EL MONTE CALVARIO DEL TANDIL
Denominado así por su parecido con "El Gólgota" de Judea, es uno de los lugares más importantes y pintorescos.
Una gran escalinata de piedra culmina con la enorme cruz de
alrededor de 20 m. de altura con un Cristo de mármol francés. El
sendero del Vía Crucis con los grupos escultóricos recuerdan las
distintas estaciones del Calvario. La capilla dedicada a Santa Gemma de
estilo romántico y la reproducción de la gruta de Lourdes complementan
un marco espectacular por su belleza incomparable.
Inaugurado el 10 de enero de 1943, con la presencia del
presidente de la Nación, Dr. Ramón Castillo, y una multitud calculada
en 40 mil personas, el Monte Calvario del Tandil es indicado como el
segundo existente en el mundo.
Situado en cercanías de la ciudad, el monte alza sus grises granitos
de redondeados contornos, como muñones implorantes que de suyo imponen
silencio al alma.
Convenientemente forestado por eucaliptus, pitas y algunas coníferas
se transforma a la vista de cualquier visitante en un monumento por sí
solo.
Esta disposición natural que ofrece al recogimiento, se ve desde la
lejanía aumentada por la presencia culminante de un imponente Cristo
crucificado que, integrado al paisaje, da la característica esencial a
esta conjunción de arte y religión.
La conmemoración de la Semana Santa en Tandil resulta desde hace
medio siglo una de las más importantes en la República Argentina y aún
en Sudamérica.
Su solemnidad, la multitudinaria expresión del espíritu religioso,
la representación de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús en el gran
Anfiteatro ubicado al pie del cerro Independencia y las expresiones
culturales que integran la Semana, tienen como majestuoso punto de
partida el Monte Calvario.
HISTORIA
El ilustre sacerdote y obispo Monseñor Fortunato J. Devoto (que
también era astrónomo y llegó a dirigir el Observatorio de La Plata)
fue quien concibió la idea de levantar en ese magnífico lugar, un
monumento religioso de trascendencia nacional.
La antigua Avenida Noroeste de Tandil (hoy España y continuación
Monseñor De Andrea) se encuentra coronada en el extremo suroeste por un
cerro que pertenecía a Pedro Redolatti, primo de Mons. Devoto.
La visión de éste, que conocía detalladamente el "Monte", "Cerro" o
"Parque Redolatti" -como se le denominaba- lo impulsó a sugerir a su
familiar la donación del lugar con el objeto mencionado, accediendo
Redolatti, en octubre de 1940. Una vez obtenida la decisión,
Mons. Devoto lo ofreció a la Sociedad San José (de la que era Director
Espiritual) para que fuera la que encarase la tarea de concretar la
idea.
Era el 10 de enero de 1941 -Día de la Sagrada Familia- cuando
se formalizaba la donación de las nueve hectáreas. En ese mismo año
fallecía monseñor Devoto, no pudiendo ser testigo de los resultados de
su inquietud.
Aceptada la donación, la presidenta de la Sociedad, doña Elisa
Alvear de Bosch, tomó los contactos necesarios e inició las gestiones
pertinentes para cristalizar la iniciativa.
La Sociedad, que no disponía de los fondos suficientes como para
llevar adelante una obra de magnitud y que todavía no estaba definida a
través de un proyecto, debió analizar sus características
fundamentales, descartando la construcción de un templo, dado la
cercanía de los ya existentes.
Expuesta la idea general, la señora Ernestina Lavallol de Acosta,
efectuó la primera donación en nombre de su madre Doña Ernestina Ortiz
Basualdo de Lavallol, ex presidenta de la Sociedad.
Aquellos $15.000 moneda nacional, serían la base de la obra, que en
abril de 1941 vio delineado su futuro al proponer la Sra. Elisa Bosch
Alvear, marquesa de Kerhué y fina artista, que se levantara allí un
Calvario, aprovechando la similitud extraordinaria del Monte con el
Gólgota.
Aprobada la propuesta en junio de ese año, el Dr. Exequiel Bustillo,
a la sazón presidente de la Comisión de Parques Nacionales, donó la
madera para la gran cruz que coronaría el conjunto, de coihue o de
alerce-según los cronistas de la época- y de 17 m de altura.
Esta cruz, enclavada al fondo de la avenida, a la que se le agregó
luego una Piedad y un Descendimiento, fueron las primeras obras que
dieron origen al actual Calvario de Tandil.
Se accedía a él por una escalinata de noventa y seis escalones
construida en piedra migmatita que conducía, con sus terrazas
intermedias de lajas rosadas, blancas y grises de la cantera San José
del Carmen, a la Plazoleta de la Cruz, donada por Matilde Campos de
Nocetti, propietaria de una importante cantera de la zona por la que
también se podía acceder en automóvil.
La Municipalidad forestó, asimismo, con numerosos olivos ambos laterales de la avenida.
Finalmente, la Sociedad aprobó la iniciativa de la Sra. Bosch Alvear
de completar lo realizado con un Vía Crucis que ascendiera por el
faldeo del cerro Redolatti hasta llegar a la gran Cruz que lo coronaba,
el que se ejecutaría con la participación de los más importantes
escultores de la época. Se encomendó la dirección de tal obra al
prestigioso arquitecto e ingeniero Alejandro Bustillo, quien luego de
relevar el terreno y efectuar los estudios correspondientes, propuso el
proyecto final.
Los costos que el mismo exigía eran grandes, pero inmediatamente de
conocidos, comenzaron a llegar las donaciones oficiales y privadas. La
Nación contribuyó con $50.000 moneda nacional, la Provincia con $25.000
y el Municipio con $10.000. Se recaudaron, finalmente, más de $150.000
moneda nacional, lo que permitió cristalizar la obra merced, además, a
la generosa contribución de los artistas que cotizaron sus propias
obras a precios mínimos.
El 10 de enero de 1943, a dos años de nacida la inquietud, se
inauguraba el monumento al Calvario, Vía Crucis y Escala Santa, como
se denominó. Las obras inauguradas incluían la gran Cruz, que había
sido de dificultosa erección por su tamaño y peso, y trece grupos
escultóricos más del Vía Crucis, entre los que se encontraban "La
Piedad" y el "Descendimiento" que habían sido los primeros colocados y
además Cristo orando en Getsemaní.
Una multitud calculada en cuarenta mil personas, se agolpó para que a las 10 de la mañana, y con la presencia
del Presidente de la Nación Dr. Ramón S.Castillo, el vicegobernador de
la Provincia, el Nuncio Apostólico, el Obispo de Azul Mons. Caneva, el
Intendente Municipal Dr. William Leeson, Mons D’Andrea, y el Párroco
de Tandil Pbro. Julio M. Chienno, fue testigo y protagonista de ese hecho histórico.
Entre los cientos de eucaliptus, olivos y pinos, se alzaban estas esculturas originales de los artistas José
Fioravanti, Carlos de la Cárcova, Horacio Cerantonio, Santiago Berna,
Pedro Tenti, Roberto J. Capurro, César Sforza, Ernesto Soto Avendaño y
Ricardo Musso. Se inauguraba así una expresión de lo más representativo de la escultura argentina.
Años después fueron remplazadas algunas de las estaciones por su
deterioro, perdiéndose obras de gran valor, como las de de la Cárcova y
Tenti y la Cruz de madera fue reemplazada por una de cemento-la
actual- de alrededor de 5 m. más alta que la original de madera, en
1949.
Capilla Santa Gemma y Gruta de Lourdes
La capilla que recuerda a una Santa de 25 años de edad
Fue inaugurada en 1947 y construida en devoción a Santa Gemma. Su
concepción artística y arquitectónica la convierten en un verdadero
tesoro. Sobre su faldeo se erigió una reproducción de la Gruta de la
Virgen de Lourdes.
Transcurridos pocos años de la inauguración oficial del Calvario, se
agregó a este magnífico monumento, la construcción de una capilla
destinada a la devoción de Santa Gemma.
Construida en una estribación del cerro, de acuerdo al proyecto de
los arquitectos Rocha y Martínez Castro, fue donada por Elena
Santamarina de Saguier en memoria de su esposo Eduardo Saguier, siendo
inaugurada el 12 de enero de 1947.
Se trata del primer santuario erigido en América en honor a la mencionada Santa accediéndose a él a través de tres arcadas románicas que portican el pequeño atrio.
Dirigida su construcción por Valentín Zámolo, su altar, arcadas,
confesionarios, columnas, pisos, comulgatorio y parte de las paredes,
así como las escaleras, son de granito trabajado por dos artesanos
famosos de Tandil: Pedro A. Pedrotti y José Pisculich.
A ambos lados del altar, José Santiago Berna -creador de varias de
las esculturas de las catorce estaciones- realizó dos relieves. Su
tejado está realizado en pizarra francesa y sus hermosos vitraux
muestran azucenas, símbolo de la estigmatizada de Luca, Gemma Galgani, canonizada por SS Pío XII.
