sábado, 14 de julio de 2012

ENRIQUE LARRETA EN TANDIL



LA GLORIA DE DON ENRIQUE
LARRETA EN TANDIL
Acelain


Hoy queremos referirnos a una de las grandes plumas de la literatura argentina y su relación con nuestro Tandil. Hablamos de Enrique Larreta.
Leyendo autores que han escrito sobre la vida de don Enrique, poco o nada hemos encontrado referido a su relación con Tandil, a través de su famosa y bellísima estancia Acelain, por lo que nos pareció interesante volcar algunos datos acerca del tema. La excepción más notoria es Yuyú Guzmán, quien en su libro “El país de las estancias”, le dedica un capítulo a esta joya de la arquitectura rural argentina, y  es una de las fuentes esenciales de esta nota.
El nombre completo del célebre escritor era Enrique Rodríguez Larreta, nacido en  Buenos Aires el 4 de marzo de 1873 del matrimonio de Carlos Rodríguez Larreta y Agustina Maza y Oribe, pertenecíentes a dos tradicionales familias uruguayas de ascendencia vasca, que se habían radicado en Buenos Aires. Realizó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires; una licenciatura en Ciencias Sociales  y se graduó de abogado en la Facultad de Derecho de su ciudad natal.
Durante su etapa estudiantil publicó, en la revista La Biblioteca, su primera novela, Artemis. Después de finalizar sus estudios, en 1897, permaneció en el mismo Colegio Nacional, donde dictó las cátedras de Historia Medieval y Moderna; allí fue donde desarrolló su interés por la España del siglo XVI.
Se casó en 1902 con Josefina Anchorena Castellanos, hija de Mercedes Castellanos y Nicolás Anchorena, y en la luna de miel se enamoró de España y su cultura. Su esposa era hija de una de las familias más ricas de Argentina, por ambas ramas. En  Europa fueron a España y visitaron Ávila, ciudad de la que el escritor se prendó y que luego será el escenario de una novela que venía imaginando desde hacía tiempo. Así, durante los siguientes cinco años, Enrique se sumergió completamente en la investigación.
Seguramente Larreta no pensó en su momento, que por la herencia recibida por su esposa, a la muerte de su madre, pasaría a poseer 8000 ha. en Tandil (parte de la enorme extensión de tierras en Azul y el mismo Tandil).
Fue allí donde la propiedad existente y su rica imaginación y exquisito gusto, amen de la visión de las viejas aldeas españolas (especialmente vascas y andaluzas), confluyeron para el nacimiento de una nueva  y extraordinaria estancia: Acelain.
Además, en mayo de 1902, Larreta, adquirió en  remate  el campo Santa Rita, de Enrique Casares, de 4000 ha., anexándolo a los heredados por su esposa. De esa manera comenzaba la intensa relación del gran escritor con los pagos del Tandil por más de medio siglo.
Dentro de esa anexión va a ubicar el casco de la estancia que recuerda el nombre del solar de los Larreta en Guipúzcoa y que significa “campo quebrado”.
En 1904  llamó al renombrado paisajista alemán Hermann Bötrich (…..-1944) para que proyectara un jardín que  respetara la propuesta de la ­naturaleza.
Larreta eligió para construir Acelain los campos pedregosos y la cúspide de un cerro, en contra de la práctica de los estancieros pampeanos, que optaban por zonas no muy altas para protegerse del viento, captó la rusticidad del paraje y las posibilidades decorativas de esas piedras redondeadas que moteaban los cerros.
En 1905 Enrique Larreta y su familia pasaron su primer verano en "Acelain". “Hay fotografías que recuerdan ese comienzo. ­En ellas se ve un bonito chalet muy galano, con el inequívoco aspecto de haber sido comprado en los países del norte de Euro desarmado y vuelto a armar en esta pampa. Tiene pinta de pertenecer al lugar donde se levanta, hecho para lucir junto e: ­o en el claro de un bosquecillo”,.nos dice Guzmán.
Cuando Imaginamos los viajes del escritor a su estancia y sus peripecias (FFCC, galera, etc,., hasta llegar el automóvil) de las que no quedan relatos de su puño y letra que conozcamos, pensamos en el cariño que tendría por ese paisaje agreste y rememorativo de sus ancestros, para hacerlos infinidad de veces…
En 1907 regresó a España con los manuscritos de La Gloria de don Ramiro,  que  se publicó allí en 1908 y que se constituyó en la novela histórica de referencia, tanto para escritores de lengua castellana como de otros idiomas. La obra causó gran sensación en los ambientes literarios europeos y americanos, convirtiendo a su autor en un personaje famoso y, por sus características, motivó que - según Rubén Darío - se convirtiera en la obra cumbre de la prosa modernista, “un referente para los escritores de ambos lados del Atlántico”. En pocos años fue traducida a todos los principales idiomas cultos de la época, algo sin precedentes en la novelística iberoamericana. 
En 1910, cuando se disponía a regresar, Roque Sáenz Peña lo nombró ministro plenipotenciario en Francia  aprovechando esa fama, y Larreta dedicará los siguientes seis años a la actividad diplomática, publicando algunos discursos y una obra de teatro. Entre1915-16, residió en Biarritz,  y frecuentó Ávila, en España, donde actualmente una calle lleva su nombre. Se vinculó allí con Miguel de Unamuno, al que admiraba, colaboró en publicaciones periodísticas de su época y estudió minuciosamente la historia española.  En los años siguientes el autor combinaría su residencia en Argentina con viajes periódicos a Europa. Entre los autores que admiraron a Larreta están el francés Anatole France, el italiano Gabriele D'Annunzio, dos de los máximos exponentes de la literatura europea de principios de siglo XX, y  Unamuno. Ya avanzada la Primera Guerra Mundial, regresó a su país.
Sobre Larreta y su obra, nos parece interesante recordar dos opiniones. El historiador Enrique de Gandía, en el prólogo de las Obras Completas, nos dice: “Larreta, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre él, es un gran desconocido entre nosotros. Los mismos intelectuales no han entendido su pensamiento. Han estudiado la belleza de sus frases, han clasificado sus imágenes, han disertado sobre su estilo; no han penetrado en sus ideas…. Larreta ha vivido como un monje entre sus libros o un gran cardenal en lujosos salones, pero siempre con el misticismo en su espíritu…”.
