los mayores de 12 años debían pagar 5 pesos de la época y las "señoras" no abonaban el ingreso”
.
El inicial crecimiento, tuvo su primer tropiezo unos 10 años después, cuando se resolvió arrendar el predio a Juan Elgue, ante "el abandono del circo de carreras y que sólo se hace del terreno que lo compone un uso ocasional".
Como era de rigor,
se realizó el  inventario, en el que, con una minuciosidad propia de aquella época, constó que se cedió hasta "una percha y un mate con bombilla".
Vencido el contrato con Elgue, se aprobó otro en el que un tal  Eugenio Font se comprometió, además de pagar 3700 pesos anuales para dedicarse al "pastoreo y labranza" a "matar todas las vizcachas"….
En las últimas décadas del siglo XIX debió ceder parte de su terreno para facilitar el tendido de las vías del ferrocarril del Sud, y  en una asamblea del 31 de mayo de 1896, resolvió cambiar su nombre por el actual, el de Club Hípico, donde además se dio un paso fundamental al dejar de lado su propia reglamentación, para adoptar la del prestigioso Jockey Club de la Capital.
Pese al impulso que parecía contar el club, se llegó a momentos complicados para una institución  de sus características y por ejemplo, durante todo 1901, "ha sido imposible realizar carreras pues, a pesar de la propaganda organizada, nadie se presentó a anotar caballos".
Las jornadas domingueras eran, en esos lejanos comienzos, amenizadas habitualmente por la Banda Municipal, y allí se daba cita una cantidad apreciable del pueblo para ser testigos apasionados de las carreras y desafíos entre los propietarios de caballos, donde entrenadores, cuidadores y jinetes cobraban especial relevancia.
Según la tradición oral, hacia finales del siglo XIX uno de los personajes habitué destacados  fue Julián Andrade, el célebre compañero del mucho más célebre Juan Moreira , (muerto en 1874) inmortalizado luego por la literatura y por los Podestá en las representaciones de su Circo,
Por entonces, la actividad turfística local quedó en un segundo plano, con dos o tres carreras al año, o, como en 1906,en que “no se realizaron reuniones hípicas por desidia de los aficionados", según consta en un acta.
En 1916 con motivo del centenario de la Independencia, el 9 de Julio se corrieron carreras de autos, las que se repitieron en 1924, l925 y l929, además de las de caballos, origen principal del circo de carreras. En 1918 se autorizaron las obras para tribunas y otras construcciones y el 13 de enero de 1927 se produjo la inauguración del complejo con una gran reunión hípica, a partir de la cual se establecieron las caballerizas, “studs”, de importantes amantes del turf como Antonio Santamarina, Diego Lezica Alvear, Valerio Zubiaurre, Diógenes Ruiz, Eduardo Molina y Pascual Carcavallo entre otros, todos ellos relacionados a Tandil.
Apenas un año después de aquella inauguración, el 1 de febrero de 1928, debió clausurar sus instalaciones  por la Ley de la Provincia que prohibía estas prácticas en su territorio, clausura que duró hasta 1934. En ese año la reforma constitucional permitió reiniciar las actividades, destacándose la labor de las llamadas Comisiones de Carreras del Club Hípico, con hombres que como Diógenes Ruiz, Argentino Olmos, Julio Dhers, Bautista Diez, Francisco Osa, los hermanos Alberto y Ubaldo Zubillaga y Manuel y Florencio Otero, así como los citados A. Santamarina, Juan Zerillo, el Tte. Cnel. Luis Dibetto, César Lisarrague y otros, le devolvieron brillo a las actividades hípicas.
También la tradición oral nos dice que el mismo Carlos Gardel visitó el Hipódromo, habida cuenta de su pasión por los caballos, en una de sus visitas  a Tandil, donde a Diógenes Ruiz-que fue su anfitrión –le regaló su reloj de oro que luego sus familiares donaron al Museo del Fuerte de donde, como sabemos, fue robado.
En 1953 fue intervenido por la provincia, retornando a manos de los socios en 1956, después de la revolución que derrocó a Perón.
Si a  principios del siglo XX, fue el centro de las actividades sociales y deportivas de la ciudad- en 1900 por ejemplo se corrieron algunas de las primeras carreras de bicicletas- su momento de mayor esplendor fue en la década del ‘60, cuando por el número de carreras y la cantidad de caballos y apuestas se convirtió en el tercer hipódromo en importancia del país.
En 1957, para orgullo local, el jockey Danilo Vidal en la monta de Largoveo triunfaba en Palermo en un final de bandera verde, derrotando al legendario Irineo Leguisamo que montó a Irrintzarri. Otro Jockey de la ciudad alcanzaría el privilegio de ser el primer tandilense ganador en el Hipódromo de La Plata: Roque Barrera con el caballo Pamperito, destacándose también el legendario Hipólito Milán.
El hipódromo se recompuso de aquel parate, adquirió su fisonomía actual  y fue recuperando el brillo de sus primeros años, con grandes carreras dominicales, cerca de 50 jornadas al año y caballos que luego triunfaron en Palermo, como Chunga II.
Después, llegó la época de los apoyos oficiales de organismos de Lotería y una jornada todavía recordada en la zona, fue la vivida el 17 de abril de 1966, cuando, con motivo del centenario de la entidad, se realizaron seis carreras, con 75 inscriptos y el récord de  entradas vendidas y boletos jugados.
Poco duró esta “primavera” del viejo “circo de carreras”, porque un par de años después, todo empezó a cambiar, con restricciones oficiales para la realización de programas y carreras resuelta para Tandil y Azul; la gloria de otros años- donde un 10 de diciembre de 1970, el mismo Leguisamo corrió en su pista montando a Trivela- dio paso al abandono paulatino del lugar, que por varias décadas permaneció casi ruinoso y olvidado.
La última carrera se disputó el 6 de mayo de 1984 y desde entonces el predio quedó abandonado por veinte años. En el 2004, el Municipio de Tandil se hizo cargo del mismo mediante un acuerdo con el Club Hípico e inició el proceso de recuperación que tuvo su reinauguración el 13 de marzo de 2005 y su broche con la licitación de la concesión del Hipódromo, adjudicada a la empresa Vistas Serranas que procedió a  su reapertura, el 5 de marzo de 2006, a más de dos décadas de la última carrera.
El hermoso predio convenientemente reacondicionado, comenzó nuevamente a ser usado para su fin fundacional y para muestras importantes, albergando además, por ejemplo, la tradicional Feria de Vendedores en Semana Santa.
