miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL FOLCLORE EN EL TANDIL

EL FOLCLORE EN EL TANDIL

Una breve reseña de sus comienzos

. El origen de la palabra folklore, según la opinión generalizada, puede encontrarse en la expresión inglesa acuñada por el arqueólogo de esa nacionalidad William John Thoms ( 1803-1885) quien la publicó en la revista londinense “Athenaeum” el 22 de agosto de 1846, que en forma abreviada (Folk.-lore) de “The lore of people” podría traducirse como “el saber del pueblo” ( de Folk., pueblo y lore, saber, ciencia), definiendo así conocimientos, usos y costumbres transmitidos de generación en generación, de boca en boca, generalmente en forma anónima.

A raíz de la citada publicación de Thoms, el 22 de agosto se celebra el Día Internacional del Folclore.

Fue con expresiones como la danza y el canto que comenzó a divulgarse el folclore popularmente, en especial en el interior a lo que mucho contribuyó el Festival Nacional de Cosquín, cuya primera edición data de 1961.

En el aspecto folclórico que nos ocupa, fue en la década del ‘50 cuando encontramos los comienzos de un sendero que se fue trazando en forma ininterrumpida hasta nuestros días, con momentos de apogeo y otros de cierto letargo. Ya don Lauro Viana escribía poemas gauchescos que recitaba el entonces famoso Fernando Ochoa y el eximio guitarrista don Abel Fleury interpretaba aquí sus hermosos estilos. .

En 1954 se creó la primera institución con objetivos de difundir el folclore. Nos referimos al Centro de Estudios Folklóricos Curalán, que nucleó a los vecinos interesados en la práctica y la difusión del cancionero y las danzas nativas. Allí, el recordado maestro Sante Salvador fue el que llevó adelante la iniciativa, aunque pese al esfuerzo que demandó y al entusiasmo de sus integrantes, duró poco, aunque abrió el sendero para que fuese recorrido por otros interesados. .

La huella estaba abierta y en ese quehacer, fueron los cantores los que continuaron el recorrido. Así rescatamos a Las Voces del Bosque como el primer conjunto vocal folclórico de Tandil, integrado por Sante Salvador, Juan Carlos Bertolot y Humberto Delorenzo, tarea de difusión a la que se agregaron Moncho Techeiro y el muy joven Carlos Polpadre, así como también la familia Techeiro, que encabezada por la madre, Silvia L. de Techeiro, reunía las voces y la música de sus hijos Graciela, Elvira, Moncho Mingo y Tatú, que se presentaban en aquellas “reuniones o tertulias” del incipiente y pionero folclore local.

Otro conjunto que estuvo entre los primeros fue Los Legüeros, fue un mojón más en esa etapa de los “iniciadores”, donde el joven Néstor Ausqui ya se destacaba con su guitarra.

Al año siguiente amigos del folklore y la tradición dieron origen de lo que luego sería el Museo Histórico y Tradicionalista Fuerte Independencia, , que se reunieron para dar nacimiento a la institución, el 20 de agosto de 1955, con la presidencia de don Carlos de Ferrari Bravo del que dimos cuenta en el ejemplar anterior de la revista.

El entusiasmo pronto los impulsó a llevar adelante la idea de constituir una institución de carácter tradicionalista, la que finalmente y luego de reunirse una buena cantidad de asistentes, se concretó con su creación el 20 de octubre de 1957, la Peña Tradicionalista El Cielito. Entre aquellos fundadores podemos mencionar a: Carlos de Ferrari Bravo (también primer presidente de la entidad) acompañado por varios vecinos inquietos.

Desde 1961 se implantó la enseñanza de danzas nativas, las que estuvieron a cargo del renombrado profesor Juan de los Santos Amores, que viajaba periódicamente a Tandil, hasta el año 1970, las que continuaron posteriormente bajo la dirección de Rosita A. de Barrera y Gladys M. de Franchini, prosiguiendo la Srta. Poli y luego Blanca Rango, Cristina Rivero y María Julia U. de Saracca hasta el año 1981. A partir de allí, asumió como Director de la ya entonces Escuela, Miguel Ángel Rouaux, desempeñándose actualmente como tal. Hoy la Escuela de Danzas cuenta con cientos de alumnos. Por otra parte se formó el cuerpo de baile estable que se presentó por primera vez en 1981, obteniendo la consagración con el premio en Cosquín 1982 , dando nacimiento al Ballet Mayor de la Peña que ganó prestigio nacional.

Dos años después, en 1984, organizó el 1er. Encuentro Folclórico de la Sierra, origen del hoy tradicional y difundido festival..

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En 1959, por su parte, Rodolfo Guidi, Julián Zaganías y otros, con la dirección de Inocencio Moreno, formaron la Agrupación Tradicionalista Huinca Che, que en ese año editó el periódico La Voz de Huinca Che, de vida efímera, pero que fue de las pocas que registra el periodismo en su tipo, en nuestra ciudad.

Sucesores de Las Voces del Bosque y Los Legúeros, Las Voces del Chañar, integrado en 1962 por los hermanos Juan Carlos y Antonio Hemet, Enrique Calvento y Alberto Castel, a quien luego reemplazó Alberto Maschio, conjunto que actuó con gran suceso y grabó su primer disco, con la segunda versión de la zamba Brisas Tandilenses, de don Manuel Thomas, Este conjunto tuvo vigencia hasta 1979.

