sábado, 6 de agosto de 2011

MARTÍN FIERRO EN EL TANDIL

MARTIN FIERRO EN EL TANDIL

Adentrarnos en las entrañas mismas de la historia del "Martín Fierro", nos conduce necesariamente a abrevar en la vida de José Hernández y también en el contexto histórico de la época y sus personajes.

Estudiado a fondo autor y obra en innumerables trabajos, sabemos por propia boca del mismo Hernández- en sus "Instrucciones al estanciero" y por la de su hermano Rafael- del afecto y conocimiento profundo que tenía de usos y costumbres, así como de personajes del campo bonaerense, por lo que constituyó siempre un desafío el tratamiento histórico del hombre y el paisaje sobre los que realmente se apoyó la inmortal obra que nos legó.

El escenario se corresponde inequívocamente con la geografía del centro- sudeste de la provincia, donde además el autor pasó momentos de su infancia (recordemos Laguna de los Padres y Camarones). Así pampas, cerros y loberías caracterizan el poema que, al decir del recordado historiador y maestro Juan Carlos Vedoya, se centran en la estancia, el fortín y la pulpería.

Estancia adonde aún no había llegado el bagaje aportado por los inmigrantes con la crianza de la oveja y la práctica de la agricultura, de alguna manera despreciados por el gauchaje que, según algunos autores-Borges incluido- manifiesta ciertos indicios de burla y reacciones de xenofobia, que quedan reflejadas en el poema.

En esos escenarios complejos y desafiantes, tuvieron lugar sucesos de la vida del hombre de carne y hueso-parafraseando a Tiscornia-que hoy, casi con certeza, podemos afirmar dio pie a la genial creación hernandiana.

Ese gaucho de vida real se llamó Melitón Fierro y habitó precisamente en los campos del Monsalvo, donde transcurrió parte de su vida y además los momentos culminantes, después de haber recalado allí, dado que de nacimiento era porteño.

Correspondió al investigador uruguayo Rafael Velázquez, el mérito de haber dado a conocer, en 1923, el documento firmado por el Cnel. Alvaro Barros-fundador de Olavarría en 1867 y comandante de la frontera sud-, donde acusa recibo de la llegada del preso Fierro al lugar de su comandancia, el 16 de agosto de 1866.

Este hecho decisivo y el aporte posterior de otros descubrimientos documentales, echaron por tierra con las hipótesis de quienes atribuían a Hernández el haber tomado las figuras de Güemes, Artigas o un estanciero de su amistad llamado Martín Colman, como base para el desarrollo del personaje central.

A partir de aquel hallazgo, comenzó lentamente la reconstrucción de los episodios a que dieron lugar el apresamiento, posterior condena y remisión a la frontera de Melitón Fierro, donde entra nuestro Tandil en el itinerario azaroso del gaucho.

El episodio desencadenante de nuestra historia, tuvo lugar en el frío invierno de junio de 1866, posiblemente en" La Rosa", la pulpería que estaba en los campos del alcalde Lastra, en el partido del Monsalvo, cuando por cuestiones del momento se enfrentaron en una pelea a facón, Melitón Fierro y Policarpo Vera, quien resultó levemente herido por nuestro personaje.

Como consecuencia lógica, Melitón fue detenido y remitido al Juez de Paz don Enrique Sundblad, quien lo despachó con nota del 27 de junio y la custodia del sargento Bartolo Santucho, al Juez en lo Criminal de Dolores J. J. Cueto.

Cueto, luego de pedir al ya citado alcalde Lastra, elementos como el facón y el caballo de Fierro, procedió a estudiar el caso, y se declaró incompetente, porque a su entender- y al nuestro-el tema era menor y casi irrelevante a los ojos contemporáneos, por lo que lo devolvió al Juez de Paz Sundblad, para que actuara según su criterio y las facultades otorgadas por la ley de 1858.

Del contrincante de Fierro se ocupó muy bien el historiador dolorense Cesar Vilgré Lamadrid, quien además ubicó a descendientes del cordobés Vera, proporcionándonos interesantes datos sobre la amistad de aquél con Pedro Flores, de los primitivos pobladores de Lobería, Juez de Paz y amigo de Hernández.

El 10 de agosto de 1866, el Juez Sundblad aplicó a Fierro la sentencia de ser " condenado al servicio de las armas por el término de tres años y al batallón de Línea".

Con otra nota de la misma fecha, lo remitió al Cnel. Álvaro Barros, a la frontera del Azul, expresando que la pena era de ese tenor por la levedad de las heridas...

La reconstrucción del itinerario de Fierro ha sido completada con exactitud desde su partida hasta llegar al destino fronterizo y ser recibido por la comandancia de Barros, merced a hallazgos que incluyen el Archivo Histórico de Tandil.

Ya el citado autor oriental- Velázquez- había demostrado que desde el Monsalvo, Sundblad-custodia mediante- lo remitió al Juez de Paz del Vecino (actual Gral. Guido), Idelfonso Ramos Mexía, quien a su vez hizo lo propio con el Juez de Paz de Arenales, Zoilo Miguens, a la postre fundador de Ayacucho, curiosamente el único topónimo que Hernández menciona en su obra, amigo personal y a quien dedicó la primera edición de su poema.

Más cerca de nuestros días -en 1972-la investigadora Amalia Cirujeda fue quien encontró en el Archivo Histórico de Tandil, la nota de Miguens al Juez de Paz del Tandil, don Carlos Díaz, donde le remite al preso eje de nuestra nota y donde dice Ferro y no Fierro- la hemos tenido a la vista- expresando: "Arenales, Agosto 11 de 1866.

"Al Señor Juez de Paz y Comte. del Tandil.

"El infrascripto remite a V. al preso Melitón Ferro y un pliego serrado (sic) del Juez de Paz del Monsalvo, para que se sirva V. hacerlo pasar bajo segura custodia de Juzgado en Juzgado, hasta el Azul, para que le sea entregado al Gefe (sic) del Batallón 11 de línea Sargento Mayor Dn. Alvaro Barros".

"Dios guarde a V. mil años" José Zoilo Miguens.

Así llegó finalmente el pobre Melitón Fierro a los pagos serranos, entre bravos custodias y jueces de paz que todo lo podían .Poco duró la estadía del personaje clave del poema gauchesco máximo de nuestra literatura en Tandil, donde más allá de algún mate y algún pedazo de dura galleta, entre el cruce de pocas palabras y el olor a tabaco barato, pasó sus horas camino a su duro destino.

El autor de estas páginas tuvo la suerte de encontrar en 1982, en el libro copiador del Juzgado de Paz, el texto de la nota que el Juez de Paz local, el ya citado Carlos Díaz, le remitió rápidamente a Álvaro Barros, y que habiendo permanecido inédita, se dio a conocer por primera vez en la publicación de un artículo firmado por quien esto escribe, en el diario "El Tiempo" de Azul, en enero de 1983.

El texto lleva fecha del 16 de agosto de 1866 y manifiesta:

"Al Sr. Comte. del la Frontera del Sud Tte. Coronel Dn. Albaro (sic) Barros

"El infrascripto remite a V.S. el preso Melitón Ferro y un pliego serrado (sic) del Sr.Juez de Paz del Monsalvo".

Este hallazgo cerró el itinerario, no dejando dudas del paso de Melitón Fierro por Tandil, quedando de lado las originadas por algunos autores que desde Arenales lo hacían llegar directamente al Azul.

El mismo 16 de agosto llegó Fierro al Azul y así lo hizo saber Barros en nota al Juez de Paz del Monsalvo, que originalmente era quien lo había sentenciado y enviado allí a cumplir la ya mencionada condena.

Los lectores querrán saber qué pasó luego con este personaje. Dos días después fue destinado a la 2da. Compañía que comandaba el recordado Antonino López de Osornio en la zona de Claromecó , siendo posteriormente trasladado a Tapalqué, en cuya región seguramente fue que desertó junto a un tal Sixto Base, el 25 de diciembre de 1866, según consta en la documentación del legajo respectivo.

De allí en más, salvo el hallazgo del documento en el que figura el pago de $ 140, el 28 de setiembre de 1880, por "cuerear varios animales", en el Libro de Movimiento de Caja del partido de Gral. Alvear, nada más se ha conocido.

Recientes trabajos, como el novelado en primera persona de Agustín Villasol (Dolores, 2002), confirman todo lo descripto y abonan la hipótesis del personaje de " carne y hueso", al igual que las existencias del sargento Pedro Cruz (1830-1883) y de un tal Francisco Bramajo o Borrajo, en la estancia "Las Víboras", que por tradición oral escuchada en esos pagos hasta hoy, podría haber sido un perfecto "Viejo Vizcacha".

Ahora bien, ¿ cómo conoció estos personajes reales Hernández o al menos supo de alguna de estas historias ?.

Es sabido que el autor escribió por primera vez el nombre de Martín Fierro en 1869, nombrando con él a su amigo el ya citado Martín Colman y que la obra "El gaucho Martín Fierro" la escribió en 1872, al regresar de Montevideo y luego de compartir largos momentos con sus amigos José Zoilo Miguens y Álvaro Barros, quienes además compartían el mismo ideal político.

Miguens o Barros pudieron ser perfectamente informantes de lo que Hernández confesó que "... esto es pura realidá". En el caso de Barros, un descendiente suyo, Ricardo Mosquera Eastman, sostuvo en 1967-en correspondencia con Velázquez-, que en su familia siempre se creyó que el Cnel. Alvaro Barros relató a Hernández acontecimientos sobresalientes de un gaucho que tuvo a su cargo en la frontera del Azul.

Otros, como los citados Flores y Colman, también pudieron ser informantes, lo cierto es que más allá del puente tendido entre Melitón y Martín; el paisaje, la estancia, la frontera, la realidad socio- política y la creación literaria, en Hernández, el eximio abogado del gaucho, hubo bases firmes de indubitables realidades, en donde Tandil tiene su pequeño lugar por el terreno que lo caracteriza, en alguno de los versos:

"Hasta un inglés zanjiador

"Que decía en la última guerra

"Que él era de Inca-la-perra

"Y que no quería servir.

"También tuvo que juir

"A guarecerse en la sierra"

Sierra que el anotador de la sexta edición de Sopena de 1953, Ramón Villasuso, no duda en decir que es la de Tandil.

