miércoles, 8 de octubre de 2014

ROSAS EN EL TANDIL




ROSAS EN EL TANDIL
TADEA, LA ANTIGUA DUEÑA DE ESTAS TIERRAS

Había transcurrido apenas poco más de un año de la fundación del Fuerte de la Independencia (1823), origen -como todos sabemos- de Tandil, cuando además de complicarse la situación interna, se tensaba la cuestión de la Banda Oriental del Uruguay y la intervención que al respecto tenía el Imperio del Brasil.
Todo ello implicaba seriamente a nuestro país y en forma muy especial a las provincias de la Mesopotamia y a Buenos Aires, sobre todo esta última, que era mirada con apetencia por los brasileños, lo que hacía prever un desenlace bélico a corto plazo.
Gobernaba este territorio el Gral. Juan Gregorio de las Heras, quien había reemplazado precisamente a nuestro fundador, en 1824, y a quien le tocó en suerte tomar las acertadas medidas de ordenar el comienzo de tratativas para acercar a los indígenas del sureste bonaerense, con el objeto de asegurar la frontera interior y simultáneamente evitar que en una posible invasión brasileña, se aliasen para desgracia de los intereses argentinos. Es que el ministro de guerra imperial, había expresado que " La expedición a la Patagonia tiene el fin de quitar a Buenos Aires  el único puerto que le queda  abrir por allí al comercio con los indios pampas, induciéndolos a que renueven los malones  que acostumbraban efectuar en los alrededores de Buenos Aires".
En 1825 la situación se había agravado y fue entonces cuando, tanto desde Buenos Aires como desde la sureña Carmen de Patagones, se ordenaron misiones, por parte del gobierno, para que intentaran concretar paces o treguas a los efectos antes mencionados. Desde el sur fueron comisionados para ello los hermanos Ángel, Fernando y Calixto Oyuela, quienes desembarcaron el 11 de noviembre de ese año, en la zona   que después, en 1828, sería Bahía Blanca. Luego de enviar delegados a las tolderías, alrededor de cuarenta caciques se presentaron para parlamentar. Los Oyuela llevaban instrucciones verbales del Ministro de Guerra  Marcos Balcarce de tratar, al menos, el logro de tres puntos: concretar la paz con un mínimo de doce caciques, devolver las tierras del Tandil (sin tocar el Fuerte Independencia) y llevar a Buenos Aires al famoso cacique Chanil.
Tras prolongados encuentros y esperas, el 13 de diciembre los reticentes caciques aceptaron la propuesta, que en una extralimitación de los Oyuela y ante la exigencia indígena, habían prometido el levantamiento del Fuerte tandilense. De esa manera los caciques más importantes de la zona, entre los que se encontraban el ya mencionado Chanil, Pichiloncoy, Tetrué, Trenan y otros, se comprometían a mantener en paz todo el  sur de la provincia.
De acuerdo a lo pactado, Ángel Oyuela partió a Buenos Aires con el cacique Chanil y 17 representantes más, mientras quedaba como rehén o prenda de paz en manos indias, Calixto Oyuela.
Las Heras continuaba preocupado por lograr tratados  con todos porque temía- en caso de conflicto armado directo con Brasil- tener que asumir dos frentes, contra Brasil por un lado y con los indios en malón en el sur provincial por el otro, con el peligro ya relatado de que éstos se aliasen a los imperiales y en Patagones se tuvieran graves dificultades.
Paralelamente a las gestiones de los Oyuela, se enviaba a Juan Manuel de Rosas un oficio por el que se le encomendaba "…establecer paces sólidas y duraderas con los indios fronterizos...". El gobierno, luego de la aceptación de Rosas, entregó instrucciones para asegurar la línea de frontera que corría desde la costa marplatense, por el actual Balcarce y el Fuerte del Tandil, hasta llegar a Tapalqué y Mercedes.
Entre lo que Rosas podía ofrecer estaba la devolución de los prisioneros indios, que serían intercambiados por cautivas blancas y ayuda o pago, para aliviar las condiciones en que vivían en las tolderías.
Dando comienzo a lo solicitado, Rosas envió desde su estancia "Los Cerrillos·" a indios amigos que allí vivían para sondear la disposición de los principales caciques para reunirse, constatando con ello que había gran desconfianza y poca credibilidad, luego de las experiencias que tuvieran en el gobierno de Martín Rodríguez y además porque  la línea de frontera que ahora se intentaba, no respetaba la demolición del Fuerte Independencia que, en su exceso ya señalado, los hermanos Oyuela habían comprometido.
Considerando lo delicado de la situación, Rosas envió a su lenguaraz Manuel Baldebenito para convencer a los caciques de la importancia de la palabra que Rosas- muy respetado entre la indiada- daría sobre lo que se lograra en materia de paz, pero dejando en claro que nunca el gobierno oficialmente había prometido demoler el Fuerte del Tandil, dando las razones por las cuales esto no era posible.
Aquí jugó un papel muy importante, según lo relata el propio Rosas, la india Tadea, mujer de enorme prestigio entre los pampas y que además era considerada como la heredera legítima de las tierras del Tandil. Su palabra de gran ascendiente, ayudó extraordinariamente en la tarea conciliadora, tal como se desprende del reconocimiento explícito de Rosas, logrando finalmente el consentimiento para reunirse y tratar las paces y la demarcación de la línea de frontera  en la fecha en que se conviniese. Escasas referencias más se encuentran de esta legendaria mujer…
Por su parte, la comisión que había designado el gobierno para acompañar a Rosas en este cometido, fue integrada además por el coronel de coraceros Juan Galo Lavalle y el ingeniero Felipe Senillosa, además de oficiales de relevancia, tal el caso del comandante Andrés Morel, del sargento mayor Narciso del Valle, además de su amigo, el hacendado Pedro Burgos- a la postre fundador de Azul- con tropa, víveres, enseres y ganado.
