martes, 15 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA EN EL TANDIL





LA SEMANA SANTA EN EL TANDIL
HACE MEDIO SIGLO
                                             
La Semana Santa adquiere en Tandil una significación especial desde hace varias décadas por razones de peso que le han otorgado en el consenso nacional un atractivo especial que va aún más allá de su significado religioso.
En este capítulo le damos, amigo lector, una semblanza de cómo se inició esa fama que si bien hoy se expresa de manera diferente, nos remite a los comienzos hace ya más de medio siglo.
Casi todos sabemos que  la Cristiandad  celebra desde tiempos remotos, la Semana Santa como la Semana también denominada Mayor, la que comienza al finalizar la Cuaresma con el Domingo de Ramos y culmina hoy con el Domingo de Pascua.
Esta Semana adquiere en distintas partes del mundo un significado especial y desde el Vaticano, centro y cumbre  de toda la celebración, se extiende a lo largo y a lo ancho del planeta, manifestándose de formas diversas, algunas con características propias famosas en el mundo entero, como en España ( Sevilla por ejemplo) o Filipinas..
En nuestro país también ello ocurre y encuentra en Tandil dos elementos que desde hace más de medio siglo, se capitalizan como una identidad que le permiten señalarla como únicas en el país y también en América.
La celebración en nuestra ciudad de la Semana Santa adquirió ribetes especiales a partir de la inauguración del Calvario en 1943 y con el Curato de Luis J. Actis fue creciendo hasta alcanzar  una programación que  abarca  la religiosidad en sus distintas expresiones.
Por un lado el citado Calvario, que,  por sus características y ubicación, lo constituyen en el único del país y de América, teniendo sólo otro similar en el mundo, y por otra parte la escenificación de la vida de Jesús.
Esa verdadera muestra al aire libre de arte y fe, se logró con la donación del cerro y las esculturas de los mejores artistas del país en esa época.
Con el aporte de la Municipalidad, la Provincia y particulares, se contrató a esos escultores argentinos –como quedó dicho, los mejores de la época- para realizar las catorce estaciones del Vía Crucis, de tal manera que una vez terminada la obra, la solemne inauguración se llevó a cabo el 10 de enero de 1943, con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Ramón S. Castillo, el Nuncio Apostólico  y una multitud de fieles.
En 1947 se inauguró la magnífica Capilla Santa Gemma, la primera en América en llevar la advocación de la santita italiana Gemma Galgani y en 1967 se incorporó al conjunto la Gruta de Lourdes, integrando un todo de bellísima conjunción de arte y religión.
Estas breves referencias históricas acerca del gran valor religioso y artístico del Calvario que lo erigen en un santuario de características propias, lo muestran como el más grande, abierto y popular de todo el  territorio nacional.
Sin embargo  este centro de atracción religiosa para los fieles cristianos de todo el país, tiene tal singularidad que lo han convertido también en centro de atracción mundial, cuando se incorporó, poco después, una expresión cultural que con el paso de los años creció de tal manera que hoy por hoy adquirió perfiles tales que lo exhiben como una expresión  también única en el mundo tanto por el escenario, como por  los textos y el número de protagonistas que intervienen: las Escenas de la Redención.
Esta representación nació en 1948 –este año cumplen sus 60 años-por iniciativa de Ricardo Seritti, de la Dirección de Turismo de la Provincia. Primero al pie del Calvario y como Actos Sacramentales y desde 1952 en el Salón Parroquial (luego Teatro Estrada, hoy del Fuerte), hasta que  fue al veredón de la Municipalidad en 1959.
Con la inauguración del Anfiteatro Municipal la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet  y luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron, siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y en el Anfiteatro con el nombre de” Jesús el Nazareno”, se pone en escena una nueva versión- la representación “oficial”- primero con la dirección de Pascual Pina y ahora de G. Bayerque.
Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue adquiriendo relieve nacional, dado que con la incorporación en 1949 de la Solemne Procesión del Santo Entierro, se puso especial énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza, comenzando con el Vía Crucis general en el Calvario y de allí, portando las imágenes de los principales protagonistas de aquel Viernes de hace dos mil años,  llega en una procesión de canto y oración hasta el Templo de la Inmaculada, luego de recorrer a pie el tramo.
Históricamente presidida por el Obispo de la Diócesis (Azul) y en los años sucesivos además con la presencia de casi todos los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, legisladores y también de Presidentes y Vicepresidentes de la Nación, ésta ha marcado un hito en la historia de la celebración de la Semana Santa en el país, cobrando una trascendencia cada vez mayor.
Nos detendremos especialmente en esta celebración de fe retrocediendo unas décadas, porque nació de manera diferente a la que  pudieron ver o protagonizar los fieles locales o foráneos.
Las primeras procesiones fueron diseñadas en su estructura y organización teniendo en cuenta no sólo la liturgia sino modelos famosos en otros lugares.
Cabe destacar que a partir de 1951 la programación total de la Semana Santa quedó a cargo de una Comisión Oficial de la que participaban además del Intendente y el Cura Párroco Pbro. Luis J. Actis, las “fuerzas vivas”” y  representantes de organizaciones diversas como las fuerzas de seguridad , instituciones intermedias etc Desde hace varios años la citada Comisión dejó de funcionar y la Iglesia es la que coordina en especial la procesión que dejó de llamarse del Santo Entierro ..
Luego del Vía Crucis del viernes por la tarde en el Calvario, partía la Procesión desde Av. Mons. de Andrea, proseguía por Av. España hasta Yrigoyen y de allí hasta la Municipalidad. Todas las viviendas que daban al recorrido estaban ornamentadas con algún símbolo de duelo en su puerta o en sus  ventanas (paños morados o violetas con un Crucifijo, etc).
El encolumnamiento de la misma estaba estructurado en  lo que podríamos llamar secciones claramente definidas.
Al frente iban los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados Ciriales, es decir quienes portaban los cirios y luego una masa coral y banda.
Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el Caballero de la Corona de Espinas con sus acólitos y más atrás los seglares; inmediatamente después se ubicaban los Caballeros de los Clavos de Cristo con sus respectivos acólitos y luego las religiosas de Tandil ( casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); más atrás el Caballero de la Crucifixión portando el martillo y acompañado por sus respectivos acólitos.
Venían luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de Honor del Santo Sepulcro.
Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la masa coral “a capella” y detrás, marcando el paso con sus sones a duelo, las Matracas y los redoblantes del Ejército.
Inmediatamente después aparecían los  Mujeres de Jerusalén de riguroso luto  (vestido y mantillas negras) precediendo a los Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa con su respectiva Guardia de Honor.
Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una misión”vitalicia”, allí la presencia de los recordados y respetados vecinos Dres. Eduardo Tuñón y E..Lucchesi eran ya clásicas, entre otros.
Por su parte hombres caracterizados como soldados romanos acompañaban a quienes representaban,  simbólicamente a los elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con vinagre………..
Por su parte las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al Cristo yacente
Completaban la secuencia las imágenes de San Juan y de María Magdalena llevadas en oportunidades diversas primero por laicos pertenecientes a distintas organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de los Colegios católicos.
Durante todo el recorrido una red de parlantes-en realidad aquellas viejas bocinas, recordamos aquí a Américo Sinka y a Rubén Bazoberri- alquilados por la Municipalidad llevaba la potente voz de Mons. Actis siguiendo un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y lecturas alusivas.
Participaban también distintas instituciones de la Iglesia como las Hijas de María, los alumnos de los colegios Sagrada Familia y San José así como los jóvenes y hombres de la Acción Católica
Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras penumbras de la incipiente noche por lo que los participantes encendían las velas-cirios hasta llegar al final donde la Banda Municipal dirigida por el recordado maestro J.Onorato interpretaba la Marcha fúnebre de Chopin., una vez depositadas las imágenes en el veredón de la Municipalidad, luego de lo cual Mons. Actis decía unas palabras acordes al momento e impartía la bendición.
Cabe señalar aquí que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras-ese día  pasaban solamente  música clásica y religiosa.
Hoy ya no es la misma procesión, adecuada a los tiempos pos conciliares, y luego de posturas encontradas con alguna polémica por medio, fue modificada suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas y tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa participación-la Procesión era seguida desde las veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa en la misma
 Asimismo ya son una tradición, desde hace muchos años,  las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud,  de la Tercera Edad y el de los Niños.
Reconocida  como la Semana Santa de más trascendencia internacional en el país, por todo lo expresado en la nota, la Semana tiene a lo largo de su celebración, expresiones artístico- culturales que adquieren rasgos casi únicos también en su realización.
Tal es el caso del Salón Nacional de Arte Sacro y el de los conciertos sinfónicos corales de obras religiosas que se concretan año a año con el acompañamiento de verdaderas multitudes en su realización.
Esta conjunción de fe religiosa y de manifestaciones que conllevan un significado trascendente en lo cultural, fundamentan abundantemente, la legítima aspiración de los pobladores de la región, de promover el reconocimiento de esta Semana Santa de Tandil como centro de una celebración de ribetes nacionales, lo que queda claramente expuesto a través de la unicidad de sus características y de la inserción de las mismas en lo más profundo del alma popular, mística y trascendente.
En las esferas religiosas y en las laicas, está profundamente imbricado este sentido y este clima tan especial que se vive y se respira durante la celebración que tiene como punto central a Tandil, así lo demuestran anualmente en la repercusión de publicaciones especializadas y de la prensa en general, que reflejan el polo de atracción nacional que esta Semana Santa tiene.
La universalidad de la celebración, en una palabra, tiene en nuestro país un perfil  cargado de significado propio dentro del marco de una expresión de fe religiosa que ha adquirido contornos de identidad  innegables, que la destacan por sobre la tendencia globalizadora que en muchos casos va en desmedro de los caracteres propios y particulares.
El mencionado clima de espiritualidad, la hospitalidad y solidaridad que revisten en esta Semana las vivencias de todos quienes deciden vivirla en Tandil, sólo puede calificarse como una fuerte experiencia de amor convocante, para vivir en la necesaria paz y armonía  el resto del año, aún en los casos en que los que llegan a nuestra ciudad no son peregrinos o fieles sino turistas a secas…