Otro hito en el crecimiento del barrio fue la fábrica La Tandilera, si  bien de ella hablamos en el tomo II al referirnos al origen de la quesería en Tandil, vale la pena recordar algunos de los pasos que llevaron a la instalación de esta muy importante industria, que fue otro de los ejes sobre los que se forjó la Villa.
Abierto el mercado de Londres para la manteca argentina en la última década del siglo XIX, comenzó a ser más intenso el interés por esta industria y así afluyeron capitales y elementos.
Respecto a La Tandilera, Gorraiz Beloqui sostiene que en 1896, el belga Enrique Schoch, encargado por la firma inglesa Lowell and Christmas, la fundó, trabajando durante varios años hasta que al no ver las ganancias que pretendía la dejó en manos del anglo-australiano H. Reynolds quien, luego, junto a su connacional Alfredo W. Wesley, hombre de clara inteligencia y un gran emprendedor, la llevó adelante.
La existencia, desde 1907, de fábricas del  español Casimiro Núñez en las estaciones Iraola y De la Canal, en las que poseía cremerías y queserías al igual que en otras estaciones menores, hizo que finalmente la competencia que resultaba negativa para los dos, terminara con la fundación de La Tandilera S.A.,  incorporando los capitales de la compañía de Núñez, el 1 de octubre de 1912. A ellos se habían agregado además los capitales y tambos de Martín Eder y Martín Compás-según Fontana- haciendo que La Tandilera y las fábricas incorporadas, aportadas por Núñez, constituyeran un emporio inigualable.
En ese primer año produjo casi 1500000 kg. de quesos y 500000 de manteca. Al año siguiente,1913, la firma Luis Magnasco y Cia (de plena vigencia y expansión en Buenos Aires, adonde habían llegado los hermanos José, Luis y Fortunato Magnasco desde Italia, en 1855, fundadores de la familia que dio nacimiento a  S.A. Luis Magnasco  y Cía. Ltda.), se hizo cargo de la distribución en todo el país de los productos de La Tandilera, tomando esta firma, diez años después, el control de la fábrica que tanta fama le diera a nuestra ciudad en aquellos tiempos, donde la marca del quesito Chubut perduró en el recuerdo.
En 1940, un descendiente de los fundadores,  el Dr. Atilio Magnasco (fallecido el 25 de marzo de 2008)  quedó al frente de la fábrica, conduciéndola con capacidad y vocación de empresario visionario, hasta que las condiciones generales de la economía del país y otras circunstancias, llevaron a la venta de La Tandilera, hace pocos años, a la firma de los hermanos Mastellone, propietario de la mega empresa La Serenísima, siempre sobre la calle Aeronáutica Argentina, que fue testigo permanente del trajinar de proveedores y obreros desde aquellos lejanos tiempos fundacionales, que tanta vida le dieron a la Villa. (Sobre la quesería en el Tandil puede consultarse el Cap. XX del tomo II de Historias del Tandil.)
La ruta nacional 226 era por entonces un camino de tierra que más que un medio de comunicación con Azul, era un verdadero tormento cuando llovía y se hacía intransitable, tardando muchos años en llegar el asfalto, sin embargo era la que delimitaba el barrio al que también se lo conocía como”el del otro lado de la ruta”, como a Villa Italia se la conocía como el barrio “ del otro lado de las vías”.
Los primeros comercios se establecieron para abastecer a los habitantes que se iban radicando (cuidadores, vareadores, jockeys, obreros de La Tandilera, etc) y además para las necesidades de peones y demás pobladores de las estancias mencionadas, aunque los dueños de las mismas se abastecían generalmente en la ciudad.
Uno de los comercios emblemáticos de Villa Aguirre, que marcó una época y fue por años el almacén y algo más,  fue  El Surtidor de Manuel Agüera, en Darragueira e Ijurco.
La década del ’50 fue la de un crecimiento sostenido: en esos años se radicó Kafka,  una curtiembre que cobró fama internacional por sus “gamulanes”, llegando a ocupar gran número de operarios y dando vida a esa parte de la Villa; también en esa década se creó el Club Defensores de  Villa Aguirre .
Los pioneros de este Club, que se reunieron por primera vez en enero de 1951, eran jóvenes adolescentes provenientes de humildes hogares que querían lograr un lugar para la práctica del fútbol y le pusieron Club 17 de octubre, para ello se entrevistaron con J. Berriry, encargado de Vialidad Nacional por esos tiempos, en que la ruta 226 era de tierra y recién se comenzaban los primeros trabajos para la nivelación de la misma.
Con las moneditas juntadas pudieron ir armando la cancha y con la colaboración de vecinos y de hombres como Anacleto Ijurco, a la sazón importante dirigente del peronismo, fueron obteniendo las camisetas y todo lo mínimo necesario como para empezar su actividad.
Quedó luego integrada la primera comisión del “17 de octubre” presidida por  Héctor Ribas y con  Pedro Ghezzi de vicepresidente y  Roberto Laulhé de tesorero.
Las intenciones chocaron inicialmente, entre otras cosas, con la minoría de edad de los fundadores por lo que después de varios meses y ya con 250 socios, convocaron a una  reunión en el mítico almacén El Surtidor, que dio nacimiento al Club Defensores de Villa Aguirre como nueva entidad en ese mismo enero de 1951.
El Club tuvo su apogeo y luego su decadencia, habiendo participado en los torneos de fútbol, con una buena actividad social y hasta con  una biblioteca en la sede propia que con mucho esfuerzo levantó en Nigro 1620,  hasta que razones económicas y diversas peripecias,  lo llevaron a su fin. Allí fue cuando-luego del abandono en que estuvo varios años- la Universidad dio forma a la posibilidad de recuperar el lugar con fines educativos y de capacitación y fundó la Universidad Barrial Villa Aguirre, de la que nos ocuparemos en los próximos  párrafos.
Por su parte, la religión llegó al barrio con la incansable labor de los padres franciscanos siendo la primera capilla la de Nuestra Señora de Lourdes ,que data de 1958 en la calle Peyrel, dependiente de la Parroquia de San Antonio y años más tarde, en 1978, se erige la segunda capilla, la de San Cayetano en la calle San Francisco 2148, dotada en  1991 de su actual construcción, receptora de innumerables fieles provenientes de todo Tandil, para la celebración, el  7 de agosto, del día del Patrono del pan y el trabajo, también dependiente de la Parroquia citada, siempre atendida por los padres franciscanos, hasta que en años recientes dejaron Tandil por orden superior. Sin embargo siguen en la Villa vigentes los recuerdos de sacerdotes como Pedro  Passarelli y   Franco Egidi, entre otros.
