domingo, 18 de marzo de 2012

CANTERAS PREHISTÓRICAS DEL TANDIL

LAS CANTERAS DE LOS HOMBRES PREHISTÓRICOS

LA NUMANCIA DEL TANDIL

El apasionante tema del poblamiento temprano de nuestro Tandil y la zona, ha sido objeto de tratamiento en Tiempos en varias notas, pero cobra vigencia permanente a través de las investigaciones que realizan los científicos que periódicamente aportan novedades.

En su momento ya dimos cuenta cómo fuera del área serrana propiamente dicha, se han encontrado evidencias de aquellos primeros cazadores pampeanos especialmente a orillas del Arroyo Seco (uno de los brazos de Tres Arroyos, en el partido del mismo nombre) y en las del río Quequén Grande. En Arroyo Seco los trabajos realizados permiten ubicar la existencia superpuesta, a través de miles de años (entre los 11.000 y los 8500), de varios campamentos, junto a restos de fauna de la época ya mencionada, aunque la escasa presencia de material lítico hace suponer que la caza se efectuaba o bien en otros lugares y se la transportaba allí o bien que los restos no han sido hallados.

No queda claro, hasta ahora, si las diferencias de las construcciones herramentales, en sus características, obedecieron a la pertenencia de grupos distintos o eran los mismos grupos que fueron variando en su técnica y "estética".

De todos modos puede afirmarse que la necesidad de contar con material lítico que permitiese la confección de armas y utensilios, hacía indispensable el llegar hasta las áreas rocosas como las de Tandilia, para surtirse allí de la piedra elegida por excelencia para ello, la cuarcita, que domina ampliamente como material para el herramental. Nacen así las que se ha dado en denominar "canteras", algunas de las cuales fueron utilizadas por miles de años. Claro está que esto requería de un permanente traslado de los grupos a estos sitios, por lo que, también al cabo de esta cantidad increíble de años, establecieron como lugares esparcidos de aprovisionamiento, previo dejar en escondrijos debidamente identificados, la cantidad que creían necesaria para evitar los largos recorridos y así tener distribuidos en la pampa alejada de las cadenas serranas, espacios a los que recurrir gracias a la planificada existencia de "silos".

La talla de la piedra (miles de años después los canteristas tandilenses originarios o adoptivos, los imitaron industrialmente) era la tecnología por excelencia. Los núcleos elegidos eran trabajados unifacialmente (una cara) o bifacialmente (las dos caras) para lograr el filo necesario para cortar, raspar, descarnar, trabajar el cuero, etc.. Entre ellos uno de los más típicos era la "raedera doble convergente", muchas de éstas han sido halladas en casi todos los yacimientos de la zona citada.

Una peculiaridad encontrada en algunos de ellos, caso La China, es la punta llamada " cola de pescado", por su forma, y que tiene antiguas raíces en el sur patagónico.

También las bolas aparecen frecuentemente, aunque en etapas más recientes, lo que indica que la caza de los mamíferos , tenía lugar a media distancia o bien "cara a cara",con puntas de aproximación , ya que recién en épocas mucho más recientes hace su aparición, como verdadero paso de " progreso", el arco y la flecha.

Hacia el 7500 antes del presente, con la extinción de los megamamíferos, aparece en la zona costera, que recién cobrará su actual configuración alrededor de hace 3000 años, la caza de lobos marinos, de la cual hay muestras claras en yacimientos de Monte Hermoso, aunque la forma de la caza no ha dejado huellas demasiados locuaces.

El menú básico, rico en proteínas, por la caza de guanacos, venados y pequeños animales, mostraba los vaivenes de la "temporada" de caza y del clima que fue variando hace 7000 años para aproximarse más al que conocemos en la zona.

En realidad, según manifiestan Waters y Stafford en su informe; “en “Sudamérica, los seres humanos parecen haber estado presentes hace 12.500 años en Monte Verde,” en Chile, es decir un milenio antes que en Clovis.( EE.UU).
Allí se encontraron residuos de fogatas, restos de chozas y herramientas filosas, además de restos de llamas del Pleistoceno, pequeños mamíferos, pescados y moluscos. Reafirmando lo anterior, Mark Rose escribió en la revista “Archaelogy,” Monte Verde, con una antigüedad de 12.500 años, fue anterior a cualquier otro sitio en Norte o Sudamérica. Además, no estaba de ninguna forma cerca del estrecho de Bering, el lugar por donde la mayoría de los expertos cree que los seres humanos entraron al continente desde Asia”, En relación al yacimiento de Monte Verde puede afirmarse que es uno de los pocos yacimientos arqueológicos americanos que sobrepasan en antigüedad a los famosos restos del hombre de Clovis (11.000 a.C.).Durante casi 50 años las puntas líticas acanaladas de Clovis fueron consideradas las muestras de presencia humana más antigua de América. Casi todos los especialistas las consideraban como prueba irrefutable que el poblamiento del Nuevo Mundo se inició por América del Norte y como máximo unos 11.000 a 12.000 años a.C.
Entre 1977 y 1985, Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, excavó pacientemente en Monte Verde, cerca de Puerto Mont (Chile) y el material que encontró es muy rico y bien preservado. Se trata de los restos de un campamento de 12 chozas de palos y pieles con un fechado radiocarbónico de 12.500 años a.C. Los restos incluyen instrumentos líticos y materiales orgánicos como huesos, marfiles y troncos. Fue sorprendente el descubrimiento de un campamento aún más antiguo: 33000 años a.C. De confirmarse presencia humana de más de 30 mil años de antigüedad en Monteverde, se daría un vuelco total a la explicación del poblamiento de América. Se confirmaría que miles de años antes que los asiátícos lleguen a Norteamérica por el estrecho de Bering, ya los melanésicos o australianos habrían llegado a América del Sur después de cruzar el Océano Pacífico, señala Rose.

Más recientemente (2011), se conoció un estudio de la Universidad de Texas, que publicó la revista “Science”, donde se afirma que los primeros pobladores de América pudieron llegar hace 15.000 años al continente.

Los investigadores descubrieron decenas de miles de artefactos humanos en una capa de tierra que se encuentra directamente bajo un conjunto de reliquias Clovis en Texas, lo que amplía las evidencias de que otras culturas precedieron a los famosos indígenas Clovis en Norteamérica.

Este conjunto de herramientas pre-Clovis parece tener entre 13.200 y 15.500 años de antigüedad e incluye tecnología de hojas y bifaces que podrían haber sido adoptados más tarde, e incluso mejorados, por la citada cultura Clovis.

Los científicos, dirigidos por Michael Waters informan de estos 15.528 artefactos, que constituyen lo que los investigadores llaman el Complejo Creek Buttermilk, en el yacimiento arqueológico Debral L. Friedkin (Texas).

Las recién descubiertas herramientas son pequeñas y están hechas de sílice y los investigadores sugieren que fueron diseñadas como un conjunto de herramientas portátil, algo que podía guardarse con facilidad y trasladarse a una nueva localización, que son claramente diferentes de las de Clovis, aunque comparten algunas similitudes.

El modelo "Primero los Clovis" teoriza que la población Clovis llegó al Nuevo Mundo de Asia Nororiental cruzando el puente de tierra de Bering, que conectó una vez Asia y Norteamérica.

Sin embargo, este nuevo yacimiento en Texas implica que las herramientas Clovis podrían haber evolucionado de las descubiertas en el Complejo Buttermilk Creek y que su cultura probablemente se desarrolló en Norteamérica.

En relación a este tema de hallazgos de “herramientas” y del material lítico correspondiente, debemos expresar que nuestra zona serrana de Tandilia ha sido muy poco explorada. Recientemente el Lic. Mariano Colombo, arqueólogo, perteneciente al área de Antropología y Arqueología de la Municipalidad de Necochea, declaró a Ecos Diarios de esa ciudad, en noviembre de 2011, que como primer paso de la investigación en esta zona, la recorrieron en vehículo para conocer sus límites, potencialidad y características. Luego comenzó una etapa de exploración a pie. “Estos trabajos llevaron varios días de recorridas por los distintos cerros de la zona de estudio, reconociendo en total 56 Km+ de laderas, faldeos y cimas en los distintos grupos de serranías.

Para ello fue necesaria la ayuda de mucha gente, de soporte económico y de la amabilidad de los propietarios de los campos”, La dependencia citada, hace más de veinte años que desarrolla investigaciones en la región, dirigidos por la Lic. Nora Flegenheimer. A partir de 2008, en el marco de su tesis doctoral, el Lic. Mariano Colombo retomó los estudios en el centro del área serrana de Tandilia, en los partidos de Lobería, Necochea, Benito Juárez y Tandil.

La investigación tuvo como objetivos principales: en primer lugar descubrir los sitios en los que los primeros pobladores de la zona obtuvieron las rocas para hacer sus herramientas. y además, conocer las modalidades, técnicas y estrategias que desarrollaron para extraer y trasportar esas rocas a los distintos lugares de la actual provincia de Buenos Aires.