domingo, 2 de marzo de 2014

NOTICIAS SOBRE LOS CORRALES DE PIEDRA DEL TANDIL



LOS CORRALES DE PIEDRA DEL TANDIL
Algunas noticias recientes sobre los mismos


En el actual partido de Tandil existen, detectados desde hace mucho tiempo, numerosas construcciones de piedra de la zona,  denominadas corrales de piedra. De forma variada: rectangulares (la mayoría), cuadrados, irregulares y aún redondos, son varios los que aún pueden observarse, aunque otros han desaparecido, fundamentalmente por la mano del hombre.
Estos enigmáticos corrales de piedra del Tandil, tienen un origen incierto, no sólo en lo relacionado a fechas sino a autores de la obra. Sobre el tema se han realizado   estudios y se han formulado diversas hipótesis que en algunos casos concuerdan y en otros difieren en sus conclusiones, tanto en el origen como en el uso para los que fueron destinados.
Del famoso sumario de 1707, data la afirmación que en esta zona existía el " corral de Ferreyra", pero ya desde 1582 era conocida la idea de construir corrales para el encerramiento de ganado salvaje, cuando Juan de Garay formuló esa sugerencia a la Corona en su llegada a la actual zona de Mar del Plata.
Sin embargo, los distintos trabajos efectuados, dividen las aguas entre quienes creen que fueron construidos  por los blancos, para el encerramiento de ganado y así favorecer las vaquerías (verdadera caza de ganado cimarrón) y quienes sostienen que son construcciones de origen indígena, más exactamente araucanas, a los efectos de poseer un lugar para proteger toldos, encerrar animales y aún  para rituales.
La mayoría de ellos se concentran en la zona de las localidades de Vela y Gardey, en las proximidades del arroyo Chapaleofú, pero no son exclusivos de ese sector ni siquiera de esta zona pampeana, ya que en otros lugares como Malargüe (Mendoza) también los hay parecidos.
Como lo hemos mencionado oportunamente, algunas de estas construcciones comenzaron a ser objeto de estudio por parte de investigadores locales, desde fines de la década de 1970 (Acevedo Díaz, 1975; Mauco  y Viñas, 1977); sumándose en la década siguiente otros estudios (Araya y Ferrer, 1988) y arqueológicos como los de Slavsky y Ceresole, 1988;  Ceresole, 1991; Mazzanti, 1993 y Ramos, 1995, 2007,  entre otros.
Los interrogantes tratados giran en torno al origen,  función y  cronología de estas construcciones. Tales cuestiones han sido  abordadas en forma dispar, y, sólo en unos pocos casos, se ha considerado conjuntamente la información de fuentes documentales y el estudio de los restos arqueológicos.
No obstante, más allá de consensos de carácter general, que necesariamente toman a las construcciones de pirca en conjunto y enfatizan en los elementos comunes a todas ellas, aún son pocos los casos que han sido objeto de intenso estudio arqueológico.
Mariano Ramos  (actualmente  Profesor Titular de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario y en la Universidad Nacional de Luján)   y colaboradores, en la Revista TEFROS de la Universidad Nacional de Rio Cuarto, publicó el artículo: “Las estructuras líticas en Tandilia, a casi dos décadas de investigaciones”, en 2007, donde nos dice que para su equipo hay cuatro situaciones de análisis: ”¿quiénes fueron sus constructores?;¿es posible fechar esas estructuras?;de acuerdo a los distintos tipos de construcciones ¿es posible conocer la función particular de cada una?; ¿es posible detectar reciclados o reconversión de funciones?; ¿conforman algún  sistema integrado?. Para intentar responder a estos interrogantes tomamos una muestra de 4 -del total de 21 relevadas- que hemos excavado. Las hipótesis que acompañaron la investigación fueron:1) Dentro del conjunto de las estructuras líticas existirían diferentes funcionalidades.  Algunas construcciones habrían servido como infraestructura de apoyo para las grandes recogidas de ganado en pie para ser llevado a Chile.
La construcción de las estructuras habría sido realizada por los españoles, criollos, o por mano de obra indígena bajo su dirección, en relación con el comercio de ganado hacia el Noroeste o al Nordeste” (NR: la negrita es nuestra).
Falta registro arqueológico general sobre estructuras líticas que amplíe la
información disponible para Tandilia y que incluya datos de La Pampa, Mendoza y Neuquén. Si bien parecería que el ambiente en el pasado de los últimos cuatro siglos no habría cambiado en forma sustancial, al presente no contaríamos con abundante información que permitiera conocer mejor los cambios producidos durante varios siglos”-sostiene Ramos.
“En los 4 sitios excavados se hallaron restos materiales: carbón, vidrio, cerámica, que nos permiten saber que durante el siglo XIX eran utilizadas esas estructuras. Sin embargo, su instalación original sería anterior a esa fecha; por ejemplo, uno de estos sitios, La Siempre Verde, (Barker) brindó un fechado por 14C que nos ubica en un período que se extiende desde mediados del siglo XVII hasta mitad del XVIII. También, es posible que el fogón hallado en el sitio Santa Rosa, (Tandil), que tuvo dos encendidos, ambos con hueso, fuera anterior a mediados del siglo XIX; ya que no existían montes locales hasta esa fecha. Si es la estructura con la función de corral, denominada como de Ferreyra, mencionada conjuntamente con el Corral de los Pantanos en el documento de 1707, todavía no lo podemos asegurar pero tenemos algunos indicios que se orientan en esa dirección “–afirma Ramos, señalando que Hasta ahora no podemos asegurar quiénes fueron los constructores originales de las estructuras seleccionadas, aunque hemos hallado vestigios como resultado de su uso desde Época Colonial hasta el Período de Independencia Nacional, ya que hemos podido fecharlos para esos momentos. En cuanto a las funciones de las estructuras, sobre una muestra de 4 sitios y considerando los exiguos registros arqueológicos hallados, tenemos que algunas de ellas habrían tenido la función de corral (La Siempre Verde, Cerrillada y Santa Rosa) en cambio otros tendrían un uso combinado corral y vivienda- como el de Machiarena (Tandil). Hasta el momento, hemos detectado algunos indicios de reciclado o reconversión de funciones en La Siempre Verde y Machiarena. En cuanto a la pregunta que consideraba la integración de todas las estructuras de Tandilia, no lo podemos asegurar. Es posible que cada construcción lítica tuviera una “historia” particular y no estuviera relacionada con todo o parte del conjunto”
La Siempre Verde está situada, cerca de la localidad de Barker (partido de B. Juárez), en tanto Santa Rosa se localiza 50 km al sur de la ciudad de Tandil. Ambas edificaciones son perimetrales y de grandes dimensiones: La Siempre Verde se compone de una estructura cuadrangular de 38 m de lado y otra sub-rectangular de 63 x 49 m, totalizando unos 4500 m2 de superficie; Santa Rosa es una construcción simple de planta rectangular a la que le falta un lado, mide 88 x 68 x 98 m y tiene una superficie que supera los 6600 m2-según  Ramos.
La datación de los materiales vítreos hallados en estas dos construcciones apunta fuertemente al siglo XIX, prevaleciendo, entre las especies faunísticas determinadas, los grupos domésticos introducidos. Ese material vítreo, sugiere que hubo, por lo menos, una ocupación (¿o reocupación?) de las estructuras durante ese período
El año pasado, Eduardo Ferrer, por su parte, en “PolíticaTandil”, respecto a los constructores, coincide en que no todas las construcciones de piedra serían aborígenes, cuando dice: “No descartamos que pueda existir una construcción que haya estado incluso mandada por los mismos españoles para que los indios la construyan. Uno de los problemas que se plantea con el estudio de los corrales es que a la hora del trabajo arqueológico, han sido reciclados muchas veces. En algunos campos, incluso, ha habido litigios sobre esos corrales”. 