Por su parte Arturo Berenguer Carisomo manifiesta:”… ser artista y nada más que eso, es, en la Argentina de hoy, casi un acto heroico. Larreta ha señalado, dramáticamente, ese dolor, como un grito pro­pio, en el soneto a Leopoldo Lugones, ese otro heroico cruzado contra el desamor y la indiferencia… lleva a cuestas su arte como una condena. Ha querido, tam­bién, tener otras vidas, bajar a la realidad como un forzado: la cátedra, la política, ha hecho de la nada una maravilla de "estancia criolla", y la gente  podría decir, para respetarlo, es un "poderoso hacendado"; pero no, el fuego de la inspiración, la llama de la poesía ha subido crepitando por encima de ese nivel”.
Fue el primer escritor que trató de hacer cine argentino al dirigir  El linyera, según su guión sobre su obra teatral homónima, que se estrenó en 1933.
A su regreso de España, retomó entonces a su idea de levantar una estancia en los campos tandilenses ya citados.La construcción y diseño del casco de la nueva estancia se los encomendó al ya prestigioso arquitecto Martín Noel (1888-1963), a comienzo de la década del 20, cuando en Tandil se levantaban edificios monumentales como el Palace y la Municipalidad.
Arquitecto, historiador del arte hispanoamericano, ensayista y político, Noel fue el  principal impulsor del estilo neocolonial en  Argentina. La hija de don Enrique recuerda-según Guzmán-que”la casa se terminó de construir en 1923, mi padre la quiso de cal, tejas y galerías, bien típica del sur de España. Martín Noel lo interpretó magistralmente”.
Años después de terminada la estancia, cita muy bien Andrea Reguera, ocupaba el 5º lugar entre las de más de 10.000 ha. como consta en la guía de 1928.  Los principales  propietarios eran:1) Antonia Iraola de Pereyra: 18254 ha.; 2) Agustín García: 15.345 ha.,3) Mercedes Castellanos de Anchorena: 14.153 ha; 4) Jerónimo Rocca; 14.122 ha., 5) Enrique Larreta: 12.171 ha. y  6) Sara Wilkinson de Santamarina.: 11.553 ha. Como curiosidad se aprecia que de los seis casos, la mitad corresponde a mujeres, que eran herederas de viejos y grandes patrimonios.
En Acelain era leyenda que cuando a don Enrique no le gustaba como había quedado algo que había hecho construir, la mandaba a deshacer y luego a levantar en otra forma hasta lograr el efecto que le satisfacía. Cada uno de estos elementos, enriquecidos por detalles arquitectónicos inu­suales en nuestro medio rural, acompañados del entorno de una abundante arboleda y un suelo quebrado y siempre esmeraldino, proponen cuadros de mucho colorido y gracia, dice Guzmán.
Toda la zona de servicio de Acelain recrea una aldea vasco española. El estilo arquitectónico de la casa principal, en cambio, recuerda los tiempos del Renacimiento en España y la época de Felipe II, tan admirada por Larreta. Tanto su arquitectura como su decoración reflejan el arte mudéjar, utilizando como modelo el Generalife de Granada.
En España buscó reunirse con los sitios de origen de sus gentes. La estancia que fundó poco después en las cercanías de Tandil,  llevaría el nombre de “Acelaín” en recuerdo del solar guipuzcoano ya que, como destaca en una de sus obras: “Mi sangre sabía mejor que mi intelecto lo que significaba toda aquella resurrección de sombras en mi propia conciencia”. Aquel primer contacto con el Azelain original quedó plasmado en un soneto temprano, el XII de su no muy extensa producción rimada, “Acelain en Guipúzcoa”.
Un pariente, el “seco mayorazgo” de quien nos habla Larreta, es el famoso personaje guipuzcoano, Juan Bautista de Larreta Arzac, el “azelainko nagusia” como el mismo Larreta le llama, propulsor de los estudios del euskera y político nacionalista que llegaría a ser alcalde de Andoain. Por esas extrañas paradojas del tiempo, el Acelain andoaindarra desaparecería por completo años después, víctima de la modernización del sistema de carreteras español En tanto, el nombre y la descripción de Acelain se harían, merced a la pluma de Larreta, de un espacio propio en el campo literario, mientras que otro nuevo “Azelain”, el del soneto que citábamos antes, surgiría en Tandil.  Resulta curioso que, al recrear un Azelain en Argentina, no pudo nunca el autor llegar a suponer que el sitio original que le cediera el nombre, desaparecería completamente unos cincuenta años más adelante…
Aunque residían habitualmente en la quinta de Belgrano, regalada a su hija por Mercedes (hoy Museo Larreta), pasaban largas temporadas en el campo.
En tanto don Enrique disfrutaba sus días recreando permanentemente la estética y atendiendo a sus amigos visitantes, dedicando buen tiempo a la lectura, su esposa Josefina-nos dice Guzmán-era usual que se ocupara de las necesidades espirituales y cristianas del personal del establecimiento y muchas veces de los demás lugareños. Cuentan quienes pasaron la niñez por aquellos campos, que al iniciar la larga temporada veraniega en "Acelain", doña Josefina se dedicaba a visitar todos los puestos de la propiedad y las estancias vecinas en busca de las parejas que querían regularizar su unión, recién nacidos para bautizar y niños en edad de hacer la primera co­munión para inducirlos a cumplir con los sagrados preceptos de iglesia. Para esto, ofrecía los servicios religiosos de su capilla los oficios dominicales. Ella misma enseñaba el catecismo a chicos que se preparaban para tomar la primera comunión, obsequiándoles la indumentaria tradicional para acercarse al altar. También se ocupaba de los festejos de la Navidad, haciendo participar a todo el personal y a quienes se acercaban a la igle­sia nadie que lo viera ha olvidado el clásico pino adornado de guirnaldas y regalos navideños con los que obsequiaba a los chicos de la comarca, así como se ocupaba que los Reyes Magos pasaran y vaciaran sus bolsas generosas sobre los zapatitos humildes. Prueba de la práctica de oración de esta familia piadosa son tres oratorios levantados en distintos puntos del monte, cuyas  paredes blancas destacan la simpleza rural de sus líneas.  
