domingo, 13 de octubre de 2013

EL TANDIL HACE MÁS DE SIGLO Y MEDIO



EL TANDIL  HACE MÁS DE SIGLO Y MEDIO
El testimonio del maestro Juldain

Oportunamente nos hemos ocupado en distintas oportunidades de la figura de don Francisco Juldain. Hoy difundiremos parcialmente fragmentos de una crónica de su autoría fechada el 8 de mayo de 1884, recordando el Tandil de 1854 y que resulta un testimonio valiosísimo que dio a conocer en aquel año en El Eco de Tandil, permaneciendo muy poco divulgado pese a ser una fuente de gran valor.
Juldain nació en 1834 en el pueblo de Andragón, provincia de Guipúzcoa (España), en el seno del hogar de Juan Juldain y Maria Loveñaga; emigró muy joven a nuestro país trayendo las esperanzas que las nuevas tierras prometían.
Envuelta la nación en las consecuencias de la caída de Rosas, con los indios asolando la provincia, Juldain -como Juan Fugl - no titubeó en afincarse en estas tierras de lanzas y tolderías frescas, para brindar lo mejor de su personalidad a la comunidad que lo recibía.
De sus recuerdos de la llegada a Tandil, Juldain nos dice que "sólo encontré a la división "Sol de Mayo" que bajo las órdenes del entonces joven teniente coronel Machado (hoy le llaman el viejo Coronel, trastadas de los años) acampaba en el Fuerte".
Polifacético, Juldain, además de maestro de la escuela, se desempeñó en diversas   actividades y luego de irse de Tandil, a su regreso convaleciente de sus problemas de salud, ocupó, entre otros, los cargos de Jefe del Archivo Municipal e Inspector del Mercado de Abasto
Este noble maestro vasco, falleció el 23 de septiembre de 1895, a las 23 hs. en su casa que estaba ubicada en Gral. Pinto 89 (de la antigua numeración, hoy entre Chacabuco y 14 de Julio).

Hoy nuestros lectores  podrán saborear algo de lo que de puño y letra escribió, recordando los tiempos en que –como lo hemos expresado oportunamente-Tandil sentaba las bases de su desarrollo institucional en 1854.
La imposibilidad de reproducir íntegramente la nota de Juldain-dado su extensión- hace que con una selección de los párrafos más destacados  podamos dar un panorama de aquellos lejanos días en la aldea.
Vale la pena, a manera de introducción, recordar algunos hechos que dieron a ese año, del que nos va a hablar Juldain, perfil propio.
En el caluroso verano de 1854 el Juez de Paz Darragueira viajó a Buenos Aires para reforzar sus gestiones para lograr los aportes para concretar la ansiada capilla y las escuelas, en tanto lo reemplazaba otro vecino, al que se le debe la instalación del Correo en Tandil: Publio Massini, quien debía dar cumplimiento a la integración de la primera Comisión Municipal, la que según las normas impartidas debía constar de cinco miembros, dos de ellos extranjeros.
Con casi 3000 habitantes en el partido, de los cuales sólo 600 estaban radicados en el pueblo, " sin botica, médico, escuela, iglesia, ni sacerdote..." Tandil no permanecía alejado de la nueva situación general, por la cual Urquiza intentó tratar como aliado a Calfucurá y sus lanzas, con el claro objeto de mantener una cierta tranquilidad en la zona sur de la provincia. Temerosos que la situación, delicada como un cristal, se deteriorase, los vecinos tandilenses iniciaron la tarea de juntar fondos para el mejoramiento del casi ruinoso Fuerte, a la par que el Juez de Paz elevaba la nómina propuesta para la que sería la primera Comisión Municipal, integrada por Carlos Darragueira, Publio Massini, Regino Barbosa, Antonio Ponce ( argentinos, bonaerenses); Manuel Romero y J. M. Otero (españoles) y José Suessy y José Arnold (norteamericanos), este último el primer preceptor del incipiente intento educativo sistemático, pese a sus oficios de carpintero y también panadero.
El 18 de junio el sueño de la escuela daba comienzo en el ranchito que estaba ubicado en la esquina de las actuales Gral. San Martín e Yrigoyen (donde por años estuvo la tienda" La Estrella" de los hermanos Pedro, posteriormente Mandarano y hoy una casa de comidas).
Por esa misma fecha las autoridades locales solicitaban que se nominara con el nombre de Tandil al partido, al que Rosas, después de la Revolución de los Libres del Sud, denominó Chapaleofú, iniciativa que en junio fue aprobada, mes en el que además también tuvieron fruto las gestiones de Darragueira y se comunicaba la designación de Fray Luis María Mancini como primer Párroco de la flamante erección canónica de la Parroquia del Santísimo Sacramento.
La Comisión Municipal- reestructurada por Darragueira y de la que quedaron los cinco miembros pedidos originalmente, de los cuales permanecieron de la primera sólo Massini y Romero- se interesó por el mejoramiento urbano dando el puntapié inicial o pionero para el alumbrado público, al obligar a los comercios a colocar un farol en su frente, para iluminar, aunque sea precariamente, las oscuras callejuelas pueblerinas.
Tandil, en ese 1854, sentaba las bases del futuro despegue: comisión Municipal, escuela, capilla, sacerdote, alumbrado, los trigales de Fugl, en fin, como decía Darragueira en diciembre de 1854, todo reflejaba "... la hora feliz del progreso que nos presenta...".

