sábado, 24 de enero de 2015

EL CAMINO DE LOS DANESES

EL CAMINO DE LOS DANESES
Desde Tandil al sudeste, Fugl…

La llegada al país de grandes corrientes inmigratorias especialmente de países europeos, comenzó a fines del siglo XIX.
En Buenos Aires la llamada inmigración espontánea se dirigió preferentemente a las poblaciones existentes en sus alrededores .En 1854 se creó una comisión que sería la encargada de los asuntos migratorios, la que tres años después creó el célebre “hotel de inmigrantes”.
Sin embargo será recién con la ley Avellaneda, la N°817, del 16 de octubre de 1876, cuando se implementa un instrumento legal coherente para regir diferentes aspectos de la inmigración. El crecimiento de ésta queda marcado por las cifras censales que dan el 12,1 % de extranjeros en el  primer censo nacional, el de 1869, hasta llegar al 30,3 % en el de 1914, el más alto de la historia. En Tandil en tanto en ese mismo censo los extranjeros eran el 37,4 % de la población, una cifra  no superada hasta hoy. Fue entre los censos de 1895 y el de1914 en que se produjo la mayor afluencia de inmigrantes europeos, predominando, españoles, italianos, y franceses en ese orden.
En 1848-antes del período indicado-llegó a Tandil Juan Fugl, constituyéndose en el primer danés que se tenga memoria y pionero en la inmigración danesa en todo el sudeste de la provincia.
¡Qué había impulsado a Fugl a venir a estas tierras lejanas en 1844 desembarcando en Buenos Aires  cuando tenía 33 años de edad? Él mismo en sus Memorias nos lo dice:
“Mi resolución de emigrar junto con el Doctor Jakobsen, -como muchas veces lo he contado-fue por un aviso leído en "Berlinske Tidende", diario de Copenhague. En él, un emigrante danés en  Estados Unidos, hacía las ponderaciones de aquel país. Ocho días después, un navegante de apellido Wordinger, recomendaba más calurosamente la emigración a la Argentina, y se basaba especialmente  en un buen clima, y sus tierras muy aptas para labranza, especialmente para gente del agro como abundaba en Dinamarca. Comenzamos pues, a hacer planes, leíamos y consultábamos mapas y
soñábamos  con fabulosas aventuras y una vida libre y agradable, y con grandes fortunas; dentro de unos años, el regreso a nuestra patria, donde seríamos la envidia de nuestros vecinos de la ciudad natal. (Esta última aspiración era de Jakobsen, que gustaba del "dolce far niente". Una vida
cómoda y regalada, era su mayor deseo). Mi fuero interno quería otra cosa. Mi más alta aspiración había sido la riqueza espiritual y me sentiría feliz de poseerla aunque tuviera que vivir con modestia”.
Pero ¿qué conocimiento se tenía en Dinamarca de estas tierras
sudamericanas?. Fugl nos lo relata en las citadas Memorias:
“Las colonias del Río de la Plata eran en ese entonces muy poco conocidas en Dinamarca, sólo en algunos libros de geografía o en círculos más ilustrados se conocía la actuación del tirano Rosas, gobierno con frecuentes revoluciones, anarquías, asesinatos y horrores. De la emigración a esas colonias no se tenían noticias ni existían tampoco. Y por lo tanto nuestro viaje se consideraba una aventura y cosa de locos. Era el clima templado y la fertilidad de la tierra lo que nos había tentado como hijos de agricultores que éramos. Teníamos conocimiento de que en Buenos Aires vivían dos médicos daneses: el Dr. Fürst y el Dr. Saxild. Para éste último traíamos cartas de recomendación”.
La inmigración danesa en Argentina fue la tercera más importante y numerosa de esta colectividad en el mundo,  después de Estados Unidos y Australia. Se estima que entre 1857 y 1930 arribaron a nuestro país unos 18.000 dinamarqueses. En su gran mayoría eran landarbejdere (peones) o tyende (sirvientes).   Esa emigración fue especialmente impulsada-según señala M. Bjerg enInmigrantes daneses en la Argentina 1848 –1930” - por una “población en expansión, contradicciones entre producción agrícola y caída de los precios del cereal, sistema de herencia no partible y escasez de tierra”.
El siglo XX comenzó con un ingreso de cerca de mil inmigrantes en el quinquenio 1901 – 1905, cifra que se triplicó en el período más intenso de la inmigración danesa a la Argentina, 1911–1915. En 1912  se registró el más alto  ingreso de daneses al país, pero a partir de 1922  entraron en un declive ya sin retorno.
La consolidación de la colectividad en Tandil, permitió que en 1877 se inaugurara en Tandil la primera capilla de ese origen en el país y más tarde-en 1889- viera la luz una publicación en danés creada por Blas Grothe, prominente vecino de ese origen en Tandil. Fue el “Tandils Tidende”, primer periódico en danés de Sudamérica, que durante veinticuatro años mantuvo informada a la colectividad e incluso se enviaba a Dinamarca.