La capilla; una joya que Guzmán y más recientemente  José M. Ortiz, describieron magníficamente, poseía un órgano Mutin - Cavaillé-Coll de dos manuales y pedalera, con 15 juegos reales. El mismo habría sido trasladado desde otro templo de Bs. As. El interior de la capilla es austero, pero con imágenes de santos similares a las que pueden apreciarse en el citado Museo de Arte Español de Bs. As. ; existe además una reliquia del Convento de Santa Teresa de Ávila. El costo del órgano podría rondar los u$s 200.000 aproximadamente y se trata de un instrumento construido a escala para capilla o salón.
Por su parte a Larreta no le encontramos relaciones más que fugaces con la población del Tandil y alguno de sus hombres, según nos atestiguaba José P. Barrientos. Los viajes y las caminatas por la estancia y las visitas, eran más frecuentes que la salida del matrimonio a la cercana Tandil o al Azul. En ese sentido recordamos los que alguna vez nos contó nuestro tío, el citado periodista de Nueva Era  Barrientos, en el sentido que lo recordaba como alguien muy respetado pero también “recluido”  en su estancia sin casi contactos con Tandil. Aunque Barrientos lo conoció ya muy grande, radical como él y el diario, recordaba su porte de aristócrata de finas maneras, de hablar pausado y que le otorgaba a su estancia tandilense el valor de una recreación “pintada” por su mano, de las tierras de sus antepasados, embelesado por nuestras  serranías,  Tandil guardaba para él-nos decía-el “secreto de los tiempos”…
Larreta siempre había querido formar un lago, pero fue después de su muerte que su hijo Agustín encontró la solu­ción requerida e hizo levantar un terraplén para la contención de las aguas del arroyo, logrando inundar una extensa área. Así fue como "Acelain" llegó a lucir su propio lago que hoy: presta varias utilidades y además tiene buena pesca. En verano constituye un centro de interés muy importante para las vacaciones, aquí se pesca y se realizan diversos deportes náuticos. Por otro lado es un nuevo elemento de gran valor deco­rativo que realza aún más la naturaleza generosa de esta tierra.
Durante sus primeras décadas de existencia la producción de este establecimiento se desenvolvía en la forma tradicional o sea, algo de agricultura y predominio de la ganadería.  Enrique Larreta, comprendiendo quizás que su dedicación y amor por el campo era ciertamente más romántico que práctico, delegó la parte productiva y administrativa de la estancia en sus dos hijos varones y en su yerno Adolfo Zuberbuhler, esposo de su hija Josefina.
Durante los años ’40  comenzaron con la cría de vacunos de pedigree de la raza Aberdeen Angus. La cabaña se inició con un plantel de un millar de animales, en su mayoría colorados, que se compraron a dos criadores escoceses. Esta cabaña tenía un alto prestigio, ya que había obtenido importantes premios en diversas exposiciones. La mayor parte de la producción era vendida en los famosos dos remates anuales en el mismo establecimiento, donde también se realizaban las inseminaciones artificiales. Durante muchos años, la cabaña constituyó el rubro más importante de la estancia, pero luego la agricultura pasó a ser la producción principal.
En el fastuoso marco de la tradicional estancia, Luisa Zuberbühler -una de sus descendientes- logró una verdadera transformación de la que fuera la antigua casa de los peones. Realizó una obra llena de magia en base a color, ideas prácticas, conexión con el exterior y el lujo de lo simple
Entre los huéspedes ilustres que tuvo esta estancia, se encuentran el Rey Leopoldo de Bélgica (1962), los Príncipes Imperiales del Japón (1967) (hoy emperador Akihito) , Henry Kissinger y Sra. (1978), además de una larga lista de celebridades internacionales que se han hospedado en la estancia, que incluye  a Ortega y Gasset en una de sus tres visitas a la Argentina, donde se vinculó con un grupo de intelectuales entre los que se contaban Enrique Larreta, Leopoldo Marechal, Ignacio Anzoátegui y Federico Ibarguren, entre otros otros.
El matrimonio Larreta-Anchorena tuvo cinco hijos: Mercedes, Enrique, Josefina , Agustín y Fernando Larreta Anchorena.
Don Enrique Larreta murió el 6 de julio de 1961, a los 86 años, en su casa de Buenos Aires.
Hoy en día, la Estancia “Monte Indio”, una de las tres secciones que constituían el primitivo “Acelain”, ha abierto sus puertas al público ofreciendo la posibilidad de acceder a las bellezas  “acelainas”.”Cerro Indio Safaris”, se ocupa de ello, donde Gonzalo Llambí – bisnieto de don Enrique- tiene para hospedar, la antigua escuela de la estancia que reacondicionó para recibir cazadores y turistas interesados en avistar ciervos, antílopes, búfalos y jabalíes. Los visitantes llevan sus retinas impregnadas de la belleza sin igual de este privilegiado lugar y así lo manifiestan en sus impresiones escritas: “Desde la llegada al Aeropuerto de Ezeiza, fui muy bien atendido por los anfitriones quienes organizaron mi traslado hacia el coto, ubicado al Sur de la Provincia de Buenos Aires (Tandil).Al llegar a destino fui recibido por Gonzalo Llambi …. Luego de mostrarme las instalaciones de la casa y mi habitación (muy buena por cierto), me brindaron un almuerzo típico argentino consistente en un buen bife con ensaladas y vino….Allí, por primera vez, pude ver a los ciervos rojos dama y axis y no obstante ya comenzaba a oscurecer, me fue posible divisar algunos …”--manifiesta un peruano; en tanto un americano de Montana nos dice: “Acelain es la herencia más hermosa que he visto. La comida estaba detrás de buena, era excepcional. Ahora sé por qué mucha gente vuelve y me uniré a ese grupo muy pronto”.
Estimado lector nuestra intención fue dejarle un brevísimo panorama de quién fue Larreta y su maravillosa creación “estanciera”, que como orgullo de Tandil, recientemente, ha sido-además- el marco donde se han filmado películas (El mural) y series de TV, como Tierra rebelde, de la RAI (la TV italiana)….En resumen: una de las joyas inapreciables que tenemos como patrimonio histórico-cultural.

