miércoles, 17 de agosto de 2011

TATA DIOS

TATA DIOS

LA MASACRE DEL TANDIL

En este capítulo le brindaremos lo que podríamos denominar un informe, una síntesis de un episodio que conmovió no sólo a Tandil, sino que tuvo repercusiones nacionales y hasta internacionales y que ha merecido diversas publicaciones a lo largo de los años, en algunos casos describiendo lo ocurrido y en otros intentando una explicación.

Desde las primeras de carácter periodístico capitalinas, a pocos días de lo acontecido, en diarios como La Prensa, La Nación o La Tribuna, pasando por la obra teatral de Francisco Fernández, de 1884, a las Memorias de Juan Fugl, escritas en 1895,( versión completa traducida por Alice L. de Rabal, en 1989) y de Manuel Suárez Martínez, de 1916 (publicadas primero en edición familiar en l943 y en edición reciente de l993) o a lo recogido por Ramón Gorraiz Beloqui en 1923, (publicado en 1958, en Tandil a través de un siglo) y por Antonio G. del Valle en Recordando el pasado" de 1926 y más recientemente por Osvaldo Fontana, en "Tandil en la historia de 1947, Orlando Carracedo en El gaucho rioplatense en 1961, Juan Carlos Torre en Todo es Historia Nº 45 de 1967, Ricardo Rodríguez Molas en Historia Social del Gaucho de 1968; A. J. Pérez Amuchástegui en Crónica Histórica Argentina de 1969, Hugo Nario en su Tata Dios. El mesías de la última montonera de 1976, Richard Slatta en Los gauchos y el ocaso de la frontera de 1985, Emilio Corbiêre en La Masonería de1998 y finalmente- entre otros- por John Lynch en Masacre en las pampas de 2001, la matanza de treinta y seis ciudadanos, de los cuales treinta y uno eran extranjeros, el 1 de enero de 1872, a manos de una banda de fanatizados asesinos que habrían-presuntamente- respondido a Gerónimo de Solané, conocido como Tata Dios, sólo han dejado interrogantes sin despejar y conjuntamente con el mismo homicidio en prisión de Solané, constituyen un misterio no develado.

Pese a las publicaciones citadas y a la importancia del hecho, por su envergadura y sus extrañas presuntas motivaciones, resulta llamativo que en las tres grandes obras de carácter histórico sobre nuestro país, aparecidas recientemente, tales como la Nueva Historia de la Nación Argentina, de la Academia Nacional de la Historia, la Nueva Historia Argentina de Ed. Sudamericana y la Biblioteca del Pensamiento Argentino de Ed. Ariel, nada se dice sobre esta masacre misteriosa.

En razón de los aportes valiosos que hemos citado y de la inexistencia de otra documentación que pudiese aportar algún elemento novedoso, hemos decidido, posibilitar el acceso mínimo indispensable al tema, a muchos lectores que- tal vez-es la primera ocasión en la que se informan del famoso episodio, sirviendo asimismo de aperitivo para quienes se apasionen sobre el caso y decidan ahondar en algunas de las fuentes bibliográficas citadas.

EL PAIS Y TANDIL HACIA 1870

Argentina, luego de aprobada la Constitución de 1853, se encaminaba hacia regímenes liberales, consolidando, en las presidencias de Bartolomé Mitre y la posterior de Domingo F. Sarmiento, el pensamiento alberdiano de poblar, fomentando la inmigración como manera de dotar al país de hombres y mujeres que se asentaran en lugares poco poblados, política que siguió el sucesor de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, autor de la llamada "Ley de Inmigración" de 1876.

Si bien, como señala Slatta " Los inmigrantes y los gauchos rara vez competían directamente por los empleos porque los primeros hacían las tareas a pìe y los segundos de a caballo" , la situación del gaucho se fue haciendo cada vez más injusta en la consideración del poder y prueba de ello la dieron cabalmente hombres de la talla de José Manuel Estrada, Nicasio Oroño, Álvaro Barros y naturalmente José Hernández, quienes fueron, como titulamos un trabajo recientemente " Cuatro abogados para una misma causa : el gaucho".

Los derechos republicanos y democráticos no existían casi para ellos que, en general analfabetos, eran simples portadores de votos de estancieros y mano de obra no calificada, no teniendo acceso a la posesión de tierras fácilmente.

Este clima de injusticia, evidenciado además en otros planos y destacados por los citados próceres y otros, sumado a la promoción de la inmigración con algunas facilidades para el acceso a la tierra y al comercio, fueron creando un clima tenso entre las peonadas gauchas, más paisanos que gauchos ya para esta época, y los recién llegados. A ello se sumaba la misma cierta aversión de los criollos afortunados, poseedores de propiedades y medios económicos, que además controlaban el poder en la mayoría de las localidades de la pampa húmeda y que apreciaban más por conveniencia que otra cosa, al gauchaje que a los recién llegados. Veremos más adelante, cómo refleja esta situación el abogado defensor de los acusados, Martín Aguirre, culpando prácticamente a esta situación, como la que dio clima para los sucesos, cuestión que creemos excesiva.