Las investigadoras Leire Carrascosa Estenoz y Victoria Pedrotta –de la Facultad de Cs Sociales de la UNCPBA-publicaron “Estado actual de las investigaciones arqueológicas en el sitio Santa Inés IV (Sistema de Tandilia, región Pampeana)” en Intersecciones antropológicas. (vol.11 N°.2 Olavarría jul./dic. 2010) , y Pedrotta  A diez años del inicio del proyecto de investigación arqueológica sobre los “Corrales de piedra” de Tandilia”, en 2011, Newsletter, Facultad de Ciencias Sociales. UNCPBA, nos  dicen: “Estos trabajos de campo han permitido, hasta el momento, el reconocimiento in situ de 63 construcciones tipo recintos y la elaboración de una base de datos completa que refleja su alta concentración espacial y su variabilidad arquitectónica y topográfica, entre otras cuestiones”.
Las autoras presentan los resultados obtenidos hasta ese momento mediante los trabajos arqueológicos desarrollados en el sitio denominado Santa Inés IV situado en la porción central del Sistema de Tandilia. Gracias al análisis de la cartografía y otras fuentes documentales, la interpretación de fotografías aéreas, las prospecciones y los relevamientos in situ, se han localizado dos sectores con alta densidad de restos arquitectónicos erigidos mediante la técnica de pirca. Uno de esos sectores comprende la cuenca del Arroyo Chapaleofú y la Sierra Alta de Vela, en cuyo flanco norte se encuentra el caso de estudio presentado. ”Allí se ha localizado un total de 30 edificaciones de piedra formadas por paredes pircadas que delimitan espacios cerrados de forma y dimensiones muy variables, a las que deben sumarse otras ocho construcciones ya conocidas  por la bibliografía de autores citados al comienzo.
Santa Inés IV es una edificación compuesta por tres estructuras de planta y dimensiones diferentes. Sobre la base de los resultados obtenidos, se consideró la posibilidad de que dos hubieran sido corrales para ganado menor, mientras que la restante podría haber funcionado como un espacio de habitación”- afirma Pedrotta.
EL SITIO SANTA INÉS IV
La estancia Santa Inés está localizada en las estribaciones septentrionales de la Sierra Alta de Vela,  que forma parte de las Sierras del Tandil y alcanza una altura máxima de 485 msnm. El paisaje de la zona está dominado por las formas de relieve redondeadas propias del basamento cristalino que allí aflora, con gran cantidad de rocas dispersas en superficie. En la actualidad valles y buena parte de las laderas de los cerros y las lomas se encuentran cultivados, con la consecuente transformación de la vegetación local. No obstante, las fuentes documentales, desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, sugieren-  de Cardiel a Mac Cann –la existencia de pasturas naturales de calidad  y en abundancia, en esa porción de Tandilia y su excelente aptitud para la cría y/o engorde de ganado.
La construcción fue ubicada gracias al trabajo previo de aerofotointerpretación, e incluye como mínimo tres estructuras, denominadas A, B y C, en la delimitación de cuyo perímetro se combinó la incorporación de afloramientos rocosos naturales con paredes de pirca.
La estructura principal A  tiene forma subrectangular, su ejes máximos miden 41,3 m  por 22,9 m  y su superficie aproximada es de 856 m2. Una gran roca encima de la cual se construyó un muro bajo de pircas forma la mayor parte del lado sureste, donde se ubica una abertura interna que une la Estructura A con la Estructura B. Los tres lados restantes están formados íntegramente por muros pircados simples -constituidos por una única hilera de bloques de piedra- que alcanzan 0,85 m de ancho y 1 m de alto. La única abertura exterior se ubica en uno de los dos lados mayores y mide 2,8 m. Durante la excavación se hallaron restos óseos articulados del esqueleto apendicular de un mamífero mediano del tamaño de una oveja.
La Estructura B tiene forma aproximada de "L" y una superficie de alrededor de 293 m2. La mayor parte de su perímetro está compuesta por grandes rocas naturales cuyas alturas fueron sobreelevadas mediante pircas, sólo dos de sus lados están conformados por paredes de pirca que nacen desde la superficie del terreno. La Estructura C presenta una planta cuadrangular cerrada, de 7,60 m de lado aproximadamente, que delimita una superficie de unos 54 m2. Este recinto tiene dos esquinas redondeadas y otras dos formadas por afloramientos naturales, sin aberturas; casi todo su perímetro está compuesto por paredes de pirca simple erigidas desde la superficie del terreno, las cuales tienen un ancho promedio de 0,8 m y alcanzan 1 m de alto, según nos informan las investigadoras.
Fueron encontrados también materiales vítreos que corresponderían a botellas de tradición francesa de vinos como Champagne y Bordeaux y un ejemplar  de botella comúnmente conocida como "limeta", cuyo contenido original era ginebra,  importadas al país principalmente en el siglo XIX.
Del análisis arqueofaunístico surge que el material óseo recuperado en el sitio Santa Inés IV, tanto en las columnas de muestreo como en los sondeos excavados, suma un total de 279 especímenes. Sobre ese total se registró que el 62% presenta algún grado de modificación atribuible a la acción del fuego.
La muestra presenta un buen estado general de conservación, esto se infiere por los bajos niveles de meteorización registrados. La diversidad faunística registrada indicaría un predominio de animales de origen europeo, en particular oveja y probablemente también americano, ciervo. De la misma manera, se observa una mayoría de especies de tamaño mediano (posiblemente los elementos asignados a mamíferos de esta categoría correspondan a oveja) y ausencia de animales grandes, tales como caballos o vacas.
Las autoras nos señalan en sus consideraciones finales, que de forma preliminar, se sugirió que dos de las Estructuras pudieron haber tenido la función general de corrales para ganado menor, teniendo en cuenta una serie de elementos: 1) la proximidad a fuentes de agua y la disponibilidad de óptimas pasturas naturales; 2) su tamaño mediano/grande (la primera tiene una superficie que supera los 850 m2 y la segunda ronda los 290 m2); 3) la presencia de una abertura de acceso hacia el exterior de la construcción y de un acceso interno que conecta ambas estructuras; y 4) las dimensiones de sus paredes de pirca simples, que no superan un metro de altura y oscilan entre 0,65 y 0,85 m de ancho.
En segundo lugar, mencionan la información aportada mediante el análisis zooarqueológico que sugiere la función de corral de ganado ovino para la Estructura A. Esto último es la tendencia esperable dentro de una estructura de encierro de ganado, donde la depositación de huesos obedecería principalmente a la muerte natural de algunos animales. Dadas las características antes mencionadas, a la Estructura B  le atribuyeron preliminarmente la función de corral para ganado menor, al igual que a la Estructura A. Ambas  están conectadas por un estrecho acceso natural por encima del cual se agregaron muros pircados lo que posibilita la utilización de la segunda como sector para apartar o separar determinados animales procedentes de la primera
La Estructura C, inicialmente las autoras se plantearon que podría haber sido un lugar de vivienda, con la función de recinto habitacional donde se habrían llevado a cabo actividades domésticas. Pedrotta afirma que. “Esta hipótesis se basó en: 1) su tamaño pequeño (es un recinto cuadrado de 54 m2 de superficie); 2) la ausencia de aberturas de acceso; 3) la regularidad de su planta y el hecho de formar parte de una construcción compuesta más compleja; 4) sus paredes simples y bajas, de menos de un metro de altura. Los análisis químicos del suelo apoyan esta interpretación, así como el reducido número de restos óseos que allí se recuperaron.
Es posible que en esta edificación se articularan espacios destinados al encierro de ganado ovino con otros dedicados a actividades domésticas. En principio, los restos arqueofaunísticos son coherentes con la cronología posthispánica propuesta para este sitio”..
Resta dar muchos otros pasos en este sentido para poder armar el complejo mosaico temporal, cultural y funcional que articula las más de sesenta edificaciones de piedra conocidas actualmente en la porción central del Sistema serrano de Tandilia”-concluye.
Las investigaciones siguen abiertas…

