martes, 26 de julio de 2011

TANDIL Y SU PLAZA CENTRAL

LA PLAZA INDEPENDENCIA DEL TANDIL

En estos tiempos de globalización, interdependencia y dependencias puntuales- FMI y G-8 de por medio-hablar del significado de la independencia, nos obliga a ponernos en los tiempos y los espacios históricos en que se dieron estos procesos en nuestro país y en América del Sur.

Aquella gesta que tiene en el 9 de Julio de 1816 la fecha símbolo de la independencia argentina, labrada durante años con la vida misma de miles de hombres y mujeres que dejaron de lado pequeños intereses, para ofrendar a la patria lo mejor que tenían en pos de ideales hoy tan lejanos de la realidad que nos circunda, marcó una etapa que desde Tucumán a las campañas sanmartinianas y bolivarianas nos legaron no sólo realidades, sino caminos a seguir.

El significado de la palabra independencia tenía por entonces un valor agregado que se imponía por sobre cualquier otro, de tal suerte que utilizarla respondía a profundos sentimientos. Tal es el caso del nacimiento de Tandil, cuando en el mensaje del Brig. Gral. Martín Rodríguez del 4 de abril de 1823, dirigido al gobierno delegado de Buenos Aires ejercido por Rivadavia, comenzaba la datación diciendo:" Fortaleza de la Independencia...". Era tal la necesidad de reafirmar todo el proceso aún fresco e inacabado de la emancipación, que se bautizaba, por ejemplo, a la nueva fundación con el máximo nombre que podía darse en ese momento.

Tandil nacía honrando lo que formalmente tendría su fin militar con Junín y Ayacucho, un año después y que había tenido en muchos de los soldados que estuvieron en estas serranías como fundadores, a protagonistas de algunas de las batallas de las campañas libertadoras.

Cuando fueron enviados los planos del fuerte y luego los del trazado ideado- que como bien señala Gorraiz Beloqui, nunca aparecieron-seguramente los ingenieros ya habían demarcado, además de la ubicación y formas del fuerte, la posible traza que, siguiendo la herencia hispana, tenía como eje principal alrededor del cual se organizaba el resto de la construcción, a la plaza.

Esta plaza original, que sólo estaba en la mente de aquellos precursores, tardaría bastante tiempo antes de figurar en la realidad como algo visible y mucho más para transformarse en una palpable concreción a la que pudiera dársele el nombre de tal. Sin embargo ya en los planos de 1858, levantados por el danés Juan Fugl y luego copiados y firmados por un tal Taylor, que han llegado hasta nuestros días, figuraba la plaza pública o principal, como durante décadas se la conoció.

Abarcando inicialmente la manzana ubicada entre Gral. Rodríguez, Gral. Belgrano, Gral. Pinto y la actual Fuerte Independencia, con el nombre ya señalado de "Principal" fue un verdadero baldío cubierto de pajonales, al que esporádicamente se lo mejoraba. Hubo que esperar a la lamentable demolición del Fuerte-luego de 1865- para que se incorporara como "Plaza Nueva" a la contigua manzana que se extendía hasta Chacabuco, con lo que se completaba en la realidad lo que ya en los citados planos de 1858 figuraba como plaza.

Hacia 1873, la pomposamente denominada plaza, era un conjunto de pajonales con algunos senderos peatonales, que el uso permanente del vecindario había demarcado para su cruce rutinario. Ya la Corporación Municipal, con el Juez de Paz a la cabeza, había comenzado con la preocupación de tratar de mejorar el aspecto de aquello que tenía un destino de corazón del pueblo y que como tal dejaba mucho que desear.

En 1875 el vecino Antonio Bellami- constructor de varias casas que aún perduran, entre ellas la de la familia Puchuri-Esquerdo, en la calle Gral. Rodríguez al 300-era encomendado para nivelar y terraplenar la plaza, una manera de comenzar con obras tendientes a dar forma a ese pajonal.

Al año siguiente ya la Municipalidad daba cuenta en su Memoria del resultado de los trabajos que -exagerando- parece que habían sido altamente positivos. Dice una parte de aquella Memoria: " El hermoso y severo edificio del Templo se levanta sobre uno de los costados de la plaza principal que mide ciento ochenta varas de frente por doscientas veinte de fondo.

Al darse principio a esa obra, esa plaza era un simple potrero donde pastaban libremente los animales. La municipalidad creyó que no debía perder un minuto en convertir ese asilo de viscacheras (sic) en un hermoso jardín, que a la vez que embelleciera la localidad, proporcionase aire puro y beneficio a la población que pronto la adoptaría para paseo público y favorito local de las reuniones del vecindario.

Su pensamiento se ha realizado en toda su estensión (sic). La Plaza Principal del Pueblo del Tandil, si se encontrase en la Ciudad de Buenos Ayres, llamaría la atención pública por la belleza de sus alamedas en las cuales jamás hay polvo ni lodo y la abundancia de sus hermosas arboledas y de sus preciosos ocho jardines contenidos en su recinto que hacen de esa plaza un sitio delicioso a la vista y a propósito para solaz de la población..."

Asimismo allí agradece al Sr. Vicente Silveira " del pueblo de San José de Flores" por la donación de mil plantas para la obra.

Como vemos, los representantes de entonces del pueblo, tenían en la plaza puestos sus ojos como un lugar a mejorar y lucir. También se licitó cercar el perímetro de la plaza para evitar que fueran dañados los citados jardines y la incipiente forestación que allí se había concretado, destinando $ 38.000 a tal fin, así como la colocación de una bomba de agua.

Sin embargo según pasaban los años y las gestiones de gobierno, el interés variaba en la práctica, no abandonándose de cualquier forma el objetivo de disponer de un lugar mantenido en forma.

En enero de 1880, se dio un paso importante en la identidad de la Plaza: se decidió la colocación de una fuente en el centro de la Principal y la construcción de un monumento " en el medio de las dos Plazas para conmemorar las glorias de la Independencia", aceptándose el plano y el presupuesto de $ 68.000, colocándose la piedra fundamental de lo que sería la Pirámide, el 31 de marzo de 1880 y nombrándose a Tristán Gómez como padrino. Será también en ese año en el que se la bautizó con el nombre actual de "Plaza Independencia" al lugar, por Ordenanza del 16 de abril, aunque tardarían varios años en que el uso común dejara de ser el de Plaza Pública o Principal que la tradición le había asignado.

Desde entonces una comisión integrada por los vecinos José Gómez, Enrique Spika, Pedro Pereyra, Bernardo Arriaga, y José Bentín, se ocupó de todo lo relacionado con la construcción de la Pirámide, la que fue lentamente avanzando en los distintos detalles de su terminación- que no es la que conocemos actualmente sino más pequeña- hasta que el 26 de mayo de 1883 se integró una "comisión de fiestas" para festejar tres hechos considerados históricos: la inauguración de la Pirámide, la llegada del ferrocarril y la recepción del retrato del Brig. Gral. Martín Rodríguez donado por Tristán Gómez para el Salón Municipal.

El ya citado interés y disposición para cercar la plaza y mantenerla, quedó muchas veces en simples intenciones que no se concretaron, tal como lo demuestra la Memoria del primer Intendente de Tandil, Pedro Duffau cuando en 1886 dice que " se ha atendido en lo posible la Plaza, que reconoce por primero y grande inconveniente el hallarse abierta y a merced de frecuentes destrozos ocasionados por toda clase de animales y de personas mal intencionadas...". Allí mismo agradece al Sr. Leonardo Pereyra la donación de plantas y manifiesta la intención de colocar un techo "chinesco" al kiosco que unos años antes se había construido, así como colocar una verja al perímetro (deseo expuesto por infinitésima vez) y aumentar el número de bancos.

Duffau también manifestaba en esa Memoria, que el tamaño de la Pirámide " no está en relación con el adelanto y progreso de nuestro pintoresco pueblo" por lo que se propuso levantarla dos metros y culminarla en forma de diamante, cosa que finalmente ocurrirá pero con la estatua que hoy observamos.

En 1893 el Intendente interino J. Capdepont designó una Comisión especial para la atención de la Plaza, a la que denominaba en el documento como " Pública", disponiendo además la designación de un jardinero y dos peones para las tareas de embellecimiento.

Para el año del Centenario de la Revolución de Mayo, la Plaza estaba rodeada de rejas, con tanque de agua de hierro, molino, pocos árboles y muchos yuyos, lo que obligó a un fugaz mejoramiento para los actos que concretaron la colocación en la Pirámide, de la placa del Centenario de la Revolución y el cambio de nombre a la calle Independencia por Centenario (hoy y desde 1973, Fuerte Independencia).

Habría que aguardar la llegada del Intendente Eduardo Arana, para que un proyecto serio y continuado permitiera dar a la Plaza el aspecto básico similar al actual.

Arana contrató el ingeniero Conrado Martín Uzal para el nuevo trazado y el sucesor en el cargo de Intendente, don Antonio Santamarina culminó con las obras del trazado y con el ornato que permitió entre 1913 y 1914 dotarla de las bellas estatuas de origen francés que se conservan, merced a la donación de su familia y cuyo pormenorizado relevamiento efectuara recientemente el religioso Adelsio Delfabro ( perteneciente a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, del Colegio San José, destinado por un tiempo a continuar su apostolado en Francia, de la que regresó para estar nuevamente en Tandil).

En 1920 el entonces Intendente E. Maritorena, en su Memoria destacaba el estado de la Plaza Independencia y agregaba que la Banda de Música de Durazzo, en el verano, alegraba las tardes con recitales en el kiosco.

Con sus más y con sus menos, la historia de la Plaza tuvo sus altibajos en la conservación y mejoramiento, pudiéndose ver en testimonios de antiguos placeros, como el de Roque Paladino, los avatares, sobre todo en las primeras décadas del siglo XX.

El trazado original se vio modificado en algunas oportunidades, incluyéndose, por ejemplo, un calendario frente al Palacio Municipal en 1973 y una estructura metálica en la diagonal frente a la esquina de Gral. Pinto y Gral. Rodríguez para colocación de carteles, los que hace ya algunos años fueron retirados para bien de la belleza de ese paseo.

La Plaza Independencia, cruzada diariamente por miles de niños y jóvenes que concurren a las escuelas, con los abuelos en las soleadas tardes de los días otoñales y aún invernales, los obreros que suben y bajan de colectivos, los turistas y sus recorridas, entre otras manifestaciones, es la caja de resonancia más importante de la vida cotidiana de la ciudad, es decir de su historia.

Desde festejos patrios a políticos y deportivos hasta carnavales y farándula estudiantil, fue testigo de días de alegrías y días de tragedia; de mitines políticos y manifestaciones obreras a reclamos populares y gestos solidarios, por ella pasaron y pasan amoríos fugaces, bandas de música, titiriteros, corsos infantiles, desfiles y retretas militares y hasta honras fúnebres.

De allí partían las antiguas carretas (antes que tuvieran su propia plaza), carruajes de todo tipo, entre ellos los recordados mateos y los actuales taxis.

Testigo mudo de riñas como de ejercicios eróticos, de risas y de llantos, en fin, de todas las expresiones humanas, es la depositaria de buena parte de la historia de los tandilenses que por generaciones la seguimos disfrutando, por lo que creímos interesante conocer un poco, un retacito, de su larga existencia.