Siguiendo a Slatta, podemos decir que " Aunque el extranjero no planteaba una amenaza económica directa para el nativo, personificaba los cambios rápidos y desconcertantes que alteraron para siempre la naturaleza de la vida pampeana".

En nuestro Tandil dos casos emblemáticos dan razón a esta afirmación : la llegada del gallego Ramón Santamarina hacia 1845 y del dinamarqués Juan Fugl, en 1849, representaron cómo en pocos años y sobre la base de la educación que traían, introdujeron costumbres y prácticas innovadoras, especialmente en el caso de Fugl con la agricultura.

Pero no sólo este avance económico personal , producto de sus conocimientos y trabajo, fueron los que los pusieron más de una vez enfrentados a los más importantes criollos locales, sino que además alcanzaron rápidamente cargos políticos de conducción local con el acuerdo de la mayoría de los pobladores y ante la mirada un poco celosa de quienes, como el Cnel. Benito Machado y sus hombres, habían "hecho patria" en la frontera interior. Otros elementos se fueron incorporando a la realidad pampeana modificando su realidad económica, tales el alambrado y la crianza del ovino, elementos que el gaucho casi despreciaba.

Por su parte la Iglesia había tomado posiciones duras frente al embate liberal, no tanto por lo que representaba desde el punto de vista económico-el librecambio-sino por relacionarlo con ciertos principios comunes con la masonería, condenada desde la Santa Sede como enemiga de la Iglesia.

En Tandil , sin embargo, la convivencia en rasgos generales era buena, aunque algunos signos de tensiones bajo la superficie, se manifestaban , según testimonia el pionero danés Juan Fugl, al hacer referencia a las dificultades a sobrellevar con su incipiente agricultura, frente a los ganaderos de estirpe criolla que detestaban la iniciativa.

En relación a la religión, la convivencia entre extranjeros católicos y aún protestantes con los nativos católicos, era normal y no registra ningún tipo de hecho que demuestre algo diferente, por el contrario, la colaboración de extranjeros protestantes para la erección del templo católico, queda documentada en la acción.

Respecto a la masonería, como bien señala Emilio Corbière, no existía organizada, en el momento en que se desataron los acontecimientos centrales de esta nota, ninguna logia, lo que no significa que hubiese algún masón.

Por lo demás, Tandil que por esos años era, al decir del viajero francés H.Armaignac " ... una ciudad chiquita o mejor dicho un pueblo grande con aproximadamente mil quinientos habitantes , situado al pie de una montaña y cerca de un arroyo , cuyas aguas cristalinas forman , gran número de cascadas , sombradas por sauces y álamos, y ponen en movimiento varios molinos que sirven para moler trigo cosechado en los alrededores.

" Las casas son bajas y por lo general construidas con ladrillos y encaladas .Algunas tienen azotea, otras están techadas con tejas, zinc o paja. Por lo general hay poco lujo, aunque bastante comodidad; en algunos lugares he oido tocar el piano . Hay toda clase de comercios, algunas herrerías, carpinterías, y fábrica de carruajes que pertenecen en su mayor parte a franceses, italianos e ingleses".

La llegada del Dr. Fuschini había dado a Tandil su saber de médico ; las escuelas estaban en marcha ; las mensajerías llevaban pasajeros y correspondencia hacia Buenos Aires ; se proyectaba erigir un templo católico y otro protestante; el incipiente alumbrado público había sido dispuesto ; el deporte hípico, a impulsos de Machado tenía el "circo de carreras" desde 1866, que fue luego el más antiguo de Sudamérica ; una pequeña banda de música alegraba las tardes del verano y el pionero periódico "El Pueblo" desaparecido, tendría en 1872 su sucesor, el primero impreso en imprenta, en "La Voz del Pueblo".

Los extranjeros habían seguido las huellas de Fugl y sembraban, además de hacer quintas y huertas, y como decimos en "Los italianos en Tandil"(1977): " Vascos, franceses y españoles, dinamarqueses, alemanes e ingleses junto a los casi doscientos italianos que componían la colectividad hacia el 70, resultaban los quinteros, chacareros y hombres de campo por excelencia".

"Comerciantes, artesanos y algunos pocos profesionales, matizaban con sus actividades el Tandil que describimos".

Todavía no existía el Registro Civil que recién abriría en 1889, y los nacimientos, matrimonios y defunciones se asentaban en la Parroquia. Los extranjeros, antes de la tragedia, ya habían constituido la primera mutual, el 1 de noviembre de 1870, denominada "Sociedad Filantrópica La Caridad de Tandil", que procuraba ayuda a los extranjeros que la necesitaren. Después vendrían la Sociedad Española (1873) y la Italiana (1877).