                        Daniel Eduardo Pérez

lunes, 25 de junio de 2012

HOTELES QUE HICIERON ÉPOCA EN TANDIL




HOTELES QUE HICIERON ÉPOCA
Su valor turístico

                                       

Hablar hoy de Tandil conlleva casi necesariamente alguna referencia a su condición de ciudad turística. Con sus 123.300 habitantes recientemente censados-que la coloca en 4º lugar entre las ciudades del interior bonaerense, luego de Mar del Plata, Bahía Blanca y San Nicolás-su crecimiento y desarrollo en la rama económica citada ha sido evidente en los últimos años.
Sin embargo debemos remontarnos bien atrás en su rica historia para reconocer que desde vieja data y por motivos diferentes, siempre estuvo posicionada en un lugar preferencial, aún antes del boom playero.
Tempranos viajeros que llegaron hasta la entonces aldea, fueron testigos y protagonistas de aquellos tiempos que hoy nos parecen lejanos y que nos dejaron testimonios de ello.
Cuando ya había sido derrotada la Revolución de los Libres del Sud (1839) y los Jueces de Paz eran los que mandaban en el pueblo, un inglés- William Mac Cann- y un francés- H. Armaignac-fueron los encargados de disfrutar las bellezas del lugar y luego dar  a conocer en sus relatos, sus opiniones sobre lo visto. Mac Cann- que se alojó en la casa del vecino norteamericano Thomas Sweezy o Suessing, porque no había lugar adecuado para albergar visitantes en el pueblo, fue de los primeros en dejar sus impresiones de la luego archifamosa Piedra Movediza, que produjo en él una viva curiosidad. Por su parte Armaignac, años después, nos legó una bella descripción del Hotel de la Piedra Movediza, de Dhers, relatando las atenciones con que allí se encontró y dejando para la posteridad uno de los relatos más interesantes de aquel hotel pionero del turismo tandilense, que estaba ubicado en la esquina donde hoy luce Golden, destacando la exquisitez de su comida a la francesa, aunque no pone el acento en el desarrollo hasta entonces alcanzado por el pueblo, como sí lo había hecho antes-1868-otro viajero incansable como fue Santiago de Estrada. 
El encanto de la Piedra Movediza fue, hasta su caída en 1912 y aún años después, el gran atractivo por el que llegaban los turistas de fin de siglo que vieron facilitado el acceso a Tandil luego de la llegada del Ferrocarril del Sud en 1883. Los paseos y la movilidad dentro de la ciudad se hacían, naturalmente, en carruajes a tracción a sangre y desde los primeros hoteles, como el ya citado de Dhers, hasta los posteriores, se programaban excursiones espontáneas que partían del interés individual por conocer tal o cual cosa.
En 1882 cobró vida el "Hotel  de Roma" de Caricio Bosatta, que aunque está más reducido, hoy continúa, siendo el más antiguo que sobrevive. Entre los últimos años del siglo XIX y principios del sigo XX-hasta la década del ’40- se gestaron los hoteles  Francia, Maritorena, Manantial,(fundado por Mathiasen), Laberintos, Edén, (de don Juan Hargouas), Sierras, Ramírez,(que por años atendiera don Rafael Armendáriz), América, San Martín, (de Rottoni), Imperial,(de los japoneses Arima y Nagata), Petit, Savoy,(de Martín Larquin), Victoria, Kaiku y Argentino de los hermanos Vicente y Domingo Murno ,donde hoy está el Grill del mismo nombre.
Sin embargo no existía un hotel importante hasta que la familia Santamarina construyó e inauguró, en 1920, el Palace Hotel,(ver Tiempos…) un cinco estrellas de la época, lugar desde entonces preferido por la clase pudiente porteña para venir a residir en el verano y aprovechar además su estadía para visitar a amigos y familiares en sus estancias, que lucían a pleno con la llegada de propios y extraños. Baste mencionar los casos paradigmáticos de Acelain,  Bella Vista, La Indiana y Azucena, entre otras.
Quienes no podían acceder a hoteles de las inexistentes estrellas de entonces, se alojaban en los otros citados. Cabe consignar que los ubicados próximos a las sierras- como los ya mencionados y desaparecidos Manantial, Tandil, Sierras, Laberinto o Edén, casi todos ubicados hacia el este-sudeste, como quien hoy sigue la actual avenida Bolívar, ofrecían buenas tarifas y una privilegiada ubicación especialmente a quienes llegaban hasta aquí aconsejados por los médicos que entendían que el "aire de las sierras " tenía importantes cualidades terapéuticas, sobre todo para enfermedades o afecciones del aparato respiratorio.
Hoteles, estancias y casas de familiares, eran por entonces, según lo hemos expresado, las residencias elegidas por quienes se decidían a pasar sus vacaciones en estas sierras. Los paisajes naturales ya citados y los creados como el Parque fueron hasta el verano de 1943, en que se inauguró el Calvario, los puntos obligados de visita.
La organización turística oficial debió esperar un poco más para llegar y ofrecer un menú al visitante, que cuando lo hizo comenzó por pequeños circuitos que, además de todo lo ya citado, incluía viajes a lugares de trabajo artesanal-industrial como a la entonces famosa fábrica de quesos La Tandilera. Es que ya los quesos de Tandil habían adquirido fama en todo el territorio y junto a los chacinados se encargaron de convertirnos en una ciudad productora de exquisiteces que hoy se ha consolidado firmemente.
El turismo, ya en la década  del '40 había incorporado otros atractivos o complementos que hoy pensamos como indispensables, pero que por entonces recién  despertaban tardíamente al requerimiento de una franja de edad joven, que encontraron en las piletas de natación de Manantial , Los 50 e Independiente ( las tres primeras de la ciudad) el reemplazo de los "tanques australianos" donde darse un chapuzón refrescante y en bailes o " tertulias danzantes" de fin de semana el lugar apropiado para despuntar el vicio, mirar y si era posible entablar alguna relación amorosa.
Estancias como Acelain (del gran escritor Enrique Larreta); las de los Santamarina: Bella Vista, Maryland, La Indiana, Ramón I, especialmente; Los Bosques y  Azucena, entre otras, configuraban el centro de reunión de estos veraneantes ( que era el nombre que le daban por la época, dado que era en el verano-como quedó dicho- cuando venían a descansar hasta nuestras serranías), cuya llegada a la Estación de FFCC y su posterior regreso a Buenos Aires, constituían todo un acontecimiento en sí mismo.
Aquí las excursiones preferidas eran, como mencionamos,  a los manantiales de los Amores, de Gardey y Domínguez, a la Gruta de las Aguas Doradas,  al centro de la ciudad con su Plaza e Iglesia y, desde 1920 con el Palace Hotel, desde donde partían a “las afueras” con sus coches a la mañana o al atardecer, luego de la acostumbrada siesta.
Naturalmente la Piedra Movediza, hasta su caída en 1912 y aún después, era-reiteramos- el lugar que concentraba mayoritariamente a los visitantes, quienes luego enviaban o llevaban las famosas postales citadas o las primitivas fotos del gran Pierroni, hasta la Capital donde eran admiradas y en algunos casos hasta publicadas en diarios como “La Nación” cuando de familias distinguidas se trataba.
Si tuviéramos que definir un momento especial en el desarrollo turístico de Tandil, debemos decir que la década del ‘20 constituye un punto de inflexión, no sólo porque se incorporó el Palace Hotel (hoy sede de la Universidad, desde 1971), sino porque además se incorporaron a la ciudad atractivos que como el Parque Independencia  a partir de 1923 y los grandes edificios de la Municipalidad y el Banco Hipotecario, le dieron una fisonomía arquitectónica magnífica, que aún hoy admiramos.
Para fines de esa década, ya encontramos en algunas publicaciones citas que otorgan especial importancia a la hotelería, que comenzó a incorporarse como una necesidad, un requerimiento de  los visitantes…
Así  entre los hoteles que menciona el Anuario, editado por la Cámara Comercial e Industrial, encontramos además de los ya citados, el Vasconia, el Francés (hoy  también estacionamiento, frente al Polivalente), el España, el Madrid y el Euskalduna  entre otros.
En cuanto a las categorías, podemos leer que en la categoría “A” estaban el Palace, el Roma y el Edén ( el único de esa categoría en cercanías de las sierras); en la “B” : tres serranos más : el Manantial, el Sierras y el  Parque y otros como el ya citado Ramírez , el Savoy ( de los pocos que sobreviven de esa época), el San Martín y el Petit; en tanto en la “C” , la más modesta, el Francia, el Comercio, el Francés, el Regina, el Kaiku  y  el Argentino.
Algunos años más tarde el  inefable Gombrowicz nos dejaría en su “Diario Argentino”, el recuerdo de  su paso por el Hotel  Continental, del apreciado amigo que fuera  Walter  Moroder….
Hoteles para gente de campo, para vecinos de ciudades cercanas y los grandes hoteles, fueron conviviendo, aunque llamativamente los  que estaban en las serranías fueron cerrando.
En la década del ‘70 a los hoteles, pensiones, hospedajes,   ya mencionados se agregan otros que como: el Grand Hotel, Crillon, Hermitage, Ro-Che-Hil, Torino, Turista, que  han llegado hasta nuestros días, salvo el primero..
A los ya citados hoteles, se fueron sumando nuevos de reconocida calidad y así se establecieron: el Plaza que recoge la idea céntrica del viejo Palace, que el amigo don N. Mazzone, en 1978, año del Mundial de fútbol inauguró; además se incorporaron el Dior, el Libertador (1984) y más recientemente  La Posada de los Pájaros, que retoma  el paisaje serrano para su emplazamiento, al igual que el mucho más reciente  Elègance, y el Hotel Golf & Spa Amaiké, emprendimientos que marcan un camino para la  continuidad en otros similares.
Naturalmente no era nuestra intención, apreciado lector, hacer un inventario, sino destacar el temprano desarrollo de la hotelería a favor del turismo en Tandil.