Durante las recorridas realizadas por los científicos se descubrieron 55 sitios en los que los grupos humanos del pasado extrajeron rocas útiles, es decir, verdaderas canteras indígenas. Estos lugares se encuentran entre las localidades de San Manuel y Barker, y en ellas explotaron especialmente la ya citada “cuarcita”.

Colombo manifiesta que “Para extraer las rocas, los habitantes fracturaban grandes masas de rocas llamados filones, para lo cual debieron utilizar martillos de piedras duras y pesadas. Finalmente, la última técnica registrada fue la más compleja: para obtener algunas materias primas que se encontraban enterradas realizaron extensas excavaciones de hasta 1,50 metros de profundidad en la cima de los cerros. Esto se hizo con el fin de conseguir rocas de especial calidad para ser talladas y de colores llamativos, que seguramente tenían connotaciones simbólicas”.

Como última parte del proceso de investigación, visitaron la zona del paraje “La Numancia”, partido de Tandil, casi en el límite con el partido de Necochea y a treinta km.. de la localidad de San Manuel, en el partido de Lobería, (paraje cuyo nombre fue tomado de una desaparecida población celtíbera situada sobre el Cerro de la Muela, en Garray, al norte de la actual ciudad de Soria, España, célebre por su resistencia a los romanos La actitud de los numantinos impresionó tanto a Roma que los propios escritores romanos como Plinio, ensalzaron su resistencia) . La Numancia, en la segunda década del siglo XX, fue un centro escasamente poblado y separado de Tandil ciudad por caminos intransitables-situación que llegó hasta hace pocos años- con grandes lomadas que hacían penoso el ascenso y peligrosas las bajadas; allí, dice Colombo, :” encontramos miles de fragmentos de la talla rocas, producto de las actividades realizadas en la cantera; también carbones y huesos de venado, guanaco y peludos, lo que nos hace pensar que la gente que viajó hasta el lugar para obtener rocas, lo hizo en pequeños grupos y vivió allí por unos días”..

El trabajo de laboratorio es el que más tiempo lleva, ya que los materiales recolectados en un mes de trabajo de campo pueden estudiarse durante años. Distintos instrumentos fueron enviados a Ushuaia, donde el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) cuenta con un microscopio de alta precisión donde especialistas observan las marcas que quedan en los filos de los instrumentos de roca y con ello se sabrá si las herramientas confeccionadas en el sitio se utilizaron para trabajar madera, hueso, cuero o cortar carne.

En relación a los huesos, están siendo estudiados por la Lic. Agueda Caro Petersen, quien establece a qué animal corresponde y observa si tienen marcas de cortes producidas por el descarne, fracturas intencionales para consumir la médula o bien quemaduras como producto de su cocción. Sobre 3 huesos y dos carbones extraídos de distintos lugares de la excavación se realizaron análisis de carbono 14 en un laboratorio especializado de los Estados Unidos., lo que permitió saber que estas canteras fueron utilizadas al menos hace 4700 años atrás.

Luego siguieron siendo visitadas por grupos de cazadores y recolectores que los sucedieron en el tiempo, hasta hace unos 700 años atrás, época muy cercana a la llegada de los primeros conquistadores europeos. “Sin embargo pensamos-dice Colombo- que la explotación de estas canteras debió comenzar, mucho antes, hace aproximadamente unos 11.000 años, ya que rocas con características similares a las que allí se extrajeron aparecen en los sitios trabajados por la Lic. Nora Flegenheimer, fechados entre los más antiguos del continente. A medida que se avanza en una investigación se generan nuevos conocimientos pero a la vez se abren múltiples interrogantes; por ello debemos emprender nuevas excavaciones que nos permitan encontrar las canteras más antiguas”.

Digamos que recientemente (2011), en excavaciones efectuadas en Ing. Maschwitz, se encontraron piedras trabajadas que provendrían de nuestra zona, quedando el interrogante por resolver, si fueron traídas por estos pobladores o fueron obtenidas de otros mediante el trueque.

La "litificación" del paisaje, muestran la manera en que los grupos movilizaron y redistribuyeron a lo largo del tiempo la materia prima lítica con la que confeccionaron estos útiles, generando así importantes depósitos secundarios..Este proceso habría implicado, por un lado, regresos planificados hacia determinados lugares y estadías más prolongadas en los mismos, y significarían cambios en la movilidad de los grupos en relación a los momentos precedentes. Por otro lado, también habría involucrado una importante inversión de trabajo, evidenciado por el traslado de grandes cantidades de rocas, la selección de formas-base y, probablemente, la manufactura de artefactos de molienda. Debido a que en la región pampeana no hay barreras naturales ni impedimentos climáticos que limiten la obtención de materias primas líticas, se propuso que la restricción en el acceso a las zonas de abastecimiento durante el Holoceno tardío, puede haber sido producto de un control social de las mismas, afirman las investigadoras C.Bayón y N. Flegenheimer ( 2004).

Naturalmente queda mucho camino por recorrer en la tarea de clarificar qué ocurrió con los hombres que se esparcieron por la zona de nuestra Tandilia. Los trabajos científicos de gran seriedad que los arqueólogos, antropólogos y geólogos que trabajan en la zona, como los ya citados y los Dres. Gustavo Politis y Diana Mazzanti y sus equipos, entre otros, seguramente echarán más luz sobre este apasionante tema. En fin, cuándo sabremos algo más sobre el tema…el tiempo y los pacientes trabajos de nuestros científicos tal vez puedan develarlo.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 30 de enero de 2012

ORÍGENES DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN TANDIL

LOS ORÍGENES DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN TANDIL
Los Colegios Sagrada Familia y San José



La educación tuvo temprano desarrollo en nuestra ciudad, y de ello nos hemos ocupado en el capítulo V de Historias del Tandil II, “Educar al soberano”. Allí vimos su desarrollo tanto en el plano oficial como en el privado.
Fue en este último en el que la Iglesia Católica puso un interés primordial, de tal suerte que en todo el mundo distintas órdenes y Congregaciones religiosas, se dedicaron especialmente a esta tarea.
En nuestro país es ampliamente conocida-.o debería serlo-la labor fundamental de los Jesuitas, fundadores de numerosos colegios de gran prestigio, algunos de los cuales llegaron hasta nuestros días, así como Universidades, entre ellas la más antigua, la Universidad de Córdoba, fundada por fray Fernando de Trejo y Sanabria en 1623.
Tandil no fue ajeno a esta realidad y correspondió al Pbro. José María Cruces, Cura Párroco, ser quien tomó la iniciativa que derivaría en el comienzo de la educación católica.
En 1880 la Logia Masónica Luz del Sud, había creado el Asilo San Juan, el que luego fue municipalizado como Hospital por el primer Intendente Pedro Duffau.
En ese mismo año el padre Cruces fundó la Sociedad Damas de Caridad, creando inmediatamente el Hospital de Caridad y gestionando la llegada de monjas de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia.
Esta Congregación había sido creada en Italia por la luego Santa María Josefa Rosello (ver recuadro) en 1837, habiendo llegado a nuestro país las primeras integrantes en 1875: quince monjas que viajaron junto a los primeros salesianos de Don Bosco y que vinieron a solicitud el gobierno para atender los problemas de la salud pública.
En nuestra ciudad, respondiendo al pedido del padre Cruces, la Congregación designó a Sor María Justina Bertani, para cumplir con las funciones que demandaba el Cura Párroco, de atender a la Dirección del recién creado lugar de sanidad, llegando aquí en 1890.
Sor María Justina estuvo en Tandil hasta 1895, año en que por padecer una enfermedad retornó a Buenos Aires. Pero sería por poco tiempo, ya que, curada, volvió para hacerse cargo de la flamante fundación del Colegio de la Sagrada Familia, como primera Directora.
La labor de las Damas de Caridad concretó luego de largas tramitaciones, la creación de lo que sería el Hogar Sagrado Corazón, en los terrenos “frente al antiguo cementerio”, en 1897, lugar querido por todos los tandilenses que hoy sigue atendiendo a niñas y ancianos con amor y dedicación, bajo la atenta tarea de las Hermanas de la Congregación fundadora.
La tarea de la Sociedad Damas de Caridad fue también decisiva en la creación del primer Colegio Católico, ya que fue su presidenta Rita B. de Fernández, quien acercó la idea de concretarlo a la Congregación a través de la Hna. Eufemia. Carrara, en 1896, con el apoyo del Cura Párroco de entonces, P. Marcial Álvarez.
Así llegó el 1 de marzo de 1896 y el Colegio de la Sagrada Familia, más conocido hoy como Colegio de Hermanas, abrió sus puertas en una casa alquilada.
Aquellos primeros momentos fueron casi épicos, en esa casa ubicada en la esquina de Gral. San Martín y 9 de Julio, donde hoy está la Tienda La Capital, (recordemos que allí también había funcionado en un ranchito la primera capilla).
El crecimiento de la matrícula de las niñas, obligó a buscar un edificio más amplio y ya la Sociedad Damas de Caridad, que sostenía económicamente la obra, dejó de hacerlo, asumiendo el sostenimiento directamente la Congregación.
En junio adquirieron en remate una casa amplia, ubicada en Gral. Paz 684, por $ 35.000 m/n, escriturándola el 27 de octubre de 1896. Las ciento treinta niñas tendrían más comodidades, sin que éstas tardaran en concretarse.
La compra fue financiada por un préstamo del Banco de la Nación, que luego se canceló en 1902.
Con tres secciones de primer grado comenzaron la tarea las Hermanas Maria Alfonsina, María Juliana, María Chantal y María Gerarda acompañando a Sor María Justina.
El crecimiento de la matrícula y el prestigio del Colegio obligaron a las Hermanas a pensar en levantar un nuevo edificio y así, en 1920, se construyó la planta baja del actual edificio y tres años más tarde la planta alta, bajo la dirección del constructor J. Franchini
Las Bodas de Oro fueron celebradas con un programa extenso de actos que abarcó, entre otros, la colocación de la piedra fundamental de la nueva Capilla, la que fue inaugurada al año siguiente, es decir en 1947.
El paso de los años multiplicó las necesidades y la matrícula, y ya cuando en 1961 el Colegio contaba con más de 800 alumnas, la Cooperadora presidida por entonces por el Dr. A. Pérez Pombo pensó en la ampliación, idea continuada y concretada con la presidencia, al año siguiente, de Venancio Málaga, año en el que comenzaron la tareas de levantar el nuevo edificio para el secundario, cuando era Directora Sor Dominga y arribaba a Tandil Sor Nelly Elena Santa Olalla en 1963, que no es otra que la recordada Hermana Alicia, que por décadas prestigió con su conducción el Colegio y la educación toda de Tandil .
La tarea educativa se fue ampliando paulatinamente, creándose en 1968 el bachillerato y en ese mismo año la Biblioteca “Juan XXIII”, ocupando nuevos espacios lo que conllevó a construir el primer piso, inaugurado en 1969.
Dos años después se celebraban con grandes festejos las Bodas de Brillante, los primeros 75 años del Colegio. La afluencia de niñas fue constante y nuevas inquietudes llevaron a la creación del Jardín de Infantes en 1983- que hasta entonces funcionaba como anexo-como nivel independiente.
Nuevas obras se sumaron con el apoyo incondicional de los padres cooperadores y así fue posible dotar al Colegio de un moderno gimnasio cerrado, inaugurado en 1988.
Con más de mil quinientas alumnas, el centenario fue celebrado con la participación de toda la comunidad en 1996, oportunidad en que las diversas generaciones que pasaron por las aulas del Colegio se hicieron presentes para revivir los momentos allí pasados.
Una publicación quedó como valioso testimonio de esos momentos y como aporte a la historia del Colegio.
No podemos cerrar esta muy suscinta reseña, sin mencionar la colaboración pastoral de diversos sacerdotes que fueron capellanes desde el origen mismo del colegio y que queremos resumir en dos figuras que honraron la cátedra sacerdotal en Tandil: Mons. Luis J. Actis y el Pbro. Jesús María Baretto, a quienes el que esto escribe, les debe apoyo y consejo en difíciles momentos…
Hoy el Colegio de Hermanas es también mixto desde 1998, de tal manera que la vieja tradición dio paso a un necesario aggiornamento que no hace sino continuar con la calidad de la educación que siempre se le reconoció.
Conduce actualmente el complejo educativo la Hermana Rainelda.


