miércoles, 3 de abril de 2013

EN EL 190° ANIVERSARIO DE TANDIL




LOS PATRIOTAS FUNDADORES DE TANDIL

Protagonistas de la Independencia argentina y sudamericana que participaron en la fundación de Tandil


La fundación de Tandil, aquel lejano 4 de abril de 1823, fue la consecuencia de causas militares, pero esencialmente económicas y políticas, que llevaron a que el "Ejército de Operaciones en el  Sud", encabezado por el mismísimo Gobernador y Capitán General en propiedad de la Provincia Brig. Gral. Martín Rodríguez, se llegara hasta estas tierras con el objeto de levantar en principio dos fuertes: uno en el Tandil y otro en las Sierras del Volcán (Balcarce).
La magnitud de la empresa la da el solo hecho de apreciar en su justa medida la integración de ese ejército, conformado por 2.773 hombres, con un total de 6.454 caballos, distribuidos unos para la marcha y otros para operar; nueve unidades de caballería, una de infantería, una de artillería y un tren  compuesto nada menos que por 259 carretas, que llevaban los distintos abastecimientos.
Simplemente para que usted, amigo lector, tenga una idea, diremos que el gran Ejército de los Andes que organizó el Libertador para el extraordinario cruce de la cordillera y la posterior campaña libertadora en Chile- que prosiguió luego en el Perú- estuvo conformada por 3.987 combatientes y 1.391 de los servicios de retaguardia, hacia fines de 1816.
En este primer capítulo nos proponemos ofrecerle  datos poco conocidos, o al menos poco divulgados, acerca de algunos hombres que participaron como protagonistas en la fundación de nuestro Tandil, y que tuvieron destacada actuación en las campañas libertadoras, junto a próceres de la talla de los generales Manuel Belgrano y José de San Martín, y de otros que además venían de participar en Europa como soldados de Napoleón, dejándoles como final un episodio fuera de lo común en nuestra historia lugareña, que con lo manifestado, luce nacida al amparo de verdaderas glorias de la Independencia.
No entraremos en detalles acerca de las tres figuras de más alto rango que estuvieron al frente del Ejército fundacional, por tratarse de hombres cuyas biografías abarcan una extensión y una magnitud importantes, por lo que dejamos a su criterio conocer sus vidas en la buena bibliografía que de ellas existe. Nos referimos, naturalmente, al Brig. Gral. Martín Rodríguez, el fundador y Comandante en jefe del Ejército fundacional; al Cnel. Francisco Fernández de la Cruz, Ministro de  Guerra y  Marina y al Brigadier e Inspector General José Rondeau, jefe de la Plana Mayor., todos ellos relevantes protagonistas de la gesta independizadora en sus distintos momentos, sin olvidar que a nuestro fundador le cupo el honor de ser designado por los patriotas, junto a Juan J. Castelli, para solicitarle al virrey Cisneros la renuncia, en las gloriosas jornadas de Mayo de 1810.
 Comenzaremos comentándole que la elección del lugar para el emplazamiento del Fuerte de la Independencia y el posterior trazado del incipiente pueblito, fue tarea encomendada a los "Ingenieros arquitectos": Teniente Coronel Ambrosio Cramer, Teniente Coronel reformado Juan J. Salses y al Capitán de Artillería José María de los Reyes.
Nos ocuparemos en primer lugar del francés Ambrosio Cramer, quien nació en París el 7 de febrero de 1792.  Muy joven ingresó en la Escuela Militar y egresó para integrar la infantería ligera del ejército imperial, llegando en 1813 a capitán, haciendo la campaña de España, donde  fue herido en Pamplona, uno de los tantos combates en los que participó,  recibiendo la Legiòn de Honor en la orden de caballero.
El desastre de Waterloo (1815), que significó el fin de la carrera de Napoleón, llevó a Cramer y otros jefes como Brandsen, a trasladarse a América, entusiasmados por Rivadavia, a la sazón Comisionado en Europa.
Llegado a nuestro país, el Director Supremo Pueyrredón, lo designó como sargento mayor del Batallón de Cazadores, en 1816, integrándose al Ejército que preparaba el Gral. San Martín en Cuyo. Allí el Libertador lo nombró como jefe del Regimiento Nº 8 de Infantería, con el que atravesó los Andes, combatiendo valerosamente en la batalla de Chacabuco, siendo elogiado por el mismo Gral. San Martín.
A raíz de algunas desinteligencias con su jefe, regresó voluntariamente a Buenos Aires para trasladarse inmediatamente a Tucumán como ayudante de campo del Gral. Belgrano.
Posteriormente, este inquieto francés, realizó una fugaz visita a su patria natal, para retornar y ser ascendido a teniente coronel de infantería de línea por el ya Gobernador de Buenos Aires, el Gral. Martín Rodríguez, que lo había nombrado su edecán, encomendándosele luego trabajos de relevamiento hidrográficos en la zona de Patagones, presentando en 1822 su informe al Ministerio de Guerra..
En la expedición fundadora de nuestro Tandil le cupo la tarea de trazar el futuro pueblo, luego de lo cual se retiró junto al Gobernador, para participar, al año siguiente, de la frustrada expedición que intentó fundar Bahía Blanca.
Sus inquietudes científicas lo llevaron, en 1826, a rendir examen como agrimensor ante Felipe Senillosa, luego de lo cual se unió a las tropas del Gral. Rauch para combatir a los indios que asolaban sectores de la zona pampeana.
