miércoles, 1 de abril de 2015

HISTORIA DEL CALVARIO DEL TANDIL

EL MONTE CALVARIO DEL TANDIL

Denominado así por su parecido con "El Gólgota" de Judea, es uno de los lugares más importantes y pintorescos.
Una gran escalinata de piedra culmina con la enorme cruz de alrededor de 20 m. de altura con un Cristo de mármol francés. El sendero del Vía Crucis con los grupos escultóricos recuerdan las distintas estaciones del Calvario. La capilla dedicada a Santa Gemma de estilo romántico y la reproducción de la gruta de Lourdes complementan un marco espectacular por su belleza incomparable.
Inaugurado el 10 de enero de 1943, con la presencia del presidente de la Nación, Dr. Ramón Castillo, y una multitud calculada en 40 mil personas, el Monte Calvario del Tandil es indicado como el segundo existente en el mundo.
Situado en cercanías de la ciudad, el monte alza sus grises granitos de redondeados contornos, como muñones implorantes que de suyo imponen silencio al alma.
Convenientemente forestado por eucaliptus, pitas y algunas coníferas se transforma a la vista de cualquier visitante en un monumento por sí solo.
Esta disposición natural que ofrece al recogimiento, se ve desde la lejanía aumentada por la presencia culminante de un imponente Cristo crucificado que, integrado al paisaje, da la característica esencial a esta conjunción de arte y religión.
La conmemoración de la Semana Santa en Tandil resulta desde hace medio siglo una de las más importantes en la República Argentina y aún en Sudamérica.
Su solemnidad, la multitudinaria expresión del espíritu religioso, la representación de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús en el gran Anfiteatro ubicado al pie del cerro Independencia y las expresiones culturales que integran la Semana, tienen como majestuoso punto de partida el Monte Calvario.
HISTORIA
El ilustre sacerdote y obispo Monseñor Fortunato J. Devoto (que también era astrónomo y llegó a dirigir el Observatorio de La Plata) fue quien concibió la idea de levantar en ese magnífico lugar, un monumento religioso de trascendencia nacional.
La antigua Avenida Noroeste de Tandil (hoy España y continuación Monseñor De Andrea) se encuentra coronada en el extremo suroeste por un cerro que pertenecía a Pedro Redolatti, primo de Mons. Devoto.
La visión de éste, que conocía detalladamente el "Monte", "Cerro" o "Parque Redolatti" -como se le denominaba- lo impulsó a sugerir a su familiar la donación del lugar con el objeto mencionado, accediendo Redolatti, en octubre de 1940. Una vez obtenida la decisión, Mons. Devoto lo ofreció a la Sociedad San José (de la que era Director Espiritual) para que fuera la que encarase la tarea de concretar la idea.
Era el 10 de enero de 1941 -Día de la Sagrada Familia- cuando se formalizaba la donación de las nueve hectáreas. En ese mismo año fallecía monseñor Devoto, no pudiendo ser testigo de los resultados de su inquietud.
Aceptada la donación, la presidenta de la Sociedad, doña Elisa Alvear de Bosch, tomó los contactos necesarios e inició las gestiones pertinentes para cristalizar la iniciativa.
La Sociedad, que no disponía de los fondos suficientes como para llevar adelante una obra de magnitud y que todavía no estaba definida a través de un proyecto, debió analizar sus características fundamentales, descartando la construcción de un templo, dado la cercanía de los ya existentes.
Expuesta la idea general, la señora Ernestina Lavallol de Acosta, efectuó la primera donación en nombre de su madre Doña Ernestina Ortiz Basualdo de Lavallol, ex presidenta de la Sociedad.
Aquellos $15.000 moneda nacional, serían la base de la obra, que en abril de 1941 vio delineado su futuro al proponer la Sra. Elisa Bosch Alvear, marquesa de Kerhué y fina artista, que se levantara allí un Calvario, aprovechando la similitud extraordinaria del Monte con el Gólgota.
Aprobada la propuesta en junio de ese año, el Dr. Exequiel Bustillo, a la sazón presidente de la Comisión de Parques Nacionales, donó la madera para la gran cruz que coronaría el conjunto, de coihue o de alerce-según los cronistas de la época- y de 17 m de altura.
Esta cruz, enclavada al fondo de la avenida, a la que se le agregó luego una Piedad y un Descendimiento, fueron las primeras obras que dieron origen al actual Calvario de Tandil.
Se accedía a él por una escalinata de noventa y seis escalones construida en piedra migmatita que conducía, con sus terrazas intermedias de lajas rosadas, blancas y grises de la cantera San José del Carmen, a la Plazoleta de la Cruz, donada por Matilde Campos de Nocetti, propietaria de una importante cantera de la zona por la que también se podía acceder en automóvil.
La Municipalidad forestó, asimismo, con numerosos olivos ambos laterales de la avenida.
Finalmente, la Sociedad aprobó la iniciativa de la Sra. Bosch Alvear de completar lo realizado con un Vía Crucis que ascendiera por el faldeo del cerro Redolatti hasta llegar a la gran Cruz que lo coronaba, el que se ejecutaría con la participación de los más importantes escultores de la época. Se encomendó la dirección de tal obra al prestigioso arquitecto e ingeniero Alejandro Bustillo, quien luego de relevar el terreno y efectuar los estudios correspondientes, propuso el proyecto final.
Los costos que el mismo exigía eran grandes, pero inmediatamente de conocidos, comenzaron a llegar las donaciones oficiales y privadas. La Nación contribuyó con $50.000 moneda nacional, la Provincia con $25.000 y el Municipio con $10.000. Se recaudaron, finalmente, más de $150.000 moneda nacional, lo que permitió cristalizar la obra merced, además, a la generosa contribución de los artistas que cotizaron sus propias obras a precios mínimos.
El 10 de enero de 1943, a dos años de nacida la inquietud, se inauguraba el monumento al Calvario, Vía Crucis y Escala Santa, como se denominó. Las obras inauguradas incluían la gran Cruz, que había sido de dificultosa erección por su tamaño y peso, y trece grupos escultóricos más del Vía Crucis, entre los que se encontraban "La Piedad" y el "Descendimiento" que habían sido los primeros colocados y además Cristo orando en Getsemaní.
Una multitud calculada en cuarenta mil personas, se agolpó para que a las 10 de la mañana, y con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Ramón S.Castillo, el vicegobernador de la Provincia, el Nuncio Apostólico, el Obispo de Azul Mons. Caneva, el Intendente Municipal Dr. William Leeson, Mons D’Andrea, y el Párroco de Tandil Pbro. Julio M. Chienno, fue testigo y protagonista de ese hecho histórico.
Entre los cientos de eucaliptus, olivos y pinos, se alzaban estas esculturas originales de los artistas José Fioravanti, Carlos de la Cárcova, Horacio Cerantonio, Santiago Berna, Pedro Tenti, Roberto J. Capurro, César Sforza, Ernesto Soto Avendaño y Ricardo Musso. Se inauguraba así una expresión de lo más representativo de la escultura argentina.
Años después fueron remplazadas algunas de las estaciones por su deterioro, perdiéndose obras de gran valor, como las de de la Cárcova y Tenti y la Cruz de madera fue reemplazada por una de cemento-la actual- de alrededor de 5 m.  más alta que la original de madera, en 1949.
Capilla Santa Gemma y Gruta de Lourdes
La capilla que recuerda a una Santa de 25 años de edad
Fue inaugurada en 1947 y construida en devoción a Santa Gemma. Su concepción artística y arquitectónica la convierten en un verdadero tesoro. Sobre su faldeo se erigió una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.
Transcurridos pocos años de la inauguración oficial del Calvario, se agregó a este magnífico monumento, la construcción de una capilla destinada a la devoción de Santa Gemma.
Construida en una estribación del cerro, de acuerdo al proyecto de los arquitectos Rocha y Martínez Castro, fue donada por Elena Santamarina de Saguier en memoria de su esposo Eduardo Saguier, siendo inaugurada el 12 de enero de 1947.
Se trata del primer santuario erigido en América en honor a la mencionada Santa accediéndose a él a través de tres arcadas románicas que portican el pequeño atrio.
Dirigida su construcción por Valentín Zámolo, su altar, arcadas, confesionarios, columnas, pisos, comulgatorio y parte de las paredes, así como las escaleras, son de granito trabajado por dos artesanos famosos de Tandil: Pedro A. Pedrotti y José Pisculich.
A ambos lados del altar, José Santiago Berna -creador de varias de las esculturas de las catorce estaciones- realizó dos relieves. Su tejado está realizado en pizarra francesa y sus hermosos vitraux muestran azucenas, símbolo de la estigmatizada de Luca, Gemma Galgani, canonizada por SS Pío XII.
José de España, autor de numerosas obras literarias y prestigioso crítico de arte- comentaba en 1948: "Por este nuevo templo, por este Calvario y por muchas cosas que ya se dibujan en el porvenir, la hermosa e inolvidable ciudad de Tandil se está convirtiendo, cada vez más, en el Varallo de América...".
Se refería de España a la magnífica obra realizada, en una colina de Sessia que domina la villa de Varallo, en el Piamonte, a instancias de fray Bernardino Camini en el siglo XV, donde quiso recrear los Santos Lugares, en una "Nueva Jerusalem".
Hacia fines de 1960 surgió la iniciativa de los Padres Carmelitas, que tenían por entonces como Párroco al P. Isidro, impulsada específicamente por el P. Raúl Luque, con el apoyo de un grupo de vecinos encabezados por el Dr. Enrique Torres Ordóñez, de construir en el lugar una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.
Con la colaboración inicial de la Dirección de Turismo de Tandil, la dirección técnica del ingeniero Argentino Olmos y la colaboración artística de Ernesto R. Valor comenzaron las obras sobre el faldeo lateral posterior del lugar donde se halla enclavada la Capilla de Santa Gemma.
La obra dirigida por Valentín Zámolo y con la colaboración de los artesanos de la piedra que trabajaron en la erección de la Capilla, fue inaugurada el 10 de febrero de 1962, a las 19.00, en un acto enmarcado por centenares de fieles.
La réplica de la Gruta está guardada por una gran reja forjada en hierro por Santiago Tomassi y sus hijos. Hacia un costado y delante del altar se halla la imagen de San Bernardita arrodillada, mirando hacia la Gruta donde está la Virgen, poseyendo un altar de piedra de Barker, trabajada por Pedrotti y Jarque y un gran candelabro de hierro para cien velas, obra de Otilio Galicia. Por su parte el artista Carlos Allende -famoso por sus "bochas" de piedra y sus tallas en raíces, creador también del monumento a Juan Fugl y al Gaucho, entre otros- forjó el crucifijo y los candeleros para el altar.
Así fue la obra original. Con el transcurrir de los años se introdujeron varias mejoras, nuevos accesos y escalinatas; y nuevas obras escultóricas que le dieron al lugar el profundo significado que nunca le faltó.