EL COLEGIO SAN JOSÉ

Fue en 1907 cuando por iniciativa del padre Marcial Álvarez, ex Cura Párroco de Tandil y por esos años en San Nicolás de Bari, Buenos Aires, se iniciaron los contactos para crear un Colegio católico pero para varones, completando así la oferta educativa católica para ambos sexos.
Para ello interesaron a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, fundada por el Siervo de Dios Gabriel Taborin , en Francia, y aprobada por el Papa Gregorio XVI en 1841.
La llegada a América de los primeros Hermanos de la Congregación fue a Uruguay, en 1889, fue en Montevideo donde recibieron la noticia del requerimiento tandilense y con la llegada del Hermano Nicéforo, Superior de la Congregación y el apoyo incondicional de las damas Ana Irasusta de Santamarina, Pascuala Arana de Bilbao y su hija Raquel Bilbao de Vicuña, la idea comenzó a cobrar visos de realidad.
La viuda de Santamarina donó los terrenos de la esquina de Maipú y Fuerte Independencia, los que fueron escriturados el 6 de setiembre de 1907, llegando el Hermano José Silvano Poncet para encargarse de la construcción del ansiado Colegio.
Terminadas las tareas constructivas, el 9 de marzo de 1908 se inauguró el Colegio San José, con la dirección del Hermano Miguel Dangnac conocido como Hermano Vicente. Nacía sí el primer establecimiento educativo de esta Congregación en nuestro país.
Junto al citado Hermano, fueron los Hermanos fundadores: Víctor Rolland, Serafín Tupin, Alfonso Garroni y Antonio Giraud, todos ellos franceses.
Treinta y cuatro alumnos distribuidos en tres secciones de los primeros grados, fueron los pioneros.
Al año siguiente el número creció notablemente hasta llegar a ciento veinte, dejando su lugar, la dirección, en 1911 para dar paso al Hermano Dionisio Pionchon, quien estuvo al frente del Colegio hasta 1920.
Durante su gestión se registraron importantes progresos edilicios, entre ellos el de dotar de luz eléctrica al edificio y adquirir los terrenos sobre la calle Fuerte Independencia, donde se construyó el Aspirantado, el que luego de un año se trasladó a Córdoba.
En la gestión del Hermano Silverio Perret, se adquirieron los terrenos sobre Maipú donde hoy está la entrada principal y se comenzaron a dictar cursos contables, aunque los estudios secundarios funcionaron como incorporados a otros establecimientos oficiales desde 1924 hasta que en 1961 el secundario se independizó.
Por su parte la Capilla, que funcionaba provisoriamente desde 1924 en el subsuelo de la esquina, tuvo su nueva ubicación con la construcción de la bella que hasta hoy luce, en 1947, sobre planos del arquitecto uruguayo Horacio Terra Arocena y la dirección técnica del Ing. Luis Alonso y del constructor Francisco Torzillo. Decorada y con las imágenes de madera finamente trabajadas, la Capilla fue solemnemente bendecida y consagrada el 28 de setiembre de 1947, por el Obispo de Azul Mons. César Cáneva.
Los primeros bachilleres habían egresado en 1931 y dos años después la comunidad toda celebró alborozada las Bodas de Plata en 1933.
El Colegio se consolidó y creció a un ritmo asombroso, contando además desde el principio con la presencia de los pupilos que venían de otras ciudades o de zonas rurales. El prestigio de su educación permitió que sus egresados fueran ocupados rápidamente en distintos trabajos por entonces muy bien considerados en la sociedad, como bancos, estudios contables, etc.
Los religiosos de la Comunidad del Colegio supieron también, en 1955, del encarcelamiento por los duros días del final del peronismo…
Numerosos profesionales en distintas disciplinas fueron ex alumnos el Colegio de tal manera que pasada la celebración de las Bodas de Oro apoyaron la erección de un nuevo y moderno edificio el que quedó inaugurado, para el secundario, el 21 de octubre de 1962.
Distinguidos profesores se sumaron al cuerpo de los Hermanos que continuaban firmes en su labor educadora y religiosa, ya con presencia de Hermanos argentinos, uruguayos y algunos españoles, que fueron reemplazando a los originales franceses.
En 1970 el Colegio inauguró una biblioteca pública para toda la comunidad, la “Brig. Gral. Martín Rodríguez”, siendo su primera bibliotecaria Noemí Conforti, creándose al año siguiente el Instituto Superior del Profesorado, con las ramas de Letras y Lengua Inglesa, a las que se sumó, en 1982, la carrera de Preescolar. Su primer Rector fue el Hno. Fidel Robledo a quien sucedió, diez años después, el Hno. Adelsio Delfabro, que aún hoy continúa-con otras funciones-en el Colegio, luego de una estadía en Francia.
Ya desde 1975 el Jardín de Infantes funcionaba como anexo al primario, hasta que se independizó como nivel en 1983, año de las bodas de brillante, los primeros 75 años, celebrado con actos variados, entre ellos la inauguración del gimnasio cerrado.
De esta manera el Colegio San José cubría todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta el nivel terciario. Ya no había más pupilos desde el año anterior, los que llegaron a ser hasta ciento cuarenta en su mejor momento.
Sería largo y escapa a la dimensión de esta nota, enumerar logros y personalidades destacadas que actuaron en las aulas y en las Asociaciones de Ex Alumnos y en la de Padres (cooperadora), dado que todos trabajaron eficazmente. En 1967 la Asociación de Padres dio paso a la Unión de Padres de Familia, a cuyo frente estuvieron ex alumnos y destacados vecinos de Tandil.
Más cercano a nuestros días, el tradicional Colegio de varones, abrió las puertas a las niñas y así en 1987 pasó a ser mixto. Un paso impensado en los momentos fundacionales…
A partir de 1998 un laico asumió por primera vez la Dirección General, el Prof. Lauro Pedro Castorino, que se retiró en 2005, siendo sucedido, también por vez primera, por una mujer, la profesora Beatriz Christensen de Málaga y hoy, luego de su jubilación, el plantel directivo está integrado por Marta Rivas, directora del Jardín; Silvina Andrade, de Educación Primaria Básica; José Pasucci, de Educación Secundaria Básica y Rubén Peralta del Terciario.
El centenario el Colegio fue celebrado en 2008 con diversos actos que culminaron con una cena multitudinaria, aprestándose a publicar un libro que reflejará este siglo transcurrido, en el que ha dejado una huella imborrable en la vida de Tandil, llevando a cabo una labor evangelizadora que dio sus ricos frutos: ex alumnos que fueron sacerdotes o religiosos, como Mons. Luis J Actis, sus hermanos Florentino y Francisco, Mons. Enrique Ciao, Mons. José Tommasi (único Obispo ex alumno), los Pbros.: Juan C. Gardey, Raúl Camino Mendiberri, Juan C. Rizzardi, Juan C. Fernández, Raúl Salcedo, Jesús M. Baretto, Mons. Emilio Monni , Raúl López y el más reciente Luis Malaspina.
Muchos Hermanos dejaron recuerdos y anécdotas imborrables. Mencionarlos a casi todos excedería este capítulo, pero queremos nombrar a cuatro que fueron sinónimos del Colegio San José: los Hermanos Crisóstomo, Hermenegildo, Sabino y el recientemente fallecido Bernabé. En ellos el homenaje a todos los que por allí pasaron…
El Colegio además tuvo y tiene lugares de uso para la comunidad como la Quinta San Gabriel,-la quinta de los curas- adquirida a la familia Tapia en 1936, sobre la avenida que lleva el nombre del Hno. Gabriel Taborin, donde además de cómodas instalaciones para acampar, posee una cancha de fútbol lugar apropiado para la práctica, a través del Deportivo San José, que si bien no depende del Colegio, fue adonde buenos futbolistas ex alumnos participaron en los torneos de primera hasta hoy. Su primer presidente fue Luis Cardinale.
En 2010 se puso en la Quinta, la piedra fundamental para levantar allí el Jardín de Infantes, en otro paso de progreso, inaugurándose en 2011.