José de España, autor de numerosas obras literarias y prestigioso
crítico de arte- comentaba en 1948: "Por este nuevo templo, por este
Calvario y por muchas cosas que ya se dibujan en el porvenir, la
hermosa e inolvidable ciudad de Tandil se está convirtiendo, cada vez
más, en el Varallo de América...".
Se refería de España a la magnífica obra realizada, en una colina de
Sessia que domina la villa de Varallo, en el Piamonte, a instancias de
fray Bernardino Camini en el siglo XV, donde quiso recrear los Santos
Lugares, en una "Nueva Jerusalem".
Hacia fines de 1960 surgió la iniciativa de los Padres Carmelitas,
que tenían por entonces como Párroco al P. Isidro, impulsada
específicamente por el P. Raúl Luque, con el apoyo de un grupo de
vecinos encabezados por el Dr. Enrique Torres Ordóñez, de construir en
el lugar una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.
Con la colaboración inicial de la Dirección de Turismo de Tandil, la
dirección técnica del ingeniero Argentino Olmos y la colaboración
artística de Ernesto R. Valor comenzaron las obras sobre el faldeo
lateral posterior del lugar donde se halla enclavada la Capilla de
Santa Gemma.
La obra dirigida por Valentín Zámolo y con la colaboración de los
artesanos de la piedra que trabajaron en la erección de la Capilla, fue
inaugurada el 10 de febrero de 1962, a las 19.00, en un acto enmarcado por centenares de fieles.
La réplica de la Gruta está guardada por una gran reja forjada en
hierro por Santiago Tomassi y sus hijos. Hacia un costado y delante del
altar se halla la imagen de San Bernardita arrodillada, mirando hacia
la Gruta donde está la Virgen, poseyendo un altar de piedra de Barker,
trabajada por Pedrotti y Jarque y un gran candelabro de hierro para
cien velas, obra de Otilio Galicia. Por su parte el artista Carlos
Allende -famoso por sus "bochas" de piedra y sus tallas en raíces,
creador también del monumento a Juan Fugl y al Gaucho, entre otros-
forjó el crucifijo y los candeleros para el altar.
Así fue la obra original. Con el transcurrir de los años se
introdujeron varias mejoras, nuevos accesos y escalinatas; y nuevas
obras escultóricas que le dieron al lugar el profundo significado que
nunca le faltó.
LAS CATORCE ESTACIONES DEL VIA CRUCIS
PRIMERA ESTACIÓN: "Jesús condenado a muerte"
Tomado del brazo derecho por un soldado romano, Jesús es presentado
ante el pueblo cuando ya se ha producido la condena. Sus manos
permanecen atadas. A su izquierda, sentado, Pilatos se lava las manos.
Escultor: José A. Berna, artista italiano
SEGUNDA ESTACIÓN: "Jesús carga con la cruz"
La figura dramática de Jesús, sostiene con su mano derecha la
terminación del travesaño de la cruz, que carga sobre su hombro
izquierdo.
Escultor: Humberto Eduardo Cerantonio, artista argentino
TERCERA ESTACIÓN: "Primera caída de Jesús"
A diferencia de la estación anterior, Jesús sostiene la cruz sobre
su hombro derecho. La figura está semihincada, apoyada sobre la rodilla
derecha y su brazo izquierdo extendido hacia el suelo.
Escultor: Ricardo Musso, artista argentino.
CUARTA ESTACIÓN: "Jesús encuentra a su madre"
Una expresiva María, con sus brazos extendidos hacia adelante, sale al encuentro de su Hijo que se acerca portando la cruz.
Escultor: José Santiago Berna, artista italiano.
QUINTA ESTACIÓN: "Jesús y el Cireneo"
El Cireneo ayuda a Jesús a sostener la cruz. Entre ambos, aparece amenazante un soldado con su brazo izquierdo levantado.
Escultor: Antonio Sforza, artista argentino.
SEXTA ESTACIÓN: "Jesús y la Verónica"
Mientras Jesús es ayudado por el Cireneo, la Verónica presenta un paño con el que secará el rostro del Hijo de Dios.
Escultor: José A. Berna, artista italiano.
SÉPTIMA ESTACIÓN: "Segunda caída de Jesús"
La cruz vuelca su peso sobre el hombro derecho de Jesús, caído. Un soldado amenaza con un látigo en su mano izquierda.
Escultor: Roberto Capurro, artista argentino.
OCTAVA ESTACIÓN: "Jesús consuela a las mujeres de Jerusalem"
Dos mujeres se encuentran frente a Jesús, que avanza llevando la
cruz. Una de ellas está con las manos juntas en gesto de imploración,
mientras la otra se encuentra arrodillada, con un niño en brazos.
Escultor: José A. Berna, artista italiano
NOVENA ESTACIÓN: "Tercera caída de Jesús"
Jesús se apoya sobre el suelo con la palma de su mano izquierda, con
los ojos cerrados. El Cirineo se esfuerza por levantar el madero. Un
soldado apoya su pie izquierdo sobre la cruz, mientra otro, armado de
lanza, observa.
Escultor: José Fioravanti, artista argentino.
DÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es despojado de sus vestiduras"
Jesús, de pie y el reflejo de gran bondad en su rostro, es despojado de la vestimenta por otro individuo.
Escultor: José Berna, artista italiano
UNDÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es clavado en la cruz"
Jesús ya ha sido colocado sobre la cruz. Un soldado contempla. Un
hombre alza su brazo derecho, que empuña un martillo. Un clavo ya ha
sido introducido en la mano derecha de Jesús. Otro hombre sostiene el
brazo izquierdo, mientras dos mujeres, entre ellas María, son
contenidas por el soldado.
Escultor: Humberto Cerantonio, artista argentino.
DUODÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús muere en la cruz"
La imponente figura de Jesús, realizada en piedra mármol, se
encuentra crucificada en la actual cruz de cemento, que reemplaza a la
original de madera.
Escultor: José Berna, artista italiano.
DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: "La Piedad"
María, con un rostro joven, delicado y bello, sostiene a Jesús, muerto entre sus brazos.
Escultor: José Berna, artista italiano
DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: "El Santo Sepulcro"
La figura de Jesús es observada piadosamente por la Virgen, en tanto
José de Arimatea sostiene su brazo y Nicodemo toma su mano en actitud
de besarla.
RECUERDOS DE LA CELEBRACIÓN QUE HIZO FAMOSA A TANDIL
Cuando tomé la primera comunión-allá por 1949 en la entonces todavía
Capilla Santa Ana-entraba en la órbita de las celebraciones religiosas
con la fantasía propia de la niñez y también con el respeto propio de
la cultura de la época, más estructurada que actual.
Fue en la década del ‘50, en la adolescencia, cuando por primera vez fui como testigo-participante de la Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, que así era llamada.
Mi madre, devota de la Virgen, se conmovía al paso de las imágenes,
entre la multitud que desde las veredas se agolpaba para”presenciar”
ese acto evocativo que a mis ojos lucía imponente. Recuerdo el sonar
lúgubre de las “matracas”, los cánticos y oraciones, los vecinos
vestidos de soldados romanos y la potente voz de don Luis Actis
conduciendo la procesión por los primitivos altavoces de don Sinka o
Bazoberri, que nos conducía a una casi mística recordación de lo que
habrían sido los últimos momentos de Jesús.
Era, en realidad, un momento casi único en el año. Después las “Estampas”
completaban un día lleno de luto y respeto, en el que las radios
nacionales-en Tandil no había locales todavía-pasaban música sacra y
los católicos practicantes vivíamos casi en voz baja. En las mesas de
ese día reinaban el bacalao noruego, el más modesto abadejo argentino y
el atún.
Pasaron los años y quiso el destino que ya desde principios de la
década del ’70, participara en la famosa Comisión Oficial que desde
1951 era la encargada de organizar toda la Semana Santa, presidida por
el Intendente de turno y con la participación de sacerdotes, laicos y
representantes de las entonces llamadas fuerzas vivas (Cámara Comercial
e Industrial-hoy Cámara Empresaria-, la Asociación de la Pequeña y
Mediana Industria, las Fuerzas Amadas, Policía, etc.
Eran reuniones donde la patriarcal figura de Mons. Actis era la
referencia ineludible y la voz cantante, en las que se pasaba revista a
todos los detalles, entre los que no faltaba la eterna pregunta ¿y si
llueve?.
Lo cierto del caso que no recuerdo de aquellas décadas que la lluvia
empañara los actos –salvo alguna vez- que el augurio desalentador
implícito en la infaltable pregunta, sobre todo en los Viernes
Santos, que era el día central.
Luego vino todo lo que hoy conocemos, desde el Domingo de Ramos a
los distintos y conmovedores Vía Crucis, hasta llegar al Domingo de
Pascua.
Tandil había cobrado vida propia en la celebración de la Semana por
la existencia del Calvario partir de su inauguración, el que, por sus
características, lo constituyen en el único del país y América,
teniendo sólo otro similar en el mundo, y además por la escenificación
de la vida de Jesús.
En mi adultez y desde adentro-como quedó expresado- viví con
intensidad sobre todo la preparación de las Escenas de la Redención con
lo que ello implicaba desde lo religioso a lo técnico. Una etapa casi
épica porque los elementos de los que se disponían, no eran los
actuales.