En ese contexto, Juldain, después de una breve introducción, comienza diciendo en su extensa crónica:

Tenía el fuerte en sus cuatro extremos, cuatro torreones iguales a ese. El interior del Fuerte lo componen varios edificios rústicos, unos de piedra  con paredes hechas al estilo  de cerco o corral y otros de paja revocada con adobe.
Bajo la seguridad de este fuerte, o más propiamente de la vigilancia y actividad del Coronel Machado, era un  Jefe querido y muy prestigioso entre los pobladores de esta avanzada  y temido de los indios , se había reunido una agrupación de laboriosos vecinos que ensancharon y fijaron el plantel de este pueblo”

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“El tal fuerte era un reducto rodeado  de una zanja de 6 metros  más o menos de profundidad por  metros de ancho--ocupaba  la extensión de tres y media cuadras y comprendía  el terreno que actualmente  (1884) ocupa la Escuela Graduada, la Iglesia, la Casa Municipal y la inmediata por  frente y el Templo Protestante, y los edificios adyacentes hasta la calle Chacabuco por el fondo.
Aún existe en el fondo de la casa  conocida como la de Mackeprang, la zanja que limitaba por aquel lado el fuerte y el montículo que servía de torreón…”

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Del aspecto urbano nos dice: “En  aquella época la mayor parte de las casas eran de adobe o de barro, la mejor, la que parecía un palacio monumental en medio de tantos ranchujos  era la casa  en que actualmente  está el hotel del señor Agresta (hoy dependencias educativas, antes Comando, casa Manochi, esquina Gral. Belgrano y Gral. Rodríguez), existían si embargo muchas casas de negocios  y un núcleo respetable de vecinos, que estaban al frente de estos negocios.
Entre estos negociantes recuerdo  a don Narciso Domínguez, que tenía su casa  donde está la mueblería del señor Crimella (actual esquina de  Frawens).--a don José Otero, en la que actualmente está la panadería del señor Rivas-, a don Regino Barbosa, donde está el señor Lejárcegui, a don Manuel S. Romero donde se celebró la exposición, a don Francisco García , frente al club, a don Juan Cruz Zabala, donde está Carnicería del Pueblo ; a don Francisco Rodríguez , en la que vive el Dr. Peré.
A estos como a otros no los he encontrado a mi regreso, han pagado su tributo a la muerte- en el abandonado Cementerio Viejo me dicen que yacen sus restos-si el inexorable transcurso del tiempo ha completado su obra…”

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“…los hermanos Don Miguel y José Alduncin que trabajaban en las quintas  de Don Pedro Irigoyen de albañil, eran aquí los únicos representantes del arte filarmónico.
La presencia de  los dos primeros con sus violines y el último con su flauta, eran indispensables para  todos nuestros jolgorios y modestas diversiones.
El que esta carta escribe era  el maestro de escuela, estableció su Escuela Municipal, la primera que se fundó en  la localidad en un rancho que aún existe dentro del corralón de la casa del señor Gardey”

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Recordando a los valientes que se batieron en el combate de San Antonio de Iraola, rememora dolido por  su olvido. “Hace veinticinco años enseñábamos todavía a la derecha de la entrada de ese Cementerio con ciertos respetos a los forasteros que nos visitaban, la fosa en que reposaban los restos  de aquellos valientes que en haras (sic) de la civilización sucumbieron a los golpes  de las inhumanas lanzas de los bárbaros que capitaneaba Yanquetruz”
“Hoy que sin embargo los campos en que ellos se sacrificaron para cumplir con su consigna, han friuctiferado (sic) en parte debido a su abnegación y holocausto, apenas encuentro alguno que conozca este modesto panteón que una humilde cruz cobijaba  y recuerde ese hecho  que debía consignarlo la historia, aunque solo fuese por el duelo que este desgraciado suceso originó en la Provincia”