Tandil y Melitón. Melitón y Martín. Martín y aquella realidad ¿por qué no?.

Recientemente la aparición del libro “El mundo de Martín Fierro”, (Eudeba, 2006) firmado por el prestigioso catedrático Eduardo Míguez, recoge algunos documentos y alguna bibliografía, en donde no aparecen otros –documentos o libros-que arrojan luces sobre el tema, y que el autor no ha tomado en cuenta por motivos que desconocemos…

Daniel Eduardo Pérez

martes, 26 de julio de 2011

TANDIL Y SU PLAZA CENTRAL

LA PLAZA INDEPENDENCIA DEL TANDIL

En estos tiempos de globalización, interdependencia y dependencias puntuales- FMI y G-8 de por medio-hablar del significado de la independencia, nos obliga a ponernos en los tiempos y los espacios históricos en que se dieron estos procesos en nuestro país y en América del Sur.

Aquella gesta que tiene en el 9 de Julio de 1816 la fecha símbolo de la independencia argentina, labrada durante años con la vida misma de miles de hombres y mujeres que dejaron de lado pequeños intereses, para ofrendar a la patria lo mejor que tenían en pos de ideales hoy tan lejanos de la realidad que nos circunda, marcó una etapa que desde Tucumán a las campañas sanmartinianas y bolivarianas nos legaron no sólo realidades, sino caminos a seguir.

El significado de la palabra independencia tenía por entonces un valor agregado que se imponía por sobre cualquier otro, de tal suerte que utilizarla respondía a profundos sentimientos. Tal es el caso del nacimiento de Tandil, cuando en el mensaje del Brig. Gral. Martín Rodríguez del 4 de abril de 1823, dirigido al gobierno delegado de Buenos Aires ejercido por Rivadavia, comenzaba la datación diciendo:" Fortaleza de la Independencia...". Era tal la necesidad de reafirmar todo el proceso aún fresco e inacabado de la emancipación, que se bautizaba, por ejemplo, a la nueva fundación con el máximo nombre que podía darse en ese momento.

Tandil nacía honrando lo que formalmente tendría su fin militar con Junín y Ayacucho, un año después y que había tenido en muchos de los soldados que estuvieron en estas serranías como fundadores, a protagonistas de algunas de las batallas de las campañas libertadoras.

Cuando fueron enviados los planos del fuerte y luego los del trazado ideado- que como bien señala Gorraiz Beloqui, nunca aparecieron-seguramente los ingenieros ya habían demarcado, además de la ubicación y formas del fuerte, la posible traza que, siguiendo la herencia hispana, tenía como eje principal alrededor del cual se organizaba el resto de la construcción, a la plaza.

Esta plaza original, que sólo estaba en la mente de aquellos precursores, tardaría bastante tiempo antes de figurar en la realidad como algo visible y mucho más para transformarse en una palpable concreción a la que pudiera dársele el nombre de tal. Sin embargo ya en los planos de 1858, levantados por el danés Juan Fugl y luego copiados y firmados por un tal Taylor, que han llegado hasta nuestros días, figuraba la plaza pública o principal, como durante décadas se la conoció.

Abarcando inicialmente la manzana ubicada entre Gral. Rodríguez, Gral. Belgrano, Gral. Pinto y la actual Fuerte Independencia, con el nombre ya señalado de "Principal" fue un verdadero baldío cubierto de pajonales, al que esporádicamente se lo mejoraba. Hubo que esperar a la lamentable demolición del Fuerte-luego de 1865- para que se incorporara como "Plaza Nueva" a la contigua manzana que se extendía hasta Chacabuco, con lo que se completaba en la realidad lo que ya en los citados planos de 1858 figuraba como plaza.

Hacia 1873, la pomposamente denominada plaza, era un conjunto de pajonales con algunos senderos peatonales, que el uso permanente del vecindario había demarcado para su cruce rutinario. Ya la Corporación Municipal, con el Juez de Paz a la cabeza, había comenzado con la preocupación de tratar de mejorar el aspecto de aquello que tenía un destino de corazón del pueblo y que como tal dejaba mucho que desear.

En 1875 el vecino Antonio Bellami- constructor de varias casas que aún perduran, entre ellas la de la familia Puchuri-Esquerdo, en la calle Gral. Rodríguez al 300-era encomendado para nivelar y terraplenar la plaza, una manera de comenzar con obras tendientes a dar forma a ese pajonal.

Al año siguiente ya la Municipalidad daba cuenta en su Memoria del resultado de los trabajos que -exagerando- parece que habían sido altamente positivos. Dice una parte de aquella Memoria: " El hermoso y severo edificio del Templo se levanta sobre uno de los costados de la plaza principal que mide ciento ochenta varas de frente por doscientas veinte de fondo.

Al darse principio a esa obra, esa plaza era un simple potrero donde pastaban libremente los animales. La municipalidad creyó que no debía perder un minuto en convertir ese asilo de viscacheras (sic) en un hermoso jardín, que a la vez que embelleciera la localidad, proporcionase aire puro y beneficio a la población que pronto la adoptaría para paseo público y favorito local de las reuniones del vecindario.

Su pensamiento se ha realizado en toda su estensión (sic). La Plaza Principal del Pueblo del Tandil, si se encontrase en la Ciudad de Buenos Ayres, llamaría la atención pública por la belleza de sus alamedas en las cuales jamás hay polvo ni lodo y la abundancia de sus hermosas arboledas y de sus preciosos ocho jardines contenidos en su recinto que hacen de esa plaza un sitio delicioso a la vista y a propósito para solaz de la población..."

Asimismo allí agradece al Sr. Vicente Silveira " del pueblo de San José de Flores" por la donación de mil plantas para la obra.

Como vemos, los representantes de entonces del pueblo, tenían en la plaza puestos sus ojos como un lugar a mejorar y lucir. También se licitó cercar el perímetro de la plaza para evitar que fueran dañados los citados jardines y la incipiente forestación que allí se había concretado, destinando $ 38.000 a tal fin, así como la colocación de una bomba de agua.

Sin embargo según pasaban los años y las gestiones de gobierno, el interés variaba en la práctica, no abandonándose de cualquier forma el objetivo de disponer de un lugar mantenido en forma.

En enero de 1880, se dio un paso importante en la identidad de la Plaza: se decidió la colocación de una fuente en el centro de la Principal y la construcción de un monumento " en el medio de las dos Plazas para conmemorar las glorias de la Independencia", aceptándose el plano y el presupuesto de $ 68.000, colocándose la piedra fundamental de lo que sería la Pirámide, el 31 de marzo de 1880 y nombrándose a Tristán Gómez como padrino. Será también en ese año en el que se la bautizó con el nombre actual de "Plaza Independencia" al lugar, por Ordenanza del 16 de abril, aunque tardarían varios años en que el uso común dejara de ser el de Plaza Pública o Principal que la tradición le había asignado.

Desde entonces una comisión integrada por los vecinos José Gómez, Enrique Spika, Pedro Pereyra, Bernardo Arriaga, y José Bentín, se ocupó de todo lo relacionado con la construcción de la Pirámide, la que fue lentamente avanzando en los distintos detalles de su terminación- que no es la que conocemos actualmente sino más pequeña- hasta que el 26 de mayo de 1883 se integró una "comisión de fiestas" para festejar tres hechos considerados históricos: la inauguración de la Pirámide, la llegada del ferrocarril y la recepción del retrato del Brig. Gral. Martín Rodríguez donado por Tristán Gómez para el Salón Municipal.

El ya citado interés y disposición para cercar la plaza y mantenerla, quedó muchas veces en simples intenciones que no se concretaron, tal como lo demuestra la Memoria del primer Intendente de Tandil, Pedro Duffau cuando en 1886 dice que " se ha atendido en lo posible la Plaza, que reconoce por primero y grande inconveniente el hallarse abierta y a merced de frecuentes destrozos ocasionados por toda clase de animales y de personas mal intencionadas...". Allí mismo agradece al Sr. Leonardo Pereyra la donación de plantas y manifiesta la intención de colocar un techo "chinesco" al kiosco que unos años antes se había construido, así como colocar una verja al perímetro (deseo expuesto por infinitésima vez) y aumentar el número de bancos.

Duffau también manifestaba en esa Memoria, que el tamaño de la Pirámide " no está en relación con el adelanto y progreso de nuestro pintoresco pueblo" por lo que se propuso levantarla dos metros y culminarla en forma de diamante, cosa que finalmente ocurrirá pero con la estatua que hoy observamos.

En 1893 el Intendente interino J. Capdepont designó una Comisión especial para la atención de la Plaza, a la que denominaba en el documento como " Pública", disponiendo además la designación de un jardinero y dos peones para las tareas de embellecimiento.

Para el año del Centenario de la Revolución de Mayo, la Plaza estaba rodeada de rejas, con tanque de agua de hierro, molino, pocos árboles y muchos yuyos, lo que obligó a un fugaz mejoramiento para los actos que concretaron la colocación en la Pirámide, de la placa del Centenario de la Revolución y el cambio de nombre a la calle Independencia por Centenario (hoy y desde 1973, Fuerte Independencia).

Habría que aguardar la llegada del Intendente Eduardo Arana, para que un proyecto serio y continuado permitiera dar a la Plaza el aspecto básico similar al actual.

Arana contrató el ingeniero Conrado Martín Uzal para el nuevo trazado y el sucesor en el cargo de Intendente, don Antonio Santamarina culminó con las obras del trazado y con el ornato que permitió entre 1913 y 1914 dotarla de las bellas estatuas de origen francés que se conservan, merced a la donación de su familia y cuyo pormenorizado relevamiento efectuara recientemente el religioso Adelsio Delfabro ( perteneciente a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, del Colegio San José, destinado por un tiempo a continuar su apostolado en Francia, de la que regresó para estar nuevamente en Tandil).

En 1920 el entonces Intendente E. Maritorena, en su Memoria destacaba el estado de la Plaza Independencia y agregaba que la Banda de Música de Durazzo, en el verano, alegraba las tardes con recitales en el kiosco.

Con sus más y con sus menos, la historia de la Plaza tuvo sus altibajos en la conservación y mejoramiento, pudiéndose ver en testimonios de antiguos placeros, como el de Roque Paladino, los avatares, sobre todo en las primeras décadas del siglo XX.