Desde su nacimiento en 1948, primero al pie del Calvario y como
Actos Sacramentales , desde 1952 en el Salón Parroquial ,luego Teatro
Estrada,( hoy del Fuerte), posteriormente en el veredón de la
Municipalidad en 1959, y con la inauguración del Anfiteatro Municipal
la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y
luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de
Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet y
luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron,
siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y al
Anfiteatro, con el nombre de” Jesús el Nazareno”, - la
representación “oficial”, primero con la dirección de Pascual Pina
luego fueron cmbiando directoires, que son contempladas por miles de
espectadores entre el jueves y el domingo de la Semana Santa
Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue
adquiriendo relieve nacional, con la incorporación, en 1949, de la
mencionada Solemne Procesión del Santo Entierro, poniéndose especial
énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza.
Vale la pena recordar algunos detalles, los más sobresalientes de esa expresión, que ya quedó lejana en el tiempo.
La Procesión se iniciaba luego del Via Crucis del Viernes Santo en
el Calvario, para terminar en el templo de la Inmaculada, recorriendo
las calles ornamentadas con alguna señal alegórica en las viviendas
aledañas.
Era encabezada por los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz
procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados
Ciriales, quienes portaban grandes velas y luego una masa coral y la
banda.
Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el
Caballero de la Corona de Espinas; inmediatamente se ubicaban los
Caballeros de los Clavos de Cristo y luego las religiosas de Tandil (
casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); y más atrás el
Caballero de la Crucifixión portando el martillo, todos ellos
acompañados por sus respectivos acólitos.
Formaban luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los
Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los
Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente
llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de
Honor del Santo Sepulcro.
Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la
masa coral “a capella” y, marcando el paso con sus sones a duelo, las
ya citadas Matracas y los redoblantes del Ejército.
Inmediatamente después aparecían los Mujeres de Jerusalén, de
riguroso luto (vestido y mantillas negras) precediendo a los
Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa.
Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una
misión”vitalicia”; por su parte, hombres caracterizados como soldados
romanos acompañaban a quienes representaban, simbólicamente a
elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con
vinagre . Las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción
Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al
Cristo Yacente.
Completaban la secuencia, las imágenes de San Juan y de María
Magdalena llevadas primero por laicos pertenecientes a distintas
organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de
los Colegios católicos.
Durante todo el recorrido una red de parlantes, como ya lo
mencionamos, alquilados por la Municipalidad llevaban la poderosa voz
de Mons. Actis con un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y
lecturas alusivas.
Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras
penumbras de la incipiente noche y los participantes encendían entonces
las velas hasta llegar al final, donde la Banda Municipal dirigida por
el recordado maestro Onorato, interpretaba la Marcha fúnebre de
Chopin. Una vez depositadas las imágenes en el veredón del templo,
Mons. Actis, decía las palabras acordes al momento e impartía la
bendición a la multitud.
Recuerdo que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas
por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y
las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras- pasaban
solamente música clásica y religiosa.
Hoy, ya pasadas varias décadas de los primigenios recuerdos, traemos
al presente aquellos años, porque tiempos y liturgias, han cambiado y
ya no es la misma procesión , ahora adecuada a los tiempos pos
conciliares,(luego de posturas encontradas con alguna polémica por
medio), suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas ,
tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa
participación-la Procesión, como ya lo expresamos era seguida desde las
veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa de los
feligreses.
Las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como
los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud, de la Tercera Edad y el
de los Niños, se han transformado ahora en una tradición con gran
protagonismo popular, enriquecedora de los valores religiosos.
Reconocida como la Semana Santa de más trascendencia en el país,
por todo lo expresado en la nota, tiene además, a lo largo de su
celebración, expresiones artístico- culturales complementarias que
adquieren rasgos casi únicos también en su realización.
Sirvan estos recuerdos de otros tiempos, para valorar en su
integridad los esfuerzos que nos permiten disfrutar estos días
propicios para la interioridad y el crecimiento espiritual.
Daniel Eduardo Pérez
miércoles, 1 de abril de 2015
sábado, 28 de marzo de 2015
ALGUNOS PASEOS DEL TANDIL
NOTICIAS HISTÓRICAS DE ALGUNOS PASEOS
DEL TANDIL
Por Daniel Eduardo Pérez
Tandil posee
en su patrimonio una gran variedad de paseos que son la delicia de propios y
visitantes.
En la nota de
hoy reflejaremos sólo algunos de ellos por obvias razones de espacio. Sin duda
los más conocidos y visitados son el Calvario, el Parque Independencia , La
Movediza, El Centinela y La Cascada , pero aquí
los obviaremos porque abundan informaciones sobre ellos.
Lago del Fuerte
Se formó a raíz de la gran inundación de 1955, que dio lugar a la construcción
del Dique del Fuerte, inaugurado el 19 de enero de 1962, con
la presencia del Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi. Hacia el oeste se
encuentra unido con el Parque Independencia conformando un complejo
serrano-lacustre.
Posee un circuito aeróbico que lo recorre en su perímetro con estaciones
para descanso y ejercicios; juegos para
niños; el Polideportivo Municipal “Eduardo Aldasoro” ; la Isla del Fuerte con
actividades náuticas; el antiguo Manantial
de Gardey (que algunos llamaron en oportunidades diversas de
Domínguez); el Balneario del Sol,
y en el límite con la Plaza de las
Banderas, el Monumento El Fundidor y el
de El Quijote.
El lago es de propiedad fiscal, siendo su entrada
libre y gratuita, y recibe el exceso de lluvias del área serrana y circundante regional,
mediante arroyuelos que, en caso de fuertes tormentas, corren con fuerza
transportando abundante agua en razón de la pendiente de los campos de la
zona. El lago descarga sus aguas hacia un cauce entubado que desemboca pasando
la ruta 226, naciendo el Langueyú. La superficie del lago es de 17 a 19 hectáreas. Al
no contar con el funcionamiento de un descargador de sedimentos, los procesos
de sedimentación van lentamente colmando su hoya de retención,
disminuyendo su superficie y especialmente su profundidad, que en promedio, en
condiciones normales, es de 85 a 150 cm., mientras que el sector más
profundo cuenta con 3,7 m., pero varía porque su lecho es de barro y
sedimentos livianos dejados por las
aguas que allí llegan. En ese ambiente, y en las zonas
ribereñas de su perímetro, las aguas presentan abundante vegetación sumergida donde
habitan mojarras, dientudos, madrecitas,
barrefondos y chanchitas .
El lago artificial es un destino para la pesca
deportiva, tanto embarcada como costera, esta última practicada
en sus orillas y desde el murallón del dique. En
los sectores centrales, las aguas se presentan libres de vegetación sumergida,
siendo éste el hábitat del pejerrey, especie incorporada a su fauna ictícola
por sus cualidades como pez apto para la pesca deportiva.
Parque Libertador General D.José de San
Martín
En 1961 en la Asociación Cultural
Sanmartiniana de Tandil, una nueva comisión asumió con la presidencia de Leonel Acevedo Díaz, decidiéndose que fuera el entonces denominado "
Cerrito Municipal", el lugar elegido para levantar un monumento importante. En 1964 asumió la presidencia el docente Raúl J.
Llano, quien fue el que con la comisión que lo acompañaba, tomó contacto con el
Intendente José E. Lunghi para
exponerle la idea, la que fue rápidamente aceptada, destinando una partida de $
50.000 m/n para el futuro emprendimiento en el ya por entonces denominado
"Cerrito de la Libertad".
El mismo Intendente presentó, al año siguiente, al escultor Hidelberg Ferrino, radicado en Mar del
Plata, quien accedió a realizar primero
el bajorrelieve de la Plaza Gral. San
Martín. Inmediatamente se puso en marcha una campaña y colecta para recaudar
los fondos necesarios, mientras el escultor comenzaba su trabajo, el que a
medida que avanzaba tenía más costos, solicitándose consecuentemente un mayor
apoyo económico para no demorar su inauguración, mientras las obras de
preparación del cerro era llevada a cabo por generosos picapedreros al mando de
Juan Pisculich.
Finalizadas esas obras básicas, y emplazado el conjunto, el 20 de octubre de 1968, a las 10, quedó inaugurado el monumento más importante
al Libertador, con la presencia del gobernador
Imaz, ministros, el Intendente, el presidente y comisión de la
Asociación Cultural Sanmartiniana y el presidente del Instituto Nacional
Sanmartiniano Gral. Carlos Salas.
La figura del Gral. San Martín erguida, mira hacia el noroeste, meta de
la campaña al Perú, catalejo en mano y con su ropaje de general y su famoso
sable corvo. Detrás de la misma, un
imponente y brioso caballo de guerra árabe con los enseres correspondientes;
más atrás está un picacho artificial
simbolizando un nido de cóndores, sobre el cual había dos parejas de los
majestuosos reyes de las alturas, cada uno de los cuales mira hacia los puntos cardinales (lamentablemente pronto fue
robada una); al pie- como custodios- dos granaderos: uno representando al
heroico Sargento Juan Bautista Cabral y otro a un granadero de la provincia de
Buenos Aires, ambos en posición de descanso con los sables desenvainados.