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También nos comenta de vecinos relevantes en nuestra historia tandilense: “Don José Arnold  que creo murió y a  quien la suerte no le fue propicia aquí, tenía  su molino, el primero que se construyó en la localidad al par de la casa de Don Alduncin.  Aún se ven los restos del murallón de las compuertas.
Don Juan  Fugl, que según se me dice vive en la Villa del Tandil en Copenhague, tenía su Tahona y Panadería donde actualmente está la panadería del Molino Viejo. Más tarde construyó la base de lo que es ahora el Molino Viejo.
Este señor en la época que trato  creo era ya municipal. Por su iniciativa e instancia  vino aquí la laboriosa colonia danesa  que hoy por su número, su importancia y su  organización constituye  casi un pueblo dentro de la población.
Era un vecino iniciador, activo, afable y querido  por todos; recuerdo que entre los dos DELINEAMOS PARTE DE LAS CALLES CENTRALES, entre éstas me acuerdo de las de GENERAL PINTO, GRAL. RODRÍGUEZ, GRAL. BELGRANO Y CHACABUCO.
No me atreveré a decir que la delineación fue muy precisa, pero fuera de que otras  posteriores he visto más imperfectas, deben disculpársenos  los errores que hubiésemos cometido  por le medios semiprimitivos  (únicos a nuestro alcance) con que hicimos estos trabajos.
Los señores Don Ramón Santamarina, hoy rico  y poderoso hacendado y Don Juan Dufau, que murió, eran troperos; las carretas del primero que él mismo las dirigía, solían estacionarse donde  ahora está la Sucursal del Banco (hoy Tienda La  Capital)  y el Almacén Español (hoy Banco HSBC) locales que entonces, como la mayor parte de los solares, eran baldíos”.

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También nos anoticia de algunas costumbres y formas de vida de aquella época:
“Hasta el año 57 no había fondas ni casa de hospedaje; los forasteros que nos visitaban  eran generalmente alojados  en las casas de comercio  en cuyos extensos corralones  se hacían grandes asados  que se comían en comunidad.
Ya he expuesto que los recursos  y elementos culinarios  eran muy limitados; la alimentación  general se circunscribía  al mate por la mañana, a puchero y asado el mediodía, un guiso y un asado a la noche; cuando se celebraba algún acontecimiento con una comida  extraordinaria se recurría a la ciencia culinaria del  zapatero Carlos Vizcaya.
Está demás el decir  que el servicio era muy escaso  y que generalmente en las casas de comercio llenaban esta exigencia los dependientes  que entonces se consideraban como peones, panaderos, etc.
(En) el 57 fundó Don Juan Perviu (a) St.Jean  la primera fonda donde actualmente está la fonda del medio. (9 de Julio entre Gral. Pinto y Gral. Belgrano).
Don Bautista  Inciburu fundó  el mismo año la Confitería  que es hoy del señor Sampaul”  (actual Bco.  Provincia y contigua a  la fonda antes mencionada).

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En relación al transporte de esos años y algunas costumbres nos informa: “Esta comunicación se hacía por chasquis y carretas que algunas veces  tardaban 15 días  los primeros y tres o cuatro meses la segunda.
La mayor parte de los extranjeros y las señoras  que venían por aquí  por primera vez hacían el tránsito en carretas.
Pero ésta no era la regla del tránsito, porque se organizaban pequeñas caravanas   que solían  hacer el viaje con tropillas y peones a caballo.
El trayecto de ida y vuelta a la Capital duraba por este medio de 6 a 8 días, con paradas en Ranchos o Dolores, Chascomús, Cañuelas o Monte y demás pueblos que se encontraban de paso.
He expresado antes que los recursos de alimentos o fomento intelectual eran limitados; las diversiones favoritas  eran carrera de caballos los días de fiesta; éstas se corrían generalmente donde  está la fonda de Sarachu.
En ese  tiempo se corría de costilla a costilla. Y sobresalía  por su vigor y ligereza  un bayo de Navas.
Durante las noches las diversiones o pasatiempos se reducían  al juego de mus en las casas de negocios  y al de monte y billar en la casa del Chileno  que estaba situada, donde está el hotel del señor Dhers. (hoy Golden Bar) .
Entre el paisanaje hacía  las delicias la tradicional taba  que se jugaba en los puntos más céntricos de la población.
Algunas veces también se leía en la pulpería , centro de reunión , al lado del que se entregaba  a las delicias de  picarescas décimas  cantadas con entonación melosa  al son de la guitarra, la “Reforma Pacífica” (que)  redactaba  en Buenos Aires, don Nicolás Calvo y que en número de uno o dos ejemplares llegaban algunas veces  a la localidad.
Esto era el Tandil hace 30 años.
A mi regreso  lo he encontrado completamente metamorfoseado , los protagonistas de entonces los he hallado, como he dicho,  muertos, ausentes u olvidados; algunos en la opulencia  pero los más en el apático cuadro  de elementos que fueron  y que hoy solo son espectadores  indiferentes de la marcha  de la población de la que fueron fundadores.
Es el destino de los pueblos  que se forman con elementos afluentes, las masas con sus directores  cambian de papel con pasmosa rapidez por la imposición del adelanto moral y material del teatro de que son actores  y factores.