Daniel Eduardo Pérez

jueves, 30 de enero de 2014

LOS FAMOSOS SALAMES TANDILEROS




UNA SABROSA HISTORIA
LOS FAMOSOS SALAMINES TANDILEROS

La gastronomía es hoy- tal vez desde siempre-una de las debilidades humanas a partir de la necesidad de alimentarse.
En los tiempos que corren hay lugares y platos que han adquirido fama, por obra y arte del paladar y, por qué no decirlo, del marketing, que en algunos casos es regional, en otros, nacional y en algunos internacional.
Tandil no es ajeno a este fenómeno y desde hace ya muchos años sus quesos y sus salamines se han impuesto como marca, Así se habla del salamín tandilero, cuando en muchos casos ni se fabrica en nuestra ciudad.
En este capítulo, estimado lector, queremos darle un breve panorama acerca del origen y el desarrollo de estos productos que han cobrado fama en todo el país y la exportación selectiva los ha hecho conocer en buena parte del mundo.

El origen de este tipo de alimento se encuentra   varios siglos atrás,  ya que las carnes frescas, especialmente la del cerdo, procesadas convenientemente permitían, en los llamados embutidos, una duración mayor que posibilitaba tenerlos a disposición en los momentos necesarios y adecuados.
Si observamos la antigua tradición mediterránea de jamones y embutidos, por ejemplo, podemos remontarnos a griegos y romanos, quienes dieron origen a algunos nombres hoy de uso corriente tales como longaniza y salchicha, derivados del romano lucanica y salsicius, en tanto se atribuye a los griegos la invención de la morcilla hecha con la sangre del cerdo.
La palabra chacinado deriva de cecina y esta del latín siccina (cosa seca) y ésta del mismo idioma siccus (seco), aplicado luego a la carne salada y secada.
Hoy se les llama chacinados a los productos elaborados con carnes habitualmente de vacuno y cerdo, debidamente condimentadas y saladas para su conservación, en tanto embutido está referido a los chacinados que han sido introducidos a presión en un envase orgánico o no (generalmente fue usada la tripa).
Así tenemos que hay embutidos frescos, tales como el chorizo fresco, las salchichas y la morcilla, y los denominados  secos que abarcan la amplia gama de longanizas, salames, salamines, chorizos a la española, etc.
Éstos además pueden ser cocidos, como la mortadela, la salchicha de Viena, el salchichón, la misma morcilla, etc. y finalmente pueden ser ahumados como ciertos chorizos o el lomito de cerdo, por ejemplo.
Ya aproximándonos a nuestro tema, digamos que la palabra salame y su plural salami provienen del italiano, siendo salamín una derivación en diminutivo del plural de salame.
Su origen se atribuye al norte de Italia y a Hungría, expandiéndose  tempranamente, en distintas variedades, a Alemania y Austria.
En Italia según las regiones llevan sus nombres. Así son famosos los de Milán  (los más conocidos y extendidos en el mundo);  los de Varzi (Pavia),  Bolonia, Módena, Nápoles (también muy difundidos y famosos), Verona, Felino (cerca de Parma) y  Fabriano (cerca de Ancona), entre otros.
Aclarado el origen de estas exquisiteces, vamos a nuestras tierras. La inmigración especialmente italiana y también española, trajo a Argentina y a Uruguay estas modalidades de tratar las carnes de vaca y cerdo ya en el siglo XIX, extendiéndose en ambos países rápidamente gracias a su aceptación.
Las distintas regiones de nuestro país le fueron dando características propias y así podemos distinguir a la pampa húmeda, donde Tandil es la “reina” y donde también en Mercedes adquirió fama; a la zona santafesina y a Córdoba (donde se destacan Río Cuarto,  Villa María, San Francisco y Colonia Caroya).  Fuera de la pampa húmeda,  Entre Ríos, Mendoza, Tucumán y Río Negro también hoy son productoras de algunos chacinados de calidad.