A fines de 2010 fue elevada a parroquia  y en 2011 fue designado el padre Fabián Gerez como primer párroco, quien en los primeros días de 2017 fue trasladado Benito Juárez. 
También otros cultos cristianos han erigido sus templos en la Villa con una labor destacada en favor de la espiritualidad de sus vecinos.
Otras inquietudes, como la del Grupo Scout “Brig. Gral. Martín Rodríguez”, permitió la creación en 1987 del Grupo Scout “Pedro B. Palacios-Almafuerte”, que funcionó en el ex Club Defensores desde 1991, cedido por la Sociedad de Fomento “La Esperanza”-en ese momento a cargo de las instalaciones – el que luego de pasar por varios lugares, está funcionando en el predio de Sans Souci con la colaboración de  la Cooperadora del Instituto Superior Nº 75.
Por su parte la educación  brinda sus servicios a través de la Escuela Nº 47 “Cnel. Benito Machado”,en la calle Ugalde 1497, creada en 1958 y la Escuela Nº 59 “Juan Fugl”, en Independencia 2112, en tanto la Media Nº 4  “Dr. Marciano Alduncin”, en Colectora Macaya 2094 y la Escuela de Educación Técnica 1 en Colectora Macaya y Nigro, satisfacen los requerimientos de nivel secundario y la Especial 504, en Nigro 2200,  los Jardines de infantes y el Centro Educativo Complementario 802, completan el abanico donde los niños y jóvenes de la Villa y de otros barrios se forman para el futuro.
La  ruta-en realidad como quedó dicho, un desastroso camino de tierra- recién al final de la década del ’50 comenzó a ser pavimentada, siendo inaugurado su asfalto el 28 de  mayo de 1961, con la presencia del  gobernador Oscar Alende y el Intendente Juan Roser, luego  que la empresa Burgwardt  y Cía. finalizara la obra.
La llegada de los servicios tardó tanto, que recién  en 1977 se conectó  el gas y en estos días  se están conectando las cloacas, aunque, por otra parte,  las calles más alejadas del centro de la Villa, continúan aún sin pavimentar.
Un aporte valioso fue el realizado por  la Sociedad de Fomento Unión y Progreso de Villa Italia , que adquirió a finales de la década del ’70 a la Iglesia Anglicana, siendo presidente Américo Reynoso, las cuatro manzanas y media que integran la Quinta “La Florida”, sobre la calle Aeronáutica Argentina, para la práctica deportiva y recreativa, dando a ese sector una vida que no tenía, especialmente desde comienzos de 2009, cuando la Municipalidad la refuncionalizó y hace las veces de usuario, en convenio con Unión y Progreso.
En 1964 se fundó la Sociedad de Fomento de Villa Alduncin, representando un aporte más a la barriada.
La Villa siguió creciendo y en 1999 se creó la Biblioteca del Barrio 25 de Mayo, no descuidándose la salud que es atendida en las Salas de Primeros Auxilios, una en proximidades del Hipódromo, en  Darragueira y la otra ubicada al lado de la Capilla San Cayetano, en la calle San Francisco.
La más reciente creación institucional es la Universidad Barrial, que como adelantamos en párrafos precedentes, funciona en lo que fuera el Club Defensores de Villa Aguirre, obra de la Universidad inaugurada con la presencia del Vicepresidente de la Nación y del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el  29 de abril de 2005 con el nombre de "Universidad Barrial Sede Villa Aguirre".
La  Universidad puso en marcha allí un Centro de Capacitación, Cultura y Deportes, el cual forma parte de un proyecto mayor: el Centro Comunitario Educativo.
Los objetivos de la UB pueden resumirse en:"Brindar oportunidades educativas, culturales, deportivas y recreativas tendientes a incrementar a través de la formación y desarrollo de competencias los niveles de inclusión social de los ciudadanos en el marco de un modelo de desarrollo nacional, que incluya la participación articulada de los distintos sectores de la comunidad". 
Por su parte la Municipalidad creó un nuevo espacio de recreación y encuentro para todos los vecinos, inaugurado el 7 de marzo de 2006, con un acto que  se desarrolló en la plazoleta situada en Colectora Luis M. Macaya y Nigro.
En el sitio, las obras realizadas por la Comuna, y con la colaboración de la Iglesia Evangélica Misionera, permitieron la instalación del renovado espacio que posee bancos, juegos y parquización adecuada y que apunta a la integración social y al encuentro de vecinos y el desarrollo de la infancia, en un sitio público que brinda un ámbito para el juego, el crecimiento y la recreación de todos los niños. A todo ello se incorporó otro emprendimiento municipal, el Centro Comunitario Villa Aguirre que se inauguró el 21 de marzo de 2006.
Desde aquellos viejos tiempos en que las estancias de los Santamarina dieron vida incipiente a la zona y en los que hasta los mismos seguidores de Tata Dios, seguramente, en su funesto recorrido, pasaron por sus actuales calles, hoy Villa Aguirre es uno de los barrios más poblados y en expansión, cuando hasta no hace tanto años parecía alejado y periférico, con un progreso constante gracias al empuje de sus vecinos, trabajadores de pura cepa y a comerciantes emprendedores, que desde supermercados a farmacias, han dotado a la Villa de todo lo necesario, como cuando en los viejos tiempos lo hacía El Surtidor.

                                    Daniel Eduardo Pérez


                                                   

miércoles, 18 de enero de 2017

OSVALDO ZARINI

ZARINI
EL MAESTRO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DE TANDIL


Usted, amigo lector, está leyendo un título que a primera vista puede parecerle, casi seguramente, exagerado. Como no es así, trataremos en este capítulo de hacerle conocer-si ya no la conoce-algunos aspectos de la vida y obra de Osvaldo Marcelino Zarini y los fundamentos en que se basa la afirmación que le  da el título a este capítulo.
El siglo XX registra en la historia de Tandil, muchos hechos, procesos y personajes que han quedado grabados a fuego en sus páginas por motivos diversos.
En algunos casos porque se han destacado en actividades varias y lo han hecho sobresaliendo en el contexto social de su época.
Existen otros  que han abierto una puerta hacia un camino que ha servido para que la vida y la historia de nuestra sociedad de los tandilenses, cambiara sustantivamente, dando una vuelta de página para continuar con otros capítulos que se han forjado sobre la base de ese camino que, volando por sobre la imaginación de pocos, sirvieron para las generaciones posteriores. Tal su trascendencia. Ese es el caso del hombre que da nombre propio a esta pequeña nota.