Daniel Eduardo Pérez

jueves, 17 de mayo de 2012

EL HOSPITAL MUNICIPAL DEL TANDIL


                               EL HOSPITAL MUNICIPAL DE TANDIL

ANTECEDENTES
Con la erección del Fuerte de la Independencia el 4 de abril de 1823, se instaló, dentro del mismo, el primer hospital. Era de carácter militar y de campaña y por lo tanto precario pero el primer antecedente sobre el tema. La concepción respondió a la idea del gran médico Cosme Argerich (h) que fue el que entendió en las provisiones  de los medicamentos e instrumental indispensables.
Pasados los años fundacionales, algunos curanderos y presuntos médicos llegaron hasta el Tandil sin una organización específica. Fue por el  reclamo enérgico del prefecto  Elguera, que  arribó a Tandil el Dr. Juan Pedro Córdoba, en marzo de 1858, poniendo fin a una situación de abandono de la atención médica, haciéndose cargo del denominado "Hospital Militar", que no era sino los restos del equipamiento que había traído la expedición fundadora  y cuyo inventario apenas registraba doce catres maltrechos, unas pocas frazadas y escasos elementos más.
El Dr. Córdoba puso orden y además solicitó la presencia de otro médico para ayudarlo, lo que ocurrió en 1862, con la llegada de Manuel Verdier, quien además  fue portador de vacunas contra la viruela, flagelo que con sus epidemias dejaba el tendal de muertos y el terror entre los pueblos.
Córdoba, al parecer hombre de rectas intenciones y sólida formación, supo también poner en "caja" a falsos médicos, denunciando sus actividades  y alzando la voz ante las autoridades. Lamentablemente para el pueblo, el Dr. Córdoba dejó Tandil en 1863, con lo que retomó un lugar de preferencia el  desprestigiado “médico” Cruz, ante la ausencia de verdaderos facultativos, quedaron a merced de este hombre, soldados y población, hasta que partió con las tropas del Cnel. Benito Machado en 1865, cuando el "Toro" trasladó sus cuarteles a Tres Arroyos.
A todo esto, ya las autoridades municipales habían solicitado el nombramiento  de quien remplazase a Córdoba.. Respondió el 11 de octubre de 1864 el ministro de Gobierno que se satisfaría la solicitud, con el nombramiento del Dr. José Fuschini, como médico de policía, quien asimismo portaría vacunas.
La llegada del Dr. Fuschini , dadas su formación y personalidad señaló sin duda el comienzo de la medicina organizada en Tandil,  en manos hasta se momento de improvisados.
Ya en 1861 los vecinos del pueblo Miguel García y Manuel Letamendi habían fundado la que sería la primera botica  de origen local: " La Amistad", de  corta duración y que estuvo a cargo de Honorio Guilbaux, también de ostentaciones curanderiles.
Al año siguiente el noruego Juan Darjap instaló la  botica El Progreso, pero el Juez Romero se quejaba por entonces que en el pueblo " no hay médico ni botica. Mallo no tiene credenciales y Darjap es un estafador., debemos seguir la suscripción pública para traer un médico..."
La  idea fructificó  y así nació la " botica popular", donde hasta el mismo Fugl la apoyaba al entender que una botica de características como la propuesta," cuasi" municipal, sería importante. La permanente amenaza de la difteria, la viruela, la fiebre amarilla y el cólera, tenían en vilo a la población, por lo que muchas veces aceptaban lo que tenían a mano en materia de presuntos "doctores", para calmar sus miedos.
Juan Fugl, convencido de la importancia de Fuschini, propuso otorgarle un subsidio de $ 3.000 mensuales, lo que fue aprobado con complacencia.
En tanto Fuschini se debatía en la soledad en su magnífico y denodado accionar, el dependiente de la botica municipal y sus sucesores, se transformaron una vez más en un dolor de cabeza para la Corporación, que intervino la botica, a esta altura verdadera protagonista de malos tragos en el pueblo.

Quiso la suerte que Fuschini en uno de sus viajes a  Buenos Aires se encontrara con otro italiano como él, también graduado en Padua, pero como farmacéutico, Flaminio Maderni y lo convenciera de venir al Tandil para ejercer su noble profesión.
Entre 1870 y 1871 la lucha de Fuschini contra las epidemias fue incansable. Pudo contar para ello con la colaboración del recién llegado Dr. Ángel Gianelli, a quien Fuschini elogió por su espíritu de  solidaridad en los momentos más difíciles.
Precisamente en 1870 se fundó la primera entidad de carácter mutual en Tandil: la "Sociedad Filantrópica La Caridad", que designó al Dr. Fuschini como médico para sus asociados, con lo que se transformó en el primer médico mutual de Tandil.
Surgirían más tarde la Sociedad Cosmopolita, la Española (1873) y la Italiana (1877), que significarían etapas muy importantes en la atención de servicios solidarios y también médicos.
Fueron años que quedaron marcados en la historia local, por la presencia de un curandero que excedía el marco normal de los "cura empachos". Nos referimos a "Tata Dios", que ejercía en la estancia de los Gómez, La Argentina y tuvo fieles seguidores, no sólo como pacientes sino como "soldados de su causa", la que nunca quedó en claro, pero que fueron los ejecutores de la masacre de treinta y seis extranjeros, cuando aquel 1 de enero de 1872. Estos asesinatos sacudieron no sólo a Tandil sino al país.
Pasada esta pesadilla, el pueblo retomó su calma y en 1874, el Dr. Fuschini, que estaba casado con Blanca Fidanza, convenció al Dr. Eduardo Fidanza, su cuñado, para que se radicara en nuestro pueblo para colaborar en su infatigable tarea en favor de la salud pública. Llegó así a Tandil otro médico que dejaría una huella profunda no sólo en la medicina, sino en la política y en el progreso general. Los doctores Fuschini y Fidanza (que luego contraería matrimonio con la hermana del gran naturalista E. Holmberg), abrieron una " Casa de Sanidad", que sería precursora del primer hospital.
Para la época también actuaban otros médicos, de quienes han quedado anécdotas a través de algunos relatos, que señalaban verdaderas "proezas" realizadas por algunos de ellos, especialmente en materia de cirugía.
Poco tiempo después de la masacre de Tata Dios, se conformó en Azul primero y en Tandil luego, una Logia Masónica, que aquí se llamó "Luz del Sud" y a la que adhirieron hombres de importancia en el medio local como Santamarina  y también los doctores Fuschini y Fidanza. Correspondió precisamente a esta Logia, a impulso de los citados médicos, la creación del denominado "Asilo San Juan", en 1880, que ubicado en el edificio de la intersección de la entonces Ríobamba (hoy Alem) y Maipú, atendería gratuitamente a pacientes, internación incluida.
Fue en realidad ese "asilo" el primer centro de atención que podríamos denominar hospitalaria, con  exclusión del antiguo "hospital militar", donde colaboró  también el Dr. Fernando Peré, quien  había comenzado a  ejercer en Tandil por ese tiempo.