Ya alejado de la actividad militar, se radicó en Chascomús para dedicarse a la crianza y mejoramiento de la raza ovina-una de sus pasiones- siendo en esas circunstancias cuando se unió al levantamiento de los ganaderos contra Rosas, en la denominada Revolución de los Libres del Sud, la que finalmente fue aplastada, cayendo Cramer en la batalla de Chascomús el 7 de noviembre de 1839, en el triunfo obtenido por las armas rosistas al mando el Cnel. Prudencio Ortiz de Rosas. Terminaba así la vida de este hombre, a los 47 años, que estuvo en momentos culminantes de la historia europea y de nuestra independencia.
Decíamos que en la tarea, Cramer estuvo acompañado por el ya citado José María de los Reyes, que llegó aquí veinteañero, como Capitán de Artillería y a quien le cupo, junto a los  oficiales ya mencionados,  elegir el lugar y el diseño para levantar el Fuerte Independencia, oficiando también de secretario del Comandante . Este joven militar había nacido en una aldea indígena de Córdoba, llamada San Marcos., el 3 de mayo de 1803.
Trasladado su padre a Buenos Aires, allí realizó sus primeros estudios, los que perfeccionó y profundizó especialmente en Ciencias Exactas, recibiendo un premio por sus condiciones como alumno. Adolescente, se sintió atraído por la carrera de las armas ingresando  a ella, recibiendo el grado de Subteniente del Regimiento de Artillería de Buenos Aires el 23 de octubre de 1819, prosiguiendo luego sus estudios matemáticos con el prestigioso ingeniero Felipe Senillosa.
Alistado en las fuerzas de Buenos Aires, combatió en Cepeda, en 1820, participando de otros enfrentamientos intestinos, hasta que  en 1821 fue promovido a Teniente 1º y con ese grado participó de la primera expedición a esta zona. Ya en la segunda y definitiva para la concreción de levantar en Tandil un importante Fuerte, que él, junto a los citados militares tuvieron que delinear en el lugar elegido por ellos y aprobado por el Brig. Gral. Martín Rodríguez, para dejar hasta los días que corren su huella fundadora.
A de los Reyes se le atribuye incluso la redacción del famoso parte del fundador, dando cuenta de los hechos y avizorando el porvenir de la futura ciudad. Recordemos que por entonces de los Reyes tenía apenas veinte años.
Retiradas las fuerzas fundadoras, participó en la campaña de 1824  hacia el sur, en la que Martín Rodríguez intentó fundar Bahía Blanca, empresa que fracasó.
En el gobierno de Las Heras-que sucedió a nuestro fundador como gobernador-acompañó la expedición de don Pedro Andrés García a las Salinas Grandes, como reputado matemático y topógrafo. Con motivo de la guerra con Brasil, intervino además en numerosas acciones, destacándose en Ituzaingó al comando de una de las baterías.
En 1827 solicitó licencia y se trasladó a la Banda Oriental del Uruguay, donde formó su hogar y colaboró con el patriota Lavalleja de tal suerte que pronto se alistó en las flamantes huestes uruguayas con el grado de Mayor de Artillería. Allí fundó el Departamento Topográfico y reglamentó su funcionamiento, siendo promovido en 1831 al grado de Teniente Coronel y tres años más tarde al de Coronel por los servicios prestados, siendo de destacar su participación en el Tratado de límites con Brasil. Debiendo regresar a su patria natal, ante sucesos que conmocionaron el Uruguay.; retornó luego al país hermano donde diseñó numerosas obras que aún hoy existen. Sufrió diversas penurias personales de las que se repuso, compartiendo sus escasos bienes con los más necesitados, siendo designado en 1852 para la demarcación de los límites con el Brasil.  Siete años después, fue ascendido a Coronel Mayor, ejerciendo importantes funciones en el ejército del país oriental, entre ellos la dirección de la fortificación de Montevideo, en 1862. Este digno militar-ingeniero, que tanto tuvo que ver con el origen de nuestro Tandil, falleció en Montevideo el 4 de agosto de 1864, ostentando el grado de General, compartiendo el panteón de próceres orientales.
Trazados los planos y llegada la hora seis de aquella fría mañana del 4 de abril de 1823, y luego de la ceremonia de estilo- muy bien descripta en la" memoria"-era hora de comenzar los trabajos. Para ello se aprestaron 260 hombres al mando directo del Sargento Mayor y Jefe de la Artillería,  el  uruguayo Juan Santiago Warcalde.  ¿ Quién era este hombre que se transformó en el "director de obras" de nuestro Fuerte?
La vida de Warcalde, lamentablemente poco conocida entre nosotros, contiene aspectos llamativos que usted, amigo lector, descubrirá a partir de ahora. Nacido en Montevideo  en 1786, tuvo su bautismo de fuego combatiendo a los ingleses a las órdenes de Liniers, en la primera invasión de 1806. Dos años después fue ascendido a Subteniente de Caballería de las Milicias de Maldonado, participando junto a las tropas del ilustre creador de nuestra Bandera  en la campaña al Paraguay, destacándose entre otras batallas, en las de Paraguary y Tacuarí.
A su regreso se le encomendó alistarse junto al patriota oriental José G. Artigas, combatiendo junto a él en Las Piedras, en 1811, participando asimismo del primer sitio de Montevideo, mereciendo los elogios del Coronel Rondeau.
También luchó en Cerrito y en la toma de Montevideo. Trasladado a nuestro país con el grado de Capitán, fue designado Jefe de la Primera Compañía del Primer Batallón del Regimiento de Artillería de la Patria, colaborando con la columna del Coronel D. French que fue a auxiliar los restos del Ejército del Norte, luego de la derrota de Sipe-Sipe.