Con ese panorama nacional y local, en ligeros trazos, como referencias en cuanto a la inevitable agonía del gauchaje y al encumbramiento lento pero sin pausa de los inmigrantes, ante la mirada recelosa de los fuertes estancieros y comerciantes nativos , se desencadenaron los episodios iniciados en la madrugada del 1 de enero de 1872, que costaron la vida de treinta y seis habitantes, entre urbanos y rurales, a manos de una banda de alrededor de medio centenar de hombres que, comandados por un tal Jacinto Pérez, decían responder a órdenes de Tata Dios.

QUIÉN ERA TATA DIOS

Quienes conocieron a Gerónimo de Solané (a) Tata Diosy nos dejaron escritas sus impresiones y su conocimiento de su vida antes de llegar al Tandil, coinciden en no tener para nada claro su origen. Para algunos era un chileno que se había instalado en Entre Ríos y de allí vino a la provincia de Buenos Aires; para otros, boliviano y para muchos era santiagueño que después de distintas peripecias se había instalado en la zona de Tapalqué habiendo pasado por Las Flores, ejerciendo sus dotes de curandero y manteniendo difíciles relaciones con las autoridades de tal suerte que por "ejercicio ilegal de la medicina" habría sido encarcelado en el Azul, en cuyas cercanías también actuaba.

Por causas también extrañas, el comisario debió poner en libertad a Solané por orden del Juez de Paz del Azul, lugar en el que Ramón Gómez lo encontró ya libre y dispuesto a venir al Tandil para atender a su esposa, Rufina Pérez, que sufría de fuertes y permanentes dolores de cabeza.

El descendiente de la tradicional familia que vino casi con la fundación, lo trajo a su estancia "La Argentina", con el objeto de que curase a su esposa.

Todo indica que Gómez le dio "casa y comida" y le permitió que allí instalase una suerte de "consultorio" o cuasi un "hospital", adonde empezó a concurrir numerosa gente de diferentes lugares atraídos por la fama de sus curas, calificadas por pobladores de la época como "milagrosas", por lo cual esta suerte de adivino y ·"mano santa" o "sanador", comenzó a ser considerado un "santón" al que llamaron Tata Dios.

Pronto estuvo listo en el puesto "La Rufina" de la citada estancia, esa especie de "hospital", en el que Solané atendía cada vez a mayor cantidad de "pacientes" que encontraban en él, casi mágicamente, sanación o alivio a sus males.

Su fama trascendió a otros partidos más o menos cercanos, desde Dolores a Tres Arroyos, y hacia fines de noviembre de 1872 el lugar se había colmado ante anuncios de sorprendentes acontecimientos que haría Solané, de tal manera que centenares de vecinos estaban a la espera.

Enterado el Juez de Paz del Tandil, Juan Adolfo Figueroa-cuñado de Gómez- de esta situación, el 6 de diciembre ordenó desalojar el lugar por razones sanitarias, para "prevenir las consecuencias que pudiera resultar de la aglomeración , en su mayor parte enferma..."

El español Manuel Suárez Martínez, que conoció a Solané y el lugar donde "operaba", nos dejó en sus Apuntes autobiográficos, una descripción del personaje y de sus acciones en el lugar. Dice Suárez Martínez: "El tipo de Solané se prestaba para hipnotizador: alto, de mirada penetrante, de abundante, larga y blanca barba , bien cuidada que le llegaba a la cintura. Usaba como poncho una linda manta pampa, cuyas puntas llegaban al suelo, y, sobre las manos le caía la larga y abundante barba blanca... Caminaba con aire majestuoso de profeta, que, verdaderamente lo parecía."

No aceptaba pagos y sí tributos para la Virgen de Luján, cuya imagen estaba permanentemente en el lugar, testimonia además Suárez Martínez, que cuando se embriagaba solía decir que era "San Gerónimo Bendito".

Según testigos de la época, especialmente el reporte del Dr. Fuschini después de la "autopsia", tendría entre 45 y 50 años.

Este hombre misterioso, dueño de un discurso cuasi apocalíptico y de conductas que lo hacían parecer un "adivino" y casi un dotado de artes mágicas, mezclado con ciertas expresiones religiosas, que hacía dueño de poderes especiales hasta su famoso caballo bayo, "trabajaba", según relata Suárez Martínez, testigo ocular del lugar en "... una pieza de seis varas de largo, cuyas paredes eran de chorizo (barro y paja) y el techo de paja, a dos aguas. Tenía puerta en cada mojinete y estaba dividido, por medio, con un tabique de arpillera. El mojinete que daba hacia el palenque, situado muy cerca de la puerta, era la sala en la que el secretario recibía a los enfermos, que esperaban por su turno. Había en dicha sala varias sillas, una de ellas en un rincón junto al tabique de arpillera. Al lado opuesto del tabique estaba la habitación de Solané donde guardaba sus papeles, entre ellos la lista de todos los complicados, el pavo de cuatro patas " que hacía milagros", frascos llenos de huesos de aceitunas: alfileres retorcidos, y... "otras yerbas", con que, el ladino curandero, engatusaba a su clientelas".

Suárez Martínez explica asimismo cómo Solané escuchaba del otro lado de la arpillera, los datos que le sonsacaba el "secretario" y luego al "atender" al enfermo le manifestaba - como un verdadero adivino- todo lo que había recogido de su escucha.