El trazado original se vio modificado en algunas oportunidades, incluyéndose, por ejemplo, un calendario frente al Palacio Municipal en 1973 y una estructura metálica en la diagonal frente a la esquina de Gral. Pinto y Gral. Rodríguez para colocación de carteles, los que hace ya algunos años fueron retirados para bien de la belleza de ese paseo.

La Plaza Independencia, cruzada diariamente por miles de niños y jóvenes que concurren a las escuelas, con los abuelos en las soleadas tardes de los días otoñales y aún invernales, los obreros que suben y bajan de colectivos, los turistas y sus recorridas, entre otras manifestaciones, es la caja de resonancia más importante de la vida cotidiana de la ciudad, es decir de su historia.

Desde festejos patrios a políticos y deportivos hasta carnavales y farándula estudiantil, fue testigo de días de alegrías y días de tragedia; de mitines políticos y manifestaciones obreras a reclamos populares y gestos solidarios, por ella pasaron y pasan amoríos fugaces, bandas de música, titiriteros, corsos infantiles, desfiles y retretas militares y hasta honras fúnebres.

De allí partían las antiguas carretas (antes que tuvieran su propia plaza), carruajes de todo tipo, entre ellos los recordados mateos y los actuales taxis.

Testigo mudo de riñas como de ejercicios eróticos, de risas y de llantos, en fin, de todas las expresiones humanas, es la depositaria de buena parte de la historia de los tandilenses que por generaciones la seguimos disfrutando, por lo que creímos interesante conocer un poco, un retacito, de su larga existencia.

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Daniel Eduardo Pérez

lunes, 20 de junio de 2011

ESCRITORES TANDILENSES EN LA HISTORIA

ESCRITORES TANDILENSES EN LA HISTORIA

Las letras tandilenses han tenido a lo largo de su historia valiosos representantes. Cuando decimos tandilenses, debemos aclarar que haremos una distinción, que como toda distinción, suele ser arbitraria, entre nativos y radicados y como en un capítulo sería casi imposible ser exhaustivo, sólo nos referiremos un poco más in extenso a quienes hemos elegido. De quienes nos hemos referido en este libro, por ejemplo, Piccirilli, Manco, Eandi, nos remitimos a los capítulos respectivos.
Fue con el surgimiento del periodismo pueblerino cuando aparecieron los primeros “hombres de letras” en el Tandil, ello sin dejar de destacar que en las “Memorias” de Juan Fugl y de Manuel Suárez Martínez, podemos apreciar, con las distancias pertinentes, a nuestros “Recuerdos de Provincia”.
Ugalde y San Martín, Woodworth, Pites, Spika –todos ellos radicados-dejaron páginas muy interesantes, sobre todo relatos y crónicas, en los incipientes periódicos tandilenses.
Distinguiremos, como paso previo, a quienes fueron poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas, aunque varios han escrito en más de un género.
POETAS
En la poesía fueron varios y buenos los que desgranaron versos, entre ellos Juan M. Cotta, Manuel López Moyano, José Eduardo Seri, el mismo Juan A. Salceda entre los no nativos y Amadeo Ricaldone, Juan Salvador, entre otros, aquí nacidos, pero en este capítulo le dedicaremos este espacio a Lauro Viana, por considerarlo, entre los autóctonos, uno de los más grandes.
Viana nació en Tandil el 20 de agosto de 1897, sufriendo a los cinco años la pérdida de su padre. Se formó en el entonces tradicional y prestigioso Colegio Sudamericano de Manuel Carné.
Ya adolescente, comenzó a trabajar en la Compañía de Seguros La Tandilense y simultáneamente, atraído por la literatura, pasaba muchas horas en la Biblioteca Rivadavia, la que daba sus primeros pasos de la mano de su fundador don José A. Cabral.
Allí entabló amistades perdurables con Juan A. Salceda, el escritor Héctor F. Miri y el artista Ernesto Valor, con quienes compartió, además, ideales comunes sobre los valores de la vida.
Alentado nada menos que por los hermanos Conrado y Roberto Nalé Roxlo, a quienes conoció en oportunidad de inaugurarse la Palace Hotel (diciembre de 1919), aún veinteañero, comenzó a escribir sus poemas.
En 1930 apareció publicada su primera poesía en un medio importante: el suplemento literario de La Prensa, donde salió a la luz “El palenque” que recibió elogios del gran Baldomero Fernández Moreno (el del famoso soneto a Tandil) y hasta del mismísimo Borges, a quien Ricardo Güiraldes le había hecho conocer la poesía de Viana.
Sus conocimientos del campo bonaerense y la especial inclinación por su paisaje y sus hombres, inspiraron su producción y su pluma tradujo con fuerza y colorido el agreste señorío de la pampa, con un manejo apropiado del vocabulario gauchesco.
También en 1930 fue cuando conoció a don Fernando Ochoa, naciendo una amistad sólida y profunda que le permitió a Viana hacerse conocer a lo largo y ancho del país, a través de los recitados de ya famoso Ochoa, el que prácticamente registró con su voz, la mayor parte de la obra de nuestro poeta.
Atraído por la política, Viana participó en el orden municipal ocupando cargos en la administración y siendo Comisionado por breve tiempo en 1947.
Activo integrante de las tertulias-peñas literarias y artísticas que realizaba en su casa el escritor y gráfico Vitullo, estrechó amistad con colegas y conoció a la exquisita pintora Sofía Zárate, con quien se casó siendo su compañera hasta el final de su vida.
Como nos comentaba años más tarde su viuda, Viana siempre fue reacio a la publicación de sus obras-lamentablemente-por un sentido extremadamente crítico de su propia producción; la consecuencia de esa humildad nos privó de poder hoy contar con gran parte de ella.
Este excelente poeta de nuestro campo y sus personajes, falleció en Mar del Plata el 6 de enero de 1976.

NARRADORES
Entre los narradores, y recordando que grandes de la literatura pasaron por Tandil residiendo algunos años, tales los casos de Witold Gombrowicz, Osvaldo Soriano y el mismo Álvaro Yunque (que aquí falleció), debemos decir también que otros buenos escritores se radicaron temporalmente con anterioridad, tal los casos de Carlos Ruiz Daudet, Valerio Ferreyra, Luis A. Pontaut, entre otros.
Hubo nativos como Alfredo Burnet Merlin que también fueron periodistas y escritores reconocidos, pero aquí nos detendremos particularmente en los también tandilenses Miri, Ramallo, Barrientos, Di Paola y Cuevas Acevedo.
Comenzaremos con Héctor Fuad Miri, hijo de un hogar libanés, nacido en Tandil el 28 de diciembre de 1906, que luego de cursar sus estudios primarios en la Escuela Nº 1, partió adolescente aún con rumbo a Buenos Aires buscando horizontes que reclamaba su inquieto espíritu. Allí pronto ingresó en medios periodísticos haciendo sus primeras armas en las letras.
En esa tarea viajó por casi todo el país y también por diversos países del mundo, aprendiendo varios idiomas que lo convertirían luego en traductor de obras importantes, especialmente de las de Giovanni Papini, de quien se hizo amigo personal.
Incluido en antologías importantes, ha sido elogiado como eximio cuentista y traductor, ya que además de la obra de Papini, tradujo del inglés, francés, portugués y hasta árabe, siendo un pilar, en ese sentido, de la Editorial Claridad.
Gran lector de los clásicos, consideró a Flaubert como “su maestro” y a Lugones como la pluma argentina más importante. Prolífico autor, se destacan además de sus compilaciones: “El libro de los 1001 sonetos”, “Poesías completas de Almafuerte”, “Antología de Mayo”,” Diccionario Bachiller” y “Vademécum para el masón argentino”, sus libros “Cuentos cínicos” y “Cuadrario y unicario”, elogiados por la crítica en forma unánime.
Falleció en Buenos Aires en la década del ’80.
Nos referiremos ahora a José Antonio Cecilio Ramallo, nacido en nuestra ciudad el 22 de noviembre de 1915, quien luego de cursar sus estudios primarios, ingresó a la Escuela Normal de donde egresó como Maestro en 1933.Impulsado por su juventud, vocación y espíritu patriótico-tal como hicieron en su momento otros maestros locales- se trasladó a Misiones para ejercer la docencia.
Allí comenzó su carrera, en la que fue escalando jerarquías recorriendo buena parte del país en escuelas nacionales, en sus funciones y también desempeñando cargos en áreas culturales provinciales, hasta jubilarse en 1968. Sus años en Misiones- donde se casó y tuvo a sus cinco hijos- y su conocimiento de la Mesopotamia en general, lo llevaron a producir una importante cantidad de libros de cuentos infantiles, donde el paisaje y los personajes de aquella zona siempre estaban presentes con la ineludible influencia de Quiroga, que era imposible de obviar.
Algunas de sus obras fueron: “Cuentos y leyendas de la selva misionera”; “Juan José en el país de las hormigas”; La curandera y el maestro”; “Cuentos y leyendas de la selva guaraní” y “El pato correntino que se fue a la Luna”. Casi toda su obra fue publicada por la editorial Plus Ultra y alcanzó difusión nacional.
Falleció en la década ’80.

Queremos ahora mencionar a otro tandilense que fue un destacado cuentista, Nos referimos a José P. Barrientos. Nacido en Tandil el 28 de setiembre de 1907, hijo de Blas, periodista y político local, incursionó desde muy joven en el periodismo, en los diarios locales “El Eco de Tandil” y luego “Nueva Era”, donde se desempeñaba al morir. Colaboró además en revistas nacionales de carácter nativista siendo sus notas elogiadas por la crítica.
Su pasión por la historia de la frontera interior, la vida del indio y del gaucho, cuajó en sus obras “Brujerías” y “Fortín de Avanzada”, con relatos de aquella época. Había comenzado además la Historia del Periodismo de Tandil, que al fallecer fue culminada por el autor de este libro.
Falleció joven aún, el 2 de setiembre de 1956 en nuestra ciudad.