EL HOSPITAL MUNICIPAL
En 1887, el gobierno Municipal- ya ejercido desde 1886 por el primer Intendente Pedro Duffau- tomó medidas con los casos de viruela originados en las canteras de Cerro Leones, para lo que asignó a los Dres. Fuschini y Peré la responsabilidad de vacunar a la población. En esa oportunidad prohibió " la entrada al pueblo de los referidos inmigrantes y demás canteros (sic) con quienes trabajen juntos", para ello estableció una especie de cuarentena, ante el temor de la población urbana que presionaba para establecer esta suerte de "apartheid".
Como corolario de las buenas  intenciones de Duffau, el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza el 24 de julio de 1888, que constaba de once artículos, por la que se accedía a la propuesta del concejal Juan M. Dhers, de adquirir el Asilo San Juan para que se constituyera en el  Hospital Municipal, ordenanza que Duffau promulgó el 3 de agosto de ese año.
La vieja esquina fue así convertida en el primer nosocomio municipal y se invirtieron en el edificio los presupuestos necesarios para su mejoramiento, Además  de los vecinos que harían las veces de administradores, se designó a los Dres. Fuschini y Peré, como los dos primeros en conducir los destinos profesionales del Hospital. A fines de agosto de ese año,  se incorporaron  los doctores Camilo Gil e Ignacio Lizarralde y por la misma resolución a Benito Somoza como conserje y a Virginia Gatti como enfermera. Asimismo dividió en dos secciones al hospital; una de medicina a cargo del Dr. Peré y otra de cirugía a cargo del Dr. Fuschini.
Ambos médicos desarrollarían su labor con alternancias, hasta que en 1893, el Intendente interino Dr. José Santamarina designó Director al Dr. Fuschini e incorporó junto al Dr. Peré, al Dr. Alberto Vivot.
El Hospital satisfacía la demanda poblacional aunque su edificio ya se encontraba muy deteriorado. En 1897 fue designado en reemplazo del Dr. Vivot, el Dr. Ricardo López, quien desde esa fecha y por varias décadas se constituiría en otro de los pilares de la salud pública en Tandil. El veterano Dr. Fuschini, ya anciano, no cejaba sin embargo en su labor, siendo hombre de consulta de colegas que se habían incorporado al pueblo, como Alfonso Esquerdo, Juan Gatti, Fernández Blanco y el llamativo Dr. Vernetti Blina- famoso porque usaba jacquet y andaba en bicicleta- que fue quien instaló en Tandil el primer aparato de Rayos X. En 1899, falleció el Dr. Fuschini . Dejaba el recuerdo de su figura pionera. Un cortejo numeroso y compungido acompañó sus restos hasta el cementerio local.

EL HOSPITAL MUNICIPAL “RAMÓN SANTAMARINA”
Si bien la atención de la salud disponía de servicios como los ya comentados,  un hecho desgraciado como lo fue el fallecimiento del pionero Ramón Santamarina, en 1904,  devino en una obra extraordinaria que tiene hoy una vigencia plena.  Su viuda, doña Ana Irasusta y su hijo el Dr. José Santamarina, donaron, éste los terrenos, y aquélla y sus hijos, el edificio completo de lo que sería el nuevo Hospital Municipal “Ramón Santamarina”,  obra inaugurada el 25 de abril de 1909, con la participación de una multitud como lo reflejan las imágenes de la época. En su interior luce un bello busto de mármol de doña Ana Irasusta de Santamarina obra del escultor Paulín, hecha en París y en su frente  la hermosa escultura en bronce de don Ramón , obra del  catalán Miguel Blay (1866-1936).
Dotado luego del mobiliario e instrumentos adecuados, en 1912 se integró al patrimonio municipal, como una joya destacada que ponía a Tandil en la cima de la calidad de la atención sanitaria en toda  la provincia, merced al gesto generoso de esta familia que tanto dio a su pueblo y que ya centenario su  núcleo original, es ineludiblemente el centro asistencial más importante no sólo de Tandil sino de la región.
El viejo Hospital, se trasladó al nuevo espacio, bajo la atenta supervisión de su Director, el Dr. Ricardo López y de una comisión administradora, integrada por los destacados vecinos. Eduardo Arana, José Carrau y Francisco Fernández en representación de la familia Santamarina  y   por los señores Capdepont, Antonio Usandizaga y Joaquín Belauzarán por la Municipalidad
Junto al Dr. López, los médicos. J. J. Gatti, Alejandro Zavala y Juan C. Tuculet, actuó la primera partera diplomada, doña Amara N. de Suárez y la caritativa atención espiritual y material de las Hermanas de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, que ya estaban en Tandil  y habían sido fundadoras del Hogar de Niñas y Huérfanas y del Colegio de la Sagrada Familia en 1896. La asistencia médica se prestaba en las cuatro grandes salas generales y en las habitaciones especiales destinadas a pensionistas y parturientas.  Brindaba asimismo servicio a los enfermos particulares en la sala de pensionado donde podían internarse bajo la asistencia  de los médicos de la ciudad. En años posteriores, se incorporaron al Hospital los profesionales: Dr.Alfredo Vitón (1910), Ferruccio Domeniconi (1912), Rogelio Arecha y el Dr. Ángel Olmos, Ramón Rey (1915), Pedro Maíz (1919) y Juan C. Tuculet en 1921.
La familia por nota del 15 de junio de 1907, había dejado constancia  de la donación del Hospital, en ese momento en construcción, a la Municipalidad. Asimismo quedó definido el nombre que llevarían las salas: la primera: Dr. Ramón Santamarina, que había fallecido en el año de la inauguración; la  segunda Dr..José Santamarina por la donación del terreno; la tercera Isabel Arana Drago, que falleció aún pequeña, hija del Intendente Eduardo Arana en el momento de iniciarse las obras y la cuarta María Avellaneda Santamarina ( nieta de doña Ana) niña fallecida prematuramente, hija de  Nicolás Avellaneda y María Santamarina.
En la segunda década del siglo XX, Don Antonio Santamarina, compró en París, el primer aparato de Rayos X que se instaló en el Hospital, equipo que luego de muchos años de uso, quedó en depósito, hasta que en el año 1939, cuando  se inauguró el Dispensario de Vías Respiratorias de la Cruz Roja, fuera reparado por Don Américo Sinka y siguió prestando útiles servicios en esta nueva institución de salud
A partir de entonces el Hospital no dejó de crecer bajo las distintas administraciones municipales que lo tuvieron como eje de la salud pública tandilense y con la conducción de médicos respetables, que bregaron por lograr ampliaciones y la colaboración de comisiones de apoyo, lo engrandecieron. Los Directores que cumplieron más años en sus funciones fueron: el primero Dr. Ricardo López (1909-1917), su sucesor Dr. Juan C. Tuculet (1921-1929) y el Dr. Dardo J. Fernández Tasende ( 1961-1973). En su Centenario es su Director Médico el Dr. Vito Mezzina y el Administrativo el Lic. Daniel Binando.