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Daniel Eduardo Pérez

lunes, 20 de junio de 2011

ESCRITORES TANDILENSES EN LA HISTORIA

ESCRITORES TANDILENSES EN LA HISTORIA

Las letras tandilenses han tenido a lo largo de su historia valiosos representantes. Cuando decimos tandilenses, debemos aclarar que haremos una distinción, que como toda distinción, suele ser arbitraria, entre nativos y radicados y como en un capítulo sería casi imposible ser exhaustivo, sólo nos referiremos un poco más in extenso a quienes hemos elegido. De quienes nos hemos referido en este libro, por ejemplo, Piccirilli, Manco, Eandi, nos remitimos a los capítulos respectivos.
Fue con el surgimiento del periodismo pueblerino cuando aparecieron los primeros “hombres de letras” en el Tandil, ello sin dejar de destacar que en las “Memorias” de Juan Fugl y de Manuel Suárez Martínez, podemos apreciar, con las distancias pertinentes, a nuestros “Recuerdos de Provincia”.
Ugalde y San Martín, Woodworth, Pites, Spika –todos ellos radicados-dejaron páginas muy interesantes, sobre todo relatos y crónicas, en los incipientes periódicos tandilenses.
Distinguiremos, como paso previo, a quienes fueron poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas, aunque varios han escrito en más de un género.
POETAS
En la poesía fueron varios y buenos los que desgranaron versos, entre ellos Juan M. Cotta, Manuel López Moyano, José Eduardo Seri, el mismo Juan A. Salceda entre los no nativos y Amadeo Ricaldone, Juan Salvador, entre otros, aquí nacidos, pero en este capítulo le dedicaremos este espacio a Lauro Viana, por considerarlo, entre los autóctonos, uno de los más grandes.
Viana nació en Tandil el 20 de agosto de 1897, sufriendo a los cinco años la pérdida de su padre. Se formó en el entonces tradicional y prestigioso Colegio Sudamericano de Manuel Carné.
Ya adolescente, comenzó a trabajar en la Compañía de Seguros La Tandilense y simultáneamente, atraído por la literatura, pasaba muchas horas en la Biblioteca Rivadavia, la que daba sus primeros pasos de la mano de su fundador don José A. Cabral.
Allí entabló amistades perdurables con Juan A. Salceda, el escritor Héctor F. Miri y el artista Ernesto Valor, con quienes compartió, además, ideales comunes sobre los valores de la vida.
Alentado nada menos que por los hermanos Conrado y Roberto Nalé Roxlo, a quienes conoció en oportunidad de inaugurarse la Palace Hotel (diciembre de 1919), aún veinteañero, comenzó a escribir sus poemas.
En 1930 apareció publicada su primera poesía en un medio importante: el suplemento literario de La Prensa, donde salió a la luz “El palenque” que recibió elogios del gran Baldomero Fernández Moreno (el del famoso soneto a Tandil) y hasta del mismísimo Borges, a quien Ricardo Güiraldes le había hecho conocer la poesía de Viana.
Sus conocimientos del campo bonaerense y la especial inclinación por su paisaje y sus hombres, inspiraron su producción y su pluma tradujo con fuerza y colorido el agreste señorío de la pampa, con un manejo apropiado del vocabulario gauchesco.
También en 1930 fue cuando conoció a don Fernando Ochoa, naciendo una amistad sólida y profunda que le permitió a Viana hacerse conocer a lo largo y ancho del país, a través de los recitados de ya famoso Ochoa, el que prácticamente registró con su voz, la mayor parte de la obra de nuestro poeta.
Atraído por la política, Viana participó en el orden municipal ocupando cargos en la administración y siendo Comisionado por breve tiempo en 1947.
Activo integrante de las tertulias-peñas literarias y artísticas que realizaba en su casa el escritor y gráfico Vitullo, estrechó amistad con colegas y conoció a la exquisita pintora Sofía Zárate, con quien se casó siendo su compañera hasta el final de su vida.
Como nos comentaba años más tarde su viuda, Viana siempre fue reacio a la publicación de sus obras-lamentablemente-por un sentido extremadamente crítico de su propia producción; la consecuencia de esa humildad nos privó de poder hoy contar con gran parte de ella.
Este excelente poeta de nuestro campo y sus personajes, falleció en Mar del Plata el 6 de enero de 1976.

NARRADORES
Entre los narradores, y recordando que grandes de la literatura pasaron por Tandil residiendo algunos años, tales los casos de Witold Gombrowicz, Osvaldo Soriano y el mismo Álvaro Yunque (que aquí falleció), debemos decir también que otros buenos escritores se radicaron temporalmente con anterioridad, tal los casos de Carlos Ruiz Daudet, Valerio Ferreyra, Luis A. Pontaut, entre otros.
Hubo nativos como Alfredo Burnet Merlin que también fueron periodistas y escritores reconocidos, pero aquí nos detendremos particularmente en los también tandilenses Miri, Ramallo, Barrientos, Di Paola y Cuevas Acevedo.
Comenzaremos con Héctor Fuad Miri, hijo de un hogar libanés, nacido en Tandil el 28 de diciembre de 1906, que luego de cursar sus estudios primarios en la Escuela Nº 1, partió adolescente aún con rumbo a Buenos Aires buscando horizontes que reclamaba su inquieto espíritu. Allí pronto ingresó en medios periodísticos haciendo sus primeras armas en las letras.
En esa tarea viajó por casi todo el país y también por diversos países del mundo, aprendiendo varios idiomas que lo convertirían luego en traductor de obras importantes, especialmente de las de Giovanni Papini, de quien se hizo amigo personal.
Incluido en antologías importantes, ha sido elogiado como eximio cuentista y traductor, ya que además de la obra de Papini, tradujo del inglés, francés, portugués y hasta árabe, siendo un pilar, en ese sentido, de la Editorial Claridad.
Gran lector de los clásicos, consideró a Flaubert como “su maestro” y a Lugones como la pluma argentina más importante. Prolífico autor, se destacan además de sus compilaciones: “El libro de los 1001 sonetos”, “Poesías completas de Almafuerte”, “Antología de Mayo”,” Diccionario Bachiller” y “Vademécum para el masón argentino”, sus libros “Cuentos cínicos” y “Cuadrario y unicario”, elogiados por la crítica en forma unánime.
Falleció en Buenos Aires en la década del ’80.
Nos referiremos ahora a José Antonio Cecilio Ramallo, nacido en nuestra ciudad el 22 de noviembre de 1915, quien luego de cursar sus estudios primarios, ingresó a la Escuela Normal de donde egresó como Maestro en 1933.Impulsado por su juventud, vocación y espíritu patriótico-tal como hicieron en su momento otros maestros locales- se trasladó a Misiones para ejercer la docencia.
Allí comenzó su carrera, en la que fue escalando jerarquías recorriendo buena parte del país en escuelas nacionales, en sus funciones y también desempeñando cargos en áreas culturales provinciales, hasta jubilarse en 1968. Sus años en Misiones- donde se casó y tuvo a sus cinco hijos- y su conocimiento de la Mesopotamia en general, lo llevaron a producir una importante cantidad de libros de cuentos infantiles, donde el paisaje y los personajes de aquella zona siempre estaban presentes con la ineludible influencia de Quiroga, que era imposible de obviar.
Algunas de sus obras fueron: “Cuentos y leyendas de la selva misionera”; “Juan José en el país de las hormigas”; La curandera y el maestro”; “Cuentos y leyendas de la selva guaraní” y “El pato correntino que se fue a la Luna”. Casi toda su obra fue publicada por la editorial Plus Ultra y alcanzó difusión nacional.
Falleció en la década ’80.

Queremos ahora mencionar a otro tandilense que fue un destacado cuentista, Nos referimos a José P. Barrientos. Nacido en Tandil el 28 de setiembre de 1907, hijo de Blas, periodista y político local, incursionó desde muy joven en el periodismo, en los diarios locales “El Eco de Tandil” y luego “Nueva Era”, donde se desempeñaba al morir. Colaboró además en revistas nacionales de carácter nativista siendo sus notas elogiadas por la crítica.
Su pasión por la historia de la frontera interior, la vida del indio y del gaucho, cuajó en sus obras “Brujerías” y “Fortín de Avanzada”, con relatos de aquella época. Había comenzado además la Historia del Periodismo de Tandil, que al fallecer fue culminada por el autor de este libro.
Falleció joven aún, el 2 de setiembre de 1956 en nuestra ciudad.

En el rubro de narradores queremos dedicar algunas palabras a Huberto Cuevas Acevedo, ese humanista íntegro y multifacético que fue médico, geógrafo, excelente cuentista y gran persona. Nació en Lobería, podríamos decir circunstancialmente, porque allí su padre era un reconocido y prestigioso médico, el 15 de febrero de 1924.
La medicina lo atrajo fuertemente y ya graduado partió a la Patagonia a la que por una década (1950-1961) le dedicó su vida y sus estudios así como la práctica de su profesión y en donde también nacieron sus hijos. A propósito de aquella zona tan querida por Huberto, nos parece oportuno transcribir algunos conceptos de la escritora de Trevelin, Clery Evans quien nos dice: “Huberto Cuevas Acevedo llegó a mi pueblo en el año 1950, su primer destino como médico y el primer paciente... mi padre. De allí nace una amistad, hablaban “el mismo idioma”, las mismas locuras por hacer acá en Patagonia.
Dos libros suyos captan con relatos cuentos y leyendas de los nativos y los galeses, pero el mejor relato es el del Ascenso al Trono de las Nubes realizado por mi padre y Huberto el 19 de febrero de l955 en la cordillera del Chubut.
“Desde que nos radicamos en Trevelin a fines del año l950, la presencia constante de esta hermosa montaña fue tentando el ánimo en el sentido de su escalamiento.
“Al morir mi padre, amigo y compañero de andanzas de Huberto, me escribió varias cartas para indicarme sutilmente lo que mi padre hubiera hecho con la veranada, las tropas, las épocas, el destete de los terneros, en fin, la última frase daba coraje para seguir adelante "hija de tigre tigresa tienes que ser.” El presentó mi libro La Tumba del Malacara el 25 de noviembre de l994. Huberto falleció en Tandil con el cariño de su fiel compañera y de sus tres hijos y nos dejó a los amigos, alumnos de Facultad, y a la gente de Trevelin el mejor de los recuerdos.”
Por sus libros “Viento y camino largo” y “Tierra sin tiempo”, fue laureado como cuentista y por sus numerosos trabajos publicados como ensayista e investigador, adquirió un nombre entre los académicos de temas geográficos.
Cuevas Acevedo falleció en Buenos Aires (donde había ido a atender su salud) el 12 de setiembre de 1995.

Para finalizar dejamos a quien fuera muestro compañero de normalismo y respetado amigo: Jorge Di Paola, seguramente una de las plumas más importantes nacidas en nuestro pago.
Jorge nació en nuestra ciudad el 25 de diciembre de 1940. Único hijo de un hogar de clase media-la madre maestra y el padre idóneo de farmacia-luego de sus estudios primarios egresó como Maestro de la Escuela Normal en 1958.
Pronto puso proa a Buenos Aires con el objeto de ingresar en la Universidad para estudiar primero Letras, luego Filosofía y más tarde incursionar en las Ciencias Naturales. En una nota a quien esto escribe, reconoció a don Amador Isasa-bibliotecario de la Biblioteca Rivadavia- como quien le dio “el núcleo más sólido de lo que, para no entrar en detalles, podemos llamar mi formación, en confluencia con un amigo, Juan Carlos Ferreyra, el hijo de don Valerio, gracias a quien accedí a la filosofía y a la literatura de vanguardia”.
Fueron tiempos donde la influencia de Gombrowicz-contertulio en la Rex- dejó su huella para siempre. Dipi –como se lo conoció-participó colaborando en las revistas más importantes de su tiempo juvenil, desde El Porteño a Panorama y en varios diarios, entre ellos Página 12.
Su atracción por los temas filosóficos fue posiblemente-a nuestro modesto criterio-la temática que, unida a su irresuelto pensamiento judeo-cristiano-agnóstico, atravesó axialmente su obra y su misma vida.
Escritor de pura cepa, no se dio descanso salvo para dar forma a creaciones artísticas originales y cultivar-entre café, cigarrillo y alguna copa-amistades con las que compartía veladas nutridas por el discurrir entre la literatura, la filosofía, la vida misma. Escritores como Briante y Piglia, entre tantos, fueron admiradores de su obra, traducida a varios idiomas.

Su producción fue múltiple, pero los libros editados fueron: Hernán, La virginidad es un tigre de papel, Minga, El arte del espectáculo y Moncada, este último junto a Roberto Jacoby.
Dipi falleció el 23 de abril de 2007, en su Tandil.

DRAMATURGOS
Tal como lo expresamos al comienzo, no nos ocuparemos de quienes como a Rodolfo González Pacheco, le dedicamos un capítulo y que fue el más importante autor de obras de teatro nacido en nuestro Tandil.
Haremos referencia entonces a dos autores que podríamos ubicar también como ensayistas, por algunas de sus obras importantes. Ellos son Juan Carlos Nigro y Héctor Nicolás Santomauro.
Nigro nació el 5 de noviembre de 1929. Su vocación periodística pronto lo llevó a Buenos Aires donde se desempeñó en el diario La Nación. Licenciado en periodismo, dictó cátedras en diversos institutos, siendo además organizador de los talleres literarios de la SADE, cuya comisión directiva integró. En el transcurso de su vida recibió numerosos premios en certámenes literarios y perteneció a varias entidades relacionadas con las letras.
Entre sus obras de teatro destacamos “La farsa de las medias galvanizadas”, “El amor, la muerte y otros excesos” y entre los ensayos “La lucha de los maestros”
Falleció en Lanús, el 15 de enero de 2007.
Si bien nació en San Cayetano el 4 de agosto de 1929, Héctor Nicolás Santomauro, fue un tandilense de pura cepa, que además de su trabajo cotidiano se preocupó por las cosas de la política, militando en el socialismo por el que fue concejal.
Colaborador habitual de los periódicos tandilenses y regionales, citamos sus dos obras de teatro: “Dr. Malves” y “El grito”.
En el rubro ensayo podemos destacar en forma especial sus libros “La generación argentina de 1880” y “Juana Manso”.
Ganó diversos premios literarios y fue el primer presidente de la SADE filial Tandil. Falleció en nuestra ciudad el 29 de diciembre de 1999.
ENSAYISTAS
Pasaron por nuestra ciudad autores reconocidos nacionalmente, en distintas especialidades, dejando su huella en discípulos y amistades imborrables. Podemos citar, a manera de ejemplo, al Pbro. José María Suárez García, Ricardo Piccirilli, Ramón Carriegos, Juan Carlos Vedoya, Ernesto Eduardo Borga y el mismo Juan A Salceda (que se radicó y aquí murió).
Otros ensayistas que además cultivaron el género teatral fueron los ya mencionados Nigro y Santomauro.
Dedicaremos entonces este espacio a recordar a autores nativos destacados y hoy poco conocidos, comenzando con Ángel C. Bassi, nacido en Tandil el 28 de setiembre de 1868 quien luego de sus estudios tandilenses, se graduó en la Escuela Normal de Paraná, iniciando una trayectoria que lo llevó a congresos y jornadas en el país y el extranjero y a desempeñar cargos académicos importantes, siendo una personalidad reconocida internacionalmente en el área de la educación.
Su obra escrita fue vasta, de ella sólo mencionaremos algunos títulos tales como;” Ciencia histórica y filosofía de la Historia”; “Dr. J. A. Ferreira: el pensamiento y la acción del gran educador y filósofo”;”Principios de metodología general” y “La escuela experimental de Esquina”.
Bassi falleció en Lomas de Zamora el 8 de enero de 1959.
En forma sintética brindamos a continuación algunas referencias de los siguientes autores:
Francisco C. Arrillaga, nació en nuestra ciudad el 9 de enero de 1896 de donde partió para seguir su vocación por la medicina y ejercer, luego de graduado, la cátedra alcanzando cargos académicos relevantes por su jerarquía científica, como el de titular de Clínica Médica en la Facultad de Medicina de la UBA. Fue autor destacado de numerosos tratados sobre especialidades médicas.
Falleció en Mar del Plata el 21 de setiembre de 1950.

