domingo, 6 de junio de 2010

SILVERIO MANCO.Un escritor poco conocido,

SILVERIO MANCO
Ese gran escritor popular desconocido

Repasando nuestra historia, nos encontramos a veces con verdaderas rarezas o hallazgos que no dejan de sorprender y que es nuestra obligación-autoimpuesta-hacerlos conocer y divulgarlos.
Cuando escribimos la “Historia del Periodismo de Tandil”, en 1974, nos encontramos con una publicación llamativa no sólo por su nombre sino además por su contenido y por quiénes eran directivos y redactores. Nos referimos a Brisas Tandilenses, que hizo su fugaz aparición allá por 1920.
Un año en el que Tandil-próximo al centenario-era un lugar buscado por bohemios, “veraneantes” y en el que las majestuosas estancias y los nuevos edificios que, como el Palace Hotel (hoy la Universidad), se levantaban como símbolos de un progreso fenomenal. Con la puesta en marcha además de otras edificaciones que como la imponente Municipalidad, posteriormente el Banco Hipotecario, el Parque Independencia y la aureola de magia que rodeaba el paisaje tandilense luego de la caída de la Piedra Movediza, servía para mostrarse realmente atractivo.
Además en el campo de la cultura la existencia de numerosas escuelas primarias públicas y privadas y la flamante creación de la Escuela Normal (1910), se reproducían en el periodismo en el que José A. Cabral había puesto un mojón en 1919, con la creación de Nueva Era.
Esas curiosidades o rarezas de las que hablamos al comienzo, se vieron reflejadas por ejemplo, en esta publicación a la que hacemos referencia, que era dirigida por un carpintero, Domingo Giácomo, con evidentes inclinaciones culturales y al que acompañaban jóvenes no muy duchos en esto del periodismo poético, salvo el caso que hoy merece nuestra atención: Silverio Manco.
¿Quién era Silverio Manco? Manco nació en Buenos Aires el 13 de julio de 1888, desde muy niño las calles porteñas fueron su escuela, de tal suerte que a los doce años vendía diarios en la esquina de Corrientes y Uruguay.
Dos años más tarde escribía sus primeros versos en un café de la esquina de Corrientes y Paraná y así el pibe o Chingolo, como lo apodaban, se las rebuscaba vendiendo además los libretos que los Podestá representaban en el Teatro Apolo, por lo que le pagaban dos cobres y le dejaban ver gratis el último acto de la obra.
De acuerdo a lo que investigó Soler Cañás, su primera colaboración-versos de contrapunto- fue en un periódico de barrio llamado El Favorito, de un amigo de juventud, Tomás Bertetti, de la cual él era el secretario. Corría 1904, no había cumplido veinte años cuando con su gran melena y sus ideas que simpatizaban con el anarquismo de la época, subió a más de una tribuna para predicar por ellas.
Cuando en 1907 apareció La Pampa Argentina, la dirigió por algunos meses, conociendo allí a poetas populares y payadores, entre ellos a Felipe Fernández, que llevaba para publicar sus versos gauchescos con el seudónimo, después famoso, de Yacaré.
Por su parte Manco escribía sus versos dedicados a temas populares, a veces gauchescos, otras payadorescos y en ocasiones en lunfardo, del que fue uno de los pioneros.
Fue en 1907 en que Manco dio a conocer el primer folleto ¡Echale Bufach al catre!, al que siguieron Ayes del corazón y Flores Marchitas.
Cuatro años más tarde, en Lomas de Zamora, dirigió el periódico El Fogón Argentino, de temas camperos y al año siguiente La Pampa Florida del mismo tenor.
Con la aparición de Crítica, en 1913, el joven Silverio tuvo un canal importante para sus versos lunfardos. De aquellos años, luego de su participación en Crítica, se pierde un poco el rastro hasta que lo encontramos en Azul, dirigiendo publicaciones fugaces como El Eco de Azul, El Álbum Azuleño y El Azuleño, en las que publicó cuentos camperos y versos lunfardos.
Llegamos a 1920 y así el 10 de agosto de ese año, aparece Brisas Tandilenses, que se editaba curiosamente primero en Ayacucho y luego en Grothe, teniendo como dirección Av. España 235.
Brisas, rezaba que era una “Revista literaria, social, informativa y de actualidad”, aparecía los días 10, 20 y 30 de cada mes .Su director –el ya citado Domingo Giácomo- había nacido en Italia en 1893,llegando muy joven a Tandil y falleciendo en nuestra ciudad en 1969.
Incluido en el staff como redactor literario, Manco solía firmar con seudónimos sus obras, siendo los más utilizados en Tandil los de Flores y Boyero.
En 1921 cambió el formato para pasar al tamaño de periódico y retornar luego al original hasta 1922 en que desapareció. Manco seguía figurando como redactor literario hasta finales de 1921, luego aparentemente se retiró y se concentró en Buenos Aires.
De retorno a la Capital, alcanzó éxito como payador, de tal suerte que en un concurso organizado por Crítica entre 1921 y 1922, resultó el ganador con el seudónimo de Cacique Viejo.