En 1818 fue ascendido a Sargento Mayor de Artillería con especial recomendación del Gral. Belgrano, partiendo luego del levantamiento de Arequito, a Tucumán desde donde se trasladó a Buenos Aires en 1820, asumiendo como edecán del Brig. Gral. Martín Rodríguez, quien en la campaña fundadora de Tandil le encomendó el mando de la Artillería de aquel Ejército, siendo el jefe directo de los trabajos de erección de nuestro Fuerte.
Con el regreso del fundador y el grueso del Ejército el 24 de julio de 1823, el valeroso patriota uruguayo también retornó, interviniendo al año siguiente en la ya citada frustrada expedición hacia Bahía Blanca. Prosiguió luego con sus servicios en la Artillería, siendo ascendido por Las  Heras, en 1826, a Teniente Coronel,  participando como tal, heroicamente, en la lucha contra los brasileños al frente de las baterías que atacaban los buques invasores. Entre 1830 y 1834  se dedicó a su vida privada , dejando de lado las armas, hasta que al ascender Rosas al poder lo dio de baja y pese a la justa apelación que efectuó- ya se encontraba gravemente enfermo-la que fue atendida, ésta nunca llegó a tiempo porque falleció el 28 de junio de 1936, cuando contaba con 50 años.
Otro personaje de gravitación en la expedición fundadora y de rica trayectoria en las luchas por la Independencia de la Patria, fue Miguel de los Santos Caxaraville o Cajaraville. Este guerrero  nació en Buenos Aires el 5 de julio de 1794, sumándose muy joven y como cadete, al luego famoso Regimiento de Granaderos a Caballo formado por el Gral. San Martín. Con su escuadrón participó de la Campaña al Norte, donde fue herido en la derrota de Sipe- Sipe, luego de lo cual se incorporó al Ejército de los Andes, cruzando la imponente cordillera para librar en Chile las batallas libertadoras. Allí participó en la de Chacabuco, siendo promovido a Ayudante Mayor por su comportamiento en 1817, encontrándose en la ingrata sorpresa de Cancha Rayada junto a sus granaderos, hasta llegar el momento glorioso de la gran y definitiva batalla de Maipú en la que combatió a las órdenes del Coronel de Granaderos Matías Zapiola, obteniendo el grado de Coronel Mayor. Luego de ese memorable triunfo, siguió la campaña en el sur chileno batiendo con sus granaderos a los restos de realistas de la zona. El " guapo" capitán, al decir de San Martín, el " acreditado y valiente" como lo llamaba Belgrano, enfermó y tuvo que retirarse a Mendoza, donde repuesto, prosiguió en el servicio de las armas, para regresar a Buenos Aires en 1820.
Como Teniente Coronel del Regimiento de Caballería de Línea, luchó con Rosas y Rodríguez contra Ramírez, retirándose luego a la actividad rural heredada de sus padres, actividad que dejó para luego actuar en las Guardias de Chascomús y de Monte y más tarde en la de Kakel Huincul ( actual Maipú), desde donde se unió a la expedición fundadora del Tandil en 1823, junto a sus 200 Blandengues y 150 milicianos llegando aquí como Jefe del Regimiento 1º de Campaña, que luego tuviera destacadísima actuación como el famoso 1º de Línea y llegara en el siglo XX-en 1944- nuevamente al Tandil como el 1º de Caballería "Cnel. Brandsen", permaneciendo en los pagos que su antecesor había ayudado a fundar, hasta 1965.
Se trasladó luego a Uruguay donde ejerció la jefatura del Departamento de Soriano, permaneciendo allí hasta la batalla de Caseros (1852) en que regresó a Buenos Aires, donde falleció el 12 de diciembre de 1852. Tal fue, en síntesis apretada, la vida de este soldado  que hizo honor a la aguerrida personalidad de los Granaderos y que contribuyó decisivamente en nuestra fundación.
Otra curiosidad que nos depara nuestro origen, es la participación de otro soldado que se alistó en las tropas del gran Napoleón. Nos referimos al único polaco que estuvo en esos momentos primigenios del Tandil: Juan Valerio Bulewski.
Nacido en Polonia en el siglo XVIII, muy joven se incorporó a las huestes napoleónicas en el que alcanzó el grado de Teniente Coronel de Caballería. Luego de la derrota de Waterloo, Bulewski regresó a su patria y allí, enterado de las luchas por la Independencia americana, se embarcó hacia Buenos Aires donde llegó el 14 de junio de de 1818, presentándose para ofrecer sus servicios tres días después, aceptándosele y siendo destinado nada menos que al Ejército de los Andes, llegando a Chile. Allí el joven oficial polaco se vio envuelto en una confusa situación que lo llevó a ser confinado por San Martín en el fortín de San Carlos. Absuelto, en 1819, fue destinado al Estado Mayor de Plaza, hasta que en 1821 solicitó incorporarse al ejército de Tucumán, dado que en tres años  no había podido entrar en combate, como era su ferviente deseo al llegar a nuestras tierras.
En esa situación se incorporó al Ejército de Operaciones en el Sud y aquí llegó como ¡Jefe del Detall! (la sección encargada de las cuentas).
Mientras se realizaban las tareas de construcción de nuestro Fuerte, el Brig. Gral. Rodríguez decidió explorar la zona, enfilando hacia Sierra de la Tinta. En esas circunstancias los caciques de la zona Pichiloncoy, Lincon y Cayupilqui deseaban conferenciar con el Jefe de la Expedición, exigiendo como garantía de sus vidas, la entrega de rehenes. Allí fue nuestro hombre como voluntario decidido, junto  al teniente Montes. Era el 8 de mayo de 1823, cuando se presentaron. Los caciques exigieron dos rehenes más, y hacia allí fueron los capitanes Bott y Ferrer, seguidos - sin tener las órdenes- casi ingenuamente  por el Tte. Cnel. Mariano Miller y el portaestandarte Alvendín.