Francisco C. Actis, nació el 7 de marzo de 1898. Finalizados sus estudios primarios, prosiguió en el Seminario hasta su consagración como sacerdote. Su fuerte vocación por la investigación histórica tuvo su principal concreción en la fundación del “Museo y Archivo Histórico Brig. Gral. Juan Martín de Pueyrredón” cuya dirección y organización cubrió toda un etapa de su vida
Escribió varios folletos y libros entre los que destacamos: “ Historia de la Parroquia de San Isidro y de su Santo Patrono”; “Breve Historia de la Chacra de Bosque Alegre” y compiló las Actas y documentos del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires, a las que salvó de un incendio devastador.. Fue asimismo Secretario de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina.
Falleció en San Isidro el 8 de julio de 1975.
Salvador Romeo, nació en Tandil el 16 de junio de 1906. Egresado de la Escuela Normal, ejerció la docencia y se trasladó a Tres Arroyos donde se desempeñó también en el magisterio, hasta su jubilación y a la investigación histórica regional.
Colaborador permanente de diarios de Tres Arroyos y la zona, escribió: “Antecedentes históricos de Tres Arroyos”; “Machado en el sur”; “San Antonio de Iraola”; “Historia sintética del partido de Juárez” y “Tres Arroyos”, entre otros títulos.
Falleció en Tres Arroyos el 3 de junio de 1959.

Alberto L. Merani nació el 24 de junio de 1918. Egresado de la Escuela Normal, se doctoró en la Universidad Nacional de La Plata en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Educación. Fuertemente atraído por la Psicología, estudió en Francia e Italia, regresando a nuestro país en 1948. Aquí escribió doce obras en la década siguiente, hasta que le fue ofrecido dirigir la creación de un instituto en Venezuela donde se radicó, ejerciendo importantes funciones en las Universidades de Mérida y Caracas.
Su extensa y valiosa trayectoria en el campo de la psicología fue reconocida internacionalmente. Escribió entre otras obras: “Ensayo sobre la religiosidad femenina”, “Filósofos del medioevo”,” Del individuo al hombre social” y “Nuestros hijos, esos desconocidos”.
Falleció en Caracas el 23 de agosto de 1984.

Hoy numerosos jóvenes y no tanto, cultivan los diversos géneros literarios en crecimiento. No haremos ni un inventario ni una nómina exhaustiva, con las inevitables y odiosas omisiones propias del caso, pero destacamos a autores que, cada uno en lo suyo, están dando una muestra vigorosa del desarrollo científico y literario en Tandil.
Podemos citar así a Hugo Nario y Julio Villaverde –hijos adoptivos de Tandil-a Néstor Tirri, Carlos Pérez, Julio Varela, Néstor Dipaola, Patricia Ratto, Hernán Otero, Andrea Reguera, María Elba Argeri, Ricardo Pasolini, Marcelino Irianni, Eduardo Saglul, Daniel Dicósimo, Ana Pérez Porcio, Carlos Mansilla, Sonia Araujo, Margarita Sgro, Renée Giovine, Diana Lan, Guillermo Velázquez, María Celia García, Lucía García, Omar Ordóñez, María I. Alonso de Nicola, Raúl Echegaray, Elías el Hage , María Estela Spinelli, Eduardo Míguez, Leandro Losada….y así podríamos seguir varios líneas más, mencionando autores que realzan la actividad intelectual tandilense, de la que nos podemos sentir orgullosos.

Daniel Eduardo Pérez

martes, 24 de mayo de 2011

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO

EL FUNDADOR DE TANDIL Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO


La caída de España en manos de Napoleón produjo un efecto dominó en las colonias españolas en América, al cesar la autoridad real y poner a gobernadores y virreyes, en estas tierras americanas, en una situación de cuestionamiento, tal como los hechos que se recuerdan en esto días lo muestran palmariamente,
El Río de la Plata, en especial Buenos Aires, que ya había sufrido las frustradas invasiones de los ingleses en 1806 y 1807, había iniciado un camino que desembocaría en la revolución, llevada adelante por los porteños de una elite que entendían que ya el virrey no representaba a ningún gobierno y que por lo tanto era llegada la hora de decidir sobre los propios destinos.
El Gral. José de San Martín reconocía en 1835, desde Bruselas, en carta a su gran amigo Tomás Guido, que habían pasado “Veintinueve años en busca de una libertad”: el gran protagonista y testigo de la época que fue el Libertador, coloca así el comienzo de nuestra lucha por la libertad, en la Reconquista de Buenos Aires.
Varios son los autores que coinciden con esta apreciación, que representó un espaldarazo ante el resto de la hispanidad, al hacer retroceder a Inglaterra, una de las potencias de la época.
La formación de cuerpos criollos, con una moral en alza, que al decir de Mitre constituyeron una “democracia militar” al elegir sus oficiales de entre la tropa, fueron aportes y cambios que cubrieron el período hasta 1810, donde la libertad comenzó a tener un especial sentido.
Libertad que implicaba la ruptura de estructuras económicas, sociales y políticas que la colonia había impuesto y contra las cuales hombres como Belgrano, Moreno y el mismo Saavedra se habían opuesto de palabra y en algunos casos, en los hechos.
Es Alberdi quien sostiene que “hay dos etapas en la ejecución de toda revolución: la de destruir la autoridad pasada y la de construir la autoridad nueva. Una debe suceder a la otra”. Con la revolución iniciada el 25 de mayo, se reemplazó el orden colonial por un gobierno, que, como dice el mismo Alberdi, apenas tenía poder para conservarse. La libertad exterior o la independencia, puede ser el resultado de una guerra victoriosa, afirma, pero "un hecho de armas, por brillante y feliz que sea", no puede crear las instituciones necesarias de un buen gobierno".
Es en aquellos gloriosos días cuando manifiesta Saavedra “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”, la afirmación fue hecha en la reunión del 18 de mayo en la casa de Martín Rodríguez; al día siguiente fue en lo de Rodríguez Peña, donde había “una gran reunión de americanos que clamaban porque se removiese del mando al virrey y crease un nuevo gobierno americano…”.y se hiciese un cabildo abierto para que el pueblo reunido decidiera la suerte, entrevistados el alcalde Lezica y el síndico Leyva, se resolvió pedir personalmente la venia de Cisneros para que se convocara a cabildo “público y general”. Ante la situación, el virrey se presentó en el Fuerte sosteniendo que si España no caía totalmente en manos de Napoleón no veía por qué hacer tanto alboroto.
“No, señor; - dice Saavedra-no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses: hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos (…) y continúa: “Esto mismo sostuvieron todos mis compañeros”.
Relata M. Rodríguez en sus Memorias, que estando de acuerdo en la decisión de hacer el cabildo, los patriotas se reunieron una vez más el 20 de mayo. Allí Saavedra dijo “que estaba pronto a cumplir lo que había prometido; pero que era preciso buscar otro local donde nos reuniésemos esa noche…”.Se acordó entonces hacerlo en la casa ofrecida por Rodríguez Peña y allí se realizó la “Junta” (así la llama Rodríguez), “con la presencia de: Cornelio.Saavedra, Manuel Belgrano, Francisco Antonio Ocampo, Florencio Terrada, Juan J. Viamonte, Antonio Luis Beruti, Feliciano Chiclana, Juan J. Paso, su hermano Francisco, Hipólito Vieytes , Agustín Donado y Martín Rodríguez, las tropas quedaron acuarteladas ignorando todo el motivo de esta novedad, como ignoraba también el pueblo”
“Se decidió enviar una comisión para entrevistar a Cisneros para intimarlo a cesar en el mando. Resultó el nombramiento en el doctor Castelli y yo, y para asegurarnos mejor, pedimos que el comandante de granaderos de infantería Terrada, fuese con nosotros; pues su batallón estaba acuartelado en el Fuerte y bajo los balcones del mismo Cisneros, y como en él había muchos oficiales españoles, temíamos que al momento de la intimación, se asomase Cisneros a un balcón y llamase a los granaderos y nos hiciese amarrar”
“El comandante Terrada fue con nosotros,-continúa Rodríguez- se puso a la cabeza de sus granaderos y nosotros subimos. Entramos a la sala de recibo y encontramos allí a Cisneros jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe, y un tal Goicochea, edecán suyo. Nos dirigimos a la mesa. Tomó la palabra Castelli y dijo: “Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V.E. las cesación en el mando del virreinato”. “El virrey y colaboradores respondieron airadamente a los patriotas, por lo que Castelli le contestó “que no se acalorase, que la cosa no tenía remedio”. “Entonces tomé yo la palabra y le dije: “Señor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación; vea V.E. lo que hace”.
“Señores, nos dijo, cuánto siento los grandes males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso. Bien pues, puesto que el pueblo no me quiere, y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.
“Entonces-prosigue Rodríguez-nos despedimos, y al dar la vuelta nos dice: “¿Y bien señores, qué es lo que ustedes piensan respecto de mi persona y familia?”. Castelli-prosigue nuestro fundador- le contestó; “Señor: la persona de V.E. y familia están entre americanos, y esto debe tranquilizarlo”.
“Salimos de allí y nos dirigimos a la casa de la reunión, diciendo: “Señores, la cosa es hecha: Cisneros ha cedido de plano, y dice que hagamos lo que queramos”.Nos empezamos a abrazar, a dar vivas, a tirar los sombreros por el aire. En el acto salieron Beruti, Peña y Donado, con varios criados y canastas a recolectar todos los dulces y licores que hubiese en las confiterías. Se puso una gran mesa en casa de Rodríguez Peña, que duró tres días cubriéndose de continuo para que entrara todo el mundo que quisiese a refrescarse”.
El Cabildo Abierto se concretó finalmente el 22 de mayo, con una concurrencia expectante. A las palabras del obispo Lué, defensor a ultranza del mantenimiento de Cisneros, respondió Castelli, dueño de un brillante discurso, firme y convincente y luego de otros oradores y previo a la votación, Saavedra fue quien remató su intervención manifestando que “…no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”. Los patriotas triunfaron por 159 a 67 votos…
Si bien en el Cabildo Abierto Juan José Paso mencionó que hablaba en nombre de las restantes ciudades en su condición de capital del virreinato, o sea, “como hermana mayor en nombre de las menores”, éstas no habían sido siquiera consultadas al respecto. Mucho menos sabían que tales eventos estaban por suceder puesto que, como quedó dicho, ni los pobladores de Buenos Aires lo sabían.
“La Plaza de la Victoria estaba llena de gente y se adornaban ya con la divisa en el sombrero de una cinta azul y otra blanca, con el primor que en todo aquel conjunto de pueblo, no se vio el más ligero desorden.”-nos dice Saavedra“. “El 24 procedió el Cabildo, al nombramiento de vocales de que se debía componer la Junta de Gobierno de estas Provincias y las que comprendían la dilatada extensión del virreinato. El doctor don Juan Nepomuceno Sola, don José Santos Incháurregui, el doctor Juan José Castelli y yo-dice Saavedra-, fuimos los electos en aquel día; y para la presidencia el mismo don Baltasar Hidalgo de Cisneros: se constituyó esta Junta el mismo día 24 a la tarde”. Pero al conocerse que Cisneros presidía esa Junta comenzaron rápidamente las expresiones de descontento al igual que por la presencia en ella de los pro españoles Solá e Incháurregui, los debates fueron moneda común en las reuniones y en los cuarteles, de resultas de lo cual “ al fin del día 24 también quedó disuelta esa Junta y yo fui el que le dijo a Cisneros, que era necesario se quedase sin la presidencia, porque el pueblo así lo quería- dice Saavedra- a lo que él también se allanó sin dificultad”
Finalmente el 25 de mayo quedó integrada la Junta –continúa Saavedra-como “ estaba resuelto en los acuerdos anteriores y recayó éste en las personas de don Miguel de Azcuénaga, don Manuel Belgrano, el doctor Juan José Castelli, el doctor don Manuel Alberti, don Juan Larrea, don Domingo Matheu y yo, que quisieron fuese el presidente de ella y comandante de las armas”. Asimismo nos informa que también juraron como secretarios los designados doctores Juan José Paso y Mariano Moreno y que “por política fue preciso cubrirla con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos”
No sólo eran los militares en sus cuarteles sino que –como consigna el acta capitular de ese día- “las gentes que cubrían los corredores dieron golpes por varias ocasiones a la puerta de la sala capitular; oyéndose las voces de que querían saber lo que se trataba; y uno de los señores comandantes , don Martín Rodríguez, tuvo que salir a aquietarlos” y agrega Saavedra: “El clamor de los criollos fue intenso y el día 25 se manifestó en una demanda enérgica del pueblo, que se había concentrado frente al Cabildo encabezados por sus inspiradores y respaldado por los cuerpos militares de nativos”. La expresión el “clamor de los criollos”, no indica si era de una multitud…
Son varios los autores que destacan la importancia de nuestro fundador en aquellos momentos, cuando dicen que “el grupo de Saavedra se manifiesta como el más vigoroso y avasallador” y más adelante agregan: “El grupo más numeroso y más importante que se suma a Saavedra con la calidad del voto del sindico, es el de Martín Rodríguez.”(…)” no cabe duda, Martín Rodríguez había logrado incluir a muchos hombres dispares”…. Al día siguiente, el 26 de mayo, la Junta dio a conocer la proclama revolucionaria.
Aquel “gobierno municipal porteño” –como algunos autores lo llaman-nacido el 25 de mayo no logró concretar una representación nacional si es que efectivamente lo quisieron. La llamada Primera Junta se amplió después de seis meses, al invitarse a las ciudades del interior para que enviaran a sus representantes a Buenos Aires, y así formar gobierno o un congreso, según dos convocatorias presentadas. Lamentablemente, en poco tiempo, las facciones internas y los intereses locales, particularmente de los porteños que no querían perder el control del proceso, llevaron a la disolución de aquel gobierno que podría denominarse protonacional y desde ese momento se consolidó un gobierno ejecutivo con predominancia de la voluntad porteña que ha llegado hasta nuestros días, en que iniciamos el camino al Tricentenario y donde surgen las comparaciones entre la Argentina de 1910 y ésta de cien años después, y casi naturalmente, se idealiza aquélla y se deplora ésta, en un ligero análisis. Sin dudas la Argentina de 1910 se encontraba en varios sentidos en una situación más aventajada, lo que explica una primera y obvia diferencia respecto de la actual: el primer Centenario encontró al país convencido de que su futuro sería mejor que su presente y que, a su vez, su presente era mejor que su pasado., diagnóstico compartido aún por algunos de los sectores más radicales, que entonces señalaban como “contracara de los festejos, la realidad de la desocupación, los bajos salarios, las malas condiciones de vivienda y de trabajo, o la represión que sufrían muchos argentinos y extranjeros residentes”.
“Desde Aquel apogeo –como titula Juan Archibaldo Lanús su libro dedicado a los años 1910 a 1939– a este momento transcurrió un siglo de variada fortuna para nuestro país en el mundo. El año 1910 significó un hito emblemático de optimismo, esperanza, confianza en el progreso, pero 2010 ya no es igual. La inseguridad por el futuro y la perplejidad ante las conductas y políticas de nuestro país son hoy las notas predominantes”
Los argentinos hemos visto a lo largo de las últimas décadas cómo se ha ido desdibujando ese horizonte de progreso colectivo, dado que si bien en 1910 había pobres y excluidos, desocupados, déficit de viviendas y servicios sociales, en nuestro presente la pobreza es un rasgo estructural, como lo han señalado diversos autores y repetidamente la Iglesia.
No hemos resuelto aún -la sociedad y la dirigencia– qué decisiones, ideologías y políticas son las adecuadas frente a los grandes cambios que sobrevinieron y que seguramente continuarán. Llegamos así al final de esta sintética nota sobre los hechos fundamentales del nacimiento nacional, del que conmemoramos un nuevo aniversario, al que Tandil está estrechamente relacionado en sus festejos, porque nada menos que su fundador fue una de las piezas claves de la Revolución de Mayo-como hemos podido apreciar a través de la documentación brevemente expuesta-resultando, a la postre, uno de los pocos próceres de la gesta maya que fundó un pueblo…y nos tocó el privilegio ser ese pueblo.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 2 de mayo de 2011