Luego de ese premio, Manco entró a trabajar en el diario ¡como cronista policial!
Su frondosa producción, le permitió publicar en 1923 el libro El Arrabal Porteño, sin firmar y luego otro, Barro del suburbio, ambos de contenido profundamente comprometido con los humildes pobladores marginados.
La necesidad de escribir en cantidad hizo que la producción de Manco fuera despareja en su calidad. No obstante, con los años y su prolífica actividad, se ganó un nombre destacado en la literatura popular de nuestro país, como Francisco Rímoli, ( Dante Linyera), Augusto Martínez ( Iván Diez), el ya citado Felipe Fernández (Yacaré), y los más conocidos y difundidos ya más cerca de nuestros días, Homero Manzi y Enrique Santos Discépolo, que superaron el uso casi dialectal del lunfardo y trascendieron en el campo poético con obras realmente magníficas, siendo en ambos casos muchas de ellas llevadas al tango.
Manco dirigió también la que fuera la famosa revista El Alma que Canta, en la que publicó numerosos poemas y prosa con los más diversos seudónimos, algunos de los cuales fueron: el primitivo Chingolo, Mirlo Blanco, Alma Maleva, Candelario Espumiya, Fierro Chifle, Atahualpa, Cachirulo y el ya citado de Cacique Viejo.
Como colaborador se le puede seguir el rastro en revistas como:” El Alma Argentina”, “Vida Porteña”, “La Revista Popular”, “Canta Claro”, “La Canción Moderna”, “Sherlock Holmes”, “T.V.O”., “El Suplemento”, y la más conocida “Mundo Argentino”.
En diarios, además de Crítica, ya mencionado, dejó colaboraciones en Última Hora, La Protesta y La Batalla.
Manco se autodefinió como “bohemio cantor de los humildes” y fue así ya que sus aguafuertes en verso o prosa, pintaron el Buenos Aires orillero, donde el vicio, la miseria humana y naturalmente el crimen eran –y son- habitantes comunes en ese medio.
La cantidad de folletos, pequeños libros y artículos de Manco han hecho prácticamente imposible recopilar su obra en la totalidad, sobre todo por el uso permanente de seudónimos.
Gran parte de su obra en folletos y folletines fue publicada por Alfonso Longo, de Rosario, lo que permitió que los mismos estuvieran en buena medida en los kioscos de casi todo el país.
Años después, entre 1942 y 1945, Editorial Burchieri reeditó las más exitosas, lo que permitió ver nuevamente su prosa y sus versos en circulación.
Algunas de sus letras fueron llevadas al tango con música de valiosos compositores tales como Alfredo Gobbi (padre) y Agustín Magaldi. Es el caso de El Taita, con música del primero, que mereció un comentario especial de los autores José Gobello y Eduardo Stillman, en su libro: “Letras de tangos de Villoldo a Borges” y de No quiero que digas con música de Magaldi. Asimismo dedicó letras al dúo Gardel-Razzano, en la que escribe atinados conceptos referidos a quienes pretendían imitar al famoso dúo; también compuso un tango-canción, con el título de “Campanelli”, homenaje a la hazaña de los aviadores Olivero, Duggan y Campanelli, letra a la que le puso música Margarita S. Gasquet.
Su obra abarcó diversos estilos, así una “novela íntima de la vida real” como Los perros vagabundos; folletos de carácter sociológico como Rayos de luz: otras payadorescas como Contrapunto nacional, al igual que otras de carácter gauchesco con connotaciones históricas tales como Martín Fierro y El Hijo de Martín Fierro, de múltiples ediciones; Montoneros, Camila O’Gorman, Juan Moreira, Santos Vega, La muerte de un héroe y El rastreador.
Incursionó también en la obra teatral, y así encontramos, entre otras, su versión de Juan Moreira, Castañas a la minuta, Por ir a un baile, Panete por demás y ¡Aquella noche!.
Autores varios y valiosos se han ocupado de Manco y de su obra hoy prácticamente desconocida u olvidada. Por ello queremos traer a la memoria o al conocimiento.-según sea- a este hombre que supo dejar su huella en Tandil y que padece del desconocimiento de los actuales tandilenses- aunque luego algunos, después de nuestra modesto aporte “descubran”,- como pasó también con Eandi- que existió…
Después de seis décadas de ininterrumpida actividad literaria, Manco, olvidado y enfermo, murió en Claypole, (al igual que años más tarde nuestro conocido historiador Gorraiz Beloqui), siendo sepultado en el cementerio de Adroqué el 28 de diciembre de 1964, en el Día de los Santos Inocentes.
Unos meses antes había tenido la satisfacción de recibir la visita de don Pedro Barcia, en ese momento presidente de la Academia Porteña del Lunfardo y de su Secretario don José Gobello, quienes sí tuvieron el digno gesto de llevar a Silverio un poco de reconocimiento por tanto que había dado al lunfardo.
Todos los diccionarios de autores y antologías de lunfardo, que se precian de buenas, contienen datos y alguna de las obras de Manco.
De entre todas ellas hemos elegido para ilustrarlo, estimado lector, poesías de las aparecidas en nuestra Brisas Tandilenses, de 1920.