LAS CATORCE ESTACIONES DEL VIA CRUCIS
PRIMERA ESTACIÓN: "Jesús condenado a muerte"
Tomado del brazo derecho por un soldado romano, Jesús es presentado ante el pueblo cuando ya se ha producido la condena. Sus manos permanecen atadas. A su izquierda, sentado, Pilatos se lava las manos.
Escultor: José A. Berna, artista italiano
SEGUNDA ESTACIÓN: "Jesús carga con la cruz"
La figura dramática de Jesús, sostiene con su mano derecha la terminación del travesaño de la cruz, que carga sobre su hombro izquierdo.
Escultor: Humberto Eduardo Cerantonio, artista argentino
TERCERA ESTACIÓN: "Primera caída de Jesús"
A diferencia de la estación anterior, Jesús sostiene la cruz sobre su hombro derecho. La figura está semihincada, apoyada sobre la rodilla derecha y su brazo izquierdo extendido hacia el suelo.
Escultor: Ricardo Musso, artista argentino.
CUARTA ESTACIÓN: "Jesús encuentra a su madre"
Una expresiva María, con sus brazos extendidos hacia adelante, sale al encuentro de su Hijo que se acerca portando la cruz.
Escultor: José Santiago Berna, artista italiano.
QUINTA ESTACIÓN: "Jesús y el Cireneo"
El Cireneo ayuda a Jesús a sostener la cruz. Entre ambos, aparece amenazante un soldado con su brazo izquierdo levantado.
Escultor: Antonio Sforza, artista argentino.
SEXTA ESTACIÓN: "Jesús y la Verónica"
Mientras Jesús es ayudado por el Cireneo, la Verónica presenta un paño con el que secará el rostro del Hijo de Dios.
Escultor: José A. Berna, artista italiano.
SÉPTIMA ESTACIÓN: "Segunda caída de Jesús"
La cruz vuelca su peso sobre el hombro derecho de Jesús, caído. Un soldado amenaza con un látigo en su mano izquierda.
Escultor: Roberto Capurro, artista argentino.
OCTAVA ESTACIÓN: "Jesús consuela a las mujeres de Jerusalem"
Dos mujeres se encuentran frente a Jesús, que avanza llevando la cruz. Una de ellas está con las manos juntas en gesto de imploración, mientras la otra se encuentra arrodillada, con un niño en brazos.
Escultor: José A. Berna, artista italiano
NOVENA ESTACIÓN: "Tercera caída de Jesús"
Jesús se apoya sobre el suelo con la palma de su mano izquierda, con los ojos cerrados. El Cirineo se esfuerza por levantar el madero. Un soldado apoya su pie izquierdo sobre la cruz, mientra otro, armado de lanza, observa.
Escultor: José Fioravanti, artista argentino.
DÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es despojado de sus vestiduras"
Jesús, de pie y el reflejo de gran bondad en su rostro, es despojado de la vestimenta por otro individuo.
Escultor: José Berna, artista italiano
UNDÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es clavado en la cruz"
Jesús ya ha sido colocado sobre la cruz. Un soldado contempla. Un hombre alza su brazo derecho, que empuña un martillo. Un clavo ya ha sido introducido en la mano derecha de Jesús. Otro hombre sostiene el brazo izquierdo, mientras dos mujeres, entre ellas María, son contenidas por el soldado.
Escultor: Humberto Cerantonio, artista argentino.
DUODÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús muere en la cruz"
La imponente figura de Jesús, realizada en piedra mármol, se encuentra crucificada en la actual cruz de cemento, que reemplaza a la original de madera.
Escultor: José Berna, artista italiano.
DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: "La Piedad"
María, con un rostro joven, delicado y bello, sostiene a Jesús, muerto entre sus brazos.
Escultor: José Berna, artista italiano
DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: "El Santo Sepulcro"
La figura de Jesús es observada piadosamente por la Virgen, en tanto José de Arimatea sostiene su brazo y Nicodemo toma su mano en actitud de besarla.