 Daniel Eduardo Pérez

sábado, 28 de abril de 2012

NACIMIENTO DEL MUTUALISMO EN TANDIL


EL NACIMIENTO DEL MUTUALISMO EN TANDIL

El mutualismo, como institución social es casi tan antiguo como la hu­manidad. Ya  en la antigua Babilonia, había prácticas que podríamos denominar pre-mutualistas al igual que, más cercanamente, en Jerusalén, 500 años AC. También entre los egipcios, griegos y romanos hubo hechos que ponen de relieve el despertar del espíritu gremial solidario. En todos  aparecen  esfuerzos mancomunados dirigidos a la defensa y protección de los obreros y artesanos. En la antigua Grecia  había conciencia sobre el sentido de sociedades humanitarias, que dieron larga y fecunda vida a ciertas asociaciones llamadas Sunedarias, Hetairias y Eraros, encargadas de proporcionar socorro mutuo
Entre los romanos  existían Colegios  que cancelaban el “Funeracuticum” o seguro,  a la muerte del asociado, a través de la “Collegia Teniuorum”, primitiva mutualidad, que puede considerarse de las primeras que se tiene conocimiento,  análogas a lo que en nuestros días son las de socorros mutuos, Con aportes periódicos , los integrantes de estos collegia funeraticia se aseguraban para si, o aún para sus parientes, las honras fúnebres usuales y un sepulcro honorable, asuntos importantes en la cultura de la época ,que suplían la inexistencia en Roma de cementerios públicos.
Se las denominó también societates monumenti y collegia tenuiorum y fueron el tipo de asociación a la que recurrieron los cristianos durante la época del paganismo para el ejercicio en común de su culto.
En el Medioevo, los gremios alcanzaron su máximo  esplendor, la Iglesia, inició la reconstrucción en aquellos lugares  que fueron  invadidos por los bárbaros, en los cuales y en torno a las iglesias y monasterios, fundaron escuelas, luego Cofradías, las cuales tenían un carácter económico, constituyendo posteriormente los Gremios o Ghildas, que prometían protegerse entre sí y formaban un fondo común  con sus propios aportes.
En  la E. Moderna, se trató de unir nuevamente al hombre en torno a las Corporaciones,  aquí es donde la “asociatividad” o mutualismo, como lo conocemos hoy, echó  raíces.
En el siglo XVI aparecieron las primeras Hermandades de Socorro, superación institucional de las Cofradías, pues estaban particularmente dirigidas a la protección  de los más humildes y débiles...
La Revolución Francesa, luego,  prohibió formalmente los gremios y corporaciones con personas de una misma profesión, pues  “dañaban a la libertad que la revolución venia a establecer”.
En la primera mitad del siglo XIX, el mutualismo con recursos y propia iniciativa, dio sus primeros pasos  en Asociaciones de Socorros Mutuos, para  proteger a las víctimas de conflictos,  accidentes, enfermedades, cesantía y fallecimiento
.
Para el destacado estudioso Emilio Coni, en nuestro país la historia de la mutua­lidad tuvo su punto de partida en el período comprendido entre 1852 y 1862.
Durante la Colonia existieron  algunas sociedades de socorros mutuos, como la Sociedad Italiana del Plata, pero fueron de efímera vida. Recién en el período de la Organización Nacio­nal, comenzaron a surgir instituciones duraderas y con estructuras para servir a los principios del mutualismo.
La más antigua sociedad de socorros mutuos organizada como tal: en Buenos Aires, fue la francesa "L'Union et Secours Mutuell", funda­da en 1854.
Dos años después, los obreros del calzado dieron origen a la "San Crispín" y en 1857 los gráficos fundaron la "Sociedad Tipográfica Bo­naerense", en la que el periodista y tipógrafo Rafael Pites, que pasó por Tandil dejando tras de sí cuatro periódicos, fue directivo por mu­chos años.
En ese mismo año, 1857, los españoles promovieron la creación de la "Asociación Española de Socorros Mutuos", haciendo lo propio los ita­lianos en 1858 con "Unione e Benevolenza", la más antigua sociedad de ese tipo de esa colectividad  en el país; de allí en más se sucedieron otras como la "Française", en 1859.
El desarrollo del mutualismo fue rápido, como lo demuestran las cifras que en 1914 indicaban que existían en el país 172 socieda­des argentinas con 65.188 socios; 181 cosmopolitas con 150.004; 463 italianas con 166.086; 250 españolas con 110.040; 92 francesas con 12.311 y 44 de otros orígenes con 4.008 asociados.
El Censo Nacional informaba que el país tenía por entonces 7.903.662 habitantes de los que 2.357.952 eran extranjeros, siendo de ellos 929.863 italianos y 829.701 españoles. 
De 41 ins­tituciones que se fundaron entre 1854 y 1870, pasaron a fundarse 107 entre 1871 y 1880, período en el que nacieron las primeras de Tandil.
El aumento de estas instituciones sufrió un detenimiento, para luego pasar a un crecimiento y/o consolidación de las creadas, registrándose en 1926 un total de 1.009 que treinta años des­pués, llegaron a casi el doble.