Daniel Eduardo Pérez

martes, 10 de enero de 2012

EL CALVARIO DEL TANDIL

EL MONTE CALVARIO DEL TANDIL

Denominado así por su parecido con "El Gólgota" de Judea, es uno de los lugares más importantes y pintorescos.

Una gran escalinata de piedra culmina con la enorme cruz de alrededor de 20 m. de altura con un Cristo de mármol francés. El sendero del Vía Crucis con los grupos escultóricos recuerdan las distintas estaciones del Calvario. La capilla dedicada a Santa Gemma de estilo romántico y la reproducción de la gruta de Lourdes complementan un marco espectacular por su belleza incomparable.

Inaugurado el 10 de enero de 1943, con la presencia del presidente de la Nación, Dr. Ramón Castillo, y una multitud calculada en 40 mil personas, el Monte Calvario del Tandil es indicado como el segundo existente en el mundo.

Situado en cercanías de la ciudad, el monte alza sus grises granitos de redondeados contornos, como muñones implorantes que de suyo imponen silencio al alma.

Convenientemente forestado por eucaliptus, pitas y algunas coníferas se transforma a la vista de cualquier visitante en un monumento por sí solo.

Esta disposición natural que ofrece al recogimiento, se ve desde la lejanía aumentada por la presencia culminante de un imponente Cristo crucificado que, integrado al paisaje, da la característica esencial a esta conjunción de arte y religión.

La conmemoración de la Semana Santa en Tandil resulta desde hace medio siglo una de las más importantes en la República Argentina y aún en Sudamérica.

Su solemnidad, la multitudinaria expresión del espíritu religioso, la representación de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús en el gran Anfiteatro ubicado al pie del cerro Independencia y las expresiones culturales que integran la Semana, tienen como majestuoso punto de partida el Monte Calvario.

HISTORIA

El ilustre sacerdote y obispo Monseñor Fortunato J. Devoto (que también era astrónomo y llegó a dirigir el Observatorio de La Plata) fue quien concibió la idea de levantar en ese magnífico lugar, un monumento religioso de trascendencia nacional.

La antigua Avenida Noroeste de Tandil (hoy España y continuación Monseñor De Andrea) se encuentra coronada en el extremo suroeste por un cerro que pertenecía a Pedro Redolatti, primo de Mons. Devoto.

La visión de éste, que conocía detalladamente el "Monte", "Cerro" o "Parque Redolatti" -como se le denominaba- lo impulsó a sugerir a su familiar la donación del lugar con el objeto mencionado, accediendo Redolatti, en octubre de 1940. Una vez obtenida la decisión, Mons. Devoto lo ofreció a la Sociedad San José (de la que era Director Espiritual) para que fuera la que encarase la tarea de concretar la idea.

Era el 10 de enero de 1941 -Día de la Sagrada Familia- cuando se formalizaba la donación de las nueve hectáreas. En ese mismo año fallecía monseñor Devoto, no pudiendo ser testigo de los resultados de su inquietud.

Aceptada la donación, la presidenta de la Sociedad, doña Elisa Alvear de Bosch, tomó los contactos necesarios e inició las gestiones pertinentes para cristalizar la iniciativa.

La Sociedad, que no disponía de los fondos suficientes como para llevar adelante una obra de magnitud y que todavía no estaba definida a través de un proyecto, debió analizar sus características fundamentales, descartando la construcción de un templo, dado la cercanía de los ya existentes.

Expuesta la idea general, la señora Ernestina Lavallol de Acosta, efectuó la primera donación en nombre de su madre Doña Ernestina Ortiz Basualdo de Lavallol, ex presidenta de la Sociedad.

Aquellos $15.000 moneda nacional, serían la base de la obra, que en abril de 1941 vio delineado su futuro al proponer la Sra. Elisa Bosch Alvear, marquesa de Kerhué y fina artista, que se levantara allí un Calvario, aprovechando la similitud extraordinaria del Monte con el Gólgota.

Aprobada la propuesta en junio de ese año, el Dr. Exequiel Bustillo, a la sazón presidente de la Comisión de Parques Nacionales, donó la madera para la gran cruz que coronaría el conjunto, de coihue o de alerce-según los cronistas de la época- y de 17 m de altura.

Esta cruz, enclavada al fondo de la avenida, a la que se le agregó luego una Piedad y un Descendimiento, fueron las primeras obras que dieron origen al actual Calvario de Tandil.

Se accedía a él por una escalinata de noventa y seis escalones construida en piedra migmatita que conducía, con sus terrazas intermedias de lajas rosadas, blancas y grises de la cantera San José del Carmen, a la Plazoleta de la Cruz, donada por Matilde Campos de Nocetti, propietaria de una importante cantera de la zona por la que también se podía acceder en automóvil.

La Municipalidad forestó, asimismo, con numerosos olivos ambos laterales de la avenida.

Finalmente, la Sociedad aprobó la iniciativa de la Sra. Bosch Alvear de completar lo realizado con un Vía Crucis que ascendiera por el faldeo del cerro Redolatti hasta llegar a la gran Cruz que lo coronaba, el que se ejecutaría con la participación de los más importantes escultores de la época. Se encomendó la dirección de tal obra al prestigioso arquitecto e ingeniero Alejandro Bustillo, quien luego de relevar el terreno y efectuar los estudios correspondientes, propuso el proyecto final.

Los costos que el mismo exigía eran grandes, pero inmediatamente de conocidos, comenzaron a llegar las donaciones oficiales y privadas. La Nación contribuyó con $50.000 moneda nacional, la Provincia con $25.000 y el Municipio con $10.000. Se recaudaron, finalmente, más de $150.000 moneda nacional, lo que permitió cristalizar la obra merced, además, a la generosa contribución de los artistas que cotizaron sus propias obras a precios mínimos.

El 10 de enero de 1943, a dos años de nacida la inquietud, se inauguraba el monumento al Calvario, Vía Crucis y Escala Santa, como se denominó. Las obras inauguradas incluían la gran Cruz, que había sido de dificultosa erección por su tamaño y peso, y trece grupos escultóricos más del Vía Crucis, entre los que se encontraban "La Piedad" y el "Descendimiento" que habían sido los primeros colocados y además Cristo orando en Getsemaní.

Una multitud calculada en cuarenta mil personas, se agolpó para que a las 10 de la mañana, y con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Ramón S.Castillo, el vicegobernador de la Provincia, el Nuncio Apostólico, el Obispo de Azul Mons. Caneva, el Intendente Municipal Dr. William Leeson, Mons D’Andrea, y el Párroco de Tandil Pbro. Julio M. Chienno, fue testigo y protagonista de ese hecho histórico.

Entre los cientos de eucaliptus, olivos y pinos, se alzaban estas esculturas originales de los artistas José Fioravanti, Carlos de la Cárcova, Horacio Cerantonio, Santiago Berna, Pedro Tenti, Roberto J. Capurro, César Sforza, Ernesto Soto Avendaño y Ricardo Musso. Se inauguraba así una expresión de lo más representativo de la escultura argentina.