RECUERDOS DE LA CELEBRACIÓN QUE HIZO FAMOSA A TANDIL
Cuando tomé la primera comunión-allá por 1949 en la entonces todavía Capilla Santa Ana-entraba en la órbita de las celebraciones religiosas con la fantasía propia de la niñez y también con el respeto propio de la cultura de la época, más estructurada que actual.
Fue en la década del ‘50, en la adolescencia, cuando por primera vez fui como testigo-participante de la  Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, que así era llamada.
Mi madre, devota de la Virgen, se conmovía al paso de las imágenes, entre la multitud que desde las veredas se agolpaba para”presenciar” ese acto evocativo que a mis ojos lucía imponente. Recuerdo  el sonar lúgubre de las “matracas”,  los cánticos y oraciones, los vecinos vestidos de soldados romanos y la potente voz de don Luis Actis conduciendo la procesión por los primitivos altavoces de don Sinka o Bazoberri, que nos conducía a una  casi mística  recordación  de lo que habrían sido los últimos momentos de Jesús.
Era, en realidad, un momento casi único en el año. Después las “Estampas” completaban un día lleno de luto y respeto, en el que las radios nacionales-en Tandil no había locales todavía-pasaban música sacra y los católicos practicantes vivíamos casi en voz baja. En las mesas de ese día reinaban el bacalao noruego, el más modesto abadejo argentino y el atún.
Pasaron los años y quiso el destino que ya desde principios de la década del ’70, participara en la famosa Comisión Oficial que desde 1951 era la encargada de organizar toda la Semana Santa, presidida por el Intendente de turno y con la participación de sacerdotes, laicos y representantes de las entonces llamadas fuerzas vivas (Cámara Comercial e Industrial-hoy Cámara Empresaria-, la Asociación de la Pequeña y Mediana Industria, las Fuerzas Amadas, Policía, etc.
Eran reuniones donde la patriarcal figura de Mons. Actis era la referencia ineludible y la voz cantante, en las que se pasaba revista a todos los detalles, entre los que no faltaba la eterna pregunta ¿y si llueve?.
Lo cierto del caso que no recuerdo de aquellas décadas que la lluvia empañara los actos –salvo alguna vez- que el augurio desalentador implícito en la infaltable  pregunta, sobre todo  en los Viernes Santos, que era el día central.
Luego vino todo lo que hoy conocemos, desde el Domingo de Ramos a los distintos y conmovedores Vía Crucis, hasta llegar al Domingo de Pascua.
Tandil había cobrado vida propia en la celebración de la Semana por la existencia del Calvario partir de su inauguración, el que,  por sus características,  lo constituyen en el único del país y  América, teniendo sólo otro similar en el mundo, y además por la escenificación de la vida de Jesús.
En mi  adultez y desde adentro-como quedó expresado- viví con intensidad sobre todo la preparación de las Escenas de la Redención con lo que ello implicaba desde lo religioso a lo técnico. Una etapa casi épica porque los elementos  de los que se disponían, no eran los actuales.
Desde su nacimiento en 1948,  primero al pie del Calvario y como Actos Sacramentales , desde 1952 en el Salón Parroquial ,luego Teatro Estrada,( hoy del Fuerte), posteriormente  en el veredón de la Municipalidad en 1959, y con la inauguración del Anfiteatro Municipal la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet  y luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron, siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y al Anfiteatro, con el nombre de” Jesús el Nazareno”, - la representación “oficial”, primero con la dirección de Pascual Pina luego fueron cmbiando directoires, que son contempladas por miles de espectadores entre el jueves y el domingo de la Semana Santa
Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue adquiriendo relieve nacional, con la incorporación, en 1949, de la mencionada Solemne Procesión del Santo Entierro, poniéndose especial énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza.
Vale la pena recordar algunos detalles, los más sobresalientes de esa expresión, que ya quedó lejana en el tiempo.
La Procesión se iniciaba luego del Via Crucis del Viernes Santo en el Calvario, para terminar en el templo de la Inmaculada, recorriendo las calles ornamentadas con alguna señal alegórica en las viviendas aledañas.
Era encabezada por los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados Ciriales, quienes portaban grandes velas y luego una masa coral y la banda.
Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el Caballero de la Corona de Espinas; inmediatamente se ubicaban los Caballeros de los Clavos de Cristo y luego las religiosas de Tandil ( casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); y más atrás el Caballero de la Crucifixión portando el martillo, todos ellos acompañados por sus respectivos acólitos.
Formaban luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de Honor del Santo Sepulcro.
Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la masa coral “a capella” y, marcando el paso con sus sones a duelo, las ya citadas Matracas y los redoblantes del Ejército.
Inmediatamente después aparecían los  Mujeres de Jerusalén, de riguroso luto  (vestido y mantillas negras) precediendo a los Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa.
Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una misión”vitalicia”; por su parte, hombres caracterizados como soldados romanos acompañaban a quienes representaban,  simbólicamente a  elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con vinagre .  Las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al Cristo Yacente.
Completaban la secuencia, las imágenes de San Juan y de María Magdalena llevadas primero por laicos pertenecientes a distintas organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de los Colegios católicos.
Durante todo el recorrido una red de parlantes, como ya lo mencionamos,  alquilados por la Municipalidad llevaban la poderosa voz de Mons. Actis  con un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y lecturas alusivas.
Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras penumbras de la incipiente noche y los participantes encendían entonces las velas hasta llegar al final, donde la Banda Municipal dirigida por el recordado maestro Onorato, interpretaba la Marcha fúnebre de Chopin. Una vez depositadas las imágenes en el veredón del templo,  Mons. Actis, decía las palabras acordes al momento e impartía la bendición a la multitud.
Recuerdo que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras- pasaban solamente  música clásica y religiosa.
Hoy, ya pasadas varias décadas de los primigenios recuerdos, traemos al presente aquellos años, porque  tiempos y liturgias, han cambiado y ya  no es la misma procesión , ahora adecuada a los tiempos pos conciliares,(luego de posturas encontradas con alguna polémica por medio),  suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas , tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa participación-la Procesión, como ya lo expresamos era seguida desde las veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa de los feligreses.
Las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud,  de la Tercera Edad y el de los Niños, se han transformado ahora en una tradición con gran protagonismo popular, enriquecedora de los valores religiosos.
Reconocida  como la Semana Santa de más trascendencia en el país, por todo lo expresado en la nota, tiene además, a lo largo de su celebración, expresiones artístico- culturales complementarias que adquieren rasgos casi únicos también en su realización.
Sirvan estos recuerdos de otros tiempos, para valorar en su integridad los esfuerzos que nos permiten disfrutar estos días propicios para la interioridad y el crecimiento espiritual.

Daniel Eduardo Pérez

sábado, 28 de marzo de 2015

ALGUNOS PASEOS DEL TANDIL



NOTICIAS HISTÓRICAS DE ALGUNOS PASEOS DEL TANDIL
                       Por  Daniel Eduardo Pérez
 