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Nos dice que ya no podía aspirar a una realidad que para él había desaparecido "porque soy viejo, y sigo como entonces pobre y maestro de escuela".
Curiosa sinonimia vigente por muchos años más, como vigente están las palabras finales de sus recuerdos al decir:

“…el surco del arado  ha extendido el dominio de su esfera  y ha convertido en ricas heredades  lo que entonces eran áridos pajonales ; de que se han desarrollado el núcleo de la población, , se han aumentado los medios y los elementos sociales bien sean en el orden social o material , en que han cambiado  las condiciones climatológicas,  el fondo de la perspectiva de nuestros valles y sus laderas  y en que
creo diseñar en vista de esta notable diferencia en el corto lapso de tiempo, de cinco a seis lustros, un gran porvenir para este pueblo, oigo la misma fatídica frase de entonces, de "atravesamos una época financiera de crisis" y yo, no obstante el adelanto material y moral que palpo y observo en el conjunto del cuadro que he tratado de describir, inclino la cabeza y ante la exigüidad de los escasos recursos materiales con que se retribuye a los maestros su trabajo, digo: aquello, el pasado, era rústico y si se quiere pobre, pero era rico en carne y no preocupaba la alimentación, o sea, el pan de cada día.
Este, el Tandil de hoy, es precioso pero más pobre, porque es más difícil la subsistencia de la vida o sea la adquisición del pan de cada día".
Esperamos, apreciado lector, que estos recuerdos de antaño hayan satisfecho su apetito intelectual, al recorrer aquellos años pioneros de nuestro Tandil, de la mano de uno de sus protagonistas.

 Daniel Eduardo Pérez


sábado, 7 de septiembre de 2013

EL MUSEO HISTÓRICO FUERTE INDEPENDENCIA DEL TANDIL CUMPLE 50 AÑOS.




