domingo, 22 de mayo de 2016

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO

Pocos tandilenses saben-porque no se lo han  enseñado o no tuvieron noticia de ello-que el fundador de nuestra ciudad tuvo un papel muy destacado y decisivo en la Revolución de Mayo.
Corría el año 1810. La caída de España en manos de Napoleón, produjo en las colonias españolas en América una  ebullición en relación con la conducta a seguir, dado que la autoridad real había cesado y, consecuentemente, los virreyes y o gobernadores en estas tierras eran cuestionadas como legítimas.
El Río de la Plata, en especial Buenos Aires, ya había sufrido las invasiones de los ingleses en 1806 y 1807, que fracasaron merced a la briosa reacción local.
El Río de la Plata, en especial Buenos Aires, que ya había sufrido las frustradas invasiones de los ingleses en 1806 y 1807, había iniciado un camino que desembocaría en la revolución, llevada adelante  por los porteños de una elite que entendían que ya el virrey no representaba a ningún gobierno y que por lo tanto era llegada la hora de decidir sobre los propios destinos.
El Gral. José de San Martín reconocía ya en 1835, desde Bruselas, en carta a su gran  amigo Tomás Guido, que habían pasado “Veintinueve años en busca de una libertad”: el gran protagonista y testigo de la época que fue el Libertador, coloca así el comienzo de nuestra lucha por la libertad, en la Reconquista de Buenos Aires.
Varios son los autores que coinciden con esta apreciación, que representó un espaldarazo ante el resto de la hispanidad, al hacer retroceder a Inglaterra, una de las potencias de la época.
La formación de cuerpos criollos, con una moral en alza, que al decir de Mitre constituyeron una “democracia militar”, al elegir sus oficiales de entre la tropa, fueron aportes y cambios que cubrieron el período hasta 1810, donde la libertad comenzó a tener un especial sentido.
Libertad que implicaba la  ruptura de estructuras económicas, sociales y políticas que la colonia había impuesto y contra las cuales  hombres como Belgrano, Moreno y el mismo Saavedra se habían opuesto de palabra y en algunos casos, en los hechos.
Es Alberdi quien sostiene que “hay dos etapas en la ejecución de toda revolución: la de destruir la autoridad pasada y la de construir la autoridad nueva. Una debe suceder a la otra”. Con la revolución iniciada el 25 de mayo, se reemplazó el orden colonial por un gobierno, que, como dice el mismo Alberdi, apenas tenía poder para conservarse. La libertad exterior o la independencia, puede ser el resultado de una guerra victoriosa, afirma, pero "un hecho de armas, por brillante y feliz que sea", no puede crear las instituciones necesarias de un buen gobierno".
Todos, desde la escuela primaria en adelante, hemos tomado contacto con el proceso de la Revolución de Mayo, pero en pocas oportunidades con el acceso directo a las fuentes.  En esta oportunidad, amigo lector, hemos privilegiado transcribir parcialmente algunos párrafos de ellas, para ver, además, con claridad el protagonismo de quien trece años después fundó Tandil.

Como bien señala el más destacado historiador contemporáneo argentino, Tulio Halperin Donghi, en esos  tiempos “ El dominio militar de Buenos Aires  está en manos de los cuerpos de la milicia criolla: una parte de  los españoles tiene alianza formada con éstos; las tropas regulares  no constituirán tampoco una valla eficaz contra esa hegemonía”(…) “En torno de los regimientos se mueven los esfuerzos del partido patriota; es el coronel Saavedra quien finalmente decide que ha llegado el momento de  actuar …”
Es leyendo la Memoria precisamente de Cornelio Saavedra, donde  podemos ver claramente cómo es de exacta esta afirmación del ilustre historiador. Dice Saavedra  respecto a ese momento: “…les dije “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”,  la afirmación fue hecha en la reunión del 18 de mayo en la casa de Martín Rodríguez.