BORGES EN TANDIL

BORGES EN TANDIL
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 y falleció en Ginebra (Suiza) el 15 de junio de 1986.
Esos son los datos mínimos de una biografía interminable de uno de los más grandes escritores no sólo de habla hispana sino de la literatura universal, por lo cual escribir sobre Borges no es el tema de la nota, sino sus visitas a Tandil, aunque no podemos obviar algunos detalles sobre la vida de este genio.
Entroncado con ilustres familias argentinas de estirpe criolla, anglosajona y también portuguesa, descendía de militares que tuvieron activa participación en la Independencia, entre ellos a Narciso de Laprida y el coronel uruguayo Francisco Borges, abuelo paterno.
Su padre fue Jorge Guillermo Borges, un abogado nacido en Entre Ríos, ávido lector con aspiraciones literarias. En 1970, Borges lo recordaba con estas palabras: “Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música”. Su madre Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. En su casa se hablaba en ambas.
Cuando en 1946 Perón fue elegido presidente, Borges, que apoyó a la oposición, se manifestó abiertamente en contra del nuevo gobierno por lo cual su fama de antiperonista lo acompañó toda su vida. Siendo bibliotecario, renunció cuando fue designado “Inspector de mercados de aves de corral” por el gobierno…
Tras la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón, Borges-ya ciego- fue elegido en 1955 director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó durante 18 años. En diciembre de ese mismo año fue designado miembro de la Academia Argentina de Letras.
Se fue quedando ciego como consecuencia de la enfermedad congénita que lo afectaba, hasta que a los 55 años perdió su visión. Polémico y genial, sus posturas políticas le impidieron ganar el Nobel de Literatura al que fue candidato natural durante casi treinta años. .
El 21 de septiembre de 1967, a los 68 años, se casó por iglesia con Elsa Astete Millan, viuda de 57, una ex novia de su juventud. El matrimonio duró sólo tres años y se divorciaron en 1970.
En 1986 fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor y a la cual Borges había designado como “una de mis patrias”. El 26 de abril se casó-por poder- con María Kodama, según acta labrada en Colonia Rojas Silva, Paraguay. Kodama había nacido en Buenos Aires el 10 de marzo de 1937, hija de un sintoísta japonés descendiente de samuráis, químico y fotógrafo llamado Yosaburo Kodama y de la hija de un alemán y una católica española, la pianista Maria Antonia Schweitzer,
Don Jorge Luis murió el 14 de junio de 1986 víctima de un cáncer hepático y fue sepultado en la ciudad suiza de sus amores.
Este genio también estuvo en Tandil y dejó, en sus dos fugaces visitas, recuerdos que la historia tandilense hoy valora, tal vez como no lo valoró cuando estuvo…
La primera vez fue para participar en el Primer Encuentro de Escritores Argentinos con el Cine Nacional, evento que se desarrolló entre el 6 y el 9 de junio de 1968 y que coordinó la autora Perla de la Vega., organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia y la Dirección de Cultura Municipal.
Las variadas actividades incluyeron una Mesa Redonda en el Cine Avenida, integrada por los escritores Luisa Valenzuela, Ulises Petit de Murat, Eugenio Zappietro, Andrés R. Fustiñana y Pablo Palant ,con la presencia estelar de Borges, dado que primero se proyectó “ Hombre de la Esquina Rosada” dirigida por Rene Mugica, al cabo de lo cual Borges expresó que “Mugica había ido más allá de lo que él había imaginado” por lo que podía afirmar que “la película era mejor que el libro” –típico de Borges…
El sábado 8 de junio fue el turno del más esperado disertante. Borges llegó acompañado por su esposa Elsa Astete Millan y fue recibido en las escalinatas del Municipio por el intendente Victorio Mazzarol y el director de Cultura, Lauro Castorino. Presentado por de la Vega, habló desde las 18.45 en el Salón Blanco, a sala llena. Borges se refirió a sus obras "Hombre de la esquina rosada" y "La intrusa", y sobre el cine dijo que su amistad "con el cinematógrafo databa del tiempo de los westerns de William Hart”,( William Surrey Hart -6 de diciembre de 1864 – 23 de junio de 1946- fue un actor, guionista, director y productor cinematográfico estadounidense, cuya actividad se desarrolló en el cine mudo.) .Del cambio al cine sonoro opinó: “Deploro el cambio, sobre todo porque el cinematógrafo es imagen exclusivamente “…
Esa misma noche, a las 24, regresó a Buenos Aires en un micro….
Al día siguiente todos los demás participantes, visitaron la redacción de Nueva Era y luego de asistir a una Misa en el Calvario, compartieron el cierre con un almuerzo en el Museo del Fuerte, luego del cual visitaron distintos paseos. Finalmente la jornada cerró con la proyección de “Martin Fierro” en el Avenida con intervención de U. P. de Murat., oportunidad en la que el escritor habló sobre Hernández., con lo que quedó concluido ese encuentro.
Al año siguiente, el 20 de diciembre de 1969, Borges regresó para hablar, en este caso, en el auditorio de Unión y Progreso de Villa Italia.
La conferencia fue organizada por la Comisión de Biblioteca y Cultura de la Sociedad de Fomento, integrando el III Ciclo Artístico Cultural de la entidad. Allí habló de "Poe y el género policial". La crónica de Nueva Era comienza diciendo que Borges "desarrolló su tema con pausa, casi con desgano, que disimulaban su rica prosa, la erudición". El resto de la crónica transcribe lo que dijo sobre Edgar Alan Poe.
De esa fecha es el delicioso testimonio de la amiga docente y poeta Marta Piñeiro de Conti, que deseamos compartir por su frescura. Marta dice de ese histórico acontecimiento:
“Fue aquél, un día glorioso para la gente de la Subcomisión de Cultura del club Unión y Progreso que integrábamos con mi esposo. Jorge Luis Borges, el mítico Jorge Luis Borges, llegaba a Tandil en el TASA, con su esposa reciente, para dar una conferencia en el club del barrio. Nuestro barrio. El club donde me enamoré del hombre más hermoso y leal del mundo. Pianista del Conjunto El Bagual. El club donde dejábamos las horas para engrandecer a la "villa" como podíamos.
Llegaba Borges después de muchos esfuerzos de Nacho Vincennau, secretario de la institución y promotor de todo cuanto tuviese que ver con la cultura, para que la conferencia sobre literatura inglesa, fuese allí, en el salón nuevo y no en un sitio céntrico al que algunos trasnochados consideraban más propicio para el ilustre visitante.
Llegó en tren y lo fueron a buscar a la estación don José Araya, presidente del Club en esa fecha y José Loustanau, folklorista que pertenecía a la comisión directiva, en un auto prestado. Luego sobrevino una batalla desigual para que no nos lo llevaran "para el centro". Los "culturosos" del poblado no querían trasponer la avenida Del Valle y entrar a nuestro club porque "la villa" era "la villa" y había que saber cruzar el límite con hidalguía y salir intacto.
Al atardecer,-prosigue- mientras disfrutaba, el insigne poeta y cuentista, de nuestro nescafé batido y nuestra conversación marginal (para "los del centro"), caímos en la cuenta de que se lo querían llevar como fuera con el cuento de que la "villa" no era lugar para apreciar su sabiduría.
Establecimos una vigilancia dura apostando a los menos cultivados, pero con la camiseta del club puesta sobre la piel, (o tal vez era su propia piel), y dispuestos a hacer lo necesario para que nadie nos arrebatara la prestigiosa visita-nos dice Marta.
Cuando comenzó la conferencia alrededor de las ocho de la noche-recuerda- nunca habíamos visto tanta alhaja y tanta piel en el club del barrio. También habíamos tenido el cuidado de preparar a los más guapos para que vigilasen cada rincón y ningún desubicado osara hacerlo sentir incómodo, - relata Marta.
Luego testimonia:”Pero esta es otra historia. La nuestra, "la de Unión", a pesar de que alguien escribe por allí que no era para alguien como Borges nuestro club y que hasta se sintió fuera de lugar, se lo escuchó en un silencio respetuoso e irreprochable y se lo aplaudió con la intensidad con que se aplaude a un ídolo.
Llegó la hora de llevarlo a cenar. El club no tenía un peso disponible y nosotros, mi marido y yo, contábamos con la solidaridad infinita de Haydée Santiago, que por esos días de la primavera del '69, había comprado el restaurant Imperial con mucho sacrificio.
El club le pidió la gauchada de atender a Borges hasta que le pudieran pagar y como nosotros vivíamos en pensión con ella, tuvimos la gloria de cenar con Borges y con su esposa en aquel momento: la señora Astete Millán.
Haydée había preparado una mesa estupenda-describe-, como ella sabía hacerlo. Borges, del brazo de mi marido, hablaba y preguntaba sobre lo que le interesaba de la ciudad y se refería a los orígenes fortineros, mientras yo pensaba que de ese hombre ya anciano y de piel transparente me podía enamorar.
Era una persona fascinante. Borges estaba cómodo en el lugar y pidió textualmente: "Una montaña grande de arroz blanco, con un huevo frito arriba, en un huequito, y mucho queso de rallar". Luego nos comenta:”. Borges, desde su oscuridad volvió a repetir dirigiéndose a José Antonio Conti, mi marido, que deseaba comer "Una montaña grande de arroz blanco, con un huevo frito arriba, en un huequito, y mucho queso de rallar." Lo dijo sólo una vez más y Haydée se lo preparó.
Piñeiro relata asimismo un episodio referido a la presencia del Dr. Juan C. Tuculet, sus preguntas y las agudas respuestas del maestro que “contestó en el mismo tono manso (o indiferente) con que había contestado hasta ese momento…”.
Pero tres somos testigos de que esta es la verdad de ese día, en que Jorge Luis Borges estuvo en "Unión"-afirma.
Nadie lo llevó a pasear a ninguna parte porque lo cuidamos como leones. Sólo dio una charla previa para estudiantes, en la cocina de la biblioteca del club, que disfrutó como lo que era: un maestro.
Ya solos, mi marido, Borges y su esposa y quien escribe, el escritor habló tranquilo de ese mundo de prodigios que le permitía superar la ceguera. Nosotros dos lo escuchábamos. Pidió a mi marido que lo acompañase al baño. Yo hablé con su esposa de cómo le gustaba a ella hacer patchwork sin tener la más parda idea de qué me hablaba porque lo doméstico nunca fue mi virtud y transcurrió la noche hasta la hora de ir hasta la parada del micro unos minutos antes de la medianoche.
Envueltos en esa magia que tenía Borges cuando se encontraba con gente transparente, como éramos nosotros, todavía. Lectores incansables de su obra, recién casados, enamorados, ansiosos de disfrutar de la presencia de ese hombre al que no había que hacerle preguntas. Sólo había que escucharlo y se aprendía inevitablemente.
Se fue en el TASA de medianoche y sólo estábamos con él y su mujer: Pepe y yo.
Lo acompañamos hasta la parada, nos dijo que hacía tiempo que no estaba tan cómodo con alguien y yo sabía que se refería a José Antonio Conti, mi marido, hombre respetuoso y respetable si los hubo.
Y finaliza Marta: “Nos invitó a ir a su casa de Palermo a visitarlo. Sé que nos hubiera recibido encantado. Pero jamás nos atrevimos. Para nosotros Borges era Borges. Y no hay otra historia de esa noche. Sólo la generosidad de un grande para con dos jóvenes llenos de sueños que vivían en un barrio que se había vestido de fiesta para recibirlo”.
Por su parte el colega Elías El Hage, en “Gran Serrano”, recuerda anécdotas de esta visita relacionadas con el citado Dr. Tuculet, padre de su gran amigo Aníbal, ficcionando parte del relato del que se habla como si hubiese ocurrido en 1968 y no en 1969.
“El abogado, que era el corresponsal del diario La Prensa en Tandil,-dice el Hage- se lamentó de no tener lápiz ni papel para tomar apuntes de la charla”.
El 19 de octubre de 1991, invitada por el recordado Dr. Víctor Juan y el Club de Leones, visitó Tandil María Kodama, su viuda. En la oportunidad tuvimos la ocasión de entrevistarla en el que fuera el Grand Hotel. Con su voz suave y su figura rodeada de un hálito de sencillez oriental, Kodama dejó el testimonio de su vida ligada a Borges y –sin recordar o saber que él había estado por estos pagos-destacó la pasión borgeana por Buenos Aires, por las letras inglesas, las escandinavas y las orientales y esbozó una sonrisa cuando le preguntamos acerca del agudo ingenio de Borges y sus respuestas, pertenecientes ya a la leyenda. En ningún momento se puso en pose de viuda del gran escritor, sino en apasionada admiradora de su genio.
Así nos enteramos que “primero fue una relación maestro- discípula y siempre fue algo desenfadado, yo le hablaba de manera natural y espontánea, hasta me atrevía a discutirle sobre autores y asuntos que no podía sostener entonces. Pero a medida que le fui conociendo, a medida que fui descubriendo, digamos, sus misterios, el se divertía con mis ocurrencias y fue entendiendo mi carácter, nada obsecuente, como él mismo lo era, libre como un animal selvático, libre gracias a su genialidad… A su lado mi vida fue especial y maravillosa.”
Desde 1975 María Kodama acompañó al escritor en todos sus viajes al exterior y comenzó así a tener alguna presencia pública. A ella le gustaba compartir las anécdotas de esos viajes con la prensa; al leer sus testimonios, “uno se olvida de la edad de Borges en ese entonces, de su ceguera y de su estado de salud”.
¿Cómo era Borges? “Complejo e impredecible, de una inteligencia fascinante y una imaginación incontenible. Era genial en el sentido del creador, del poeta, porque además desde chico supo cual sería su destino, intuyó que a pesar de las vicisitudes y malas jugadas su destino era ser Borges. Era genial porque creó, a partir de esa insistencia en las múltiples variaciones que le sugería su saber del budismo, una prosodia y una sintaxis identificable para el siglo de Borges como Darío lo hizo para el XX, creó la nueva forma de narrar en español, algo que sin duda tiene un sustrato en su temprano conocimiento de varias lenguas en las cuales escribieron los grandes narradores de su tiempo que el divulgó en Buenos Aires durante los años de entreguerras. Borges era muy divertido, lleno de vida, con una enorme curiosidad por todo. Tengo maravillosos recuerdos de la complicidad que nos unía, más allá de los momentos muy importantes en los que me dictaba su obra.
Borges creía en el libre albedrío y así lo demostró a lo largo de su vida tomando las decisiones sin seguir a las mayorías ni a los poderosos. Ser libre para él era no traicionarse, ser uno mismo y eso le llevo a perder, incluso, el premio Nóbel…”.
No nos dijo nada nuevo, pero rescató la impronta de su obra universal. Ése era el Borges que estuvo en el Tandil…