Ya dispuestas todas las medidas para efectivizar la misión, cada jefe reunió a sus hombres y luego de distintas marchas, se pusieron rumbo a la laguna del Durazno donde finalmente se encontraron los principales responsables de la misma.
El primer trabajo fue relevar la citada laguna luego de lo cual se abrieron las columnas para los reconocimientos: Lavalle y Senillosa, la zona próxima a la costa y la zona de Mar Chiquita y Rosas, las sierras del Volcán (Balcarce). Las tareas fueron intensas y luego de recorrer palmo a palmo la zona, las columnas acordaron reunirse  en la zona de Laguna de los Padres, lugar en la que habían estado los padres jesuitas, en 1740, dejando allí las ruinas de sus reducciones.
Ya reunidos, decidieron la elección del lugar adecuado para levantar un fortín, en la zona próxima a la citada laguna, por considerarla apta para ello, lo que finalmente no se concretó.
A partir de allí, la misión se dividió en dos columnas nuevamente, la principal al mando de Rosas y la otra de Lavalle, recorriendo exhaustivamente la zona entre el Volcán (Balcarce) y Tandil , mientras se preparaba el encuentro convenido en el Tandil, con los principales caciques con los que se había consensuado la reunión, entre ellos el ya mencionado Chanil.
Rosas, en su Memoria al gobierno central, señala que la línea se tiraría  en presencia de los indios "...a cuyo efecto vendrían para el día  que señalásemos y que pasarían por todos los artículos  de las instrucciones de mi comisión siempre que se les garantice  de la buena fe del gobierno  en su cumplimiento..."
Por entonces era Comandante del Fuerte Independencia del Tandil, el sargento mayor Bruno Vázquez, fue quien recibió y dio albergue a Rosas, Lavalle y Senillosa cuando, en el último día de 1825, llegaron finalmente para cumplir con la misión  encomendada.
Rosas describiría en la Memoria su impresión del Fuerte tandilense, diciendo:"El Fuerte del Tandil está situado en un bajo dominado por las alturas que tiene  a los costados SO y SE. La fortificación es bastante buena  por lo respectivo a la construcción, mas su forma no es la más ventajosa, porque es de mucho  perímetro por la área que encierra. La mayor parte del vecindario  está situado al NO  y consta de 4 pulperos y 7 familias.
"Estas familias son pertenecientes a la guarnición  que consta de 100 cazadores, 22 artilleros y 30 blandengues".
En las proximidades de este lugar es que se llevó a cabo, durante la estancia por tres días de Rosas en el Tandil, la reunión para la paz y la delimitación, a lo que no se llegó tan fácilmente por la decisión de Rosas, ya expuesta, de mantener el  Fuerte y la inseguridad, prevaleciente entre de los indios, que el gobierno cumpliera con lo pactado.
Si embargo  y según lo expresa el mismo Rosas, los indios "... hicieron alguna oposición, pero al fin cedieron y la línea se tiró y se marcó  a la perfección con grandes mojones de césped...".
Los objetivos de la misión Rosas- Lavalle- Senillosa, fueron logrados, a saber: obtener un mayor y mejor conocimiento de la región sudeste de la provincia, señalar lugares aptos para erigir fortines en el futuro, demarcar una línea en presencia de los caciques, asegurar transitoriamente la paz y obtener una experiencia para futuras operaciones  de Rosas y Senillosa.
Luego de partir del Tandil, la misión reconoció las nacientes de los arroyos Chapaleofú ,  Los Huesos,  Azul y  Tapalqué, dividiéndose las columnas y regresando la de Lavalle a Kakel Huincul, arribando la de Juan Manuel de Rosas a Buenos Aires el 16 de enero de 1826, pese a que casi debe volver sobre sus pasos porque, ya en "Los Cerrillos", fue requerido por el gobierno ante el retorno del cacique Chanil al Tandil dado que era quien traía el mandato del resto de los caciques pampas y tehuelches, de aceptar lo pactado siempre y cuando se asegurase el mantenimiento de la palabra.
Rosas no tuvo que retornar porque el tema fue delegado y solucionado y don Juan Manuel se quedó en Buenos Aires cuando, por su parte, Bernardino Rivadavia asumía la Presidencia de la Nación, ante la decisión tomada por el Congreso Constituyente, que luego determinaría la redacción de la Constitución de ese año, comenzando una etapa histórica muy especial en la que no estuvo ausente la guerra con el Brasil, preanunciada desde mucho antes y donde se destacaron hombres de la talla de Brown  y otros menos conocidos como el gaucho José Luis Molina- que había sido amigo de Ramos Mexía en la estancia Miraflores- y que junto a hombres del lugar y algunos indios habían defendido ardorosamente, y con triunfo, Carmen de Patagones, ante el intento de invasión frustrada por su valiente  acción, a la que contribuyó también, de alguna manera, la paz que se había logrado en la misión al Tandil de Rosas y en la que el Fuerte sería nuevamente protagonista, al recibir , ya bajo la comandancia de Ramón Estomba, a prisioneros brasileños que  fueron alojados, como se pudo, en el Fuerte  Independencia, tema que desarrollamos en otro capítulo.
En éste, quisimos brindar a nuestros lectores esta pequeña, pero a la par gran historia que pudo cambiar los destinos del actual Tandil por obra y gracia de los tres hermanos Oyuela, que casi cometen un desatino y del que Juan Manuel de Rosas y la intervención de la casi desconocida india Tadea, considerada la antigua dueña de estas tierras-al decir de Rosas-lograron salvarnos.
Tandil entonces está en deuda con ellos, especialmente con Rosas, Lavalle y Senillosa (pese a los nombres que fueron impuestos a alguna calle y a escuelas) y también con la benevolencia de Chanil y la postura de Tadea  la "antigua dueña de las tierras".