Tandil posee en su patrimonio una gran variedad de paseos que son la delicia de propios y visitantes.
En la nota de hoy reflejaremos sólo algunos de ellos por obvias razones de espacio. Sin duda los más conocidos y visitados son el Calvario, el Parque Independencia , La Movediza, El Centinela y La Cascada , pero aquí  los obviaremos porque abundan informaciones sobre ellos.
Lago del Fuerte 
Se formó a raíz de la gran inundación de 1955, que dio lugar a la construcción del Dique del Fuerte, inaugurado el 19 de enero de 1962, con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi. Hacia el oeste se encuentra unido con el Parque Independencia conformando un complejo serrano-lacustre.
Posee un circuito aeróbico que lo recorre en su perímetro con estaciones para descanso y  ejercicios; juegos para niños; el Polideportivo Municipal “Eduardo Aldasoro” ; la Isla del Fuerte con actividades náuticas; el antiguo Manantial de Gardey (que algunos llamaron en oportunidades diversas de Domínguez);  el Balneario del Sol, y  en el límite con la Plaza de las Banderas, el Monumento El Fundidor  y el de El Quijote.
El lago es de propiedad fiscal, siendo su entrada libre y gratuita, y recibe el exceso de lluvias del área serrana y circundante regional, mediante arroyuelos que, en caso de fuertes tormentas, corren con fuerza transportando  abundante agua en razón de la pendiente de los campos de la zona. El lago descarga sus aguas hacia un cauce entubado que desemboca pasando la ruta 226, naciendo el Langueyú. La superficie del lago es de 17 a 19 hectáreas. Al no contar con el funcionamiento de un descargador de sedimentos, los procesos de sedimentación van lentamente colmando su hoya de retención, disminuyendo su superficie y especialmente su profundidad, que en promedio, en condiciones normales, es de 85 a 150 cm., mientras que el sector más profundo cuenta con 3,7 m., pero varía porque su lecho es de barro y sedimentos livianos dejados por las  aguas que allí llegan.  En ese ambiente, y en las zonas ribereñas de su perímetro, las aguas presentan abundante vegetación sumergida donde habitan mojarras, dientudos,  madrecitas,  barrefondos y chanchitas .
El lago artificial es un destino para la pesca deportiva, tanto embarcada como costera, esta última practicada en sus orillas y desde el murallón del dique. En los sectores centrales, las aguas se presentan libres de vegetación sumergida, siendo éste el hábitat del pejerrey, especie incorporada a su fauna ictícola por sus cualidades como pez apto para la pesca deportiva. 
Parque Libertador General D.José de San Martín
En 1961 en la Asociación Cultural Sanmartiniana de Tandil, una nueva comisión asumió con la presidencia  de Leonel Acevedo Díaz, decidiéndose  que fuera el entonces denominado " Cerrito Municipal", el lugar elegido para levantar un monumento importante. En 1964 asumió la presidencia el docente Raúl J. Llano, quien fue el que con la comisión que lo acompañaba, tomó contacto con el Intendente José E. Lunghi   para exponerle la idea, la que fue rápidamente aceptada, destinando una partida de $ 50.000 m/n para el futuro emprendimiento en el ya por entonces denominado "Cerrito de la Libertad".
El mismo Intendente presentó, al año siguiente, al escultor Hidelberg Ferrino, radicado en Mar del Plata, quien  accedió a realizar primero el bajorrelieve de la Plaza Gral. San Martín. Inmediatamente se puso en marcha una campaña y colecta para recaudar los fondos necesarios, mientras el escultor comenzaba su trabajo, el que a medida que avanzaba tenía más costos, solicitándose consecuentemente un mayor apoyo económico para no demorar su inauguración, mientras las obras de preparación del cerro era llevada a cabo por generosos picapedreros al mando de Juan Pisculich.
Finalizadas esas obras básicas, y emplazado el conjunto, el 20 de octubre de 1968, a las 10,  quedó inaugurado el monumento más importante al Libertador, con la presencia del gobernador  Imaz, ministros, el Intendente, el presidente y comisión de la Asociación Cultural Sanmartiniana y el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano Gral. Carlos Salas.
La figura del Gral. San Martín erguida, mira hacia el noroeste, meta de la campaña al Perú, catalejo en mano y con su ropaje de general y su famoso sable corvo. Detrás de la misma,  un imponente y brioso caballo de guerra árabe con los enseres correspondientes; más atrás está un picacho artificial  simbolizando un nido de cóndores, sobre el cual había dos parejas de los majestuosos reyes de las alturas, cada uno de los cuales mira hacia los  puntos cardinales (lamentablemente pronto fue robada una); al pie- como custodios- dos granaderos: uno representando al heroico Sargento Juan Bautista Cabral y otro a un granadero de la provincia de Buenos Aires, ambos en posición de descanso con los sables desenvainados.
Todo el conjunto está hecho en escalas diferentes en cada componente- a la usanza de algunos artistas de la antigüedad, lo que le da una característica especial. La Asociación  logró con el tiempo la realización de mejoras que incluyeron patio de lajas, iluminación, mástiles y la construcción de diversos hitos desde su acceso en Av. Avellaneda hasta el mismo monumento, enriqueciendo al ya por entonces "Parque Libertador General D. José de San Martín". La colectividad italiana, por su parte, incorporó la Fuente de Rómulo y Remo.
Parque de la Industria y el Comercio
Inaugurado en 1972, en adhesión al sesquicentenario de la fundación de Tandil, que se celebraría un año después y llamado así porque en ese lugar se asentó la primera industria local, obra del inmigrante Juan Fugl, el pionero de origen danés. Se trataba de un molino harinero que, accionado a energía hidráulica producida gracias al arroyo, industrializaba el trigo que él mismo sembraba. Fue comenzada su construcción en el año 1850 y se conservó una parte de su edificio, hasta hace unos años en que lamentablemente fue demolida. Luego de la partida de Fugl a su patria, las instalaciones estuvieron abandonadas y ya en el siglo XX una curtiembre instaló allí sus reales, reconstruyendo parcialmente el lugar, aprovechando ciertas partes y levantando otras, incluida la chimenea que actualmente se puede observar. Quedó el lugar identificado como Villa Onena, al tomar el nombre de la empresa y allí, alrededor del año 1944, se podía ver todavía un tajamar, donde había un puente de madera. Ya no queda nada del viejo molino, ni muelas, ni maquinarias; un antiguo tinglado y las construcciones de la curtiembre fueron demolidos.
Entre las construcciones destacadas  queda la citada chimenea que ocupó el predio luego del molino, una antigua casona, construida a comienzos del siglo XX; restaurada, hoy es un centro de información turística y cultural. Entre las obras artísticas relevantes se encuentran la escultura “El Fundidor”  obra de Hugo Jarque y Mariana Debaz y el monumento en hierro a “Don Quijote y Sancho Panza”  obra de los artistas locales Alberto Vinsennau, Ernesto Santiago y Gustavo Andersen, inauguradas ambas en 2008.
Reserva Natural Sierra del Tigre
Los primeros habitantes de Tandil lo bautizaron así a este cordón serrano por la abundancia de pumas de esa zona, felino autóctono, hoy desaparecido. Da su nombre también a un predio de la Municipalidad en que desde el año 1972 se procura mantener una reserva natural bajo la administración de una sociedad privada. Tiene una superficie de 150 ha.  con especies arbóreas exóticas. En él se mantienen en cautiverio, además, animales de otras latitudes.
Es un paisaje de los mejores de nuestra ciudad, enclavado en un lugar de privilegio, pleno de bellezas naturales. Sierra del Tigre fue donada  por la Municipalidad por decreto del 30 de octubre de 1972; y confiada a la Cooperadora Reserva Natural Sierra del Tigre, entidad autónoma de bien público sin fines de lucro y con personería jurídica desde el 26 de junio de 1973.