Coinciden las crónicas en que su figura resultaba al menos impresionante ante los ojos de los "pacientes", mucho más después de escuchar de su boca datos que, desde el nombre a la enfermedad que lo llevaba allí, lo hacían aparecer como un ser casi sobrenatural.

Habitualmente le ayudaban Manuel Antonio Martínez y Benito Lizaso, además de los "pacientes" Apolinario García y José Aguilar.

Mucho se habló de la prédica de Solané a los reunidos en torno al "Hospital", refiriéndose a expresiones xenófobas y tendientes a agredir a extranjeros y masones, con resabios mesiánicos y algunos de corte milenarista, pero prácticamente ninguno dio testimonio de haber escuchado algo parecido.

Recordemos, una vez más, que resulta extraño, entre otras cosas, que el tema de la masonería apareciera como cosa común en el habla de aquellas gentes analfabetas, máxime la inexistencia de logias en Tandil, la que recién se formó meses después de la matanza , previo paso por la de Azul, también posterior a los hechos sangrientos. Nario afirma que debieron ser sacerdotes católicos los que difundieron entre la gente estos conceptos, teniendo en cuenta su formación y el enfrentamiento existente-ya explicado-entre la Iglesia y la masonería, pero resulta, a nuestro modesto entender, una cierta simplificación de acontecimientos más complejos en los que intervenían factores personales y del imaginario colectivo.

LOS PROLEGÓMENOS

Se acercaba la Navidad y el pueblo se aprestaba a celebrar- al modo de esos tiempos- las fiestas de fin de año, sin que nada hiciere prever alteraciones más allá de las que podían provocar algunos tragos de más.

Sin embargo, entre las sombras para algunos y no tanto para otros, se movía el planeamiento de un suceso que conmovería a toda la población con repercusiones inesperadas.

De la lectura de los distintos documentos y de la bibliografía consultada-alguna de las cuales hemos dado cuenta al comienzo de la nota-especialmente del trabajo de Hugo Nario ,Tata Dios. El mesías de la última montonera, el más completo y que tuvo acceso al sumario ( legado en custodia por Antonio Santamarina, al "Museo Tradicionalista Fuerte Independencia) y a referencias de antiguos pobladores que recogieron la tradición oral, no se desprende con claridad si realmente Solané fue el "cerebro" o "autor intelectual" o terminó siendo "chivo expiatorio", el por qué de la fecha elegida, los fines reales que llevaba la masacre y cuánto en todo ello tuvieron que ver el Juez de Paz Figueroa- a quien Fugl culpa concretamente, aunque él estaba en Dinamarca-y los cercanos al poder tanto político como económico, aunque algunos eran extranjeros, católicos y si no amigo de algunos de los que participaron en la matanza, al menos muy conocido y apreciado, como es el caso de Ramón Santamarina, quien en su carta a Ventura Lynch del 14 de enero relata sorprendido esto .

Tampoco queda claro si tenían una lista "negra" de candidatos a matar si o sí o la consigna que aparece como generalizada era matar casi al "voleo", "gringos" y " masones" o simplemente "darle un susto a los extranjeros" y de la intención supuesta al hecho real, se produjo el desmadre atroz.

En cuanto a los seguidores reclutados por Jacinto Pérez, claro jefe de la partida, había desde peones de campo a ex soldados de la Guardia Nacional, la mayoría provenientes de otras provincias.

Tampoco puede asegurarse que la preparación del "asalto" tuvo una reunión previa, aunque todo indica que así habría sido, y en ese sentido Nario habla de la posibilidad de que fuera en un lugar denominado "Peñalverde", difícil de identificar con precisión hoy, pero que podría haber estado en las proximidades de las estribaciones de las sierras Las Animas y San Luis, lugar donde afirma Lynch vivía Jacinto Pérez y su familia.

Gorraiz habla de proximidades de La Movediza. En fin, si hubo reunión- como todo parece indicarlo-debió ser en algún lugar alejado del pueblo...

Algunos autores hablan que allí quedaron formados varios grupos para cumplir el mandato sangriento en diversos lugares, esto no está claro en la documentación consultada, así como que Ramón Santamarina sería uno de las "presas" condenada "a priori".

LA MATANZA

Lo cierto del caso es que en las primeras horas del 1 de enero de 1872, un grupo de alrededor de medio centenar de hombres- la cifra exacta de los que participaron no se pudo establecer fehacientemente-entró al poblado dirigiéndose directamente a la Municipalidad, en cuya proximidad inmediata estaba la cárcel, a los gritos- y aquí viene otra imprecisión- de ¡Viva la Religión! , ¡Mueran los gringos y masones!, portando divisas color punzó, del tipo de las que usaba la mazorca de Rosas.

Comandaba el grupo Jacinto Pérez, que habría dejado grupos más pequeños cerrando ls bocacalles de las proximidades. Ya en el Juzgado exigieron a los sorprendidos de guardia, la entrega de las llaves del lugar donde estaban las armas y soltaron al único preso que había, que era un tal Nicolás Oliveira, un indio ahijado de un oficial de los Guardias Nacionales.