Todo el conjunto está hecho en escalas diferentes en cada componente- a
la usanza de algunos artistas de la antigüedad, lo que le da una característica
especial. La Asociación logró con el tiempo la realización de mejoras
que incluyeron patio de lajas, iluminación, mástiles y la construcción de
diversos hitos desde su acceso en Av. Avellaneda hasta el mismo monumento,
enriqueciendo al ya por entonces "Parque
Libertador General D. José de San Martín". La colectividad italiana, por
su parte, incorporó la Fuente de Rómulo y Remo.
Parque de la Industria y el Comercio
Inaugurado en 1972,
en adhesión al sesquicentenario de la fundación de Tandil, que se celebraría un
año después y llamado así porque en ese lugar se asentó la
primera industria local, obra del inmigrante Juan Fugl, el pionero de
origen danés. Se trataba de un molino harinero que, accionado a energía
hidráulica producida gracias al arroyo, industrializaba el trigo que él mismo
sembraba. Fue comenzada su construcción en el año 1850 y se conservó una parte
de su edificio, hasta hace unos años en que lamentablemente fue demolida. Luego de la partida de Fugl a su patria, las instalaciones
estuvieron abandonadas y ya en el siglo XX una curtiembre instaló allí sus
reales, reconstruyendo parcialmente el lugar, aprovechando ciertas partes y
levantando otras, incluida la chimenea que actualmente se puede observar. Quedó
el lugar identificado como Villa Onena,
al tomar el nombre de la empresa y allí, alrededor del año 1944, se podía ver
todavía un tajamar, donde había un puente de madera. Ya no queda nada del viejo
molino, ni muelas, ni maquinarias; un antiguo tinglado y las construcciones de
la curtiembre fueron demolidos.
Entre las construcciones destacadas queda la citada chimenea que ocupó el predio
luego del molino, una antigua casona, construida a comienzos del siglo XX;
restaurada, hoy es un centro de información turística y cultural. Entre las
obras artísticas relevantes se encuentran la escultura “El Fundidor” obra de Hugo Jarque y Mariana
Debaz y el monumento en hierro a “Don Quijote y Sancho
Panza” obra de los artistas locales
Alberto Vinsennau, Ernesto Santiago y
Gustavo Andersen, inauguradas ambas en 2008.
Reserva Natural
Sierra del Tigre
Los
primeros habitantes de Tandil lo bautizaron así a este cordón serrano por la
abundancia de pumas de esa zona, felino autóctono, hoy desaparecido. Da su
nombre también a un predio de la Municipalidad en que desde el año 1972 se
procura mantener una reserva natural bajo la administración de una sociedad
privada. Tiene una superficie de 150 ha.
con especies arbóreas exóticas. En él se mantienen en cautiverio,
además, animales de otras latitudes.
Es un paisaje de los mejores de nuestra ciudad, enclavado en un lugar de privilegio, pleno de bellezas naturales. Sierra del Tigre fue donada por la Municipalidad por decreto del 30 de octubre de 1972; y confiada a la Cooperadora Reserva Natural Sierra del Tigre, entidad autónoma de bien público sin fines de lucro y con personería jurídica desde el 26 de junio de 1973.
La Reserva está con un cerramiento perimetral, del tipo olímpico y adentro se ha construido una casa para el guardareserva y adjunto a la misma un galpón para guardar todo lo referente a materiales para la conservación de la reserva. Con respecto a la flora se plantaron, en su momento, numerosas especies de árboles entre ellos: Fresno Americano y Europeo, Paraiso, Álamo, Plátano, Acacia blanca sophora, Olmo punilla y Eucaliptus viminalis., pinos, y también retamas españolas, chilcas, hierbas como la menta, la carqueja y el romerillo.
Es un paisaje de los mejores de nuestra ciudad, enclavado en un lugar de privilegio, pleno de bellezas naturales. Sierra del Tigre fue donada por la Municipalidad por decreto del 30 de octubre de 1972; y confiada a la Cooperadora Reserva Natural Sierra del Tigre, entidad autónoma de bien público sin fines de lucro y con personería jurídica desde el 26 de junio de 1973.
La Reserva está con un cerramiento perimetral, del tipo olímpico y adentro se ha construido una casa para el guardareserva y adjunto a la misma un galpón para guardar todo lo referente a materiales para la conservación de la reserva. Con respecto a la flora se plantaron, en su momento, numerosas especies de árboles entre ellos: Fresno Americano y Europeo, Paraiso, Álamo, Plátano, Acacia blanca sophora, Olmo punilla y Eucaliptus viminalis., pinos, y también retamas españolas, chilcas, hierbas como la menta, la carqueja y el romerillo.
Un
camino-circuito con una longitud de 5 km fue inaugurado oficialmente el 26 de
octubre de 1981. Además la sierra
cuenta con espejos de agua, una fuente, una casa de piedra destruida, playas de estacionamiento y un serpentario que funcionara
provisoriamente en la entrada.
Esta área natural protegida creada en 1973, se encuentra a seis kilómetros de la ciudad, rodeada de las sierras del sistema de Tandilia; la altura máxima es el cerro “Venado” de 389 m. Como era una zona de canteras, además de cavas se pueden ver antiguas viviendas y senderos construidos con piedras por los picapedreros.
Esta área natural protegida creada en 1973, se encuentra a seis kilómetros de la ciudad, rodeada de las sierras del sistema de Tandilia; la altura máxima es el cerro “Venado” de 389 m. Como era una zona de canteras, además de cavas se pueden ver antiguas viviendas y senderos construidos con piedras por los picapedreros.
El recordado geógrafo Huberto
Cuevas Acevedo fue el promotor para que la reserva fuera un hecho, a
través de la formación de la citada «Agrupación Amigos de la Reserva Natural de
la Sierra del Tigre”.
Allí
se puede observar flora y fauna natural, con especies arbóreas exóticas,
antiguas canteras, cavas y construcciones de piedra, senderos, casas y pircas
pertenecientes a los antiguos picapedreros. Animales de variadas especies circulan libremente por sus
amplios espacios: monos carayá, ñandúes, perdices coloradas, faisanes,
carpinchos, caranchos, zorrinos, buitres, zorros, jabalíes, cabras, burros,
llamas, etc.
En la reserva la mayoría de los animales andan sueltos, como los guanacos y
las llamas También se pueden ver algunos ejemplares de otras especies
como el puma, ciervo axis, zorro gris, gato montés, jabalí, y liebre europea
.Además habita una especie de anfibio del género ,
el marí marí.
La reserva se puede recorrer a pie, a caballo, en bicicleta, en vehículo
particular o en excursiones en combi. El paseo completo por el sendero
consolidado que rodea a la reserva tiene tres kilómetros y medio de extensión.
Plaza de las Banderas
La denominada "Plaza de las Banderas", originalmente
se denominó "Jardín Internacional
de la Paz". Las banderas que se colocan son la de los países con
colectividades en Tandil, en general, y de otros países amigos. Allí está el
Monumento a Cristóbal Colón erigido por la "Asociación Propulsores de la Gran
Avenida” que presidía el recordado dirigente Demetrio Brutti y realizado por el artista local Antonio Rizzo, el que se inauguró
el 12 de octubre de 1980. La Plaza o
Jardín se diseñó para homenajear a las colectividades, por eso su nombre. Su
concreción data de la década del ’70.
Paseo de los Pioneros
Este paseo en inmediaciones del camping Municipal
Pinar de las Sierras, inaugurado el 1 de abril de 2007, permite acceder a un cerro denominado El Mate desde el que se
ve las Sierras de las Ánimas, la Sierra del Tigre, el cordón de Montecristo y
Cerro El Alba y al pie, el valle que da nacimiento al arroyo del Fuerte.
Presenta una de las mejores panorámicas del sistema y es un lugar ideal
para caminatas y el acceso en bicicleta.
El trazado del camino es de 3400
metros. Sitio privilegiado para la realización de actividades de interpretación
del entorno, recreativa, deportiva y de contemplación. El recorrido puede
realizarse en auto, moto, bicicleta o a pie. Las obras realizadas se llevaron a
cabo bajo las premisas de respetar y preservar el entorno natural del sitio,
concretando una intervención mínima que no afectara el paisaje.
Se puede transitar por senderos
vehiculares y peatonales que llevan a la cima del Cerro, acceder a miradores
naturales, manantiales y espacios para el descanso. En este sitio se
instaló cartelería que brindan
referencias sobre el paisaje y la historia. “El Paseo de los Pioneros surge como un espacio que revaloriza la
memoria de los pioneros de Tandil, incorporándolo al uso público”-manifiestan
sus ideólogos. Al inicio del paseo,
un cartel distribuidor indica los lugares que se vinculan con la traza de una
senda que puede recorrerse en un solo sentido de circulación.