Lo notable es que quien lo hizo fue un maestro y no todos los días en nuestra historia ocurre. Es que desde los tiempos de Sarmiento, Estrada, Juana Manso-por mencionar sólo tres de los más destacados, en el orden nacional o Juan Fugl en nuestro pago-los maestros ocupan un lugar cada vez más pequeño en la consideración social y aún-lo que tal vez sea una grave consecuencia-en el mismo Estado.
Hijo único del matrimonio de Carlina Zulberti y Pablo Zarini, Osvaldo Marcelino nació en Tandil el 24 de marzo de 1925. Su padre, formado en la estirpe italiana del trabajo y la honestidad, se desempeñó en diversas tareas, entre ellas como empleado del Correo-cuando estaba en la esquina de Av. España y Alem (hoy venta de motos) y fue quien  encaminó a Osvaldo por el sendero del estudio y  de la música.
«Desde chico aprendió violín con el maestro Isaías Orbe –recuerda su viuda Lidia Pina-, y en los carnavales de la época participaba de las comparsas con su instrumento. Además había ganado un concurso de cantores de tango y el apodo de «Gardelito», que lo llevó a actuar desde niño en espectáculos. Después tomó lecciones de guitarra, instrumento con el que se acompañó, dejando el violín»
Cursó sus estudios primarios en las escuelas  Nº. 2 «Carlos Pellegrini» y  en el anexo de la Escuela Normal, donde recibió de sus maestros elementales la fuerte vocación sarmientina que lo marcaría para toda su vida, continuando sus estudios secundarios en la misma Escuela Normal, de donde egresó en 1942 con el título que más apreció en su vida: el de maestro.
Al año siguiente de terminar en la Normal, obtuvo el título de Bachiller en el Colegio Nacional “Esteban Echeverría” de Azul y el de Profesor de Inglés en Tandil y Buenos Aires, fundando en la casa de su madre –Gral. San Martín 514- el Instituto General de Enseñanza Profesional «Mariano Moreno», en 1943, cuando contaba 18 años de edad.
En dicho Instituto -que luego se trasladó a Yrigoyen 588- junto a sus colaboradores daba clases de inglés, dactilografía, contabilidad y taquigrafía y a la postre sería el numen de los estudios universitarios en Tandil.
En 1948 fue elegido presidente de la Federación Estudiantil de Tandil, que reunía a estudiantes secundarios y ex alumnos con fines sociales y culturales e ingresó como profesor de materias didácticas y Práctica de la Enseñanza en al Escuela Normal, donde  ejerció hasta su muerte.
«Le gustaba mucho bailar -nos acota Lidia- y precisamente nos conocimos en una tertulia bailable del Club Juventud Unida. Aquellas tertulias que comenzaban a las 19 y terminaban a las 22. Eran otras épocas...»
“Estuvimos dos años de novios y nos casamos el 15 de octubre de 1949. Vivimos en Gral. Pinto 1066 y después, alquilando, en Gral. San Martín 514 y él daba clases en la Escuela Normal y de Comercio, también en la del Hogar de Varones y en la Universidad Popular Argentina (UPA), además de inglés en la Base Aérea y en el Comando.
“Recuerdo que tenía activa participación en la Federación Estudiantil de Tandil, de la que fue presidente, y que también llamaban Club Federativo.
“En 1950 nació Cristina y enseguida se propuso seguir Derecho, inscribiéndose en la Facultad respectiva de la Universidad Nacional del Litoral, para cursar libre. Las inundaciones de noviembre de 1951, le impidieron viajar en ese momento, fue como el comienzo de las dificultades, ya que ese año mismo murió nuestra hija Cecilia Noemí y además la situación económica era regular»
Manteniendo el hogar con su labor docente, Zarini cursó libre la carrera de Derecho en la Facultad  de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe) graduándose de abogado en 1956, con todo el sacrificio que ello significó, instalando su estudio en1957 y ejerciendo pocos años la profesión, atrapado luego por la Universidad y la docencia.
«En aquella época no era como ahora que se acostumbra -cuando se puede- salir con otros matrimonios, pero teníamos amigos como Oscar Garaguso, Raúl Camino Mendiberri (sacerdote)  y Raúl Ouvrard.
“Le gustaba mucho el deporte en general, pero especialmente el fútbol. Era fanático de San Lorenzo aunque yo era la contra, porque soy de Boca, y escuchaba siempre que podía los partidos por radio. También le gustaba el baile y el cine. Cuando tenía oportunidad, cantaba tangos o boleros acompañándose con la guitarra».
En 1958 fue designado asesor letrado de la Subsecretaría de Trabajo cargo que desempeñó hasta 1963. Despertó entonces  en él un interés especial por la Sociología, profundizando estudios en esta ciencia e ingresando como docente en el recordado ISER.
También actuó en la actividad gremial, así fue presidente de la Unión Tandilense de Educadores, entre 1959 y 1962. En esa misma época   comenzó a bullir en su espíritu la idea de dotar a Tandil de estudios superiores, para lo que creó, en 1960, el Departamento de Enseñanza Superior en el Instituto «Mariano Moreno», allí fue donde  a partir de 1962 dio  cursos regulares de materias humanísticas de excelente nivel y con una respuesta importante de alumnos, hasta que sus condiciones excepcionales de organizador lo impulsaron a convocar- junto a otros recordados docentes, como veremos- al pueblo y a sus instituciones para crear un Instituto Universitario.
En 1963 participó del XX Congreso de Sociología en Córdoba, especialmente invitado por el destacado pensador Dr. Alfredo Poviña, allí hizo valiosos aportes en el área de Sociología de la Educación y también conoció al Dr. Ernesto Eduardo Borga, a la postre uno de los profesores fundadores, a partir de la amistad allí nacida.
En 1963 los frutos se fueron dando y se creó una “Comisión promotora de estudios superiores con posible jerarquía universitaria”, estudios que a entender de los propulsores, Tandil ya requería, aunque en el seno de su sociedad no se tenía conciencia acabada de ello.
Conjuntamente, con el objeto de apoyar los trabajos de la Comisión Promotora, los estudiantes formaron una comisión presidida por el autor de este libro. Los trabajos previos avanzaron rápidamente de tal suerte que el viernes 27 de diciembre de 1963, una multitudinaria asamblea convocada por la Comisión Promotora de los Estudios Superiores, dio a conocer por boca del Dr. Zarini, las conclusiones favorables, las que luego de un debate participativo y en medio de un gran entusiasmo de la concurrencia, llevaron a que se constituyera oficialmente la Fundación  Pro Estudios Universitarios de Tandil. Era el primer paso orgánico hacia el sueño forjado durante tantos años con tantas ilusiones y tantas esperanzas.
