martes, 21 de julio de 2015

Los primeros médicos que hicieron historia en el Tandil



Fuschini-Fidanza 
Los primeros médicos que hicieron historia en el Tandil

En los años fundacionales del Tandil, la salud fue un  problema que mereció la atención de las autoridades del momento por las dificultades para la llegada de médicos, ante la ida de los pocos-o ninguno-existentes. La ida del Dr. Córdoba obligó a solicitar el nombramiento o envío de quien lo remplazase, respondiendo el ministro de Gobierno, el 11 de octubre de 1864, que se satisfaría la solicitud con la designación del Dr. José Fuschini, como médico de policía, quien asimismo portaría vacunas.
La llegada del Dr. Fuschini señaló sin duda el comienzo de la medicina organizada en Tandil, dado su formación y su personalidad.
José (Giuseppe Andrea Gapare) Fuschini Sambi había nacido  en Ravenna, Italia el 10 de octubre de 1829 en el seno de una familia de médicos. Tanto su padre Luigi, como su abuelo Francesco, fueron médicos renombrados de la época. Su infancia transcurrió en Ravenna formando parte de una familia de varios hermanos (Rosina, Maddalena, Catterina, Emilia y Checchino). Su madre Rosa había muerto joven y su padre se casó nuevamente con Cleonilde (no trascendió su apellido) con quien Giuseppe tenía una muy buena relación. Sus estudios universitarios los hizo en Padua donde se graduó de médico alrededor de 1858.
Hizo sus primeras prestaciones en Sovigliano, cerca de Génova, y en 1860 fue nombrado en Ferrara en la Unidad Sanitaria del Batallón 48º de Infantería donde actuó como Médico Militar. Eran épocas difíciles en Italia, ya que tenían lugar las batallas por la unificación del país. En 1860 Giuseppe Garibaldi logró la anexión del reino de Nápoles al del Piamonte cuyo Rey era Vittorio Emanuele II.
Giuseppe era republicano, igual que su padre Luigi y estaban relacionados con el líder de la época, Garibaldi (Giuseppe era muy amigo de la hermana de Garibaldi). En ese contexto, fue hecho prisionero con otros compañeros y  llevados presos al Castillo Sant’Angelo en Roma, desde donde se escaparon tirándose desde la muralla del castillo a las aguas del rio Tiber ¿? La anécdota es divertida y hoy no nos explicamos cómo se escaparon, ya que el rio Tiber está bastante alejado del Castillo-comenta su bisnieta Mónica Dufour.
En 1861 conoció a Blanca Francisca Nicol Fidanza Rojas integrante de una familia acomodada de origen italiano, pero que vivía en Buenos Aires. Su padre, Simón Fidanza, era un empresario naviero de la época que se había instalado en Buenos Aires y allí había formado su familia con Elvira Rojas (madre de Blanca) y posteriormente, ya viudo, se casó con Petrona Cané, también argentina. La familia Fidanza siempre estuvo ligada por relaciones familiares y de negocios a la ciudad de Génova, y era común que sus miembros viajaran desde y hacia Buenos Aires. Blanca había nacido en Moneglia que era el lugar de residencia de la familia Fidanza en Italia. En uno de esos viajes fue que Giuseppe y Blanca se conocieron.
La pareja enamorada, quería casarse e ir a vivir a Ravenna, pero las condiciones económicas no lo ayudaban a Giuseppe, que, aunque tenía su puesto de médico, no era fácil que lo trasladasen y tampoco tenía una casa donde vivir. Esta situación familiar, acompañada de la inseguridad que se vivía en Italia debido las luchas de la integración de los reinos, hizo que tomara la decisión de casarse y emigrar a la Argentina.
Aquí la nueva pareja tendría mejores oportunidades ya que la familia Fidanza en Buenos Aires podría ayudarla. Se casaron en la iglesia de Santa Croce de Moneglia el 15 de agosto de 1861 y viajaron a Argentina partiendo de Génova a fines de octubre de ese año.
Del matrimonio de Giuseppe (tradujo su nombre a José cuando llegó a la Argentina) y Blanca nacieron, según comentaba mi madre, -nos dice Dufour- doce hijos de los cuales solo seis vivieron hasta que fueron adultos. En la epidemia de difteria de 1888  fallecieron cinco de los hijos del matrimonio y que paradójicamente, fue José quien aplicó en Tandil la primera vacuna contra la difteria. También me cuenta mi tía Negra que Emilia se salvó de la difteria porque su padre le hizo traqueotomía. Usaba siempre ropa con cuello alto para tapar la cicatriz.