Entre otras propuestas, se puede recorrer “un manantial, seguido de un estacionamiento; identificación geográfica del entorno con vistas de distintos escenarios de la zona serrana, que se aprecian desde el Mirador natural de los Pioneros; también la señalización del Cerro El Balcón, que ofrece bellas panorámicas. Continuando el trayecto, se llega a una zona de detención que posibilita continuar a pie por un camino con vestigios de la actividad de los picapedreros, y que conduce a antiguos frentes de canteras cuya explotación era realizada por los pioneros que trabajaban la piedra con técnicas manuales”.
En el paseo se pueden observar las señales de esta actividad: “corrales de piedra, pircas, caminos hacia las cumbres, postes de piedra, cavas, bancos de trabajo y montículos de escallas; rocas cortadas de borde dentado a pinchote, brocales y rocas horadadas y frentes abandonados, forman parte del paisaje serrano que se observa desde este lugar”-señalan los responsables de la obra.
Entre otras propuestas, se puede recorrer “un manantial, seguido de un estacionamiento; identificación geográfica del entorno con vistas de distintos escenarios de la zona serrana, que se aprecian desde el Mirador natural de los Pioneros; también la señalización del Cerro El Balcón, que ofrece bellas panorámicas. Continuando el trayecto, se llega a una zona de detención que posibilita continuar a pie por un camino con vestigios de la actividad de los picapedreros, y que conduce a antiguos frentes de canteras cuya explotación era realizada por los pioneros que trabajaban la piedra con técnicas manuales”.
En el paseo se pueden observar las señales de esta actividad: “corrales de piedra, pircas, caminos hacia las cumbres, postes de piedra, cavas, bancos de trabajo y montículos de escallas; rocas cortadas de borde dentado a pinchote, brocales y rocas horadadas y frentes abandonados, forman parte del paisaje serrano que se observa desde este lugar”-señalan los responsables de la obra.
Parque del Bicentenario
El
Parque del Bicentenario, ubicado en las
avenidas López Osornio y Bolívar, es una obra en la que la comuna apuntó
a la recuperación de un espacio público, la preservación de los árboles añosos
y la prolongación del circuito aeróbico del Lago del Fuerte. El parque abarca
35 mil metros cuadrados de especies arbóreas, jardines, senderos y terrazas
Este nuevo espacio conmemorativo se une con el
paseo Lago del Fuerte a través de una bicisenda a lo largo de la avenida López
de Osornio y fue inaugurado
el 25 de mayo de en 2010 con motivo
de los 200 años de la Revolución de Mayo. Cuenta con una senda aeróbica y
peatonal –que se comunica con el Lago del Fuerte-, miradores naturales y áreas
de descanso en medio de arboledas, todo esto con un fondo serrano. También se
puede acceder desde el Lago del Fuerte, tomando la Av. López de Osornio (de
tierra) luego de la subida de la Av. Osvaldo Zanini.
Paseo de los Españoles
Inaugurado por el Municipio el 21
de abril de 2014 en el predio
propiedad de la Sociedad Española donde ésta tuviera un camping, sobre la
Av. Saavedra Lamas, hoy en comodato con la citada institución.
“En este nuevo espacio los vecinos encontrarán el puente que se encontraba en la isla, un circuito de sendas peatonales
que se comunica con las otras sendas alrededor del Lago del Fuerte. Además se
han colocado nuevos mobiliarios y nueva iluminación, se construyó un
estacionamiento con capacidad para cien autos y se habilitó un puente antiguo”. También se diseñó un jardín vertical, un laberinto de
arbustos con esculturas en piedra, que fueron donadas por artistas locales, se
recuperaron los cuerpos de sanitarios, se puso en valor la añeja arboleda, se
reacondicionó el cauce del arroyo, se plantaron nuevas herbáceas y se destinó
un espacio para el descanso en cercanías a un manantial.
El manantial
“Hermano Adelsio” del Paseo
Ese parque público tiene conexión directa con la
quinta del Colegio San José, lo que simboliza los lazos que desde la comunidad
educativa de esa institución se han forjado y consolidado con nuestra ciudad. Por ello el manantial allí existente reconoce al hermano Adelsio Delfabro y fue inaugurado el 15 de agosto de 2014. El Hno.Adelsio ( Sagrada Familia) es, sin dudas, uno de los artífices de
este fuerte vínculo entre la ciudadanía de Tandil y la comunidad del Colegio. Docente
desde 1954, antes de recalar en Tandil ejerció en el Colegio de la Sagrada
Familia de Villa Urquiza (Buenos Aires), luego en los Colegios de la
Congregación en Azul y Casilda (Santa Fe).
Un merecido homenaje a un educador y humanista de fuste…
miércoles, 25 de febrero de 2015
RAMÓN SANTAMARINA. UN ANIVERSARIO MÁS DE SU NACIMIENTO
RAMÓN SANTAMARINA
PIONERO Y
BENEFACTOR
Por Daniel
Eduardo Pérez
En este
capítulo, daremos algunas noticias de uno de los personajes más atractivos de
la historia de Tandil y también de buena parte de la historia de la campaña
bonaerense, nos referimos a Ramón
Santamarina.
Oportunamente,
en 1990, con motivo de los ciento cincuenta años de su llegada a la Argentina,
se rindieron en Tandil y Buenos Aires justicieros homenajes, entre los cuales
se contaron dos conferencias de quien esto firma, una en el Salón Blanco de la
Municipalidad y otra en el Jockey Club de Buenos Aires, las que dieron origen,
ese mismo año, a la publicación por parte de la Universidad, de un librito
conteniendo buena parte de los conceptos
allí vertidos. Además, la familia Santamarina editó otro libro que incorporó
también las palabras de homenaje en la Recoleta, del Dr. Horacio Zorraquín Becú y una
genealogía
elaborada por Eduardo Santamarina Colombres, ejemplar aparecido en 1993.
En 2006, Andrea Reguera, investigadora de la
Universidad ha publicado un libro sobre la vida y fortuna de nuestro hombre,
teniendo a la vista documentación facilitada por sus descendientes.
En esta
ocasión, trataremos de ofrecer sintéticamente, una semblanza de su vida, el contexto
en la que se desarrolló y el legado póstumo de él y su familia, en beneficio de
Tandil, que nomina con su apellido instituciones, paseos y una avenida.
Ramón
Santamarina nació en Orense, en la bella Galicia, el 25 de febrero de 1827, del matrimonio de don
José García Santamarina y Varela y de doña Manuela Valcarcel y Pereyra, siendo
bautizado con el nombre de Ramón Joaquín
Manuel Cesáreo.
España estaba
gobernada entonces por Fernando VII, quien después del brote liberal de 1820,
había impuesto una férrea conducción absolutista, hasta su muerte en 1833. Ya
no quedaba prácticamente nada de aquel fabuloso imperio colonial que forjó a
partir del descubrimiento de América, perdido luego de largas y duras batallas
de los pueblos americanos por su independencia.
En el seno del
hogar- que compartió con sus hermanos Dolores y Francisco- Ramón creció al
amparo de una familia que tenía en su padre, a un oficial de la Guardia Real,
cargo que desempeñó hasta la muerte del rey. Emparentado con la gran poetisa
Rosalía de Castro, era un hombre de trato afable así como dispendioso, en lo
referido a los gastos y a las relaciones con cortesanas, muy propio de la época
y el cargo.
Por su parte,
su madre provenía de una familia de fortuna y sangre noble, emparentada con los
condes del Valle de Oselle y los marqueses de Atalaya Bermejo, heredera de
títulos y propiedades importantes.
A la muerte del
rey Fernando VII, las disputas por la sucesión, desataron las luchas
"carlistas" (por el infante Carlos, hermano del rey muerto). El
otrora influyente oficial Santamarina había perdido para entonces, buena parte
de la fortuna familiar y continuaba en enredos sentimentales, uno de los
cuales, el mantenido con una hermana soltera de la condesa de Priegues, habría influido para que su suegra le
solicitase al Capitán General de la Guardia- que residía en La Coruña-que llamase la atención a su yerno en procura de
lograr un mejor comportamiento.
Cuenta la
historia oral familiar, que al llamado de su jefe, concurrió don Juan
Santamarina en compañía de su hijo Ramón. Sería éste el comienzo del rápido y
trágico final de la vida del militar, dado que no pudiendo sobrellevar la
situación, se dirigió hacia el Faro de la Torre de Hércules, de la puerta de
Santa Lucía o a los fosos del Puerto de Arriba, esto último según consta en la
partida de defunción, y el 3 de abril de 1835, en presencia del pequeño Ramón
se descerrajó un tiro que le provocó la muerte inmediata.
Muchas
historias se han tejido en torno al momento que marcaría para siempre la
memoria de Ramón y si bien algunas provienen de la creación imaginaria, como la
de su descendiente Ana Gándara en su
libro "La Carreta", que nos ilustra acerca de un posible mandato
paterno final: " Prométeme que vas a
reconstruir la fortuna de tu madre, que yo he derrochado", lo cierto
es que la vida posterior del niño, parece que
hubiera devenido en realidad, con el cumplimiento imaginado de la
promesa.
Poco tiempo
después falleció su madre, embargada de pena, quedando los hermanos Ramón y
Francisco al cuidado de sus tíos Valcarcel y
Dolores, a cargo de la abuela materna.