El autor agradece a Marta Piñeiro y a Laura Rasquela por sus aportes.

Daniel Eduardo Pérez

lunes, 4 de abril de 2011

LA FUNDAC IÓN DE TANDIL

IDEÓLOGOS Y PRECURSORES DE LA FUNDACIÓN DE TANDIL


El Tandil estuvo poblado desde muy antiguo –como quedó expresado-por indígenas provenientes del norte patagónico, de tal suerte que puede hablarse de alrededor de 10.000 años que estas tierras conocen la pisada del hombre, que en lugares cercanos dejó huellas muy importantes, hoy yacimientos arqueológicos decisivos para conocer nuestra prehistoria.
La muy posterior llegada del hombre blanco trajo consigo, además del enfrentamiento de culturas diferentes, elementos que, como el caballo y el vacuno multiplicados en pocos años en forma extraordinaria, constituyeron nuevos motivos de codicias y consecuentemente de choques.
Ya por el siglo XVII, esta zona era recorrida por ganado salvaje abundante y tras el cual blancos e indígenas estaban permanentemente de cacería. Así se dieron las llamadas "vaquerías", que lisa y llanamente era la caza y arreo de vacunos. Precisamente a raíz de una de estas vaquerías, es que llegó hasta nosotros una de las primeras menciones del vocablo Tandil, cuando en 1707 una partida de blancos proveniente del sur cordobés que se dirigía a "los corrales de Ferreyra" en el Tandil, fue atacada y exterminada por los indios, dando motivo a un sumario que recoge la palabra que hoy nos da identidad. También en ese año, coincidentemente, un informe del viajero Silvestre Antonio de Roxas al Rey, daba cuenta de su pasaje por estas tierras, que él también conoció con ese nombre.
El asentamiento estable a que dio lugar la fundación, no fue producto ni de una decisión mágica, espontánea o caprichosa de Martín Rodríguez. Desde la época colonial hubo, además de reconocimientos militares y comerciales, informes que aconsejaron levantar un fuerte en las sierras del Tandil.
Indudablemente corresponde - a nuestro modesto criterio- al gobernador primero y Virrey después, Juan José Vértiz ser de los primeros que avizoraron la importancia de erigir en esta zona una fortaleza que frenara los ímpetus indígenas y propiciara con ello la tranquilidad de "la frontera" para permitir que las estancias y sus hacendados pudieran hacer sus pingües negocios.
Ya los padres jesuitas, entre ellos el destacado Tomás Falkner, habían hablado maravillas de estas zonas ricas en tierras feraces y bellas y el recordado padre Lozano había reforzado esta visión, recomendando poner atención en el lugar que ofrecía. Visión de futuro que le dicen...
Todo esto y las futuras y numerosas expediciones que se sucedieron fueron en el siglo XVIII, en pleno período colonial, cuando la gobernación de Buenos Aires y luego el Virreinato eran apenas una parte real del actual territorio argentino.
Desde Manuel de Pinazo y Juan Antonio Hernández, enviados por Vértiz en 1770, a Pedro Pablo Pabón, Ramón Eguía y Pedro Ruiz, en 1772; Pablo Zizur en 1783 y otros menos conocidos delegados por los virreyes, hasta Félix de Azara, distintas expediciones recorrieron la zona, relevándola y dando en general opiniones favorables al establecimiento de fuertes en estas serranías y en las del "Vulcán", actual Balcarce.
Después de 1810, debemos señalar al coronel español acriollado Pedro Andrés García, como el precursor indudable de la fundación, puesto que encargado por la Primera Junta de Gobierno Patrio de recorrer tierras en manos de los indios, elevó después de variados y detallados reconocimientos, numerosos informes que finalizaron con el del 3 de febrero de 1823, en el que puntualmente y en forma concreta estimaba que en el Tandil debía asentarse una población estable con la previa fundación de lo que ello requiriese.
Para esa época ya era Gobernador de la Provincia el Brig. Gral. Martín Rodríguez, quien en 1820, luego de un ataque a la población de Salto, decidió por error de apreciación, dar un escarmiento a la indiada, a la que él culpaba del ataque, y que según lo que le habían informado sus allegados provenía de esta zona, cosa que no había sido así por cuanto aquellos que atacaron Salto fueron indios manejados por el chileno Carrera, quien no andaba por aquí precisamente.
A raíz de ello organizó lo que se dio en llamar la primera expedición al sur del río Salado, con los objetivos ya citados, concretándose la misma sin frutos algunos, salvo el mejor reconocimiento personal del gobernador, a la postre fundador de nuestro pueblo.
No conforme con ello y teniendo en cuenta que los ataques a las estancias próximas a Buenos Aires se sucedían. se reunió con sus principales asesores militares y políticos ( que entonces eran los mismos...), entre los que se contaban los prestigiosos generales José Rondeau y Francisco Fernández de la Cruz, el parisino Ambrosio Cramer y el polaco Juan Bulewski, estos últimos veteranos napoleónicos, hacia fines de 1822, para decidir que hacían de allí en más con la idea que estaba gestándose de integrar un poderoso ejército para fundar por lo menos dos fuertes y escarmentar a la indiada de estos lares, ya por entonces totalmente araucanizada.
No sabemos bien si el ya citado último informe del coronel Pedro Andrés García, de febrero de 1823, llegó a manos de este grupo que encabezaba el Gobernador, pero lo concreto es que ese año, y luego de analizar pormenorizadamente el plan, se puso en marcha antes de la llegada del otoño, la expedición que contaba con alrededor de 2500 hombres y toda la logística necesaria para levantar dos fuertes bien pertrechados, uno de ellos en el Tandil y el otro en las serranías del Vulcán.
Pocos han reparado en la dimensión extraordinaria de este ejército, si lo comparamos, por ejemplo, con el que comandó gloriosamente el Libertador José de San Martín en la campaña de los Andes. No es el momento ni el sentido de la página- ni tendríamos espacio- pero está pendiente algún trabajo al respecto.
El 9 de marzo de 1823, las tropas cruzaban el siempre problemático río Salado, con todos los inconvenientes que ello representó y tras dos semanas de marcha, el 24 de ese mes, ya con los primeros fríos otoñales, acampaban en las proximidades del arroyo Chapaleofú. La fundación se aproximaba...
Reunida la plana mayor, se decidió que una comisión integrada por Ambrosio Cramer, José María de los Reyes (joven e inteligente ingeniero militar, secretario del Gobernador), Juan José Salses y ayudantes, relevaran las inmediaciones para traer las conclusiones finales para la toma de la decisión última.
El trabajo de esta comisión fue terminante: el lugar adecuado para levantar un fuerte era el situado en las proximidades de los faldeos serranos, entre dos arroyos que proveerían agua fresca y que corrían desde las sierras hacia la llanura. El lugar fue aprobado y los planos con leves modificaciones también, por lo que restaba poner en marcha el final de este proceso : a las 6 de la mañana del 4 de abril y al sonar de clarines y tambores de la precaria banda de Cazadores y de las pequeñas campanas de la futura capilla castrense, acompañadas por salvas de artillería, se daba comienzo a los trabajos para levantar lo que sería la fortaleza de la Independencia, cuyas murallas de piedra del lugar, la constituirían en una de las pocas similares en el territorio nacional. Doscientos sesenta hombres al mando del sargento uruguayo Juan Santiago Warcalde estaban dando a luz a Tandil...