Inmediatamente salieron topándose con el pobre italiano Santiago Imberti, que regresaba con su organito de alegrar la noche del nuevo año y le rompieron la cabeza con un palo. Fue el primero en la larga lista de la masacre, aunque no murió en el acto.

Tomaron por lo que hoy es la calle Gral. Pinto con rumbo al "camino grande" que era el camino que conducía a Buenos Aires, encontrando a su paso a una carreta de unos vascos que dormían apaciblemente a orillas del Lanqueyú-autores como Gorraiz sostienen que fue a orillas del arroyo del Fuerte, es decir un poco más cerca de la ciudad y no ya en la confluencia con el Blanco- allí, azuzados por el implacable Jacinto Pérez, asesinaron a lanza y cuchillo a los vascos Domingo Lasalle y Esteban Vidart, dueños de dos tropas de carretas, matando asimismo a siete peones también vascos que estaban con ellos. Aparentemente se habría salvado milagrosamente por no ser descubierto, un joven vasco español, Esteban Castellanos de 31 años.

De allí siguieron rumbo al norte-¿ con rumbo prefijado?, encontrándose en el camino con el almacén del vasco Vicente Leanes, que pese a su intento de resistencia fue muerto de un disparo por Cruz Gutiérrez, perdonando la vida de la esposa de Leanes, Tomasa Maidana por ser argentina, no salvándose en cambio, un joven peón hijo de italiano, Juan Zanchi.

Según parece pasaron por las cercanías de estancias de Santamarina y frente a la quinta del Cnel. Antonino López de Osornio sin molestar a sus habitantes y siguieron hacia el norte hasta la estancia del inglés Henry Thompson, en proximidades del actual paraje La Unión, donde despacharon primero a la esposa del encargado del boliche que allí estaba, Helen Watt Brown de Smith, degollándola al igual que a su esposo William Gibson Smith, al dueño, Thompson y a otro empleado, William Stirling-estos tres últimos escoceses- a quien dejaron malherido

Consumada la" matanza de los ingleses"- que darían tela para el estudio de J. Lynch-prosiguieron rumbo al almacén de la familia Chapar, en la actual estación De la Canal, lugar al que todos los indicios coinciden en dar como el "objetivo" final, o al menos uno de los importantes.

A todo esto, ya habían pasado alrededor de cuatro horas del ataque al Juzgado, por lo que cercano a las 10 de la mañana llegaron hasta donde estaba Juan Chapar, de 34 años, quien al reconocer a Molina, uno de los asesinos, le ofreció cambiar caballos, siendo lo último que pudo hacer, ya que fue lanceado varias veces ante la resistencia del vasco.

Fue el comienzo de la orgía de sangre. Como lobos cebados, se lanzaron sobre el bebé Juan Chapar de cinco meses y arrancándolo del seno materno lo pasaron a degüello, ante la mirada desesperada de su madre, María Fitere, que según se comentó, enloqueció súbitamente siendo degollada mientras era presa de un ataque de histérica risa.

Ni argentinos se salvaron esta vez, porque al panadero del almacén, Beltrán Lara, luego de atarlo de pies y manos a la rueda de un carruaje lo pasaron a degüello. En el itinerario demencial, encontraron a la adolescente María Ebarlin, a quien luego de violarla- según constó luego en la autopsia de Fuschini- también la degollaron.

Otro que murió de un garrotazo, al igual que el primero de la matanza, fue Antonio García, que poseía una tropa de carretas que allí paraba. Le siguieron otro extranjero, NN que desafortunadamente intentó escapar a caballo y fue boleado, atrapado fue muerto a cuchillo al igual que otros dos peones NN que retornaban del campo y se encontraron para su desgracia con los asesinos que no tuvieron piedad de ellos.

En cambio las pequeñas Florinda Chapar, de 6 años y Paula Chapar, de 5 años y el peón Cipriano N. fueron muertos a tiros, en tanto la niña Mariana Chapar de 4 años fue degollada, al igual que la cocinera Bonifacia Gastambide, los carreros Juan Díaz y Juan Iturburu, el "habilitado" Juan Puyó y Emeterio Arenaza, un dependiente.

El saldo de la matanza en lo de Chapar fueron dieciocho víctimas de las que sólo tres no fueron degolladas, tal como lo relatamos.

Luego vino- como es tradición- el saqueo a voluntad, desde alimentos a ropas, bebidas y cigarros a dinero todo fue a parar a manos de los demenciales asesinos. También los libros de comercio, donde se asentaba el movimiento de entradas y salidas, deudores y acreedores. Extrañamente éstos nunca aparecieron y no falta razón de sospecha para pensar que podían ser "la razón" esencial de la masacre de los Chapar...

Los lugartenientes de Jacinto Pérez no eran tan desconocidos, uno había sido oficial de Guardias Nacionales: María Pérez; otro también había pertenecido al mismo cuerpo militar: Pedro Rodríguez; y dos gauchos: Juan Molina y José María Trejo, seguramente a todos ellos se habría referido Ramón Santamarina, en su carta a Ventura Lynch.