El Museo Histórico Fuerte Independencia
Custodio del pasado tandilense

                     Por Daniel Eduardo Pérez

Los lugares que conocemos como museos, palabra derivada del griego museion, que significa " lugar destinado a las musas y a los estudios" o también "casa de las musas", "variedad, mosaico", son aquellos en los que la historia de los pueblos, siempre dinámica, se detiene para ofrecer a las generaciones que se suceden testimonios que- pese a su quietud -encierran en sí mismos momentos, procesos, personajes, costumbres, en fin, vida palpitante de otros tiempos, que generosa se exhibe para su interpretación. En latín se los denominó museum y son los que a través de los siglos atesoran variadas expresiones de las culturas.
En nuestra ciudad el primero fue el de Bellas Artes, y que es en realidad relativamente nuevo, ya que fue fundado en 1937.
Hubo que esperar algunos años más para que la historia lugareña, y hasta nacional, tuviera un lugar adecuado para mostrar algunos de esos testimonios a los que nos referimos en párrafos anteriores.
El origen de lo que luego sería el Museo Histórico y Tradicionalista Fuerte Independencia, estuvo dado por el interés de un grupo de vecinos amantes del folklore y la tradición, que se reunieron para dar nacimiento a la institución, el 20 de agosto de 1955, con la presidencia de don Carlos de Ferrari Bravo y amigos colaboradores que se sumaron a la flamante comisión, como Cecilia S. de Freceise Rico, Sante Salvador, Emilse Gianibelli, Rodolfo Saling, Julio C. Escobar, Teresa C. de Saling, Leonel Acevedo Díaz, Alfredo Serres, Emilio Ramos, Leonetto Binelli, Miguel A. Vannoni, Elvira Mónaco, Edith Forgue, Marta Escobar, Margarita Vannoni y Carlos Freceise Rico.
Los primeros años de la institución transcurrieron poniendo especial énfasis en la enseñanza de las danzas nativas y con jornadas dedicadas al folklore, con fogones y fiestas gauchas, donde la figura de  Encarnación Gordillo de Janín, no puede quedar en el olvido, así como la colaboración de la familia Montani, en cuya “Confitería Norma” se realizaron las primeras reuniones.
Con los años, nació la inquietud de formar una Biblioteca Folklórica y
Tradicionalista, para lo que el 8 de junio de 1960 quedó integrada la Subcomisión que tendría a cargo su concreción, con Emilse Gianibelli, Carlos Allende y Domingo Polpadre.
A esta loable iniciativa se sumó dos años más tarde, el 3 de julio de 1962, la formación de otra subcomisión cuyo objeto era estudiar la factibilidad de crear un museo tradicionalista, que recogiera los ya abundantes elementos donados a tal fin, por vecinos íntimamente relacionados a nuestra historia local.
Con la dirección de ese eximio artista y cultor de nuestras tradiciones que fue don Carlos Allende y la colaboración entusiasta de Pedro Staneck, Erich Mauro y José Protta, la idea fue tomando forma de tal suerte que la envergadura y el vuelo que cobró, hizo necesario pensar en un local adecuado para alojar la sede y el futuro Museo.
Con ingentes sacrificios y la buena voluntad de muchos, pudo adquirirse el inmueble de 4 de abril 845, que era propiedad del  reconocido vecino de Ayacucho Alfredo Cordonier y sus hermanos, y que en un acto de emotiva repercusión, fue erigido en sede el 7 de setiembre de 1963. Con el padrinazgo de don Antonio Santamarina y de doña  Rosa G. A. de Lalloz y la bendición de Mons. Dr. Luis J. Actis, quedaba inaugurado el Museo. Presidía entonces la Institución   Ricardo Ballent a quien acompañaba una comisión directiva integrada por : Pedro Staneck, José Protta, Ismael Alonso, Sofía de Jayo, Graciela Grasso, Antonio Juan, Domingo Polpadre, Héctor Della Maggiora, Carlos A. Allende, Elcira Lissarrague, Sara Martínez Goya, Ramón Techeiro, Marcos Marino, Erich Mauro, Oscar Galasso y Daniel Grasso. Ya su figura dinámica y entusiasta, al frente desde 1960, prometía un futuro de grandeza para aquel incipiente museo que, iniciado con 600 piezas, tiene hoy en sus salas más de diez mil que son orgullo para Tandil.
Las autoridades, instituciones civiles y militares y vecinos particulares, se volcaron a dar pleno apoyo  y así, desde mano de obra a aportes económicos en carácter de donaciones, fueron jalonando el crecimiento del “Fuerte”, como comúnmente se lo conoce y que luce hoy como uno de los lugares obligados de visita para propios y turistas.
Ese crecimiento impulsó a don Ricardo y sus colaboradores a encarar refacciones, ampliaciones y la consecuente compra de inmuebles linderos, así como a la construcción de salas adecuadas para contener la creciente cantidad  de piezas
que fueron dando forma, con  gran esfuerzo, a la magnífica realidad que hoy tenemos a la vista.
Además del incremento constante del patrimonio, sus directivos fueron impulsores de iniciativas destacadas,  como la erección del Monumento al Gaucho, que, obra del escultor y director del Museo, Carlos Allende, se inauguró con motivo del sesquicentenario de Tandil, el 4 de abril de 1973, emplazado en la Plazoleta que lleva el nombre del autor, en 1980, luego del fallecimiento de Allende.