Al llegar al lugar, la indiada se abalanzó sobre los que venían y los que ya estaban y todos ellos fueron lanceados en las proximidades de una laguna que desde entonces llamaron "La Perfidia", en tierras del actual partido de  Benito Juárez.
Allí quedó tendido para siempre el cuerpo sin vida de este infortunado y valiente polaco  y de quien poco o nada se ha divulgado, pese a ser uno de los que podríamos llamar "mártires" de la fundación.
Luego de la partida del Ejército de Operaciones, el 24 de julio de 1823, el Brig. Gral. Martín Rodríguez dejó al mando del Fuerte Independencia, en carácter de Comandante- el primero del Fuerte ya fundado, ya que mientras estuvo en construcción lo fue el Sargento Mayor Lorenzo Rojo, segundo de Cajaraville-  al Teniente Coronel Mariano García, con una guarnición de 200 infantes y 100 hombres de la Caballería Blandengue, más los artilleros para operar los cañones (los mismos que se encuentran  hoy en la cima del Parque Independencia).
La vida de este joven primer Comandante del Tandil estuvo llena de peripecias. Nacido en Buenos Aires en 1792, ingresó al Regimiento de Dragones de la Patria, participando junto a las huestes del Gral. Belgrano en las campañas del norte, en batallas decisivas como la de Salta y en las derrotas  de Vilcapugio y Ayohuma , en otra como Puesto del Marqués y en el desastre de Sipe- Sipe.
En 1817 luchó en el ejército patriota hasta el control del valle de Tarija y luego en combates intestinos al mando de Lamadrid, estando bajo su mando cuando el gobernador Rodríguez ordenó la formación de los Húsares del Orden, luego Blandengues de la Frontera, en el que obtuvo el grado de Sargento Mayor en 1822.
Aquí llegó con la expedición fundadora como tercer Jefe del Regimiento de Blandengues, combatiendo en las escaramuzas del 9 de julio en las proximidades del Fuerte. .Al frente del mismo, García estuvo casi siete meses, consolidando el asentamiento y correspondiéndole recibir a los primeros civiles que se acercaban al Fuerte para comenzar lo que sería la primera población fuera del mismo, pioneros del pueblo.
Su tarea no tuvo dificultades destacadas de tal suerte que, cuando regresó Martín Rodríguez con la expedición con rumbo al sur y las miras en Bahía Blanca, García se unió a estas columnas, dejando en manos del jovencísimo Mariano Echenagucía el Fuerte, en forma interina.
Luego del doloroso regreso de aquella expedición, participó junto a Rauch en algunas operaciones contra los indios y luego en las luchas intestinas que se sucedieron
En 1831 fue Jefe del Fuerte Federación ( 25 de Mayo), emprendiendo luego una campaña en la zona de Melincué- ya muy enfermo-después de la cual regresó a Buenos Aires, donde falleció el 20 de julio de 1836, con apenas 42 años.
Decíamos que al dejar García la comandancia, quedó interinamente al frente el Ayudante del Nº 1 de Milicias de Campaña Mariano Echenagucía.
Con él cerramos esta breve reseña y, aunque no fue un Guerrero de la Independencia, se constituyó en lo que podríamos denominar una "perla" dentro de nuestra historia, ya que habiendo nacido en Buenos Aires  el 21 de octubre de 1807, con sólo 17 años, fue -aunque interinamente- el segundo Comandante del Tandil. Alguna vez lo llamamos "  el Comandante adolescente" y con razón este jovenzuelo merece un lugar en la historia de nuestro pago chico.
Llegó con las tropas de la expedición de 1824 que - según ya comentamos- intentó la fundación de Bahía Blanca, en el mencionado Regimiento de Milicias de Campaña y por expresa disposición del Brig. Martín Rodríguez, redactada en un documento inédito, hasta que en 1981 lo dimos a publicidad, quedó al frente del Fuerte, hasta el maltrecho regreso de aquellas tropas en 1824, en que entregó el mando a un veterano, el Sargento Mayor Bruno Vázquez.
Su actuación posterior fue destacada, especialmente en la guerra con el Brasil, participando entre otras batallas, en la  de Ituzaingó hasta ser destinado a la finalmente levantada Fortaleza de Bahía Blanca (fundada en 1828 por el Cnel. Ramón Estomba) donde permaneció hasta 1830. Luego su vida lo llevó a participar de diversas contiendas, entre ellas Caseros, junto a Urquiza, a la frontera del Azul, en la época de los malones de Calfucurá en 1855 y también en Pavón. Mariano Echenagucía falleció el 29 de mayo de 1869 en su ciudad natal. Tierras que pertenecieron a sus descendientes dieron lugar al nacimiento de" Villa Echenagucía", en 1894, en la localidad de Gerli (en Lanús, Gran Buenos Aires).
Apreciados lectores, queríamos darle una pequeña semblanza de algunos- solo algunos- de los protagonistas de la fundación de Tandil, que con sus trayectorias al servicio de la Independencia de esta parte del continente americano, no hicieron sino otorgarnos una pátina de honor a nuestra partida de nacimiento. Esperamos haberlo conseguido, porque como bien dijo el gran filósofo francés-  fallecido en 2006- Paul Ricoeur  " me quedo perplejo por el inquietante espectáculo que da el exceso de memoria aquí, el exceso de olvido allí, por no hablar de la influencia de las conmemoraciones y de los abusos de memoria - y de olvido- .En ese sentido la idea de una política de la justa memoria es uno de mis temas cívicos reconocidos". (En: " La memoria, la Historia, el olvido", FCE, 2004).