Años después fueron remplazadas algunas de las estaciones por su deterioro, perdiéndose obras de gran valor, como las de de la Cárcova y Tenti y la Cruz de madera fue reemplazada por una de cemento-la actual- de alrededor de 5 m. más alta que la original de madera, en 1949.

Capilla Santa Gemma y Gruta de Lourdes

La capilla que recuerda a una Santa de 25 años de edad

Fue inaugurada en 1947 y construida en devoción a Santa Gemma. Su concepción artística y arquitectónica la convierten en un verdadero tesoro. Sobre su faldeo se erigió una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.

Transcurridos pocos años de la inauguración oficial del Calvario, se agregó a este magnífico monumento, la construcción de una capilla destinada a la devoción de Santa Gemma.

Construida en una estribación del cerro, de acuerdo al proyecto de los arquitectos Rocha y Martínez Castro, fue donada por Elena Santamarina de Saguier en memoria de su esposo Eduardo Saguier, siendo inaugurada el 12 de enero de 1947.

Se trata del primer santuario erigido en América en honor a la mencionada Santa accediéndose a él a través de tres arcadas románicas que portican el pequeño atrio.

Dirigida su construcción por Valentín Zámolo, su altar, arcadas, confesionarios, columnas, pisos, comulgatorio y parte de las paredes, así como las escaleras, son de granito trabajado por dos artesanos famosos de Tandil: Pedro A. Pedrotti y José Pisculich.

A ambos lados del altar, José Santiago Berna -creador de varias de las esculturas de las catorce estaciones- realizó dos relieves. Su tejado está realizado en pizarra francesa y sus hermosos vitraux muestran azucenas, símbolo de la estigmatizada de Luca, Gemma Galgani, canonizada por SS Pío XII.

José de España, autor de numerosas obras literarias y prestigioso crítico de arte- comentaba en 1948: "Por este nuevo templo, por este Calvario y por muchas cosas que ya se dibujan en el porvenir, la hermosa e inolvidable ciudad de Tandil se está convirtiendo, cada vez más, en el Varallo de América...".

Se refería de España a la magnífica obra realizada, en una colina de Sessia que domina la villa de Varallo, en el Piamonte, a instancias de fray Bernardino Camini en el siglo XV, donde quiso recrear los Santos Lugares, en una "Nueva Jerusalem".

Hacia fines de 1960 surgió la iniciativa de los Padres Carmelitas, que tenían por entonces como Párroco al P. Isidro, impulsada específicamente por el P. Raúl Luque, con el apoyo de un grupo de vecinos encabezados por el Dr. Enrique Torres Ordóñez, de construir en el lugar una reproducción de la Gruta de la Virgen de Lourdes.

Con la colaboración inicial de la Dirección de Turismo de Tandil, la dirección técnica del ingeniero Argentino Olmos y la colaboración artística de Ernesto R. Valor comenzaron las obras sobre el faldeo lateral posterior del lugar donde se halla enclavada la Capilla de Santa Gemma.

La obra dirigida por Valentín Zámolo y con la colaboración de los artesanos de la piedra que trabajaron en la erección de la Capilla, fue inaugurada el 10 de febrero de 1962, a las 19.00, en un acto enmarcado por centenares de fieles.

La réplica de la Gruta está guardada por una gran reja forjada en hierro por Santiago Tomassi y sus hijos. Hacia un costado y delante del altar se halla la imagen de San Bernardita arrodillada, mirando hacia la Gruta donde está la Virgen, poseyendo un altar de piedra de Barker, trabajada por Pedrotti y Jarque y un gran candelabro de hierro para cien velas, obra de Otilio Galicia. Por su parte el artista Carlos Allende -famoso por sus "bochas" de piedra y sus tallas en raíces, creador también del monumento a Juan Fugl y al Gaucho, entre otros- forjó el crucifijo y los candeleros para el altar.

Así fue la obra original. Con el transcurrir de los años se introdujeron varias mejoras, nuevos accesos y escalinatas; y nuevas obras escultóricas que le dieron al lugar el profundo significado que nunca le faltó.

LAS CATORCE ESTACIONES DEL VIA CRUCIS

PRIMERA ESTACIÓN: "Jesús condenado a muerte"

Tomado del brazo derecho por un soldado romano, Jesús es presentado ante el pueblo cuando ya se ha producido la condena. Sus manos permanecen atadas. A su izquierda, sentado, Pilatos se lava las manos.

Escultor: José A. Berna, artista italiano

SEGUNDA ESTACIÓN: "Jesús carga con la cruz"

La figura dramática de Jesús, sostiene con su mano derecha la terminación del travesaño de la cruz, que carga sobre su hombro izquierdo.

Escultor: Humberto Eduardo Cerantonio, artista argentino

TERCERA ESTACIÓN: "Primera caída de Jesús"

A diferencia de la estación anterior, Jesús sostiene la cruz sobre su hombro derecho. La figura está semihincada, apoyada sobre la rodilla derecha y su brazo izquierdo extendido hacia el suelo.

Escultor: Ricardo Musso, artista argentino.

CUARTA ESTACIÓN: "Jesús encuentra a su madre"

Una expresiva María, con sus brazos extendidos hacia adelante, sale al encuentro de su Hijo que se acerca portando la cruz.

Escultor: José Santiago Berna, artista italiano.

QUINTA ESTACIÓN: "Jesús y el Cireneo"

El Cireneo ayuda a Jesús a sostener la cruz. Entre ambos, aparece amenazante un soldado con su brazo izquierdo levantado.

Escultor: Antonio Sforza, artista argentino.

SEXTA ESTACIÓN: "Jesús y la Verónica"

Mientras Jesús es ayudado por el Cireneo, la Verónica presenta un paño con el que secará el rostro del Hijo de Dios.

Escultor: José A. Berna, artista italiano.

SÉPTIMA ESTACIÓN: "Segunda caída de Jesús"

La cruz vuelca su peso sobre el hombro derecho de Jesús, caído. Un soldado amenaza con un látigo en su mano izquierda.

Escultor: Roberto Capurro, artista argentino.

OCTAVA ESTACIÓN: "Jesús consuela a las mujeres de Jerusalem"

Dos mujeres se encuentran frente a Jesús, que avanza llevando la cruz. Una de ellas está con las manos juntas en gesto de imploración, mientras la otra se encuentra arrodillada, con un niño en brazos.

Escultor: José A. Berna, artista italiano

NOVENA ESTACIÓN: "Tercera caída de Jesús"

Jesús se apoya sobre el suelo con la palma de su mano izquierda, con los ojos cerrados. El Cirineo se esfuerza por levantar el madero. Un soldado apoya su pie izquierdo sobre la cruz, mientra otro, armado de lanza, observa.

Escultor: José Fioravanti, artista argentino.

DÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es despojado de sus vestiduras"

Jesús, de pie y el reflejo de gran bondad en su rostro, es despojado de la vestimenta por otro individuo.

Escultor: José Berna, artista italiano

UNDÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús es clavado en la cruz"

Jesús ya ha sido colocado sobre la cruz. Un soldado contempla. Un hombre alza su brazo derecho, que empuña un martillo. Un clavo ya ha sido introducido en la mano derecha de Jesús. Otro hombre sostiene el brazo izquierdo, mientras dos mujeres, entre ellas María, son contenidas por el soldado.

Escultor: Humberto Cerantonio, artista argentino.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: "Jesús muere en la cruz"

La imponente figura de Jesús, realizada en piedra mármol, se encuentra crucificada en la actual cruz de cemento, que reemplaza a la original de madera.

Escultor: José Berna, artista italiano.

DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: "La Piedad"

María, con un rostro joven, delicado y bello, sostiene a Jesús, muerto entre sus brazos.

Escultor: José Berna, artista italiano

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: "El Santo Sepulcro"

La figura de Jesús es observada piadosamente por la Virgen, en tanto José de Arimatea sostiene su brazo y Nicodemo toma su mano en actitud de besarla.

RECUERDOS DE LA CELEBRACIÓN QUE HIZO FAMOSA A TANDIL

Cuando tomé la primera comunión-allá por 1949 en la entonces todavía Capilla Santa Ana-entraba en la órbita de las celebraciones religiosas con la fantasía propia de la niñez y también con el respeto propio de la cultura de la época, más estructurada que actual.

Fue en la década del ‘50, en la adolescencia, cuando por primera vez fui como testigo-participante de la Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, que así era llamada.

Mi madre, devota de la Virgen, se conmovía al paso de las imágenes, entre la multitud que desde las veredas se agolpaba para”presenciar” ese acto evocativo que a mis ojos lucía imponente. Recuerdo el sonar lúgubre de las “matracas”, los cánticos y oraciones, los vecinos vestidos de soldados romanos y la potente voz de don Luis Actis conduciendo la procesión por los primitivos altavoces de don Sinka o Bazoberri, que nos conducía a una casi mística recordación de lo que habrían sido los últimos momentos de Jesús.

Era, en realidad, un momento casi único en el año. Después las “Estampas” completaban un día lleno de luto y respeto, en el que las radios nacionales-en Tandil no había locales todavía-pasaban música sacra y los católicos practicantes vivíamos casi en voz baja. En las mesas de ese día reinaban el bacalao noruego, el más modesto abadejo argentino y el atún.