En nuestro Tandil encontramos ya en memorias de viajeros y en la tradición oral popular, hacia la segunda mitad del siglo XIX, referencias a los llamados chorizos de campo, resaltando su calidad y buen sabor.
En guías y relevamientos consultados de la década del ‘80 del siglo XIX, encontramos algunas carnicerías y chancherías varias de las cuales fueron famosas en su época. Así tenemos en 1882  la carnicería de los italianos Borghi y Macchi, en la calle Gral. Paz; a las de Noel Gardey y Manuel Eigler en 9 de Julio; las chancherías de E. Marquestón y de L. Pastín en Gral. Rodríguez y las carnicerías de los italianos Casiani en 14 de Julio y la de Tavelli en  Gral. San Martín. En todas ellas se fabricaban embutidos.
Sin embargo, hubo que esperar al final de ese siglo y comienzos del XX para encontrar la partida de nacimiento de estos productos que hoy conforman, con los quesos, una identificación orgullosa de nuestra gastronomía, apetecida por los foráneos de manera especial y también por los tandilenses, como verdaderos manjares, que lucen en las famosas “picadas”.
La historia local registra en 1889 la llegada de Mario Agostini, proveniente de la zona limítrofe de la entonces Austria con Italia, quien trajo de allí-a la que nos hemos referido como especializada en chacinados- el dominio de  la fabricación de ciertos embutidos, instalando en nuestra ciudad una carnicería en 1918 en la esquina de 14 de Julio y Gral. Pinto, con el nombre de “El Parque” con la consiguiente fabricación de los productos citados. Ya en la década del ’40 sus hijos Luis Mario, Clemente, Antonio Armando y Julio Juan siguieron la huella con la firma de Agostini Hnos. prestigiando el rubro por muchos años. Más tarde los Agostini se trasladaron a Gral. Rodríguez al 100.
Luego uno de los citados hijos, Antonio Agostini, instaló su comercio en Gral. Belgrano 1482 en las décadas del ‘70 al ‘80.
Podemos considerar a don Mario Agostini como uno de los pioneros que si bien de tipo artesanal y con una producción para el consumo local, dejó su huella en sus sucesores.
Casi simultáneamente, el catalán Jaime Anglada, llegado en 1910,  se instaló con una carnicería y fábrica de embutidos, a la manera y gusto españoles, con gran prestigio y desarrollo hasta mediados del siglo XX haciendo época ya en 1919, en la esquina de Av. España y Gral. Rodríguez  para luego trasladarse, hasta su cierre, a Gral. Rodríguez   650, lugar donde después  estuvo, hacia década del ’70, la firma Cagnoli.
Resulta curioso destacar  sus publicidades de fines de los años 30, donde con el nombre de “Casa Anglada”, decía: “Elaboración y venta de los verdaderos salamines tandileros”, lo que indica que ya por entonces el rótulo era explotado como marca y que había otros fabricantes que también lo usaban, al parecer de Anglada, sin ser los verdaderosuna disputa comercial llamativa para la época. (NR: la negrita es nuestra)
Cabe consignar que Anglada donó generosamente dos manzanas de tierra para el Matadero Modelo, habiendo sido uno de los propulsores de la industria frigorífica.
Casi dos décadas después de Agostini, en 1907, llegó Pedro Cagnoli desde su Lombardía natal,  con sus conocimientos de facturación de chacinados, para comenzar a desarrollar su labor pionera.
Largas jornadas de trabajo, aprovechando los fríos invernales, para el faenamiento y elaboración de aquellos salames que llegaban a pesar nada menos que casi tres kilos, los que en los meses finales del año eran llevados, por el propio don Pedro, a la estación de  ferrocarril para su envío a Buenos Aires.
Hacia 1922 ya sus hijos trabajaban junto al padre aprendiendo los secretos de la elaboración, según cuenta  Hugo Cagnoli, nieto del fundador. La tradición siguió en el seno de la familia variando solamente en cuestiones que la tecnología aportaba. De sus recuerdos de joven, Hugo dice que de la época del abuelo Pedro a la de su padre y el comienzo de ellos-los nietos-“en la empresa, pocas cosas variaron en lo fundamental, dando como ejemplo que por los tiempos fundacionales la molienda de las especias se hacía a mano en un mortero y ahora se utilizan máquinas rápidas por las exigencias de la producción”.
Recuerda Hugo que en su vida hubo dos barrios: uno el del Molino, donde estaba la fábrica y cursó sus estudios `primarios en la escuela Nº 25 y el otro el de Fuerte Independencia y Constitución, donde vivía una de sus abuelas, porque allí estuvo cuando fue al Colegio San José.
Nos relata también que por los años ‘30 su padre “instaló el puesto Nº 5 en el Mercado Municipal donde revendían los productos al mostrador, se tomaban los pedidos y luego se hacía la distribución en bicicleta” y prosigue Hugo: “desde chicos fuimos adquiriendo e incorporando todo lo que hacía falta saber para continuar con el oficio. Así desde faenar el cerdo (criado o traído de otro productor), despostarlo, limpiarlo, seleccionar bien lo necesario, picarlos, embutirlo, atarlo y estufarlo, hasta salir a distribuir los diferentes productos salidos de la fábrica…”
Por su parte Pablo Cagnoli recuerda que “en los ’80 fue cuando se sumaron vendedores, ya que hasta entonces la gente iba a comprar… Asimismo vimos la necesidad de aumentar la producción y la oferta con nuevos productos. Así fue como se llegó a todos los rincones del país incluidos lugares tan lejanos como Ushuaia-nos acota y prosigue: creemos que los tandilenses  valoran la nobleza y la continuidad, donde al margen de la marca, están orgullosos  que el producto guste en otros lugares y que esto se deba a elementos de Tandil como los aires de las sierras”
“Hoy el consumidor exige calidad y presentación y con genuinos componentes naturales, todos nuestros productos tienen esa característica y sin aditivos conservantes, cuestión que cuidamos mucho….
“Así creamos el Salame de Tandil,  tanto para que el tandilense como el turista lleven a su paladar un producto que no encontrará en ningún otro lado…”