El despliegue fue entonces casi febril: gestiones, cartas, entrevistas, recorridos casa por casa, viajes, amplia difusión por la prensa, fueron marcando el camino que llevaba a la creación de los estudios universitarios en Tandil.
 Culminando esa actividad fervorosa, el 11 de abril de 1964 la Comisión convocó a una nueva asamblea popular en el mismo lugar de la primera, la sala del Museo de Bellas Artes, con el objeto de dar a conocer el resultado de la inscripción y además el de las gestiones realizadas ante autoridades, así como los estudios y la propuesta, de crear en Tandil un Instituto Universitario, propuesta que fue avalada y fundamentada con ardor y aprobada por aclamación entre grandes aplausos.
Una cincuentena de alumnos regulares había apostado esperanzada a la iniciativa, que tenía la indiferencia de muchos y la oposición de otros, fundamentalmente por razones ideológicas  que no aceptaban a la educación de gestión privada. Lo cierto es que contra viento y marea Tandil avizoraba el comienzo de sus estudios universitarios.
El organismo fundacional, originado en aquella Comisión Promotora, quedó integrado con la presidencia del Dr. Osvaldo M. Zarini y los profesores Francisco Serrano, Manuel Naveiro, Marta Hargouas, Enrique Dabós, Lisardo Cabana, Elsa Zubillaga y María T. Suárez  García de Roca.
El sábado 30 de mayo de 1964, en el Salón Blanco de la Municipalidad, a las 18,30 se inauguró oficialmente el Instituto Universitario de Tandil con la presencia del Ministro de Educación de la Provincia Dr. René Pérez, el Intendente de Tandil, José E. Lunghi, el de Ayacucho, Alfredo Cordonier, el Obispo de Azul, Mons. César Cáneva y numerosos dirigentes institucionales de Tandil y la zona.
Hablaron distintas autoridades, pero el discurso más vibrante fue el del Presidente de la Fundación y quien regiría el Instituto, el del Dr. Zarini, que fue finalmente el ideario fundacional. En uno de sus párrafos dijo aquellas palabras proféticas que señalan todavía el camino: “La semilla está plantada en buena tierra, cuidemos su germinación... Nosotros abrimos las puertas de una modesta realización con la esperanza que los continuadores extenderán el surco y conformarán la huella, ensanchándola, para que transiten por ella las futuras generaciones” (NR: la negrita es nuestra)
Las clases de la Facultad de Ciencias del Hombre-primera facultad del Instituto inmediatamente convertido en Universidad-dieron comienzo el 5 de junio de 1964, en la casa alquilada a los hermanos Tangorra y ubicada en Gral. Rodríguez 1036.
Fue el comienzo tangible de una utopía concretada en realidad, vendrían luego los días de lucha para que Tandil creyera que podía tener estudios universitarios, lo que no fue fácil.
Las necesidades reales de la región y la cantidad de interesados, impulsaron un paso más y muy importante al año siguiente, 1965, cuando se creó la Facultad de Ciencias Económicas y posteriormente la de Ciencias Físico Matemáticas (hoy Exactas).
El crecimiento de la matrícula hizo que las instalaciones iniciales quedaran chicas y esas necesidades edilicias prácticamente obligaron a las autoridades del Instituto a buscar nuevos horizontes en materia de sede. Con un esfuerzo inmenso, se juntó algo de dinero, lo que permitió que el 19 de octubre de 1965 se firmara el boleto de compra de la propiedad de Gral. Pinto 348, que pertenecía a la familia Griecco. Los estudios universitarios en Tandil tenían su primera sede propia, la que fue inaugurada el 14 de mayo de 1966, con la presencia y la palabra del Rector-fundador, Dr. Zarini y del entonces Ministro de Economía de la Nación, Dr. Juan C. Pugliese.
Para reunir los fondos requeridos para el funcionamiento, Zarini promovió la creación de un Consejo Económico Financiero y de una Asociación Amigos, los que tuvieron a su cargo la siempre  difícil tarea de asistir económicamente al funcionamiento in crescendo del Instituto, a la par que se esperaba con honda expectativa el reconocimiento oficial, por parte de la Dirección Nacional de Altos Estudios del Ministerio de Educación.
La noche del 30 de abril de 1968 fue muy especial: esa noche se conoció el decreto  Nº 2227, por el que la ahora Universidad había sido reconocida provisoriamente.
Estudiantes, docentes y vecinos se volcaron espontáneamente en actos realizados frente a la Municipalidad y en la Universidad para festejar alborozados la noticia tan anhelada.
El crecimiento continuó y el 28 de enero de 1969 se autorizó oficialmente el funcionamiento de la Facultad de Veterinarias. La Universidad de Tandil tenía como Rector al fundador, como Presidente del Consejo Económico Financiero al escribano Dr. Néstor Caracoix y como Presidente de la Asociación Amigos al Dr. Hugo Saling.
Al año siguiente la Dirección Nacional de Altos Estudios autorizó nuevas carreras. La inscripción aumentaba y -como ya se mencionó- los espacios resultaban insuficientes. Nació así otra “quijotada”: comprar el  majestuoso Palace Hotel para sede de la Universidad.  Era como si hoy un grupo de vecinos de una modesta institución pensara en comprar la Posada de los Pájaros. Algo imposible. Sin embargo en enero de 1971, se firmó el boleto de compra -sin un peso en la mano- y solamente con la promesa del gobierno provincial de colaborar con una fuerte suma y con el subsidio que el Intendente Miguel Usandizaga otorgó.
La compra del Palace  se hizo realidad y la escritura fue finalmente firmada el 3 de junio de 1971 y el 5 de ese mes se procedió a la inauguración oficial de la nueva sede, con la presencia del Presidente Alejandro Lanusse, en tanto en el Aula Magna (la actual, que hoy lleva el nombre del fundador), se desarrolló la primera Colación de Grados
Zarini siempre fue un independiente en materia de afiliación política y así actuó en su vida pública, con el respeto de radicales, conservadores, peronistas, socialistas, pero -como nos dice Lidia- «tenía su idea, que era la del socialismo romántico, por la preocupación por la gente y sus derechos, y cuando se encontraba con el suegro, que compartía esos ideales, se trenzaban en largas charlas, entonces yo me quedaba un poco más tranquila», nos comenta Lidia.