Luego de consumada la horrenda matanza y de apropiarse de lo que les parecía, montaron y comenzaron la retirada, según parece hacia La Rufina, para que Tata Dios les diera " la bendición" y ordenara el reparto del botín, según declarara posteriormente Cruz Gutiérrez pasando antes por Bella Vista para cambiar caballos, que estaban "casualmente" en el corral, lo que hace sospechar que dependientes de don Ramón podrían haber estado implicados como cómplices.

LA REPRESIÓN

Ni bien se retiraron del Juzgado los asesinos, el sargento Montero alertó de lo ocurrido al Juez de Paz Juan A. Figueroa y éste ordenó el toque de campanas y de tambores para despertar a los vecinos y convocarlos para organizar la persecución de quienes habían asaltado- hasta ese momento-sólo el Juzgado y la cárcel.

Pronto el vecindario , entre ellos José Ciríaco Gómez, que era el comandante de Guardias Nacionales y su hermano Ramón, que era quien dio albergue y lugar a Tata Dios, convocaron a los Guardias y a quienes quisiesen sumarse.

Para cuando comenzó la apresurada y agitada organización de la persecución, que culminaría en muerte y captura de buena parte de la banda, Solané había recibido, al parecer, alrededor de las seis de la mañana, el mensaje de parte de lo ocurrido por un chasque enviado por Ramón Gómez pidiéndole explicaciones, ya que lo habían invocado, a lo que según algunos atestiguaron, Tata Dios manifestó que ello era falso.

Ya el sargento Oliveira había encontrado a los primeros vascos muertos y volvió para imponer de la fatal noticia a las autoridades.

Finalmente José Ciríaco Gómez al frente de alrededor de quince Guardias Nacionales y algunos estancieros con sus peones armados, iniciaron el recorrido indicado por Oliveira, encontrando a los cadáveres de los citados vascos.

Prosiguieron el camino y dieron con los cuerpos sin vida de los británicos, lugar en el que el Cnel. López de Osornio y J. Henestrosa llamaron a más hombres para totalizar una fuerza de unos treinta bien armados.

Después de pasar por los distintos lugares donde habían estado los asesinos al mando de Jacinto Pérez, se dirigieron a La Argentina para capturar a Solané, quien increpado por Gómez acerca de la matanza aparentemente ordenada por él, se encontró nuevamente con la negación rotunda por parte de Tata Dios...

Volviendo sobre sus pasos y en las proximidades de la estancia de Santamarina se toparon con parte de los asesinos, que portaban, como se dijo, la divisa punzó. La batalla- más bien la represión - era cuestión de minutos.

José Ciríaco Gómez y el alcalde Teófilo Urraco dieron la orden de atacar. El embate fue furioso y en el primer cruce cayó Pedro Rodríguez de un certero tiro. Luego fue el turno del jefe, el mentado Jacinto Pérez quien murió de otro balazo a manos del capitán Oliveira. Allí todo se transformó en desorden y los asesinos huían como podían, cayendo como moscas en la persecución que se extendió, según Gómez, por casi dos leguas.

Había llegado el final, unos pocos- no se sabe a ciencia cierta cuántos- lograron escapar, ocho fueron hechos prisioneros y diez cayeron muertos en el enfrentamiento

EL ENTIERRO

La llegada de la partida "justiciera" y sus comentarios acerca del panorama encontrado, horrorizaron a la población, que por otra parte se había "autoconvocado" y había formado un cuerpo de casi dos centenares de hombres armados, la mayoría extranjeros por si eran necesarios.

La presencia de Solané entre los prisioneros encrespó más los ánimos ya muy caldeados de los vecinos en ese atardecer luctuoso, pese a lo cual evitaron que se desmadrasen y pusieron en el calabozo a Tata Dios, con buena custodia.

El resto de los prisioneros también fue puesto a buen recaudo, mientras llegaban los cadáveres de las víctimas restantes, ya que los primeros asesinados habían llegado más temprano. Los últimos en ser traídos fueron los de la familia Chapar. Dice Suárez Martínez, testigo presencial de este momento :" Lo que más me impresionó, de cuanto presencié de esa horrible tragedia, fue la llegada, el 3 de enero, del carro que transportó los dieciocho cadáveres desde la casa de Chapar, todos degollados, con las cabezas casi separadas, los grandes debajo y los chicos, que eran varios, arriba. Venían estibados como reses de matadero, unos colchones abajo y por encima, cubiertos con unas colchas. ¡Aquello era horrible1.¡Hasta escribir horripila!. Se me representa el cuadro tal como lo vi tan de cerca, como que fui uno de los que ayudé a descargarlos y entrarlos a una casa, donde después edificó su chalet don Florencio Méndez.