Otro Cagnoli, en este caso Fabio, responsable de Producción nos dice que” el secreto no es uno solo, sino que se debe combinar en armonía desde la selección de la materia prima hasta la calidad de las especies y su correcta combinación a la vez que la mano de la naturaleza que en Tandil nos ofrece el clima ideal para un buen estacionamiento.”
La tradición ha significado siempre mucho y con el correr de los años se ha transformado en un desafío, en ese sentido Pablo manifiesta que “al proceso de tecnificación, que en este momento nos encuentra a nivel internacional, siempre lo hemos acompañado con la presencia de integrantes de la familia en puestos claves como son el preparado de especias, el control de calidad  y el estacionamiento de la mercadería. Así conjugamos la continuidad de un producto artesanal con la mayor escala de producción, buscando llegar a más consumidores”.
Pablo considera que los salamines tandileros son lo que son porque “la región de Tandil cuenta con un clima especial y un aire de alta pureza   que se conjugan  para que los productos, al estacionarse,  entreguen un sabor y aroma muy particular”
El abastecimiento de la carne se hace en criaderos propios  y de productores zonales y nacionales con los que se desarrolla un trabajo conjunto para el mantenimiento de las normas de calidad.
Esa calidad satisface las normas más exigentes y es reconocida por los certificados BPM de IRAM, lo que les permite la exportación, en especial a los países de Latinoamérica.
Desde aquellos años en que primero don Pedro solo y años más tarde  junto a sus hijos Pedro y Salvador y después éstos junto a Alejandro y José Testa y Romualdo Borgonovo hasta conformar luego la firma Cagnoli Hnos, siguiendo luego  su hijo Pedro junto a los hijos de éste: Norberto y Hugo hasta  pasar a ser sociedad anónima en la década del ‘60 y luego Frigorífico Cagnoli S.A. hasta que en 1984 se  sumaron Fabio y Pablo hijos de Norberto y Hugo Hernán hijo de Hugo, bisnietos del fundador de la empresa, pasaron varias etapas donde la unidad familiar sorteó diversos obstáculos y la consolidación de la marca en el mercado local, nacional e internacional es hoy una realidad.
Algunos de los productos que Cagnoli fabrica son: el salamín picado grueso, el salamín picado fino, el Don Pedro (salame de alta calidad), riojanito, salame especiado, sopresatta, Fuet de Tandil, chorizo a la española, chorizo de campo y el Salame de Tandil hecho particularmente para satisfacer el paladar del mercado local y de los visitantes que encuentran solamente aquí esta especialidad.
Desde el supermercado a la despensa de barrio o a las casas de productos regionales, en el caso específico de los Cagnoli, SYQUET, ya es un clásico el servicio de “tablitas” o picadas donde la variedad y la calidad se unen a favor de la exigencia de paladares diversos.
Prosiguiendo el itinerario de nuestros chacinados, digamos que otro italiano, Alejandro Testa,  también  se incorporó a las actividades de carnicería y elaboración de “facturas de cerdo” en la década del ‘20 del siglo XX, al igual que otro italiano, Agustín Borgonovo,  que llegado a Tandil,  ya en 1928 tenía su carnicería abierta en  Av. Colón 1158. El destino haría que ambos vieran en su futuro unidas sus familias en esta empresa de producir chacinados de muy buena calidad.
Así los hijos de ambos: Alejandro y José Testa y Romualdo Borgonovo, -como quedó señalado-colaborarían con Cagnoli primero y después tendrían su propia carnicería y fábrica de salamines en Gral. Rodríguez 1001,  esquina Gral. Las Heras –en la que había sido la carnicería de Maestrojuan-con la firma Testa Hnos. y Borgonovo y la marca Sans Souci en sus productos, ya en la década del ’50, permaneciendo durante muchos años, hasta el fallecimiento de los hermanos.
La señora María de los .Milagros Achaga de Testa (91) viuda de Alejandro hijo, nos recuerda hoy que “aquellos fueron duros años de trabajo y sacrificio para poder alcanzar el éxito que luego la producción de salamines y chacinados en general tuvo”.
Otro pionero de los chacinados tandileros y en especial de los salamines, es Francisco Ortega, segundo hijo varón de un típico hogar de inmigrantes españoles,  que habiendo comenzado  sus estudios primarios, tuvo que  abandonarlos con tan solo nueve años, frente a la responsabilidad de ayudar a sus padres  junto a su hermano mayor  Antonio,  en la crianza de  seis hermanos menores. Así, hacia 1925, los jovenzuelos  ingresaron a trabajar en el almacén “Las Colinas” (ubicado en las calles Gral. Paz 1000, esquina Garibaldi) propiedad de la familia de Conrado Varona, quien ya estaba allí en 1920 con almacén y carnicería.
Es precisamente en esa época cuando el destino puso en su camino “la fórmula” que posteriormente sería la razón de su vida y de un futuro promisorio. Un empleado de origen alemán se la  regaló  para elaborar salamines,  diciéndole “tomá pibe, quizás algún día te haga falta”, comenta don Francisco.
“Hasta ese momento  la tecnología del frío aún no existía. Por esta razón es que  sólo se conocía el chorizo de campo, elaborado por numerosas familias  que vivían en los campos y  en sus establecimientos  criaban  vacunos y porcinos que faenaban en la estación invernal, durante  las conocidas carneadas donde participaban familiares y amigos. La elección de esa temporada respondía a la necesidad de preservar el producto y  trabajar con la carne casi congelada, única manera de realizar un corte nítido a cuchillo, sin el cual no se puede elaborar  este tipo de mercadería, ya que si la carne se desgarraba durante el corte,  no se lograba la unión de los ingredientes usados en la preparación”.
Los chorizos de campo fueron ganando  cierto reconocimiento por divulgación espontánea  “boca a boca”.
Don Francisco con sus 91 años, afirma que el éxito del chorizo  de campo, se debió a que Tandil cuenta con el clima, las pasturas y el agua ideal, para producir la materia prima especial  (carne vacuna y porcina), que le brinda al mismo características especiales y únicas que lo distinguen de los elaborados en cualquier otro lugar del país.  Añadiendo a estas virtudes naturales, cabe resaltar que en esta zona se afincaron numerosas familias de inmigrantes italianos, gallegos, andaluces, vascos, etc., quienes aportaron sus conocimientos para obtener una condimentación justa, que los hace inigualables”
Posteriormente, con los comienzos de la tecnología del frío, se aseguraba  conservar la práctica del corte nítido y se empezó a pensar en una comercialización masiva, de donde surgió el primitivo chorizo de campo que con algunas variantes,  se transformó en “el salamín tandilero.”
El ya mencionado almacén “Las Colinas” “contaba  con cámaras de amoníaco donde se apilaban grandes barras de hielo, permitiendo guardar la carne para posteriormente ser elaborada. Es en este lugar donde por primera vez se comenzó a  elaborar el salamín tandilero, que se comercializaba en venta directa al público en general, entre el que se encontraban viajantes, de otros rubros  que no pasaban por Tandil sin llevarse los salamines, haciéndolos conocer fuera de nuestra localidad”- recuerda don Francisco. (NR: la negrita es nuestra).
A los treinta años con  una hija pequeña y otro en camino,  decidió independizarse en 1949. Necesitaba algún medio de  movilidad para llevar su mercadería,  así fue que compró a sus cuñados un Chevrolet 1934 y comenzó allí lo que luego se convertiría en una empresa familiar, donde se fueron sumando voluntades, sueños y trabajo de todos sus integrantes
Buscando una   ruta adecuada, el primer destino que parecía más lógico fue Mar del Plata, pero se encontró con una competencia arraigada y tradicional con la cual no podía competir en ese momento,  dada la precariedad inicial. Sin bajar los brazos  optó por localidades menos explotadas cercanas a Tandil, haciendo caminos donde tan sólo había senderos,  ganando   prestigio por su puntualidad en  la  entrega de los  productos y la calidad de los mismos.
En el año 1951 se asoció con su cuñado Salvador Spagnuolo, esposo de su hermana Josefa y abrieron con gran éxito una fiambrería en Ayacucho,  pasando a ser, al año,  la principal del pueblo.
Como  todo iba bien y les sobraba trabajo, entusiasmo e ilusiones, decidieron incorporar a su hermano  Antonio  quién  aportó  un vehículo Dodge 1935 y junto al vecino Grissiesky dieron el primer paso, en el año  1954, en la elaboración de embutidos con la marca  AYA-TAN (Ayacucho- Tandil).
Como el emprendimiento superó sus expectativas y ya se vislumbraba el crecimiento y los alcances de una empresa de mayor envergadura,  siempre pensando en el fortalecimiento familiar, decidieron interesar y transmitir su entusiasmo al resto de sus familiares más directos, que se dedicaban a otras actividades, para lanzarse  a lo que en ese momento  parecía una quimera.