“Sin embargo Osvaldo era profundamente religioso y creyente, compatibilizaba perfectamente lo político con lo religioso»
«La Universidad fue desde entonces mi peor enemiga, esa es la verdad, me robó a mi marido y le robó a mis hijos su padre, porque le absorbía todo el tiempo, aunque en aras del servicio a los demás. Primero estaba la Universidad, después lo demás, hasta tuvimos serios problemas económicos y la casa hipotecada en algún momento. Una mujer de hoy no sé si aceptaría aquella situación porque las mujeres de hoy son diferentes.
“Hizo todo lo que quería salvo escribir un libro, que era su otro sueño y seguramente hubiera sido sobre educación.»
«Los problemas de la incipiente Universidad, no los traía a casa, pero se encerraba por dos o tres días en un gran hermetismo, por la «bronca” que tenía por ciertas dificultades, aunque me aclaraba que el problema no era conmigo y Rivara no dudó en que era el hombre ideal para llevar adelante importantes proyectos para Tandil. El comodoro Rovere le había sugerido a Rivara su nombre”, nos comenta Lidia.
«Fue muy duro porque además de la Municipalidad tenía los problemas de la Universidad y después los del Ministerio de Educación». (Zarini fue designado en setiembre de 1971 Ministro, cargo que desempeñó hasta su muerte).
«Había momentos en que se pasaba dos o tres días sin hablar por los problemas del Ministerio o de la Universidad. Cristina estaba por recibirse de Licenciada en Ciencias de la Educación, Richard estudiaba abogacía y Edilio estaba en el secundario».
En ese año Zarini fue designado Intendente de Tandil por el citado Gobernador Rivara, que había descubierto en él a un hombre de asombrosa capacidad y había quedado deslumbrado por su oratoria y por su obra al frente de la Universidad.
Aceptó el cargo como servicio a la comunidad manteniendo el de Rector, que más que ad honorem le costaba a él y su familia verdaderos sacrificios. Era el comienzo de la recta final del fundador.
Su labor en la Municipalidad pronto adquirió resonancia provincial y al suceder Miguel Moragues a Rivara, Zarini fue convocado por el gobernador para ocupar la cartera de Educación. Su despedida como Intendente fue increíble; llevado en andas por los estudiantes en el Palacio Municipal y luego acompañado en La Plata por una casi multitud de tandilenses en la asunción. Algo sin precedentes...
La designación del Dr. Zarini como Ministro de Educación de la Provincia-cargo que asumió el 22 de setiembre de 1971-dejó en manos de un staff integrado por los profesores Francisco Serrano, Teresa S. de Roca y Enrique Dabós la conducción parcial de la Universidad, dado que el Dr. Zarini viajaba semanalmente para la toma de decisiones finales.
Las dificultades económicas comenzaron a agudizarse, pero estas circunstancias por las que atravesaba la Universidad, no hicieron mella en la férrea voluntad de Zarini, al que sin embargo el destino le deparaba la muerte en un fatal accidente automovilístico ocurrido el 18 de enero de 1973, cuando se dirigía desde La Plata a Tandil para terminar, ese fin  de semana, de preparar las carpetas con la documentación a entregar en el Ministerio para el reconocimiento definitivo.
Nacía una nueva etapa en la vida de la Universidad -a la que le fue impuesta el nombre de su fundador- y el mencionado staff acudió a las instituciones para lograr ayuda para  la Casa de Estudios, a la par que comenzó la búsqueda de un nuevo Rector.
Los partidos políticos y las fuerzas vivas se movilizaron ante la gravedad de la situación económica, que junto al inesperado  golpe de la muerte del Dr. Zarini, castigaban su presente y amenazaban su futuro.
La búsqueda de nuevo Rector dio sus frutos: un joven abogado porteño -amigo de amigos de la Universidad- aceptó el desafío de conducir los destinos de la Institución. Era el Dr. Raúl C. R. Cruz, quien en abril comenzó la complicada tarea de aunar voluntades en pos del salvataje económico de la Universidad.
Se sucedieron asambleas populares, toma incluida de la sede de la Universidad por los estudiantes, hasta que en mayo llegó el reconocimiento definitivo.
El Dr. Cruz procuró consolidar las estructuras académicas, administrativas y financieras, manteniendo un contacto fluido con las autoridades políticas tanto locales como nacionales y con los vecinos de Tandil que mostraron su generosidad, tanto desde el obrero más humilde a los empresarios.
Sin embargo los esfuerzos eran insuficientes y entonces comenzó a bullir en la mente del Dr. Cruz la posibilidad de una solución definitiva.
En conocimiento que en las ciudades de Azul y Olavarría había estudios universitarios dependientes de otras unidades académicas, (Agronomía e Ingeniería respectivamente) y en consulta con políticos locales que ocupaban cargos importantes en el orden nacional y con su aval, se dieron los primeros pasos hacia fines de 1973 para la estatización de la Universidad. Con ese objeto en diciembre se produjo una reunión convocada por el Intendente de Tandil, don Jorge Lester, con representantes de Azul y Olavarría, para intentar la formación de una comisión tripartita. Aprobada la idea, se integró la misma con  tres representantes por ciudad, siendo los de Tandil, el Dr. Cruz, el Dr. Jorge Zabalegui y el autor de este libro.
La Comisión Pro Universidad Nacional del Centro, efectuó reuniones y gestiones donde los acuerdos no  fueron fáciles.
Entrevistas con políticos nacionales y provinciales signaron el comienzo de 1974, hasta que en mayo de ese año, el borrador que el Dr. Cruz había elaborado se convirtió en anteproyecto y finalmente en proyecto de Ley, al que entusiastas y seguros, habían dado forma e impulsado los Senadores Dres. Juan Carlos Pugliese y Fernando de la Rúa.
El proyecto tuvo obstáculos que superar y nuevas gestiones ante diputados nacionales y senadores, fueron apoyadas permanentemente por el pueblo de Tandil que el 5 de setiembre de 1974 se movilizó masivamente y en forma simultánea, como pocas veces se vio en Tandil, con una entrega de carpetas con más de treinta mil firmas a la diputada Silvana Rota, de la Comisión de Educación, en apoyo del proyecto de Ley.
Finalmente y tras la iniciativa de los senadores que firmaron el proyecto y lo impulsaron y con el apoyo decisivo del Dr. José A. Allende (presidente provisional del Senado) y del diputado Dr. Carlos Auyero,  el proyecto fue sancionado el 18 de setiembre de 1974 como ley, promulgada por la Presidenta de la Nación María Estela M. de Perón con el Nº 20753.
Ya creada por la flamante ley la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, restaba el otorgamiento del presupuesto respectivo para que comenzara a funcionar como tal, lo que ocurrió al año siguiente, comenzando a partir del 1 de setiembre de 1975 a tener real vigencia la Ley de creación.