Daniel Eduardo Pérez                                                                               


lunes, 8 de septiembre de 2014

EL CASTILLO DE EGAÑA




HISTORIA, MAGNIFICENCIA Y MISTERIO…
EL CASTILLO DE EGAÑA

La Historia de Tandil y la región nos suele deparar páginas poco conocidas y que poseen el mágico atractivo de lo misterioso y legendario. Tal es el caso del denominado “Castillo de Egaña”.
Apenas habían  transcurrido un par de años de fundado el Fuerte de la Independencia, cuando las feraces tierras de la zona comenzaron a ser entregadas en enfiteusis. Hacia 1825, en época de Rivadavia, el general Eustoquio Díaz Vélez, protagonista del proceso revolucionario iniciado en mayo de 1810, obtuvo en enfiteusis algo más de 17 leguas en la zona del Fuerte Independencia, hoy Tandil. Poco después, sumó 20 leguas más, dando origen a una inmensa estancia, a la que en honor a su esposa, Carmen Guerrero y Obarrio, bautizó con el nombre de “El Carmen”.
Díaz Vélez había nacido en Buenos Aires en 1790. De joven se dedicó al comercio, actuando contra las invasiones inglesas y posteriormente participando en las luchas por la Independencia, en Suipacha, luego en Huaqui y bajo el mando del Gral. Belgrano en Tucumán y Salta, así como en Vilcapugio y Ayohuma.
En 1814 fue designado teniente Gobernador de Santa Fe. Desempeñó otros cargos hasta que en 1818, fue designado gobernador interino de Buenos Aires en reemplazo de Balcarce. Alcanzó el grado de general y se retiró a la vida privada.
Entre los ganaderos del sur de la provincia se gestaba, en 1839, un levantamiento contra Rosas que contaba con el apoyo de Lavalle. Tandil tendría un papel especialmente importante, por cuanto nuestro personaje, uno de los más prominentes hombres del alzamiento y candidato a suceder a Rosas, era el dueño-como quedó citado- de "El Carmen", epicentro local de la “Revolución de Los Libres de Sur".   
Concretado el levantamiento y derrotado sangrientamente el 7 de noviembre de 1839 en la batalla de Chascomús, Tandil participó tardíamente-las noticias de la derrota no habían llegado- cuando previa intervención de Díaz Vélez ante el comandante del Fuerte, Pablo Muñoz, para evitar derramamiento de sangre, el grupo revolucionario local comandado por los capitanes Sotelo y Valdez se apoderaron del Fuerte de la Independencia en la madrugada del 10 de noviembre, haciendo prisionero a Muñoz que fue enviado  hasta Corrientes, donde luego de ordenarse su ejecución, se suspendió por pedido especial de Martínez Castro, uno de los "cerebros" del levantamiento de Dolores.
Tras su derrota, fue encarcelado y luego liberado en mérito a su trayectoria como guerrero de la Independencia. Detenido en Corrientes por un tiempo, sus bienes fueron confiscados y luego de liberado, emigró a Montevideo. Después de Caseros regresó, recuperando sus bienes y falleció el 1 de abril de 1856.
La estancia “El Carmen”, de casi 38 leguas originales, fue fraccionada. La faja sureña quedó para Manuela Díaz Vélez casada con Pedro Egaña. En estos campos, que lindan con el partido de Tandil, está marcado un puesto llamado "San Francisco". Sus vecinos eran los Miguens, con varias estancias y un almacén rural y también Ramón Santamarina, con su estancia "Los Angeles”. La faja central fue de Eustoquio Díaz Vélez (h), campo en el que está la laguna Un Durazno , con un puesto cerca del arroyo Langueyú, señalado como de Ana Sagasti, deformación del apellido Anasagasti,  un vecino de la época, cuya descendencia poseía importantes campos en la zona. La faja del lado norte del campo quedó para Carmen Díaz de Cano. Lindando con la fracción anterior, donde está marcada la primitiva población de la estancia "El Carmen", muy cerca de la pulpería del mismo nombre. En las inmediaciones está la posta "Las Ruinas". Toda esta antigua población junto al arroyo Langueyú. En este mismo campo está Once Duraznos y cerca de ella, el terreno de cuatro leguas, destinado al pueblo de Rauch-nos anoticia Guzmán.
Luego de 1839 y la Revolución del Sud, Rosas dividió territorio creando nuevos partidos. Antes de esa fecha, sólo estaban al sur del Salado, los partidos de Dolores y Tandil, ambos castigados en sendas subdivisiones por su intervención en la revuelta.
Eustoquio Díaz Vélez (h) casado con  su sobrina Josefa Cano, hija de su hermana Carmen, tuvo a su vez, dos hijos varones, Carlos y Eustoquio. En sus respectivas heredades situadas en el pago de Chapaleofú, Carlos formó la estancia "Un Durazno" y Euqenio., la "San Francisco”..
Luego de su muerte, sus hijos Carmen, Manuela y Eustoquio (h), hicieron efectiva la propiedad de las tierras y, tras la sucesión, el varón se quedó con la estancia, manteniendo su antigua denominación. Eustoquio Díaz Vélez (h) acrecentó la fortuna a lo largo de su vida, y, cuando finalmente falleció en 1910, la estancia “El Carmen” se dividió entre sus dos hijos varones: Carlos, que era ingeniero, y Eugenio, arquitecto. También sus cuatro nietas recibieron una fracción del campo.
Eugenio, el arquitecto, levantó sobre la tierra heredada, el casco de la estancia San Francisco, muy cercano a la estación  Egaña, por donde pasaba el tren desde 1891. Así es como nació el famoso castillo protagonista de nuestra historia de hoy.
Al edificio lo proyectó siguiendo un estilo europeo ecléctico y trasladó desde Buenos Aires y Europa-como era común- la mayor parte de los materiales de construcción. Los trabajadores fueron contratados en Bs. As. y enviados al sitio de la obra; que se prolongó desde 1918 hasta 1930. A lo largo de esos doce años, el castillo experimentó ampliaciones, mejoras y una magnífica decoración.