Así se incorporaron su hermano Nicolás, su cuñado Enrique López y Norberto  Aldezábal casado con su hermana Concepción.
Tres  años más tarde se disolvió la sociedad  con el Sr. Grissiesky y decidieron regresar a Tandil, lugar de origen, estableciendo en la calle Gral. Las Heras 487, domicilio paterno, el depósito de mercaderías para su posterior distribución.
Hacia 1958 adquirieron un predio en las calles O’Gorman y San Francisco, entonces en la sección chacras de Tandil, que pertenecía a la planta de cereal de Bunge y Born, donde existían unos silos de cemento que habían sido  utilizados por la empresa antes mencionada, para la maceración de cereales.  Dichos  silos  se  adaptaban para ser usados  en esa etapa,  colaborando  con gran entusiasmo abuelos, nietos, primos y amigos acompañando a los mayores con genuina alegría, así se construyó la fábrica de embutidos bajo la razón social Francisco Ortega y Cía. Los productos salieron con distintas marcas, aunque  la principal y la  que tuvo mayor difusión, fue “Dil-Tan”.
“Los productos que allí se elaboraban eran principalmente el salamín, no dejando de lado la elaboración de longanizas, chorizos frescos, morcilla, mortadela, salchichones, bondiolas, jamones y otros en menor cantidad.”, manifiesta don Francisco.
Posteriormente se construyeron las instalaciones  para la crianza de cerdos (una de los pocas habilitadas en ese momento por el municipio de Tandil); un taller para la reparación del parque automotor y galpones para la producción de pollos, con una incubadora subterránea  con capacidad de 500 huevos.
Aproximadamente en 1964, compraron el inmueble de Gral. Heras y Alsina, que poseía sótanos y allí  se construyeron dos cámaras frigoríficas para la conservación de las mercaderías, funcionando como depósito y venta al por mayor hasta su cierre.
La firma Francisco Ortega y Cía. llegó a contar con una dotación de 40 personas en fábrica, que producían  25.000 kilos mensuales e igual cantidad de personas que distribuían sus productos a  casi todo el sudeste de la Provincia de Buenos Aires; llegando al consumidor en forma directa, ampliándose la zona si se tiene en cuenta la distribución indirecta.
Como era  frecuente  entre productores del mismo sector,  mantenían una fluida relación. “Otro empeñoso fabricante -nos relata don Francisco- el señor José Menéndez propietario del Frigorífico Tandil, se contaba entre ellos. Tanto con él como   con otros colegas se intercambiaban ideas acerca de cómo mejorar y distinguir la calidad de los productos de esta zona, los que para esa altura  ya habían alcanzado el reconocimiento de  un amplio mercado que los requería.”
José Menéndez, con quién además cultivó una larga amistad, incorporó a su establecimiento una máquina sumamente novedosa para la época llamada cutter, (del inglés: cortador y por extensión a máquina de cortar) su funcionamiento consistía en cortar la carne a través de grandes cuchillas y posteriormente mezclarla con los condimentos, agilizando notablemente el proceso de elaboración.
Al verla funcionar y tratando de buscar nuevas aplicaciones considerando que se podía cortar la carne en pequeños pedazos, le sugirió al propietario probar. Éste aceptó la propuesta y nació allí el hoy conocido salamín picado fino”, nos acota Ortega.
Los integrantes de la firma “Francisco Ortega y Cía.”, no imaginaron, si bien soñaron con ello,  la  proyección  que  con el tiempo tendrían sus productos, en mérito a su calidad y al sabor especial  que a través de interminables pruebas, le supieron dar su indiscutible identidad.
Hoy a sus noventa y un años dice que “el  mayor logro fue, conjuntamente con sus hermanos y cuñados, haber dado un pasar digno a sus familias y la instrucción de sus hijos y sobrinos, transmitiendo en su desempeño laboral el ambiente de lucha y trabajo de sus mayores.”
Luego de esas décadas de intensa tarea, la firma cesó el 31 de diciembre de 1982.
Precisamente el Menéndez al que se refiere don Francisco Ortega, era
el asturiano José Menéndez , quien llegado unos años antes a Tandil, en 1929, dejó sus quehaceres agropecuarios e instaló una carnicería y fábrica de embutidos frescos, adquiriendo para ello la esquina de Sarmiento y Chacabuco, trabajando con el asesoramiento de su consuegro, que ya tenía una carnicería en Buenos Aires. Así primero  surgió Menéndez Hnos. y luego Frigorífico Tandil S.A. a partir de la década del ‘60. En esta última se participó activamente en la exportación de carne a EE. UU, y a Europa, y también se incursionó en actividades agropecuarias.” Sus socios mayoritarios eran mis abuelos y mis tíos,-acota Javier Menéndez, nieto del precursor- pero también participaron capitales nacionales extra familia.
“El verdadero pionero del salamín fue el señor Varona, que había instalado su fábrica Las Colinas, en Paz y Garibaldi (cuya infraestructura aún se encuentra en buen estado) y luego lo siguió mi abuelo, e incluso hay una conexión entre ellos. Sucede que por esa época llegó a lo de Varona –tal como también lo confirma don Ortega-, un señor alemán que era refugiado de la primera guerra mundial, buscando trabajo y algún lugar para dormir. Varona aunque con algunas dudas, lo aceptó para que les ayudara en la fábrica, y tienen la increíble sorpresa de que ése era el oficio de este hombre en su país natal. Don Francisco Ortega con su habitual simpatía y cordialidad, entabló una gran amistad con aquél. Un buen día, en agradecimiento a su hospitalidad, este hombre le regaló una fórmula de un salame al estilo "alemán" a don Francisco, y éste la atesoró en el seno de su familia. Con el correr de los años, don Francisco comenzó a trabajar con mi abuelo en ventas y con el entusiasmo de superación, le obsequió aquella fórmula, que en poco tiempo entró en producción.  Por eso el origen del salamín tandilero no es ni español, ni italiano sino alemán”-sostiene Menéndez.
Los inmigrantes españoles e italianos aportaron diversidad, pero la base es alemana, además recién empezó a haber competencia en el rubro a principios de la década del ‘40, y los hechos narrados acontecieron a fines de la del ‘30.
Pero el verdadero aporte de la familia Menéndez a la fama del salamín tandilero, sucedió cuando el espíritu inquieto del abuelo José y ya de mi padre Norberto, -continúa Javier- los llevó a comprar una modernísima (para aquella época) máquina llamada cutter, totalmente desaconsejada por los gurúes de la época, para salamines y salames, y que sólo aconsejaban para emulsiones cárnicas tipo mortadela, salchichones, salchichas de Viena, etc. En aquellos años sólo se fabricaban embutidos secos” picado grueso” con picadoras normales, pero aquella maquinita les llevó a producir los primeros picados finos del país, - coincidiendo con lo afirmado en párrafos anteriores por Ortega-y esto fue observado rápidamente por grandes fábricas nacionales, que copiaron la idea y le agregaron el clásico "tipo tandilero".
 En la década del ‘70 la imposibilidad de exportar terminó con esa sociedad, y dio paso a Frigo-Tan S. R. L., que se dedicó a la industria cárnica, transporte y actividad agropecuaria y fue estrictamente familiar. Diferencias entre los socios, hicieron luego que en los ‘80 cesara en su actividad y los edificios y maquinarias fueran alquilados por casi diez años. En la década del ‘90 hubo un intento por desarrollar nuevamente la actividad chacinera bajo el nombre de Frigorífico Menéndez, pero la obsolescencia de infraestructura y equipos, la falta de créditos, y, sobre todo, los problemas financieros del país, terminaron allá por 1997, con ese sueño, interviniendo –como veremos-en los comienzos de Granja El Reencuentro, hasta que en 2002 vendieron todo.
“Mirando para atrás creo que el error estuvo en discontinuar la actividad en la década del ‘80. A través de los años la firma produjo toda la línea completa de chacinados, poniendo mayor énfasis en salamines y salames.
“Todo lo que he contado es absoluta verdad y queda un testigo vivo que es don Francisco, que lo puede ratificar”, finaliza Javier.
Prosiguiendo en nuestra ruta chacinera, digamos que en 1916, como sabemos, se fundó la que sería luego conocida como la Escuela Granja. Si bien en ella la producción de lácteos y derivados, como los famosos quesos, fueron los que insumieron e insumen la mayor dedicación, la Escuela fabrica deliciosos embutidos, pero su producción fue y es casi siempre reducida y para el consumo interno.