Aquí la
historia entra en un cono de sombras y todo indica que los hermanitos fueron a
parar a un asilo para niños pobres de Santiago, donde habrían sido protegidos
por un caritativo sacerdote que les brindó posibilidades de educación, cuestión
ésta fundamental para los días que vendrían en la vida de nuestro personaje.
En 1840,
adolescente de trece años, abandonó el orfelinato, según cuenta una de sus
hijas en una carta de 1946, con una moneda de oro que le dio el sacerdote,
partiendo hacia el puerto de Vigo con la idea de dejar aquellas tierras de tan
mal recuerdo y abordar un barco, no sabemos si como grumete o polizón, que
partió rumbo a América.
El destino o la
Providencia quisieron que el barco recalara en el puerto de Buenos Aires,
llegando de esa manera, en 1840, el joven Ramón a estas tierras desconocidas y
desafiantes.
Por aquí las
cosas no estaban para nada tranquilas, Rosas había sofocado el año anterior la
Revolución de los Libres del Sud y la Mazorca cobraba venganza con los
revolucionarios. Los extranjeros que llegaban eran escasos, por lo que
Santamarina era casi una excepción.
En ese clima
enrarecido política y económicamente, Ramón se habría afincado en el barrio de
Barrracas- según lo afirma la revista Kosmos,
aparecida poco después de la muerte de Ramón- y sus primeros trabajos habrían
sido como peón, pasando bueyes de un lado a otro del Riachuelo, con lo que se
ganaba el sustento para albergarse en la posada "Cuatro Naciones" , a
metros del Mercado Viejo, simultáneamente, y lo más importante, allí tomaba
contacto con lo que después sería su destino : las carretas y la pampa que
insondable se abría hacia el sur y era tema de relatos en la posada, a los que
el joven Ramón prestaba atención con curiosidad y avidez.
Con el
indispensable espíritu de aventura que debe fogonear la búsqueda de nuevos
horizontes, luego de varios meses en aquella ciudad de alrededor de 70.000
habitantes, un buen día se conchabó como boyero en una tropa de carretas, con
destino a esos inmensos mares de pastizales, potros salvajes e indiadas
escudriñadoras.
Al paso cansino
y acompasado de los bueyes, las carretas vadeaban primero el Samborombón y luego el Salado, para
aproximarse al Tandil, donde un Fuerte había sido fundado en 1823 y de donde
provenían leyendas que seguramente atrajeron magnéticamente a Ramón.
La fecha exacta
de su llegada por vez primera a Tandil se desconoce, pero podemos fijarla entre
1842 y 1846.
Aquella tropa
llegó finalmente a la estancia "San Ciríaco", de Ramón Gómez, de los
primeros pobladores del Tandil, el que con sus treinta y siete leguas, era de
las más importantes en el partido que Rosas había denominado del Chapaleofú, luego de la revolución
de 1839, y que apenas contaba con alrededor de mil habitantes en total.
Emilio Delpech,
que lo conoció muchos años después y dejó sus impresiones y conocimientos sobre
nuestro personaje en su libro "Una vida en la gran Argentina", del
que más adelante transcribiremos algunos conceptos, afirma que Ramón se quedó a
trabajar en la estancia de Gómez, afirmación también sostenida por Sáenz
Quesada y Zorraquín Becú, posteriormente.
Allí habría
aprendido los secretos del gaucho y sus destrezas, aunque nunca vistió como
ellos ni habló sino su castellano aunque despojado ya de sus giros gallegos.
Un año y meses
después se alejó de la estancia que lo cobijó y, veinteañero, comenzó a pensar
en independizarse, adquiriendo una carreta para comenzar en el trabajo que
conocía de boyero y así recorrer los
cuasi inexistentes caminos hacia Buenos Aires, para el traslado de los
"frutos del país" a los almacenes de ramos generales, travesías que
podían durar hasta tres meses, siempre con el peligro de toparse con alguna
partida de indios maloqueadores, a los que
no temía, según alguna vez confesó, pero con los que nunca tuvo
enfrentamientos, en tiempos en los que, como bien afirma nuestro amigo el
historiador Carlos Moncaut, "no se
viajaba sino cediendo a necesidades supremas de negocios o causas familiares o de política".
Los viajes
fueron innumerables, Tandil se surtía primero de su inicial carreta y luego de
la tropa de ellas- que fue creciendo hasta ser de veinticuatro- de azúcar,
yerba, tabaco, sal, telas y otros elementos que comercializaba, especialmente
entre los soldados del Fuerte y los habitantes del caserío tandilense, regidos
desde 1840 por un Juez de Paz.
Bañados y
lodazales, huellas y rastrilladas cedían al paso incansable de este gallego,
que no era el único, ya que los Vela, Nicolás Anchorena, White y otros, también
tenían sus tropas, con la diferencia que bien marca Zorraquín Becú, ellos no
eran como Ramón troperos.
En 1849 se
fracciona el ejido y Ramón registra cuatro solares a su nombre. Era la primera
inversión en tierras que después se multiplicarían hasta llegar a casi 300.000
hectáreas. Los viajes no se interrumpieron y, derrocado Rosas en Caseros en
1852, la pampa se estremece bajo los cascos de la indiada amiga del
Restaurador. Tiempos difíciles en los que conoce al Cnel. Benito Machado, que
pone en él su confianza para abastecer sus fuerzas.
Inmigrantes
pioneros como él, entre ellos el danés Juan Fugl, que había llegado en 1849,
Díaz, los Arabehety y otros, comenzaron a forjar sus destinos con alguna
fortuna y a pensar en dotar al poblado de servicios esenciales como educación y
práctica religiosa, verificándose en 1854-como quedó expresado en capítulos
anteriores- los primeros intentos con la
primera escuela, la erección canónica de la Parroquia del Santísimo Sacramento,
la primera Municipalidad y otros logros básicos institucionales y de
servicios impulsado por ese gran Juez de
Paz que fue Carlos Darragueira, interrumpidos al año siguiente por los malones
de Yanquetruz , ya descriptos.
Luego del éxodo
tandilense provocado por los acontecimientos citados, lentamente la aldea se
fue repoblando y Santamarina comenzó con
un negocio que le redituaría pingües ganancias: el del comercio de los cueros
vacunos, que luego de la "caza" del ganado cimarrón- se habla de 200
a 300 diarios- vendía en Buenos Aires que los requería para la exportación,
como consecuencia de la guerra de Crimea (1853-1856).
Su fortuna
comenzó a crecer y a partir de aquellos primeros solares, sumó entre 1864 y
1889, veintiséis terrenos, ocho quintas y veintidós chacras. Entre los terrenos
urbanos los había en la calle Gral. Pinto, Gral. San Martín, Av. España,
Maipú, 9 de Julio (donde hoy está Golden) y más tarde el que sería donde levantaría su residencia en
Tandil y que actualmente es el que ocupa la "Galería de los Puentes".
Ya por entonces
había adquirido la estancia Cristiano
Muerto, la del nombre del combate en que Machado derrotó a los indios en
1857, según datos de buena fuente, de propiedad del colonizador Aaron Castellanos.
Sería el
comienzo de la inversión en tierras, ya que le siguieron Dos Hermanos, comprada entre 1863 y 1899 en distintas fracciones
que pertenecieron entre otros a Facundo Piñeyro, Ramón Oliden y Enrique Thompson y al gobierno
de la Provincia, al que le adquirió 2.056 has., hasta completar un total de
10.367 has.
Le siguieron
otras compras como la de Los Ángeles,
adquirida a los sucesores de Zenón Duval, en 1869, que totalizó la nada
despreciable cantidad de 11.555 has. y luego La Claudina de 2.766 has., totalizando así en Tandil casi 25.000
has.
Su figura,
adusta, casi severa, fue cobrando respeto y así en las primeras elecciones
posteriores a los malones relatados, fue electo por primera vez para un cargo
político en la Corporación Municipal, afianzándose su amistad con el danés
Fugl, de tal suerte que eran los dos vecinos referentes de los extranjeros en
el pueblo.
En 1860 conoció
y se enamoró de Ángela Alduncin Gaspui,
perteneciente a una familia vasca, con la que se casó radicándose en Dos Hermanos. Allí nacieron los cinco
hijos de este matrimonio: M. Elena (fallecida niña), Ramón, luego casado con
María Gastañaga y con quien tuvo diez hijos; José, casado luego con Sara
Wilkinson-hija del jefe inglés de la Estación de ferrocarril- que no tuvieron
hijos y Ángela, que se radicó en España donde se casó con el conde Isidoro de
Themes y Sáenz, ( cuya divisa decía ¿ Si no Themes a Themes, a quién Themes?),
heredando el condado de Valle de Oselle y el marquesado de Atalaya de Bermejo y
Josefa María (también falleció niña).
Eran los años
en que Santamarina agregó a su tropa de carretas, sus tierras y propiedades,
almacén de ramos generales, pulpería y carnicería, ubicada en su propiedad de
la esquina de Gral.Pinto y Chacabuco, posteriormente -en 1920- donde erigirían
sus sucesores, el Palace Hotel y hoy está la Universidad.