En el rubro de narradores queremos dedicar algunas palabras a Huberto Cuevas Acevedo, ese humanista íntegro y multifacético que fue médico, geógrafo, excelente cuentista y gran persona. Nació en Lobería, podríamos decir circunstancialmente, porque allí su padre era un reconocido y prestigioso médico, el 15 de febrero de 1924.
La medicina lo atrajo fuertemente y ya graduado partió a la Patagonia a la que por una década (1950-1961) le dedicó su vida y sus estudios así como la práctica de su profesión y en donde también nacieron sus hijos. A propósito de aquella zona tan querida por Huberto, nos parece oportuno transcribir algunos conceptos de la escritora de Trevelin, Clery Evans quien nos dice: “Huberto Cuevas Acevedo llegó a mi pueblo en el año 1950, su primer destino como médico y el primer paciente... mi padre. De allí nace una amistad, hablaban “el mismo idioma”, las mismas locuras por hacer acá en Patagonia.
Dos libros suyos captan con relatos cuentos y leyendas de los nativos y los galeses, pero el mejor relato es el del Ascenso al Trono de las Nubes realizado por mi padre y Huberto el 19 de febrero de l955 en la cordillera del Chubut.
“Desde que nos radicamos en Trevelin a fines del año l950, la presencia constante de esta hermosa montaña fue tentando el ánimo en el sentido de su escalamiento.
“Al morir mi padre, amigo y compañero de andanzas de Huberto, me escribió varias cartas para indicarme sutilmente lo que mi padre hubiera hecho con la veranada, las tropas, las épocas, el destete de los terneros, en fin, la última frase daba coraje para seguir adelante "hija de tigre tigresa tienes que ser.” El presentó mi libro La Tumba del Malacara el 25 de noviembre de l994. Huberto falleció en Tandil con el cariño de su fiel compañera y de sus tres hijos y nos dejó a los amigos, alumnos de Facultad, y a la gente de Trevelin el mejor de los recuerdos.”
Por sus libros “Viento y camino largo” y “Tierra sin tiempo”, fue laureado como cuentista y por sus numerosos trabajos publicados como ensayista e investigador, adquirió un nombre entre los académicos de temas geográficos.
Cuevas Acevedo falleció en Buenos Aires (donde había ido a atender su salud) el 12 de setiembre de 1995.

Para finalizar dejamos a quien fuera muestro compañero de normalismo y respetado amigo: Jorge Di Paola, seguramente una de las plumas más importantes nacidas en nuestro pago.
Jorge nació en nuestra ciudad el 25 de diciembre de 1940. Único hijo de un hogar de clase media-la madre maestra y el padre idóneo de farmacia-luego de sus estudios primarios egresó como Maestro de la Escuela Normal en 1958.
Pronto puso proa a Buenos Aires con el objeto de ingresar en la Universidad para estudiar primero Letras, luego Filosofía y más tarde incursionar en las Ciencias Naturales. En una nota a quien esto escribe, reconoció a don Amador Isasa-bibliotecario de la Biblioteca Rivadavia- como quien le dio “el núcleo más sólido de lo que, para no entrar en detalles, podemos llamar mi formación, en confluencia con un amigo, Juan Carlos Ferreyra, el hijo de don Valerio, gracias a quien accedí a la filosofía y a la literatura de vanguardia”.
Fueron tiempos donde la influencia de Gombrowicz-contertulio en la Rex- dejó su huella para siempre. Dipi –como se lo conoció-participó colaborando en las revistas más importantes de su tiempo juvenil, desde El Porteño a Panorama y en varios diarios, entre ellos Página 12.
Su atracción por los temas filosóficos fue posiblemente-a nuestro modesto criterio-la temática que, unida a su irresuelto pensamiento judeo-cristiano-agnóstico, atravesó axialmente su obra y su misma vida.
Escritor de pura cepa, no se dio descanso salvo para dar forma a creaciones artísticas originales y cultivar-entre café, cigarrillo y alguna copa-amistades con las que compartía veladas nutridas por el discurrir entre la literatura, la filosofía, la vida misma. Escritores como Briante y Piglia, entre tantos, fueron admiradores de su obra, traducida a varios idiomas.

Su producción fue múltiple, pero los libros editados fueron: Hernán, La virginidad es un tigre de papel, Minga, El arte del espectáculo y Moncada, este último junto a Roberto Jacoby.
Dipi falleció el 23 de abril de 2007, en su Tandil.

DRAMATURGOS
Tal como lo expresamos al comienzo, no nos ocuparemos de quienes como a Rodolfo González Pacheco, le dedicamos un capítulo y que fue el más importante autor de obras de teatro nacido en nuestro Tandil.
Haremos referencia entonces a dos autores que podríamos ubicar también como ensayistas, por algunas de sus obras importantes. Ellos son Juan Carlos Nigro y Héctor Nicolás Santomauro.
Nigro nació el 5 de noviembre de 1929. Su vocación periodística pronto lo llevó a Buenos Aires donde se desempeñó en el diario La Nación. Licenciado en periodismo, dictó cátedras en diversos institutos, siendo además organizador de los talleres literarios de la SADE, cuya comisión directiva integró. En el transcurso de su vida recibió numerosos premios en certámenes literarios y perteneció a varias entidades relacionadas con las letras.
Entre sus obras de teatro destacamos “La farsa de las medias galvanizadas”, “El amor, la muerte y otros excesos” y entre los ensayos “La lucha de los maestros”
Falleció en Lanús, el 15 de enero de 2007.
Si bien nació en San Cayetano el 4 de agosto de 1929, Héctor Nicolás Santomauro, fue un tandilense de pura cepa, que además de su trabajo cotidiano se preocupó por las cosas de la política, militando en el socialismo por el que fue concejal.
Colaborador habitual de los periódicos tandilenses y regionales, citamos sus dos obras de teatro: “Dr. Malves” y “El grito”.
En el rubro ensayo podemos destacar en forma especial sus libros “La generación argentina de 1880” y “Juana Manso”.
Ganó diversos premios literarios y fue el primer presidente de la SADE filial Tandil. Falleció en nuestra ciudad el 29 de diciembre de 1999.
ENSAYISTAS
Pasaron por nuestra ciudad autores reconocidos nacionalmente, en distintas especialidades, dejando su huella en discípulos y amistades imborrables. Podemos citar, a manera de ejemplo, al Pbro. José María Suárez García, Ricardo Piccirilli, Ramón Carriegos, Juan Carlos Vedoya, Ernesto Eduardo Borga y el mismo Juan A Salceda (que se radicó y aquí murió).
Otros ensayistas que además cultivaron el género teatral fueron los ya mencionados Nigro y Santomauro.
Dedicaremos entonces este espacio a recordar a autores nativos destacados y hoy poco conocidos, comenzando con Ángel C. Bassi, nacido en Tandil el 28 de setiembre de 1868 quien luego de sus estudios tandilenses, se graduó en la Escuela Normal de Paraná, iniciando una trayectoria que lo llevó a congresos y jornadas en el país y el extranjero y a desempeñar cargos académicos importantes, siendo una personalidad reconocida internacionalmente en el área de la educación.
Su obra escrita fue vasta, de ella sólo mencionaremos algunos títulos tales como;” Ciencia histórica y filosofía de la Historia”; “Dr. J. A. Ferreira: el pensamiento y la acción del gran educador y filósofo”;”Principios de metodología general” y “La escuela experimental de Esquina”.
Bassi falleció en Lomas de Zamora el 8 de enero de 1959.
En forma sintética brindamos a continuación algunas referencias de los siguientes autores:
Francisco C. Arrillaga, nació en nuestra ciudad el 9 de enero de 1896 de donde partió para seguir su vocación por la medicina y ejercer, luego de graduado, la cátedra alcanzando cargos académicos relevantes por su jerarquía científica, como el de titular de Clínica Médica en la Facultad de Medicina de la UBA. Fue autor destacado de numerosos tratados sobre especialidades médicas.
Falleció en Mar del Plata el 21 de setiembre de 1950.

Francisco C. Actis, nació el 7 de marzo de 1898. Finalizados sus estudios primarios, prosiguió en el Seminario hasta su consagración como sacerdote. Su fuerte vocación por la investigación histórica tuvo su principal concreción en la fundación del “Museo y Archivo Histórico Brig. Gral. Juan Martín de Pueyrredón” cuya dirección y organización cubrió toda un etapa de su vida
Escribió varios folletos y libros entre los que destacamos: “ Historia de la Parroquia de San Isidro y de su Santo Patrono”; “Breve Historia de la Chacra de Bosque Alegre” y compiló las Actas y documentos del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires, a las que salvó de un incendio devastador.. Fue asimismo Secretario de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina.
Falleció en San Isidro el 8 de julio de 1975.
Salvador Romeo, nació en Tandil el 16 de junio de 1906. Egresado de la Escuela Normal, ejerció la docencia y se trasladó a Tres Arroyos donde se desempeñó también en el magisterio, hasta su jubilación y a la investigación histórica regional.
Colaborador permanente de diarios de Tres Arroyos y la zona, escribió: “Antecedentes históricos de Tres Arroyos”; “Machado en el sur”; “San Antonio de Iraola”; “Historia sintética del partido de Juárez” y “Tres Arroyos”, entre otros títulos.
Falleció en Tres Arroyos el 3 de junio de 1959.

Alberto L. Merani nació el 24 de junio de 1918. Egresado de la Escuela Normal, se doctoró en la Universidad Nacional de La Plata en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Educación. Fuertemente atraído por la Psicología, estudió en Francia e Italia, regresando a nuestro país en 1948. Aquí escribió doce obras en la década siguiente, hasta que le fue ofrecido dirigir la creación de un instituto en Venezuela donde se radicó, ejerciendo importantes funciones en las Universidades de Mérida y Caracas.
Su extensa y valiosa trayectoria en el campo de la psicología fue reconocida internacionalmente. Escribió entre otras obras: “Ensayo sobre la religiosidad femenina”, “Filósofos del medioevo”,” Del individuo al hombre social” y “Nuestros hijos, esos desconocidos”.
Falleció en Caracas el 23 de agosto de 1984.