La Reserva está con un cerramiento perimetral, del tipo olímpico y adentro se ha construido una casa para el guardareserva y adjunto a la misma un galpón para guardar todo lo referente a  materiales para la conservación de la reserva. Con respecto a la flora se plantaron, en  su momento, numerosas especies de árboles entre ellos: Fresno Americano y Europeo, Paraiso, Álamo, Plátano, Acacia blanca sophora, Olmo punilla y Eucaliptus viminalis.
,  pinos, y también  retamas españolas, chilcas, hierbas como la menta, la carqueja y el romerillo.
Un camino-circuito con una longitud de 5 km fue inaugurado oficialmente el 26 de octubre de 1981. Además la sierra cuenta con espejos de agua, una fuente, una casa de piedra destruida,  playas de estacionamiento  y un serpentario que funcionara provisoriamente en la entrada.
Esta área natural protegida  creada en 1973, se encuentra a seis kilómetros de la ciudad, rodeada de las sierras del sistema de Tandilia; la altura máxima es el cerro “Venado” de 389 m. Como era una zona de canteras, además de cavas se pueden ver antiguas viviendas y senderos construidos con piedras por los picapedreros.
El recordado geógrafo Huberto Cuevas Acevedo fue el promotor para que la reserva fuera un hecho, a través de la formación de la citada «Agrupación Amigos de la Reserva Natural de la Sierra del Tigre”.
Allí se puede observar flora y fauna natural, con especies arbóreas exóticas, antiguas canteras, cavas y construcciones de piedra, senderos, casas y pircas pertenecientes a los antiguos picapedreros. Animales de  variadas especies circulan libremente por sus amplios espacios: monos carayá, ñandúes, perdices coloradas, faisanes, carpinchos, caranchos, zorrinos, buitres, zorros, jabalíes, cabras, burros, llamas, etc.
En la reserva la mayoría de los animales andan sueltos, como los guanacos y las  llamas También se pueden ver algunos ejemplares de otras especies como el puma, ciervo axis, zorro gris, gato montés, jabalí, y liebre europea .Además habita una especie de anfibio del género , el marí marí.
La reserva se puede recorrer a pie, a caballo, en bicicleta, en vehículo particular o en excursiones en combi. El paseo completo por el sendero consolidado que rodea a la reserva tiene tres kilómetros y medio de extensión.                                 
Plaza de las Banderas
La denominada "Plaza de las Banderas", originalmente se denominó "Jardín Internacional de la Paz". Las banderas que se colocan son la de los países con colectividades en Tandil, en general, y de otros países amigos. Allí está el Monumento a Cristóbal Colón  erigido por  la "Asociación Propulsores de la Gran Avenida” que presidía el recordado dirigente Demetrio Brutti y  realizado por  el artista local Antonio Rizzo, el que se inauguró el 12 de octubre de 1980. La Plaza o Jardín se diseñó para homenajear a las colectividades, por eso su nombre. Su concreción data de la década del ’70.
Paseo de los Pioneros 
Este paseo en inmediaciones del camping Municipal Pinar de las Sierras, inaugurado el 1 de abril de 2007, permite acceder a un cerro denominado El Mate desde el que se ve las Sierras de las Ánimas, la Sierra del Tigre, el cordón de Montecristo y Cerro El Alba y al pie, el valle que da nacimiento al arroyo del Fuerte. Presenta una de las mejores panorámicas del sistema y es un lugar ideal para  caminatas y el acceso en bicicleta.
El trazado del camino es de 3400 metros. Sitio privilegiado para la realización de actividades de interpretación del entorno, recreativa, deportiva y de contemplación. El recorrido puede realizarse en auto, moto, bicicleta o a pie. Las obras realizadas se llevaron a cabo bajo las premisas de respetar y preservar el entorno natural del sitio, concretando una intervención mínima que no afectara el paisaje.
Se puede transitar por senderos vehiculares y peatonales que llevan a la cima del Cerro, acceder a miradores naturales, manantiales y espacios para el descanso. En este sitio se instaló  cartelería que brindan referencias sobre el paisaje y la historia. “El Paseo de los Pioneros surge como un espacio que revaloriza la memoria de los pioneros de Tandil, incorporándolo al uso público”-manifiestan sus ideólogos. Al inicio del paseo, un cartel distribuidor indica los lugares que se vinculan con la traza de una senda que puede recorrerse en un solo sentido de circulación.
Entre otras propuestas, se puede recorrer “un manantial, seguido de un estacionamiento; identificación geográfica del entorno con vistas de distintos escenarios de la zona serrana, que se aprecian desde el Mirador natural de los Pioneros; también la señalización del Cerro El Balcón, que ofrece bellas panorámicas. Continuando el trayecto, se llega a una zona de detención que posibilita continuar a pie por un camino con vestigios de la actividad de los picapedreros, y que conduce a antiguos frentes de canteras cuya explotación era realizada por los pioneros que trabajaban la piedra con técnicas manuales”.
En el paseo se pueden observar las señales de esta actividad: “corrales de piedra, pircas, caminos hacia las cumbres, postes de piedra, cavas, bancos de trabajo y montículos de escallas; rocas cortadas de borde dentado a pinchote, brocales y rocas horadadas y frentes abandonados, forman parte del paisaje serrano que se observa desde este lugar”-señalan los responsables de la obra.
Parque del Bicentenario
El Parque del Bicentenario, ubicado en las  avenidas López Osornio y Bolívar, es una obra en la que la comuna apuntó a la recuperación de un espacio público, la preservación de los árboles añosos y la prolongación del circuito aeróbico del Lago del Fuerte. El parque abarca 35 mil metros cuadrados de especies arbóreas, jardines, senderos y terrazas 
Este nuevo espacio conmemorativo se une con el paseo Lago del Fuerte a través de una bicisenda a lo largo de la avenida López de Osornio y fue inaugurado el 25 de mayo de en 2010 con motivo de los 200 años de la Revolución de Mayo. Cuenta con una senda aeróbica y peatonal –que se comunica con el Lago del Fuerte-, miradores naturales y áreas de descanso en medio de arboledas, todo esto con un fondo serrano. También se puede acceder desde el Lago del Fuerte, tomando la Av. López de Osornio (de tierra) luego de la subida de la Av. Osvaldo Zanini.
Paseo de los Españoles
Inaugurado por el Municipio el 21 de abril de 2014 en el predio propiedad de la Sociedad Española donde ésta tuviera un camping, sobre la Av.  Saavedra Lamas, hoy  en comodato con la citada institución.
En este nuevo espacio los vecinos encontrarán el puente que se encontraba en la isla, un circuito de sendas peatonales que se comunica con las otras sendas alrededor del Lago del Fuerte. Además se han colocado nuevos mobiliarios y nueva iluminación, se construyó un estacionamiento con capacidad para cien autos y se habilitó un puente antiguo”. También se diseñó un jardín vertical, un laberinto de arbustos con esculturas en piedra, que fueron donadas por artistas locales, se recuperaron los cuerpos de sanitarios, se puso en valor la añeja arboleda, se reacondicionó el cauce del arroyo, se plantaron nuevas herbáceas y se destinó un espacio para el descanso en cercanías a un manantial. 
El manantial  “Hermano Adelsio” del Paseo
Ese parque público tiene conexión directa con la quinta del Colegio San José, lo que simboliza los lazos que desde la comunidad educativa de esa institución se han forjado y consolidado con nuestra ciudad.  Por ello el manantial allí existente reconoce al hermano Adelsio Delfabro y fue inaugurado el 15 de agosto de 2014. El Hno.Adelsio ( Sagrada Familia) es, sin dudas, uno de los artífices de este fuerte vínculo entre la ciudadanía de Tandil y la comunidad del Colegio. Docente desde 1954, antes de recalar en Tandil ejerció en el Colegio de la Sagrada Familia de Villa Urquiza (Buenos Aires), luego en los Colegios de la Congregación en Azul y Casilda (Santa Fe).
Un merecido homenaje a un educador  y humanista de fuste…