La visión del Dr. Cruz  permitió que se adquiriera una propiedad de alrededor de 60 ha, para inmediatamente poner en acción la idea de levantar allí el Campus Universitario, que con idea y planos del Arq. Alberto Florit comenzó  a construirse, inaugurándose el primer edificio en 1981. Hoy el Campus se ha transformado en un polo de desarrollo donde la existencia de las Facultades, laboratorios, comedor y ahora la Biblioteca Central y las viviendas estudiantiles (ambas en construcción) conforman un complejo extraordinario.
La Universidad creció en matrícula, nivel y consideración general y a las Facultades originales se incorporaron: en 1988, la Facultad de Ciencias Sociales en Olavarría y la Escuela Superior de Teatro en Tandil, que ya tenía antecedentes de actividades en cursos y talleres así como en el Teatro Universitario dirigido por Carlos Catalano, desde finales de la década del ’70.
Hoy cuenta además con la Facultad de Arte, en Tandil (nacida de la Escuela de Teatro), la Facultad de Derecho, en Azul y la Escuela Superior de Ciencias de la Salud en Olavaria y una Unidad de Gestión en Quequén.
La adquisición en 2000 del ex Club Santamarina, hoy Centro Cultural Universitario,  la creación, en el antiguo Club Defensores de Villa Aguirre (fundado en 1951), de la Universidad Barrial en 2004 y en 2007 la compra del edificio de la Usina en 9 de Julio al 400, destinado a la Facultad de Arte, marcan el acelerado crecimiento por estos tiempos.
Desde el Dr. Cruz al Cr. Roberto Tassara, se sucedieron  como rectores el Dr. Juan C. Pugliese (h), el Agr. Carlos Nicolini, el Dr. Néstor Auza y el Ing. Marcelo Spina.
Para quienes no conocieron al Dr Zarini, (“Coco” para los íntimos), haremos una breve semblanza de quien a nuestro criterio cambió la historia de Tandil del siglo XX.
Osvaldo era hombre de fácil sonrisa que apreciaba en toda su am­plitud los necesarios momentos de esparcimiento que se  re­quieren, cualquiera sea la actividad que se desarrolle. Amante del cine, del baile, de la tertulia de café (fue asiduo concurrente a las reuniones de la confitería Rex), su gusto por el fútbol, que alguna vez practicó, y por la guita­rra y el canto que desde niño formaron parte de su vida, completaban sus “entretenimientos”.
Su pensamiento siempre valoró mucho a la juventud, en ese sentido, lo sintetizó en un reportaje al decir "... la función docente tiene como exigencia identificarse con la juventud, no tanto en las actitudes o comportamien­tos materialmente considerados, sino en la profundidad de los ideales que en la juventud aparecen más cristalinos, positivos y con visión de futuro". "Ser joven es tener ideales", solía decir, y en esa afirmación puede encontrarse la razón de por qué Zarini fue siempre un joven.
De formación cristiana, aplicaba a su hacer un sentido enmarca­do en los grandes Iineamientos de la Doctrina Social de la Iglesia, que trasuntaba no con la militancia del que lo pregona, sino con la eficacia del que testimonia.
"Al hombre se lo conoce a través de las obras de bien común que realiza", recordaba repetidamente, con su característico vocabulario docente que afirmaba su posición  que ello "'era un estado de vida"; así lo entendía él, como una verdadera vocación de servicio que debía trasuntarse en todos los campos de la acción, un compromiso de la persona en cualquier acto que cumpliese y que él practicaba desde la función pública y desde su profesión de abogado, incluyendo, natu­ralmente, la propia del aula ..
La docencia  encontraba en Zarini la clarinada de una voz se­gura y firme de sus convicciones, envuelta en el contenido de una oratoria perfecta, atractiva, por momento conmovedora y siempre fluida, pro­ducto de un pensamiento que no necesitaba del papel para expresar­se y por lo que siempre prescindió de él en cada uno de sus discursos o conferencias.
Docencia que tenía en Zarini un ejemplo de desprendimiento y desinterés por las cosas estrictamente personales y materiales, demostrando a través del testimonio de su vida modesta, sin alardes, sin ex­presiones de vanagloria ni soberbia, el cristiano principio de ser más y no de tener más.
Sus condiciones excepcionales de organizador, su carácter, su vitalidad creadora le daban cierto rasgo común en los grandes hom­bres con gran capacidad de absorción de trabajo: delegar poco y tener fuerte capacidad de mando, acompañada de cautela y cierta tozudez; condiciones que finalmente con­forman y perfilan la personalidad de un ser humano y que él supo equi­librar  bien.
Su talento intelectual quedó manifiestamente demostrado a tra­vés de la obra realizada desde las diversas funciones que ocupó. Su tiempo no fue el de la literatura. Dejó poco escrito. Fue más bien la acción la que compendió sus capacidades, capitalizándolas.
Escribió en numerosos periódicos artículos sobre educación, so­ciología, derecho, pero fue también un periodista nato. Muchas pági­nas de diarios y periódicos se llenaron con notas y gacetillas escritas por él mismo con la nerviosa velocidad que imprimía al teclado de la máquina, en las mismas redacciones periodísticas.
Su pensamiento sociológico fue expuesto reiteradamente en las conferencias y en sus cátedras.
Rigurosamente científico en la concepción de la Sociología, se alineó calurosamente junto a quienes sostuvieron su independencia con ciencia autónoma.
Respetuoso asimismo de la autonomía de las demás ciencias so­ciales, entendía que el trabajo interdisciplinario era el que imponía el estado actual de las ciencias, para poder llegar a una comprensión más profunda de los problemas del hombre y, consecuentemente, proponer las soluciones más adecuadas a ellos.
Zarini afirmaba su convicción plena,  que sólo la visión inte­gradora del hombre habría de facilitar el camino a un pensamiento que, totalizando comprensivamente la diversidad humana, diera razo­nes cuantitativas y cualitativas para explicar primero, planificar luego y ejecutar después, una realidad en la que se concretase un medio libre para una convivencia creadora.
"Este fenómeno de convivencia -afirmaba  Zarini - es mate­rialmente una coincidencia de conductas individuales producida por circunstancias comunes. “
Condicionaba pues el fenómeno de convivencia, a la necesaria presencia de circunstancias comunes que se constituyeran en el medio óptimo donde se acrisolen las conductas individuales, para dar como resultantes nuevas formas de conducta social, no totalmente indepen­dientes de la razón causal, sino interdependientes.