FUSILAMIENTOS POST FUNDACIONALES
A los seis días del histórico acontecimiento, una docena de los milicianos que integraban la tropa como "voluntarios", sufridos y a veces maltratados, habían huido del campamento buscando lo que ellos creerían como mejores horizontes.
Inmediatamente el Gral. Rondeau dispuso una partida para proceder a su búsqueda, siendo apresados días después ocho de ellos, los que fueron trasladados el 14 de abril, hasta el campamento en las proximidades de donde se estaba levantando el Fuerte.
Al día siguiente y en virtud del bando oportunamente emitido por el Gobernador al partir desde el Salado, los ocho integrantes de la expedición fueron fusilados por desertores. Serían las primeras víctimas fundacionales.

LOS PRIMEROS MARTIRES
A fines de abril, Martín Rodríguez decidió emprender el camino hacia Sierra de la Ventana con el objeto de explorar la zona y verificar la posibilidad de levantar alguna fortificación. Ya los fríos y primeras heladas afectaban a hombres y animales.
La indiada había seguido de cerca los movimientos de la tropa por la zona y más allá de algún amague y reconocimiento, nada había pasado. Sin embargo el 5 de mayo una partida de indios parlamentarios, con sus respectivos lenguaraces, se aproximó a la expedición y pactó la entrega de rehenes mutuamente, para asegurar que nada pasaría hasta acordar entre ambas partes.
Pasaron tres días en la zona del actual partido de Benito Juárez, cuando ante la ausencia de los parlamentarios que no regresaron y también de los rehenes, se ordenó una operación de rastrillaje de la zona.
La cruel verdad apareció a la vista, los cuerpos lanceados de los voluntarios que confiados habían sido entregados como rehenes, yacían en las cercanías de una laguna la que a partir de aquel sangriento hecho, se llamó "La Perfidia".
Allí quedaron para siempre los jefes Mariano Miller y Juan Bulewski, los capitanes Bot y Ferrer, el porta Alvendin y el teniente Montes, dos cornetas y un lenguaraz.
Las huestes de Lincon y Pichiloncoy habían faltado a la palabra y los primeros mártires de la fundación fueron sus víctimas.

EL COMANDANTE ADOLESCENTE
A comienzos de 1824, el Brig. Gral. Martín Rodríguez encabezó la denominada Tercera Expedición al Sur del Salado, cuyo objeto era explorar y fundar un fuerte en la zona de Bahía Blanca. En su paso hacia el destino prefijado, llegó al Fuerte de la Independencia que él mismo había fundado el año anterior, encontrando aquí a su frente al Mayor Mariano García, primer oficial que comandaba el Fuerte luego de su fundación.
García se incorporó a la expedición hacia el sur y por expresa voluntad manifiesta del Gobernador y documentada, quedó como Comandante - aunque transitorio- " el Ayudante del Nº 1 de Milicias de Campaña D. Mariano Echenagucía". Hasta aquí nada llamativo, salvo que Echenagucía tenía ¡sólo 16 años! , constituyéndose en el más joven de los comandantes que tuvo la fortaleza tandilense en toda su historia.
La fracasada misión de la expedición de Martín Rodríguez, obligó al repliegue en circunstancias muy difíciles y dolorosas, tanto por el frío como por lo inútil del esfuerzo. De esa manera, el 20 de mayo de 1824, los expedicionarios estaban de regreso en el Fuerte Independencia, dejando su cargo de gran responsabilidad el joven Echenagucía en manos del Sargento Mayor Bruno Vázquez quien pasó a ser así el tercer comandante en el Tandil.
Aquel valiente siguió su carrera militar hasta alcanzar el grado de Coronel, interviniendo en diversas misiones-incluidas Caseros y Pavón- falleciendo en Buenos Aires, su ciudad natal, a los 62 años.

EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA TANDIL
El misterio acerca del significado del topónimo Tandil continúa en nuestros días. El autor de estas páginas publicó oportunamente un estudio donde se rastrearon alrededor de treinta acepciones, provenientes de diversos autores, llegando a la conclusión que Tandil es una palabra de original pronunciación mapuche, deformada por el uso castellano y que- como quedó dicho- es conocida desde muy antiguo.
Según las investigaciones realizadas hasta hoy, sólo puede afirmarse que tiene relación directa con las formaciones rocosas típicas de nuestra serranía.
En su momento rescatamos cuatro posibilidades: a) peñascos o rocas caídas, derrumbadas; b) peñasco al caer (por la Piedra Movediza); c) lugar de rocas para la reunión (corrales protectores o para rituales) y d) peñasco o roca donde pastorea el ganado.
La romántica expresión " Piedra que late", obviamente también referida a la célebre Piedra Movediza, podría también tener algún asidero lingüístico, aunque menor.

POR QUÉ SE FUNDÓ TANDIL
Luego de los antecedentes ofrecidos y conocidas las circunstancias que rodearon el contexto de la fundación, cabe preguntarse por qué se fundó finalmente Tandil.
Creemos que surge claramente que en primer término hubo una decisión política, impulsada por el Gobernador Martín Rodríguez, a instancias de razones económicas, tal como lo deja entrever en sus palabras, concretada con ingredientes de carácter militar y con la íntima convicción que la o las fundaciones beneficiarían su ansiada reelección, frustrada a manos del Gral. Las Heras.
De todas maneras queda largamente fundamentado el objetivo de levantar en estas tierras un fuerte desde la época colonial. Atribuimos pues a la mencionada decisión política la fundación que nos permite hoy disfrutar de este valle encantado.
Daniel Eduardo Pérez

miércoles, 23 de marzo de 2011

LOS CUEVAS

Una historia que viene de lejos…
LOS CUEVAS Y NAPALEOFÚ

En el principio era la tierra… (parafrasendo la palabra bíblica) y esa tierra, en estos territorios, estuvo ocupada desde hace por lo menos una decena de miles de años, por los primitivos habitantes humanos conviviendo con las especies animales y vegetales de aquellas lejanas épocas.
Con el paso de los siglos, otros pobladores, provenientes de otras tierras, fueron desplazando de a poco a aquéllos y en casos excepcionales, viviendo con cierta armonía en forma conjunta.
Así, cuando en la colonia expediciones militares o solitarias de civiles, exploraron la zona, fueron abriendo el camino a la apetencia de su posesión, sobre todo por la existencia del abundante ganado vacuno y caballar, de tal suerte que se asentaron blancos que en sus “estancias” (palabra utilizada ya en 1514 por los españoles en la repartición de la isla La Española), explotaron a su manera económicamente esas tierras.
Llegado el momento de promover esos asentamientos, el gobierno, después de sancionar la ley respectiva en 1826, comenzó a entregar en enfiteusis grandes extensiones en esta rica pampa húmeda.
En nuestro actual partido del Tandil, debemos recordar que muy tempranamente fueron concedidas importantes cantidades de superficie de tierras, destacándose hombres como Pedro Burgos (luego fundador de Azul), Pereyra Iraola, los Miguens, Felipe Arana, Ponce de León, los ex comandantes Felipe Pereyra y Rosendo Pareja, los Gómez, Pedro Vela, Casares, Girado, y otros, entre los beneficiarios.
La cantidad de leguas cuadradas que tenían en posesión aquellos primeros destinatarios de la tierra-la mayoría de los cuales no vivía en el partido- nos da una idea de cómo unos pocos disponían de gran parte del territorio.
En otros partidos cercanos al Tandil-en el actual Balcarce, en este caso particular, sobre la margen del arroyo Napaleofú- ocurría lo mismo, y así encontramos que el 1 de febrero de 1826, el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, otorgó en enfiteusis al vecino Manuel Sánchez, de origen entrerriano, dos leguas y tres cuartos. Era el comienzo de nuestra historia de hoy…
Esas leguas eran parte de un total de cien que fueron entregadas en la misma modalidad a otros vecinos que serían lindantes con don Manuel Sánchez y cuyos apellidos eran-en algunos casos- también conocidos por tener tierras otorgadas también en el Tandil, tales los nombres de Simón Pereyra Iraola, Mariano Baudrix, Manuel Otero y Manuel Saavedra, y otros que no, como Francisco Zárate, Agustín Ramos, José Pita, Agapito Algañaraz , Juan Henestrosa y José María Invaldi (que luego sería socio de Sánchez y a quien éste compró su parte).

En Tiempos Tandilenses Nº 93 (2003) y en el Nº 154 (2009) hemos tratado más en detalle sobre el tema “…los dueños de la tierra”. Allí se observa cómo la afinidad de estas ocupaciones con la labor de campo, los impulsó a obtener extensiones y desarrollar en ellas tareas especialmente ganaderas, de tal suerte que entre 1820 y 1830 solicitaron las mismas en la todavía frontera con el indio, en el centro sud de la provincia, adjudicándosele en Tandil, en tiempos del gobierno de Juan Manuel de Rosas, varias leguas cuadradas, concretadas luego en propiedad por su compra en 1836, con la vigencia de la ley sancionada el 10 de marzo de ese año, por la que se facultaba al gobierno a vender 1500 leguas cuadradas otorgadas en enfiteusis, dando prioridad de adquisición a los poseedores de las mismas con un plazo hasta fines de 1837; acotemos, como curiosidad, que por esos tiempos la valuación era de $ 4000 la legua cuadrada.
De esta manera, varios enfiteutas pasaron a ser propietarios en territorios rurales. En el Tandil, además de los vecinos ya citados, se agregaron a los detentadores de posesiones en esta zona, entre otros, Valerio, Ponce, Morillos, Guerrico.
Fue también el caso de Sánchez que el 20 de abril de 1839 adquirió las tierras que poseía en enfiteusis, en lo que es hoy el partido de Balcarce y a quien Juan Manuel de Rosas lo había nombrado Juez de Paz de Dolores en ese año, luego de la denominada Revolución de los Libres del Sud.
En su estancia, “la población” constaba de dos ranchos de barro y paja, uno de los cuales-según afirma don Leonel Acevedo Díaz-provenía de mucho antes que estuviera en el dominio de Sánchez, lo que hace presuponer que fue habitado por pobladores en los primitivos tiempos del Fuerte Independencia o aún antes.
Al fallecer Sánchez el 2 de junio de 1872, en Dolores, como era soltero y sin hijos, testó a favor de su hermana Benita Sánchez, casada con Santos Calvento y de sus sobrinas, entre ellas Concepción Calvento Sánchez, quien luego casaría con Miguel Cuevas o Miguel de las Cuevas y Vallejos que-como veremos- el 25 de Mayo de 1879 fundó la estancia Napaleofú, (del araucano: para algunos arroyo de los nabos, para otros, arroyo de los cangrejos) la misma que en este año del Bicentenario de la Revolución de Mayo cumplirá nada menos que 131 años.…
Don Miguel Cuevas (así lo llamaremos, dado que él mismo simplificó su nombre), era hijo único de don Miguel de las Cuevas, nacido en Villa San Miguel de Pesqueros, Burgos, Castilla La Vieja, en 1775, a la postre el pater familae de nuestros apreciados convecinos Cuevas.
Con apenas veinte años partió hacia las colonias rioplatenses y se radicó en Buenos Aires, casándose con doña María Antonia Vallejos con quien tuvo al citado Miguel Antonio de las Cuevas y Vallejos el 30 de junio de 1818, en Buenos Aires. Hacia el sur, en el lejano horizonte, se extendían tierras donde el blanco y el indio compartían con suerte diversa-enfrentamientos por medio en más de una ocasión- la vida desafiante de una pampa indómita. Allí fijó su mirada nuestro hombre y enamorado de la infinita llanura, se radicó en el flamante pueblo de Dolores en 1837, donde se casó en 1851 con la entrerriana Concepción Calvento Sánchez, como quedó dicho en párrafos anteriores.
Aquí comienza una historia familiar, que creemos oportuno dar a conocer para que nuestros amables lectores tengan un panorama completo de esta página de la historia lugareña.