Luego de señalar que le propusieron reunirse en lo de Rodríguez Peña, al día siguiente, donde había “una gran reunión de americanos que clamaban porque se removiese del mando al virrey y crease un nuevo gobierno americano…”. Saavedra escribe-diecinueve años después- que se acordó  interpelar al alcalde J. J. Lezica y al síndico procurador Julián de Leyva para que “con conocimiento del virrey Cisneros” se hiciese un cabildo abierto para que el pueblo reunido decidiera la suerte. Al primero lo fueron a entrevistar el mismo Saavedra y Belgrano y a Leyva lo entrevistó Castelli.
Se resolvió pedir personalmente la venia de Cisneros para que se convocara a cabildo “público y general”.,
Al día siguiente Cisneros tomó conocimiento oficial del pedido de cabildo abierto y dice Saavedra que el virrey se presentó  en el Fuerte manifestando que no veía por qué hacer tanto alboroto.
No, señor; - dice Saavedra-no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por  los franceses: hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos (…) y continúa: “Esto mismo sostuvieron  todos mis compañeros”. Ante la decisión demostrada,  el virrey dijo que entonces se haría el Cabildo.
Relata Martín Rodríguez en sus Memorias, que estando de acuerdo en la decisión de hacerlo  los patriotas se reunieron una vez más  el 20 de mayo. Allí Saavedra dijo “que  estaba pronto a cumplir lo que había prometido; pero que era preciso buscar otro local donde nos reuniésemos esa noche…”.Se acordó entonces hacerlo en la casa ofrecida por Rodríguez Peña y  allí se realizó la “Junta” (así la llama  Rodríguez), “con la presencia de: Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Francisco Antonio Ocampo, Florencio Terrada, Juan J. Viamonte, Antonio Luis Beruti, Feliciano Chiclana, Juan J. Paso,  su hermano Francisco, Hipólito Vieytes, Agustín Donado y Martín Rodríguez, las tropas quedaron acuarteladas  ignorando todo el motivo de esta novedad, como ignoraba también el pueblo”
“Se decidió enviar una comisión para entrevistar a Cisneros para intimarlo a cesar en el mando. Resultó el nombramiento en el doctor Castelli y yo, y para asegurarnos mejor, pedimos  que el comandante de granaderos de infantería Terrada, fuese con nosotros; pues su batallón estaba acuartelado en el Fuerte y bajo los balcones del mismo Cisneros, y como en él había muchos oficiales españoles, temíamos que al momento de la intimación, se asomase Cisneros  a un balcón y llamase a los granaderos y nos hiciese amarrar”
“El comandante Terrada fue con nosotros,-continúa Rodríguez- se puso a la cabeza  de sus granaderos y nosotros subimos. Entramos a la sala de recibo y encontramos allí a Cisneros jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe, y un tal Goicochea, edecán suyo. Nos dirigimos a la mesa. Tomó la palabra Castelli y dijo: “Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V.E. las cesación en el mando del virreinato”.
 “El virrey y colaboradores respondieron airadamente a los patriotas, por lo que Castelli le  contestó “que no se acalorase, que la cosa no tenía remedio”. “Entonces tomé yo la palabra y le dije: “Señor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación; vea V.E. lo que hace”.
Señores, nos dijo, cuánto siento los grandes males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso. Bien pues, puesto que el pueblo no me quiere, y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.
“Entonces-prosigue Rodríguez-nos despedimos, y al dar la vuelta nos dice: “¿Y bien señores, qué es lo que ustedes piensan respecto de mi persona y familia?”. Castelli-prosigue nuestro fundador- le contestó; “Señor: la persona de V.E. y familia están entre americanos, y esto debe tranquilizarlo”.
Salimos de allí y nos dirigimos a la casa de la reunión, diciendo: Señores, la cosa es hecha: Cisneros ha cedido de plano, y dice que hagamos lo que queramos”.Nos empezamos a abrazar, a dar vivas, a tirar los sombreros por el aire. En el acto salieron Beruti, Peña y Donado, con varios criados  y canastas a recolectar todos los dulces y licores que hubiese en las confiterías. Se puso una gran mesa  en casa de Rodríguez Peña, que duró tres días cubriéndose de continuo para que entrara todo el mundo que quisiese a refrescarse”.