Daniel Eduardo Pérez

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viernes, 29 de marzo de 2013

LOS ESPAÑOLES EN EL TANDIL



LOS ESPAÑOLES EN EL TANDIL

                       
La importancia que las colectividades española e italiana tuvieron en el devenir de la historia argentina  en general y en la tandilense en particular, es bien conocida. Es por ello que en esta nota recordaremos los primeros e importantes pasos de los españoles por estas tierras.
Tandil recibió tempranamente  a los primeros españoles que se adentraron en sus tierras aún vírgenes y donde imperaba el aborigen como dueño del viento y la pampa. Desde Antonio De Roxas, que en 1707 fue el primero en mencionar el vocablo Tandil, al padre jesuita José Cardiel, quien en 1746 estuvo por la zona, a  Manuel de Pinazo y Juan Antonio Hernández, enviados por Vértiz en 1770, a Pedro Pablo Pabón, Ramón Eguía y Pedro Ruiz, en 1772; Pablo Zizur en 1783 y otros menos conocidos delegados por los virreyes, hasta Félix de Azara, fueron varios los españoles en distintas expediciones que recorrieron y relevaron la zona.
Después de 1810, debemos señalar al coronel español acriollado  Pedro Andrés García, un precursor indudable de la fundación, el que encargado por la Primera Junta de Gobierno Patrio de recorrer tierras en manos de los indios, elevó  numerosos informes que finalizaron con el del 3 de febrero de 1823, en el que puntualmente y en forma concreta, estimaba que en el Tandil debía asentarse una población estable con la previa fundación de lo que ello requiriese.
En la expedición fundadora de 1823 también hubo peninsulares, aunque no disponemos de sus nombres para esta nota.
En el padrón levantado el 12 de marzo de 1838, que dio un total de 582 pobladores, 324 correspondían al pueblo, de los cuales 228 eran tropa y 96 civiles.
Además de los españoles e ingleses registrados, en ese momento las dos nacionalidades extranjeras predominantes, se verificaba la presencia de portugueses, dos norteamericanos, un alemán, un austriaco, un dinamarqués y un escocés.
Posteriormente, en 1854, según el primer Registro Estadístico provincial, habitaban en Tandil, 179 extranjeros sobre un total de 2899 habitantes, es decir que ya un interesante 6,2 %, estaba por estos pagos. De ese total de extranjeros, casi la mitad eran españoles, con un 47,5 %, en tanto los franceses se ubicaban segundos con un 19,6 %, los ingleses aportaban el 13,4 % y los portugueses el 6,8 %.
Quince años después, para el primer Censo Nacional, en 1869, ya el número de extranjeros alcanzaba a 767, lo que significaba un 15,7 % de la población total, lo cual señala que prácticamente era más del doble del porcentaje de 1854. Por entonces los españoles mantenían la mayoría relativa con el 31,8 %, en tanto los franceses crecían al 27,3 % y los italianos irrumpían con un crecimiento importante, alcanzando el 13,1 %, notándose también un interesante aporte uruguayo con el 6,4 %.
Continuando con el crecimiento apuntado de la inmigración, el censo de 1881, reveló que los extranjeros alcanzaban el 27,1 %, con un total de 2973 personas.
Los españoles, italianos y franceses, en ese orden, constituían las colectividades más numerosas, apareciendo por vez primera un crecimiento significativo de suizos y dinamarqueses.
La tendencia continuaba marcando un ascenso del número de inmigrantes, así en el censo de 1895, Tandil tenía 14892 habitantes, siendo los extranjeros el 33,5 %,  entre italianos, españoles y franceses y luego otras nacionalidades en el orden indicado..
Finalmente en el período al que nos dedicamos en esta nota, el censo de 1914 dio para Tandil 34.061 habitantes, alcanzando el número de extranjeros la cifra más elevada hasta los días que corren (en porcentajes), dado que el 37,4 % de la población total había nacido en otros países.
Españoles e italianos acaparaban con más del 70 % las nacionalidades, lo que muestra el fuerte predominio sobre el resto, que había ido decreciendo paulatinamente. Sin embargo, es de destacar  que de los veinte propietarios más poderosos en el Tandil del siglo XIX, sólo Ramón Santamarina era español.
Santamarina, llegó a poseer una de las fortunas más importantes de la Argentina de fines de ese siglo, integrada por un patrimonio  de 33 estancias con un total de 281.727 hectáreas distribuidas en diferentes partidos del sudeste bonaerense; 6 casas de comercio en diferentes partidos de la provincia y otros establecimientos en las provincias de Santiago del Estero y Río Negro.
Pasando ahora al poblado, y con respecto a su traza, lo más antiguo encontrado hasta hoy es lo hecho por el agrimensor español Felipe Senillosa a fines de 1825, cuando visitó el Fuerte junto a Rosas, apenas una delineación poco informativa. En 1849 el español Manuel Romero integró una “comisión de solares La solicitud de designar aquella "proto Corporación Municipal", no había caído en saco roto y Massini- reemplazando a Darragueira-elevó la propuesta el 25 de abril de 1854, que integraban también los españoles Manuel María Romero y J.M.Otero. La segunda Comisión quedó conformada con los españoles Juan B. Arabehety y Manuel Romero, entre los cinco componentes.
En este contexto, el 11 de octubre de 1854, el Senado y la Cámara de Representantes de Buenos Aires, habían sancionado la Ley Nº 35, que era nada menos que la primera Ley de Municipalidades.