Cuando Eugenio murió, el 20 de mayo de 1930, “San Francisco” fue heredada por su hija mayor, María Eugenia, quien arrendó las tierras, administradas por la Casa Bullrich y Cia.
La viuda y sus dos únicas hijas, Eugenia y Josefina, no quisieron volver más a la estancia y la casa-castillo quedó abandonada. “Poco a poco, el monte avanzó hacia los altos paredones, las ramas se extendieron hasta tocar las ventanas y sombrear los bordes de los techos grises. Mientras las palomas hacían nidos en sus huecos, algunas raíces levantaban las baldosas , en tanto las puertas,estaban más selladas que cerradas
Al ser humano le atraen moradas abandonadas, sospechosas de contener memorias, novelescos aconteceres y esta casa llenó, en la imaginación lugareña, la necesidad humana de fabular en torno a los enigmas”-apunta Guzmán.
Durante la presidencia de Arturo Frondizi  el Estado se interesó  en estas tierras y la expropiación cortó implacablemente la extensa heredad de la descendencia de Carlos y Eugenio Díaz Vélez. Fue en 1958, en la gobernación de Oscar Alende, que la inmensa propiedad fue expropiada por la provincia, por leyes de diciembre de 1958 y  marzo de 1960. De este modo, antiguos arrendatarios se convirtieron en propietarios de las tierras que antes alquilaban, apoyados por créditos del Banco de la Provincia -nos dice  Soto Roland.
Los descendientes coinciden en afirmar que, desde entonces, se inició la lenta y persistente decadencia de la estancia y su fabuloso edificio
El Ministerio de Asuntos Agrarios creó allí la colonia Langueyú, dentro de la cual quedó gran parte de la estancia San Francisco y su reputado casco. Más tarde, la estancia se subdividió y adjudicó en lotes a los colonos, en tanto el mobiliario, equipos de trabajo y demás enseres del edificio, fueron subastados y  en algunos casos saqueados.
El paso del tiempo y la desatención hicieron que el castillo comenzara a sufrir el deterioro. Finalmente, en 1965, el gobernador Anselmo Marini lo transfirió al Consejo General de la Minoridad  con la intención de convertirlo en un hogar/granja que, terminó convertido en un reformatorio, alojando a jóvenes con problemas de conducta.
Hacia mediados de los ’70, y tras un asesinato que comprometió a uno de los internos, los menores fueron reubicados y el castillo quedó, una vez más, deshabitado y abandonado.
Con 77 habitaciones, 14 baños, 2 cocheras, galerías, patios, talleres, un mirador y varios balcones, el castillo de Egaña es el escenario ideal para el imaginario más frondoso.
Protegido por la inmensidad de la pampa, rodeado por leguas de terreno llano, el castillo de Egaña , con su monte circundante, semeja una isla de exuberante verdor. De lejos, la tupida arboleda que lo contiene en su seno mantiene al edificio fuera del campo visual de los ocasionales viajeros; lo que antaño fuera un parque prolijo, un espacio para el solaz y el esparcimiento, se ha convertido en un matorral. Las ramas, con sus millones de hojas, las malas hierbas, los yuyos y plantas trepadoras empezaron a abrazar al castillo; y sus paredes se rajan, los techos se desmoronan y las rejas se oxidan con la humedad, dándole una apariencia lúgubre, muy propicia para que la imaginación lo pueble de entidades tan extrañas como inmateriales.
Desde un punto de vista simbólico, una de las maneras en que puede presentarse es la de una mansión de monstruos y alquimistas, habitado por caballeros oscuros y fantasmas, en esta acepción, el castillo adquiere el significado de puerta, de pasaje, de acceso al otro mundo; especialmente cuando está abandonado, como en el caso del castillo de Egaña.
No es entonces para asombrarse que en torno al castillo en ruinas de Egaña, circulen algunas historias que hacen referencia a “misteriosas apariciones espectrales” en el lugar.
Según dicen, en el viejo casco de la estancia San Francisco, suelen escucharse ruidos extraños, pasos y lastimeros sollozos que espantan a los siempre anónimos testigos que arriesgan pasar por las ruinas. Naturalmente, esta “actividad paranormal” (como les gusta llamarla a los “especialistas”) siempre afecta a personas difíciles de encontrar, testigos ausentes y nunca directos. Si seguimos las habladurías, el espectro que ronda en el castillo parecería no ser otro que el de su antiguo propietario y constructor, el arquitecto Eugenio Díaz Vélez.
Según  una de las leyendas que circulan, un accidente fatal sería el responsable del encantamiento del castillo de Egaña. Cuentan que en el día de la inauguración, con la fiesta preparada y todas las mesas puestas para celebrar el acontecimiento, los invitados empezaron a ponerse ansiosos por el retraso de dueño de casa; su hija y heredera universal los calmó diciéndoles que estaba en camino desde Buenos Aires y que llegaría de un momento a otro. Pocas horas más tarde, y frente a las insistentes preguntas de parientes y amigos, la joven mujer fue informada que don Eugenio se había matado en la ruta en un accidente.
El desconsuelo fue absoluto y la fiesta se suspendió, convirtiéndose la inauguración  en velorio. Los comensales abandonaron la estancia y la heredera hizo lo propio para no volver nunca más. A partir de ese día de 1930, el edificio permaneció cerrado durante tres décadas, sufriendo el deterioro y el saqueo.