EN TANDIL
En  ese marco de desarrollo del mutualismo, Tandil fue un reflejo del panorama general y del pueblo que era en 1870, con una afluencia cada vez más creciente de extran­jeros. Contaba con vecinos que deseosos de brindar su esfuerzo por el bien común, se nuclearon hacia fines de ese año, para intentar la concreción de una iniciativa que pretendía crear una entidad mutual que a la postre fue la primera de ese tipo en Tandil. El  25 de octubre, en una asamblea general convocada por un grupo representativo de vecinos, quedaron establecidas las bases del reglamento para la nueva institución que se denominó Sociedad Filantrópica "La Caridad" de Tandil y que fue formalmente cons­tituida el 1  de noviembre de 1870.
Esta Sociedad, la primera de su tipo, fue fundada, por vecinos de origen extranjero, con principios afines a la masonería y dio origen, más tarde, a otras sociedades mutuales (española en 1873 e italiana en 1877). Muchos de sus integrantes fundadores fueron luego quienes crearon la logia Luz del Sud .que nació como una logia operativa. La matanza del 1 de enero de 1872, atribuida a Tata Dios., fue la excusa histórica para dar plenitud al actuar masónico que ya existía en for­ma velada, como señalamos,  a través de la Sociedad Filantrópica "La Ca­ridad" en cuyo Reglamento  quedan de manifiesto sus objetivos afines a la logia.
Según  lo establecía el Estatuto "el objeto de esta institución es la reciprocidad de asistencia en la necesidad entre todos sus socios, es decir ante las enfermedades y en los casos en que éstas corten el hilo de la vida, los honores que la religión impone. Además cada miembro se obliga a dar un legítimo realce a la institución con la práctica del amor y fraternidad recíproca. Ellos no deberán nunca perder de vista que la solidez, la fuerza y el impulso dependerán de la observa­ción rigurosa del reglamento, sin la cual ninguna asociación puede de­sarrollarse y menos vivir.
Los cimientos de instituciones analógicas reposan sobre la igual­dad, la responsabilidad y la fraternidad, palabras que deberían ser grabadas en todo corazón humano para tenerlas presentes en todos los actos de la vida" (la enfermedad y la muerte fueron desde el inicio del mutualismo preocupaciones esenciales).
La Comisión Provisoria que se ocupó de la organización de la entidad, estaba presidida por el comerciante italiano Pietro Girola; vice­presidente era el conocido francés Jean Marie Dhers, (dueño de uno de los primeros hoteles de Tandil, denominado "De la Piedra Movediza"); secretario era otro conocido francés: Bernard Sabatté La­place; vice-secretario era el comisionista italiano Ottavio Brivio; tesorero el conocido constructor, también extranjero, Antonio Bellami y vice-teso­rero el boticario italiano Flaminio Maderni. Otros destacados veci­nos como Jean Espel (francés), Gesu Zibecchi (italiano), G. Ayçaguer (francés), Bernard Mon (francés), Louis Dufaur (francés), Luigi Zibecchi (italiano) y Antonio Allievi (italiano) componían el resto de la Comi­sión. Varios  más firmaban al pie del acta fundacional, con sus nombres en castellano, como los de la comisión, lo que es curioso, pues­to que años más tarde, muchos de ellos en las actas de la "Societá Unio­ne Italiana",  firmaban en su idioma nativo. Estos fir­mantes fueron declarados socios fundadores.
Si bien la institución fue iniciada íntegramente por extranjeros, debemos destacar, de acuerdo a lo que se desprende de la lectura del Estatuto, que eran  los socios fundadores  quienes presentaban a los candidatos para ser admitidos, no siendo requisito indispensable ser extranjero para ingresar.
Franceses, especialmente vascos franceses, e italianos, integraron este núcleo primigenio que dio origen a la primera entidad organi­zada específicamente para prestar servicios de ayuda mutua en Tandil.
Resulta interesante señalar el amplio sentido internacional que tuvo esta entidad tandilense, porque aún cuando se aprecia la casi ausencia de españoles y dinamarqueses en el momento de su creación, estos se agregaron luego en los años subsiguientes.
La Sociedad Filantrópica "La Caridad", inició sus actividades dando ingreso en la primera reunión formal del 1 de noviembre a $ 10.070 m / c. En su segunda reunión, la Comi­sión dio entrada a la propuesta del Dr. Giuseppe Fuschini como médico de la Sociedad, siendo así el primer médico oficial de una Socie­dad mutualista de Tandil.
Las reuniones habituales se efectuaban en la  casa de Dhers, ya que la Sociedad no poseía edificio propio en sus primeros años. En el primer aniversario de la fundación, al renovarse la Comisión Directiva, aparecieron algunos españoles, todos ellos vecinos res­petables del pueblo y criollos destacados de entonces. La asamblea del 5 de noviembre de 1871 consagró así a  Bernard Sabatté Laplace, como Presidente; vicepresidente: Carlos A. Díaz; tesorero: Ramón Santamarina; vice tesorero: Jean Espel; secretario: Manuel Suárez Buyo y vice secretario: Jean M. Dhers.
Al año siguiente, la Comisión fue renovada nuevamente eligiéndose en esa oportunidad Presidente a Ottavio Brivio.
Esta Comisión, en la reunión del 20 de enero de 1873, decidió la construcción del edificio propio en los terrenos donados al efecto por los socios Manuel Suárez Buyo y César Magnin, colocándose la pie­dra fundamental del mismo el 14 de setiembre.
Ese mismo año se produjo la primera derivación o consecuencia de la actividad mutual iniciada por "La Caridad", al fundarse la Socie­dad Española.
Un grupo  de 44 españoles, fue el que creó  la Sociedad Española de Socorros Mutuos y Beneficencia. Los fundadores,  cuya primera presidencia fue desempeñada por  Joaquín Rivera,  lo decidieron en la  reunión del 8 de diciembre de 1873. Acompañaron a Rivera, entre otros: el Dr. Eustaquio Herrera y Salas,  Remigio. Sánchez, Manuel Suárez Buyo., Faustino de Lejárcegui, Aureliano Aguirre, José María Fernández, José Fernández Currás, José Pardo, Lucas R. Benavídez, José María Sampaul, Ramón Santamarina, José María Niel, Manuel Martínez,  Francisco. Barberena, Remigio Sánchez, Eduardo. Estévez., Martín Maritorena, Antonio Usandizaga, Manuel de Castro y Uviña,  José  Antonio Lavayén. y  Justo Lavayén..
Por su parte “La Caridad”, el 9 de noviembre de 1873, en asamblea ordinaria  eligió Presidente a Carlos A. Díaz; vicepresidente a Graciano Ayçaguer, Tesorero a Marie B. Dhers, vice-tesorero a Blas Mathiasen¡ secretario a José M. Bentín y vice- secretario a Manuel M. Fernández.
El crecimiento de las actividades de la Sociedad obligó a con­tratar, el 4 de julio de 1874, a un secretario rentado, designación que recayó en el vecino Francisco Álvarez. Fue precisamente éste quien ins­cribió en los registros, en setiembre de ese año a Antonio de Vecchi, que a la postre sería vicepresidente fundador de la "Societá Unione Ita­liana".
La preocupación de la Comisión por el edificio propio había da­do sus buenos resultados por lo que ya en 1876 las reuniones se efectuaban en el edificio social de la institución, que a veces fue utilizado por las colectividades sin sede para reuniones o incluso para sus oficios religiosos los domingos, como en el caso de los daneses, que la solicitaron en junio de 1876, cuando todavía no había sido terminado el Templo, inaugurado en 1877.
En 1876 Suárez Buyo asumió la presidencia de la entidad, secundado por Manuel Eigler como vicepresidente y Al­berto Speroni como secretario, notándose la permanencia, en la comi­sión, de Joaquín Rivera, presidente fundador de la Sociedad Española.
El  8 de iulio de 1877, por su parte, nació  la "Societá Unione Italiana". Un maestro sería su primer presidente, don Andrea Clari, que ejercía su profesión en la Escuela Graduada de Varones (actual escuela Nº 1), otro maestro, Antonio de Vecchi -que ejercía su noble tarea en el: "Colegio Ítalo-Argentino" de los Bruni-, fue designado vicepresidente; Giuseppe Vitale, que había tenido experiencias anteriores como secre­tario rentado de "La Caridad", fue el primer secretario; otro experto  en este tipo de comisiones, el citado Ottavio Brivio, ocupó la pro-secretaría; Antonio Bellami fue designado tesorero y el comerciante Martino Zibecchi pro-tesorero. Para vocales fueron electos los comerciantes Daniel Speroni, Alberto Speroni, Gesu Zibecchi, Antonio Barbaro, Giovanni Cavalleri, Giovanni Scuffi, Giovanni Dabondi o Dabbondio, Ambrosio Zibecchi, Giovanni Zibecchi y  el boticario Flaminio Maderni.
La presidencia de "La Caridad" fue asumida en 1877 por el danés  Manuel Eigler y la vicepresidencia por Lucas Be­navídez,  Speroni ocupó el cargo de secretario y tesorero fue designado Joaquín Rivera, encontrándose entre los vocales Ju!io Anizán, Antonio Usandizaga, Giuseppe Macchi y Giulio Volpatti,
Resulta curioso, luego de observar la conformación de estas co­misiones, el hecho  que varias personas, como prosiguió ocurriendo luego, fueran miembros en forma simultánea de dos entidades similares en sus propósitos y que desarrollaban su acción en una comunidad pequeña como lo era la del Tandil de entonces.

La coexistencia de las tres entidades simultáneamente e incluso con dirigentes que participaban en dos de ellas (Española y La Caridad  e Italiana y La Caridad) fue "pacífica" hasta 1879, en que posiblemente por disidencias entre las dos colectividades más poderosas que inte­graban "La Caridad", ésta se transformó en la "Cosmopolita" dejando sentado entre sus principios la franca recepción de asociados de cualquier nacionalidad, a diferencia de las otras mencionadas.
Aquella amplitud de espíritu de los fundadores de “La Caridad” se mantuvo en el tiempo, traduciéndose más claramente cuando el 6 de abril de 1879 se transformó  en la citada "Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos" y así lo expresaba en su Estatuto. Iniciaba así su vida una institución de larga y meritoria labor en Tandil hasta su fusión con la "Societá Unione Italiana”.  
Por su parte, en 1894 los franceses fundaron la Sociedad Sadi Carnot cuya primera comisión fue presidida por el incansable Bernard Sabatté Laplace.
A tantos años de aquellos pioneros, hoy Tandil tiene mutuales valiosas, entre las que merecen destacarse la Asociación Mutual de Empleados Municipales de Tandil (AMEMT) y la Asociación Mutual Universitaria ( AMU), de relevantes y positivas prestaciones a la comunidad, que siguen el camino abierto por las citadas hace más de un siglo, “aggiornadas” en sus acciones.
En esta síntesis apretadísima, amigo lector de Tiempos, hemos querido dejarle un panorama sobre este tema que fue y es de especial importancia social.
  
                     Daniel Eduardo Pérez