Pasaron los años y quiso el destino que ya desde principios de la década del ’70, participara en la famosa Comisión Oficial que desde 1951 era la encargada de organizar toda la Semana Santa, presidida por el Intendente de turno y con la participación de sacerdotes, laicos y representantes de las entonces llamadas fuerzas vivas (Cámara Comercial e Industrial-hoy Cámara Empresaria-, la Asociación de la Pequeña y Mediana Industria, las Fuerzas Amadas, Policía, etc.

Eran reuniones donde la patriarcal figura de Mons. Actis era la referencia ineludible y la voz cantante, en las que se pasaba revista a todos los detalles, entre los que no faltaba la eterna pregunta ¿y si llueve?.

Lo cierto del caso que no recuerdo de aquellas décadas que la lluvia empañara los actos –salvo alguna vez- que el augurio desalentador implícito en la infaltable pregunta, sobre todo en los Viernes Santos, que era el día central.

Luego vino todo lo que hoy conocemos, desde el Domingo de Ramos a los distintos y conmovedores Vía Crucis, hasta llegar al Domingo de Pascua.

Tandil había cobrado vida propia en la celebración de la Semana por la existencia del Calvario partir de su inauguración, el que, por sus características, lo constituyen en el único del país y América, teniendo sólo otro similar en el mundo, y además por la escenificación de la vida de Jesús.

En mi adultez y desde adentro-como quedó expresado- viví con intensidad sobre todo la preparación de las Escenas de la Redención con lo que ello implicaba desde lo religioso a lo técnico. Una etapa casi épica porque los elementos de los que se disponían, no eran los actuales.

Desde su nacimiento en 1948, primero al pie del Calvario y como Actos Sacramentales , desde 1952 en el Salón Parroquial ,luego Teatro Estrada,( hoy del Fuerte), posteriormente en el veredón de la Municipalidad en 1959, y con la inauguración del Anfiteatro Municipal la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet y luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron, siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y al Anfiteatro, con el nombre de” Jesús el Nazareno”, - la representación “oficial”, primero con la dirección de Pascual Pina y ahora de Germán Bayerque., que son contempladas por miles de espectadores entre el jueves y el domingo de la Semana Santa

Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue adquiriendo relieve nacional, con la incorporación, en 1949, de la mencionada Solemne Procesión del Santo Entierro, poniéndose especial énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza.

Vale la pena recordar algunos detalles, los más sobresalientes de esa expresión, que ya quedó lejana en el tiempo.

La Procesión se iniciaba luego del Via Crucis del Viernes Santo en el Calvario, para terminar en el templo de la Inmaculada, recorriendo las calles ornamentadas con alguna señal alegórica en las viviendas aledañas.

Era encabezada por los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados Ciriales, quienes portaban grandes velas y luego una masa coral y la banda.

Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el Caballero de la Corona de Espinas; inmediatamente se ubicaban los Caballeros de los Clavos de Cristo y luego las religiosas de Tandil ( casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); y más atrás el Caballero de la Crucifixión portando el martillo, todos ellos acompañados por sus respectivos acólitos.

Formaban luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de Honor del Santo Sepulcro.

Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la masa coral “a capella” y, marcando el paso con sus sones a duelo, las ya citadas Matracas y los redoblantes del Ejército.

Inmediatamente después aparecían los Mujeres de Jerusalén, de riguroso luto (vestido y mantillas negras) precediendo a los Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa.

Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una misión”vitalicia”; por su parte, hombres caracterizados como soldados romanos acompañaban a quienes representaban, simbólicamente a elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con vinagre . Las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al Cristo Yacente.

Completaban la secuencia, las imágenes de San Juan y de María Magdalena llevadas primero por laicos pertenecientes a distintas organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de los Colegios católicos.

Durante todo el recorrido una red de parlantes, como ya lo mencionamos, alquilados por la Municipalidad llevaban la poderosa voz de Mons. Actis con un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y lecturas alusivas.

Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras penumbras de la incipiente noche y los participantes encendían entonces las velas hasta llegar al final, donde la Banda Municipal dirigida por el recordado maestro Onorato, interpretaba la Marcha fúnebre de Chopin. Una vez depositadas las imágenes en el veredón del templo, Mons. Actis, decía las palabras acordes al momento e impartía la bendición a la multitud.

Recuerdo que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras- pasaban solamente música clásica y religiosa.

Hoy, ya pasadas varias décadas de los primigenios recuerdos, traemos al presente aquellos años, porque tiempos y liturgias, han cambiado y ya no es la misma procesión , ahora adecuada a los tiempos pos conciliares,(luego de posturas encontradas con alguna polémica por medio), suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas , tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa participación-la Procesión, como ya lo expresamos era seguida desde las veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa de los feligreses.

Las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud, de la Tercera Edad y el de los Niños, se han transformado ahora en una tradición con gran protagonismo popular, enriquecedora de los valores religiosos.

Reconocida como la Semana Santa de más trascendencia en el país, por todo lo expresado en la nota, tiene además, a lo largo de su celebración, expresiones artístico- culturales complementarias que adquieren rasgos casi únicos también en su realización.

Sirvan estos recuerdos de otros tiempos, para valorar en su integridad los esfuerzos que nos permiten disfrutar estos días propicios para la interioridad y el crecimiento espiritual.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 26 de diciembre de 2011

JACINTO SALDÍVAR, DE GUARDIA DE SARMIENTO A INTENDENTE


DE GUARDIA DE SARMIENTO A INTENDENTE

JACINTO SALDÍVAR EL SUCESOR DE DUFFAU

El primer Intendente de Tandil, don Pedro Duffau, dejó su cargo luego de tres períodos consecutivos de un año. El Expedicionario del Desierto había terminado el histórico mandato del pueblo de aquel Tandil y dejaba el gobierno con el sentimiento del deber cumplido.

La nueva elección, para el período 1889-90, recayó en el hasta entonces presidente del HCD don Jacinto Saldívar, colaborador fiel de Duffau, cuya vida es prácticamente desconocida entre nosotros, salvo los datos que oportunamente aportamos en la década del ’80 y que hoy ampliados con nuevos datos obtenidos gracias a Clementina Martínez (emparentada con sus descendientes), los incorporamos a este libro.

Tanto los datos de su vida, como los documentos obrantes en el AHM, nos dan cuenta de la dura vida de este patriota que hoy rescatamos para conocimiento de las nuevas generaciones, herederos de aquellos forjadores del Tandil actual.

Jacinto Saldívar nació en la provincia de San Juan el 11 de setiembre de 1845 del matrimonio de Jacinto Saldívar y María Barbosa, quienes fueron además sus primeros maestros en la escritura y lectura.

La vida militar pronto lo cautivó y con veintidós años ingresó al Batallón San Juan, siendo su jefe el Comandante Lisandro Sánchez.

A fines de 1869 solicitó la baja, atraído por nuevos horizontes, la que le fue concedida por el gobernador Manuel José Zabala. Casi simultáneamente al Teniente Carlos Godoy (luego teniente general de la Nación y glorioso militar), le fue confiada la misión de formar y conducir un grupo que integraría la escolta presidencial del entonces primer mandatario, el ilustre comprovinciano de Saldívar, Domingo Faustino Sarmiento, lo que entusiasmó de nuevo a nuestro Jacinto que se alistó en el cuerpo.

Pasó luego a revistar en el Regimiento Nº 11 de Caballería Gral. Lavalle,

marchando a Buenos Aires, en diciembre de 1869, para formar en la parada militar del 1 de enero de 1870, con la que el Presidente de la República despidió a los batallones de Guardias Nacionales del interior del país que regresaban de la Guerra con el Paraguay.

En marzo de ese año ya revistaba con el grado de Alférez del regimiento citado, el que se encontraba destacado, desde febrero, en el Fuerte Gral. Belgrano (Pillahuincó Grande, hoy partido de Cnel. Pringles) correspondiente a la Frontera Costa Sud.

Era la época en que el Emperador de las Pampas, Calfucurá, reinaba con sus huestes en la llanura pampeana, maloqueando y arreando hacienda para sus toldos.

Así fue que el 14 de junio de 1870 se abalanzó sobre Tres Arroyos saliendo el coronel Julio Campos con sus soldados a repeler la agresión y tratar de recuperar parte del botín, hacia el Fortín Libertad hacia donde se dirigió Calfucurá. En el encuentro, del que participó valientemente Saldívar, pese a contar con una caballada disminuida por las marchas y su estado, Campos y sus hombres lograron rescatar alrededor de 8000 cabezas.

Según su propio relato, que obra en su foja de servicios: “En la invasión mencionada del año 70, los indios malones nos mataron la guarnición del Fortín García y del Fortín Manantiales, salvándose únicamente un teniente Rivero que lo cautivaron los indios”.