"L os cadáveres, todos con los ojos abiertos, estaban revelando el espanto de tan pavorosa muerte. Los cuerpos, con el fuerte calor de esos días, hinchados y descompuestos, despedían un olor casi insoportable.¡En fin, un cuadro que jamás se borrará de mi imaginación !". Asimismo dejó constancia en sus apuntes, del valor del joven que condujo el carro con los cadáveres, un tal Luis Dunet, empleado de don Juan Gardey,

Rápidamente el Dr. Fuschini y el Dr. Salas comenzaron las autopsias.

En la mañana del 3 de enero, se organizó el cortejo fúnebre,-el primero había sido el día anterior- encabezado por el Cura Párroco Pbro. José M. Rodríguez acompañado, como era costumbre, de dos monaguillos, detrás los féretros, acompañados por todo el vecindario vestido de riguroso luto.

Desde la Plaza se dirigieron hasta el Cementerio, que- recordamos- por entonces estaba ubicado en lo que es hoy la Plaza Moreno, y allí previa ceremonia de estilo, fueron sepultados los cadáveres , al que se agregó luego el primero de la fatal recorrida, el organillero Imberti, agonizante varios días, completando treinta y seis víctimas fatales.

EL JUICIO

Con el pueblo casi en armas, especialmente- como quedó dicho- los extranjeros, una sed de venganza, más que de justicia, recorría las callejuelas polvorientas de ese caluroso verano, por lo que el Juez Figueroa hizo conocer a los pobladores que solicitaría al Gobierno la presencia inmediata de un Juez letrado para que se hiciese el juicio a los detenidos.

De esa manera, el 17 de enero, llegó al Tandil el Juez Dr. Tomás Isla y su secretario, quienes de inmediato comenzaron a tomar declaración a los detenidos, comenzando por Cruz Gutiérrez y siguiendo casi ininterrumpidamente por los demás, tarea que le llevó hasta el 7 de febrero.

Ese mismo día dictó sentencia y al siguiente partió rumbo a Buenos Aires. El voluminoso sumario le insumió 436 fojas. El fallo decretaba la pena de muerte a tres de los integrantes y otras penas y absoluciones para el resto.

En verdad la labor del Juez Isla fue tan rápida como poco profunda, dejando de lado detalles que podrían haber aportado más luz a un hecho tan pero tan oscuro, que aún hoy dura la penumbra.

Entre la captura de Tata Dios y la llegada del Juez Isla, se produjo un hecho que no hizo sino echar más tinieblas al asunto. Efectivamente, entre la noche del 5 de enero y la madrugada del 6, Solané fue asesinado a balazos en el mismo calabozo que se presumía bien custodiado.

Desaparecía un involucrado vital en los hechos. Involucrado "per se" o por quienes así quisieron que fuera, lo cierto es que con su muerte, sin que dijera esta boca es mía, desaparecía un personaje clave en esta historia de final abierto.

También la sepultura de Tata Dios, se transformó en una leyenda, dado que no quedó registro de la misma y sólo la tradición oral, que señala que habría sido sepultado en un pozo excavado a la entrada del cementerio Viejo, de pie y engrillado, para que todos los que ingresasen al lugar lo pisasen.

La defensa de los imputados estuvo a cargo, en segunda instancia, ya que la primera fue de oficio a cargo del comandante Juan Somoza, del abogado uruguayo Martín Aguirre, quien ni tuvo la oportunidad de verle la cara a quienes defendía y su alegato no dejó de ser un alegato en torno a la situación social del gaucho y de los "desposeídos " de la época.

El fiscal de la causa, O. Villegas, formuló el 20 de abril la acusación respectiva, aunque evidenció una perspicacia y sagacidad, que lamentablemente, por su misma función de acusador, dejó a un costado investigaciones más profundas que sólo sugirió en trazos muy finos...

El 29 de julio se confirmaban las sentencias de muerte que habían sido apeladas en tercera instancia, en tanto ya el 17 habían sido liberados Jacinto Chacón, Manuel A. Martínez, Benito Lizaso, Eufrasio Gómez, Segundo Rodríguez, Hilario Peredo, Esteban Gallardo, Manuel Carrizo, Froilán Martínez, Zenón Farías, Juan Rodríguez, Rufino Sayago y Pedro Lasarte, en tanto al desertor Marcos Barraza se le entregó a la Inspección de milicias.

Finalmente luego de los trámites burocráticos judiciales, llegó la hora de cumplir con las sentencias de muerte, y el 13 de setiembre en la Plaza Principal y ante una extraordinaria concurrencia, crónicas de la época hablan de 800 vecinos, mayoritariamente extranjeros, el pelotón de fusilamiento de ocho integrantes para cada reo, cumplió la sentencia primero con Cruz Gutiérrez y luego con Esteban Lasarte, el tercer condenado, Juan Villalba, había fallecido en prisión. Los 200 Guardias Nacionales apostados para la ceremonia, pasaron frente a los cadáveres sin siquiera mirarlos...

En pocos minutos la concurrencia se dispersó y los fusilados fueron enterrados por otros presos.