Los connacionales de Fugl que fueron llegando a su impulso,  fue in crescendo y muchos fueron buscando otros horizontes más allá de los pagos tandilenses, dando origen a una corriente migratoria hacia el sudeste bonaerense, especialmente a los actuales partidos de Tres Arroyos y Necochea, originando las colectividades que, en pueblos rurales como Cascallares y Copetonas, se hicieron muy fuertes.
Puede considerarse a Juan Fugl, como  el fundador de la primera colonia danesa en Argentina. Ayudó a sus compatriotas a establecerse en el país y a que tuvieran la misma posibilidad que él tuvo. Al regresar de su primer viaje a Dinamarca en 1858, muchos dinamarqueses llegaron con él y varios se expandieron por la zona ya citada. Se sabe así que un gran porcentaje de los agricultores del partido de Tres Arroyos hoy día, son de descendencia danesa, lo que nos habla de su importancia  en la zona  y su contribución en la economía argentina, por medio de la producción agrícola, promovida por la iniciativa de Fugl.
La historia comenzó  a escribirse --como citamos- a finales del siglo XIX cuando el grupo de daneses radicados en Tandil, en su afán de progreso, partieron hacia esos lares, como Svend Svendsen y Ludvig Pedersen que fueron de los primeros en radicarse en la zona alentados por los arrendamientos más baratos y desoyendo los consejos de sus compatriotas, que, según cuenta la tradición oral, les decían: "Nunca dará resultado la agricultura allí; no llueve, la tierra es arenosa y estéril, ni siquiera el pasto crece, sólo domina la paja brava".
Pero ellos igual partieron y la empresa dio sus frutos. Los hermanos Nicolás y Blas Ambrosius, fueron los primeros en sembrar trigo allí  y, sin imaginarlo, sentaron las bases de lo que hoy es uno de los principales centros productores de este cereal y sede de la Fiesta Provincial del Trigo, que se realiza desde 1968.
Son muchos los testimonios que reflejan lo dicho. Así Alan Laursen nos dice:
“Mis tatarabuelos maternos Martin Rasmussen y Anne Kristine Jensen, joven pareja, llegó en  1898 de la provincia de Aarhus. No conozco los motivos por los cuales abandonaron Dinamarca, quizás-seguramente- la misma razón por la que cientos de daneses emigraban y llegaban a la Argentina, la búsqueda de un mejor futuro que en Europa no vislumbraban. Una vez arribados al país, se asentaron en la zona de Copetonas, partido de Tres Arroyos. Martin comenzó trabajando en el campo de Ceferino Jensen como empleado rural”.  En 1917, decidieron la construcción de una enorme casa de estilo chalet italiano de un solo piso, con más comodidades, de 500 m. cuadrados.
Pero la huella de Martin excedió la labor agropecuaria y familiar, participando también de la vida institucional, siendo uno de los fundadores del Banco Comercial, nacido en 1906. Hoy  los descendientes de Martín y Anne son muchísimos  y se encuentran principalmente en Copetonas y Oriente.
"La mayoría de los daneses inmigrantes llegaron como peones de campo y les fue muy difícil progresar; arrancaron de muy abajo, la tuvieron que pelear y luchar muchísimo", cuenta por su parte Eduardo Dam, nacido en Dinamarca
circunstancialmente, productor agropecuario y cónsul de su país en Tres Arroyos.
"Don Pedro Haugaard (uno de los primeros daneses que progresó, compró tierras y construyó una estancia) traía gente de Dinamarca, y les daba trabajo; todos querían venir. Tenía una estancia muy grande. Se calcula que llegó a contar con medianeras para trabajar 60 mil hectáreas, cuando todavía los arados eran tirados por caballos", relata Pablo Pedersen, un integrante de la colectividad  alojado en el Hogar El Atardecer.
"Esto era un paraíso para un dinamarqués recién llegado agrega Lilia Pedersen, y era un paraíso por dos razones: porque escapaban de una dura crisis económica que azotaba a Dinamarca por esos años, y porque se encontraban con grandes extensiones de tierras para labranza, desconocidas en su pequeño país.