Mientras duraron sus servicios en el Fuerte General Belgrano, estuvo de guarnición al frente de 25 Guardias Nacionales “armados con carabinas de pistón” en el Fortín Pillahuincó Chico, levantado en la inmensa soledad de la imponente pampa

Allí permaneció nuestro hombre el resto de 1870 y todo 1871, hasta que en marzo de ese año, junto al regimiento al que pertenecía, avanzó poblando el Sauce Corto, en el Fuerte General San Martín (hoy Coronel Suárez), donde permaneció hasta comienzos de 1874.

En este punto, a Saldívar le correspondió actuar contra los diversos malones que se abatieron en la frontera Sud, Costa Sud y Bahía Blanca, ocupando las márgenes del Sauce Chico, lo que permitió asegurar la zona bahiense.

De este episodio Saldívar comentaba:” Salió el Regimiento, cruzamos la sierra

y tomamos la costa del Sauce Chico abajo. Como a la una de la tarde los chasques de los indios de Pichigüinca nos trajeron el parte de que los indios malones cruzaban el Sauce Chico con un gran arreo con rumbo al norte, los alcanzamos quitándoles la hacienda que llevaban y tomándoles algunos prisioneros. En la nota de felicitación del Gral. Rivas al jefe de la frontera por este hecho, recuerdo que le decía que nosotros habíamos salvado el honor de las armas, puesto que en la Frontera Sud y Bahía Blanca las escasas fuerzas habían sido menos felices que nosotros.”

Calfucurá ya había muerto y los ataques estuvieron a cargo de su sucesor Namuncurá, afectando a la zona del Fuerte General San Martín y Pillahuincó –frontera a cargo de la jefatura del coronel Julián Murga, a la postre suegro de Pedro Duffau, el primer Intendente de Tandil- Saldívar y los soldados de su regimiento-que pelearon bravamente- participaron junto a las columnas del general Rivas del avance hacia el reducto araucano de Salinas Grandes.

Resulta interesante destacar en este punto y en referencia directa a la posterior historia política tandilense, que Duffau y Saldívar se conocieron en 1870 en Pillahuincó, bajo la jefatura del coronel Nicanor Ramos Mexía. Posteriormente Duffau fue designado ayudante del coronel Julián Murga, casándose con una de sus hijas y pidiendo la baja en 1873, residiendo en Carmen de Patagones hasta llegar al Tandil, donde se radicó para dedicarse a las actividades rurales.

En mayo de 1874, Saldívar se trasladó junto a su regimiento a Blanca Grande en la Frontera Sud. Con el grado de Ayudante Mayor Primero, se retiró del servicio activo y luego de diversas alternativas que lo ubican en distintos lugares, recaló en Tandil.

Aquí se reencontró con su compañero de armas Pedro Duffau, compartiendo los postulados del mitrismo local a través de la Unión Cívica que aquí fue el “partido” gobernantes con los primeros Intendentes.

En su vida privada se dedicó a las tareas agropecuarias en la estancia “Los Laureles”, contrayendo matrimonio el 16 de mayo de 1878 con la joven Clementina Melo,- descendiente de pioneros brasileños de la zona de Spirito Santo y también con ascendencia incaica, que llegaron al país (Córdoba) en 1590. El matrimonio tuvo tres hijos: Clementina Natividad, Leonor Nicolasa y Emilio Evangelista Saldívar Melo.

Enviudó en 1900 contrayendo nuevas nupcias con Rosario de la Cuesta, nativa de Benito Juárez, con quien también tuvo varios hijos.

Su labor en Tandil fue reconocida por los vecinos que lo eligieron como concejal primero, presidiendo el H. Concejo Deliberante durante la intendencia de Duffau y luego elegido en 1888 para suceder a su amigo al frente de la Municipalidad, cargo que asumió el 1 de enero de 1889.

Nombró Secretario Municipal al veterano César Prada, luego reemplazado por Francisco Cosentino, en tanto se desempeñaba como presidente del H. Concejo Deliberante don Francisco Almirón.

Saldívar asumía una Comuna encaminada en una serie de obras importantes, entre ellas la del empedrado que tanto le había costado lograr a Duffau y para cuyo control había designado al francés Bernardo Sabatte Laplace, un hombre que tendría una larga y prolífica labor en las futuras administraciones, siempre referidas a las obras públicas.

Ya con cuadras empedradas, se ocupó de reglamentar el tránsito en la zona (parece que nos viene de lejos esta preocupación…) y también el funcionamiento del Mercado de Abasto “La Plata”.

Ordenó asimismo el levantamiento de un plano catastral, así como determinar la existencia de terrenos municipales y proceder a su venta, con excepción del cementerio viejo ( actual Plaza Moreno ) y del cerro ubicado en la chacra de Jaime Larsen ( hoy Parque Independencia) , medidas previsoras de Saldívar que hoy posibilitan que gocemos de esos espacios verdes.

El remate de las tierras citadas estuvo a cargo de Teófilo Scott y el trámite fue aprobado luego en 1891.

El flamante Hospital fue reforzado en su atención con la designación de dos destacados médicos de nuestra historia: José Fuschini y Fernando Peré y poco después con el Dr. Camilo Fernández Gil.

Fue en su mandato en el que se inauguró el Registro Civil, el 15 de setiembre de 1889, acorde con lo dispuesto por la Ley que los creó en el territorio provincial.

Reelegido para otro período de un año, Saldívar enfrentó la difícil situación que aquejaba a la Nación con un de las peores crisis que también se sintió en Tandil. No obstante siguió la obra progresista y contrató la del empedrado con boulevard de la Av. Noreste, que construiría la firma Pini y Maderni, a razón de $ 3,90 el metro cuadrado como máximo, llevando así este adelanto a la barriada que comenzaba a delinearse como “la de la estación” con la mejora de lo que hoy es la Av. Santamarina y posteriormente continuada hasta la actual Av. Colón, tal cual puede apreciarse actualmente pese al paso de los años.

No se desentendió de las poblaciones rurales y al “Centro Agrícola María Ignacia”-origen de la localidad del mismo nombre con su estación Vela- le designó por decreto del 10 de noviembre de 1890, alcalde y teniente alcalde, cargos que recayeron en los vecinos de allí, Rafael Castaño y Ciriaco Pourtalé.

La crisis económica fue haciendo mella en la administración comunal, la que para colmo, en nuestro partido, se vio agravada con inundaciones que perjudicaron mucho la red caminera rural y el estado posterior de las mismas calles del pueblo.

El antiguo integrante de la escolta presidencial y veterano fortinero, tocaba a su fin en su mandato no presentando su candidatura para uno nuevo, por lo cual las elecciones de 1890 consagraron a un nuevo Intendente, el primero nativo de nuestro Tandil: Donato Dufau, al que nos referimos en el Cap. IV del tomo II.

Dufau asumió en diciembre de ese año y Saldívar, luego de permanecer por un tiempo en Tandil, se trasladó con su familia a La Plata donde le había sido ofrecido un cargo en la policía .Allí tuvo una carrera destacada ascendiendo hasta el grado de Comisario Inspector. Vidas paralelas, diríamos parafraseando al gran Plutarco, dado que su amigo y antecesor había tenido similar actuación…

Ya con los albores del siglo XX se retiró a la vida privada en la ciudad de las diagonales y su salud se fue resintiendo de tal manera, que habiendo sido uno de los invitados de honor para las fiestas del centenario de la ciudad, en 1923, no pudo concurrir por esa razón.

Casi a los 83 años, en febrero de 1928 falleció en La Plata, el Intendente que con orgullo dejó escrito que durante su paso por las fronteras”…nunca pedí licencia habiendo permanecido con el Regimiento “

Jacinto Saldívar dejaba así su impronta en la historia de los tandilenses, en los albores de aquellos difíciles días en que el pueblo quería ir tomando forma de ciudad.

Daniel Eduardo Pérez

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL FOLCLORE EN EL TANDIL

EL FOLCLORE EN EL TANDIL

Una breve reseña de sus comienzos

. El origen de la palabra folklore, según la opinión generalizada, puede encontrarse en la expresión inglesa acuñada por el arqueólogo de esa nacionalidad William John Thoms ( 1803-1885) quien la publicó en la revista londinense “Athenaeum” el 22 de agosto de 1846, que en forma abreviada (Folk.-lore) de “The lore of people” podría traducirse como “el saber del pueblo” ( de Folk., pueblo y lore, saber, ciencia), definiendo así conocimientos, usos y costumbres transmitidos de generación en generación, de boca en boca, generalmente en forma anónima.

A raíz de la citada publicación de Thoms, el 22 de agosto se celebra el Día Internacional del Folclore.

Fue con expresiones como la danza y el canto que comenzó a divulgarse el folclore popularmente, en especial en el interior a lo que mucho contribuyó el Festival Nacional de Cosquín, cuya primera edición data de 1961.

En el aspecto folclórico que nos ocupa, fue en la década del ‘50 cuando encontramos los comienzos de un sendero que se fue trazando en forma ininterrumpida hasta nuestros días, con momentos de apogeo y otros de cierto letargo. Ya don Lauro Viana escribía poemas gauchescos que recitaba el entonces famoso Fernando Ochoa y el eximio guitarrista don Abel Fleury interpretaba aquí sus hermosos estilos. .