Consecuente con ese rasgo, casi genético de los políticos argentinos, de ignorar la realidad - vigente hasta los días que corren- el gobierno provincial convocó a elecciones en la campaña para el 31 de marzo de 1855. Naturalmente en Tandil, por los malones, los ánimos no estaban para experimentar el gozo primerizo de elegir a sus representantes, pese a lo cual se "armó" una lista, la que se dio por electa, integrada por hombres allegados al poder local y que repetía algunos apellidos de aquellas "proto comisiones".Así Narciso Domínguez, José M. Otero (español), Juan Zavala, y José Arnold como titulares y José Suessy y Francisco Rodríguez (español), como suplentes, fueron elevados como "electos" al superior gobierno.
De la primera elección, habrían participado sólo 29 electores, "eligiendo" la lista que integraba, entre otros, el español Manuel Romero. Obviamente, de aquella "primera Comisión Municipal" de mayo de 1855, nadie se acordó más y otra, integrada por Suessy, Miguens, Romero y  Fugl, informada el 6 de abril "acompañará" al nuevo Juez de Paz, Narciso Domínguez.
En algunos liderazgos emergentes de los propios poblados, cabe destacar el de  inmigrantes que en Tandil, tuvieron clara y notoria participación entre ellos los españoles  Santamarina y Arabehety.
Pero no todo era color de rosa para los vecinos originarios de otros países, el brote xenófobo de 1872, encabezado por Tata Dios, dejó el tendal de muertos entre ellos, contándose varios que eran españoles. El gallego Manuel Suárez Martínez, llegado en 1864, fue uno de los testigos del entierro de las víctimas de la masacre y lo relató dramáticamente en sus memorias.
Se hace muy difícil determinar con exactitud las primeras fami­lias que vinieron a nuestra ciudad, pero podemos señalar que entre otros integrantes de la inmigra­ción española de la primera época, estaban Joaquín Rivera, Faustino Lejárcegui, Ramón Santa­marina, José María Niel, Francisco Barberena, Remigio Sánchez, José y Juan Pardo, Domingo Méndez y Manuel Suárez Buyo. Pocos años después y antes de 1880, arriba­ron, entre otros: Juan J. Za­bala, Manuel Ruibal y Luciano Orbea, y más tarde otros entre los que podemos mencionar a: Juan Maritorena, José Benito Diz, Antonio y Agustín Usandizaga, Ángel Barbeito y Francisco Salaberry.
Ya para entonces los españoles que integraban aquella pequeña colonia, deseaban concretar una asociación que pudiese solucionar los inconvenientes surgidos de la asisten­cia médica y los sepelios, así como también reunir­se en un centro de a­sistencia mutua. Cuando en 1873 Tandil celebraba sus Bodas de Oro, en el Día de su Patrona, 8 de diciembre y después de haber asistido a los oficios religiosos, se reunió un grupo de 44 españoles, que creó  la Sociedad Española de Socorros Mutuos y Beneficencia. Los fundadores,  cuya primera presidencia fue desempeñada por  Joaquín Rivera,  lo decidieron en la  reunión de ese 8 de diciembre de 1873. Acompañaron a Rivera, entre otros: el Dr. Eustaquio Herrera y Salas,  Remigio. Sánchez, Manuel Suárez Buyo, Faustino de Lejárcegui, Aureliano Aguirre, José Fernández Currás, José Pardo, José M. Sampaul, Ramón Santamarina, José M. Niel, Manuel Martínez, Martín Maritorena, Antonio Usandizaga y José  A. y Justo  Lavayén.
Modelo en su momento, fue el fruto de los desvelos de una colectividad activa e inquieta, de la que mi abuelo materno, Manuel González Castro, llegado en 1900, participó intensamente. Aquella Sociedad Española pronto levantó en Gral. Rodríguez al 500 su sede propia a principios de la década del ’80 del siglo XIX y pocos años más tarde, en 1884- año en que llegó mi abuelo paterno Martín J. Pérez-aprobó edificar una sala teatral de la que Tandil carecía.
Sus esfuerzos permitieron inaugurarla el 8 de diciembre de 1887, con motivo del 14º aniversario. Fue el primer teatro (el Italiano se inauguró en 1910)  al que en 1916 lo bautizaron con el nombre de la pluma más grande de habla hispana “Cervantes”. No conforme con ello, y ante el crecimiento de la institución, lo modificaron-en realidad hicieron otro- que desde 1924 llegó hasta estos días. Allí, con su frente enhiesto y bello, cobijó desde mitines políticos a zarzuelas, operetas, conciertos, conferencias, fiestas de egresos,  teatro, cine y presentación de inolvidables figuras como la de Carlos Gardel.
Fueron además quienes introdujeron las célebres “romerías”,  que la comisión  fue madurando como idea  para concretar una programación que rindiera homenaje a la Inmaculada Concepción, patrona de Tandil, con  festejos populares no exclusivamente religiosos. En noviembre de 1881, se resolvió organizar la primera romería, la que se concretó el 8 de diciembre de ese año y se repitió con gran aceptación para la misma fecha del año siguiente, teniendo como eje la zona del templo y la plaza y luego el “monte de las romerías” (solar de la actual Plaza 25 de Mayo). Fue en  celebración de un aniversario más de las citadas romerías, que en 1913 organizaron los Primeros Juegos Florales de poesía que con numerosos participantes de todo el país y un jurado de lujo, ganó el autor español P. Teodoro Palacios
En el centenario de Tandil el aporte de la colectividad española a la celebración de 1923, quedó perpetuado con la construcción y donación del  bello castillo morisco que luce en la cumbre del Parque Independencia.
La Sociedad Española es hoy la institución más antigua de su tipo en Tandil y con el Club Hípico constituyen las de origen más temprano que sobrevive.