Antes de dar paso a las características más destacadas del Museo, no podemos olvidar los tradicionales fogones de las fechas patrias, donde se reunían la autoridades de Tandil y numeroso público para degustar un sabroso y criollo asado y escuchar luego al recordado Mons. Luis J. Actis que pronunciaba las vibrantes y emotivas palabras de conmemoración, para dar paso a la actuación de folkloristas con la intervención infaltable de don Ricardo y su acordeón, recordando sus viejos tiempos musiqueros.
Hoy el Museo posee quince salas  y una biblioteca-hemeroteca las que en su conjunto atesoran valiosas publicaciones, fotografías antiguas, documentos de próceres nacionales; vehículos de época, maquinarias de colección,  armas y vestimentas, colecciones de monedas y medallas  y hasta el histórico avión Gloster Meteor, el primer reactor que operó en el país entre 1948 y 1971 y que tuvo su primer asiento en la VI Brigada Aérea de Tandil, todo ello conviviendo con la reproducción de una antigua pulpería del siglo XIX con sus detalles típicos.
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No podríamos, ni es nuestra intención, hacer un inventario que seguramente lo aburriría, estimado lector, pero  sí darle una idea de los más importante que usted tiene que conocer para darse una vuelta por allí-si aún no lo ha hecho-o regodearse con tiempo con algunas de las sugerencias que le proponemos.
Un recorrido por la sala  Salvador Manochi” permite observar allí valiosas colecciones de primitivas armas pertenecientes a culturas prehispánicas de Tandil y la zona y también de la Patagonia,  algunas piezas llegadas por donaciones y otras adquiridas, la sala “Carlos Allende” que contiene este material nos lleva a los orígenes mismos de las etnias indígenas en nuestro país .
Otra sala destacada es la “Antonio Santamarina”, que al igual que la “Juan A. Figueroa” y la “Eduardo Olivero” contienen curiosas y valiosas muestras de nuestro pasado.
A los efectos de que el lector, se ubique según sus preferencias, dividiremos el resto de la nota en agrupamientos afines de elementos, además de darle algunas sugerencias especiales  que recomendamos especialmente, el orden es arbitrario. Usted elige.
Documentos: en este rubro el Museo posee un patrimonio que permite observar desde cartas manuscritas del Gral. San Martín, Alvear, Dorrego, Avellaneda, Rosas, Ricardo Rojas y Machado, hasta bandos del Gral. San Martín o el manifiesto del Brig. Gral. Martín Rodríguez a los bonaerenses, sobre la unidad nacional.
Documentos firmados por los virreyes Liniers y Cisneros y  otros por los integrantes de la Primera Junta Cornelio Saavedra, Mariano Moreno y Juan J. Paso, nos permiten aproximarnos con la imaginación a aquellos hombres que hicieron la patria.
Pero sin duda en lo documental, y referido a la historia de nuestro Tandil, debemos destacar el sumario levantado con motivo de la masacre del 1 de enero de 1872 consumada por los seguidores de Tata Dios, fuente inagotable de estudios y misterios.
Armas: En lo que se refiere a armas, tanto “blancas” como de “fuego”, lo que se ofrece es realmente abundante y representativo. Desde antiguos cuchillos, facones criollos y hasta armas de samuráis japoneses, a sables, entre los que se encuentran réplicas del célebre “corvo” del Libertador, el del Alte. Brown y  además otras variedades, entre las que están las halladas en excavaciones antiguas que han posibilitado obtener material usado por los soldados del Fuerte Independencia. No faltan pistolas del siglo XVIII, como las de sistema  de “miguelete” de origen español, tercerolas, trabucos, para luego encontrarnos nada menos que con los cañones que fueron los que-junto a los que están en el Parque Independencia- defendían nuestro incipiente poblado.
El siglo XIX está representado por diversas armas de fuego, que van desde fusiles norteamericanos a las famosas pistolas Lafoucheux, una Duringer, pequeña y lujosa, verdadera joya y los Winchester y Remington que nos trasladan  imaginariamente al “Far West” o a la época de la conquista del desierto.
En materia de grandes armas, nuestra vista se puede detener asombrada en un cañón argentino sistema Krupp de 1909, un cañón antiaéreo americano de 90 mm y un gran montaje marino inglés de 1937.
Un párrafo aparte merece la sala dedicada a la guerra de Malvinas, donde pueden observarse elementos bélicos utilizados en la última y más reciente guerra en la que participó nuestro país y que en los días recientes se está acondicionando.