En 1954 se creó la primera institución con objetivos de difundir el folclore. Nos referimos al Centro de Estudios Folklóricos Curalán, que nucleó a los vecinos interesados en la práctica y la difusión del cancionero y las danzas nativas. Allí, el recordado maestro Sante Salvador fue el que llevó adelante la iniciativa, aunque pese al esfuerzo que demandó y al entusiasmo de sus integrantes, duró poco, aunque abrió el sendero para que fuese recorrido por otros interesados. .

La huella estaba abierta y en ese quehacer, fueron los cantores los que continuaron el recorrido. Así rescatamos a Las Voces del Bosque como el primer conjunto vocal folclórico de Tandil, integrado por Sante Salvador, Juan Carlos Bertolot y Humberto Delorenzo, tarea de difusión a la que se agregaron Moncho Techeiro y el muy joven Carlos Polpadre, así como también la familia Techeiro, que encabezada por la madre, Silvia L. de Techeiro, reunía las voces y la música de sus hijos Graciela, Elvira, Moncho Mingo y Tatú, que se presentaban en aquellas “reuniones o tertulias” del incipiente y pionero folclore local.

Otro conjunto que estuvo entre los primeros fue Los Legüeros, fue un mojón más en esa etapa de los “iniciadores”, donde el joven Néstor Ausqui ya se destacaba con su guitarra.

Al año siguiente amigos del folklore y la tradición dieron origen de lo que luego sería el Museo Histórico y Tradicionalista Fuerte Independencia, , que se reunieron para dar nacimiento a la institución, el 20 de agosto de 1955, con la presidencia de don Carlos de Ferrari Bravo del que dimos cuenta en el ejemplar anterior de la revista.

El entusiasmo pronto los impulsó a llevar adelante la idea de constituir una institución de carácter tradicionalista, la que finalmente y luego de reunirse una buena cantidad de asistentes, se concretó con su creación el 20 de octubre de 1957, la Peña Tradicionalista El Cielito. Entre aquellos fundadores podemos mencionar a: Carlos de Ferrari Bravo (también primer presidente de la entidad) acompañado por varios vecinos inquietos.

Desde 1961 se implantó la enseñanza de danzas nativas, las que estuvieron a cargo del renombrado profesor Juan de los Santos Amores, que viajaba periódicamente a Tandil, hasta el año 1970, las que continuaron posteriormente bajo la dirección de Rosita A. de Barrera y Gladys M. de Franchini, prosiguiendo la Srta. Poli y luego Blanca Rango, Cristina Rivero y María Julia U. de Saracca hasta el año 1981. A partir de allí, asumió como Director de la ya entonces Escuela, Miguel Ángel Rouaux, desempeñándose actualmente como tal. Hoy la Escuela de Danzas cuenta con cientos de alumnos. Por otra parte se formó el cuerpo de baile estable que se presentó por primera vez en 1981, obteniendo la consagración con el premio en Cosquín 1982 , dando nacimiento al Ballet Mayor de la Peña que ganó prestigio nacional.

Dos años después, en 1984, organizó el 1er. Encuentro Folclórico de la Sierra, origen del hoy tradicional y difundido festival..

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En 1959, por su parte, Rodolfo Guidi, Julián Zaganías y otros, con la dirección de Inocencio Moreno, formaron la Agrupación Tradicionalista Huinca Che, que en ese año editó el periódico La Voz de Huinca Che, de vida efímera, pero que fue de las pocas que registra el periodismo en su tipo, en nuestra ciudad.

Sucesores de Las Voces del Bosque y Los Legúeros, Las Voces del Chañar, integrado en 1962 por los hermanos Juan Carlos y Antonio Hemet, Enrique Calvento y Alberto Castel, a quien luego reemplazó Alberto Maschio, conjunto que actuó con gran suceso y grabó su primer disco, con la segunda versión de la zamba Brisas Tandilenses, de don Manuel Thomas, Este conjunto tuvo vigencia hasta 1979.

Paralelamente, en la Sociedad de Fomento Unión y Progreso de Villa Italia, otra entusiasta del folclore, Betty Borja de Rivero, daba nacimiento al cuerpo de baile que se denominó El Bagual-como homenaje al conocido folklorista tucumano Néstor Fuentes, conocido en la danza como “El bagual”.

Tiempo después, la docente Mary Librante creó en 1963 el conjunto-ballet Los Chasquis de la Danza, que hizo época por lo “revolucionario” de su técnica y coreografía de carácter estilizado; Librante fue también la impulsora de los conjuntos El Trébol y Amanecer.

En algunas instituciones arraigadas, como el Club Ferrocarril Sud, se había formado la Peña Andrés Chazarreta, donde Hugo Rodríguez brindaba sus conocimientos a los integrantes del cuerpo de baile.

Por esos años, nació otro conjunto: Los Coshpas (1963-1964) integrado por Pascual Pina, Osvaldo Pereyra, Hugo Irigoyen y Juan Dalera, que con su canto alegraban las reuniones peñeras.

Por su parte en el Club Rivadavia, funcionaba la peña” Gloria, Patria y Tradición”, que bajo la atenta dirección de Amancio Díaz, tenía un cuerpo de baile y realizaba encuentros folclóricos hacia 1964, fecha en la había llegado a Tandil el misionero Julio Espíndola quien pronto se integró al movimiento folclórico con su aporte de la música litoraleña.

Juan de los Santos Amores había ido marcando rumbos, de tal suerte que en 1966, una de sus discípulas, Rosa Amutio de Barrera, logró la creación de la Escuela Municipal de Danzas, que en el comienzo fue dedicada a la enseñanza de Danzas Nativas (hoy es preferentemente Clásica).

Poco después nació otro conjunto de canto folclórico, nos referimos a Tierra Querida, que en 1967, dieron a luz Juan Carlos Quiñones, Carlos Ruffa, Juan Chávez y Ricardo Núñez y luego de retirados estos últimos, con la incorporación de Ramón Caro y Pedro Fuentes, prosiguieron su labor.

También en 1967, surgió un conjunto que hizo época: Sexteto Nuevo. Con los Almada, de Los Güirá Pitá, y junto a Carlos Polpadre del Salón Parroquial a fin de ese año. El grupo debutó en aquellos “Viernes para el Folkloreen septiembre del 68, formado por Raúl Almada, Miguel Almada, Carlos Polpadre, Bautista Oroquieta, Jorge Mereb y Pascual Pina. En lo que puede considerarse un desprendimiento de El Cielito, con Aurelio Sánchez Gavira a la cabeza-que había sido presidente de la mencionada entidad- en 1967 se produjo la creación del Centro Tradicionalista Tandil.

Por esos años también se radicó la profesora Laura Peluffo, de reconocida trayectoria nacional, que dejó una huella honda y creó la Escuela Integral de Folklore.

Una década más tarde nació Tiwanaku, integrado por Osvaldo. Pereyra, Galbassini, Vitteta e Irigoyen, de gran vigencia en los ’80, con versiones refinadas de la música andina. También por la misma época, se incorporó a la actividad folklórica local el conjunto vocal Los de Sierra Alta, integrado por Jorge Palacio, José Eleta, Cayetano Zumpano y Jorge Ütile, de grato recuerdo y fecunda labor.

La labor de Santos Amores con la colaboración de la inquieta y recordada “Mecha”Chanly , se prolongó luego en su Escuela Argentina de Folklore, así como otros enamorados de las danzas folclóricas como José Pepe Loustanau, Ricardo Casal y los hermanos Hernet, trabajaron incansablemente en su difusión, surgiendo conjuntos como Los Lanceros del Huayra, dirigido por Casal, Flor del Cardón, dirigido por Luis Rossi, Los 4 Rumbos., A Poncho y Lanza en Villa Aguirre, con A. Díaz, Los 4 de Tandil, peñas como El Palenque en el ‘80 y también Amaiké, de Ricardo Casal y Virginia Rossi del ‘ 80 a 2004, Anahí Chravú, Antonio J. Hernet, también de Casal; grupos como Añoranzas dirigido por Jorge Larroquet y El Quebracho Ballet, con Javier Casal, que ya después de 2000, mantuvieron encendida la llama.

Hubo intentos valiosos en procura de aunar esfuerzos en el campo del folclore lugareño, que lamentablemente naufragaron. Tal es el caso del que encabezó en 1973, Santiago Librante con la Federación Tandilense de Arte Nacional que duró hasta 1980, lapso en el que se organizó el Festival con certamen competitivo de danza y canto con muy buena respuesta.

Más cerca de nuestros días, el canto encontró en solistas como Carlos Mansilla y en el conjunto Alazanes, tal vez las más destacados, la continuidad de la rica historia folclórica serrana. Finalmente digamos que la creación de la carrera de Profesorado de Danzas Nativas y Folclóricas en el IPAT, en 1987, jerarquizó desde el ambiente académico, los estudios folclóricos y formó sólidamente camadas de jóvenes y adultos..

Estimado lector, esta aproximación muy sintética, necesariamente tiene omisiones a las que el espacio obliga, por lo que nos comprometemos próximamente a ahondarla más.

Daniel Eduardo Pérez