La poesía se titula Del terruño y dice:
“De la estirpe generosa del pasado
siempre quedan los recuerdos;
por ejemplo: las domadas y las yerras
y entre criollos los encuentros.

Esos duelos a cuchillos no se olvidan
ni el chirriar de las lloronas,
ni las botas con puntera degollada
ni el galope por las lomas.

El paisano bondadoso, toda alma
de la mente no se borra,
ni los tristes y vidalas que ofrecía,
al gemir de la bordona

Y esas chinas con sus trenzas renegridas
por las cintas sujetadas,
galopando sobre pingos compadrones
lastimaban muchas almas.

Hoy el gaucho siempre vive con nosotros
como símbolo genuino
aunque algunos inconcientes lo han cubierto
con el poncho del olvido”.

De otros numerosos ejemplos que podríamos poner a su consideración, estimado lector, por razones inevitables de espacio hemos elegido la siguiente poesía que refleja su estilo:

MORTADELA
“La tengo rejunada
Y la mina también me campanea,
Es gorda ,petisa y linda.
¡Toda una mortadela!...

Al junarla tan papa
Yo pienso en su caída,
Porque hay que ver, san dié qué mueble
Y qué grela de linia.

Yo sé que a todo el mundo le da bola y eso es lo malo.
Al final v’a caer
En las manos cachusas de un garabo.
Y el coso, ni qué hablar,
la meterá en la vida cayejera,
Porque es una purreta macanuda.
¿Toda una mortadela!...

Así se pierden muchas percantinas
que rajan del suburbio
y se encaman, después, por cinco mangos
con cualquier turro”.

¿Le gustó apreciado lector?

Daniel Eduardo Pérez

1 comentario:

  1. Genial!! Gracias por compartir esta información. Un abrazo!!

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