Los primeros años en Argentina la pareja vivió en Buenos Aires con la familia de Blanca, hasta que en 1864 nombraron a José como médico de policía en Tandil-como ya citamos- donde ejerció su profesión hasta su muerte en 1898.
Pese a que la pareja vivió en Tandil, sus hijos se educaron en Buenos Aires y en particular sus cuatro  hijas mujeres: Rosa, Catalina, Emilia y Magdalena  que se casaron con personas de renombre de Buenos Aires.
De los tres varones, Mario estudió medicina y José ingeniería recibiéndose ambos en la Universidad de Buenos Aires. Mario y José eran los hermanos más chicos, por lo tanto durante la época de sus estudios universitarios ,en la década de 1900 a 1910, aprovechaban para visitar a sus hermanas casadas y mantuvieron con ellas una buena relación. 
Al tercero “Eduardito”, le decían” Babito”, era discapacitado y vivió con su madre hasta que ella murió en 1901. María Inés Casares, nieta de Mario Fuschini Fidanza, me contó que su abuelo le había prometido a su madre que cuidaría de él hasta su muerte y así lo hizo. Creo que Babito murió alrededor de 1922 y fue enterrado en la bóveda de Tandil. Recién entonces Mario, con 42 años, se puso de novio y se casó en 1923. Era un solterón empedernido, al que todos cargaban y decían que nunca sentaría cabeza-nos dice Dufour.
Como se estilaba entre los jóvenes de aquel momento, José y sus sobrinos eran asiduos concurrentes a conciertos y a teatros donde se reunían con sus pares y las chicas de la época. También lo eran a las carreras del hipódromo. Es más, apostaban a los caballos, generalmente al perdedor y es así cómo se "jugaban la vida"... y las finanzas.
En tanto Fuschini se debatía en la soledad tandilense en su magnífico y denodado accionar, la botica municipal, debió ser intervenida, a esta altura verdadera protagonista de malos tragos en el pueblo. Los "interventores" presididos por el vecino Luis Arabehety, hicieron lo que pudieron a partir de su buena voluntad, lo que además se complicó por la enfermedad de Fuschini, quien partió hacia Buenos Aires para atenderse, llevando la comisión de tratar de conseguir un "farmacéutico", diríamos  " en serio". Quiso la suerte que Fuschini en Buenos Aires se encontrara con otro italiano como él, también graduado en Padua, pero como farmacéutico, Flaminio Maderni y lo convenciera de venir al Tandil para ejercer su noble y deseada profesión.
En su estadía en Buenos Aires le correspondió un destacado rol en la lucha contra la epidemia de cólera de lo que quedó como testimonio un álbum de agradecimiento de los vecinos de la Boca del Riachuelo que dice:
Buenos Ayres, Boca del Riachuelo 
Mayo de 1868
Al
Señor Doctor Don José Fuschini
Muy Señor Nuestro
Cumplimos con un deber de gratitud ofreciendo a Ud. este Álbum en testimonio de reconocimiento por los inapreciables servicios que Ud. nos ha dispensado en la última epidemia, cuando el Cólera penetró en la Boca del Riachuelo y visitó hasta la última repartición de esta colmena de trabajadores. Ud. era para nosotros un amigo.
Hoy que el ministro de la muerte ha desaparecido del seno de esta familia. Ud. es para nosotros más que un amigo es un hermano.
Los hombres que se estrechan la mano en medio de la fiesta se olvidan cuando la luz del día siguiente pone fin a la alegría.
Por el contrario, vínculos que se forman en la hora del dolor, del sacrificio y de la muerte son inquebrantables, eternos.
¿Qué importa encontrar seres que hagan coro del festín ?
Hallar hombres que calienten el corazón que se hiela con el calor del suyo, que ofrezcan su vida por un hermano desconocido, que presenten la caridad de Dios en el hogar desamparado, es encontrar la salud en la enfermedad, el consuelo en el dolor, la esperanza en la desolación.
Nosotros hemos encontrado en Ud. no un compañero para librar la copa de los regocijos, sino el hombre que apura la cicuta con el hermano desgraciado.