El matrimonio Cuevas-Calvento tuvo cinco hijos: Cecilio Miguel Antonio (1852-1913); Enrique Sixto (1853-…); Andrea María Concepción (1856-1939); Benita (fallecida niña, de difteria); María Antonia Dolores (1862-….) y Ángel José María (1868-….).
Don Miguel, falleció en París en enero de 1882, quedando las posesiones a cargo de su viuda, doña Concepción Calvento de Cuevas, quien sobrevivió a su esposo poco más de cuatro décadas, dedicada a la crianza primero de sus hijos y luego a su educación y al manejo agropecuario con la ayuda de su hijo mayor. Casi centenaria, doña Concepción falleció en 1925, heredando la estancia sus cinco hijos.
El mayor , Cecilio, se casó con Benita Catalina Letamendi, nacida en 1857, hija del promotor fundacional de Rauch, don Francisco Letamendi, emparentada con el ya mencionado Sánchez dado que era hija de Corina Calvento sobrina de Manuel Sánchez, con el que abrimos la historia….
Ese matrimonio, heredero por ambas ramas de figuras destacadas de la historia regional, tuvo cinco hijos: Miguel Alberto Cuevas Letamendi, Esther, Raquel, Eva y Renée.
Miguel, como vimos único varón, casó con Elsa Acevedo Díaz, hija nada menos que del gran escritor uruguayo don Eduardo Acevedo Díaz, (fallecido en nuestro país y cuyo hijo de igual nombre también dejó obras memorables), matrimonio del cual nacieron tres hijos varones: Miguel, Huberto y Mario Cuevas Acevedo.
Miguel casó con Alicia D. Newton y tuvo dos hijos: Miguel y Cristina Cuevas Newton; por su parte Huberto lo hizo con Susana Otamendi, teniendo cinco hijos: Huberto Aníbal, Fernando, Silvina María, Patricio Martín y Máximo Miguel Cuevas Otamendi.
Finalmente, Mario casó en primeras nupcias con Beatriz Leonardi, con la cual tuvo tres hijos: Mario, Eduardo y Leonardo.
Ya en segundas nupcias con Marta Pierre, tuvo dos; Martín y Laura Raquel.

Amigo lector, usted creerá que dado el desarrollo genealógico propuesto, la intención era brindarle a usted el conocimiento del desarrollo familiar, sin embargo lo que nos propusimos era para que tuviera cabal dimensión de cómo esta vieja familia de origen campero, tuvo una rica historia que la llevó a imbricarse en la sociedad tandilense y regional, en aspectos que los herederos diversificaron.
De aquella primitiva y antigua estancia fundacional surgieron estos vecinos que hoy cruzamos en nuestra calles…la célula madre estanciera sufrió el desmembramiento propio de una familia numerosa a través de la división de las tierras, producida por las herencias…

Debemos consignar que la familia Cuevas fue la donante, en su momento, de las tierras para extender las vías del Ferrocarril del Sud y levantar la estación y el pueblo de Napaleofú, que tomó el nombre del arroyo y la estancia; además donaron las tierras para la construcción de la ruta nacional 226 y parte de la provincial 227.
La estancia primitiva estuvo (con los ranchos citados de Sánchez), donde hoy está la estancia “Miramur”, de los Moore de la Serna (hijos de Ernesto Moore y Edelmira de la Serna-tía del Che Guevara, que supo pasar de niño alguna temporada allí y relacionarse con el vecino, también niño, Huberto Cuevas Acevedo).

Aquella primitiva estancia fundacional, ya con su segundo casco ubicado en la actual Napaleofú, tan antigua como el Fuerte, sigue en manos de la familia Cuevas hasta nuestros días, con la aclaración ya hecha de su fraccionamiento y consiguiente reducción….
Hoy son sus propietarios continuadores de aquella tradición, los hermanos Patricio y Máximo Cuevas Otamendi.

Hemos tenido acceso a una carta que don Miguel Cuevas dirigió en 1879 a su médico, el dolorense Oscar Muñoz, documento valioso que nos permitió adentrarnos en vida y costumbres de aquellos pobladores primigenios de estas tierras; gracias a su lectura hemos podido tomar contacto con una interesantísima descripción de época que, a nuestro criterio, amerita que le brindemos a usted, directamente de la fuente inédita, algunos breves párrafos, escritos, por otra parte, con cuidada redacción y uso de términos que acredita la educación recibida por don Miguel Cuevas.

A propósito de estos días, hace 131 años decía don Miguel”…Desde Abril empezó á helar y en la noche del 3 al 4 de Mayo la que cayó mató todo lo que había en el cercado que V. conoce y admírese V., los acacios que había tan crecidos de los que algunos tenían dos varas de alto no quedó ni uno solo vivo, todos murieron con una sola helada…”
………..

“La seca que esperimentamos hace que los fríos sean tan fuertes y la tierra que carece de riego no tenga suficiente vigor- diré así-para auxiliar a las plantas tiernas contra las hierbas…”

…..

“El 25 de Mayo inauguré esta población con la traslación á allá de la estancia. “Y al dir el Sol coloriando y asomando una puntita…” (véase la Lira Argentina) bracatán (sic) los cañonasos”(ídem).
“Al salir el Sol enarbolé la bandera de nuestra Patria pintada en una vebeta (sic) que fue saludada con una salba de 21 cañonazos-con la escopeta-y entonando-desentonando el Himno Nacional y dando un viva á la República”.
……..

“…recuerdo uno de los dichos de los paisanos “ el que nada tiene contento vive” y atribuyo mucha parte de la felicidad de que disfrutan á la ninguna aspiración que tienen”
“Si yo no hubiera tenido aves no me la habrían llebado los zorros…”

Apenas unas perlitas sabrosas de aquel pionero…

Así fue como se escribió una parte de la historia de la región del Napaleofú, tan cercana en la geografía y en los afectos al Tandil. Hoy nuevos vecinos de la zona rural y también urbana, siguen tejiendo de sol a sol, con su trabajo, el presente, seguramente desconociendo en su gran mayoría, aquellos orígenes, donde la antigua estancia de ese nombre plantó un hito.


Al amigo y maestro humanista que fuera don Huberto Cuevas Acevedo.

Daniel Eduardo Pérez

domingo, 6 de marzo de 2011

LAS MUJERES.EN EL MUNDO...

LAS MUJERES EN EL MUNDO…,

EN ARGENTINA Y EN TANDIL…

Desde siempre, como es natural, la mujer ha ocupado un espacio en la historia de los pueblos, aunque de diversas maneras y evaluadas según los tiempos y las culturas.

Hoy, apreciado lector de Tiempos, queremos aprovechar un momento especial de la historia internacional, nacional y local, para presentarle un somero panorama de los roles cumplidos, que cumplen y seguramente que cumplirán las mujeres…

Cuando le comentamos al amigo y Director de Tiempos el título de la nota, nos dijo: “El tema debe dar mucha tela que cortar. Además, me imagino, que como siempre en la Historia, sería muy distinto ser mujer en Tandil que en Buenos Aires ¿no?”.

Y así fue como pensamos entonces en abarcar fundamentalmente las características, que en tiempos y espacios diferentes, tuvieron las mujeres, arrancando bien atrás.

Desde la antigüedad (la mayoría de las llamadas Venus paleolíticas proceden de etapas muy tempranas), la mujer aparece representada en forma notable en la zona centro sur europea, aunque recientes hallazgos también las ubican, lo que llama la atención, en tierras tan lejanas del norte de Europa como las Islas Orkney (Orcadas, Escocia).

Esas denominadas “Venus” de varios miles de años, nos invitan a pensar acerca del rol de la mujer y su valoración desde etapas muy primitivas hasta la actualidad. Encontramos así, que en la sociedad humana conocida, las mujeres y los varones no tuvieron el mismo rango o parecida importancia, por esos tiempos, aunque el matriarcado fue el responsable de las pervivencias para con las mujeres en el derecho de algunos pueblos antiguos, en el aspecto de las religiones primitivas y sus diosas, en los matrimonios consumados en la residencia de la esposa, en la filiación materna y en otra serie de circunstancias que escapaban del dominio varonil estricto.

El matriarcado ocupó en el relato histórico un importante espacio y los autores que lo estudiaron fueron acercando sus teorías con sus más y con sus menos.

En el siglo XIX y parte del XX, el concepto del matriarcado primitivo tuvo pleno predicamento. Así, se explican mitos como el de las amazonas, la existencia de grandes diosas madres, los ritos cerrados y secretos en los que sólo mujeres intervenían, diversas costumbres asociadas a la agricultura, etc.

Sin embargo, las mujeres, como género, nunca tuvieron poder y aquéllas que lo alcanzaron, lo han hecho por excepción. En todas las sociedades históricas conocidas, las mujeres han estado sometidas a los varones pese a que, en casos muy especiales, alguna mujer ha ocupado el poder soberano. La historia recuerda a varias que lo han hecho con suerte diversa, sin embargo, ninguna de ellas se lo hizo heredar a otra, sino que, transcurrido su tiempo, retornó el varón al mismo. Algunas mujeres fueron excepciones a la regla que las apartaba del poder y, de entre ellas, unas pocas fueron además extraordinarias. En el mundo antiguo, la faraona Hatshepsut dejó una fuerte impronta, aunque luego su heredero ordenó borrar todas sus inscripciones. Nefertiti y Cleopatra, cada una en su época y con sus bellezas, que llegaron hasta hoy, jugaron papeles trascendentes en aquel Egipto misterioso…

Pero también las hubo poetisas o filósofas como las griegas Sabo de Lesbos y Hiparchia o legendarias como Elena de Troya , que traspasaron las fronteras de los siglos con la fama ganada en su actividad…

Ya en la Edad Media encontramos grandes señoras territoriales como Leonor de Aquitania, o clericales como las grandes abadesas. Durante el Renacimiento, Isabel de Castilla e Isabel de Inglaterra fueron fuertes y temidas monarcas y Catalina de Medici y Lucrecia Borgia, mujeres de gran predicamento y poder.

En la Modernidad, figuras relevantes como Catalina de Rusia o María Teresa de Austria también marcaron-¡y de qué manera!- su época, como en lo suyo lo hizo la pirata británica Mary Read o la reina Ana Bolena… Esas figuras llegaron casi hasta la contemporaneidad en el caso de la reina Victoria de Inglaterra o su actual heredera, Isabel. Pero, por lo común, las mujeres no jugaron en el terreno del poder explícito, sino en el más oculto de la influencia, son las madres tras el trono o las esposas y favoritas, de las que se sabe que han intervenido moviendo en la oscuridad los hilos.
El que alguna mujer alcanzara excepcionalmente el poder explícito fue propiciado en determinados sistemas jerárquicos, especialmente aquellos que lo sacralizaron por parte de una línea dinástica. En ausencia de varón, una mujer puede subir al trono, lo que no significa que las mujeres en su conjunto lo hagan. Las damas a las que esto ocurre son especiales. Forman parte de líneas dinásticas en las que los varones que podían heredar se han extinguido. Los antiguos griegos poseían una forma de legitimar estas excepciones: las llamadas epicleras, que eran las mujeres que resultaban hijas únicas y por lo tanto también únicas herederas.

La mayor parte de las mujeres que han llegado a monarcas o jefas de estado han sido epicleras. La línea que llega a ellas no se puede cortar, porque su estirpe es fuerte y la defiende, en consecuencia ellas heredan el poder de la familia y su vinculación esencial con ella. Si es posible, incluso se las desposa con un familiar cercano. Éste es el caso de las grandes reinas de Europa, pero también el de muchas líderes de países del Tercer Mundo.

Siempre ha llamado la atención que algunos estados de Asia tuvieran presidentas mucho antes de que ocurriera lo propio en las democracias occidentales. Indira Gandhi, Bandaranaike, Suharto o Butto, por poner varios ejemplos, fueron mujeres de estirpes poderosas, que normalmente intervinieron en procesos nacionalistas de los que surgieron sus estados. Los heredan para la familia si no hay un varón más adecuado, cercano a la sucesión de los líderes y “padres de la patria”.

La Iglesia Católica, por su parte, tiene en su santoral, numerosas santas y además doctoras que como Santa Catalina de Siena o Teresa de Jesús, y más recientemente Teresa de Calcuta (en proceso de canonización), representan el valor femenino, que a través de la devoción a la Virgen María, reconoce el catolicismo.