Daniel Eduardo Pérez

jueves, 14 de febrero de 2013

LA MÚSICA EN EL TANDIL



LA MÚSICA EN TANDIL

Dice la historia de la Humanidad, que la música nació simultáneamente con el hombre…los primeros sonidos creados por aquellos primitivos seres de la prehistoria, se perdieron en el tiempo…
En Tandil, las seguramente desafinadas notas ejecutadas por la Banda de Cazadores, que tocó en aquel 4 de abril de 1823 fundacional, junto a las campanitas de la futura capillita y luego los primeros fogones del Fuerte, en el que en la rueda fortinera, entre mate y mate, tal vez los rasguidos de alguna guitarra  se hicieron escuchar, significaron, de alguna manera, la llegada de la música al Tandil.
Oportunamente en Tiempos Tandilenses dedicamos nuestra nota al folklore, hoy lo haremos-muy sintéticamente- con la música preferentemente clásica y, prometemos,  en el futuro, una dedicada a la música popular.
Acerca de los pioneros, resulta de valor inapreciable el dato que Manuel Suárez Martínez nos aporta  en sus Memorias. Allí nos informa que hacia 1864, los hermanos José y Lucas Benavides, que a la sazón eran zapateros, interpretaban las entonces populares serenatas en compañía de cuatro o cinco amigos, con guitarra, flauta, trián­gulo y pandereta.
Sin embargo no pasaron muchos años sin que un artista, plástico, músico y algo más, se constituyera en el que podríamos denominar el “primer músico” del Tandil. Nos referimos a don Christian Mackeprang, que  nacido en Stege (Dinamarca) el 11 de octubre de 1840,  llegó aquí atraído por la experiencia de Juan Fugl.  Considerado como el pionero de la plástica en Tandil, desarrolló una intensa labor tanto  pictórica como también musical, siendo su casa de Fuerte Independencia 225, un centro social y cultural, punto de reunión de los vecinos. Mackeprang desplegó una vasta tarea tocando ya en 1868, junto a sus hijos, con una orquesta en  las fiestas principales del poblado. Falleció en nuestra ciudad el 16 de febrero de 1939, cuando tenía casi un siglo de vida.
Hacia 1875 existía una banda de un tal Tiluá, que, según parece, era muy popular  y en 1882, Be­nigno Larrea, daba lecciones de piano, teoría y solfeo a domicilio y cantaba en funerales, solo o acompañado por un coro…
El primer Intendente, Pedro Duffau, en 1888, según podemos leer en su Memoria de lo realizado en 1887, presentada al Concejo Deliberante, le dedicó todo un párrafo a “Banda de Música”, donde dice: “Las reuniones públicas son necesarias no solamente para distraer a los ciudadanos, sino que concurren a su cultura, desarrollando en ellos la sociabilidad y dulcificando, muchas veces, su carácter.
Con la ayuda del vecindario se sostiene una banda de música que los días jueves y festivos concurre a nuestra plaza principal donde permanece dos horas  y media amenizando a la concurrencia.
Esta banda que consta de catorce músicos, cuesta $ 200 mensuales contribuyendo, la municipalidad, por su parte con $ 70 al mes”.
Todo un indicio del valor que nuestro primer Intendente le otorgaba a la música por la época…
Enrique Ciao (padre de don Juan B.) dirigió la banda que alegró las llamadas “retretas” pueblerinas. La Banda Municipal, con los vaivenes propios de la política municipal y su economía, llegó finalmente hasta nuestros días, constituyéndose así en uno de los organismos municipales más antiguos.
Don Enrique  enseñaba también los primeros rudimentos musicales en Belgrano 790, en momentos en que aires románticos invadían los salones donde todavía se bailaban minués y gavotas, mazurcas y valses en las tertulias, en tanto en las calles, las rondas­ brindaban alegría al vecindario y las se­renatas, hacían soñar a las jovencitas, cuando les cantaban al pie de los  balcones, en señal de admiración o…algo más.
También en los carnavales y naturalmente en las famosas romerías, se tocaba música, la que estaba a cargo de vecinos ataviados con vistosos trajes y cantando temas populares, al son de sus instrumentos.
El tandilense Benito Bagú, tuvo por entonces una banda-orquesta, que estaba integrada por: Macke­prang, Setzes, Dhers, Mazziní, Cayetano y Felipe Durazzo, Darbón, Nielsen, Lasalvia y Re­zek, que amenizaba los días de los habitantes del pueblo.
Según nos informa el amigo y colega Hugo Nario en “Los Picapedreros”, una banda se constituyó también en Cerro Leones, dirigida por Antonio Guanella e integrada por 15 ejecutantes, primero todos italianos y luego aumentado su número, con otros canteristas. En La Movediza se formó otra también dirigida por Guanella, según algunos y por un tal Bandelli, según otros. Hay noticias que ya en 1904, se había formado una banda integrada por veintiséis ejecutantes- picapedreros- que alegraba las reuniones del caserío y “bajaba “a la ciudad en las fies­tas importantes. La habría dirigido E. Rolfo.
Otro hombre que aportó a la música de ese principio de siglo, fue Cayetano Durazzo, que enseñó música en su casa, frente a la Plaza Independencia, dirigió la Banda Municipal y hacia 1902, formó otra orquesta con: Lasalvia, F. Durazzo y Setzes (vio­lines), Mazzini y Dhers (flautas), Nielsen, Fe­rrigno y Nielsen (cobres).
En 1909 arribaron a Tandil dos figuras de claves: Fernando Del Fres­no, brillante director de orquesta y pianista y Arturo Crespi, virtuoso violinista que llegó a ser primer violín del Teatro Colón.
Envueltos en un bien ganado prestigio, llegaron con la  compañía de operetas y zarzuelas "Falconer", dado que Tandil era centro de in­terés para muchas  figuras y en la provincia ocupaba un lugar destacado por la cultura de su población. Ambos músicos se encariñaron con Tandil, formaron aquí sus hogares y  brindaron su valioso  aporte cultural.