…………….

Ud. querido Doctor, pertenece al batallón bendito, a los que buscan en los alimentos de la naturaleza la fuerza que han de tener la vida que vuela, la sabia que ha de fortalecer la hoja que se marchita, a la hoja que va a desprenderse del carbol de la humanidad,
Si fuera necesario renovar en la memoria a los que con el corazón agradecido ofrecen a Ud. este humilde testimonio de gratitud, el recuerdo de sus servicios, su caridad para con los enfermos y los desvalidos, sería necesario también agitar las entrañas de este pueblo, descubrir las heridas y presentar a la espectación pública el campo de batalla, que acaba de cubrir el velo del tiempo.
A nosotros nos basta decir que en la aflicción de nuestros hogares estuvo Ud., al pie del lecho del moribundo, que corrió al lado del enfermo bajo el sol abrazador del estío, que los astros de la noche pocas veces no lo vieron cruzar los campos solitarios llevando en su ciencia alivio para los dolores físicos, y en su corazón la palabra que retempla el espíritu de los que se despiden de la familia y de la vida.
Al presentarle a Ud. este testimonio de agradecimiento, invocamos la protección de Dios sobre la cabeza de Ud. y la frente de sus hijos, esperando que ella desviará del hogar de Ud. la visita de la tribulación que ha enlutado a este pueblo que tiene el honor de saludarlo respetuosamente.
Marino Froncini  Prste José Badorano  Prste
Siguen 383 firmas
La llegada de Maderni, traído por Fuschini, marcó otra etapa en la atención de la salud y la bendita "botica popular municipal", cuya trayectoria e historia, Fontana califica de "cómica" y que sólo provocó quebrantos económicos a la Comuna, pasó a ser superada por la acción profesional de  Maderni.
Entre 1870 y 1871 la lucha de Fuschini contra las epidemias fue incansable, contando con la colaboración del recién llegado Dr. Ángel Gianelli, a quien Fuschini elogió por su espíritu de  solidaridad en los momentos más difíciles.
Pasada esta verdadera pesadilla, el pueblo retomó su calma y en 1874, el Dr. Fuschini,  convenció al Dr. Eduardo Fidanza, su cuñado, para que se radicara en nuestro pueblo para colaborar en su infatigable tarea en favor de la salud pública..
Llegó así a Tandil otro médico que dejaría una huella profunda no sólo en la medicina, sino en la política y en el progreso general.
Precisamente en 1870 nacerá la primera entidad de carácter mutual en Tandil: la "Sociedad Filantrópica La Caridad", que designó al Dr. Fuschini como médico para sus asociados, transformándose así en el primer médico mutual de Tandil.
Los doctores Fuschini y Fidanza (quien luego contrajo matrimonio con la hermana del gran naturalista E. Holmberg), abrieron una " Casa de Sanidad", que sería precursora del primer hospital.
Poco tiempo después de la masacre de Tata Dios, se conformó en Azul primero y en Tandil luego, una Logia Masónica, que aquí se llamó "Luz del Sud" y a la que adhirieron hombres de importancia en el medio local como Santamarina  y también los doctores Fuschini y Fidanza.
Correspondió precisamente a esta Logia, a impulso de los citados médicos, la creación del denominado "Asilo San Juan", en 1880, que ubicado en el edificio de la intersección de la entonces Río Bamba (hoy Alem) y Maipú, atendería gratuitamente a pacientes, internación incluida.
La lectura de normativas de la época, nos revelan como de tanto en tanto, ante el recrudecimiento de la aparición de casos de difteria y de viruela, se disponía la clausura de las escuelas y la obligatoriedad de la vacunación y revacunación, tareas éstas a cargo habitualmente del Dr. Fuschini y del Dr. Fernando Peré, quien  había comenzado a  ejercer en Tandil, colaborando activamente en el cuidado de la salud ciudadana.
El Dr. Fidanza había ganado además el favor popular y fue Juez de Paz, bregando por la llegada del ferrocarril y hasta fundando un periódico para llevar adelante esa lucha, que culminó con el arribo triunfal  del mismo en 1883.