En principio esa sería la historia que “explicaría” la actividad fantasmal en el castillo, pero hay un inconveniente: el relato es producto de la  imaginación colectiva. Nunca hubo fiesta de inauguración, ni mesas abandonadas con el servicio listo, menos aún invitados y, por sobre todas las cosas, tampoco existió el accidente en la ruta. Eugenio Díaz Vélez murió en Buenos Aires en su palacio de avenida Montes de Oca, en Barracas. Nunca hubo viaje, ni choque, ni muerte violenta-señala Soto Roland.
Cuenta otra leyenda, que el castillo estaría “maldito”, por una “venganza espectral” que ha caído sobre el edificio y los responsables son los errantes espíritus de los indios pampa, muertos en el siglo XIX durante las campañas del fundador de Tandil, Martín Rodríguez .La “venganza india del más allá”, un clásico en el imaginario americano, se convierte en una denuncia.
Los lugares encantados o embrujados tienen-o deben tener-en su acervo algún hecho traumático, y, si se puede ser un asesinato mejor, y el castillo de Egaña lo tiene, porque fue escenario de un hecho que se llevó la vida de un hombre joven. A diferencia del imaginario accidente  de don Eugenio, el hecho ocurrió el 14 de mayo de 1974. Poco antes de mediados de la década de los ’70, cuando el castillo funcionaba como reformatorio de menores, Eduardo Daniel Burg que trabajaba para el ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia, fue enviado a administrarlo.  Según relata la hija de Burg, a la sazón una niña, en el castillo había un muchacho ya mayor al que Eduardo tuvo que pedirle, que se volviera a su casa, porque por su edad ya no podía permanecer allí. Comenta que acompañó al chico hasta el tren, pero el muchacho no se marchó. Se quedó rondando por la zona, masticando odio; y el 14 de mayo de 1974, mientras Burg volvía a su casa desde el castillo, lo esperó a la vera del camino y lo mató de ocho tiros. Después se subió al auto en el que Burg viajaba y se fue. Finalmente, un hecho de sangre cercano al castillo  queda confirmado, alentando al imaginario popular.
En febrero de 2014 un equipo de Crónica  se llegó hasta el castillo con el objeto de estudiar esos posibles fenómenos extraños que luego Jorge Fernández Gentile relató. Crónica Fenómenos Paranormales comenzó a idear en 2013.el proyecto, y el sábado 8 de febrero, la fecha  elegida, se comenzó a concretar el desafío, que requirió de una gran infraestructura y de varios estudiosos del tema, además de equipos de avanzada tecnología para encarar el análisis.
La investigación se inició después de las dos de la madrugada del domingo, con el equipo ya preparado, se hizo una recorrida por el interior del castillo para efectuar mediciones, reconocer y marcar varios lugares bastante peligrosos de transitar en la oscuridad,  Se utilizaron grabadores digitales, cámaras de fotos, medidores de temperatura, sensores de movimiento y luz, sensores de movimiento con alarma sonora, cámara de video con infrarrojos, linternas, medidores de campos electromagnéticos y un péndulo de cuarzo con un atril para ver si se percibía actividad y mostraba algún movimiento ondulatorio, Al comenzar a destellar sus luces. López, jefe del grupo, le pidió que se detuviera y así lo hizo. Entonces comenzó una conversación que duró cerca de veinte minutos., se le consultó a la entidad si era un niño, pero contestó que no al detener sus luces totalmente. En cambio, a la pregunta de si había sido el “cuidador “que había muerto cerca del lugar (Eduardo Daniel Burg, quien fuera director), dio un rotundo sí. Las luces, se encendieron a pleno cuando se le preguntó si estaba contento  que su hijo Daniel  junto a Maribel García y otras personas lucharan por conservar el lugar. Sin embargo en esos momentos, mientras las luces se detenían y todo era filmado por dos cámaras, una -la que portaba López- se apagó sin explicación, mientras que, por detrás del camarógrafo Nicolás, López alcanzó a divisar nítidamente la figura de un niño que se movía cerca de la puerta.  Los resultados definitivos de lo realizado, que incluye evaluar miles de fotografías, imágenes, audios y demás elementos, darán un resultado más acabado, aunque algo es seguro: el castillo de Egaña todavía tiene habitantes y algunos de ellos aún quieren brillar.
Imponente en medio de la nada, el castillo de Egaña es únicamente una sombra, aún digna, de lo que supo ser. Mudo y silencioso, carente de humanos. Lúgubre y misterioso. Atrapante. Seductor por donde se lo mire. Sus múltiples ventanas se abren en todas direcciones. Receptáculo de suciedad, óxido y manchas de humedad. Sólo los mosaicos de los pisos, que cambian de diseños en cada dependencia, conservan algo del color original. Hasta sus rincones menos importantes sobresalen por la calidad y belleza de su factura. El impulso de muerte se sobreimprime y triunfa sobre el impulso de vida. Norma generalizada en todos los sitios abandonados. Y el castillo de los Díaz Vélez no es la excepción a la regla-comenta Soto Roland.
Hoy, un grupo de vecinos a través de una ONG, intenta recuperar este tesoro, que es el Castillo de Egaña, que en completa situación de abandono, requiere su restauración para devolverlo a la comunidad y al público en general, como un espacio con aspiraciones a consolidarse como un Centro Cultural.  Se necesitará de un esfuerzo grande para que una empresa se encargue de la completa reparación del Castillo y de sus espacios verdes. Sería un gran aporte histórico-cultural.