El Cabildo Abierto se concretó finalmente el 22 de mayo, con una concurrencia de 251 vecinos expectantes. A las palabras del obispo Lué, defensor a ultranza del mantenimiento de Cisneros, respondió Castelli, dueño de un brillante discurso, firme y convincente y luego de otros oradores y previo a la votación, Saavedra fue quien remató su intervención manifestando que “…no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”. Los patriotas triunfaron por 159 a 67 votos…
Si bien en el Cabildo Abierto Juan José Paso mencionó que hablaba en nombre de las restantes ciudades en su condición de capital del virreinato, o sea, “como hermana mayor en nombre de las menores”, éstas no habían sido siquiera consultadas al respecto. Mucho menos sabían que tales eventos estaban por suceder puesto que, como quedó dicho, ni los pobladores de Buenos Aires lo sabían.
“La Plaza de la Victoria estaba llena de gente y se adornaban ya con la divisa en el sombrero de una cinta azul y otra blanca, con el primor que en todo aquel conjunto de pueblo, no se vio el más ligero desorden.”-nos dice Saavedra.
 “El 24 procedió  el Cabildo, al nombramiento de vocales de que se debía componer la Junta de Gobierno de estas Provincias y las que comprendían la dilatada extensión del virreinato. El doctor don Juan Nepomuceno  Sola, don José Santos Incháurregui, el doctor Juan José Castelli y yo-dice Saavedra-, fuimos los electos en aquel día; y para la presidencia el  mismo don Baltasar Hidalgo de Cisneros: se constituyó esta Junta el mismo día 24 a la tarde”. Pero al conocerse que Cisneros presidía esa Junta comenzaron rápidamente las expresiones de descontento al igual que por la presencia en ella de los pro españoles Solá e Incháurregui, los debates fueron moneda común en las reuniones y en los cuarteles, de resultas de lo cual “ al fin del día 24 también quedó disuelta esa Junta y yo fui el que le dijo a Cisneros, que era necesario se quedase sin la presidencia, porque el pueblo así lo quería- dice Saavedra- a lo que él también se allanó sin dificultad
Finalmente el 25 de mayo quedó integrada la Junta –continúa Saavedra-como “estaba resuelto en los acuerdos anteriores y recayó éste  en las personas de  don Miguel de Azcuénaga, don Manuel Belgrano, el doctor Juan José Castelli, el doctor don Manuel Alberti, don Juan Larrea, don Domingo Matheu y yo, que quisieron fuese el presidente de ella y comandante de las armas”. Asimismo nos informa que también juraron como secretarios los designados doctores Juan José Paso y Mariano Moreno y que  “por política fue preciso cubrirla con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos
No sólo eran los militares en sus cuarteles sino que –como consigna el acta capitular de ese día- “las gentes que cubrían los corredores dieron golpes por varias ocasiones  a la puerta de la sala capitular; oyéndose las voces  de que querían saber lo que se trataba; y uno de los señores comandantes , don Martín Rodríguez,  tuvo que salir a aquietarlos” y agrega Saavedra:El clamor  de los criollos fue intenso y el día 25 se manifestó en una demanda enérgica del pueblo, que se había concentrado frente al Cabildo encabezados por sus inspiradores y respaldado por los cuerpos militares de nativos. La expresión el “clamor de los criollos”, no indica si era de una multitud.
Saavedra confiesa que solicitó se le excusase de presidir la Junta “no sólo por la falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo públicamente dado la cara en la revolución de aquellos  días no quería se creyese había tenido el particular interés de adquirir empleos y honores por aquel medio”. Sin embargo pudo más la presión de los que entendían que el militar era el hombre indicado y Saavedra quedó al frente de la Junta y como Comandante de armas.
El mismo Manuel Belgrano en su “Autobiografía”, acerca de estos momentos cruciales, escribe la siguiente  afirmación: “No puedo pasar en silencio las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución en que es preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio Saavedra.”