Vestimentas: la vestimenta refleja la época y a través de ella vida y costumbres de quienes la usaron. Es por ello que en el Museo podemos apreciar  por un lado uniformes militares que nos llevan a los orígenes de nuestro Fuerte, como el sencillo y legendario del soldado del Regimiento de Caballería 1 de Línea; la chaquetilla y chaleco militar de gala del Cnel. Benito Machado, tan ligado a nuestra historia, los que conviven con parte del equipo antártico usado por el valiente Gral. J. Leal, primer argentino en llegar al Polo Sur. Naturalmente no faltan uniformes de los gloriosos Granaderos ni los de los soldados de la Expedición al Desierto, así como uniformes navales y equipamiento de nuestros heroicos soldados que combatieron en Malvinas.
Una excelente colección de ponchos enriquece esta sección, con el “plus” de quiénes fueron sus dueños: uno que perteneciera a Benito Machado- usado en la batalla  La Verde”-, otro del Gral. Julio A. Roca y  otro también de un ex presidente, pero de Paraguay, el Gral. Francisco Solano López.  Del ámbito histórico local agregamos el de Juan Adolfo Figueroa, el del poeta Lauro Viana y otro con una carga legendaria detrás: el que perteneciera a Gerónimo de Solané o “Tata Dios”, donado por Figueroa, el Juez de Paz de la época de los asesinatos y que según cuenta la leyenda, lo habría comprado a un anciano paisano en el viejo almacén que estaba en las actuales Av. Buzón y Avellaneda. Este poncho, de los denominados de tipo pampa, fue el que usó el célebre personaje y es una de las piezas más requeridas por la mirada del visitante por lo que encierra el personaje que lo vistió.
Esta sección se completa con diferentes clases de calzado, desde las  primitivas botas de potro a curiosos zapatitos de niños de otras épocas, así como sombreros del que se destaca el perteneciente al Gral. Roca.
Carruajes: el conjunto de carruajes que posee el Museo es de una riqueza llamativa, tanto por la variedad como por su procedencia; así podemos encontrar diversos medios de transporte que recorrieron los caminos polvorientos o barrosos de la patria y también los de nuestro pago en los siglos XVII, XVIII y XIX.
Podemos recomendar la volanta que perteneció a Rómulo Pereyra Iraola que data de 1860 y que, como carruaje pesado de transporte de personas, era apto para los caminos más diversos.
Un “break” o breque que perteneciera a Marcó del Pont, de tipo “landó”, que lo diferencia de los de caza y que data aproximadamente  de 1880; imposible de dejar de ver en este rubro, es el breque de caza que perteneciera al Gral. Roca, de origen francés, que usó en cacerías en su estancia “La Larga” de Guaminí.
La berlina que perteneciera al Gral. Eustoquio Díaz Vélez, una diligencia de las usadas en las célebres mensajerías, como la de Timoteo Gordillo; la tradicional carreta que era tirada por bueyes y la gran chata que data de 1900 y cargaba nada menos que de 300 a 400 bolsas de trigo y era tirada por diez o doce caballos. Las ruedas gigantes de la famosa “Dorita”, construida en 1926, por Ángel Costa, lucen como uno de los pasajes para llegar hasta otras salas, en el patio del Museo.
No faltan curiosos coches fúnebres, entre ellos el llamado “cucaracha”, que era usado para el traslado de  los restos de los más humildes a fines del siglo XIX u otros vehículos más simpáticos y con fines menos trágicos que los del viaje final, que pasearon generaciones al cansino paso de su caballo, como el mateo.
Las salas de dos pioneros ilustres como lo fueron-cada uno en lo suyo- Juan Fugl (1811-1900) y Eduardo Olivero (1896-1966), contienen testimonios de la vida desarrollada  por el danés que introdujo  la agricultura en el Tandil y destacado vecino de mediados del siglo XIX,  donde pueden observarse utensilios y algunas pertenencias de Fugl, así como la maqueta en yeso del monumento erigido en la ladera del Parque, de la autoría de Allende. En la de Olivero, magníficos objetos  ilustran la vida de héroe de este pionero de la aviación argentina y su brillante trayectoria, desde su origen tandilense, donde en los álbumes  de su colección  se aprecian firmas de turistas y estudiosos que pasaron por el Tandil antes de 1912 a ver la maravilla del mundo Piedra Movediza con escrituras en diferentes idiomas.
El  patrimonio fotográfico es realmente imponente y se le debe a la obra legada por aquel gran fotógrafo que fue Carlos Pierroni, que fuera  corresponsal de “Caras y Caretas” y de la revista “Fray Mocho”. Casi un relevamiento del Tandil de otra época, en muchos casos marcando la evolución de un  lugar, al tomar desde el mismo ángulo fotografías  en diferentes años,  como la Plaza Independencia o La Movediza, verdadera colección de antología, en un total de 845 que registran acontecimientos destacados de la comunidad e imágenes de antaño en paseos, festejos, vida, costumbres, episodios y personajes del Tandil de ayer.