En 1887, el gobierno Municipal- ya ejercido desde 1886 por el primer Intendente Pedro Duffau- tomó medidas con los casos de viruela originados en las canteras de Cerro Leones, designando a los Dres. Fuschini y Peré  para vacunar,  prohibiendo " la entrada al pueblo de los referidos inmigrantes y demás canteros (sic) con quienes trabajen juntos", estableciendo una especie de cuarentena, obligados por el temor de la población urbana que presionaba para establecer esta suerte de "apartheid".
Además  de los vecinos que harían las veces de administradores, se designó a los Dres. Fuschini y Peré, como los dos primeros en conducir los destinos profesionales del Hospital, incorporándose a fines de agosto de ese año a los doctores Camilo Gil e Ignacio Lizarralde y por la misma resolución a Benito Somoza como conserje y a Virginia Gatti como enfermera, ambos con un sueldo mensual de $ 30 m/n.
Asimismo dividió en dos secciones al hospital; una de medicina a cargo del Dr. Peré y otra de cirugía a cargo del Dr. Fuschini.
Ambos médicos desarrollarían su labor con alternancias, hasta que en 1893, el Intendente interino José Santamarina designó Director al Dr. Fuschini e incorporó junto al Dr. Peré, al Dr. Alberto Vivot.
El veterano Dr. Fuschini, ya anciano, no cejaba sin embargo en su labor y fue hombre de consulta de colegas que se habían incorporado al pueblo, como Alfonso Esquerdo, Juan Gatti, Fernández Blanco y el llamativo Dr. Vernetti Blina, que fue quien instaló en Tandil el primer aparato de Rayos X.
Como ya vimos, fue director del Asilo San Juan de Tandil y también presidió en 1875 y 1876  la logia masónica Luz del Sud Nº 39. En el Libro del cincuentenario de Tandil lo llaman "el Doctorazo".
Ejerció hasta  avanzada edad. Murió por herida de arma de fuego en su casa de Tandil, ubicada en la calle Riobamba (hoy Alem) 452, el 18 de diciembre de 1898, según consta en el certificado de defunción correspondiente-afirma su bisnieta Mónica Dufour. Su sepelio fue acompañado por un cortejo numeroso y compungido hasta el cementerio local, donde Giuseppe había adquirido en 1892 una bóveda para reunir a todos sus hijos y familiares después de muertos, pero las circunstancias no quisieron que la familia estuviera reunida, ya que sus hijos se mudaron a Buenos Aires y a otros puntos  de Argentina y el proyecto de Giuseppe se vio trunco por el hecho de que ninguno de sus hijos quedó viviendo en Tandil.
Por su parte la vida de su cuñado Eduardo Fidanza, también fue intensa y prolífica para Tandil. Había nacido en Buenos Aires el 17 de junio de 1849, graduándose en medicina, obteniendo su  doctorado con la tesis,” De la reglamentación de la prostitución pública considerada como medio profiláctico de la sífilis”, en la Universidad  de Buenos Aires, Escuela de Medicina, en 1875. Afincado en Tandil-como vimos- ejerció junto al Dr. Fuschini como los primeros médicos titulados.
Fue además destacado vecino fundando el periódico El Ferrocarril para luchar por la llegada de este medio, lo que obtuvo en 1883. Fue Juez de Paz desde 1880 a 1883. Ingresó a la masonería y ya en Buenos Aires, donde fue médico de Policía y de Tribunales, alcanzó el grado 33, el máximo de esa institución, siendo uno de los fundadores de la Sociedad Médica Argentina. Falleció en la Capital el 8 de julio de 1927.
Apreciados lectores, quisimos brindarles  una semblanza sintética de dos hombres fundacionales: Fuschini y Fidanza, que fueron los dos médicos que abrieron el surco de la especialidad en Tandil.
Bibliografía básica consultada: Dufour, Mónica: “Los Fuschini Fidanza” yGiuseppe Andrea Gapare Fuschini Sambi”, en monicacha.blogspot.com/2010/ y monicacha.blogspot.com/2013/los-fuschini-fidanza.html- 15/2/2013; Pérez, Daniel Eduardo:”Historias del Tandil V”, cap. VIII, Tandil, 2012.

miércoles, 24 de junio de 2015

LA AMISTAD ENTRE MITRE Y MACHADO



BM & BM
MITRE Y MACHADO
UNA AMISTAD PERDURABLE

Hace ya unos años,  en Tiempos dedicamos una nota al Cnel. Machado, donde decíamos que “Existen destinos personales que no pudiendo eludir cierta  especie de predestinación, se mueven entre la historia y la leyenda como un péndulo que marca no las horas sino determinados tiempos o etapas en las sociedades y su transcurrir a través de los años, dejando huellas a veces entrecruzadas, a veces paralelas.