Por su parte el P. Cayetano .Bruno se remite a  las memorias de Posadas para hacer notar que la renuncia de la Junta del 24 se debió a una “ especie de conmoción y gritería en el cuartel de Patricios” corroborado por los documentos de la Audiencia que manifiesta que “ la fermentación en el cuartel de Patricios, cuyos oficiales se manifestaron  muy disgustados  de la elección” , y no sólo eran los militares en sus cuarteles sino que –como consigna el acta capitular de ese día- “las gentes que cubrían los corredores dieron golpes por varias ocasiones  a la puerta de la sala capitular; oyéndose las voces  de que querían saber lo que se trataba; y uno de los señores comandantes , don Martín Rodríguez,  tuvo que salir a aquietarlos”
Sin embargo la participación popular fue escasa, si se tiene en cuenta los alrededor de 27.000 habitantes urbanos de aquel Buenos Aires....El ya citado Halperin Donghi señala, casi con sutileza, que no debe connotarse a la revolución como popular por la  participación directa, ya señalada, sino que “es la concreta política del poder revolucionario…” la que así puede calificarla y ello se puede ver en afirmaciones de otros historiadores que, como Guillermo Furlong S. J., difieren ideológicamente del citado Halperin, cuando afirma :”…los hombres de Mayo y sus inmediatos sucesores , más que elegidos por el pueblo, se impusieron al pueblo”. Por su parte José L. Romero  afirma que : “El clamor  de los criollos fue intenso y el día 25 se manifestó en una demanda enérgica del pueblo, que se había concentrado frente al Cabildo encabezados por sus inspiradores y respaldado por los cuerpos militares de nativos.
También son varios los autores que  destacan la importancia en aquellos momentos de nuestro fundador, como cita el historiador J. Canter cuando dice que “el grupo de Saavedra se manifiesta como el más vigoroso y avasallador”  y  más adelante agrega: “El grupo más numeroso y más importante que se suma a Saavedra  con la calidad del, voto del sindico, es el de Martín Rodríguez.”(…)” no cabe duda, Martín Rodríguez había logrado incluir a muchos hombres dispares”….
Por su parte, Jorge M. Ramallo en su libro “Los grupos políticos en la Revolución de Mayo”, dedica un capítulo a  “Los que no integraron la Junta del 25”. Allí señala algunos interesantes conceptos que por reveladores transcribimos para nuestros lectores: “Así como llama la atención la inclusión de  determinados  nombres en la Junta del 25 de mayo, no se explica claramente la omisión  de otros que fueron actores  de primera línea durante la gestación y ejecución del movimiento revolucionario.
Martín Rodríguez, Viamonte, Ocampo, los Balcarce,  Chiclana del grupo de Saavedra; Rodríguez Peña, Vieytes, French, Beruti,  del grupo de Castelli, fueron dejados de lado para dar lugar a Azcuénaga, Larrea, Matheu,  o Moreno, que no habían participado activamente en la promoción de los últimos acontecimientos. Evidentemente hubo una transacción e integración entre los grupos, que exigió el sacrificio de varios de los principales. Estos debieron esperar el curso de los hechos o aceptar el desempeño de otros cargos de no menor importancia.”
Y así ocurrió, Martín Rodríguez, por ejemplo, fue designado en junio  coronel del Ejército  y así otros patriotas que no integraron la Junta, de alguna manera fueron compensados por los valiosos servicios que prestaron en las gloriosas jornadas de mayo de 1810.
Cabe señalar aquí-una vez más- que si bien algunos historiadores, como Fermín Chávez, afirman que “la revolución aun sin caudillo, se imponía desbordando  a los viejos poderes coloniales”, la mayoría de las fuentes contemporáneas a los hechos, ya expuestas, señalan claramente a Saavedra como la cabeza, al igual que patriotas  posteriores como Alberdi y Vélez Sarsfield también lo reconocieron.