La Organización
Nacional había traído consigo el comienzo de la estructuración del Estado, a
partir de la Constitución y en la faz económica se fueron dando cambios a los
que Santamarina no fue ajeno, como en el caso de la incorporación del ovino a
sus explotaciones, cuya lana luego vendería en forma redituable.
Sus estancias,
además, fueron siendo pobladas en forma abundante por una forestación casi
obsesiva, costumbre que heredaron para bien sus hijos y que hoy nos permiten admirar,
aunque sea parcialmente, esta obra en conjunción con una mirada que llamaríamos ecológica.
Estas tareas,
que señalaban un camino, tuvieron además otras que le precedieron, en este caso
en el camino de la cultura, ya que fue quien trajo la primera máquina de coser,
que regaló a la esposa de Lambin, propietario de una escuela y del primer
piano, que regaló a la hija de la citada maestra y se usó en la escuela.
Amigo apreciado
de Juan Fugl, fue quien transportó la primera trilladora que el danés trajo a
Tandil, colaborando de esta manera con la introducción de las primigenias
innovaciones tecnológicas en el área de la agricultura.
El hombre hecho
a sobrellevar dificultades sobre sus anchas espaldas, fue tocado esta vez en la
fibra más honda, cuando el 26 de agosto de 1866, falleció su esposa. Su figura robusta, de un metro ochenta de
estatura y su rostro barbado, se contrajo ante el dolor. Quedaban sus hijos aún
pequeños al cuidado primero de sus tíos, enviándolos luego a España para su
educación y mejor atención hasta que fueran más grandes, para , más tarde,
retornarlos al país con la seguridad que su formación y la huella sería
continuada.
Pocos años
después de la pérdida de su esposa, se volvió a casar, esta vez con una sobrina
de la que había sido su esposa, la joven Ana
Irasusta Alduncin, matrimonio del que nacieron trece retoños más, diez de
los cuales sobrevivieron y tres murieron niños
Estos hijos
crecieron bajo la tutela de don Ramón y su esposa Ana, desarrollando con los
años una trayectoria que trascendió la vida de su progenitor y uniéndose a
apellidos que, como el de Santamarina, significaban por sí mismos un patrimonio
cultural y económico importante.
Ellos fueron:
Ana, casada con Nicolás Gándara, con el que tuvieron dos hijos; Enrique, casado
con Sofía Terrero, teniendo siete hijos; Josefa, casada con Ángel Pacheco,
siendo padres de seis hijos; Nemesia, una de las que falleció niña; Dolores,
casada con Alfredo Echagüe, teniendo cinco hijos; María, casada con Nicolás
Avellaneda, matrimonio del que nacieron
ocho hijos; Elena, casada con Eduardo Saguier, matrimonio que tuvo tres
hijos; Antonio, casado con Dolores
Acosta, teniendo siete hijos; Elvira, casada con Diego Lezica Alvear, teniendo
seis hijos; Arturo, casado con Mercedes Quintana Unzué, matrimonio que tuvo dos
hijos; Adolfo I, otro de los fallecidos de niño; Jorge, casado con María Elena
de Alvear, teniendo dos hijos y Adolfo II, también fallecido de niño.
Tandil crecía a
un ritmo en el que la concentración urbana estaba por arriba de la media de
otros partidos. El primer Censo Nacional, de 1869, registraba 4.870
habitantes, residiendo poco más de la mitad en la zona rural. Del total, un
15,7 % eran extranjeros. El viejo Fuerte
fundacional ya no existía y desde 1865, el partido de Tandil ya tenía los
actuales límites.
La década del
‘70 del siglo XIX encontraba a Santamarina en pleno crecimiento económico y
cuando se registraron los cruentos episodios del 1 de enero de 1872, que
causaron la muerte de 36 extranjeros a manos de los seguidores de Tata Dios, don Ramón salvó su vida
milagrosamente, tal como le relata a Ventura Lynch en carta del 14 de ese mes,
sosteniendo además, con sorpresa, que los asesinos provenían de gente que
estimaba de su confianza.
A ciencia
cierta poco se sabe cómo Santamarina no fue encontrado ni en Los Ángeles ni en Dos
Hermanos y salvó su vida, llegando al pueblo cuando la matanza había sido
consumada y se preparaba la búsqueda y castigo de los responsables, integrando
el cuerpo de extranjeros que, comandados por el danés Manuel Eigler, detuvo y
dio muerte a los asesinos.
La detención y
misteriosa muerte en el calabozo de Tata
Dios y el cuestionamiento al Juez de Paz Figueroa, caldearon el ambiente.
Por entonces los criollos de lo que podríamos denominar la sociedad
tradicional, se alineaban políticamente en el "mitrismo", con el
Cnel. Benito Machado como caudillo, en tanto los inmigrantes de la "nueva
sociedad", participaban más de las ideas "alsinistas", tal como
Fugl lo testimonia en sus "Memorias”.
Muchos de ellos
se enrolaron en la Logia Masónica " Estrella del Sud", de Azul, ese mismo año, entre ellos el propio
Santamarina, los hermanos Arabehety, el
Juez de Paz Carlos Díaz y otros, que meses después formaron la
Logia "Luz del Sud", creada en
Tandil, a instancias de la solicitud de la de Azul. Allí se integraron entonces
aquellos primeros, siendo designado Ramón Santamarina, tesorero.
Su relación con
actividades antirrelogiosas o de mentalidad liberal de la época, fue casi nula,
como los hechos lo demostraron, al menos en nuestro Tandil, donde colaboraron
eficazmente para la construcción tanto del templo protestante danés como para
el católico. Su filiación masónica sí los mantuvo unidos fuertemente al poder
político central, donde había otros miembros de la "hermandad".
En 1873, la
lista de extranjeros encabezada por Juan Fugl, Ramón Santamarina y Manuel
Eigler, derrotó en las elecciones municipales a la de Figueroa, Jurado y Prado,
que contaba con el apoyo de Machado.
Cuando la
revolución de 1874, en la que Mitre fue derrotado, ya Santamarina habitaba la
casa de 9 de Julio, ya citada, que
estaba ubicada en donde hoy está la galería "de los Puentes". Su
patrimonio había seguido creciendo, comprando campos y destinando a esas
inversiones todas sus ganancias.
En Cnel.
Dorrego adquirió casi 26.000 ha. y
alrededor de 32.399 en Laprida, de la famosa estancia La Gloria; luego La Elvira
en San Antonio de Areco, La Juanita
en Tres Arroyos y muchas más abarcando las
compras tierras de Gral. Lamadrid, Necochea, Juárez, Cnel. Vidal y hasta
Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Hacia el norte
provincial compró en San Fernando, San Vicente y Alte. Brown y hasta poco más
de 100.000 ha. que le ofrecieron en Santiago del Estero, pensando en dejar para
sus numerosos hijos una posición asegurada.
De esta manera
el original boyero adolescente, pasaba a poseer una de la fortunas más
importantes de su época. Para ampliar estos aspectos, pueden consultarse el
mensuario Tiempos Tandilenses, Nº 93 y los excelentes trabajos de la citada
historiadora Andrea Reguera:
"Riqueza y poder en la sociedad del tener", de 1997 y " Riesgo y
saber : control y organización productiva en las estancias pampeanas
(1880-1930)", Anuario del IEHS de 1999 y ahora el nuevo libro.
Tantas
inversiones requerían ya de una presencia más frecuente en Buenos Aires, por lo
que adquirió una propiedad en la calle Méjico al setecientos, siendo ésta y su
estancia Bella Vista, las centrales
de sus estadías en las dos ciudades.
Fueron unos
años después, que el francés Emilio Delpech, conoció a don Ramón, del que en su
libro "Una vida en la gran Argentina", afirma erróneamente que era
vasco- error que repiten luego otros historiadores entre ellos Moncaut y Félix
Luna- y nos deja una semblanza de las mejores, de la que transcribiremos sólo
un pequeño párrafo : "Conocí a Santamarina en el año 1883, en un hotel de
Juárez, en mis recorridas en compras de
lana como ya he estampado en otras de
mis anécdotas. Sabía que este estanciero no vendía las lanas afuera y que todas
ellas tenían destino a su casa de
consignación en Buenos Aires; pero ello no impidió que me presentara a la mesa
que ocupaba en el hotel, para solicitarle algunos informes de utilidad para mí.
Me acogió Santamarina con paternal simpatía
y no sólo satisfizo ampliamente mis preguntas sino que me obligó a que
almorzara en su compañía, lo que acepté muy agradecido. Como buen padre y con
la franqueza que lo caracterizaba, me elogió el comportamiento de su hijo
Ramoncito de 23 años de edad que , ya abogado , le daba muchas satisfacciones
en el manejo de sus intereses que tenía
a su cargo, agregando que acababa de recibir noticias de este buen hijo que le informaba de la compra de varias
barracas ubicadas frente a la Plaza
Constitución y que con la apertura del Mercado General de Frutos habían quedado inutilizadas , lo que permitió
la compra a precio conveniente. Agregó don Ramón que tenía que buscar afuera del campo la colocación de algunos
remanentes de cada año y de entonces en
adelante siguió con este criterio pero sin dejar de adquirir, casi anualmente,
algún establecimiento de importancia . Esta era la recompensa de tanto trabajo
amontonado durante muchos años".