Arturo Crespi, había nacido en Turín  en 1887. De niño fue traído a Buenos Aires donde estudió violín. Eximio intérprete, integró la Orquesta del Teatro Ópera (precursor del Colón), actuando allí incluso bajo la batuta del genial Arturo Toscanini en su primera visita al país. Al cerrar el Ópera, se radicó en Tandil donde dirigió el conservatorio Rosseger y dio clases en el Colegio San José. Integró la orquesta de Cámara, una banda de adultos y un conjunto  que en el Cine Americano le ponía la música a las películas mudas. Enfermo, retornó a Buenos Aires donde falleció en 1942.
Fernando Del Fresno, por su parte, nació en España llegando a nuestro país muy joven para dedicarse a la música. Se radicó en Tandil destacándose como eximio intérprete de piano, fundando su propio conservatorio, dando clases en la Escuela Normal e integrando conjuntos de cámara con destacados músicos de su época como Crespi, Martucci, Carnevale y Nielsen. También formó parte de orquestas de tango, especialmente la dirigida por  Basanta. Falleció en Buenos Aires.
Hacia 1931 se avecinó el maestro Constantino Basanta y cuatro años después lo hicieron los hermanos Alitta, uno de ellos autor del himno a Tandil y excelente músico, cuyo hijo Antonio fuera docente y violinista.
Un hecho destacado en la historia de la música en Tandil, fue sin duda la llegada de Isaías Orbe. Nacido en Carmen de Areco el 6 de julio de 1899, niño aún se trasladó con su familia a Buenos Aires, donde estudió música con maestros de la talla de Julio de Caro. Su destino lo llevó a Bahía Blanca donde dejó transitoriamente la música, para dedicarse a la administración de los cines Italiano de Cnel. Dorrego y su similar de Tandil. Llegó para radicarse definitivamente en 1933. Aquí se dedicó de lleno a su pasión por la música durante cuatro décadas. Fue docente en la Escuela Normal y en otros establecimientos. Formó y dirigió la Banda Infantil, en 1937-38 reorganizó la Banda Municipal con un grupo de músicos que se le unieron y enseñó en  la Escuela Municipal de Música (desde 1981, Conservatorio Provincial de Música que lleva su nombre)  En la Banda lo precedieron en la batuta:C.Durazzo, E. Rolfo, Juan Nielsen y Basanta. En 1951 se hizo cargo Juan Onorato y posteriormente Tomás Sellanes, y José L.Capel entre otros. También formó varios Coros y como violinista integró memorables tríos y cuartetos. Perteneció a  Amigos de la Música y fue factor clave para el desarrollo musical de Tandil. Sus hijos María Alicia Coty (pianista y directora de coros) y Aníbal (cellista) siguieron sus pasos y hoy su nieto, Javier Logioia-Orbe, es un destacado director de orquesta de nivel internacional, que dirigió la Orquesta del Colón en su reinaguración el año pasado. Don Isaías falleció en Tandil el 21 de setiembre de 1974.
En materia de difusión, en la década del ‘20 funcionó una Asociación Cultural que contrataba artistas internacionales de fama, tales los casos –entre otros-del Cuarteto de Cuerdas de Londres y el célebre pianista Wilhem Backhaus.
Otra Asociación fue la presidida por el médico español Antonio Martí y Mas, destacado pianista y poseedor de una rica cultura que  formó una orquesta sinfónica numerosa, en 1934, dirigida por el maestro Orbe.
Ya a mediados de la década del ‘40-(1945-50)- cantantes como Carlos Charlie Leeson, Salvador Magaró, Mario Saux, Sofía Galicia y Alberto Romero, deleitaron a los tandilenses con sus voces, en memorables recitales.
La década del ‘60 fue muy importante: en 1960 se creó Discomanía Universal dirigida por el Dr.Alfonso Calvo, que organizaba audiciones grabadas de difusión de la música y la ópera, en las instalaciones del Hotel Continental de don Walter Moroder; en 1962 nació Amigos de la Música impulsada por Aníbal Orbe y el mismo Dr.Calvo, que organizó recitales inolvidables.
También en 1962-63 se integró el Conjunto de Cuerdas de Cámara formado por el violinista Rafael Wainhaus-proveniente de la Sinfónica Nacional-, Luis Greenhaus (que ocasionalmente estaba haciendo el servicio militar aquí) en viola, Alicia Coty Orbe en pìano, el maestro Isaías en violín y su hijo Aníbal en cello, que ofrecieron recordadas audiciones.
En 1965, Bernardo Moroder fundó el Conjunto Vocal de Cámara, coro que desarrolló una intensa y exitosa trayectoria en Tandil y la región.
En 1966 nació el coro de niños Angelicus y luego el Alborada, ambos creados por Cristina Cid, en tanto que Alicia Coty Orbe-Logioia fundó la inolvidable Cantoría del Buen Pastor, coro infanto-juvenil que tuvo una brillante trayectoria.
En la década del ‘70 nacieron importantes organismos y eventos musicales: el Coro Estable del Teatro Estrada (1968-1969) luego Coro Estable de Tandil dependiente de la Municipalidad,- ya en 1970- el que organizó, en 1971, el 1er. Festival de Coros, que llegó hasta nuestros días y el Coro Universitario, en 1977, todos ellos dirigidos por B. Moroder.
Por su parte la Dirección de Cultura organizaba ciclos de música, con solistas, conjuntos y orquestas nacionales e internacionales renombrados, con acceso gratuito.
Otro acontecimiento relevante fue el nacimiento de la filial del Mozarteum- el 1 de junio de 1981-que permitió traer a Tandil célebres intérpretes.
Por su parte, Elsa Copete Allende creó  en 1983 el "Grupo Coral Niños de Tandil" y en 1987, el coro de adolescentes " Angelicus"(de igual nombre que el de Cristina Cid), patrocinado por la Fundación del Banco Comercial, ambos de grato recuerdo.
El Trío de Cámara de la Universidad fue creado en 1987, integrado originalmente por Carlos Alabart (violín), Marta Favorito (piano) y Alfredo Bouvier (violoncello). En el año 2006, falleció Carlos Alabart, incorporándose Pablo Albornoz.
Digamos finalmente, que el Conservatorio de Música “I.Orbe”, fue y es un formador de intérpretes y difusor de la buena música, integrando conjuntos, un Ensamble y Coro, con la activa participación de los hermanos Domínguez Xodo y Annele Moroder.
Hasta aquí la apretadísima crónica histórica, sintética y con las omisiones del caso, destacando que hoy son numerosos los coros, conjuntos e intérpretes, sucesores de aquellos pioneros mencionados, que enriquecen la cultura tandilense.

Daniel Eduardo Pérez