miércoles, 25 de febrero de 2015

RAMÓN SANTAMARINA. UN ANIVERSARIO MÁS DE SU NACIMIENTO




RAMÓN SANTAMARINA
PIONERO Y BENEFACTOR

                              Por Daniel Eduardo Pérez

En este capítulo, daremos algunas noticias de uno de los personajes más atractivos de la historia de Tandil y también de buena parte de la historia de la campaña bonaerense, nos referimos a Ramón Santamarina.
Oportunamente, en 1990, con motivo de los ciento cincuenta años de su llegada a la Argentina, se rindieron en Tandil y Buenos Aires justicieros homenajes, entre los cuales se contaron dos conferencias de quien esto firma, una en el Salón Blanco de la Municipalidad y otra en el Jockey Club de Buenos Aires, las que dieron origen, ese mismo año, a la publicación por parte de la Universidad, de un librito conteniendo buena parte de  los conceptos allí vertidos. Además, la familia Santamarina editó otro libro que incorporó también las palabras de homenaje en la Recoleta, del  Dr. Horacio Zorraquín Becú y una
genealogía elaborada por Eduardo Santamarina Colombres, ejemplar aparecido en 1993.
En  2006, Andrea Reguera, investigadora de la Universidad ha publicado un libro sobre la vida y fortuna de nuestro hombre, teniendo a la vista documentación facilitada por sus descendientes.
En esta ocasión, trataremos de ofrecer sintéticamente, una semblanza de su vida, el contexto en la que se desarrolló y el legado póstumo de él y su familia, en beneficio de Tandil, que nomina con su apellido instituciones, paseos y una avenida.
Ramón Santamarina nació en Orense, en la bella Galicia, el  25 de febrero de 1827, del matrimonio de don José García Santamarina y Varela y de doña Manuela Valcarcel y Pereyra, siendo bautizado con el nombre de Ramón  Joaquín Manuel Cesáreo.
España estaba gobernada entonces por Fernando VII, quien después del brote liberal de 1820, había impuesto una férrea conducción absolutista, hasta su muerte en 1833. Ya no quedaba prácticamente nada de aquel fabuloso imperio colonial que forjó a partir del descubrimiento de América, perdido luego de largas y duras batallas de los pueblos americanos por su independencia.
En el seno del hogar- que compartió con sus hermanos Dolores y Francisco- Ramón creció al amparo de una familia que tenía en su padre, a un oficial de la Guardia Real, cargo que desempeñó hasta la muerte del rey. Emparentado con la gran poetisa Rosalía de Castro, era un hombre de trato afable así como dispendioso, en lo referido a los gastos y a las relaciones con cortesanas, muy propio de la época y el cargo.
Por su parte, su madre provenía de una familia de fortuna y sangre noble, emparentada con los condes del Valle de Oselle y los marqueses de Atalaya Bermejo, heredera de títulos y propiedades importantes.
A la muerte del rey Fernando VII, las disputas por la sucesión, desataron las luchas "carlistas" (por el infante Carlos, hermano del rey muerto). El otrora influyente oficial Santamarina había perdido para entonces, buena parte de la fortuna familiar y continuaba en enredos sentimentales, uno de los cuales, el mantenido con una hermana soltera de la condesa de Priegues,  habría influido para que su suegra le solicitase al Capitán General de la Guardia- que residía en La Coruña-que  llamase la atención a su yerno en procura de lograr un mejor comportamiento.
Cuenta la historia oral familiar, que al llamado de su jefe, concurrió don Juan Santamarina en compañía de su hijo Ramón. Sería éste el comienzo del rápido y trágico final de la vida del militar, dado que no pudiendo sobrellevar la situación, se dirigió hacia el Faro de la Torre de Hércules, de la puerta de Santa Lucía o a los fosos del Puerto de Arriba, esto último según consta en la partida de defunción, y el 3 de abril de 1835, en presencia del pequeño Ramón se descerrajó un tiro que le provocó la muerte inmediata.
Muchas historias se han tejido en torno al momento que marcaría para siempre la memoria de Ramón y si bien algunas provienen de la creación imaginaria, como la de su descendiente Ana Gándara  en su libro "La Carreta", que nos ilustra acerca de un posible mandato paterno final: " Prométeme que vas a reconstruir la fortuna de tu madre, que yo he derrochado", lo cierto es que la vida posterior del niño, parece que  hubiera devenido en realidad, con el cumplimiento imaginado de la promesa.
Poco tiempo después falleció su madre, embargada de pena, quedando los hermanos Ramón y Francisco al cuidado de sus tíos Valcarcel y  Dolores, a cargo de la abuela materna.
Aquí la historia entra en un cono de sombras y todo indica que los hermanitos fueron a parar a un asilo para niños pobres de Santiago, donde habrían sido protegidos por un caritativo sacerdote que les brindó posibilidades de educación, cuestión ésta fundamental para los días que vendrían en la vida de nuestro personaje.
En 1840, adolescente de trece años, abandonó el orfelinato, según cuenta una de sus hijas en una carta de 1946, con una moneda de oro que le dio el sacerdote, partiendo hacia el puerto de Vigo con la idea de dejar aquellas tierras de tan mal recuerdo y abordar un barco, no sabemos si como grumete o polizón, que partió rumbo a América.
El destino o la Providencia quisieron que el barco recalara en el puerto de Buenos Aires, llegando de esa manera, en 1840, el joven Ramón a estas tierras desconocidas y desafiantes.
Por aquí las cosas no estaban para nada tranquilas, Rosas había sofocado el año anterior la Revolución de los Libres del Sud y la Mazorca cobraba venganza con los revolucionarios. Los extranjeros que llegaban eran escasos, por lo que Santamarina era casi una excepción.
En ese clima enrarecido política y económicamente, Ramón se habría afincado en el barrio de Barrracas- según lo afirma la revista Kosmos, aparecida poco después de la muerte de Ramón- y sus primeros trabajos habrían sido como peón, pasando bueyes de un lado a otro del Riachuelo, con lo que se ganaba el sustento para albergarse en la posada "Cuatro Naciones" , a metros del Mercado Viejo, simultáneamente, y lo más importante, allí tomaba contacto con lo que después sería su destino : las carretas y la pampa que insondable se abría hacia el sur y era tema de relatos en la posada, a los que el joven Ramón prestaba atención con curiosidad y avidez.
Con el indispensable espíritu de aventura que debe fogonear la búsqueda de nuevos horizontes, luego de varios meses en aquella ciudad de alrededor de 70.000 habitantes, un buen día se conchabó  como boyero en una tropa de carretas, con destino a esos inmensos mares de pastizales, potros salvajes e indiadas escudriñadoras.
Al paso cansino y acompasado de los bueyes, las carretas vadeaban primero el  Samborombón y luego el Salado, para aproximarse al Tandil, donde un Fuerte había sido fundado en 1823 y de donde provenían leyendas que seguramente atrajeron magnéticamente a Ramón.
La fecha exacta de su llegada por vez primera a Tandil se desconoce, pero podemos fijarla entre 1842 y 1846.
Aquella tropa llegó finalmente a la estancia "San Ciríaco", de Ramón Gómez, de los primeros pobladores del Tandil, el que con sus treinta y siete leguas, era de las más importantes en el partido que Rosas había denominado del Chapaleofú, luego de la revolución de 1839, y que apenas contaba con alrededor de mil habitantes en total.
Emilio Delpech, que lo conoció muchos años después y dejó sus impresiones y conocimientos sobre nuestro personaje en su libro "Una vida en la gran Argentina", del que más adelante transcribiremos algunos conceptos, afirma que Ramón se quedó a trabajar en la estancia de Gómez, afirmación también sostenida por Sáenz Quesada y Zorraquín Becú, posteriormente.
Allí habría aprendido los secretos del gaucho y sus destrezas, aunque nunca vistió como ellos ni habló sino su castellano aunque despojado ya de sus giros gallegos.
Un año y meses después se alejó de la estancia que lo cobijó y, veinteañero, comenzó a pensar en independizarse, adquiriendo una carreta para comenzar en el trabajo que conocía de boyero y así recorrer los cuasi inexistentes caminos hacia Buenos Aires, para el traslado de los "frutos del país" a los almacenes de ramos generales, travesías que podían durar hasta tres meses, siempre con el peligro de toparse con alguna partida de indios maloqueadores, a los que  no temía, según alguna vez confesó, pero con los que nunca tuvo enfrentamientos, en tiempos en los que, como bien afirma nuestro amigo el historiador Carlos Moncaut, "no se viajaba sino cediendo a necesidades supremas de negocios  o causas familiares o de política".
Los viajes fueron innumerables, Tandil se surtía primero de su inicial carreta y luego de la tropa de ellas- que fue creciendo hasta ser de veinticuatro- de azúcar, yerba, tabaco, sal, telas y otros elementos que comercializaba, especialmente entre los soldados del Fuerte y los habitantes del caserío tandilense, regidos desde 1840 por un Juez de Paz.
Bañados y lodazales, huellas y rastrilladas cedían al paso incansable de este gallego, que no era el único, ya que los Vela, Nicolás Anchorena, White y otros, también tenían sus tropas, con la diferencia que bien marca Zorraquín Becú, ellos no eran como Ramón troperos.
En 1849 se fracciona el ejido y Ramón registra cuatro solares a su nombre. Era la primera inversión en tierras que después se multiplicarían hasta llegar a casi 300.000 hectáreas. Los viajes no se interrumpieron y, derrocado Rosas en Caseros en 1852, la pampa se estremece bajo los cascos de la indiada amiga del Restaurador. Tiempos difíciles en los que conoce al Cnel. Benito Machado, que pone en él su confianza para abastecer sus fuerzas.
Inmigrantes pioneros como él, entre ellos el danés Juan Fugl, que había llegado en 1849, Díaz, los Arabehety y otros, comenzaron a forjar sus destinos con alguna fortuna y a pensar en dotar al poblado de servicios esenciales como educación y práctica religiosa, verificándose en 1854-como quedó expresado en capítulos anteriores-  los primeros intentos con la primera escuela, la erección canónica de la Parroquia del Santísimo Sacramento, la primera Municipalidad y otros logros básicos institucionales y de servicios  impulsado por ese gran Juez de Paz que fue Carlos Darragueira, interrumpidos al año siguiente por los malones de Yanquetruz , ya descriptos.