Con Roca como
Presidente de la Nación, y su lema "paz y administración", Santamarina " intuye que ha sido, sin sospecharlo, un precursor del roquismo",
afirma Zorraquín Becú.
En el ·90 con
su revolución y la gran crisis, Santamarina, seguidor de Pellegrini y Roca
recordaba la frase de Mitre:" prefiero
la peor de las elecciones a la mejor de las revoluciones " y apostaba
al futuro creando en 1890 la firma Santamarina e hijos, junto a sus dos
hijos mayores, Ramón y José.
Ella
administraría sus campos, propiedades y negocios, así como el manejo de las
ciento veinte mil cabezas de vacunos y setecientos mil de ovinos, desparramados
en sus posesiones en las feraces tierras
de la pampa húmeda, en sus veintitantas estancias forestadas casi
obsesivamente- se dice que plantó más de
un millón de árboles-dejando a sus hijos esta virtud.
Tanto Ramón
como José,( los dos primeros tandilenses que se graduaron de abogados) venían a
Tandil y aquí estaban durante períodos más o menos largos, de tal suerte que se
fueron ganando el aprecio y el respeto que también su padre había conseguido
por sus conductas.
José tuvo
destacada actuación como pacificador, en la revolución radical de 1893,
evitando el derramamiento de sangre y siendo designado, de común acuerdo, al
frente de la Municipalidad. De Ramón II,
Julio A. Costa, en su libro "Hojas de mi diario", en el que dedica un
capítulo a don Ramón, dice que fue su " viejo amigo y el ciudadano que me aportó más votos para gobernador de Buenos Aires"
(Costa fue gobernador entre 1890 y 1893).
Ramón
Santamarina, con contactos y lazos familiares, había tejido una rica red de
amistades e influencias a nivel nacional, donde era reconocido por sus virtudes
de trabajador incansable, ahora junto a sus hijos, le había llegado la hora de
los reconocimientos y así, 1896, el rey de Dinamarca lo designó Caballero de la
Real Orden de Danebroj, por los importantes servicios prestados a la
colectividad danesa del Tandil, distinción a la que naturalmente Fugl no fue
ajeno.
Ya anciano,
pero incansable, fundó la fábrica de productos lácteos Las Nenas - según el autor Adolfo Rey, transcripto luego por
Gorraiz Beloqui y Yuyú Guzmán- que entusiasmado por sus buenos resultados lo
llevaron, junto a sus hijos, a instalar en Los
Ángeles una fábrica de quesos que no tuvieron la buena calidad esperada por
lo que la experiencia no tuvo mucha fortuna.
Sus hijos lo
aconsejaban para que hiciera un alto en su camino de trabajo emprendedor y para
que su ojo avizor descansara de los negocios. Zorraquín Becú manifiesta que
ellos le escribían y le decían " Tata,
no trabaje tanto, no trabaje más. Para esto estamos nosotros".
Los años
comenzaron a sumarle recuerdos y hacerle más frescos algunos de su infancia
teñida por la tragedia ante el Cantábrico. Felicidad y tragedia se mezclaban en
ese hombre que supo superar duros momentos con bravura y entereza, pero ahora a
la obsesión de aquel fatídico final de su padre, se sumaba la debilidad propia
de su ancianidad y creía que está arruinado.
Ana Gándara,
reconstruye imaginariamente en su libro esos momentos finales: " Se levantó de la silla como un sonámbulo y
se dirigió hacia la puerta de su dormitorio. Antes de abrirla se dio vuelta
hacia Ana. Sin saberlo le bosquejó un gesto de despedida. Luego se encerró en
su cuarto.
"Su brazo obró solo,
independiente de él. Con su mano abrió el cajón de la mesa de luz. Extrajo el revólver.
Se lo llevó a la sien. No veía nada pese a que tenía los ojos desmesuradamente
abiertos. Se sentía fundido, irremediablemente fundido.
- Estoy arruinado como mi
padre-gritó
" El estampido resonó en la
casa. Su eco fue como un vuelo súbito de pájaros
"Los que acudieron al oir el
tiro, no se sorprendieron. Pensaron, como si de antemano lo hubieran sabido,
que su final tenía que ser así".
Era el 23 de agosto de 1904. Desaparecía
trágicamente uno de los hombres de más fortuna, ganada en buena ley, que tenía
el país. Atrás quedaron los años de boyero, carretero, pulpero, estanciero,
hombre de negocios y poder, la hermana
muerte lo llevó en sus brazos. Aquí quedaba su viuda y sus hijos, que no
olvidaron al Tandil, tierra de sus amores.
Todos ellos
desarrollaron trayectorias brillantes,
de las que nos ocupamos en nuestro trabajo "Ramón Santamarina. Su vida y
su época". A título de apretada síntesis digamos que a la muerte de don
Ramón, su viuda Ana Irasusta, donó un terreno de 40 por 40 m., en la esquina de
Maipú y Fuerte Independencia, a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada
Familia, donde se inauguró en 1908, el Colegio San José; también donó los
edificios del Hospital Municipal, que lleva el nombre de nuestro personaje y
del templo de la hoy Parroquia Santa Ana, ambos inaugurados en 1909, año en el
que murió súbitamente su hijo Ramón II.
Asimismo, José
Santamarina donó los terrenos donde hoy están la Plazoleta H. Yrigoyen, la
Plazoleta que lleva su nombre, frente al
Hospital, el que hoy ocupa el Poder Judicial y lo que fue el Centro Materno,
que en su conjunto- y mirado desde la altura- conforman una perfecta Cruz.
Por su parte,
por disposición testamentaria de Ramón II, se erigió la Capilla San Ramón y la
Escuela Ramón II en la estancia Ramón I, inauguradas en 1911 y donadas luego al
Obispado de La Plata, de donde dependía eclesiásticamente Tandil, hacia 1930.
En terrenos
donados por María Gastañaga, viuda de Ramón II, se levantó con la colaboración
de amigos de su esposo y la población, el Hogar Agrícola Femenino" Dr.
Ramón Santamarina", inaugurado en 1913 y donada al gobierno nacional, hoy
Escuela Agrotécnica que lleva su nombre,
más popularmente conocida como la "Escuela Granja".
En ese mismo
año se fundó el Club y Biblioteca "Ramón Santamarina", que funcionó
primero en la que fuera casa paterna de 9 de Julio y luego tuviera una
brillante trayectoria deportiva y cultural, hasta su cuasi lamentable desaparición, comprando la sede de Yrigoyen, la
Universidad para conformar el Centro Cultural Universitario.
Entre otras
donaciones, se cuentan las manzanas donde estuvo el famoso "Monte de las
Romerías" y que hoy ocupan la Plaza "25 de Mayo" y el Barrio
Banco Hipotecario.
Además podemos
agregar la Capilla Santa Gemma, la Gruta de Lourdes, la capilla Don Bosco y el
terreno donde se levanta la sede de la Cruz Roja.
Recordemos que
en vida, don Ramón había donado el predio donde estaba la Piedra Movediza y sus
aledaños, que hoy ha adquirido nuevamente vigencia a través de la colocación de
una réplica que se ha prestado a la polémica..
Quedan asimismo
en el patrimonio arquitectónico de Tandil, estancias que, como Bella Vista, (donde está la legendaria
carreta), Sans Souci- que espera su
recuperación-, La Indiana, Maryland,
Ramón I, La Pola, Montiel, Dos Hermanos, Los Ángeles, El Vigilante, San José de la Tinta (en B.Juárez), etc,
etc., constituyen un invalorable tesoro.
Naturalmente no
podemos olvidar otras donaciones que enriquecieron el patrimonio cultural de
Tandil, como la colección Antonio
Santamarina y la Mercedes Santamarina
al Museo Municipal de Bellas Artes, así como la colección del diario La Nación a la Biblioteca Rivadavia y valiosos elementos al Museo del Fuerte,
entre otros muchos aportes.
Los Santamarina
dejaron además su gratitud en la donación para la fundación de pueblos rurales,
siguiendo el horizonte de su padre. Así doña Ángela Santamarina de Themes,
puede ser considerada la fundadora de Orense,
en Tres Arroyos, en recuerdo del pueblo natal de su padre.
En Coronel
Dorrego, se les debe el pueblo de Oriente
y en Necochea el de Ramón Santamarina.
Aquí hemos
querido brindar a nuestros apreciados lectores, un modesto y pequeño aporte al
conocimiento de quien a través de su vida y de su obra, así como la de sus
descendientes, fueron testimonio de trabajo y grandeza, aún en el poder- que no
siempre es el consejero ideal- y sirvieron a la patria chica y a la República,
dejando una huella imborrable, para las generaciones que deberán continuar el
surco, sin olvidar- como decía Nicolás Avellaneda-mirar el pasado y apoyarse en
sus tumbas gloriosas.
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