La pulpería es de por sí un atractivo que nos retrotrae a los tiempos viejos de mediados del siglo XIX, reconstruida con una variedad de elementos que van desde envases de artículos de uso cotidiano de la época (yerba, tabaco, bizcochos, azúcar, vinos, aceites , ginebra, grapa , caña, etc.), también posee artículos rurales que el pulpero vendía o cambiaba, desde plumas de avestruz a tejidos, ponchos, chiripás y bombachas “batarazas” junto a recados, botas de potro, etc., con la reja defensiva característica.
Los elementos rurales no faltan y así es posible observar desde el proceso del alambrado hasta la vieja fragua y su fuelle donde el artesano trabajaba el hierro para los variados usos de las tareas de campo; arados, sembradora, prendas y recados.  Al fallecer don Carlos Allende, su familia donó, en 2000, parte de su colección al Museo, y esta nueva sala agrandó con su rico patrimonio, el ya existente, inaugurándose la sala de los carruajes.
Mobiliarios diversos y hasta curiosos, como los carritos para  bebés de principio de siglo; retratos y cuadros; máquinas fotográficas de marcas y sistemas diferentes y llamativas, así como máquinas de escribir que desde la de una tecla a otras más complicadas y muy antiguas, sorprenden al visitante, al igual que distintos elementos que marcan la evolución en las telecomunicaciones.
Un rincón especial contiene pertenencias de  Mons. Luis J. Actis, amigo y apoyo incondicional del Museo, que dejó en Tandil una profunda huella como Párroco desde 1945 a 1978, y luego, hasta su muerte en 1995, en una tarea incansable a favor de enfermos y en la concreción de la Capilla de San José Obrero.
De ese inmenso caudal de valiosos elementos de la historia nacional y local, queremos rescatar tres de gran valor testimonial. En primer lugar la colección del diario El Eco de Tandil desde el número 1, del 30 de mayo de 1882, hasta el año 1932, joya de valor impar en la hemeroteca del Museo y del periodismo nacional; en segundo lugar la primera  gran campana del Templo de la Inmaculada Concepción, llamada “La Tandilera”, que fundida aquí bajo la dirección de Juan Dellacella, con metales hasta preciosos, pesó 3.150 libras y fue colocada junto a las dos primeras en 1883, la que sin embargo pronto se rajó y hubo de ser reemplazada y la máquina Marinoni que imprimió durante años “La Provincia” de Blas Grothe y que fabricada en París en 1870, dio vida a una numerosa cantidad de publicaciones periódicas y de otro carácter.
Hubiéramos ubicado aquí también el reloj de bolsillo Vacheron et Constantini, de oro, que había pertenecido a Carlos Gardel  donado por el recordado Dr. Jorge Curutchet en 1985, lamentablemente  robado hace algunos años.
Entre lo imperdible colocaríamos, en una escala siempre arbitraria, el trabuco naranjero que perteneció a Juan Moreira y que Julián Andrade, su amigo, que lo acompañó hasta su final el 30 de abril de 1874 y que vivió en Tandil hasta su muerte a edad muy avanzada, regaló al Dr. William Leeson; la lámpara votiva obsequiada a Eduardo Olivero por el gran poeta Gabriele D’Annunzio, y que es de unos 500 años A. C.; el escudo heráldico de la familia de nuestro Libertador Gral. San Martín; un sable que perteneciera al Emperador Pedro I de Brasil y en un plano afectivo y de gran valor histórico contemporáneo, la sala completa Malvinas Argentinas, dedicada a la guerra de  Malvinas y el Atlántico Sur recientemente refaccionada.    
Más recientemente, el 8 de julio de 2011 quedó inaugurada la sala Sala Farmacia y escritura mecanizada y periodismo,  que comparte el sector de la salud y de las letras impresas. La familia Berlari, donó en 2007 todo el mobiliario, los frascos, balanzas, botiquines y demás elementos de la Farmacia Central, (ubicada en Rodríguez  frente a la Plaza) que datan de 1920,  agregándose, además, una extensa colección de máquinas de escribir, aunando así la historia de las artes gráficas y el periodismo.
Ese año, continuó con el salón dedicado al ferrocarril, cuando los integrantes de la Asociación de Amigos del FFCC se acercaron con la inquietud de continuar con el trabajo que se había hecho con los objetos vinculados al tren, y se aceptaron los mismos, los que se acondicionaron especialmente. Hoy se pueden apreciar piezas tales como: mesas, sillas, piezas del vagón comedor, asientos de tren, lámparas, señalizaciones, cartelería e ilustración de la época con sus respectivos rótulos. Finalmente, se está trabajando en la nueva sala de Ciencias Naturales para inaugurarla próximamente.
Hoy el Museo “Fuerte Independencia”, conducido hoy por Oscar Granato, constituye un patrimonio invalorable  de la ciudad  donde el número de visitantes se multiplica año a año, los que han dejado en el “Libro de visitantes”, sus elogiosas impresiones sobre lo visto. Usted, apreciado lector, sabrá qué hacer, pero si todavía no fue, no sabe lo que se está perdiendo. El Museo es en sí mismo una muestra de lo que se puede, cuando férreas voluntades se agrupan tras objetivos en favor del bien común. Y Tandil sabe bastante de esto… gracias a Dios.