Luego del éxodo tandilense provocado por los acontecimientos citados, lentamente la aldea se fue repoblando y  Santamarina comenzó con un negocio que le redituaría pingües ganancias: el del comercio de los cueros vacunos, que luego de la "caza" del ganado cimarrón- se habla de 200 a 300 diarios- vendía en Buenos Aires que los requería para la exportación, como consecuencia de la guerra de Crimea (1853-1856).
Su fortuna comenzó a crecer y a partir de aquellos primeros solares, sumó entre 1864 y 1889, veintiséis terrenos, ocho quintas y veintidós chacras. Entre los terrenos urbanos los había en la calle Gral. Pinto, Gral. San Martín, Av. España, Maipú,  9 de Julio  (donde hoy está Golden) y más tarde el que sería donde levantaría su residencia en Tandil y que actualmente es el que ocupa la "Galería de los Puentes".
Ya por entonces había adquirido la estancia Cristiano Muerto, la del nombre del combate en que Machado derrotó a los indios en 1857, según datos de buena fuente, de propiedad del  colonizador Aaron  Castellanos.
Sería el comienzo de la inversión en tierras, ya que le siguieron Dos Hermanos, comprada entre 1863 y 1899 en distintas fracciones que pertenecieron entre otros a Facundo Piñeyro,  Ramón Oliden y Enrique Thompson y al gobierno de la Provincia, al que le adquirió 2.056 has., hasta completar un total de 10.367 has.
Le siguieron otras compras como la de Los Ángeles, adquirida a los sucesores de Zenón Duval, en 1869, que totalizó la nada despreciable cantidad de 11.555 has. y luego La Claudina de 2.766 has., totalizando así en Tandil casi 25.000 has.
Su figura, adusta, casi severa, fue cobrando respeto y así en las primeras elecciones posteriores a los malones relatados, fue electo por primera vez para un cargo político en la Corporación Municipal, afianzándose su amistad con el danés Fugl, de tal suerte que eran los dos vecinos referentes de los extranjeros en el pueblo.
En 1860 conoció y se enamoró de Ángela Alduncin Gaspui, perteneciente a una familia vasca, con la que se casó radicándose en Dos Hermanos. Allí nacieron los cinco hijos de este matrimonio: M. Elena (fallecida niña), Ramón, luego casado con María Gastañaga y con quien tuvo diez hijos; José, casado luego con Sara Wilkinson-hija del jefe inglés de la Estación de ferrocarril- que no tuvieron hijos y Ángela, que se radicó en España donde se casó con el conde Isidoro de Themes y Sáenz, ( cuya divisa decía ¿ Si no Themes a Themes, a quién Themes?), heredando el condado de Valle de Oselle y el marquesado de Atalaya de Bermejo y Josefa María (también falleció niña).
Eran los años en que Santamarina agregó a su tropa de carretas, sus tierras y propiedades, almacén de ramos generales, pulpería y carnicería, ubicada en su propiedad de la esquina de Gral.Pinto y Chacabuco, posteriormente -en 1920- donde erigirían sus sucesores, el Palace Hotel y hoy está la Universidad.
La Organización Nacional había traído consigo el comienzo de la estructuración del Estado, a partir de la Constitución y en la faz económica se fueron dando cambios a los que Santamarina no fue ajeno, como en el caso de la incorporación del ovino a sus explotaciones, cuya lana luego vendería en forma redituable.
Sus estancias, además, fueron siendo pobladas en forma abundante por una forestación casi obsesiva, costumbre que heredaron para bien sus hijos y que hoy nos permiten admirar, aunque sea parcialmente, esta obra en conjunción con una mirada que  llamaríamos ecológica.
Estas tareas, que señalaban un camino, tuvieron además otras que le precedieron, en este caso en el camino de la cultura, ya que fue quien trajo la primera máquina de coser, que regaló a la esposa de Lambin, propietario de una escuela y del primer piano, que regaló a la hija de la citada maestra y se usó en la escuela.
Amigo apreciado de Juan Fugl, fue quien transportó la primera trilladora que el danés trajo a Tandil, colaborando de esta manera con la introducción de las primigenias innovaciones tecnológicas en el área de la agricultura.
El hombre hecho a sobrellevar dificultades sobre sus anchas espaldas, fue tocado esta vez en la fibra más honda, cuando el 26 de agosto de 1866, falleció su esposa.  Su figura robusta, de un metro ochenta de estatura y su rostro barbado, se contrajo ante el dolor. Quedaban sus hijos aún pequeños al cuidado primero de sus tíos, enviándolos luego a España para su educación y mejor atención hasta que fueran más grandes, para , más tarde, retornarlos al país con la seguridad que su formación y la huella sería continuada.
Pocos años después de la pérdida de su esposa, se volvió a casar, esta vez con una sobrina de la que había sido su esposa, la joven Ana Irasusta Alduncin, matrimonio del que nacieron trece retoños más, diez de los cuales sobrevivieron y tres murieron niños
Estos hijos crecieron bajo la tutela de don Ramón y su esposa Ana, desarrollando con los años una trayectoria que trascendió la vida de su progenitor y uniéndose a apellidos que, como el de Santamarina, significaban por sí mismos un patrimonio cultural y económico importante.
Ellos fueron: Ana, casada con Nicolás Gándara, con el que tuvieron dos hijos; Enrique, casado con Sofía Terrero, teniendo siete hijos; Josefa, casada con Ángel Pacheco, siendo padres de seis hijos; Nemesia, una de las que falleció niña; Dolores, casada con Alfredo Echagüe, teniendo cinco hijos; María, casada con Nicolás Avellaneda, matrimonio del que nacieron  ocho hijos; Elena, casada con Eduardo Saguier, matrimonio que tuvo tres hijos;  Antonio, casado con Dolores Acosta, teniendo siete hijos; Elvira, casada con Diego Lezica Alvear, teniendo seis hijos; Arturo, casado con Mercedes Quintana Unzué, matrimonio que tuvo dos hijos; Adolfo I, otro de los fallecidos de niño; Jorge, casado con María Elena de Alvear, teniendo dos hijos y Adolfo II, también fallecido de niño.
Tandil crecía a un ritmo en el que la concentración urbana estaba por arriba de la media de otros partidos. El primer Censo Nacional, de 1869, registraba 4.870 habitantes, residiendo poco más de la mitad en la zona rural. Del total, un 15,7 % eran extranjeros. El  viejo Fuerte fundacional ya no existía y desde 1865, el partido de Tandil ya tenía los actuales límites.
La década del ‘70 del siglo XIX encontraba a Santamarina en pleno crecimiento económico y cuando se registraron los cruentos episodios del 1 de enero de 1872, que causaron la muerte de 36 extranjeros a manos de los seguidores de Tata Dios, don Ramón salvó su vida milagrosamente, tal como le relata a Ventura Lynch en carta del 14 de ese mes, sosteniendo además, con sorpresa, que los asesinos provenían de gente que estimaba de su confianza.
A ciencia cierta poco se sabe cómo Santamarina no fue encontrado ni en Los Ángeles  ni en Dos Hermanos y salvó su vida, llegando al pueblo cuando la matanza había sido consumada y se preparaba la búsqueda y castigo de los responsables, integrando el cuerpo de extranjeros que, comandados por el danés Manuel Eigler, detuvo y dio muerte a los asesinos.
La detención y misteriosa muerte en el calabozo de Tata Dios y el cuestionamiento al Juez de Paz Figueroa, caldearon el ambiente. Por entonces los criollos de lo que podríamos denominar la sociedad tradicional, se alineaban políticamente en el "mitrismo", con el Cnel. Benito Machado como caudillo, en tanto los inmigrantes de la "nueva sociedad", participaban más de las ideas "alsinistas", tal como Fugl lo testimonia en sus "Memorias”.
Muchos de ellos se enrolaron en la Logia Masónica " Estrella del Sud",  de Azul, ese mismo año, entre ellos el propio Santamarina, los hermanos Arabehety, el  Juez de Paz Carlos Díaz y otros, que meses después formaron la Logia  "Luz del Sud", creada en Tandil, a instancias de la solicitud de la de Azul. Allí se integraron entonces aquellos primeros, siendo designado Ramón Santamarina, tesorero.
Su relación con actividades antirrelogiosas o de mentalidad liberal de la época, fue casi nula, como los hechos lo demostraron, al menos en nuestro Tandil, donde colaboraron eficazmente para la construcción tanto del templo protestante danés como para el católico. Su filiación masónica sí los mantuvo unidos fuertemente al poder político central, donde había otros miembros de la "hermandad".
En 1873, la lista de extranjeros encabezada por Juan Fugl, Ramón Santamarina y Manuel Eigler, derrotó en las elecciones municipales a la de Figueroa, Jurado y Prado, que contaba con el apoyo de Machado.
Cuando la revolución de 1874, en la que Mitre fue derrotado, ya Santamarina habitaba la casa de 9 de Julio,  ya citada, que estaba ubicada en donde hoy está la galería "de los Puentes". Su patrimonio había seguido creciendo, comprando campos y destinando a esas inversiones todas sus ganancias.
En Cnel. Dorrego adquirió  casi 26.000 ha. y alrededor de 32.399 en Laprida, de la famosa estancia La Gloria; luego La Elvira en San Antonio de Areco, La Juanita en Tres Arroyos y muchas más abarcando las  compras tierras de Gral. Lamadrid, Necochea, Juárez, Cnel. Vidal y hasta Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Hacia el norte provincial compró en San Fernando, San Vicente y Alte. Brown y hasta poco más de 100.000 ha. que le ofrecieron en Santiago del Estero, pensando en dejar para sus numerosos hijos una posición asegurada.
De esta manera el original boyero adolescente, pasaba a poseer una de la fortunas más importantes de su época. Para ampliar estos aspectos, pueden consultarse el mensuario Tiempos Tandilenses, Nº 93 y  los excelentes trabajos de la citada historiadora  Andrea Reguera: "Riqueza y poder en la sociedad del tener", de 1997 y " Riesgo y saber : control y organización productiva en las estancias pampeanas (1880-1930)", Anuario del IEHS de 1999 y ahora el nuevo libro.