Allí ubicamos a nuestro personaje: el Cnel. José Benito Machado, también conocido en su época por el  "Toro" Machado, que llenó con su personalidad, su actividad política y especialmente la militar, toda una etapa de la historia de Tandil y del sur bonaerense, en la segunda mitad del siglo XIX.”
Nacido el 3 de abril de 1823 en Chascomús-un día antes de la fundación de Tandil-del matrimonio de Jacinto Machado y Juliana Lamadrid, de adolescente ya tuvo que afrontar las consecuencias de la intensa participación política de su familia, en el levantamiento contra Rosas conocido como la " Revolución de los Libres del Sud" o " Grito de Dolores", que costó la vida de su padre y de su hermano Mariano, quienes fueron fusilados y derivó en su temprano exilio a Montevideo, cuando apenas contaba con 17 años.
Allí fue donde el destino hizo que comenzara  su contacto con las dos actividades que lo atraparían para el resto de sus días: las armas y la política, tan íntimamente unidas en largos períodos de la historia de los países latinoamericanos, adquiriendo sus primeras experiencias como soldado en la Legión Argentina al mando de Lezica y luego junto a Fructuoso Rivera, participando en las batallas de Cagancha, Cerro Largo e India Muerta, derrota que infligió Urquiza al oriental y obligó a Machado a partir hacia  Brasil, para luego trasladarse a Corrientes y alistarse allí junto al Gral. Paz, a cuyas órdenes estuvo en la campaña de aquella provincia, luego de la cual pasó nuevamente al Brasil donde permaneció hasta 1852, vísperas de Caseros.
Derrocado Rosas, luego de la batalla citada, regresó y se puso a las órdenes de quienes participaron de la revolución del 11 de setiembre de 1852 (el nombre de la calle de Tandil ,es por este acontecimiento y no por la fecha sarmientina) .En aquellos momentos de fusiles y espadas, Machado eligió como escenario central de su accionar el sur bonaerense, frontera con el indio que luego de la caída de Rosas comenzaba a estremecerse ante el maloqueo de los antiguos aliados del Restaurador, siendo nombrado comandante del Regimiento de Guardias Nacionales Nº 17, que lo inmortalizaría años después, en la lucha contra los malones.
°[…] las Guardias Nacionales estaban integradas por ciudadanos que cumplían con la obligación de servir a la patria y defender la Constitución y sus leyes, el Ejército de Línea veía completada sus filas con soldados enganchados, veteranos y "vagos y mal entretenidos" que cumplían su servicio forzosamente. No obstante, cuando nos acercamos a la cotidianeidad del servicio en la frontera, observamos que la diferenciación entre guardias y soldados de línea se encontraba presente sólo en la retórica de los vecinos y las elites gobernantes y no tanto en la realidad de los fuertes y fortines. Esos milicianos podían ser llamados con el objetivo de combatir a los indígenas, luego de un malón o en alguna invasión, para defender la frontera instalándose en los destacamentos, o para combatir en los diversos conflictos políticos y militares por los que atravesó la región durante la segunda mitad del siglo XIX”-afirma Leonardo Canciani.
En la defensa de las tierras y haciendas del sur bonaerense, Machado y sus Guardias Nacionales se enfrentaron innumerables veces con indiadas y caciques bravíos, como en el caso de Yanquetruz, siendo herido en combate de un lanzazo en el brazo izquierdo en " Concepción de Baudrix", herida que no sería ni la primera ni la última y que endurecieron más su piel y su temperamento.
Cuando ocurrieron los más importantes malones que sufrió Tandil en 1855, Machado estaba como Comandante del Regimiento 14 de Guardias Nacionales,  destacándose por el accionar que permitió poner en fuga a la indiada que comandaba el ya citado Yanquetruz,  que había provocado el éxodo prácticamente total de los pobladores del Tandil.
Luego del malón al Azul y al Tandil, Machado propuso al gobierno hacer "una barrida" hacia sur de Bahía Blanca  para cortar el tránsito de las malocas, proyecto que sin embargo no fue tenido en cuenta. Dos años después del ataque al Tandil, se dispuso llevar adelante la campaña a Salinas Grandes, el gran reducto del "emperador de las pampas", Calfucurá, que no tuvo los efectos deseados.