Así, poco a poco, apellidos como Anderberg, Keergaard, Rybner y Olesen, entre otros, comenzaron a ser frecuentes en Tres Arroyos. Los campos casi desérticos fueron ganados por montes, jardines y casas de chorizo, que unos años más tarde se convirtieron en grandes residencias de estilo danés. En un principio el idioma fue el mayor obstáculo a superar. "Mi abuelo vino a trabajar con sus tíos - Ambrosius- y mi abuela jamás aprendió a hablar el castellano. Los lugareños que se empleaban en las estancias danesas aprendían el danés, porque no se hablaba otra cosa, y en Tres Arroyos, en las grandes tiendas y en las cooperativas, siempre había alguien que hablaba danés, siempre", testimonia Mirna Ambrosius Skou, que reconoce, con un poco de melancolía, que con el correr de los años el idioma se ha perdido.
Otro dinamarqués, Frederik Andresen, por ejemplo, llegó a la Argentina en 1900, su padre  era maestro y también interesado en cuestiones de agricultura y abejas. El mayor de sus seis hermanos, que había llegado años antes, Theodore, fue el tercer pastor de la Comunidad danesa en Tandil, de 1898 a 1926, sucediendo a Daël.
"Hay familias que llevan cuatro generaciones firmemente arraigadas al campo que compró su bisabuelo", señaló oportunamente Aldo Bidán, el primer pastor no danés que imparte sus sermones en la Iglesia Dinamarquesa de Tres Arroyos.
JUAN FUGL Y LA COLONIA DANESA  
Después de su regreso definitivo, desde su casa Juan Fugl siempre acudió en ayuda de todo danés que quisiera radicarse en la Argentina, así contribuyó a seguir manteniendo viva la emigración de daneses a este país.
Siguiendo al pionero e impulsados por la idea de forjarse un mejor futuro en nuestras tierras, los inmigrantes dinamarqueses que llegaron se asentaron en pocos puntos del país. La inmigración fuerte se produjo en 1890, donde acompañándose en el difícil camino del desarraigo, la mayoría se radicó en Tandil, Necochea , Juárez y Tres Arroyos y algunos en San Cayetano y Lobería.
Entre los precursores que se aventuraron hacia  esa región, figura Pedro Meisler, firmante del acta inaugural de la Casa Municipal de Tres Arroyos en 1885, que actuó como socio de un negocio.  Su vinculación con las autoridades llevó a que muchos de sus compatriotas, recién llegados a la Argentina, eligieran instalarse en esa zona, algunos de ellos tras residir en Tandil, la cuna de la inmigración danesa.  Con motivo del Centenario de la Iglesia Danesa de Tandil, la Congregación de Buenos Aires le hizo llegar sus cordiales felicitaciones y así lo reconoce: “Nosotros aquí en Buenos Aires siempre estuvimos muy allegados a Uds. de la Congregación de Tandil. Es la congregación madre de todas las comunidades danesas en la Argentina; muchos de los daneses de esta ciudad son nativos de Tandil o tienen sus familiares y amigos allí, o viceversa”.
En Tres Arroyos, en el censo de 1869 aparecen dos daneses entre los 550 habitantes, uno de los cuales habría sido Soren Jensen. Allí comenzaron a llegar con asiduidad inmigrantes de ese origen, entre ellos Carlos Anderberg, considerado uno de los patriarcas fundadores de la colectividad tresarroyense, que había llegado en 1879 a Tandil donde  trabajó de peón rural, y luego de pasar por Lobería donde compró tierras que luego vendió y en compañía de un Rasmussen se afincó en Tres Arroyos y fue el primer danés en comprar una parcela de tierra. Los ya citados  hermanos Blas y Nicolás Ambrosius-en tanto-fueron los primeros en sembrar trigo en ese  partido; por esos mismos años llegaron Pedro Haugaard, Sophus Knudsen, Soren Nielsen, Ramus Niels, Albert Larsen y otros como F. Petersen, Juan Nielsen, C.Skou, S.Svendsen  y varios más que fueron trasladándose desde Tandil a los pueblos citados, apellidos que se fueron haciendo comunes en los lugares preferidos: Copetonas y M. Cascallares.
Allí desarrollaron una red de instituciones que los unieron fortaleciendo sus tradiciones: su Iglesia, su colegio, cementerio, una compañía de seguros, el Centro y el Hogar para Ancianos.
La primera institución, fundada el 18 de noviembre de 1902, fue la Sociedad Dinamarquesa de Socorros Mutuos. Posteriormente, en 1916, se conformó la Sociedad Protestante del Sud que reglamentó el funcionamiento de la Iglesia Evangélica Luterana que ya se había independizado a principios de siglo de Tandil.
Una de las principales preocupaciones de los inmigrantes fue la educación de sus hijos para que conservaran las costumbres y tradiciones traídas de Europa. El fruto  fue el Colegio Argentino Danés, creado a cuatro leguas de Cascallares en 1916, propiedad de la congregación danesa de los partidos de Tres Arroyos y Cnel. Dorrego, denominada Sociedad Protestante del Sud, cuya iniciación se remonta al año 1915.
La Comisión Directiva que actuó durante los trabajos iniciales estaba integrada por: Presidente, Blas Ambrosius; vicepresidente, Fernando Petersen; tesorero, Pedro Haugaard; vocales: Martín Pedersen, Ceferino Olsen, Gunde  Gundensen y Ramón Hansen.