Bibliografía básica usada: Guzmán, Yuyú: “El país de las estancias”. Tandil, 1983.
Por la reconstrucción del CASTILLO DE EGAÑA: en https://m.facebook.com/?_rdr#!/groups/264906174878?view=info&ref=bookmark , este link corresponde al grupo que se está encargando de su puesta en valor.
Soto Roland, Fernando Jorge: “El Castillo de Egaña, historia y ficción”, en  http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/soto_fernando/el_castillo_de_egana.htm

jueves, 28 de agosto de 2014

LA LLEGADA DEL FFCC AL TANDIL



CUANDO EL  FFCC LLEGÓ A TANDIL

La década del ’80 del siglo XIX significó para el país una etapa de transformaciones que con sus hombres de la política y el pensamiento, conformaron la llamada “generación del ‘80”, donde la figura de Julio A. Roca en la Nación y Dardo Rocha en la provincia, nos legó-entre otras cosas- la ciudad de La Plata a la postre capital de la provincia con la federalización de la ciudad de Buenos Aires.
No fue ajeno al programa de gobierno el mejoramiento de los medios de transporte, especialmente por la explotación agropecuaria, aunque la gestación de la  red ferroviaria argentina comenzó antes, en 1855, al firmarse diferentes contratos entre empresas inglesas y el Estado, con el fin de instalar ferrocarriles.. Dos años después, en 1857, se inauguró la primera línea férrea, que en un principio pertenecía a la Sociedad Camino de Hierro del Ferrocarril Oeste y que contaba con el financiamiento de la provincia, que en aquel entonces formaba un estado independiente de la Confederación. El tramo de la vía inicialmente medía 9,8 km, y unía la estación Del Parque, (ubicada donde actualmente está el Teatro Colón), y la estación Floresta. Este ramal marcó el inicio del Ferrocarril Oeste, antecesor del Ferrocarril Sarmiento.
En agosto de 1861, Edward Lumb solicitó la concesión de una línea desde el Mercado de Constitución hasta Chascomús, proyecto que en la sesión del 12 de marzo de 1862, la Cámara de Diputados  recibió favorablemente, autorizando la Legislatura bonaerense al P.E., a cuyo frente estaba el Gral. Mitre, por ley del 27 de mayo de 1862, la firma de un contrato con Lumb, el que fue formalizado el 12 de junio de 1862, con la obligación de extender posteriormente las vías hasta Dolores. Superados inconvenientes varios y sobre las bases del nuevo contrato, que ordenaba la prolongación de la línea hasta Dolores y también un ramal a Azul, las obras del Gran Ferrocarril al Sud de Buenos Aires- Ferrocarril al Sud, antecesor del Roca-comenzaron en 1864 y en el mismo año se alcanzó Chascomús.
Para 1870 ya existían 722 km de vías. Durante esta etapa comenzó el desarrollo, del Ferrocarril Oeste y de los ferrocarriles Sur, Central Argentino y Andino, antecesor del San Martín. Finalmente en 1872 se extendió la línea hasta Dolores y comenzó el tendido de ramales secundarios hacia las localidades de Las Flores, Tandil y Azul y de  Dolores a Ayacucho llegando a esta última en diciembre de 1880. El tren estaba más cerca…
En Tandil, para esa fecha, vio la luz un periódico dirigido por el emblemático Dr. Eduardo Fidanza, (destacado médico, que era el Juez de Paz), quien lo editó con el nombre de El Ferro-Carril, con el único propósito de bregar por la llegada de este transporte a la ciudad.
Para la época, el 90% de los ferrocarriles se encontraban en la zona pampeana y transportaban más de 3 millones de pasajeros y cerca de un millón de toneladas de carga, perteneciendo la gran mayoría a las líneas trazadas en la región citada.
Era el momento que Fidanza entrevió para apurar gestiones y así los representantes de la empresa inglesa, Frank Parish y C. O. Barker, presidente y secretario respectivamente del Directorio y el Gobernador de Buenos Aires, Dardo Rocha, se comprometieron a construir la prolongación de la línea desde Azul hasta Bahía Blanca y desde Ayacucho hasta Tandil, firmándose un contrato, el 19 de octubre de 1881 en el que se establecía que los rieles debían llegar a Tandil dentro de los tres años siguientes, siendo éste el primer documento que se refiere a este histórico hecho  para el desarrollo tandilense.
La prolongación de la línea desde Ayacucho comenzó a mediados de 1882. En aquellos años se iba formando el terraplén, primero a pico y pala con el consabido esfuerzo de centenares de obreros, o el desmonte para nivelar el terreno, al mismo tiempo que se construían las alcantarillas y estribos de puentes. Sobre la obra concluida se tendían los rieles al tiempo que el tren de obra avanzaba para acercar durmientes, rieles y allí donde fuera necesario, los tramos de los puentes, señala Marcelo Arcas.
El domingo 24 de septiembre de 1882, El Eco de Tandil informaba acerca del ferrocarril, que: “Los trabajos de la línea de Ayacucho continúan adelantándose con bastante rapidez. Hay concluidos veinte kilómetros de terraplenes, y el empresario de las obras presume llegar al pueblo en el término de tres meses; ahora se hallan cerca de la Posta del Medio”.
Las vías fueron avanzando hasta llegar primero a Cangallo y luego a Iraola, las estaciones previas para llegar a Tandil.
El mismo día un aviso publicado daba cuenta que la empresa solicitaba trabajadores, aclarando el periódico que: “...hasta el presente trabajan más de cuatrocientos hombres, pero este número desean elevarlo de 600 a 700, agregando que con respecto a los pequeños disturbios o incidentes entre los trabajadores, de que se ocupó la prensa en general, según datos suministrados por  personas de entera confianza, han desaparecido y continúan todos satisfechos.”