Hoy numerosos jóvenes y no tanto, cultivan los diversos géneros literarios en crecimiento. No haremos ni un inventario ni una nómina exhaustiva, con las inevitables y odiosas omisiones propias del caso, pero destacamos a autores que, cada uno en lo suyo, están dando una muestra vigorosa del desarrollo científico y literario en Tandil.
Podemos citar así a Hugo Nario y Julio Villaverde –hijos adoptivos de Tandil-a Néstor Tirri, Carlos Pérez, Julio Varela, Néstor Dipaola, Patricia Ratto, Hernán Otero, Andrea Reguera, María Elba Argeri, Ricardo Pasolini, Marcelino Irianni, Eduardo Saglul, Daniel Dicósimo, Ana Pérez Porcio, Carlos Mansilla, Sonia Araujo, Margarita Sgro, Renée Giovine, Diana Lan, Guillermo Velázquez, María Celia García, Lucía García, Omar Ordóñez, María I. Alonso de Nicola, Raúl Echegaray, Elías el Hage , María Estela Spinelli, Eduardo Míguez, Leandro Losada….y así podríamos seguir varios líneas más, mencionando autores que realzan la actividad intelectual tandilense, de la que nos podemos sentir orgullosos.

Daniel Eduardo Pérez

martes, 24 de mayo de 2011

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO


La caída de España en manos de Napoleón produjo un efecto dominó en las colonias españolas en América, al cesar la autoridad real y poner a gobernadores y virreyes, en estas tierras americanas, en una situación de cuestionamiento, tal como los hechos que se recuerdan en esto días lo muestran palmariamente,
El Río de la Plata, en especial Buenos Aires, que ya había sufrido las frustradas invasiones de los ingleses en 1806 y 1807, había iniciado un camino que desembocaría en la revolución, llevada adelante por los porteños de una elite que entendían que ya el virrey no representaba a ningún gobierno y que por lo tanto era llegada la hora de decidir sobre los propios destinos.
El Gral. José de San Martín reconocía en 1835, desde Bruselas, en carta a su gran amigo Tomás Guido, que habían pasado “Veintinueve años en busca de una libertad”: el gran protagonista y testigo de la época que fue el Libertador, coloca así el comienzo de nuestra lucha por la libertad, en la Reconquista de Buenos Aires.
Varios son los autores que coinciden con esta apreciación, que representó un espaldarazo ante el resto de la hispanidad, al hacer retroceder a Inglaterra, una de las potencias de la época.
La formación de cuerpos criollos, con una moral en alza, que al decir de Mitre constituyeron una “democracia militar” al elegir sus oficiales de entre la tropa, fueron aportes y cambios que cubrieron el período hasta 1810, donde la libertad comenzó a tener un especial sentido.
Libertad que implicaba la ruptura de estructuras económicas, sociales y políticas que la colonia había impuesto y contra las cuales hombres como Belgrano, Moreno y el mismo Saavedra se habían opuesto de palabra y en algunos casos, en los hechos.
Es Alberdi quien sostiene que “hay dos etapas en la ejecución de toda revolución: la de destruir la autoridad pasada y la de construir la autoridad nueva. Una debe suceder a la otra”. Con la revolución iniciada el 25 de mayo, se reemplazó el orden colonial por un gobierno, que, como dice el mismo Alberdi, apenas tenía poder para conservarse. La libertad exterior o la independencia, puede ser el resultado de una guerra victoriosa, afirma, pero "un hecho de armas, por brillante y feliz que sea", no puede crear las instituciones necesarias de un buen gobierno".
Es en aquellos gloriosos días cuando manifiesta Saavedra “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”, la afirmación fue hecha en la reunión del 18 de mayo en la casa de Martín Rodríguez; al día siguiente fue en lo de Rodríguez Peña, donde había “una gran reunión de americanos que clamaban porque se removiese del mando al virrey y crease un nuevo gobierno americano…”.y se hiciese un cabildo abierto para que el pueblo reunido decidiera la suerte, entrevistados el alcalde Lezica y el síndico Leyva, se resolvió pedir personalmente la venia de Cisneros para que se convocara a cabildo “público y general”. Ante la situación, el virrey se presentó en el Fuerte sosteniendo que si España no caía totalmente en manos de Napoleón no veía por qué hacer tanto alboroto.
“No, señor; - dice Saavedra-no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses: hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos (…) y continúa: “Esto mismo sostuvieron todos mis compañeros”.
Relata M. Rodríguez en sus Memorias, que estando de acuerdo en la decisión de hacer el cabildo, los patriotas se reunieron una vez más el 20 de mayo. Allí Saavedra dijo “que estaba pronto a cumplir lo que había prometido; pero que era preciso buscar otro local donde nos reuniésemos esa noche…”.Se acordó entonces hacerlo en la casa ofrecida por Rodríguez Peña y allí se realizó la “Junta” (así la llama Rodríguez), “con la presencia de: Cornelio.Saavedra, Manuel Belgrano, Francisco Antonio Ocampo, Florencio Terrada, Juan J. Viamonte, Antonio Luis Beruti, Feliciano Chiclana, Juan J. Paso, su hermano Francisco, Hipólito Vieytes , Agustín Donado y Martín Rodríguez, las tropas quedaron acuarteladas ignorando todo el motivo de esta novedad, como ignoraba también el pueblo”
“Se decidió enviar una comisión para entrevistar a Cisneros para intimarlo a cesar en el mando. Resultó el nombramiento en el doctor Castelli y yo, y para asegurarnos mejor, pedimos que el comandante de granaderos de infantería Terrada, fuese con nosotros; pues su batallón estaba acuartelado en el Fuerte y bajo los balcones del mismo Cisneros, y como en él había muchos oficiales españoles, temíamos que al momento de la intimación, se asomase Cisneros a un balcón y llamase a los granaderos y nos hiciese amarrar”
“El comandante Terrada fue con nosotros,-continúa Rodríguez- se puso a la cabeza de sus granaderos y nosotros subimos. Entramos a la sala de recibo y encontramos allí a Cisneros jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe, y un tal Goicochea, edecán suyo. Nos dirigimos a la mesa. Tomó la palabra Castelli y dijo: “Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V.E. las cesación en el mando del virreinato”. “El virrey y colaboradores respondieron airadamente a los patriotas, por lo que Castelli le contestó “que no se acalorase, que la cosa no tenía remedio”. “Entonces tomé yo la palabra y le dije: “Señor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación; vea V.E. lo que hace”.
“Señores, nos dijo, cuánto siento los grandes males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso. Bien pues, puesto que el pueblo no me quiere, y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.
“Entonces-prosigue Rodríguez-nos despedimos, y al dar la vuelta nos dice: “¿Y bien señores, qué es lo que ustedes piensan respecto de mi persona y familia?”. Castelli-prosigue nuestro fundador- le contestó; “Señor: la persona de V.E. y familia están entre americanos, y esto debe tranquilizarlo”.
“Salimos de allí y nos dirigimos a la casa de la reunión, diciendo: “Señores, la cosa es hecha: Cisneros ha cedido de plano, y dice que hagamos lo que queramos”.Nos empezamos a abrazar, a dar vivas, a tirar los sombreros por el aire. En el acto salieron Beruti, Peña y Donado, con varios criados y canastas a recolectar todos los dulces y licores que hubiese en las confiterías. Se puso una gran mesa en casa de Rodríguez Peña, que duró tres días cubriéndose de continuo para que entrara todo el mundo que quisiese a refrescarse”.
El Cabildo Abierto se concretó finalmente el 22 de mayo, con una concurrencia expectante. A las palabras del obispo Lué, defensor a ultranza del mantenimiento de Cisneros, respondió Castelli, dueño de un brillante discurso, firme y convincente y luego de otros oradores y previo a la votación, Saavedra fue quien remató su intervención manifestando que “…no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”. Los patriotas triunfaron por 159 a 67 votos…
Si bien en el Cabildo Abierto Juan José Paso mencionó que hablaba en nombre de las restantes ciudades en su condición de capital del virreinato, o sea, “como hermana mayor en nombre de las menores”, éstas no habían sido siquiera consultadas al respecto. Mucho menos sabían que tales eventos estaban por suceder puesto que, como quedó dicho, ni los pobladores de Buenos Aires lo sabían.
“La Plaza de la Victoria estaba llena de gente y se adornaban ya con la divisa en el sombrero de una cinta azul y otra blanca, con el primor que en todo aquel conjunto de pueblo, no se vio el más ligero desorden.”-nos dice Saavedra“. “El 24 procedió el Cabildo, al nombramiento de vocales de que se debía componer la Junta de Gobierno de estas Provincias y las que comprendían la dilatada extensión del virreinato. El doctor don Juan Nepomuceno Sola, don José Santos Incháurregui, el doctor Juan José Castelli y yo-dice Saavedra-, fuimos los electos en aquel día; y para la presidencia el mismo don Baltasar Hidalgo de Cisneros: se constituyó esta Junta el mismo día 24 a la tarde”. Pero al conocerse que Cisneros presidía esa Junta comenzaron rápidamente las expresiones de descontento al igual que por la presencia en ella de los pro españoles Solá e Incháurregui, los debates fueron moneda común en las reuniones y en los cuarteles, de resultas de lo cual “ al fin del día 24 también quedó disuelta esa Junta y yo fui el que le dijo a Cisneros, que era necesario se quedase sin la presidencia, porque el pueblo así lo quería- dice Saavedra- a lo que él también se allanó sin dificultad”
Finalmente el 25 de mayo quedó integrada la Junta –continúa Saavedra-como “ estaba resuelto en los acuerdos anteriores y recayó éste en las personas de don Miguel de Azcuénaga, don Manuel Belgrano, el doctor Juan José Castelli, el doctor don Manuel Alberti, don Juan Larrea, don Domingo Matheu y yo, que quisieron fuese el presidente de ella y comandante de las armas”. Asimismo nos informa que también juraron como secretarios los designados doctores Juan José Paso y Mariano Moreno y que “por política fue preciso cubrirla con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos”
No sólo eran los militares en sus cuarteles sino que –como consigna el acta capitular de ese día- “las gentes que cubrían los corredores dieron golpes por varias ocasiones a la puerta de la sala capitular; oyéndose las voces de que querían saber lo que se trataba; y uno de los señores comandantes , don Martín Rodríguez, tuvo que salir a aquietarlos” y agrega Saavedra: “El clamor de los criollos fue intenso y el día 25 se manifestó en una demanda enérgica del pueblo, que se había concentrado frente al Cabildo encabezados por sus inspiradores y respaldado por los cuerpos militares de nativos”. La expresión el “clamor de los criollos”, no indica si era de una multitud…
Son varios los autores que destacan la importancia de nuestro fundador en aquellos momentos, cuando dicen que “el grupo de Saavedra se manifiesta como el más vigoroso y avasallador” y más adelante agregan: “El grupo más numeroso y más importante que se suma a Saavedra con la calidad del voto del sindico, es el de Martín Rodríguez.”(…)” no cabe duda, Martín Rodríguez había logrado incluir a muchos hombres dispares”…. Al día siguiente, el 26 de mayo, la Junta dio a conocer la proclama revolucionaria.
Aquel “gobierno municipal porteño” –como algunos autores lo llaman-nacido el 25 de mayo no logró concretar una representación nacional si es que efectivamente lo quisieron. La llamada Primera Junta se amplió después de seis meses, al invitarse a las ciudades del interior para que enviaran a sus representantes a Buenos Aires, y así formar gobierno o un congreso, según dos convocatorias presentadas. Lamentablemente, en poco tiempo, las facciones internas y los intereses locales, particularmente de los porteños que no querían perder el control del proceso, llevaron a la disolución de aquel gobierno que podría denominarse protonacional y desde ese momento se consolidó un gobierno ejecutivo con predominancia de la voluntad porteña que ha llegado hasta nuestros días, en que iniciamos el camino al Tricentenario y donde surgen las comparaciones entre la Argentina de 1910 y ésta de cien años después, y casi naturalmente, se idealiza aquélla y se deplora ésta, en un ligero análisis. Sin dudas la Argentina de 1910 se encontraba en varios sentidos en una situación más aventajada, lo que explica una primera y obvia diferencia respecto de la actual: el primer Centenario encontró al país convencido de que su futuro sería mejor que su presente y que, a su vez, su presente era mejor que su pasado., diagnóstico compartido aún por algunos de los sectores más radicales, que entonces señalaban como “contracara de los festejos, la realidad de la desocupación, los bajos salarios, las malas condiciones de vivienda y de trabajo, o la represión que sufrían muchos argentinos y extranjeros residentes”.
“Desde Aquel apogeo –como titula Juan Archibaldo Lanús su libro dedicado a los años 1910 a 1939– a este momento transcurrió un siglo de variada fortuna para nuestro país en el mundo. El año 1910 significó un hito emblemático de optimismo, esperanza, confianza en el progreso, pero 2010 ya no es igual. La inseguridad por el futuro y la perplejidad ante las conductas y políticas de nuestro país son hoy las notas predominantes”
Los argentinos hemos visto a lo largo de las últimas décadas cómo se ha ido desdibujando ese horizonte de progreso colectivo, dado que si bien en 1910 había pobres y excluidos, desocupados, déficit de viviendas y servicios sociales, en nuestro presente la pobreza es un rasgo estructural, como lo han señalado diversos autores y repetidamente la Iglesia.
No hemos resuelto aún -la sociedad y la dirigencia– qué decisiones, ideologías y políticas son las adecuadas frente a los grandes cambios que sobrevinieron y que seguramente continuarán. Llegamos así al final de esta sintética nota sobre los hechos fundamentales del nacimiento nacional, del que conmemoramos un nuevo aniversario, al que Tandil está estrechamente relacionado en sus festejos, porque nada menos que su fundador fue una de las piezas claves de la Revolución de Mayo-como hemos podido apreciar a través de la documentación brevemente expuesta-resultando, a la postre, uno de los pocos próceres de la gesta maya que fundó un pueblo…y nos tocó el privilegio ser ese pueblo.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 2 de mayo de 2011