Si como Intendente Zarini ensayó la práctica de su pensamiento, como Ministro pudo concretarlo con eficacia pese al escaso tiempo en que estuvo como tal.
De profunda fe en el hombre y de auténtica convicción demo­crática republicana, con un indudable impulso creador y un dinamis­mo vertiginoso, impuso en su gestión municipal un ritmo pocas veces observado en la ciudad.
Su deseo de elaborar las pautas de gobierno en base a una par­ticipación organizada de los sectores del quehacer ciudadano, lo llevaron a tomar contacto inmediato y abierto en sus propios lugares de residencia, con las distintas comisiones existentes en el Partido de Tandil, junto a sus colaboradores. Allí no sólo recibía las inquietudes sino que con ellas construía el verdadero plan de trabajo que, elaborado luego por los asesores, se transformaba en medidas de gobierno.
"El gobernante debe dar cuenta de su actividad a los gobernados - solía repetir - por eso es un funcionario público. La publicidad de los actos de gobierno deben llevar intrínsecamente la finalidad de transmi­tir lo que se está haciendo, no para promocionarlo, sino para que se lo conozca y se lo asimile como propio".
De una popularidad asombrosa, en sus escasos siete meses de go­bierno municipal proyectó empresas de largo aliento y otras de concre­ción inmediata que beneficiaron y seguirán beneficiando a muchas generaciones de argentinos de esta zona del sudeste bonaerense.
Ya lo hemos comentado en este capítulo, pero vale la pena reiterarlo: Zarini era un orador excepcional que jamás leyó, y en sus improvisaciones perfectas captaba la atención del público de una forma carismática. Su forma de proceder y actuar no dejaba dudas acerca de su capacidad para comprender al que tenía enfrente y tanto como con los poderosos de la época, como con los humildes, supo ganarse su voluntad. Hemos sido testigos de la popularidad inmensa de Zarini y creemos que con él se fue el tandilense más carismático y visionario del siglo XX.
Creía en una necesaria transformación y en ella daba gran importancia al ordenamiento del Estado y a la actividad privada, convenientemente estimulada para un desarrollo útil a la comunidad, sin cargar al Estado, ni cargarse él, de actividades que competen al hombre en sociedad. "El problema del país no se va a solucionar estatizando todo “-  decía, agregando:"... la nacionalidad se manifiesta en comunidad, en fines de comunidad y esos fines existen en nuestro país, porque en nuestro país el Estado no ha precedido a la Nación sino que ha sido esta Na­ción, la base de su estructuración jurídica y social".
Defensor del pluralismo como expresión de las democracias maduras: "… considero que la existencia de partidos políticos, es vital para la democracia" -decía. Partidos políticos que trasuntaran en su organización interna y en su trabajo comunitario, una democracia real y actualización permanente en los procedimientos, enmarcados en la responsabilidad honesta y de servicio.
El bien y la felicidad del prójimo, eran pues valores fundamentales en el quehacer de Zarini, que los trasuntaba en su ideario y los testimo­niaba en la praxis.
“Los hombres, lo hemos dicho, se conocen por las obras y se proyectan como seres trascendentes por esa obra, su pensamiento debe estar volcado hacia el bien de la comunidad porque el hombre no sólo es el ser social que trabaja para sí, es el ser social cuya dimensión se aprecia en la medida en que se proyecta en el bienestar común” afirmaba, completando su pensamiento al decir: "Nosotros tenemos el convencimiento de que .las sociedades avanzan desde su núcleo, tenemos el convencimiento de que es necesario luchar permanente­mente desde adentro para sacar, para elevar la cultura del pueblo, que es el único modo permanente de asegurarle la felicidad" .(NR: la negrita es nuestra)
Ése fue el Zarini que condujo la educación del primer estado argentino y la Universidad que fundó. No desdijo desde su accionar su pensamiento, fue de una coherencia insobornable.
Conoció toda la realidad educativa de la Provincia palmo a palmo, habló con maestros, vecinos, cooperadores, funcionarios de ca­da lugar y se compenetró a fondo del panorama que le tocaba coman­dar, dándole una clara proyección social.
Su labor estuvo orientada por su íntima vocación docen­te que trascendía en cada uno de sus actos. No podía dejar de enseñar aún en la función pública, sus discursos, más que tales, eran verdade­ras clases magistrales, no por lo académicos sino por la profundidad de concepto y de pensamiento vertidos con la fluidez y coherencia del pe­dagogo. Era indudablemente un hombre superior, pionero y como tal visionario.
Por eso titulamos así el capítulo, porque fue un maestro que con su obra magna, la Universidad, cambió el destino de la historia de Tandil, fue una bisagra decisiva. Después de la creación zariniana, ya Tandil no fue más el mismo. Con el crecimiento de la Universidad, superando todo tipo de obstáculos,  la ciudad comenzó a ver con palpable certeza que algo, paulatinamente, había pasado y desde las miles de caras nuevas,  que llegan anualmente a Tandil, provenientes de las ciudades más variadas, hasta la demanda de servicios y el movimiento propio del consumo de esos mismos estudiantes, que incluye hasta el crecimiento  de la construcción y la vida de la noche de Tandil, en fin, todo  cambió.
Por otra parte, la Universidad se transformó con los años en un polo de consulta, de poder y de decisión, fundamentalmente en aspectos científico-técnicos, sin desconocer que si se sumó como factor de poder, fue  por su propio peso específico y el rol de sus rectores.
La inyección de más de $ 120 millones de pesos anuales netos, aportados por el  presupuesto nacional (sueldos, subsidios, obras, becas, etc.) y por la permanencia de varios miles de estudiantes foráneos en la ciudad, en la vida comunitaria, le aportan a Tandil un sólido eje de crecimiento económico, al que se agregó en las dos últimas  décadas, especialmente, el ingreso del turismo.
 Esta es hoy entonces una ciudad distinta, donde diversos grupos de investigadores trabajan silenciosamente en valiosos proyectos, donde convenios con Municipios de la zona y con instituciones nacionales e internacionales, proyectan a la ciudad, al igual que lo hace la Educación a Distancia en pleno auge.
Factor de poder pero también factor de progreso intelectual, multiplicador potenciado de la vida cultural y de la dinámica social, la Universidad es hoy un polo de desarrollo formidable, aunque el conjunto de la sociedad, para la que trabaja, tal vez no lo visualice en su plenitud, porque a ciencia cierta no sabemos si ella es conciente de este aporte decisivo de cara al futuro.
 En definitiva, la Universidad le concedió a Tandil una fisonomía con nuevos perfiles, sin perder por ello los rasgos fundamentales de su identidad.

 Daniel Eduardo Pérez