Ya en 1883, en su edición del domingo 14 de enero, El Eco de Tandil decía: “En dos o tres meses más y el silbido de la locomotora nos anunciará entre el vapor y el humo de sus calderas y de sus hornallas la noticia de la llegada del mensajero obligado del siglo XIX a nuestros hermosos valles. En algunos días, veremos concretado unos de los más vehementes deseos de los que anhelamos el progreso de este Partido. La locomotora con sus pies de aceros y entrañas de fuego nos sacará de nuestro aislamiento, y nos colocará en comunicación directa con los centros ilustrados del trabajo y el saber. Pronto tendremos el poderoso ferrocarril. Todo nos invita a creer, que la línea férrea nos traerá oportunidades y ventajas que puedan darle desarrollo e importancia a nuestro pueblo, un centro de la importancia como el nuestro, que pretende ser un punto de referencia para disfrutar de un territorio privilegiado, sobre todo por las bellezas de su de su geografía”.
El domingo 4 de febrero, el mismo periódico informaba que” los terraplenes de la línea llegan casi hasta donde se construirá la estación, las alcantarillas siguen también muy adelantadas y la locomotora avanza unos veinticinco a treinta kilómetros de Ayacucho” y el jueves 22  da cuenta “que como consecuencia de algunas diferencias nacidas con respecto  al valor de las propiedades elegidas para la Estación del Ferrocarril, la Empresa de la línea férrea se ha presentado al Gobierno pidiendo proceda a la expropiación con arreglo a la ley de la materia. Para el efecto ha acompañado el recibo del depósito de 150.000 pesos hecho para el pago de esta expropiación, que se lleva a cabo sobre una fracción de la quinta que posee Don Mari Blas Dhers, en el lugar elegido.  Por este terreno ubicado entre las actuales Avenidas Colón y Del Valle y las calles Machado y 11 de Septiembre, la empresa pagó finalmente, $ 200.000 m/c.”
El miércoles 14 de marzo comenzó la construcción del edificio de la estación, que es el actual, con modificaciones y ampliaciones, y cuyo constructor fue Justino Sabaría, sobre la base de los mismos planos de la estación que ese año se erigió en Bahía Blanca.
Once días después, una fuerte tormenta eléctrica produjo en el campamento de la obra, levantado junto al terraplén a la altura del campo de Miguens, un accidente con fatales consecuencias. Esa noche a las 22,30  cayó un rayo sobre una de las carpas donde dormían trece operarios, causando una terrible conmoción tras la cual se constató la muerte de un trabajador y heridas graves a otros tres o cuatro atendidos el lunes en el Asilo San Juan, donde se recuperaron satisfactoriamente.
Al mes siguiente, el domingo 29 de abril, El Eco de Tandil anunciaba que “debido a estar completada la enrieladura hasta las inmediaciones del Circo de Carreras, actual predio del hipódromo, la locomotora del tren de obra llegaría hasta allí a las 2 o 3 de la tarde, invitando a los que quieran dar un paseo agradable y saludar al mensajero del progreso, que se lleguen a contemplarla, lo que se convertiría en una interesante propuesta, considerando que hasta entonces la mayoría de los tandilenses no habían visto una locomotora en su vida y era ésta una buena ocasión”.
El 2 de mayo el presidente del Concejo Deliberante informó, en la sesión del día, que tenía noticias que el domingo siguiente llegaría por primera vez a Tandil la locomotora del tren que realiza las obras de construcción de la línea y por tal motivo sugirió agasajar a ingenieros y obreros del ferrocarril con un asado. La moción se aprobó y el homenaje se realizó con la presencia de una numerosa y entusiasta concurrencia. Allí el Dr. Fidanza, en un discurso muy aplaudido, resaltó el significado para Tandil de este logro, cerrando su alocución con un God save the progress.
Concluida la fiesta el Dr. Fidanza dirigió un telegrama al Dr. Rocha, dando cuenta de la llegada de la locomotora, al que el gobernador contestó con el siguiente texto:
La Plata Mayo 6.
Al Dr. D. Eduardo Fidanza, Juez de Paz del Tandil.
Oficial:- Acabo de recibir su telegrama que agradezco.- Me felicito que el ferrocarril haya llegado al Tandil por cuyo progreso he tenido siempre el más vivo interés.
Salúdale atentamente.
Dardo Rocha.
Aquel 6 de mayo de 1883 llegó por primera vez, aunque precariamente, un tren a Tandil. El servicio público debería esperar aún tres meses para su habilitación provisoria. El invierno de 1883 fue particularmente lluvioso en el  sudeste provincial, los caminos anegados impedían el normal tránsito de carretas y galeras entre Tandil y Ayacucho, retrayendo el comercio y haciendo escasear, en esta ciudad, los más elementales insumos. Por ello, ni bien llegados los rieles, la Municipalidad se dirigió al gobierno provincial solicitando que se permita a la empresa ferroviaria comenzar el servicio de cargas y aliviar esta emergencia, ya que el comercio de Tandil, hacía mes o mes y medio que tenía almacenadas sus cargas en Ayacucho, o estancadas en los pantanos del camino-cita Arcas.
Con la llegada del tren de obra a Tandil en el mes de mayo, se especuló con realizar la apertura del servicio ferroviario con una gran fiesta en coincidencia con la del 9 de julio, las obras de la estación que se habían retrasado a consecuencia de los días lluviosos, habían cobrado nuevo impulso y su constructor, J. Sabaría consideraba que era posible terminar para esa fecha. Mientras tanto la Municipalidad preparaba obras complementarias a la de la estación, El Eco de Tandil publica en su edición del domingo 3 de junio: “La Municipalidad en sesión de la fecha acordó sacar a licitación la construcción de veinte y ocho (28) faroles de seis frentes para ser colocados sobre pedestales para el alumbrado de las calles del camino a la estación del Ferrocarril.