BORGES EN TANDIL

BORGES EN TANDIL
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 y falleció en Ginebra (Suiza) el 15 de junio de 1986.
Esos son los datos mínimos de una biografía interminable de uno de los más grandes escritores no sólo de habla hispana sino de la literatura universal, por lo cual escribir sobre Borges no es el tema de la nota, sino sus visitas a Tandil, aunque no podemos obviar algunos detalles sobre la vida de este genio.
Entroncado con ilustres familias argentinas de estirpe criolla, anglosajona y también portuguesa, descendía de militares que tuvieron activa participación en la Independencia, entre ellos a Narciso de Laprida y el coronel uruguayo Francisco Borges, abuelo paterno.
Su padre fue Jorge Guillermo Borges, un abogado nacido en Entre Ríos, ávido lector con aspiraciones literarias. En 1970, Borges lo recordaba con estas palabras: “Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música”. Su madre Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. En su casa se hablaba en ambas.
Cuando en 1946 Perón fue elegido presidente, Borges, que apoyó a la oposición, se manifestó abiertamente en contra del nuevo gobierno por lo cual su fama de antiperonista lo acompañó toda su vida. Siendo bibliotecario, renunció cuando fue designado “Inspector de mercados de aves de corral” por el gobierno…
Tras la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón, Borges-ya ciego- fue elegido en 1955 director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó durante 18 años. En diciembre de ese mismo año fue designado miembro de la Academia Argentina de Letras.
Se fue quedando ciego como consecuencia de la enfermedad congénita que lo afectaba, hasta que a los 55 años perdió su visión. Polémico y genial, sus posturas políticas le impidieron ganar el Nobel de Literatura al que fue candidato natural durante casi treinta años. .
El 21 de septiembre de 1967, a los 68 años, se casó por iglesia con Elsa Astete Millan, viuda de 57, una ex novia de su juventud. El matrimonio duró sólo tres años y se divorciaron en 1970.
En 1986 fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor y a la cual Borges había designado como “una de mis patrias”. El 26 de abril se casó-por poder- con María Kodama, según acta labrada en Colonia Rojas Silva, Paraguay. Kodama había nacido en Buenos Aires el 10 de marzo de 1937, hija de un sintoísta japonés descendiente de samuráis, químico y fotógrafo llamado Yosaburo Kodama y de la hija de un alemán y una católica española, la pianista Maria Antonia Schweitzer,
Don Jorge Luis murió el 14 de junio de 1986 víctima de un cáncer hepático y fue sepultado en la ciudad suiza de sus amores.
Este genio también estuvo en Tandil y dejó, en sus dos fugaces visitas, recuerdos que la historia tandilense hoy valora, tal vez como no lo valoró cuando estuvo…
La primera vez fue para participar en el Primer Encuentro de Escritores Argentinos con el Cine Nacional, evento que se desarrolló entre el 6 y el 9 de junio de 1968 y que coordinó la autora Perla de la Vega., organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia y la Dirección de Cultura Municipal.
Las variadas actividades incluyeron una Mesa Redonda en el Cine Avenida, integrada por los escritores Luisa Valenzuela, Ulises Petit de Murat, Eugenio Zappietro, Andrés R. Fustiñana y Pablo Palant ,con la presencia estelar de Borges, dado que primero se proyectó “ Hombre de la Esquina Rosada” dirigida por Rene Mugica, al cabo de lo cual Borges expresó que “Mugica había ido más allá de lo que él había imaginado” por lo que podía afirmar que “la película era mejor que el libro” –típico de Borges…
El sábado 8 de junio fue el turno del más esperado disertante. Borges llegó acompañado por su esposa Elsa Astete Millan y fue recibido en las escalinatas del Municipio por el intendente Victorio Mazzarol y el director de Cultura, Lauro Castorino. Presentado por de la Vega, habló desde las 18.45 en el Salón Blanco, a sala llena. Borges se refirió a sus obras "Hombre de la esquina rosada" y "La intrusa", y sobre el cine dijo que su amistad "con el cinematógrafo databa del tiempo de los westerns de William Hart”,( William Surrey Hart -6 de diciembre de 1864 – 23 de junio de 1946- fue un actor, guionista, director y productor cinematográfico estadounidense, cuya actividad se desarrolló en el cine mudo.) .Del cambio al cine sonoro opinó: “Deploro el cambio, sobre todo porque el cinematógrafo es imagen exclusivamente “…
Esa misma noche, a las 24, regresó a Buenos Aires en un micro….
Al día siguiente todos los demás participantes, visitaron la redacción de Nueva Era y luego de asistir a una Misa en el Calvario, compartieron el cierre con un almuerzo en el Museo del Fuerte, luego del cual visitaron distintos paseos. Finalmente la jornada cerró con la proyección de “Martin Fierro” en el Avenida con intervención de U. P. de Murat., oportunidad en la que el escritor habló sobre Hernández., con lo que quedó concluido ese encuentro.
Al año siguiente, el 20 de diciembre de 1969, Borges regresó para hablar, en este caso, en el auditorio de Unión y Progreso de Villa Italia.
La conferencia fue organizada por la Comisión de Biblioteca y Cultura de la Sociedad de Fomento, integrando el III Ciclo Artístico Cultural de la entidad. Allí habló de "Poe y el género policial". La crónica de Nueva Era comienza diciendo que Borges "desarrolló su tema con pausa, casi con desgano, que disimulaban su rica prosa, la erudición". El resto de la crónica transcribe lo que dijo sobre Edgar Alan Poe.
De esa fecha es el delicioso testimonio de la amiga docente y poeta Marta Piñeiro de Conti, que deseamos compartir por su frescura. Marta dice de ese histórico acontecimiento:
“Fue aquél, un día glorioso para la gente de la Subcomisión de Cultura del club Unión y Progreso que integrábamos con mi esposo. Jorge Luis Borges, el mítico Jorge Luis Borges, llegaba a Tandil en el TASA, con su esposa reciente, para dar una conferencia en el club del barrio. Nuestro barrio. El club donde me enamoré del hombre más hermoso y leal del mundo. Pianista del Conjunto El Bagual. El club donde dejábamos las horas para engrandecer a la "villa" como podíamos.
Llegaba Borges después de muchos esfuerzos de Nacho Vincennau, secretario de la institución y promotor de todo cuanto tuviese que ver con la cultura, para que la conferencia sobre literatura inglesa, fuese allí, en el salón nuevo y no en un sitio céntrico al que algunos trasnochados consideraban más propicio para el ilustre visitante.
Llegó en tren y lo fueron a buscar a la estación don José Araya, presidente del Club en esa fecha y José Loustanau, folklorista que pertenecía a la comisión directiva, en un auto prestado. Luego sobrevino una batalla desigual para que no nos lo llevaran "para el centro". Los "culturosos" del poblado no querían trasponer la avenida Del Valle y entrar a nuestro club porque "la villa" era "la villa" y había que saber cruzar el límite con hidalguía y salir intacto.
Al atardecer,-prosigue- mientras disfrutaba, el insigne poeta y cuentista, de nuestro nescafé batido y nuestra conversación marginal (para "los del centro"), caímos en la cuenta de que se lo querían llevar como fuera con el cuento de que la "villa" no era lugar para apreciar su sabiduría.
Establecimos una vigilancia dura apostando a los menos cultivados, pero con la camiseta del club puesta sobre la piel, (o tal vez era su propia piel), y dispuestos a hacer lo necesario para que nadie nos arrebatara la prestigiosa visita-nos dice Marta.