La Junta formada el 25 de mayo, creyó justo agradecer a los militares que actuaron en la gesta y que posibilitaron  su alumbramiento y el 29 dio a conocer la “Proclama a los Cuerpos Militares de Buenos Aires”,  en la que  se exaltaba la actuación que dichos cuerpos habían tenido en esa semana trascendental, además,  se dispuso que los batallones militares existentes se elevaran a Regimientos, a la vez que se anunciaban las previsiones para una reorganización de la Caballería y de la Artillería Volante. Estas reformas orgánicas de las fuerzas existentes constituyeron, ni más ni menos, los primeros pasos hacia la formación del Ejército Patriota que iniciaría el camino de nuestra Independencia, por todo ello, en 1951, Perón dictó el decreto que instituyó al 29 de mayo como el “Día del Ejército Argentino”.
Aquel “gobierno municipal porteño” –como algunos autores lo llaman-nacido el 25 de mayo no  logró concretar una representación nacional si es que efectivamente lo quisieron. La denominada Primera Junta se amplió después de seis meses, al invitarse a las ciudades del interior para que enviaran a sus representantes a Buenos Aires, y así formar gobierno o un congreso, según dos convocatorias presentadas. Lamentablemente, en poco tiempo, las facciones internas y los intereses locales, particularmente de los  porteños,  que no querían perder el control del proceso, llevaron a la disolución de aquel gobierno que podría denominarse protonacional y desde ese momento se consolidó un gobierno ejecutivo con predominancia de la voluntad porteña que ha llegado hasta nuestros días, en que iniciamos el camino al Tricentenario y donde surgen naturalmente las comparaciones entre la Argentina de 1910 y ésta de cien años después,  idealizándose aquélla y  deplorándose ésta, en un ligero análisis. Sin dudas la Argentina de 1910 se encontraba, en varios sentidos, en una situación más aventajada, lo que explica una primera y obvia diferencia respecto de la actual: el primer Centenario encontró al país convencido de que su futuro sería mejor que su presente y  que, a su vez, su presente era mejor que su pasado., diagnóstico compartido aún por algunos de los sectores más radicales, que entonces señalaban como “contracara de los festejos, la realidad de la desocupación, los bajos salarios, las malas condiciones de vivienda y de trabajo, o la represión que sufrían muchos argentinos y extranjeros residentes”.
Desde Aquel apogeo –como titula Juan Archibaldo Lanús su libro dedicado a los años 1910 a 1939– a este momento transcurrió un siglo de variada fortuna para nuestro país en el mundo. El año 1910 significó un hito emblemático de optimismo, esperanza, confianza en el progreso, pero 2010 ya no es igual. La inseguridad por el futuro y la perplejidad ante las conductas y políticas de nuestro país son hoy las notas predominantes”
Los argentinos  hemos visto a lo largo de las últimas décadas cómo se ha ido desdibujando ese horizonte de progreso colectivo, dado que si bien en 1910 había pobres y excluidos, desocupados, déficit de viviendas y servicios sociales, en nuestro presente la pobreza es un rasgo estructural, como lo han señalado diversos autores y  repetidamente la Iglesia.
No hemos resuelto aún -la sociedad y  la dirigencia– qué decisiones, ideologías y políticas son las adecuadas frente a los grandes cambios que sobrevinieron y que seguramente continuarán.
Llegamos así al final de este capítulo al que pretendimos darle el carácter de cierre de este tomo, dado que  Tandil está estrechamente relacionado en sus festejos, porque nada menos que su fundador fue una de las piezas claves de la Revolución de Mayo-como hemos podido apreciar a través de la documentación brevemente expuesta-resultando, a la postre, uno de los pocos próceres de la gesta maya en fundar un pueblo…y nos tocó el privilegio ser ese pueblo.


Estimado amigo lector, si desea tener los documentos completos de aquella gesta, le recomendamos consultar la magnífica “Biblioteca de Mayo”, editada en 1960 por el H. Senado de la Nación

Daniel Eduardo Pérez

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