Al  lado de Paunero, Conesa, Granada y Hornos, Machado combatió o vigiló- según las circunstancias- los puestos fronterizos, hasta que en el paraje "Sol de Mayo" (actual partido de Tres Arroyos) libró el combate que dio celebridad a su Regimiento, triunfando y poniendo en fuga a los araucanos, comandados por el cacique Cañumil, lo que valió los elogiosos comentarios documentados de hombres como Conesa y Paunero.
Al día siguiente, 2 de noviembre de 1857, sostuvo otro combate que entró a la historia con el nombre de Cristiano Muerto, por la proximidad de los campos con el arroyo de ese nombre. Estos dos combates, junto con el de San Lorenzo (Tandil), se consideran  claves para  acabar con las "entradas" de indios a la zona del sureste bonaerense. Por este accionar decisivo y su sostenimiento en el tiempo por parte de nuestro personaje, comenzó a cobrar fama en los corrillos de esta parte de la pampa húmeda el dicho Dios en el cielo y Machado en el Sur, que se repitió entre el gauchaje hasta después de su muerte.
La amistad que había nacido con el Gral. Bartolomé Mitre, se fue estrechando con los años, de tal suerte que perduró hasta el final de sus vidas. Mitre había depositado en Machado toda su confianza y en los momentos difíciles de la guerra con el Paraguay lo había designado para el cuidado de la denominada” frontera de la Costa Sud"  donde con su Regimiento 17 de Guardias Nacionales, bautizado "Sol de Mayo", por el combate que le dio celebridad, mantuvo cierta tranquilidad mediante paces concertadas, escaramuzas y presencias "disuasivas".
Machado encontró un fuerte sustento político en Mitre que lo convertía en una figura influyente en el sur de la campaña de Buenos Aires. Ignacio Rivas y él fueron las dos figuras político-militares más importantes del mitrismo en esa  región durante el proceso de organización nacional. Al respecto señala Canciani: “En conclusión, la estrecha relación de amistad política que Benito Machado y Bartolomé Mitre construyeron a lo largo de sus vidas se sustentó en el apoyo político y militar que ambos se prestaban mutuamente. Mientras que Mitre contaba con el servicio de Machado -y de Rivas- en la frontera sur -ya sea conteniendo los posibles ataques de los indígenas en ese territorio; reuniendo y armando guardias nacionales para apoyar cada pronunciamiento político y militar de Mitre, o de sus aliados de turno; o "produciendo" las elecciones en los partidos de la zona-, el Coronel hacía gala en la región del apoyo político que Mitre, y su camarada Rivas, le otorgaban. El vínculo incondicional, que se desarrollaba entre una figura de preeminencia nacional en el ámbito político y militar, y otra que contaba con suficientes apoyos en la frontera sur como para convertirse en un actor clave en ese territorio, se ponía a prueba y, a la vez, se reafirmaba en cada conflicto político y militar, a tal punto, que las lealtades personales -sustentadas, entre otras cuestiones, por una concepción similar del papel que las Guardias Nacionales debían ocupar en la República y la frontera”.
Después de los combates ya citados de Sol de Mayo y Cristiano Muerto, Paunero escribía al Ministro que " Machado representa una de nuestras mejores divisiones de caballería, pues no dudo que traerá 1.000 hombres sin mayor esfuerzo y 1.000 hombres cuya decisión no puede ser más pronunciada, así que mucho ganamos con tener a Machado".
Es que convocaba con facilidad a gauchos y baqueanos que seguían el carisma de este hombre que los mismos indios habían apodado con el nombre de "el Toro", haciendo referencia a su fuerza espiritual y a su resistencia física, como verdadero sinónimo de lo que hoy definiría el lunfardo como un "gran macho".
Su accionar permitió, en gran medida,  la extensión de las fronteras hasta la zona del Claromecó, lo que no era poca cosa, teniendo bajo su mando, hacia 1860, no sólo su famoso regimiento Sol de Mayo, sino los Regimientos de Guardias Nacionales Nº. 11, 14 y 15.