Cuando comenzó la conferencia alrededor de las ocho de la noche-recuerda- nunca habíamos visto tanta alhaja y tanta piel en el club del barrio. También habíamos tenido el cuidado de preparar a los más guapos para que vigilasen cada rincón y ningún desubicado osara hacerlo sentir incómodo, - relata Marta.
Luego testimonia:”Pero esta es otra historia. La nuestra, "la de Unión", a pesar de que alguien escribe por allí que no era para alguien como Borges nuestro club y que hasta se sintió fuera de lugar, se lo escuchó en un silencio respetuoso e irreprochable y se lo aplaudió con la intensidad con que se aplaude a un ídolo.
Llegó la hora de llevarlo a cenar. El club no tenía un peso disponible y nosotros, mi marido y yo, contábamos con la solidaridad infinita de Haydée Santiago, que por esos días de la primavera del '69, había comprado el restaurant Imperial con mucho sacrificio.
El club le pidió la gauchada de atender a Borges hasta que le pudieran pagar y como nosotros vivíamos en pensión con ella, tuvimos la gloria de cenar con Borges y con su esposa en aquel momento: la señora Astete Millán.
Haydée había preparado una mesa estupenda-describe-, como ella sabía hacerlo. Borges, del brazo de mi marido, hablaba y preguntaba sobre lo que le interesaba de la ciudad y se refería a los orígenes fortineros, mientras yo pensaba que de ese hombre ya anciano y de piel transparente me podía enamorar.
Era una persona fascinante. Borges estaba cómodo en el lugar y pidió textualmente: "Una montaña grande de arroz blanco, con un huevo frito arriba, en un huequito, y mucho queso de rallar". Luego nos comenta:”. Borges, desde su oscuridad volvió a repetir dirigiéndose a José Antonio Conti, mi marido, que deseaba comer "Una montaña grande de arroz blanco, con un huevo frito arriba, en un huequito, y mucho queso de rallar." Lo dijo sólo una vez más y Haydée se lo preparó.
Piñeiro relata asimismo un episodio referido a la presencia del Dr. Juan C. Tuculet, sus preguntas y las agudas respuestas del maestro que “contestó en el mismo tono manso (o indiferente) con que había contestado hasta ese momento…”.
Pero tres somos testigos de que esta es la verdad de ese día, en que Jorge Luis Borges estuvo en "Unión"-afirma.
Nadie lo llevó a pasear a ninguna parte porque lo cuidamos como leones. Sólo dio una charla previa para estudiantes, en la cocina de la biblioteca del club, que disfrutó como lo que era: un maestro.
Ya solos, mi marido, Borges y su esposa y quien escribe, el escritor habló tranquilo de ese mundo de prodigios que le permitía superar la ceguera. Nosotros dos lo escuchábamos. Pidió a mi marido que lo acompañase al baño. Yo hablé con su esposa de cómo le gustaba a ella hacer patchwork sin tener la más parda idea de qué me hablaba porque lo doméstico nunca fue mi virtud y transcurrió la noche hasta la hora de ir hasta la parada del micro unos minutos antes de la medianoche.
Envueltos en esa magia que tenía Borges cuando se encontraba con gente transparente, como éramos nosotros, todavía. Lectores incansables de su obra, recién casados, enamorados, ansiosos de disfrutar de la presencia de ese hombre al que no había que hacerle preguntas. Sólo había que escucharlo y se aprendía inevitablemente.
Se fue en el TASA de medianoche y sólo estábamos con él y su mujer: Pepe y yo.
Lo acompañamos hasta la parada, nos dijo que hacía tiempo que no estaba tan cómodo con alguien y yo sabía que se refería a José Antonio Conti, mi marido, hombre respetuoso y respetable si los hubo.
Y finaliza Marta: “Nos invitó a ir a su casa de Palermo a visitarlo. Sé que nos hubiera recibido encantado. Pero jamás nos atrevimos. Para nosotros Borges era Borges. Y no hay otra historia de esa noche. Sólo la generosidad de un grande para con dos jóvenes llenos de sueños que vivían en un barrio que se había vestido de fiesta para recibirlo”.
Por su parte el colega Elías El Hage, en “Gran Serrano”, recuerda anécdotas de esta visita relacionadas con el citado Dr. Tuculet, padre de su gran amigo Aníbal, ficcionando parte del relato del que se habla como si hubiese ocurrido en 1968 y no en 1969.
“El abogado, que era el corresponsal del diario La Prensa en Tandil,-dice el Hage- se lamentó de no tener lápiz ni papel para tomar apuntes de la charla”.
El 19 de octubre de 1991, invitada por el recordado Dr. Víctor Juan y el Club de Leones, visitó Tandil María Kodama, su viuda. En la oportunidad tuvimos la ocasión de entrevistarla en el que fuera el Grand Hotel. Con su voz suave y su figura rodeada de un hálito de sencillez oriental, Kodama dejó el testimonio de su vida ligada a Borges y –sin recordar o saber que él había estado por estos pagos-destacó la pasión borgeana por Buenos Aires, por las letras inglesas, las escandinavas y las orientales y esbozó una sonrisa cuando le preguntamos acerca del agudo ingenio de Borges y sus respuestas, pertenecientes ya a la leyenda. En ningún momento se puso en pose de viuda del gran escritor, sino en apasionada admiradora de su genio.
Así nos enteramos que “primero fue una relación maestro- discípula y siempre fue algo desenfadado, yo le hablaba de manera natural y espontánea, hasta me atrevía a discutirle sobre autores y asuntos que no podía sostener entonces. Pero a medida que le fui conociendo, a medida que fui descubriendo, digamos, sus misterios, el se divertía con mis ocurrencias y fue entendiendo mi carácter, nada obsecuente, como él mismo lo era, libre como un animal selvático, libre gracias a su genialidad… A su lado mi vida fue especial y maravillosa.”
Desde 1975 María Kodama acompañó al escritor en todos sus viajes al exterior y comenzó así a tener alguna presencia pública. A ella le gustaba compartir las anécdotas de esos viajes con la prensa; al leer sus testimonios, “uno se olvida de la edad de Borges en ese entonces, de su ceguera y de su estado de salud”.
¿Cómo era Borges? “Complejo e impredecible, de una inteligencia fascinante y una imaginación incontenible. Era genial en el sentido del creador, del poeta, porque además desde chico supo cual sería su destino, intuyó que a pesar de las vicisitudes y malas jugadas su destino era ser Borges. Era genial porque creó, a partir de esa insistencia en las múltiples variaciones que le sugería su saber del budismo, una prosodia y una sintaxis identificable para el siglo de Borges como Darío lo hizo para el XX, creó la nueva forma de narrar en español, algo que sin duda tiene un sustrato en su temprano conocimiento de varias lenguas en las cuales escribieron los grandes narradores de su tiempo que el divulgó en Buenos Aires durante los años de entreguerras. Borges era muy divertido, lleno de vida, con una enorme curiosidad por todo. Tengo maravillosos recuerdos de la complicidad que nos unía, más allá de los momentos muy importantes en los que me dictaba su obra.
Borges creía en el libre albedrío y así lo demostró a lo largo de su vida tomando las decisiones sin seguir a las mayorías ni a los poderosos. Ser libre para él era no traicionarse, ser uno mismo y eso le llevo a perder, incluso, el premio Nóbel…”.
No nos dijo nada nuevo, pero rescató la impronta de su obra universal. Ése era el Borges que estuvo en el Tandil…

El autor agradece a Marta Piñeiro y a Laura Rasquela por sus aportes.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 4 de abril de 2011