Otro que hizo época fue  Pedro Pereda que  ya figura con su carnicería en guías de 1928 en Av. Colón al 1000, permaneciendo en la avenida hacia 1974 en el Nº 1522, donde su hijo, de igual nombre, continuó con la tradición familiar.
Otro Pereda, Evangelista, en 1943 instaló la suya en Alsina y Sarmiento, siendo ya un apellido largamente ligado al procesamiento de carnes. En ambos casos los embutidos constituían una especialidad reconocida no sólo en esas barriadas, sino en todo Tandil.
Ya más cercano a nuestros días, en 1970, José María Testa, hijo de Alejandro y nieto del pionero, inició sus actividades en la carnicería de San Lorenzo y Uriburu, fabricando embutidos y luego salamines con gran éxito, siguiendo la tradición familiar con el sello propio del producto elaborado esmeradamente. Sus salamines  JMT” tuvieron pronta aceptación en el mercado al igual que el resto de los chacinados, embutidos o no. Al fallecer en un accidente José, su esposa e hijas continúan en la brecha hasta hoy.
Otro Testa, Luis A., hermano de José María, también siguió el camino abierto por su abuelo y su padre y estableció  una carnicería y fábrica de chacinados que con la denominación  “Don Pepe” se comercializan con el aval de años de tradición en el mercado local y regional.
También en 1970, el descendiente de italianos Roberto O. Iannoni abrió en Villa Aguirre una carnicería que en pocos años adquirió prestigio con sus embutidos frescos, nació así Chacinados El Canalense, que luego de veinte años en la Villa se trasladó a su actual emplazamiento en Franklin 1056, donde don Roberto continúa al frente con la colaboración de su hijo Gastón, lugar al que quien elige comer un delicioso embutido fresco de puro cerdo, encuentra para su paladar la satisfacción de una fórmula casera heredada de su padre y su tío que la trajeron de Italia.
En 1985,  por su parte, el matrimonio de Dina y Carlos F. Panighetti iniciaron su producción de chacinados con la empresa  Cabaña Las Dinas, aunque como criadores de cerdos su cabaña había comenzado en 1980.
En aquel año abrieron una carnicería y venta de sus productos, en Francia entre Av. Don Bosco y Alemania y poco después, ante el éxito de la venta de los mismos, se dedicaron exclusivamente a la chacinería. “Primero con la longaniza y los salamines y hoy con especialidades en esos rubros en la que se aplican recetas de origen italiano, español, alemán y más recientemente francés  y  con otras que comprenden jamones y bondiolas, hasta completar alrededor de 45 variedades que satisfacen la amplia gama de la demanda no sólo local sino de la provincia”, nos comenta Dina.
Ante el crecimiento de la producción provocado por esa demanda y con los ojos puestos en el futuro del mercado nacional e incluso internacional, los productos Cabaña Las Dinas contarán, posiblemente en este año, con la nueva planta que se está levantando en el Parque Industrial de Tandil. Como hemos apreciado en las empresas ya comentadas, también aquí es un emprendimiento de carácter familiar en el que ya los jóvenes hijos del matrimonio Panighetti intervienen.
En 1991 a raíz de la crisis agropecuaria, dos campos de invernada  de novillos se unieron en la producción de carnes instalando en la esquina de San Lorenzo y 25 de Mayo una carnicería  a cargo de sus dueños: Rodolfo Echezarreta y  Maria Joaquina (española). Nacía Estancias Integradas.
Con la colaboración de sus seis hijos iniciaron luego la producción de chacinados que con el tiempo se convirtieron en una marca registrada de amplia aceptación en el mercado.
Echezarreta manifiesta: “Nosotros comenzamos todo esto con el valor agregado de no dosificar a los animales con ningún remedio o droga, por varias razones, muchas de ellas hasta humanitarias, se podría decir”.
Sus productos sin conservantes ni colorantes abonan lo que piensan sus dueños; “Nos gusta hacer las cosas como se hacen en el campo, con todas las precauciones y sin químicos”.
Su línea de chacinados de puro cerdo tienen el toque propio de lo español aportado por María Joaquina, a lo que sumaron oportunamente la longaniza calabresa y la sopresatta napolitana que, según manifiesta Echezarreta, “es un salame exquisito elaborado con carne de cerdo, de los recortes del jamón o lomo, cortado en tiras largas a cuchillo, para luego ser prensada y condimentada con pimienta y sal gruesa, agregándosele luego vino tinto o wisky, lo que le da un sabor muy seco”.
“Siempre estamos buscando cosas nuevas y cuando se acerca una persona con alguna receta de la abuela, no sólo se la hacemos sino que luego la aplicamos en nuestra fábrica”. “Lo español está dado especialmente en el tratamiento de los jamones y chorizos”, dice Echezarreta destacando la amplia aceptación y elogio recibido en muestras foráneas como  Palermo y Mar del Plata.
Otra de las empresas “nuevas” en esta tarea de fabricar delicias para el paladar exigente, es la creada en 1997 por Guillermo Federico Etchechoury, quien instaló un criadero modelo de cerdos, teniendo las primeras pariciones en 1999, en un predio de 168 has.
A fines de ese año se conectó con los Menéndez, que tenían el Frigorífico Tandil, en una sociedad que empezó a producir los primeros productos en 2000, con el nombre de Granja El Reencuentro, la que pronto se convertiría en una marca sinónimo de calidad.
Dos años después Etchechoury compró todo y hoy, al fallecer Guillermo en 2007, aún en lo mejor de la madurez, sus jóvenes hijos siguen al frente del establecimiento con un crecimiento importante en la producción de cerdos de su propio criadero en plena ampliación.
Con una  variedad de más de 40 chacinados diferentes, su eslogan es “tandileros desde su origen”.  Podemos destacar entre ellos: los salamines picado grueso y fino, el salame criollo tandilero, el salame ibérico, las longanizas napolitana, calabresa y española, el salame de Milán, el cantimpalo, el salame ahumado tipo Holstein, y los jamones en variedades diversas, además de las clásicas salchichas y chorizos, entre otros.
Llegamos de esta manera al final del recorrido propuesto, donde las familias de los  Varona,  Anglada, Menéndez, Ortega, Testa, Borgonovo y Cagnoli pasaron, por su dedicación, empeño y esfuerzo, a ser parte, sin proponérselo, de la historia gastronómica de Tandil legando lo que hoy constituye una marca que nos distingue en cualquier rincón del planeta y que los “más nuevos” en esta industria han tomado como desafío para continuar con ese blasón, empresas todas de origen y desarrollo familiar, una característica que se mantiene aún en las más recientes que hemos mencionado
Sería largo enumerar a otros que también dejaron su huella por la fama de los cortes que vendían y sus embutidos frescos, por lo que en los apellidos de Agostini, Franchini, Pereda, Giacomotti, Maestrojuan, Calamante, Lauge y Givonetti, dejamos resumidos, muy apretadamente, a quienes en este rubro aportaron lo suyo y no hemos podido mencionar.
De este modo las variedades de chacinados que producen las empresas citadas del Tandil, se constituyen en exquisiteces apetecidas y requeridas en el mercado regional y en el nacional, de tal suerte que la sola mención de alguno de estos productos  provenientes de nuestro pago, es como presentar a un embajador. De hecho muchas puertas han sido abiertas merced a los quesos y salamines tandileros. Y puertas importantes que han significado cuestiones de trascendencia para nuestra ciudad, aunque usted no lo crea. Obsequios preciados por porteños, en especial, a quienes conquistó definitivamente…
Usted, amable lector, se preguntará en definitiva a qué se debe la fama alcanzada por los chacinados tandileros a los que ahora también puede observar envasados al vacío pulcramente feteados. La respuesta no es una-como siempre-sino una combinación donde la tradición, la elaboración artesanal, las recetas secretas, el clima con su aire serrano y el famoso “boca a boca” que aún sigue siendo más poderoso que el marketing mediático, se conjuran para lograr la justa aureola que los corona.

Hoy el salame tandilero es una marca de origen ganada a través de la historia relatada, de décadas de perfeccionamiento y calidad que el mercado nacional e internacional reconoce.
El Salame de Tandil es el primer producto agroindustrial del país con Denominación de Origen a partir de la Resolución 986/2011 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación
Así llegamos al final de esta sabrosa historia que sigue abierta, teniendo a mano siempre la infaltable tablita con la “picada”, donde quesos varios , salames y otros chacinados exquisitos, nos esperan junto a una copa de buen vino…que nos permiten decir, parafraseando al conocido especialista Sabatino Arias: “Salud y que vuelen los ángeles”.       

Daniel Eduardo Pérez