Existía una distinción entre Ejercito y Guardias Nacionales: mientras el Ejército de Línea respondía a las órdenes del presidente de la Nación, las Guardias Nacionales lo hacían, en realidad, al gobernador de la provincia, quien podía movilizar los regimientos sin permiso previo del presidente, lo que daba un amplio margen de autonomía a los poderes provinciales en materia del uso de la fuerza pública, tal cual se observó en las revoluciones de 1874 y 1880. No obstante, para poder contar con el uso efectivo de los regimientos de Guardias Nacionales de la provincia, los gobernadores debían construir sólidas relaciones con los jefes departamentales y, en menor medida, con los comandantes de los regimientos, ya que, ante la inexistencia de una oficialidad burocratizada y alejada de las disputas políticas coyunturales de la época, no contar con el apoyo político y, fundamentalmente, militar de algún jefe en momentos de choques armados o revoluciones podía significar que los Guardias Nacionales, no respondieran a un llamado de auxilio o, peor aún, lucharan en su contra-afirma Canciani.
Para comprender la ascendencia de Machado en la región, no podemos olvidarnos, además, de las atribuciones que tenía para disponer de la policía de campaña a su favor. Ante la débil presencia del Estado en la frontera sur -que se proyectó en la incapacidad del mismo para regular las relaciones sociales-, el clientelismo y la camaradería fueron los mecanismos fundamentales sobre los cuales se construyeron vínculos más que durables entre Machado y sus oficiales y milicianos. En tanto comandante de milicias, con la capacidad suficiente para elevarse por sobre la jurisprudencia de los jueces de paz y de primera instancia, alcaldes, tenientes alcaldes y comisarios de policía.
Los vínculos estrechos que supo construir con algunos caciques indígenas de la frontera, así como también los que cultivó con sus milicianos y oficiales, fueron decisivos para que se erigiera en una figura respetable y prestigiosa en la zona.. A ello debemos sumar las relaciones de parentesco que edificó con algunas de las principales familias tandilenses, que aumentaron su presencia en la política y sociedad de la región.
Su incondicional apoyo a Mitre se reflejó una vez más en Cepeda primero y Pavón después, donde al mando de 1600 hombres tuvo a su cargo la persecución a las fuerzas ya derrotadas de la Confederación, en 1861. Con el grado de coronel efectivo - recibido el 18 de mayo de 1864-estableció su comando de la  Frontera Costa Sud" en Tres Arroyos, cargo en el que permaneció con alguna intermitencia por varios años.
El avance hacia La Horqueta del Claromecó representó casi 40 leguas de fortines de contención y prevención y, en las numerosas acciones que relatamos, Machado y su tropa recuperaron miles de cabezas de ganado apropiadas por los maloqueos que hacían  los seguidores de Calfucurá.
En 1865  fue designado como segundo jefe de la frontera, bajo el mando, del Cnel. Álvaro Barros, con quien tuvo serios problemas y enfrentamientos que determinaron su alejamiento del cargo. Barros- fundador de Olavarría-no comprendía el temperamento y conducta del "Toro" al que criticaba duramente y éste prefirió evitar males mayores alejándose temporalmente.
Sus contactos con Mitre fueron asiduos y cuando se produjo la revolución de 1874 con derrota del mitrismo en la batalla de La Verde, había reunido 1.000 paisanos y con ellos y otras fuerzas, acompañó a su viejo amigo, lo que le significó caer prisionero tras la derrota. Fue en esta prisión donde Machado dio pie a una de sus más famosas anécdotas, porque de un regimiento de Junín, logró evadirse disfrazado de oficial, siendo saludado mientras lo hacía, por los centinelas que no advirtieron que el prisionero se escapaba... astucias del viejo soldado.
Su intensa vida militar no le dio respiro, pero su familia tenía para con él una paciencia y un apego infinitos, su  esposa, Ángela Pérez y sus hijos- entre ellos Rosaura Machado Pérez, luego esposa de José Ciriaco Gómez, hijo de uno de los primeros pobladores del Tandil-, siguieron estoicamente al hombre de armas y sus peripecias.
Por entonces ya el mitrismo predominante en Tandil,  que contaba con la adhesión de los hombres más destacados en el accionar político, veía en Machado una de las figuras preferidas, ya que sus lazos con el pueblo eran firmes. El inquieto Mitre continuó su carrera militar luego de ser reincorporado, tras el perdón respectivo, después de La Verde y hacia 1880 tuvo actuación junto a sus leales gauchos, en intentonas revolucionarias fallidas, hasta que  en la Revolución del Parque de 1890, se alistó firmemente junto al gobierno, teniendo participación activa en los enfrentamientos en la ciudad de Buenos Aires..