LA FUNDAC IÓN DE TANDIL

IDEÓLOGOS Y PRECURSORES DE LA FUNDACIÓN DE TANDIL


El Tandil estuvo poblado desde muy antiguo –como quedó expresado-por indígenas provenientes del norte patagónico, de tal suerte que puede hablarse de alrededor de 10.000 años que estas tierras conocen la pisada del hombre, que en lugares cercanos dejó huellas muy importantes, hoy yacimientos arqueológicos decisivos para conocer nuestra prehistoria.
La muy posterior llegada del hombre blanco trajo consigo, además del enfrentamiento de culturas diferentes, elementos que, como el caballo y el vacuno multiplicados en pocos años en forma extraordinaria, constituyeron nuevos motivos de codicias y consecuentemente de choques.
Ya por el siglo XVII, esta zona era recorrida por ganado salvaje abundante y tras el cual blancos e indígenas estaban permanentemente de cacería. Así se dieron las llamadas "vaquerías", que lisa y llanamente era la caza y arreo de vacunos. Precisamente a raíz de una de estas vaquerías, es que llegó hasta nosotros una de las primeras menciones del vocablo Tandil, cuando en 1707 una partida de blancos proveniente del sur cordobés que se dirigía a "los corrales de Ferreyra" en el Tandil, fue atacada y exterminada por los indios, dando motivo a un sumario que recoge la palabra que hoy nos da identidad. También en ese año, coincidentemente, un informe del viajero Silvestre Antonio de Roxas al Rey, daba cuenta de su pasaje por estas tierras, que él también conoció con ese nombre.
El asentamiento estable a que dio lugar la fundación, no fue producto ni de una decisión mágica, espontánea o caprichosa de Martín Rodríguez. Desde la época colonial hubo, además de reconocimientos militares y comerciales, informes que aconsejaron levantar un fuerte en las sierras del Tandil.
Indudablemente corresponde - a nuestro modesto criterio- al gobernador primero y Virrey después, Juan José Vértiz ser de los primeros que avizoraron la importancia de erigir en esta zona una fortaleza que frenara los ímpetus indígenas y propiciara con ello la tranquilidad de "la frontera" para permitir que las estancias y sus hacendados pudieran hacer sus pingües negocios.
Ya los padres jesuitas, entre ellos el destacado Tomás Falkner, habían hablado maravillas de estas zonas ricas en tierras feraces y bellas y el recordado padre Lozano había reforzado esta visión, recomendando poner atención en el lugar que ofrecía. Visión de futuro que le dicen...
Todo esto y las futuras y numerosas expediciones que se sucedieron fueron en el siglo XVIII, en pleno período colonial, cuando la gobernación de Buenos Aires y luego el Virreinato eran apenas una parte real del actual territorio argentino.
Desde Manuel de Pinazo y Juan Antonio Hernández, enviados por Vértiz en 1770, a Pedro Pablo Pabón, Ramón Eguía y Pedro Ruiz, en 1772; Pablo Zizur en 1783 y otros menos conocidos delegados por los virreyes, hasta Félix de Azara, distintas expediciones recorrieron la zona, relevándola y dando en general opiniones favorables al establecimiento de fuertes en estas serranías y en las del "Vulcán", actual Balcarce.
Después de 1810, debemos señalar al coronel español acriollado Pedro Andrés García, como el precursor indudable de la fundación, puesto que encargado por la Primera Junta de Gobierno Patrio de recorrer tierras en manos de los indios, elevó después de variados y detallados reconocimientos, numerosos informes que finalizaron con el del 3 de febrero de 1823, en el que puntualmente y en forma concreta estimaba que en el Tandil debía asentarse una población estable con la previa fundación de lo que ello requiriese.
Para esa época ya era Gobernador de la Provincia el Brig. Gral. Martín Rodríguez, quien en 1820, luego de un ataque a la población de Salto, decidió por error de apreciación, dar un escarmiento a la indiada, a la que él culpaba del ataque, y que según lo que le habían informado sus allegados provenía de esta zona, cosa que no había sido así por cuanto aquellos que atacaron Salto fueron indios manejados por el chileno Carrera, quien no andaba por aquí precisamente.
A raíz de ello organizó lo que se dio en llamar la primera expedición al sur del río Salado, con los objetivos ya citados, concretándose la misma sin frutos algunos, salvo el mejor reconocimiento personal del gobernador, a la postre fundador de nuestro pueblo.
No conforme con ello y teniendo en cuenta que los ataques a las estancias próximas a Buenos Aires se sucedían. se reunió con sus principales asesores militares y políticos ( que entonces eran los mismos...), entre los que se contaban los prestigiosos generales José Rondeau y Francisco Fernández de la Cruz, el parisino Ambrosio Cramer y el polaco Juan Bulewski, estos últimos veteranos napoleónicos, hacia fines de 1822, para decidir que hacían de allí en más con la idea que estaba gestándose de integrar un poderoso ejército para fundar por lo menos dos fuertes y escarmentar a la indiada de estos lares, ya por entonces totalmente araucanizada.
No sabemos bien si el ya citado último informe del coronel Pedro Andrés García, de febrero de 1823, llegó a manos de este grupo que encabezaba el Gobernador, pero lo concreto es que ese año, y luego de analizar pormenorizadamente el plan, se puso en marcha antes de la llegada del otoño, la expedición que contaba con alrededor de 2500 hombres y toda la logística necesaria para levantar dos fuertes bien pertrechados, uno de ellos en el Tandil y el otro en las serranías del Vulcán.
Pocos han reparado en la dimensión extraordinaria de este ejército, si lo comparamos, por ejemplo, con el que comandó gloriosamente el Libertador José de San Martín en la campaña de los Andes. No es el momento ni el sentido de la página- ni tendríamos espacio- pero está pendiente algún trabajo al respecto.
El 9 de marzo de 1823, las tropas cruzaban el siempre problemático río Salado, con todos los inconvenientes que ello representó y tras dos semanas de marcha, el 24 de ese mes, ya con los primeros fríos otoñales, acampaban en las proximidades del arroyo Chapaleofú. La fundación se aproximaba...
Reunida la plana mayor, se decidió que una comisión integrada por Ambrosio Cramer, José María de los Reyes (joven e inteligente ingeniero militar, secretario del Gobernador), Juan José Salses y ayudantes, relevaran las inmediaciones para traer las conclusiones finales para la toma de la decisión última.
El trabajo de esta comisión fue terminante: el lugar adecuado para levantar un fuerte era el situado en las proximidades de los faldeos serranos, entre dos arroyos que proveerían agua fresca y que corrían desde las sierras hacia la llanura. El lugar fue aprobado y los planos con leves modificaciones también, por lo que restaba poner en marcha el final de este proceso : a las 6 de la mañana del 4 de abril y al sonar de clarines y tambores de la precaria banda de Cazadores y de las pequeñas campanas de la futura capilla castrense, acompañadas por salvas de artillería, se daba comienzo a los trabajos para levantar lo que sería la fortaleza de la Independencia, cuyas murallas de piedra del lugar, la constituirían en una de las pocas similares en el territorio nacional. Doscientos sesenta hombres al mando del sargento uruguayo Juan Santiago Warcalde estaban dando a luz a Tandil...

FUSILAMIENTOS POST FUNDACIONALES
A los seis días del histórico acontecimiento, una docena de los milicianos que integraban la tropa como "voluntarios", sufridos y a veces maltratados, habían huido del campamento buscando lo que ellos creerían como mejores horizontes.
Inmediatamente el Gral. Rondeau dispuso una partida para proceder a su búsqueda, siendo apresados días después ocho de ellos, los que fueron trasladados el 14 de abril, hasta el campamento en las proximidades de donde se estaba levantando el Fuerte.
Al día siguiente y en virtud del bando oportunamente emitido por el Gobernador al partir desde el Salado, los ocho integrantes de la expedición fueron fusilados por desertores. Serían las primeras víctimas fundacionales.

LOS PRIMEROS MARTIRES
A fines de abril, Martín Rodríguez decidió emprender el camino hacia Sierra de la Ventana con el objeto de explorar la zona y verificar la posibilidad de levantar alguna fortificación. Ya los fríos y primeras heladas afectaban a hombres y animales.
La indiada había seguido de cerca los movimientos de la tropa por la zona y más allá de algún amague y reconocimiento, nada había pasado. Sin embargo el 5 de mayo una partida de indios parlamentarios, con sus respectivos lenguaraces, se aproximó a la expedición y pactó la entrega de rehenes mutuamente, para asegurar que nada pasaría hasta acordar entre ambas partes.
Pasaron tres días en la zona del actual partido de Benito Juárez, cuando ante la ausencia de los parlamentarios que no regresaron y también de los rehenes, se ordenó una operación de rastrillaje de la zona.
La cruel verdad apareció a la vista, los cuerpos lanceados de los voluntarios que confiados habían sido entregados como rehenes, yacían en las cercanías de una laguna la que a partir de aquel sangriento hecho, se llamó "La Perfidia".
Allí quedaron para siempre los jefes Mariano Miller y Juan Bulewski, los capitanes Bot y Ferrer, el porta Alvendin y el teniente Montes, dos cornetas y un lenguaraz.
Las huestes de Lincon y Pichiloncoy habían faltado a la palabra y los primeros mártires de la fundación fueron sus víctimas.

EL COMANDANTE ADOLESCENTE
A comienzos de 1824, el Brig. Gral. Martín Rodríguez encabezó la denominada Tercera Expedición al Sur del Salado, cuyo objeto era explorar y fundar un fuerte en la zona de Bahía Blanca. En su paso hacia el destino prefijado, llegó al Fuerte de la Independencia que él mismo había fundado el año anterior, encontrando aquí a su frente al Mayor Mariano García, primer oficial que comandaba el Fuerte luego de su fundación.
García se incorporó a la expedición hacia el sur y por expresa voluntad manifiesta del Gobernador y documentada, quedó como Comandante - aunque transitorio- " el Ayudante del Nº 1 de Milicias de Campaña D. Mariano Echenagucía". Hasta aquí nada llamativo, salvo que Echenagucía tenía ¡sólo 16 años! , constituyéndose en el más joven de los comandantes que tuvo la fortaleza tandilense en toda su historia.
La fracasada misión de la expedición de Martín Rodríguez, obligó al repliegue en circunstancias muy difíciles y dolorosas, tanto por el frío como por lo inútil del esfuerzo. De esa manera, el 20 de mayo de 1824, los expedicionarios estaban de regreso en el Fuerte Independencia, dejando su cargo de gran responsabilidad el joven Echenagucía en manos del Sargento Mayor Bruno Vázquez quien pasó a ser así el tercer comandante en el Tandil.
Aquel valiente siguió su carrera militar hasta alcanzar el grado de Coronel, interviniendo en diversas misiones-incluidas Caseros y Pavón- falleciendo en Buenos Aires, su ciudad natal, a los 62 años.

EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA TANDIL
El misterio acerca del significado del topónimo Tandil continúa en nuestros días. El autor de estas páginas publicó oportunamente un estudio donde se rastrearon alrededor de treinta acepciones, provenientes de diversos autores, llegando a la conclusión que Tandil es una palabra de original pronunciación mapuche, deformada por el uso castellano y que- como quedó dicho- es conocida desde muy antiguo.
Según las investigaciones realizadas hasta hoy, sólo puede afirmarse que tiene relación directa con las formaciones rocosas típicas de nuestra serranía.
En su momento rescatamos cuatro posibilidades: a) peñascos o rocas caídas, derrumbadas; b) peñasco al caer (por la Piedra Movediza); c) lugar de rocas para la reunión (corrales protectores o para rituales) y d) peñasco o roca donde pastorea el ganado.
La romántica expresión " Piedra que late", obviamente también referida a la célebre Piedra Movediza, podría también tener algún asidero lingüístico, aunque menor.

POR QUÉ SE FUNDÓ TANDIL
Luego de los antecedentes ofrecidos y conocidas las circunstancias que rodearon el contexto de la fundación, cabe preguntarse por qué se fundó finalmente Tandil.
Creemos que surge claramente que en primer término hubo una decisión política, impulsada por el Gobernador Martín Rodríguez, a instancias de razones económicas, tal como lo deja entrever en sus palabras, concretada con ingredientes de carácter militar y con la íntima convicción que la o las fundaciones beneficiarían su ansiada reelección, frustrada a manos del Gral. Las Heras.
De todas maneras queda largamente fundamentado el objetivo de levantar en estas tierras un fuerte desde la época colonial. Atribuimos pues a la mencionada decisión política la fundación que nos permite hoy disfrutar de este valle encantado.
Daniel Eduardo Pérez