Tantas inversiones requerían ya de una presencia más frecuente en Buenos Aires, por lo que adquirió una propiedad en la calle Méjico al setecientos, siendo ésta y su estancia Bella Vista, las centrales de sus estadías en las dos ciudades.
Fueron unos años después, que el francés Emilio Delpech, conoció a don Ramón, del que en su libro "Una vida en la gran Argentina", afirma erróneamente que era vasco- error que repiten luego otros historiadores entre ellos Moncaut y Félix Luna- y nos deja una semblanza de las mejores, de la que transcribiremos sólo un pequeño párrafo : "Conocí  a Santamarina en el año 1883, en un hotel de Juárez, en mis recorridas  en compras de lana como ya he estampado  en otras de mis anécdotas. Sabía que este estanciero no vendía las lanas afuera y que todas ellas tenían destino  a su casa de consignación en Buenos Aires; pero ello no impidió que me presentara a la mesa que ocupaba en el hotel, para solicitarle algunos informes de utilidad para mí. Me acogió Santamarina con paternal simpatía  y no sólo satisfizo ampliamente mis preguntas sino que me obligó a que almorzara en su compañía, lo que acepté muy agradecido. Como buen padre y con la franqueza que lo caracterizaba, me elogió el comportamiento de su hijo Ramoncito de 23 años de edad que , ya abogado , le daba muchas satisfacciones en el manejo de sus intereses  que tenía a su cargo, agregando que acababa de recibir noticias de este buen hijo  que le informaba de la compra de varias barracas  ubicadas frente a la Plaza Constitución y que con la apertura del Mercado General de Frutos  habían quedado inutilizadas , lo que permitió la compra a precio conveniente. Agregó don Ramón que tenía que buscar  afuera del campo la colocación de algunos remanentes  de cada año y de entonces en adelante siguió con este criterio pero sin dejar de adquirir, casi anualmente, algún establecimiento de importancia . Esta era la recompensa de tanto trabajo amontonado durante muchos años".
Con Roca como Presidente de la Nación, y su lema "paz y administración",  Santamarina " intuye que ha sido, sin sospecharlo, un precursor del roquismo", afirma Zorraquín Becú.
En el ·90 con su revolución y la gran crisis, Santamarina, seguidor de Pellegrini y Roca recordaba la frase de Mitre:" prefiero la peor de las elecciones a la mejor de las revoluciones " y apostaba al futuro creando en 1890 la firma Santamarina e hijos, junto a sus dos hijos mayores,  Ramón y José.
Ella administraría sus campos, propiedades y negocios, así como el manejo de las ciento veinte mil cabezas de vacunos y setecientos mil de ovinos, desparramados en sus posesiones en las feraces tierras  de la pampa húmeda, en sus veintitantas estancias forestadas casi obsesivamente- se dice que plantó  más de un millón de árboles-dejando a sus hijos esta virtud.
Tanto Ramón como José,( los dos primeros tandilenses que se graduaron de abogados) venían a Tandil y aquí estaban durante períodos más o menos largos, de tal suerte que se fueron ganando el aprecio y el respeto que también su padre había conseguido por sus conductas.
José tuvo destacada actuación como pacificador, en la revolución radical de 1893, evitando el derramamiento de sangre y siendo designado, de común acuerdo, al frente de la Municipalidad.  De Ramón II, Julio A. Costa, en su libro "Hojas de mi diario", en el que dedica un capítulo a don Ramón, dice que fue su " viejo amigo y el ciudadano que me aportó más votos  para gobernador de Buenos Aires" (Costa fue gobernador entre 1890 y 1893). 
Ramón Santamarina, con contactos y lazos familiares, había tejido una rica red de amistades e influencias a nivel nacional, donde era reconocido por sus virtudes de trabajador incansable, ahora junto a sus hijos, le había llegado la hora de los reconocimientos y así, 1896, el rey de Dinamarca lo designó Caballero de la Real Orden de Danebroj, por los importantes servicios prestados a la colectividad danesa del Tandil, distinción a la que naturalmente Fugl no fue ajeno.
Ya anciano, pero incansable, fundó la fábrica de productos lácteos Las Nenas - según el autor Adolfo Rey, transcripto luego por Gorraiz Beloqui y Yuyú Guzmán- que entusiasmado por sus buenos resultados lo llevaron, junto a sus hijos, a instalar en Los Ángeles una fábrica de quesos que no tuvieron la buena calidad esperada por lo que la experiencia no tuvo mucha fortuna.
Sus hijos lo aconsejaban para que hiciera un alto en su camino de trabajo emprendedor y para que su ojo avizor descansara de los negocios. Zorraquín Becú manifiesta que ellos le escribían y le decían " Tata, no trabaje tanto, no trabaje más. Para esto estamos nosotros".
Los años comenzaron a sumarle recuerdos y hacerle más frescos algunos de su infancia teñida por la tragedia ante el Cantábrico. Felicidad y tragedia se mezclaban en ese hombre que supo superar duros momentos con bravura y entereza, pero ahora a la obsesión de aquel fatídico final de su padre, se sumaba la debilidad propia de su ancianidad y creía que está arruinado.
Ana Gándara, reconstruye imaginariamente en su libro esos momentos finales: " Se levantó de la silla como un sonámbulo y se dirigió hacia la puerta de su dormitorio. Antes de abrirla se dio vuelta hacia Ana. Sin saberlo le bosquejó un gesto de despedida. Luego se encerró en su cuarto.
"Su brazo obró solo, independiente de él. Con su mano abrió el cajón de la mesa de luz. Extrajo el revólver. Se lo llevó a la sien. No veía nada pese a que tenía los ojos desmesuradamente abiertos. Se sentía fundido, irremediablemente fundido.
- Estoy arruinado como mi padre-gritó
" El estampido resonó en la casa. Su eco fue como un vuelo súbito de pájaros
"Los que acudieron al oir el tiro, no se sorprendieron. Pensaron, como si de antemano lo hubieran sabido, que su final tenía que ser así".
Era el 23 de agosto de 1904. Desaparecía trágicamente uno de los hombres de más fortuna, ganada en buena ley, que tenía el país. Atrás quedaron los años de boyero, carretero, pulpero, estanciero, hombre de negocios y poder, la hermana muerte lo llevó en sus brazos. Aquí quedaba su viuda y sus hijos, que no olvidaron al Tandil, tierra de sus amores.
Todos ellos desarrollaron  trayectorias brillantes, de las que nos ocupamos en nuestro trabajo "Ramón Santamarina. Su vida y su época". A título de apretada síntesis digamos que a la muerte de don Ramón, su viuda Ana Irasusta, donó un terreno de 40 por 40 m., en la esquina de Maipú y Fuerte Independencia, a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, donde se inauguró en 1908, el Colegio San José; también donó los edificios del Hospital Municipal, que lleva el nombre de nuestro personaje y del templo de la hoy Parroquia Santa Ana, ambos inaugurados en 1909, año en el que murió súbitamente su hijo Ramón II.
Asimismo, José Santamarina donó los terrenos donde hoy están la Plazoleta H. Yrigoyen, la Plazoleta  que lleva su nombre, frente al Hospital, el que hoy ocupa el Poder Judicial y lo que fue el Centro Materno, que en su conjunto- y mirado desde la altura- conforman una perfecta Cruz.
Por su parte, por disposición testamentaria de Ramón II, se erigió la Capilla San Ramón y la Escuela Ramón II en la estancia Ramón I, inauguradas en 1911 y donadas luego al Obispado de La Plata, de donde dependía eclesiásticamente Tandil, hacia 1930.
En terrenos donados por María Gastañaga, viuda de Ramón II, se levantó con la colaboración de amigos de su esposo y la población, el Hogar Agrícola Femenino" Dr. Ramón Santamarina", inaugurado en 1913 y donada al gobierno nacional, hoy Escuela Agrotécnica  que lleva su nombre, más popularmente conocida como la "Escuela Granja".
En ese mismo año se fundó el Club y Biblioteca "Ramón Santamarina", que funcionó primero en la que fuera casa paterna de 9 de Julio y luego tuviera una brillante trayectoria deportiva y cultural, hasta su cuasi lamentable desaparición, comprando la sede de Yrigoyen, la Universidad para conformar el Centro Cultural Universitario.
Entre otras donaciones, se cuentan las manzanas donde estuvo el famoso "Monte de las Romerías" y que hoy ocupan la Plaza "25 de Mayo" y el Barrio Banco Hipotecario.
Además podemos agregar la Capilla Santa Gemma, la Gruta de Lourdes, la capilla Don Bosco y el terreno donde se levanta la sede de la Cruz Roja.
Recordemos que en vida, don Ramón había donado el predio donde estaba la Piedra Movediza y sus aledaños, que hoy ha adquirido nuevamente vigencia a través de la colocación de una réplica que se ha prestado a la polémica..
Quedan asimismo en el patrimonio arquitectónico de Tandil, estancias que, como Bella Vista, (donde está la legendaria carreta), Sans Souci- que espera su recuperación-, La Indiana, Maryland, Ramón I, La Pola, Montiel, Dos Hermanos, Los Ángeles, El Vigilante,  San José de la Tinta (en B.Juárez), etc, etc., constituyen un invalorable tesoro.
Naturalmente no podemos olvidar otras donaciones que enriquecieron el patrimonio cultural de Tandil, como la colección Antonio Santamarina y la Mercedes Santamarina al Museo Municipal de Bellas Artes, así como la colección del diario La Nación a la Biblioteca Rivadavia  y valiosos elementos al Museo del Fuerte, entre otros muchos aportes.
Los Santamarina dejaron además su gratitud en la donación para la fundación de pueblos rurales, siguiendo el horizonte de su padre. Así doña Ángela Santamarina de Themes, puede ser considerada la fundadora de Orense, en Tres Arroyos, en recuerdo del pueblo natal de su padre.
En Coronel Dorrego, se les debe el pueblo de Oriente y en Necochea el de Ramón Santamarina.

Aquí hemos querido brindar a nuestros apreciados lectores, un modesto y pequeño aporte al conocimiento de quien a través de su vida y de su obra, así como la de sus descendientes, fueron testimonio de trabajo y grandeza, aún en el poder- que no siempre es el consejero ideal- y sirvieron a la patria chica y a la República, dejando una huella imborrable, para las generaciones que deberán continuar el surco, sin olvidar- como decía Nicolás Avellaneda-mirar el pasado y apoyarse en sus tumbas gloriosas.