En 1932 se fundó la Asociación Mutual Dan y años antes el Centro Danés. La creación más reciente es el Hogar El Atardecer, en forma conjunta con la colectividad holandesa, que abrió sus puertas hace pocos años para albergar a los mayores de la comunidad.
Otra institución importante de la zona es  la Sociedad Parque Danesa (Club Dannevirke) de San Cayetano fundada por un grupo de colonos como una institución de campaña que le dio cabida a las múltiples inquietudes de inmigrantes daneses, el 24 de noviembre de 1924.
Pero la actividad que-a nuestro criterio- permitió mantener una cohesión en la colectividad tanto tandilense como la de las otras ciudades y pueblos unidos al principio de alguna manera a Tandil, fue la religiosa. Fue esa poderosa fuerza espiritual la que nos ha dejado los testimonios más ricos de la lucha de estos pioneros.
Tandil tenía su templo desde 1877 y su primer pastor O. Meulengracht fue sucedido en 1886 por Niels Daël, quien nos dejó recuerdos indispensables para reconstruir en aquellos lugares la vida de la colectividad en sus primeros años. En conocimiento de la existencia de daneses en otros sitios, su primera visita fue a Juárez donde bautizó a una niña enferma que murió poco después.
La primera misa fuera de Tandil la dio en cercanías de Tres Arroyos “… se hizo en un galpón de paredes de barro, el altar estaba hecho solamente de una pequeña mesa  con un mantel blanco y habíamos suspendido una lámina religiosa de origen alemán como fondo. Las velas eran de sebo que ellos mismos habían hecho y los candelabros dos platillos de café dados vuelta”.
“El reclinatorio donde los comulgantes se arrodillaban  era una fila de recados  que se habían puesto alrededor de la mesa!
 “Más al este de la costa atlántica hay dos pueblos: Lobería y Necochea cada uno con colonia dinamarquesa, hasta allá tenía que ir a caballo o con algún vehículo. En general demoraba dos días, pernoctaba en casas de daneses que vivían en el camino…”
Retirado Dael, se hizo cargo como pastor el ya citado Th. Andresen que dio su primera misa en julio de 1898 y poco después lo hizo en Tres Arroyos. Al año siguiente la Congregación decidió contratar otro pastor que ayudara a Andresen sobre todo para la atención de los otros pueblos. Así llegó Christian Jensen y luego,  ya radicado, pasó los primeros cuatro años alojado en la casa de Ambrosius hasta la construcción de la capilla. Su labor fue extraordinaria, recorriendo incansablemente los polvorientos caminos de la zona, comiendo y durmiendo donde podía…. Fueron años de consolidación de la colectividad tresarroyense que además intervino activamente en el inicio y desarrollo de instituciones fundamentales del pueblo, como las que ya detallamos.
El 14 de julio de 1901, en asamblea general, la Congregación de Tandil reconoció como independiente a la de Tres Arroyos y así se constituyó formalmente como  Congregación Protestante del Sud –ya citada.---en 1914, desarrollando desde entonces en forma ininterrumpida su labor, trascendiendo además en instituciones como las que hemos mencionado.
La infatigable labor de sus integrantes llevaron al progreso de la zona, gracias al impulso inicial de nuestro Juan Fugl y a aquellos hombres y mujeres que se afincaron en el sudeste, dejando sus nombres grabados en la historia de esos pueblos. Los Anderberg, Ambrosius, Haugaard, Skou, Rasmussen, Petersen,  Jensen y muchos más, escribieron páginas heroicas de pionerismo en estas tierras…
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Daniel Eduardo Pérez

3 comentarios:

  1. Gracias por este post, Daniel. Mis abuelos maternos trabajaron en la estancia de Don Blas Ambrosius, conocida como La Constancia. Mi abuelo, también descendiente de daneses se llamaba Martin Svarre. Sus padres, Carl Svarre y Kristine Jensen, regresaron a Dinamarca con sus hijos y se radicaron allí hasta su muerte. Mi abuelo vuelve a Argentina en 1945, como polizón en un barco sueco y se establece en Tres Arroyos donde formó su familia. Saludos!

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  2. Interesante.
    Acotación:
    En el censo de 1869 en Tres Arroyos aparecen 2 daneses, el señor Pedro Martensen y su señora Cristina Larsen con sus pequeñas hijas nacidas en Argentina Maria de 3 años y Catalina de 2 años. Martensen regresa a Tandil luego de algún malón. Participa en la Conquista del Desierto y se radica posteriormente en Viedma. Saludos

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