Las propuestas se recibirán por secretaría hasta las tres de la tarde del día quince del corriente, hora en que serán abiertos en presencia de los interesados.” Firmaba la comunicación Eduardo Fidanza, con fecha 1 de junio de 1883.
En junio la situación de aislamiento en la que vivía Tandil se agravó por efectos de las lluvias que convertían los caminos en infranqueables lodazales. Conspiró también, para empeorar la situación, la decisión del entonces vicegobernador de la provincia,  Adolfo Gonzáles Cháves  de alambrar su campo ubicado entre Ayacucho y Tandil, impidiendo así que las galeras y carros pudieran, haciendo un rodeo, evitar los pantanos.
Ante esta situación, el 16, el Juez de Paz sustituto de Tandil, Eduardo Arana, se dirigió por telegrama al Ministro de Gobierno de la provincia,  Carlos D´Amico, informándole que: “...la galera de las Mensajerías Correos de Ayacucho á este pueblo, quedó ayer empantanada en el camino que se halla aislado entre los alambrados del Sr. González Chávez, (sic) teniendo los pasajeros que regresar a Ayacucho. El mal estado de ese camino hace poco menos que imposible la comunicación de este pueblo con la Capital, hallándose por cuyo motivo el tránsito comercial completamente paralizado hace tiempo; en su virtud el vecindario me pide reitere la solicitud anterior para que se autorice al Ferro-Carril la conducción de cargas. Y agrega: Al comunicar esto á V. E. espero ordenará a quien corresponda se ponga ese camino en condiciones de viabilidad, lo que podría conseguirse pidiendo al Sr. González Chávez (sic) abra dos tranqueras en su alambrado para así poder desviar los pantanos”.
En julio la situación seguía igual y las comunicaciones con las localidades vecinas se hacían cada vez más difíciles. Las cargas ni entraban ni salían durante  ocho días, los últimos carros que habían llegado, tardaron diez días para recorrer las 13 leguas que separan Ayacucho de Tandil. Ante esta situación las fuerzas vivas de Tandil enviaron el 21 de julio sendos telegramas dirigidos al gobierno de la provincia y a la empresa del ferrocarril, con los siguientes textos:
Al Sr. Ministro de Gobierno, Dr. D. Carlos D´Amico.
“Este pueblo se encuentra incomunicado hace dos meses en sus relaciones comerciales con Ayacucho debido el malísimo estado de los caminos, y en su consecuencia este comercio viene sufriendo una situación penosísima.       
En atención a que la línea del Ferro Carril está concluida y la locomotora llega diariamente, desearíamos que el Exmo. Gobierno obtuviese o concediese el permiso a la empresa del Ferro Carril, para que habiliten inmediatamente la línea, aunque sólo sea en carácter de provisorio.
Dada la justicia y trascendencia que esta petición importa para los intereses de este Partido y adyacentes, esperan los solicitantes que V. S. le prestará su preferente atención y su valioso concurso”.
Al Presidente del Directorio del Ferro-carril del Sud Sr. W. H. Moores.
“En atención a los inmensos perjuicios que origina a este comercio la interrupción completa del tránsito comercial entre este pueblo y Ayacucho que se viene sufriendo hace dos o tres meses, por las aguas y el malísimo estado de los caminos, suplica  este comercio a ese Directorio, quiera habilitar aunque sea con carácter de interinidad la línea de Ayacucho a este pueblo, con la brevedad posible.
Al efecto en este mismo momento se dirigen los firmantes al Gobierno, elevándole la misma súplica.
Este pueblo espera del Sr. Presidente, que en virtud de la trascendencia y conveniencia que esta determinación importa para los intereses de este comercio, le dispensará su preferente atención y accederá a su pedido”.
Una semana después-afirma Arcas- se recibió en Tandil un telegrama del gobernador Dardo Rocha  en el que comunicaba a las fuerzas vivas de Tandil, en la persona de su Juez de Paz, que ese día había firmado con toda urgencia, el decreto que autorizaba a la empresa del Ferrocarril del Sud a librar provisoriamente al servicio público la sección de Ayacucho a Tandil a partir del día domingo 19. Finalmente ese 19 de agosto de 1883, alrededor de las catorce y treinta, llegaba finalmente el tren a Tandil siendo recibido con algarabía por todo el pueblo. Si bien la fiesta oficial de inauguración que se había previsto realizar no se llevó a cabo dado el carácter provisorio de la apertura del servicio, la población celebró este acto embanderando sus casas, concurriendo en masa a la Estación, donde la banda de música tocó toda la tarde y asistiendo al baile que la misma noche se dio en los salones del club.
Las obras fueron terminadas y el nuevo decreto autorizando la habilitación definitiva de la línea se sancionó el 1 de septiembre. A partir de entonces Tandil comenzó a disponer  del servicio ferroviario mientras los rieles continuarían su tendido hacia Benito Juárez, con las estaciones intermedias de Gardey y Vela.
Para la época, Tandil contaba con nueve mil habitantes, divididos por partes iguales entre población urbana y rural.  Tenía un edificio de “altos”, mil seiscientas casas, unas seiscientas cuadras trazadas, censados 167 comercios, tres hoteles, diecinueve fondas, cafés y confiterías. Cuatro médicos,  cuatro abogados, un arquitecto, dos dentistas y otros profesionales en distintos rubros. Ese año se realizó la primera exposición rural e industrial entre el 25 y el 28 de diciembre en Gral. Pinto entre Gral. Rodríguez e Independencia (hoy Yrigoyen).  Por otra parte la prensa nacional ya señalaba a Tandil como un hermoso lugar de turismo, ahora también con tren disponible…

Daniel Eduardo Pérez

Principal bibliografía consultada: Arcas, Marcelo: “La llegada del FFCC a Tandil”.
López, Mario J. y Waddell, Jorge E. (comp): “Nueva Historia del Ferrocarril en la Argentina”, Lumiere, Bs. As., 2007.