Otro caso particular es el de algunas mujeres que accedieron al poder en tiempos turbulentos. No es insólito encontrar grandes conductoras en momentos de crisis agónicas. Recordamos que Velleda condujo a los germanos y Boudica a los anglos contra el Imperio Romano, como siglos más tarde lo hizo la legendaria y santa Juana de Arco en su Francia…

En el siglo XX hay figuras que se han convertido en las enseñas de sus estados por sus victorias, como fue el caso de Golda Meir, en Israel, o benefactoras de la Humanidad, como la fundadora de la Cruz Rpja, Florence Nigthingale o verdaderos íconos científicos de la talla de Marie Curie o pioneras como la mismísima primera astronauta, la rusa Valentina Tereshkova…

Pese a los ejemplos citados, ahora asistimos a un grado de fragilización de la mujer por obra de realidades socio-político-económicas. El no tener poder ni fuerza ha sido la esencia misma de lo considerado femenino, pero esa ancestral división comenzó a cambiar a la par que lo hizo la Modernidad misma. Las mujeres, ya no como individualidades por excepción, sino como ciudadanas y trabajadoras, manejan desde hace un par de siglos cierto poder que han sabido poner a disposición de sus fines comunes.

Las mujeres, organizadamente, han luchado por sus oportunidades y sus derechos, civiles y políticos, y en buena parte del mundo los han obtenido. Esto crea una nueva escena en la que la antigua excepción decae y la democracia quiere que la regla sea el mérito, no el sexo. Las mujeres de todas las democracias han aumentado asombrosamente sus capacidades educativas, a la par que sus demandas de una mayor igualdad de oportunidades y de justicia en el reparto de los bienes, tangibles e intangibles, incluido el poder. Y las mujeres, a medida que progresa su autoconciencia como sexo discriminado, desarrollan solidaridades para alcanzar metas comunes: igualdad, derechos, oportunidades, respeto y una vida libre de violencia.

Las nuevas líderes no son epicleras, sino demócratas por la misma vía en que se forman sus iguales. Thatcher, Merkel, Bachelet, Hillary Clinton..., con independencia de su signo político, son mujeres que ocupan el poder de un modo nuevo, que muestra que el espacio disponible para las mujeres se acrecienta. Sin embargo, esas presencias son todavía escasas: debe recordarse a menudo que los territorios completos del poder económico empresarial, la prensa y la opinión, la creatividad, el saber superior y su transmisión y el dominio y manejo de la religión, son actividades casi completamente masculinas. Son además los manantiales de legitimidad del poder explícito y, por ahora, todos ellos cuentan con una presencia femenina inapreciable.

Las mujeres van consiguiendo, y únicamente en democracias sólidas, estados de normalidad, paritarios, sólo en el ámbito político, pero aún tienen como colectivo un grave déficit de legitimidad.

Existe la necesidad que la mujer aporte aquella riqueza de virtudes, enfoques y claridades que le pertenecen en exclusiva, actuando directamente en todas las esferas de la actividad humana.

Cada persona es un absoluto, que vale absolutamente, sin parangón posible, y cuya exclusiva misión es la de ser en el fondo aquel alguien que —cada una, singular e irrepetible, única— está destinada a ser.
Lo que lleva consigo, para el varón, un desarrollo acabado de su masculinidad, y para la mujer, el cumplimento más cabal de su feminidad genuina… que son las maneras respectivas como uno y otra pueden alcanzar la plenitud personal que les corresponde.
Resulta sumamente gráfico, el consejo de Unamuno a un escritor novel que «se consideraba»… poco «considerado» por la crítica: «No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e insustituible; en serlo a conciencia pon todo tu empeño.»
Pero es que, con independencia de su fascinación, la mujer encarna de una forma muy particular, más propia y acentuada, el peculiar carácter de la persona humana y lo es de un modo más patentemente personal y más exquisitamente humano.

El “genio de la mujer” se puede traducir en una delicada sensibilidad frente a las necesidades y requerimientos de los demás, en la capacidad de darse cuenta de sus posibles conflictos interiores y de comprenderlos. Se la puede identificar, cuidadosamente, con una especial capacidad de mostrar el amor de un modo concreto, no olvidando que las personas son más importantes que las cosas…

La pensadora italiana Marta Brancatisano sostiene: «Desempeñar nuevas profesiones (desde ministro a astronauta, pasando por todo el género de tareas inventadas por la sociedad multifuncional) ha sido un simple juego para quien poseía la clave de todas ellas inscrita en su código sexual. Enumero algunas a título de ejemplo: el conocimiento del ser humano, que le permite gobernarse a sí misma y relacionarse con los demás con la apertura y la serenidad que se experimentan ante lo que nos resulta conocido y amado; la flexibilidad para pasar de una tarea a otra —que deriva de su habitual competencia para afrontar las imprevisibles necesidades cotidianas; la amplitud de intereses y la versatilidad de ingenio, fruto de la pluriforme preparación imprescindible para hacer vivir un hogar (economía, ingeniería, arquitectura, derecho privado e internacional, medicina, dietética, arte, estética, literatura, psicología, pedagogía e incluso moral y teología); su inimitable sentido de la realidad y del valor del tiempo, resultado del carácter impelente y de urgencia propios del trabajo del hogar, que, por estar directa y ordinariamente unido a la supervivencia del ser humano, no admite incumplimientos, retrasos ni tramposas simulaciones.»
Las mujeres se encuentran destinadas a vivificar desde dentro todas las profesiones —y en especial los medios de comunicación—, en absoluta paridad con los varones: con las mismas perspectivas, posibilidades y oportunidades, y con idéntica formación humana y profesional.
Siguiendo sugerencias de Brancatisano, se puede afirmar que la mujer se encuentra mucho más preparada que el varón para desempeñar la mayor parte de ellas… y que en parte por este motivo los varones tienden-sostiene- a discriminarlas e impedir que desplieguen su inigualable potencia.

Las mujeres tienen más capacidad que los hombres a la hora de organizarse y de realizar diferentes tareas a la vez. Así lo demostró un trabajo realizado por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra, que estudió a hombres y a mujeres mientras desempeñaban las mismas tareas, "Las mujeres fueron más lógicas que los hombres en sus respuestas, y mejores desarrollando un plan claro", advirtió el especialista encargado del estudio.


Pero este reconocimiento no es para «sacarlas» del hogar, como tampoco debe ocurrir con los varones, muy al contrario, debe conservarlas o devolverlas (a ellas) y, sobre todo, a introducirlos (a ellos) en lo más íntimo y configurador del núcleo familiar.

Y es que la familia constituye el ámbito imprescindible del pleno desarrollo tanto del varón como de la mujer, así como la condición de posibilidad para personalizar los restantes dominios en que se desenvuelve la existencia humana y, muy particularmente los medios de comunicación, proclives con frecuencia a deshumanizar y trivializar lo más grandiosamente humano, y entre todo ello, el amor.

La controversia es la palabra "diferente". Quiere decir desigualdad, disparidad entre dos o más elementos. Pero no implica que uno sea mejor que otro. Es un adjetivo relativo, no cualitativo; sólo designa la no identidad de algunos aspectos accidentales entre hombre y mujer, pero no conlleva un juicio de valor sobre el sustantivo al que acompaña. Además, expresa una relación recíproca entre los dos términos: si uno es diferente de otro, éste será también diferente de aquél.

Entender que la proposición "la mujer es diferente del hombre" es lo mismo que "la mujer es inferior al hombre" constituye un salto sofístico sin fundamento lógico.
En Argentina…

En nuestro país, la vida de la mujer en la sociedad de cada época, ha sido muy bien estudiada por varios autores entre los que se destaca Dora Barrancos, y como la historia, ha tenido etapas diversas en las cuales, como en el presente, tienen especial protagonismo.

Como ya se sabe, las mujeres son muy intuitivas y astutas, en mayor proporción que los hombres, que suelen ser más arrebatados y pasionales. Una mujer puede llevar al hombre que tenga a su lado a la bancarrota, o a la gloria; al éxito o al bochorno irreversible. Y sobrados ejemplos tenemos en nuestro país… Nos detendremos por un instante particularmente en la mujer política, que parece ser más combativa desde lo que calla e insinúa, ganando más atención desde la seducción de sus ademanes y gestos, que desde las confrontaciones violentas con el adversario, que tampoco faltan…

La mujer política en Argentina se preocupa, hoy, salvo escasas excepciones, por mejorar su imagen, al igual que los hombres, con todo tipo de técnicas disponibles, para ser “mediáticamente” más atractiva.

Sin embargo creemos que la mujer persiste en “imitar” algunos rasgos masculinos en sus discursos, en sus expresiones, cuando intenta imponer su ideología. Impostan la voz y su postura corporal se vuelve altiva y soberbia. La suavidad y la dulzura no suelen estar presentes en ejemplos recientes de Cristina Fernández o Elisa Carrió, por sólo poner dos ejemplos, que lo demuestran…

La mujer política argentina también aplica los dones de su género y eso demuestra que las mujeres llevan consigo toda una batería de artilugios, que en diferentes aspectos de su vida, serán seleccionados y puestos en funcionamiento cuando sea necesario.

A lo largo de la historia argentina tenemos numerosos ejemplos de la intervención valiosísima de la mujer en los más diversos campos, tan extremos como la guerra o el arte.

Desde las primeras mujeres blancas que llegaron con los conquistadores a estas tierras desconocidas en el siglo XVI, a las más cercanas como la legendaria india Tadea, de la que hemos hecho referencia en la visita de Rosas al Tandil, debemos contabilizar ejemplares trayectorias vitales que sería largo enumerar, pero que desde el nacimiento de la nacionalidad las tuvieron como protagonistas participando de las luchas con idéntico valor que los hombres: hubo mujeres como Martina Céspedes y Manuela Pedraza que alcanzaron por su bravura los grados de sargento mayor y alférez, respectivamente. O como Mariquita Sánchez de Thompson la “mujer de Mayo” que llevó adelante aquel primer grito de libertad, con el reconocimiento de su actividad militante en los días posteriores a la gesta.

Encontramos también figuras resplandecientes en las luchas por la Independencia como Juana Azurduy, Macacha Güemes, o María Remedio del Valle, la oficial negra que luchó junto a Belgrano, que le concedió el grado de Capitana. Otras que como Encarnación Ezcurra, fue de preponderante actuación junto a su esposo Juan Manuel de Rosas o Eulalia Ares, la catamarqueña que encabezó la revolución que destituyó al gobernador de su provincia en 1862. Las mujeres de la frontera interior, fortineras anónimas y también las encargadas de las postas que fueron arriesgadas y respetadas conductoras de empresas consideradas propias de hombres…

Pero no sólo en las armas se distinguieron, las letras tienen en Eduarda Mansilla, Juana Manuela Gorriti o, más recientemente, entre otras, en Victoria Ocampo, Alfonsina Storni, plumas de primer nivel, como lo tuvo en la pedagogía la insigne figura de Juana Manso o en las artes, geniales representantes como Lola Mora o la inolvidable Tita Merello.

Si las letras y las artes fueron campo propicio, no lo fue en menor grado las ciencias, donde fueron pioneras las médicas Cecilia Grierson, Petrona Eyle y Elvira Rawson de Dellepiane …

Podríamos continuar un inacabable listado, pero no es el objeto de la nota, por lo que dejamos para el final a dos mujeres que trazaron una profunda huella en la historia nacional, ellas son: Alicia Moreau de Justo y Eva Duarte de Perón.

En los pocos nombres que hemos dado, quisimos reflejar el amplio abanico abarcativo del accionar de las mujeres en Argentina…

Hoy en nuestro país se han dado pasos legislativos tendientes a reforzar la equiparación de sus derechos con el hombre, además de protección, como lo hace la ley 26485, reglamentada en julio de este año, que previene y sanciona las conductas que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como privado, basadas en una relación desigual de poder, afectan la vida, la libertad o la seguridad personal de las mujeres. La ley protege no sólo de la violencia física, también de la psicológica, sexual, reproductiva, obstétrica, económica y simbólica sufridas tanto en el ámbito familiar, como en el institucional, laboral o mediático.

En su reciente visita a Tandil la Dra. Carmen Argibay, polémica integrante de la Suprema Corte de Justicia, formuló declaraciones que abonan esta postura, al decir: “Hoy seguimos reclamando que se reconozcan las mismas oportunidades que tienen los hombres. Los hombres tienen miedo que los estemos excluyendo, en parte tienen razón porque somos mayoría, aunque nos traten en minoría en el padrón electoral. Por la ley de cupo que no es lo que más me gusta, los cargos electorales son del 30% para la representación de las mujeres. No tendría que ser así. La Ley de cupo no tendría que existir. Tendría que existir una ley de oportunidades.”

Para internarse documentadamente en el tema que da título a la nota, recomendamos a nuestros apreciados seguidores, la lectura de: “Mujeres en la sociedad argentina. Una historia de cinco siglos” de Dora Barrancos y “Historia de las mujeres en la Argentina”, dirigida por Fernanda Gil Lozano, Valeria S. Pita y María Gabriela Ini.

En relación a las mujeres en la historia de Tandil, el trabajo del amigo y colega Hugo Nario publicado en Tiempos Tandilenses Nº 1…, nos exime de más comentarios, allí detalla cómo desde los lejanos años del Fuerte hasta los más cercanos, hubo mujeres que dejaron su sello en nuestra historia tandilense, abonando lo dicho en párrafos anteriores.

Daniel Eduardo Pérez