Paralelamente, en la Sociedad de Fomento Unión y Progreso de Villa Italia, otra entusiasta del folclore, Betty Borja de Rivero, daba nacimiento al cuerpo de baile que se denominó El Bagual-como homenaje al conocido folklorista tucumano Néstor Fuentes, conocido en la danza como “El bagual”.

Tiempo después, la docente Mary Librante creó en 1963 el conjunto-ballet Los Chasquis de la Danza, que hizo época por lo “revolucionario” de su técnica y coreografía de carácter estilizado; Librante fue también la impulsora de los conjuntos El Trébol y Amanecer.

En algunas instituciones arraigadas, como el Club Ferrocarril Sud, se había formado la Peña Andrés Chazarreta, donde Hugo Rodríguez brindaba sus conocimientos a los integrantes del cuerpo de baile.

Por esos años, nació otro conjunto: Los Coshpas (1963-1964) integrado por Pascual Pina, Osvaldo Pereyra, Hugo Irigoyen y Juan Dalera, que con su canto alegraban las reuniones peñeras.

Por su parte en el Club Rivadavia, funcionaba la peña” Gloria, Patria y Tradición”, que bajo la atenta dirección de Amancio Díaz, tenía un cuerpo de baile y realizaba encuentros folclóricos hacia 1964, fecha en la había llegado a Tandil el misionero Julio Espíndola quien pronto se integró al movimiento folclórico con su aporte de la música litoraleña.

Juan de los Santos Amores había ido marcando rumbos, de tal suerte que en 1966, una de sus discípulas, Rosa Amutio de Barrera, logró la creación de la Escuela Municipal de Danzas, que en el comienzo fue dedicada a la enseñanza de Danzas Nativas (hoy es preferentemente Clásica).

Poco después nació otro conjunto de canto folclórico, nos referimos a Tierra Querida, que en 1967, dieron a luz Juan Carlos Quiñones, Carlos Ruffa, Juan Chávez y Ricardo Núñez y luego de retirados estos últimos, con la incorporación de Ramón Caro y Pedro Fuentes, prosiguieron su labor.

También en 1967, surgió un conjunto que hizo época: Sexteto Nuevo. Con los Almada, de Los Güirá Pitá, y junto a Carlos Polpadre del Salón Parroquial a fin de ese año. El grupo debutó en aquellos “Viernes para el Folkloreen septiembre del 68, formado por Raúl Almada, Miguel Almada, Carlos Polpadre, Bautista Oroquieta, Jorge Mereb y Pascual Pina. En lo que puede considerarse un desprendimiento de El Cielito, con Aurelio Sánchez Gavira a la cabeza-que había sido presidente de la mencionada entidad- en 1967 se produjo la creación del Centro Tradicionalista Tandil.

Por esos años también se radicó la profesora Laura Peluffo, de reconocida trayectoria nacional, que dejó una huella honda y creó la Escuela Integral de Folklore.

Una década más tarde nació Tiwanaku, integrado por Osvaldo. Pereyra, Galbassini, Vitteta e Irigoyen, de gran vigencia en los ’80, con versiones refinadas de la música andina. También por la misma época, se incorporó a la actividad folklórica local el conjunto vocal Los de Sierra Alta, integrado por Jorge Palacio, José Eleta, Cayetano Zumpano y Jorge Ütile, de grato recuerdo y fecunda labor.

La labor de Santos Amores con la colaboración de la inquieta y recordada “Mecha”Chanly , se prolongó luego en su Escuela Argentina de Folklore, así como otros enamorados de las danzas folclóricas como José Pepe Loustanau, Ricardo Casal y los hermanos Hernet, trabajaron incansablemente en su difusión, surgiendo conjuntos como Los Lanceros del Huayra, dirigido por Casal, Flor del Cardón, dirigido por Luis Rossi, Los 4 Rumbos., A Poncho y Lanza en Villa Aguirre, con A. Díaz, Los 4 de Tandil, peñas como El Palenque en el ‘80 y también Amaiké, de Ricardo Casal y Virginia Rossi del ‘ 80 a 2004, Anahí Chravú, Antonio J. Hernet, también de Casal; grupos como Añoranzas dirigido por Jorge Larroquet y El Quebracho Ballet, con Javier Casal, que ya después de 2000, mantuvieron encendida la llama.

Hubo intentos valiosos en procura de aunar esfuerzos en el campo del folclore lugareño, que lamentablemente naufragaron. Tal es el caso del que encabezó en 1973, Santiago Librante con la Federación Tandilense de Arte Nacional que duró hasta 1980, lapso en el que se organizó el Festival con certamen competitivo de danza y canto con muy buena respuesta.

Más cerca de nuestros días, el canto encontró en solistas como Carlos Mansilla y en el conjunto Alazanes, tal vez las más destacados, la continuidad de la rica historia folclórica serrana. Finalmente digamos que la creación de la carrera de Profesorado de Danzas Nativas y Folclóricas en el IPAT, en 1987, jerarquizó desde el ambiente académico, los estudios folclóricos y formó sólidamente camadas de jóvenes y adultos..

Estimado lector, esta aproximación muy sintética, necesariamente tiene omisiones a las que el espacio obliga, por lo que nos comprometemos próximamente a ahondarla más.

Daniel Eduardo Pérez

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