El Cnel. Machado, obtuvo el retiro del servicio activo, el 30 de noviembre de 1895, con 54 años y un mes de servicios reconocidos y efectivos y 31 años y dos meses del grado de coronel. Tenía  72 años de edad.
En Tandil tenía campo, hacienda y su casa, donde vivió hasta sus últimos días, siendo luego del retiro de la actividad militar, un hombre de consejo y e influencia en las decisiones políticas del pueblo, dado la red de amistades y lealtades que había construido.
Su domicilio estaba ubicado en Gral. Rodríguez al 500, donde después estuvo parcialmente el almacén "La Buena Medida" y años más tarde  la Farmacia Fernández-hoy Farmacia de la Mutual Municipal- y la librería "Don Quijote", donde puede  observarse la placa que indica que allí vivió Machado.
Recibió en vida el homenaje de la ciudad, cuando en 1908 el entonces Intendente, Eduardo Arana, firmó el decreto por el que se impuso su nombre a la avenida que actualmente continúa denominándose así.
Ya anciano contrajo nuevas nupcias con Alicia Knudsen, de ascendencia dinamarquesa y 56 años de edad, el 5 de marzo de 1909 (Machado había enviudado de su primera esposa  en 1893).
Su larga existencia, plena de exigencias físicas y espirituales, encontró su final, casualmente, en otro día especial de conmemoraciones patrias: el 9 de Julio de 1909. Un gran pesar cundió por la ciudad dado el respeto que inspiraba este hombre, que ya gozaba de su fama de patriarca lugareño. Con los honores pertinentes fue despedido y posteriormente sus restos fueron trasladados a Buenos Aires, de donde retornaron solemnemente a Tandil, el 23 de mayo de 1960, con motivo del sesquicentenario de la Revolución de Mayo, a través de las gestiones de una comisión especial en la que actuó activamente, entre otros vecinos destacados, don Leonel Acevedo Díaz.
En la oportunidad se organizó una ceremonia especial en la Plaza Independencia que algunos lectores recordarán, en la que el Cnel. Benito Machado fue homenajeado a la usanza fortinera, con los fogones y retretas correspondientes, para  luego trasladar sus restos a la bóveda de la familia Figueroa, unida por lazos de parentesco, donde reposan.
La importante carrera política y militar que Machado construyó desde su llegada a la región se correspondió con la creación de duraderos lazos de parentesco con familias tandilenses muy influyentes en la política local. En el diario El Eco de Tandil, días después de su muerte, su familia daba a conocer una solicitada en la cual agradecía "á todas las personas que demostraron su condolencia por su fallecimiento, lo mismo [que] á todos los que acompañaron sus restos hasta la estación de ferrocarril". Los firmantes eran Alina Knudsen de Machado -su segunda esposa-, sus hijas Carmen Machado de Montenegro y Rosaura Machado de Gómez, Sara Gómez de Figueroa, Elena Gómez de Vivot, María Esther Gómez, José Ciriaco Gómez, Antonio Montenegro (hijo), Miguel Figueroa, Bartolomé Vivot, Antonio Montenegro, Carmen Montenegro "y demás deudos del que ' en vida fue el coronel Benito Machado” Sus descendientes han sido y son respetables familias que lucharon por  el progreso de Tandil.
Falta aún el trabajo enjundioso que estudie a fondo la vida de  nuestro personaje, dado que los existentes son escasos y fundamentalmente coloridos por la subjetividad  de los autores, admiradores o detractores. Tandil le debe a Machado ese trabajo porque, fue por antonomasia el "defensor" de la frontera en la que el Tandil, por aquellos audaces tiempos, estaba involucrado.

Principal bibliografía consultada: Canciani, Leonardo:El coronel Don Benito Machado. Un comandante de Guardias Nacionales en la frontera sur bonaerense (1852-1880)”, en Mundo Agrario, vol. 12, nº 24, primer semestre de 2012. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Centro de Historia Argentina y Americana.
Pérez, Daniel Eduardo: “El “Toro” Machado entre la Historia y la leyenda”, en “Historias del Tandil” tomo III, 2010.
Daniel Eduardo Pérez