LA MUERTE DE TATA DIOS

Muchas versiones corrieron acerca de quién o quiénes pudieron ser los victimarios de Solané. Entre esas versiones cundió una que recogió el periodista José P. Barrientos (tío del autor de estas páginas), según la cual, los extranjeros echaron a suerte secretamente, quién debía ultimar al presunto jefe de la matanza.

Según la misma habrían participado especialmente vascos, entre los que se mencionaron a Miguel Alduncin, Martín Maritorena y José A. Lavayén. De esta reunión habría sido "elegido" por la suerte Miguel Alduncin, según la versión original de Barrientos, aunque para otros habría sido Lavayén, también conocido como "el tuerto".

Lo cierto es que el examen del cuerpo por parte de los Dres. Fuschini y Salas, hablan de más de un arma.

Fugl en sus "Memorias", pese al encono que tenía con Figueroa, manifiesta que a su regreso de Dinamarca-recordemos que él estaba allí cuando sucedió todo- un familiar le confió que había sido un vasco francés quien hizo "justicia" por propia mano. Deja entrever sin embargo, la posibilidad de que pudo haber un estímulo del Juez, para que ello ocurriera. Si fue así o no, el secreto quedó sellado.

TANDIL DESPUÉS DE LA MASACRE

La primera y más clara consecuencia de la masacre, fue la movilización intensa de los extranjeros, que conformaron un verdadero batallón armado, que custodiaba la seguridad del vecindario y hasta de los presos.

Figueroa, severamente cuestionado, se vio en figurillas para mantener retazos de poder que se escapaba de sus manos y debió acceder dejar en el cargo al Juez de Paz Sustituto Moisés Jurado, un vecino apreciado pero figueroísta, por lo que pronto renunció. Le sucedió Carlos Díaz, el 26 de junio de 1872, quien se desempeñó hasta mayo del año siguiente, en que fue reemplazado por Fausto Lara, secundado por una Corporación Municipal leal a los nuevos detentadores del poder local.

En ese año de 1873, el 11 de noviembre, se realizaron elecciones en las que Figueroa, Jurado y Prado eran candidatos, siendo derrotados por la lista que encabezaban Juan Fugl, Ramón Santamarina y el danés Manuel Eigler, por ajustados 50 votos.

Por su parte los masones de Azul, instaron a incorporarse a su Logia a Santamarina, Díaz, Pereyra, Luis y Carlos Arabehety, Nicanor Elejalde, Miguel Méndez y Eustaquio Herrera, cosa que hicieron el 31 de julio de 1872.

Rápidamente, el 8 de setiembre del mismo año, se procedió a la creación la Logia Luz del Sud, Nº 39, siendo electo Presidente o Venerable Maestro, el joven Eugenio Iriarte, empleado de la flamante sucursal del Banco de la Provincia; Vicepresidente Primero o Primer Vigilante fue designado Bernardo Sabatte Laplace; Vice segundo o Segundo Vigilante, Carlos Díaz; Orador, Miguel Méndez; Secretario, Julián Arabehety y Tesorero, Ramón Santamarina.

En 1874, el Cnel. Machado y sus hombres y seguidores en el Tandil, lucharon a favor de Mitre en La Verde y con su derrota, se inició el ocaso prácticamente definitivo de la "vieja guardia" que había regido en Tandil.

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LOS INTERROGANTES SIN DESPEJAR

Estimado lector, después de haber pasado rápida revista a este episodio excepcional en la historia de Tandil y aún del país, usted habrá podido apreciar que quedan abiertos enigmas sin dilucidar, misterios que siguen siendo misterios, interrogantes sin respuestas, al menos hasta ahora. Se los resumiremos y usted pensará si alguno puede dejar de serlo o si encuentra alguno más para agregar a la lista:

¿Fue realmente Gerónimo de Solané alias Tata Dios, el cerebro instigador de la matanza?

¿Quién o quiénes organizaron la banda, les dieron las consignas y distintivos y le marcaron los objetivos?

¿Cuáles fueron exactamente esos objetivos, qué fines perseguían en el fondo?

¿Por qué desaparecieron los libros del almacén de Chapar?

¿Tuvo alguna significación especial el día elegido?

¿Quién fue Jacinto Pérez y a quién respondía en realidad?

¿Por qué mataron a Tata Dios: por venganza de los extranjeros o para silenciarlo?

¿Quién o quiénes lo mataron?

¿Qué papel jugaron los extranjeros, posteriormente enrolados en la masonería?

¿Cuál fue el rol de los criollos detentadores del poder económico y político en ese momento que hospedaron a Tata Dios y que conocían, como gente amiga, al igual que algunos extranjeros, a varios de los integrantes de la banda?

¿Por qué no hubo dinamarqueses entre las víctimas, más allá de algunas consideraciones de Fugl, que luego no se enroló en forma inmediata en la masonería?

Un caso singular digno de la intervención de un Sherlock Holmes o de un inspector Maigret ¿no le parece?... Porque los enredos de la justicia y el poder político, en nuestro país, vienen de lejos y con ellos la impunidad...

Daniel Eduardo Pérez

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